Este fanfiction fue escrito por el autor Scuttlest, a quién le agradezco darme el permiso para traducirla.
Origen del Príncipe de la Luz
–¿Así que, básicamente, somos los jefes aquí? –Preguntó Norne. Estaba rodeada de una gran cantidad de marinos, la tripulación que les proporcionaron para el barco, la mayoría estaba preparándose para el largo viaje. Uno de ellos se detuvo y asintió.
–Hasta que lleguemos a tierra, usted y el caballero son nuestros empleadores. Pero no te hagas ninguna idea. –Cruzó sus brazos, tratando de aparecer tan serio como un hombre normalmente relajado podría ser. –Una vez que zarpemos, nosotros daremos las órdenes, no ustedes. No sabrían cómo manejar un barco. –
–Oh, claro. –Sonrió la chica. –Nunca había estado en un bote antes, no sabría ni siquiera lo que debo hacer. –
–Entonces, –le respondió el marinero, –Lo primero que tienes que hacer es quitarte del camino. Claro, si nada sale mal, no habrá camino del que debas quitarte.
–Es bueno saberlo. –Norne dijo. –¿Qué tanto falta para que esté listo todo? –
El marinero se encogió de hombros. –Solo falta cargar unas cuantas cajas de reservas. Luego esperamos a que ese caballero llegue y nos de la orden de partir, lo cual no pasará hasta que recojan a sus compañeros. –Miró a su alrededor por unos segundos. –Por cierto, ¿dónde está ese caballero? –
–Dijo que iba a ver si sus compañeros estaban cerca. Probablemente no lo veamos hasta que sea tiempo de partir. –
–Claro. –Le respondió con tono tranquilo, aún no sabía lo que estaba pasando. Hubiera…en cuando el príncipe y sus escoltas aparecieran. –Sólo esperemos que venga pronto, odiaría tener que resistir la tentación de derrochar lo que hay en esas cajas antes de tiempo. –
–¿Derrochar…?–Norne arqueó una ceja, mirando las cajas. –¿Qué es lo que contienen? –
–Nada que debas saber. –Respondió con una mirada sospechosa y al mismo tiempo condescendiente. Norne puso una expresión de molestia, pero luego se encogió de hombros, desinteresada. El marinero sonrió. –Solo dé la orden cuando el caballero regrese. –
Malledus miró la distancia. Enfocó sus ojos para observer aún más. Casi todo lo que veía le resultaba borroso, pero pudo ver lo suficiente para ver su destino. –Creo poder ver el puerto a la distancia. La salvación está a una hora de camino, más o menos. –Se relajó. Las últimas horas habían sido estresantes, no sólo para él sino también para los otros. El último obstáculo era un fuerte frente a ellos.
En tiempos de paz, ese fuerte era usado como un punto de control. Solo un área donde las personas tenían que ir para examinar sus pertenencias antes de pasar al puerto. Algunas veces servía para detener a los delincuentes del mar. Ahora, asumió, Gra, ya debió de haberlo tomado.
–Príncipe Marth. –Dijo– La libertad no está lejos, tal vez solo a una batalla más, y luego…–Giró su cabeza mientras hablaba, dándose cuenta de que Marth no estaba cerca. Marth, sentado en la parte posterior de su escolta, rodeado de sus cuatro caballeros. Su cabeza estaba hundida en sus manos, como si hubiese escogido ese momento para lamentarse lo que ocurrió con su familia. La tormentosa realidad llegó como una peligrosa bestia a él, devorando toda esperanza y optimismo, dejando solamente miseria. Malledus fue con su príncipe y puso su mano en su hombro. –Príncipe…–
Marth se quitó la mano, respirando dolorosamente, con un pesado sentimiento de luto. Malledus volvió a tomarlo del hombro, esta vez más firmemente. Con un suspiro lento y débil, Marth levantó la cabeza para ver al dueño de la mano.
–Oh, Malledus…–Marth comenzó, sus ojos levemente fijados en Malledus antes de regresar al suelo, visiblemente cansados. Malledus se sorprendió al ver que el estrés de los eventos fueran tan… visibles en el rostro de Marth.
–Señor, no tenemos tiempo para lamentarnos ahora. –Malledus le advirtió. –Sé que su corazón está lleno de arrepentimiento y tristeza, pero Gra no está interesado en sentir simpatía. –
–Lo… sé. –Marth respondió, levantándose. Sus brazos le colgaban y no parecía tener la fuerza para moverlos. Suspiró profundamente, luego con una voz monótona, habló. –Jagen, nos movemos ahora. –
El señor caballero asintió, haciendo señas a Abel, Cain y Frey. Todos en sus respectivos caballos siguieron a Marth y Malledus. El príncipe y su táctico continuaron con su conversación.
–En una hora, tal vez un poco más, estaremos a salvo en un barco rumbo a Talys. –Malledus resumió.
Marth resistió la tentación de hacer una mueca en señal de repulso. La seguridad no significaba nada para el si había tenido que dejar a su hermana y a su madre atrás. Estaba solo, sin su familia y sabía que nadie podría llenar ese hueco en su alma. –Talys…–Marth repitió. –¿Una isla? Creo que he estado ahí antes. –
–Así es príncipe. Me sorprende que lo recuerde. –Malledus dijo, honestamente sorprendido pero complacido que Marth estuviese familiarizado. –Usted y Elice eran solamente unos niños cuando fueron a visitar al rey Mostyn de Talys. El rey Cornelius y el rey Mostyn eran amigos cercarnos. –
–Otro "amigo" como Gra, tal vez. –Cain intervino. –Creo que Altea debe aprender su lección con respecto a los amigos. –
Malledus continuó caminando mientras se volteaba a ver a Cain. El caballero pelirrojo se veía mejor, sin ser molestado por sus heridas. Estaba cubierto en costras, el vendaje de la naturaleza. –En retrospectiva, debí haber notado que los reyes Cornelius y Jiol de Gra nunca se vieron frente a frente. Pero Cornelius y Mostyn si. Podemos confiar en el rey de Talys. Se los aseguro. –
Cain se quedó inmóvil en la silla de su caballo, pero asintió eventualmente. Tal vez en modo de disculpa, tal vez un movimiento que decía que su cuello aún no se recuperaba.
–Antes de preocuparnos por si nos vaya a recibir o no, concentrémonos en algo más prioritario. –Todos lo miraron confusos, señaló el fuerte a la distancia. –Ese es el único obstáculo que queda entre nosotros y el barco que Draug nos haya preparado. Para estos momentos, Gra debe gobernarlo. –
–¿Hay alguna forma de rodearlo? – Jagen preguntó. –Nos arriesgamos demasiado si atacamos una estructura controlada por el enemigo. Incluso una tan pequeña como ésta. –
–Me temo que no. –Malledus respondió. –El fuerte está construido sobre un puente natural. Si lo rodeamos, tendremos que nadar. –Miró a los caballeros. –Y ustedes no podrán con esa armadura. No sin atraer atención. Además, si tratamos de encontrar una ruta que cruce el agua, viajaremos por días antes de poder cruzar a salvo y sin hacer ruido. –Esperó unos segundos, los caballeros lo miraron, intercambiando gestos entre ellos mismos. Malledus escuchó los murmullos de aceptación.
–Al menos no es un fuerte tan grande. –Marth murmuró. –No es un lugar que soporte un cerco. No deben haber muchos soldados. Podremos ganar. –
Gordin estaba completamente atado. Le habían quitado su portaflechas y su arco, su boca estaba armordazada y lo habían sujetado a un pilar dentro de un fuerte. Un impresionamiento provisional, pues el fuerte no tenía celdas. Trató de mover sus brazos, pero contra la cuerda apenas podía mover sus dedos. Tan fuertemente sujeto, todo lo que podía hacer sin molestia alguna era respirar.
Era claro que Gra no veía en Gordin amenaza alguna, no pensaban que podría escapar. El capitán de Gra y un soldado a pie estaban discutiendo algo justo a su lado.
–Capitán, personas sospechosas fueron vistas al sur. Sobrevivientes del ejército de Altea, según puedo ver. –
–Bah. –Escupió el capitán. –¿A esto me he rebajado? Exterminar escorias…–El capitán puso una expresión de frustración, decepción y aburrimiento. Sentado en la silla de su caballo con una jabalina atada a su espalda, se masajeó sus barbas y luego cruzó sus brazos. –¿Cuántos son? –
–Yo diría que seis. Parece una unidad pequeña, y dos de ellos no parecen ser caballeros. –El soldado se rascó la cabeza un momento. –Uno de ellos parece vestido muy regiamente, de hecho. –
–¿Regiamente? –El capitán escuchó atentamente. –¿Están diciendo que vieron una escolta? –
–Er… es posible señor. – El soldado respondió. –El elegantemente vestido esta armado y los caballeros parecen formar un círculo a su alrededor. –
–Es una escolta entonces. –El capitán concluyó. Luego un pensamiento le llegó. –Describa a este… finamente vestido. –
–Um…– El soldado pensó un momento. –Veamos… usa vestimenta azul, una capa, una banda en su cabello y …–
–¡Soldado! –El capitán lo cortó gritando, haciendo que retrocediera. Sus ojos escanearon al hombre. –¿Tiene idea de quién es la persona que me está describiendo? –
–N-no señor. –Tartamudeó. –Yo…yo… uh…–
–Tu incompetente idiota. Los soldados ya deben de haber llegado al fuerte, ellos…–Se detuvo, luego tomó un gran respiro, tranquilizándose. Cerrando sus ojos un momento, luego los abrió y se concentró en el soldado. –No es otro más que el Príncipe Marth el que viste. –
Gordin, escuchando la conversación, abrió sus ojos en shock. Marth estaba cerca… si es que el reporte del soldado era cierto. Giró su cabeza lo más que pudo, tratando de oír más claro.
El soldado se congeló. –¿El príncipe? ¿Por el que nos pagarían lo suficiente como para comprar la mitad del continente si es que lo capturamos? –
–El mismo. –El capitán aseguró. Su expresión previa de irritación fue reemplazada por una de emoción. –Reúne a los soldados, vean que todos estén en su puesto, si trata de forzar su entrada, entonces lo vamos a detener. –
–Si señor. –El soldado respondió orgulloso. –La captura del príncipe asegurará la unión de Gra con Dolhr y…– Dejó de hablar al ver que su capitán frunció el ceño y apretó sus dientes. –Um, ¿dije algo malo… señor? –
–Soldado. – La voz del capitán era mortalmente baja. –Si el príncipe escapa, la única unión de la que debemos preocuparnos será la que está entre nuestras cabezas y hombros. – El capitán colocó dos dedos en la garganta del soldado. –Captúrenlo. ¿Está claro? –
El soldado tragó saliva nervioso. –¡S-si señor! Todos estarán en sus estaciones y bien atentos. – El capitán movió una mano y el soldado corrió a entregar las órdenes.
Ahora por su cuenta, el capitán miró a Gordin, aún atado, pensando en cómo usar al arquero capturado. Gordin miró en su dirección, sus ojos enfocados en la cara del capitán enemigo, mirando la misma expresión desafiante que usó previamente cuando fue traído. El capitán lo notó y sonrió cruelmente. Si lo preocupo el que Gordin haya oído, no dio señas. –La fortuna te sonríe hoy. Ya casi había dado la orden para hacerte un ejemplo de lo que pase con alguien que aún se resista, pero te daré un destino alternativo. En vez de dejar que mueras en algún pueblo, me ayudarás a capturar a tu príncipe. –
Gordin lo siguió mirando. El capitán sonrió. –Te desataremos en un momento. – Podría sacar ventaja de la situación con un rehén, no se tenía que ser muy listo para saber eso. Si el príncipe era tan inexperto como indicaban, entonces dudaría en atacar con un aliado en la situación en la que pondría a Gordin. Eso les daría una ventaja fuerte y crítica, que les permitiría capturar al príncipe.
Estaba tan absorto en sus pensamientos, que no notó que un explorador de Gra había entrado a la habitación. Después de llamarlo varias veces, el capitán al fin volteó.
–Saludos… señor. –El explorador dijo con un todo de exasperación. –Le traigo un mensaje del mismo Rey Jiol. –
El rey. Recibir un mensaje de Jiol puede ser una señal de preocupación o una señal de que las cosas saldrían como querrías. De todos modos, puso una cara de indiferencia y asintió. –Habla. –
El explorador asintió y sacó un pergamino. Leyó lentamente pero muy forzado. –Su estimada majestad, el Rey de Gra, Jiol, ha decidido personalmente tomar parte de la caza del príncipe de Altea. –
El capitán hizo una mueca. Si el rey encontraba al príncipe, nadie más que el recibiría la recompensa. No la recompensa monetaria, no, Jiol tenía dinero suficiente, en su lugar, recibiría la posición más codiciada. Sería la mano derecha de Dolhr, sobre los gobernantes de Grust y Khadein, dos naciones que, hablando militarmente, ofrecían más que Gra. Solo los Manaketes de Dolhr estarían por encima de Jiol si éste podía decir que capturó al único capaz de blandir Falchion por su cuenta.
–Si, antes de la llegada del rey, el príncipe es capturado, se respetará la recompensa. No más y no menos que la suma de diez millones piezas de oro. –
La sensación, hizo que la boca del capitán inmediatamente comenzara a salivar. Una parte de su mente, vibró con la emoción del dinero, más que suficiente para vivir el resto de su vida en las riquezas, incluso si nunca más volviera a trabajar. Claro que parte de su mente permaneció profesional. El explorador guardó el pergamino.
–Es todo. –
–Regresa con el rey. –El capitán dijo fríamente. El explorador estaba confuso. Luego continuó. –El príncipe esta fuera del fuerte. Dígale que está aquí y no te olvides de decirle que el capitán que está manejando la subyugación del país, es el que entregará al príncipe a sus manos. –
El explorador estudió al capitán por un momento. Por un segundo, consideró llamar a un superior loco desquiciado por declarar que el príncipe estaba, convenientemente, cerca del fuerte. Después de ese segundo, el explorador decidió informarle al rey. Mejor decir que ese capitán era un mentiroso, que decir que el no cumplía con decir las palabras exactas de donde estaba el príncipe. Cuando llegara con Jiol, le diría que esas fueron las palabras exactas y que no podría decir que eran falsas. Sin una palabra, ni siquiera una despedida, salió del cuarto dirigiéndose a la entrada del fuerte.
–Será mejor ocuparme de esto antes de que nuestro oh-todo-poderoso rey llegue. –El capitán murmuró. Como pasara el resto de su vida, dependía directamente de lo que pasara en las próximas horas.
Dos hacheros de Gra estaban en la entrada del fuerte. Según el capitán, caballeros de Altea y el príncipe mismo, venían. Estando de guardia, aguardaron por el inevitable ataque. Llegó rápido.
Nada sutil ni complicado. Los soldados simplemente fueron atacados por los altenses. Un simple ataque rápido, con la intención de provocar heridas graves antes de que sus movimientos pudieran ser analizados. Cualquiera que fuera el caso, los dos soldados estaban preparados. Estabilizados y armados con sus hachas, respondieron el ataque. Con armas más pesadas, pudieron fácilmente alejar las débiles lanzas, incluso la lanza de plata del caballero de élite.
Después de varios minutos sin que alguien resulte herido, el príncipe apareció detrás de los caballeros. Los soldados lo reconocieron, y por un momento, su atención estuvo totalmente sobre él. Ese desliz fue todo lo que Frey necesitó para dar un golpe al pecho de uno de ellos. El golpe fue tal que perforó la armadura y permitió que la sangre fluyera. El soldado herido retrocedió y usó su hacha para defenderse. Frey trató de contraatacar. Con una mano, el soldado tapó su herida y tomó aire, mientras que su aliado se forzó a mantener a raya a los cuatro caballeros y al príncipe por sí solo.
–¡Traigan refuerzos! – Gritó el soldado, siendo superado. Apenas pasó un segundo de que habló, cuando Abel logró clavar su lanza en el hombro.
El soldado se quejó del dolor y lanzó hachazos al aire angustiado. Su hacha casi se hundió en el cuello del caballo de Jagen, pero el caballero desvió el golpe. El príncipe corrió, esquivó un golpe y fatalmente rebanó su abdomen.
Ese soldado cayó y el otro atacó. Cain tomó a Marth por el hombro y lo jaló hacia atrás, alejándolo del hacha. El hachero solo atacó tratando de mantener a los soldados alejados y hacerlos retroceder. Cualquier pensamiento relacionado con la recompensa se había alejado, solo quería vivir otro día.
No obtendría su deseo. Sus golpes fueron bloqueados por la lanza de Frey, el hacha rebotó hacia atrás y Abel se lanzó para dar el golpe final. El soldado lanzó un último grito, lleno de horror, una reacción por instinto mientras la lanza perforaba su pecho y extinguía su esperanza. Abel sacó su lanza y el soldado colapsó.
–Eso tardó más de lo necesario. –Malledus dijo por detrás de todos. –Debemos apresurarnos, si no sabían que estábamos aquí antes, ahora definitivamente lo saben. –
Marth asintió, sin querer perder el tiempo discutiendo. Apuntó hacia la entrada. Abel y Cain se movieron sin necesitar que les explicaran y abrieron la puerta. Los seis entraron, esperando otra pelea.
El interior del fuerte estaba bien iluminado con antorchas en la pared, pero aparte de las antorchas, estaba sin más cosas, espacioso. El único sonido era el de sus pies contra el suelo. Aparte de eso, no había sonido alguno. Malledus recordó cuando era un punto de chequeo, el fuerte estaba lleno con altenses discutiendo entre ellos. Más que un punto de chequeo, era una estación de descanso. Hoy, no había ningún altense en él, salvo Marth y sus vasallos.
Lejos de los altenses, otros individuos estaban al otro lado de la habitación.
–Soldados de Gra–Malledus los notó y apuntó a su dirección. Dos lanceros estaban rodeando a un hombre en un caballo. No, espera… eran dos hombres en el mismo caballo.
–Así que el príncipe de Altea ha venido. –Uno de los hombres en el caballo, sentado detrás, comentó. –Bienvenido a mi pequeño… fuerte. Este es el último lugar donde caminaras libre y confortable príncipe Marth. –
–Suenas muy seguro de tí mismo. –Jagen lo retó. –Esto no será diferente que las otras tropas de Gra que hemos enfrentado. –
El jinete que había hablado pareció ofendido pero luego sonrió. –¿Oh? ¿Confianza basada en su actuación contra un soldado o dos? Tal vez no sepan quién soy. Aunque mi nombre no les provoque reacción alguna, yo soy el capitán que se ha encargado de subyugar a su preciosa nación desde que su castillo cayó. –
Marth reaccionó ante esas palabras. Sujetó su estoque en su mano, que empezó a temblar con rabia. Malledus visualizó su enojo y sujetó al príncipe por el hombro, un agarre quieto pero advirtiéndole que no haga nada sin pensar.
–¡Todo lo que Altea esta sufriendo es culpa tuya! –Marth gritó. –La muerte de los militares puede ser culpa de alguien más, pero toda la violencia innecesaria contra los civiles… ¡tú la ocasionaste! –
–Así parece. –Respondió. –Pero no puedo molestarme por ello. Solo di órdenes. Mis manos están limpias. –
–¿Cómo te atreves…?– Cain escupió al suelo. –Te haré lamentar el ser tan indiferente al dolor de los altenses. – Blandió su lanza, su expresión rivalizaba con la de Marth.
–Ah, si. Supongo que quieren vengar el número de altenses civiles que han sido silenciados. –La sonrisa del capitán creció. –Me pregunto si están dispuestos a matar a un altense para alcanzarme. –Puso una mano firmemente en la cabeza del hombre que estaba frente a él, en la silla. El hombre estaba desarmado y una cuerda mantenía atadas sus manos y piernas, estaba también amordazado, previniendo que palabras coherentes fueran oídas. –Este fue capturado justo fuera del palacio. Uno de sus arqueros. Tenía planeado matarlo a la luz del día frente a los altenses, pero luego llegaron ustedes y decidí… que me sería útil. –
–¡Tu…!–Frey gruñó. –Usando de escudo a un hombre, ¿cómo fue que Gra se alió con Altea? –
–Gra quiere ser fuerte, avanzar en el mundo. Para conseguir poder, la moral debe convertirse en cosas del pasado. Seguramente ustedes también están abiertos a ese pensamiento. Después de todo, ¿pueden decirme que los altenses nunca huyen de sus problemas? Ustedes y su príncipe están obviamente intentando huir de la nación. –
–Te mataré. –Frey juró. –Solo por usar a alguien así. –
–Intenta lo que quieras. Pero ten cuidado, o este leal arquero podría sufrir cuando le claves tu lanza a su pecho y le saques su corazón. – El capitán rio mientras los caballeros atacaron. La lanza del capitán y sus soldados se adelantaron para alcanzarlos. El golpe entre el acero y el hierro fue violento, pero breve. Los soldados de Gra demostraron que eran… demasiado frescos, recién salidos del entrenamiento y recientemente introducidos a la batalla y fueron rápidamente diezmados, hasta que solo quedó el capitán.
–¡Capitán! – Uno de los soldados gritó sorprendido, cuando su comandante detuvo el golpe que lo hubiera matado.
–No te creas tan importante. –Le respondió. –Solo no quería enfrentarme solo a cinco combatientes, incluso con un rehén de mi lado. El capitán tomo su jabalina y apuntó a Frey, quién bloqueó y esquivó todos los golpes, sin poder contraatacar. El capitán continuó jalando a Gordin al punto exacto donde los ataques de Frey podrían dañarlo.
–¿Qué pasa? –Se burló. –¿No vale lo suficiente la vida de su príncipe como para sacrificar la vida de un arquero anónimo? –Se rio, incluso cuando uno de sus soldados cayó, cortesía de Abel.
Gordin, usado como escudo, trató de liberarse, encontrar una manera para incomodar al capitán, pero estaba demasiado bien sujeto. La mano del capitán impedía todo lo que quería lograr.
–¡Rodeénlo! – Malledus gritó. –No puede usar al arquero en todas las direcciones. –
–¡Cállate! –Le respondió a Malledus y luego vio a Marth, que se acercaba. –Ah, querido príncipe, ¿sacrificaría usted a un arquero leal para poder matarme? – Marth no respondió, manteniendo su distancia sin querer arriesgar al arquero. El soldado enemigo sobreviviente regresó a lado de su capitán, atacó tratando de dar un golpe crítico, sin resultados. Después de algunos momentos, Jagen logró quitarle la lanza.
–¡Ah! – El soldado desarmado gritó, retrocedió y fue con su capitán. –Señor, ¿tiene una reserva, yo…–
–¡Cállate! –Ordenó éste, manteniendo su atención en los altenses.
–¡S-señor! –El soldado se desesperó cuando Cain y Frey avanzaron contra él. –Aléjense de… por favor señor, ¡ayúdeme! –
El capitán volteó a verlo. –Preocúpate por ti. –Volvió a poner la atención en Marth completamente desinteresado por el gritó angustiado del soldado.
–S…señor…– El soldado suspiró cuando Cain le quitó la lanza de su pecho.
–El…–Marth miró al soldado caído. No pudo evitar sentir lástima por él, aun cuando haya participado en la brutalidad contra los altenses. –Le pidió ayuda, y tu… tu solo…–
–¿Qué? Solo hize lo que cualquier comandande haría en mi posición. –Dijo. –¿Camaradería? ¿Lealtad? ¿Autosacrificio por mis tropas? Esto es la Guerra, no un juego del que puedas huir. Una vez que perdió su arma, perdió todo valor. No tenía ningún otro uso para él. –
–¿Cómo te atreves…?–Marth comentó y corrió, completamente disgustado por su actitud tan casual ante la muerte del soldado, Marth esquivó la jabalina y trató de atacar con su estoque. El capitán retrocedió y trato de colocar al arquero en la línea de ataque.
Estaba seguro de que Marth atravesó al arquero, pero no vio ninguna mirada de horror en la cara de Marth, ni oyó grito alguno de su rehén. Quitó su mano de la cabeza del arquero preocupado por la posibilidad de perder un dedo. Por un segundo, no supo exactamente qué fue lo que pasó.
Gordin casi sintió su corazón detenerse cuando el estoque se dirigió a él. La hoja se movió y por un momento se sintió… en blanco. Sentado ahí, sintiendo como regresaba a la realidad, se dio cuenta de que no le dolía nada. Estaba seguro de que su pecho había sido herido, pero no oyó el sonido de su armadura rasgarse o la piel siendo cortada. Cauteloso, miró para ver que su pecho estaba intacto, sin herida alguna, no tenía ni siquiera una muesca en la cuerda o en la ropa.
Parpadeó una vez… luego se dio cuenta de que la mano del capitán no estaba en su cabeza. Hizo lo primero que pensó que les daría ventaja. Sin aviso, estampó su cabeza contra la mandíbula del capitán.
–¡Augh! –El capitán gritó, llevando su mano a la mandíbula. Gordin continuó peleando y eventualmente, se inclinó lo suficiente para caer del caballo. Abel avanzó y levantó al arquero, alejándolo de la pelea.
–Gah…– El capitán miró a Marth y a los tres caballeros que seguían a su lado. Rodeado, sin escudo que duden en atacar, lo que iba a pasar a continuación era obvio.
–Así no era cómo se supone que debió pasar. – Dijo para luego callarse mientras avanzaban, habiendo perdido toda esperanza al estar rodeado y sin rehén que usar. No trató de resistirse cuando las lanzas de Frey y Cain le perforaron el vientre en dos áreas diferentes. Un gruñido angustiado de dolor provino de él, las lanzas le fueron retiradas y cayó de su caballo.
Observó cuidadosamente a sus asesinos. Jagen apuntó su lanza al hombre. La punta apenas estaba a centímetros de su cuello.
–¿Deseas la paz contigo mismo antes de partir? –
Los ojos del capitán no estaban en Jagen, sino en la lanza. Hizo su cabeza para atrás, moviendo una de sus manos al vientre, sintiendo como la sangre escapaba, un rojo oscuro con el que estaba familiarizado. Parpadeó reconociendo la oración de Jagen, tomando aire para sus últimas palabras.
–Lo que han logrado obtener hoy no… servirá de nada. –Dijo luchando por que el dolor no se oyera en sus palabras. Apretó los dientes. –Altea ha sido conquistada, esta acabada, es un caso perdido. Nada de lo que hagan cambiará eso. Mi… satisfacción es que mi derrota… no mejora la situación de su nación… me lo llevaré al otro mundo… como recuerdo… ¡urk! – Su cuerpo se convulsionó por el dolor un momento. La pérdida de sangre lo hacía sentir ligero, y estaba teniendo problemas para recolectar sus pensamientos. Su visión estaba borrosa, el príncipe, el anciano y los caballeros estaban borrosos y eran solo colores. Respiró fuerte, aun si Jagen no le enterraba la lanza, moriría. Hizo puños sus manos, los ojos se le cerraron lentamente.
Jagen retiró la lanza, sin ver razón para amenazar a alguien que estaba a un minuto o dos de la muerte.
–Abel. – Marth llamó, mirando a la esquina, vió a Abel en su caballo, el arquero detrás de el en la silla, viéndose cansado. –Tráelo para acá, Abel. – El caballero obedeció, dirigió su caballo y ayudó a bajar al arquero atado al piso.
–Siento que hayas tenido que pasar por eso. –Marth dijo quitándole la mordaza. –¿Estás bien? Umm…– Esperó a que dijera su nombre.
Lo primero que hizo el arquero fue tomar una gran bocanada de aire mientras se concentraba en el príncipe. –Gordin señor. Mi nombre es Gordin. Fui capturado hace unas horas cuando el castillo cayó, el resto de mi unidad está… muerta. – Su voz se tornó solemne. –Nunca pensé que lo encontraría así. Siento mucho que haya tenido que esforzarse de más para que no me dañe. –
–No te preocupes por eso. –Marth dijo, ofreciéndole una mirada simpatética. Corto las cuerdas de Gordin. –Vendrás con nosotros. Estamos a solo una hora de la seguridad. –
–Mis… agradecimientos señor. –Gordin disfrutó poder volver a mover sus brazos. –Si nos metemos en otra pelea, me temo que no podré ayudarlo. Ellos… me quitaron mi arco y mis flechas. No podré pelear a menos que tenga un repuesto. –
–No lo tenemos. Marth dijo. –Pero no sera un problema, no nos meteremos en otra pelea. El puerto está no muy lejos. –
–Señor. – Frey habló mientras miraba la ventana. –Debemos… huir rápidamente o abandonar la idea de ir al puerto. –Recibió miradas de todos los presentes. Se alejó de la ventana y apuntó a la tierra fuera de la entrada de donde estaban.
El ejército se estaba moviendo.
Los soldados de Gra y Grust caminaban lado a lado. La armadura de las tropas de élite de ambas naciones crujían mientras marchaban. Lanzas y espadas de la más alta calidad eran blandidas firmemente en sus dedos, metal forjado de los materiales más finos protegía todo su cuerpo.
Muchos de ellos tenían experiencia en el campo de batalla, que los soldados más viejos podían envidiar. En cualquier situación o condición o con cualquier arma, tenían honor de sobrevivir y ganar sin importar las circunstancias.
A la cabeza de los caballeros estaba el Rey Jiol de Gra. El mismo rey que había vendido a Altea y condenado a la nación de Anri a una cruel y dolorosa ocupación. No sentía remordimiento por sus acciones, en lugar de eso, estaba ansioso por cometer un último acto de traición contra Altea, un acto que le garantizaría su lugar en el Imperio de Dolhr. Capturaría al príncipe de Altea, si fallaba, todo lo que habría hecho hoy sería por nada. Dolhr no perdonaba ni entendería si Marth se escapara de entre sus dedos. Ese era el único deseo de Dolhr, sin importar el futuro de Altea, el imperio quería que el único heredero fuera torturado hasta la muerte.
–¡Soldados! –Jiol gritó. Ninguno de ellos reaccionó ni se sorprendió, solo escucharon con practicidad y competencia. –De acuerdo al explorador, el príncipe se encuentra en ese fuerte. Tráiganlo ante mí, ¡vivo! Hagan lo que les plazca con cualquier caballero que esté con el, pero el príncipe debe estar vivo. –
Jiol permaneció de pie, mientras sus soldados lo pasaban para cumplir su orden. Silenciosa y efectivamente, se movieron en dirección del fuerte.
–No…– Jagen exclamó ante la mirada de las fuerzas combinadas de Gra-Grust. –No hay manera de… no podemos luchar con una fuerza tan grande. –
–Oh no…–Gordin susurró. –Yo-yo-yo los oí comentar–Gordin tembló, viéndose en pánico. Con esfuerzo, detuvo su temblor. Podría darles mejor información si estaba calmado. –Las fuerzas principales de Gra están aquí. Ese capitán…–Señaló al hombre muerto. –hablaba con un explorador, estaba diciendo que el rey Jiol de Gra venía a buscarlo príncipe Marth. Debí…. Mencionarlo antes. –
Marth apretó los dientes y miró la ventana. Enojado por la simple presencia de Jiol y incrementándolo al ver que Jiol no haría nada, de pie mientras sus soldados avanzaban por él.
Malledus se mordió el labio, su mente trabajaba al por mayor. –No podemos resistir algo así. Debemos…–Se llevó una mano a la cabeza, sudando copiosamente por el estrés y la tensión que habían generado Jiol y las fuerzas Gra-Grust. No había opción ni esperanza, no con algo como eso pisándoles los talones. Si tan solo fueran… si tan solo no estuvieran ahí.
Entonces los ojos de Malledus se abrieron en realización. Había recuperado la esperanza pero ganó miedo por lo que se requería hacer para escapar.
–¡Señor! –Malledus llamó al príncipe. –Están tras de usted. Lo sabemos bien. El único modo del que podamos escapar es si ellos se van, pero no lo harán mientras usted este aquí. –
–¿Qué estás sugiriendo? – Marth preguntó. –¿Estás diciendo que me debo sacrificar? –
–¡No! No señor. Su vida es demasiado valiosa. – Malledus dijo. –Lo que necesitamos es un señuelo. Alguien que se haga pasar por usted. Al menos que se parezca lo suficiente para engañar al enemigo a la distancia. –Miró a los caballeros, Cain, Abel, Frey, Jagen y, más recientemente Gordin. –Uno de ustedes… lo siento, pero uno de ustedes tiene que sacrificarse. Si hacemos pasar a uno de ustedes por el príncipe, los seguirán y se irán. Yo… siento pedir esto, sus probabilidades de sobrevivir son bajas, pero por favor, ¿alguien se ofrece? –
Unos segundos después, Malledus se dio cuenta de que no tenía que preguntar. Los cinco se ofrecieron sin lamentar su decisión, ni dudas o miedo en sus ojos.
–Solo necesitamos a uno. – Malledus notó. Miró a los caballeros…. El tiempo no corría a su favor. La desición de quien sería tenía que hacerla rápido. Escaneó a los caballeros cuidadosamente… –¡Frey! –Llamó. –Frey, tu color de cabello es… el más parecido al de Marth. No podemos vestirte como él. Lo que necesitamos es ocultar lo más que podamos, para hacerte ver como el príncipe a la distancia. Y tenemos que asegurarnos de que solo te vean por detrás, en el momento en el que se den cuenta de que tienes… vello facial, se darán cuenta de que no eres el príncipe. –
–Espera. –Marth se adentró en la conversación. –Si hacemos esto, ¿cómo logrará Frey encontrarnos? –
–Príncipe Marth…– Malledus buscó la manera de decirlo. –No tiene probabilidades de regresar, necesitamos zarpar en el barco lo más rápido posible, es casi imposible que nos alcance a tiempo. Si lo hace, es porque Gra y Grust lo habrán seguido. –
–Pero, eso…–
–No tenemos tiempo para pensar en otra cosa, mi lord. –Malledus dijo con voz grave. –Por favor, príncipe Marth, su sacrificio no tendrá ningún significado si lo capturan. Mucho depende de que escape. Por favor, alguien debe… hacer este sacrificio. –
–Yo…–Marth comenzó, el color se fue de su cara, antes de que su cara se oscureciera. –Primero Elice y ahora… ¿Por qué todos deben enfrentarse a la muerte por mí? – Su tono de voz revelo dolor y culpa. Tener una vida "valiosa" no importaba cuando solo le causaba miseria.
–Lo siento mucho señor, pero sabes… no puedes morir hoy. –Malledus asintió. –Tendrá tiempo para combatir con esto después. Ahora debemos hacer lo que tenemos que hacer. –Vio a Frey. –Ponte una túnica, pero no la capucha. Dejemos que vean la parte de atrás de tu cabeza, pero no tu armadura. No pueden saber que la armadura pertenece a un caballero y no a un príncipe. –
Frey asintió. En momentos, la túnica le había escondido todo excepto la cabeza. Montándose al caballo, estaba listo para cumplir la misión que le encomendaron.
–Que la bendición de Anri caiga sobre ti. –Malledus dijo. Le asintió a Frey quien le respondió.
–Frey…–Cain y Abel dijeron al mismo tiempo, sus voces llenas de lamento sintiendo que Frey no debería hacer esto. Abel continuó –No será lo mismo sin ti. Lo prometo, no te olvidaremos. –
–Gra triunfó hoy. – Cain dijo. –Tal vez no vivas para saberlo, pero… te mantendremos en nuestras memorias, y haremos que Gra y Grust sufran por lo que te harán. –
Jagen no dijo nada, pero sus manos se volvieron puños. Seguramente sintió que alguien mucho más joven que él haga el sacrificio. Voluntariamente poniendo en peligro su vida, una vida que tendría un futuro prometedor si no lo hiciere. Incluso si sobrevivía, tal vez nunca esté en condición de pelear de nuevo. Negó con la cabeza.
–Muchas gracias, mis amigos. –Frey dijo. Sin dudas en su voz y lamentando no poder ayudar al príncipe en el futuro… ese sentimiento fue guardado donde nadie lo pueda encontrar. –Debo irme. –Frey dirigió su caballo a la entrada, que seguía abierta. Gastó un precioso segundo para ver a los demás, otro viendo como el resto se destruía por la decisión que tomó y luego, sin decir nada, partió.
¡Frey! : ´ (
Para quien jugó el juego, el autor dijo que no le vio sentido al truco de hacer que Marth matara a Gordin y francamente yo tampoco.
¿Comentarios? Déjenselos al autor original o a mí.
Gracias por leer.
