Este fanfiction fue escrito por el autor Scuttlest, a quién le agradezco darme el permiso para traducirla.
Origen del Príncipe de la Luz
Frey, con su armadura escondida por la túnica, salió del fuerte y llegó al valle. Su mente y su cuerpo totalmente en la misión, entendiendo que el éxito va a resultar en su muerte si se detiene. Aunque saber que puede estar caminando a su tumba en las próximas horas lo hacía sentir mareado. Tratando de ignorar el sentimiento lo más que pudo, tomó el cuello de la túnica y cubrió la parte inferior de su rostro, ocultando su vello facial. Guiando su caballo, rodeó a la fuerza Gra-Grust, lo suficientemente cerca para que lo puedan ver, pero no tanto como para que vean que quería que lo vieran, solo dejando que vean la parte de atrás de su cabeza.
La línea frontal de los soldados de las naciones de Gra y Grust se detuvo.
–¡El príncipe! –Un soldado de Gra apuntó a la figura del "príncipe Marth".
–¿Está solo? –Un soldado de Grust pareció confundido. –El explorador dijo que tenía una escolta. –
–Probablemente fue una exageración. –Otro soldado de Grust comentó. –No me sorprendería. –
Frey se escondió en el bosque cercano y llevó a su caballo a una elevación, esperando mientras los soldados expresaban sus dudas y debatían que debían hacer. Tenso, acarició el cuello de su caballo, esperando a que se movieran. Se medio oculto detrás de un árbol, dejando visible lo suficiente para que puedan saber dónde está, pero lo suficientemente oculto para aparentar que se ocultaba. Solo podía esperar que permanecer detenido no les diera una pista de lo que estaba pasando.
Unos segundos más, que proveían tiempo vital para asegurar el escape de Marth, y Frey escuchó una nueva voz.
–¿Ustedes idiotas que están esperando? – La voz pertenecía a Jiol, quien estaba intolerante con sus discusiones. –¿No es ése el príncipe? –Apuntó al bosque donde Frey estaba.
–Señor. Honorable rey aliado. –Un soldado grustiano le habló. –El reporte decía que el príncipe estaba siendo escoltado, ¿por qué estaría por su cuenta? –
–¿Por qué estaría por su cuenta? – Jiol preguntó con tono de que la respuesta era más que obvia. –Simple, vean al fuerte. – Se giró a la estructura, en la entrada estaban los cadáveres de dos hacheros. –Trató de tomar el fuerte y perdió a sus hombres en batalla. Se alejó dejándolos morir. – Tenía sentido para Jiol. El príncipe y sus caballeros tenían que haber sido derrotados, no había otra razón por la que Marth u otro altense salga del fuerte. Habían sido superados por los soldados graenses y el príncipe, siendo tan solo un joven e inexperto niño de 14 años, se asustó y huyó cuando vio la derrota. Jiol no imaginaba que pudieran superar al capitán de Gra.
–Pero…–Un soldado graense miró al jinete en la distancia. –¿No es posible que sea un caballero que abandonó a su príncipe? –
–No, idiota. –Jiol negó. –Subestimas a los caballeros de Altea, tan estúpidamente leales. Pelearían hasta la muerte y más allá por sus líderes. Ese solamente puede ser el príncipe. Captúrenlo, Dolhr estará más que agradecido por compensar a cada uno de ustedes. –
Frey escuchó claro y escuchó un sonido como un temblor. Giró la cabeza, vio que las fuerzas principales de Gra-Grust comenzaron a marchar contra el bosque. Dirigió su mirada al frente y comenzó a avanzar.
Al principio eran solo unos puntos en el horizonte, podrían ser soldados pertenecientes a cualquier armada. Sobrevivientes de Altea, o una pequeña unidad de Gra que se desvió del resto. Cuando se acercaron, la identidad de los puntos se aclaró, y la silueta del príncipe y los caballeros iluminó los ojos de Draug.
–¡Finalmente! –Draug dijo con alivio. Con el tiempo, desarrolló un sentimiento de angustia en su vientre, sospechando que les había pasado lo peor, pero se acabó cuando los vio. Una sonrisa se formó en su rostro, una expresión que no se formaría en esa situación, una que pronto se disolvió a una expresión seria. Sin dudar, se movió para recibirlos, con todo el peso de su gigantesca armadura. –¡Príncipe Marth! –
Aún estaba distante, pero su nombre pareció devolverlo a la realidad.
–¿Draug? – Marth se detuvo cuando Draug se le acercó. –Draug, ¿qué está… no se supone que estás asegurando un barco? –
–Ya me hice cargo de eso señor. –Le contestó. –El barco está listo, junto con la tripulación. Simplemente esperan la orden para partir. –
–Bien hecho. – Malledus lo felicitó. –Sin embargo, tenemos poco tiempo para discutirlo. Gra y Grust están a poca distancia de nosotros. –
–Entiendo. – Se giró y continuó la marcha con los otros. Mientras se movían, miró a los caballeros con Marth y trató de identificar a todos. –Una lástima que solo pocos hayan podido venir con usted. Yo…–Se detuvo, mirando a los caballeros una segunda vez, identificándolos. –Momento, ¿no se supone que Frey estaba con ustedes? –
Marth se detuvo un momento. Negó con su cabeza, su corazón estaba sufriendo con las palabras de Draug.
–¿Señor? ¿Pasa algo? – Draug arqueó una ceja… luego algo le llegó. –¿Frey murió en el camino, ¿cierto? –
–No. – Marth lo corrigió. –No está muerto. Esta… vivo. –
–¿Entonces dónde está? –
–Detrás de nosotros. –Malledus dijo, negando con la cabeza. –Pero no nos alcanzará. Está guiando a Gra y Grust lo más lejos posible de Marth. Tenemos… que irnos sin él. –
Draug se detuvo cuando comprendió lo que dijo. Con su boca abierta, continuó la marcha, cabeceando un poco. Un largo silencio se hizo presente, Draug cerró los ojos, sintiéndose extrañamente pesado por un momento, como si de repente fuera décadas más viejo de lo que en realidad era, luego asintió. –Que la fuerza y el coraje de Anri lo guíen. Se merece un mejor final que bajo el cuchillo de un traidor. –
–Debí ser yo. –Gordin murmuró. – Fui lo suficientemente patético para dejarme capturar cuando el Castillo cayó y luego fui un rehén. Hubiera sido mejor que alguien tan inútil como yo fuera la carnada. Yo…–La voz del arquero estaba aumentando, y sus manos estaban en puño mientras se movía.
–Gordin. – Jagen giró su cabeza al arquero, luego habló con voz calmada. –El sacrificio de Frey habrá sido en vano si no lo apreciamos. Debemos tomar ventaja de lo que hizo, no perder el tiempo que nos dio si nos quejamos por ser él que se ofreció y no nosotros. –
–Yo…–
–Yo también siento que debí ser yo el que se sacrificara Gordin, en lugar de Frey. Fui el primero en pensar en eso, pero la decisión fue que Frey fuera el cebo, y ya comenzó su misión. El…–
–Jagen.– Malledus interrumpió, miró al caballero por un momento. –No podemos darnos el lujo de hablar de esto en este momento. – Se giró a ver a Gordin. –No eres un inútil Gordin. Eres un caballero de Altea, como Frey. Y el hecho de que te hayas ofrecido sin dudar para ser el cebo, aún cuando no fuiste escogido, es lo que necesito para entender tu valor. –
El silencio se hizo en el grupo conformado por casi exiliados, entonces Gordin bajó la cabeza y suspiró. –Solo quería decir que ojala Frey no tuviera que sufrir en… sus manos. Merece más que eso. –
–Asi es. –Cain lo interrumpió. –Gra y Grust pagarán por esto. Nosotros…–Sus palabras se detuvieron cuando una brisa marina revolvió sus cabellos. Mirando hacia adelante observó que ya habían arribado al puerto.
–Hemos llegado. –Draug avisó. –Movámonos de inmediato. Nos esperan. –
Frey continuó su marcha a través del bosque. Usando sus manos para alejar las ramas, continuó en movimiento. Podía oír al enemigo acercarse y sabía que lo alcanzarían, a pesar de su pesada armadura. Eran buenos siguiendo órdenes, les concedía eso, incluso si eso los convertía en monstros despiadados. Frey continuó con sus intentos de mantenerlos alejados, hasta que eventualmente, llegó a la base de un barranco. Detuvo a su caballo, podría simplemente dirigirse a la izquierda o derecha, pero Gra y Grust ya lo había rodeado antes de que pudiera continuar con su carrera.
Lo rodeaban casi como formando un círculo a su alrededor. Los soldados estaban colocados tan cerca uno de otro que cualquier intento de romper filas era un suicidio. Unos segundos más pasaron, Frey miró a lo alto del precipicio. Era imposible de trepar… cerró los ojos frustrado, luego escuchó una voz burlona.
–Bueno, bueno, bueno…– La voz arrogante de Jiol habló. –¿Qué tenemos aquí? ¿Un príncipe que escapa? – Salio de entre las líneas de sus soldados, mirando directamente a su blanco. Maliciosamente apuntó su lanza hacia el "príncipe". –Dime, ¿dónde quedó el legado de Anri ahora? –
Con una sonrisa, Frey contestó. –Lejos de aquí, traidor. – Con un movimiento rápido de su mano, se tomó la túnica de su hombro y la arrancó. Los soldados lanzaron un grito de sorpresa, seguido por murmullos y una pequeña discusión acerca de la armadura de Frey. Una armadura de un caballero real, no de un príncipe.
–Te hemos engañado Jiol. –Frey volteó, revelando un rostro que no podría pertenecer al príncipe de Atlea. Aun siendo superado en número, armamento y habilidad, sonreía. –El príncipe, nuestra esperanza, está en la última fase de su escape de Altea. ¿Cómo explicaras el fracaso de su captura a tus nuevos amos de Dolhr? –
–Tu… tu…–Jiol apenas pudo hablar, su rostro con una expresión de ira y humillación. Sus siguientes palabras fueron dirigidas para sus soldados. –Hagan que esta escoria altense se arrepienta de haberme engañado. –
Los soldados se apresuraron en obedecer la orden de Jiol. Frey desmontó su caballo. Con una palmada lo mandó lejos. Sacó su lanza, tomando un momento para enfocarse, no en ellos, sino en el cielo. –Es un honor morir por usted señor. Viva y crezca fuerte. Lo suficiente para enmendar los errores que han hecho. Haga que lo que estoy a punto de padecer… valga la pena. – Bajó la mirada y enfocó su lanza contra los soldados que venían contra él.
El círculo se cerró sobre él, acero y plata se acercaban en todas las direcciones. Apretó sus dientes y subió sus defensas. Tenía ambas fuerzas de Gra y Grust contra él… y cada segundo que pasaban con él era una bendición. Bloqueaba, regresaba y repelía casi todos los ataques que venían a por él. Casi todos. Su única lanza no podía detener todos los ataques que lo atormentaban y su armadura pronto reveló cortes de los ataques que pasaban sus defensas, aunque aún no la lograban romper.
–¡Peleen idiotas! –Jiol gritó. –Solo es un hombre. – Los soldados intensificaron sus ataques contra Frey, él los detenía lo más que podía, hasta que un enemigo atacó con su lanza, dañando ligeramente el cuello de Frey. Nada grave, no atravesó la protección de su cuello, pero fue suficiente para desorientarlo del ataque que tenía de blando el arma que sostenía su lanza. Gruño al darse cuenta que le habían dado en algún tendón, y sentir que su lanza escapaba de su agarre. Solo se permitió una fracción de segundo para reaccionar a este momento, Frey se encontraba ahora desarmado mientras los soldados caían sobre él.
Desarmado se tradujo a indefenso y las armas de los soldados no tardaron en romper la armadura, las lanzas y las espadas enemigas comenzaban a cortar su piel. Frey lo sabía… el fin había llegado.
–¡Soldados! – Jiol de pronto llamó cuando Frey cayó sobre sus rodillas. Los soldados se enfocaron en Jiol, sin tener que cuidarse del altense. –La mitad de ustedes venga conmigo. El príncipe aún esta libre. – esperó un momento y un número de soldados de Gra y Grust fue con él. Luego se dirigió al resto que seguía rodeando a Frey. –El resto de ustedes termine con esto. –Se giró pero volteó a verlos para dar una orden final. –Y por favor, háganlo sufrir. –Varios soldados se acercaron a Frey. En unos momentos, Jiol estaba fuera de vista, dejándolos solos.
–Así que… ¿eso es todo? –Frey tosió, sintiendo como la sangre caliente se acumulaba en su boca, por los ataques de antes. –Es todo… para ustedes. –Se permitió sonreír, una sonrisa amarga y maliciosa al mismo tiempo. –¿Quién sabe que les hará Dolhr cuando sepa que fallaron en capturar al príncipe? Es mejor que se liberen del miedo y el fracaso y lo transformen en odio y violencia y lo liberen en mí. Y tomen su tiempo. Porque será lo último que hagan siendo hombres libres y seguros. –
Hicieron exactamente lo que les dijo que hicieran. En minutos todos los huesos de sus miembros fueron triturados, uno de sus brazos estaba doblado mucho más que lo que el codo normalmente permitía. Lo tiraron al suelo, le quitaron la armadura y se turnaron para patearle las costillas, muchas se rompieron por el abuso. Lo golpearon fuerte con puños y pies, sintió como su mandíbula se dislocaba y su nariz se quebraba, sospechó que su cráneo también podría estar fracturado. Fue sujetado contra la pared del precipicio y caballeros con armadura pesada se tomaron turnos para atacarlo, aplastándolo entre sus armaduras y la roca. Su cuerpo estaba cubierto en cortes y moretones, sus articulaciones estaban inflamadas, su cara y cuello estaba cubierta de saliva de sus escupitajos.
Estaba respirando muy forzadamente, era el único movimiento para el cual tenía fuerzas. Sus ojos estaban débiles y borrosos, ni siquiera podía criticarlos por fallar en la captura. Comenzó a cerrar los ojos lentamente, lo último que vio fueron las botas de algún soldado acercarse…
–¡Leven anclas! ¡Nos vamos! –Draug ordenó repentinamente mientras él y los otros abordaban la nave. La tripulación, en lugar de inmediatamente dirigirse a sus puestos, se detuvieron y lo miraron con una expresión de confusión y tal vez agitación por la orden.
–¡Ahora! –Les gritó. –Esto es más importante de lo que ustedes podrían adivinar.–
Un temblor les recorrió el cuerpo al notar la fiereza en las palabras de Draug y de inmediato comenzaron a cumplir con la orden. En momentos, las velas se ondearon y partieron del puerto.
–Wow, no esperaba que les gritaras. –Norne dijo, estaba cerca de la orilla del barco. En un momento llegó con ellos. –Me imagino que nos están persiguiendo, ¿cierto? –
Draug exasperado asintió con la cabeza. Malledus arqueó una ceja. –¿Quién eres? –El táctico avanzó, examinando a la chica. –¿Una mercenaria? –
–Una… voluntaria. –Norne corrigió.
–Oh cierto. –Draug comentó, giró para ver a sus compañeros. –Esta es Norne. Me ayudó a llegar al puerto, desea ayudar a Altea. –
–Sip. –Norne añadió entusiasta. –Soy una arquera, criada en un pueblo de provincia. Lista para servir. –
Malledus continuó mirándola, sin verse convencido. –¿Cuánto entrenamiento tienes con el arco? –
–Mucho. –Norne sonrió confiada. –Cacé mucho antes de que todo esto pasara. –
El táctico parpadeó por su respuesta y luego negó con la cabeza. –Cambiando de tema. –Se giró para ver a los tripulantes –¿podemos movernos a áreas bajo cubierta? Muchos de nosotros estamos… cansados y necesitamos tiempo. –
–No hay problema abajo ahora. –Un tripulante respondió. –Solo para que sean, una vez que estemos mar abierto, muchos de nosotros estaremos abajo también. No se acostumbren a tanta soledad. –
Malledus asintió, agradeciendo la información, luego se dirigió a Marth. –Señor, debemos ir abajo, tal vez un poco de… descanso y comida, lo hagan sentirse mejor. –
Marth suspiró luego se dirigió cubierta abajo con la cabeza gacha. Fue rápidamente seguido por casi todos sus caballeros. Gordin trató de seguirlos, pero fue detenido por un agarre en su hombro. Se volteó para ver a Norne como dueña de la mano.
–Um…–Gordin de pronto se sintió inconforme mientras Norne liberaba su hombro y comenzaba a examinarlo. –¿puedo… hacer algo por ti? –
–¿No eres un caballero? –Norne preguntó, escaneándolo con la mirada. –No pareces tener un arma. Oh, ¿eres alguna clase de caballero secreto? –
–No. –Gordin dijo, la palabra escapando de sus labios tan rápido que trajo sospecha. –Soy…soy un arquero, pero Gra me quitó mi arco cuando me capturaron. –
–OH. Ohhhh, eres un arquero. Me agrada eso. –
Gordin se encontró a si mismo retrocediendo cuando Norne lo miró en la cara. –S-si, Norne. Soy un arquero, como tú. –De pronto quiso estar en la cabina y desaparecerse junto a los otros caballeros, un deseo que solo se intensificó cuando se dio cuenta de que se estaba sonrojando. –Um… ¿quieres algo de mí? –
–Nah–Norne dijo, retrocediendo. –Solo estaba curiosa de saber cómo es de diferente la arquería que prácticas. –Agitó los hombros. –Bueno, de hecho, cazar animales probablemente no sea tan diferente de dispararle a las personas. Demonios, tal vez sea mejor aquí. –
–Yo…–Gordin se detuvo un momento. –No lo creo Norne. –Desesperadamente esperó que esas palabras no se oyeran arrogantes, pero honestamente no podía ver como cazar animales producía mejores arqueros que el entrenamiento formal. –Cazar ciervos no es nada como atravesar enemigos con las flechas. –
–Cierto. –Norne dijo con una expresión arrogante. –Dudo que hallas matado a las personas suficientes para tener suficientes bases para decir eso. –
–No… nunca dije que haya matado a ninguna cantidad de personas. –Gordin respondió. –Sólo estoy diciendo que matar un animal es, más sencillo que un soldado. –
–¿En serio? –Norne resistió la necesidad de sonreír maliciosamente. –Siempre me pareció que los ciervos eran más inteligentes que algunas personas. –
–Ese… umm, no era mi punto. –Gordin sentía que la seguridad de Norne lo estaba haciendo perder el control, aun cuando estaba seguro de tener la razón. –Cuando cazas, ¿los ciervos te han atacado con la intención de matarte? –
–Bueno… no. –Norne admitió. –Solo corren cuando creen que hay peligro. –Se rascó la cabeza, luego sus ojos se abrieron desmesurados. –Hey, eso no significa que tu entrenamiento sea mejor que el mío autodidacta. –
–N-nunca dije eso. –Gordin le respondió. –Es solo…–
–Okay entonces. –Norne sonrió, confundiendo a Gordin. –Cuando estemos en tierra, nosotros… veremos quién es el mejor. Yo…–
–¿Qué están haciendo ustedes dos? – Una voz vieja y gruesa se interpuso. Gordin, quien conocía la voz más que bien, volteó para dirigirse a su interlocutor con una rapidez excepcional.
–S-ser Jagen– Tembló al ver al anciano caballero.
–Espero sinceramente que mis oídos me estén engañando. –Jagen dijo con una voz amenazante muy baja, que hizo que los arqueros se alejaran de él. Su cara revelaba agitación. –Porque puedo jurar, que en la hora más oscura de Altea, con nuestros enemigos pisándonos los talones, habiendo dejado atrás a la princesa Elice y a la reina Liza, con un caballero leal sacrificándose para asegurar nuestro escape, y nosotros sin tener el número necesario para combatir a nuestros enemigos, todo eso que ha pasado hoy, los oigo a ustedes dos discutiendo acerca de quién de ustedes es el mejor arquero. – Sus ojos críticos estaban sobre sus rostros, esperando una respuesta. Después de un segundo, Gordin avanzó con su cabeza gacha.
–D-deje a Norne fuera de esto, Ser Jagen. –Se colocó entre Jagen y Norne. –Yo… yo empecé esta discusión. –
"No es cierto." Norne pensó. "Yo lo empecé… ¿por qué me está cubriendo?" Se detuvo confusa por un segundo, luego se dio cuenta de que si no hacía nada, Gordin probablemente terminaría castigado. Dio un paso al frente y puso una mano sobre el hombro de Gordin. Él la miró y sus ojos se cruzaron un momento cuando ella volteó a ver a Jagen. –Sir Jagen él… está mintiendo. Yo lo empecé, no quise meterlo en problemas, yo…–
–Jagen levantó una mano pidiendo silencio. –Admiro el valor que ambos tienen en sus intentos para cubrir al otro. Sin embargo, no tengo intención de…–Hubiera continuado, pero un repentino sonido de explosión llamó su atención. Miró hacia el cielo y vio nubes negras frente al barco. –Una tormenta…–Volvió a ver a los arqueros. –Vayan bajo la cubierta antes de que la lluvia llegue y si hablan entre ustedes, espero ver que la conversación logre captar la gravedad de nuestra situación. –
Marth y los caballeros altenses estaban sentados alrededor de una mesa llena de comida. No estaba cerca de ser un banquete real, pero era más lujosa que la que muchos altenses podían comer. Aun así, poca comida fue consumida. Marth no quería comer, su estómago estaba enfocado en… otras cosas. Se sentó con una taza de agua tibia en sus manos, pero no hizo el esfuerzo por vaciarla. En su lugar, solo la miró como si el reflejo en el líquido le pudiera dar alguna guía o confort.
Todos los demás parecían compartir la indiferencia por la comida. Incluso Norne, quién en cualquier otra circunstancia habría devorado el alimento, sintió su apetito desaparecer.
No había pláticas, se limitaron a estar de pie o sentados. El fuerte chipoteo de la lluvia revelaba la tormenta que estaba azotando al barco. La tripulación pagada hacia poco esfuerzo por mantener el rumbo. A pesar de lo que había dicho el otro tripulante, no había muchos marinos bajo cubierta en esos momentos.
–Señor, necesita comer. –Malledus dijo. –Debe mantener sus fuerzas. –
Marth solo agachó más la cabeza, manteniendo sus ojos en la taza.
–Señor, por favor…–
Marth tomó un pequeño trago de agua. Dejó que el líquido le corriera la garganta lentamente, luego se levantó de la silla y fue a la cubierta superior.
–Señor, espere, ¡está lloviendo! – Malledus protestó, pero sus palabras no fueron escuchadas o simplemente fueron ignoradas. Marth subió a cubierta, directo a la lluvia. Suspiró. –Iré con él, quédense aquí a menos que los llame. – Malledus siguió a Marth.
Cain estaba sentado, sin comer. Tomó el cuchillo de cocina y lentamente, amargamente, lo clavó en un pedazo de carne una y otra vez. Su mano estaba tan firmemente agarrada que no lo habrían podido quitar de su agarre. Abel, sentado a su lado, estaba golpeando la mesa con sus dedos. Abel miró una silla vacía y pensó en Frey. Casi pudo imaginar ver a su compañero ocupar el asiento y con él ahí, unas más sonrisas. Draug estaba con ellos, sentado quietamente con sus ojos cerrados. No había visto tragedias por cuenta propia como ellos, pero también las sintió a su manera. Su rostro reflejaba lamento por la nación y por los muertos.
Jagen estaba de pie en la esquina con sus brazos cruzados. Normalmente estaba con cara seria y profesional, aunque hoy estaba sufriendo las pérdidas del día. Hasta ahora, solo Marth lo había sentido. A pesar de haber sacado al príncipe de la nación, una sensación de derrota y fracaso le llenaba la cabeza.
Gordin se encontró mirando una ventana. Solo podía ver un poco de Altea desde donde estaba. Su mente viajó hasta los días más pacíficos, antes de todo. Entrecerró los ojos viéndose muy cansado. Sus memorias debían de ser cálidas, pero el saber que tardaría en regresar a Altea las había… frías.
Luego sus ojos se abrieron dándose cuenta de algo.
–¿Sucede algo? –
Miró sobre su hombre para ver a Norne acercarse a él. Por su expresión, imaginó que ella tenía una vaga idea de lo que estaba pensando.
–Yo… creo que lo sabes, Norne. –
–No, no Gordin. Esa mirada en tu rostro va más allá de la nostalgia. ¿Qué pasa? –
Suspiró y volteó a la ventana. Pensó cuidadosamente en lo que diría, aunque era un hecho bastante simple.
–Yo… lo olvidé completamente con todo el caos, pero… yo… mi… hermano menor está ahí. –Cerró sus ojos y por un momento, pareció que iba a llorar. –No puedo creer que lo dejé atrás, soy… un completo fracaso como hermano y como caballero. –
Hubiera llorado en realidad, pero sintió una suave mano en su hombro. Miró para ver a Norne de nuevo. Le sonrió dulcemente, se dio cuenta que trataba de consolarlo.
–Gordin ,estoy segura de que no eres un fracaso como ninguno. Digo, bueno, no tienes un arco o flechas ahora, pero aquí estas, formando parte de la, ah, guardia privada de Marth. Y tu hermano menor, bueno, estoy segura de que entiende que tenías que hacerlo. Créeme, algún día volveremos y él te recibirá con una gran, gran sonrisa, te lo apuesto. –
–Yo… eso espero Norne. –
–¡No, no! Así no. –Norne dijo de pronto un tanto enojada. Gordin la miró confuse. –Gordin no digas "eso espero", di, "lo sé." –
–Yo… uh, ¿lo sé? –
Norne cerró sus ojos un segundo, masajeando sus sienes, luego los abrió pareciendo un poco atónita y sorprendida al mismo tiempo. –Bueno un poco de confianza no daña, pero es un inicio. Ahora…–Se inclinó un poco y comenzó a susurrar, sin querer que nadie escuchara. Era una manera de hacer que hubiera menos probabilidad de que alguien se entrometiera pero el movimiento causo que Gordin se sonrojara. –Tú, uh, ¿vas a aceptar el desafío? –Susurró.
El miró a su izquierda y derecha, luego volteó a verla de nuevo. –¿Desafío? –
–Tu sabes, el que te dije en la cubierta. Ver quién es el mejor. Haremos algunos blancos y tendremos un concurso. Podremos quitarnos de la mente, un momento, estos… eventos. –
–Yo, uh…–Ya sabía la respuesta que daría a esa pregunta. Se encontró preguntándose por qué no podía mantenerse tranquilo. –Sí. Podemos tener un concurso de arquería. Así…–
–¡Perfecto! – Norne dijo en voz baja mientras se alejaba, realmente esperaba ese momento. Miró sobre su hombro en caso de que alguien hubiera escuchado y luego regresó con Gordin. –Estaré lista. –Sonrió alejándose, se sentó encima de un barril y cruzó las piernas. –Oh, uh…–Le comenzó a hablar de nuevo.
La cara de Gordin se iluminó. –¿S-si? ¿Qué… pasa? –
Ella miró los muros. –Eso, ¿eso nos convierte, tu sabes, en amigos? –Nerviosa y precavida, regresó sus ojos a Gordin. Su cara tenía una expresión de ansia. –Digo, no aceptas la culpa por otros si no te agradan, ¿cierto? –
Se sonrojó. Probablemente estaba más nervioso que ella. –S-seguro. Sí. Somos, uh… amigos.– Las palabras cambiaron la expresión de Norne a una de alivio. Se giró sobre la orilla del barril y miró la ventana a su lado.
–Qué día tan amargo para empezar una amistad. –Dijo para sí misma. Gordin asintió.
–Veamos…– De vuelta en el puerto, el amo patrullaba a pie, calculando que podría hacer con el dinero que el caballero le había dado. –Fue un gran trato el que hice, el negocio ha ido lento, pero ahora puedo seguir gastando. –Su mente se iluminó con todas las ideas. Lo que el caballero había ordenado era un pequeño armamento, no solo cañones. Esas cosas en un barco no eran baratas, y el caballero había pagado el precio total. Había esperado negociar más pero no se quejaba. Hacer un trato de esos, un trato que le daba mucho dinero, siempre lo ponía de buen humor. La suave briza del puerto hacía de su humor uno mejor como si lo felicitara. Su sonrisa crecía más y más, nada podría arruinarlo. Absolutamente na…
–¡Tu! – Una voz amenazantemente lo llamó por detrás. Volteó para ver una legión de Gra y Grust. El comandante, que pareció haberle hablado, le apuntó con el dedo.
–Um…– Se sintió un poco preocupado. –¿Ha-hay algo que pueda hacer por usted señor? – Había lidiado con soldados antes, pero nunca con un grupo tan numeroso. Avanzaron y se sintió aun más preocupado.
–¿Dejaron que algunos soldados altenses se fueran en un barco? – El comandante preguntó.
–Er… bueno, supongo que un caballero de Altea pidió un barco armado antes. –Admitió de manera redundante. Luego fue sujetado por los soldados y clavado al suelo. Las otras personas en el puerto que ya habían sido atraídas por la presencia de los soldados, comenzaron a murmurar acerca de que estaba pasando. –Agh… ¿q-que quieren… de mí? – Logró decir con su cabeza pegada al suelo. –Ugh… ¿quieren… un… un barco? ¡Les puedo dar un des-descuento! –
El comandante caminó hacia él. –¿Te das cuenta con quién estás hablando? ¡Soy Jiol, rey de Gra! –
El suspiró, luego miró al caballero de la armadura lujosa. No podría ser una mentira o un chiste. –¿Q-que desea? Yo… yo…–
–Este soldado alteo. ¿Estaba alguien más con él en el barco que le diste? –
–Eso… creo. Dijo que habría más con él. –
El lenguaje corporal de Jiol mostró rabia. –¿Acaso te das cuenta de a quién le ofreciste santuario? –Gruñó. –¡El príncipe de tu nación escapó en ese bote! –
El murmullo de las personas aumentó de volumen. Sus conversaciones no eran nada para Jiol.
–Nunca podrás entender lo que me costaste… ¡la humillación que tendré que pasar! –El tono de ira iba en aumento. Giró hacia un soldado. –¡Mátenlo! –
–¡No, no! – Luchaba cuando un soldado se acercó a él y reveló un hacha. –Espere, ¡por favor! Yo… yo puedo…–
–Espera. – Jiol le ordenó al verdugo. Relajó su expresión un poco y se volvió al hombre. –¿Sabes a donde se marchó el príncipe? –
–N-no. – El hombre admitió. –Fueron permitidos navegar sin que supiera a donde se dirigía. – Se llenó de miedo cuando la cara de Jiol regresó a su expresión de ira.
–Si hubieras podido contestar la pregunta, te habría perdonado la vida. – Jiol se burló. Le asintió al hachero, quien levantó su arma alto en el aire.
–No… ¡no! – El hombre gritó en terror mientras el hacha descendía en cámara lenta y al mismo tiempo, a velocidad normal. El hacha cortó rápidamente, y la cabeza fue separada del cuerpo. Rodó a los pies de Jiol mientras el grupo de personas lanzaba gritos de sorpresa. La cabeza tenía los ojos cerrados como si pudiera sentir el terror. La muerte del hombre que había permitido el escape del príncipe no hizo que el enojo de Jiol se apaciguara. El príncipe había huido de sus dedos y no se había cumplido la misión por la cual fue invadida Altea. No esperaba darle su reporte a Dolhr.
Su rabia y miedo mezclados hicieron que impulsivamente pateara la cabeza del hombre lejos de él. Cayó en el agua y por un momento flotó, luego se empezó a hundir. Los soldados que tomaron el puerto aún tenían el cuerpo, sin esperar la orden lo tumbaron al agua. Respirando hondo, Jiol volteó a ver a los ciudadanos. Los altenses que le permitieron perder a su presa. Su furia alcanzó el máximo nivel.
–¡Mátenlos a todos! –
–¡Príncipe! Príncipe Marth por favor. ¡Vuelva adentro! – Malledus gritó sobre el ruido del agua cayendo mientras iba a cubierta. Marth estaba en la orilla del barco, completamente indiferente a lo empapado que estaba. Sus ojos estaban enfocados en Altea a la distancia, solo una delgada línea de tierra. Sus manos sujetaban la orilla, con tanta fuerza para que un soldado no pudiera separarlo. La lluvia… Marth reflexionó la tormenta por una fracción de segundo. Parecía que las deidades estaban llorando por Altea, la lluvia siendo sus lágrimas. No parecía ser toda la fuerza de la tormenta pero ya tenía una fuerza considerada.
Murmuró algo bajo su aliento.
–¿Señor? –Malledus preguntó. –Señor, ¿qué fue lo que dijo? – No estaba seguro de que Marth lo oyera por la tormenta.
–Dije que era como un cuervo solitario. –Marth respondió. –¿Cómo puedo decir que soy heredero de algo cuando huyo como un cobarde cuando mi nación es saqueada? Anri debe estar asqueado, en el cielo. –
–¡Señor! – Malledus encontró difícil escuchar su propia voz. –No teníamos otra opción, pero… con el tiempo, podríamos regresar. Y…–
–Malledus. – Marth dijo, sus palabras casi inaudibles, pero aún el anciano táctico lo alcanzó a escuchar. –Habla de nuevo, sin inseguridad ni dudas en tus palabras. –Luego tomó una bocanada de aire. –Seguramente, Malledus. No podríamos. Regresaremos, yo… Gra, Grust, Khadein, Dolhr, yo los haré pagar. –
–Señor…–
–Pero por hoy… solo por hoy…–Marth comenzó a quebrarse, cerró sus ojos y levantó su cara al cielo. –Hoy, yo… yo solo quiero…–
Malledus no lo notó, pero Marth estaba escondiendo sus lágrimas en la lluvia. Por un momento, estaba lamentando su nación y a su familia que tan injustamente le fue arrebatada en un día.
–…llorar.– Marth terminó su oración.
–Espero que tus nuevos aposentos sean… de tu agrado. –
Elice estaba encadenada a la pared. Pensó que sería asesinada en la sala de trono, pero Gharnef parecía tener otras ideas. Cuales eran esas ideas, sin embargo, ella no las conocía.
Esta habitación iluminada por antorchas, que pensó ella no se encontraba en Altea, sería su nuevo hogar de ahora en adelante. Hasta ahora, nadie se ha acercado a ella preocupado por su seguridad o por ella. Después de todo, solo era miembro de una familia gobernante de una nación que estaba rápidamente cayendo. Pero…
Pero sus pensamientos no estaban sobre ella, ni por un instante. Pensó en su hermano, esperando que haya podido escapar. Si lo logró o fracasó, lo sabría tarde o temprano. Si marth… no había logrado escapar, Gharnef le presentaría su cabeza, aplastaría sus esperanzas de derrotar a Dolhr y erradicaría el calor de su alma. Si Marth escapaba, asumía que Gharnef se irritaría a su sola mención. Incluso trataría de herirla para callarla si llegaba a mencionar a su hermano.
Lejos de Marth, el único por el que se preocupaba era… por un cierto mago altense, que no había estado en la nación cuando todo esto pasó.
Merric…
Las puertas de madera se abrieron y, predeciblemente, Gharnef entró. Llevaba un pequeño plato de carne cocida. Cualquier propósito para mantener a Elice viva, debía ser importante, a pesar de su falta de movilidad, era tratado muy gentilmente. Un tratamiento extraño para un prisionero, pero no cambiaba su opinión del Pontífice.
–Gharnef– Elice dijo fríamente. –¿Qué…?
–¿… tu hermano? –Terminó por ella. El estómago de Elice se revolvió por lo… relajado que se veía. –Oh, ahórrate tus lágrimas, princesa. Esta vivo. –
–Hah– Elice sonrió maliciosa. –Parece que has fallado en tu misión de prevenir que escape. –
Gharnef sonrió. –No tiene importancia. Donde tu hermano esté no es de mi incumbencia. –
Sus respuestas le dieron al corazón de Elice una sensación de malestar, pero se disolvió rápidamente. –¿La única persona que puede blandir Falchion y enfrentarse a tus amos escapa y es un inconveniente menor? Una historia creíble Pontífice. – Se pausó un momento en la frase "la única persona". Ya había asimilado que su padre estaba muerto.
–¿Oh? – La sonrisa de Gharnef siguió. –La Falchion está… muy lejos de su alcance. Lejos de las manos de Altea. ¿Por qué habría de importarme un solo hombre que ni siquiera tiene el arma para convertirse en una espina para Dolhr? –
La sonrisa de Elice desapareció, sus ojos se volvieron sombras. Gharnef hizo un pequeño gesto y las cadenas que la sujetaban se rompieron. Reluctante, tomó el plato y se alejó del Pontífice.
–¿No te gustan tus condiciones cierto? Créeme. Aprenderás a quererlas. –
–Mi hermano me salvará, y le pondrá un fin a ti y a tus aliados. – Dijo mientras mordía la carne.
–Lo dudo. – Gharnef respondió. –No es una amenaza… para nosotros. –
A mi en lo personal me hubiera gustado ver a Frey en la historia. Yo sacrifiqué a Jagen, en el juego es un op, pero bastante inútil, y en la historia me harta a veces jajaja. Lástima que Frey sea un personaje de remake.
Como se darán cuenta, aquí reclutaron a Norne. De echo, van a reclutar a todos los personajes, incluso a los que solo salen en el remake. ¡Yay!
Bueno con esto terminamos el prólogo, pero la acción todavía tardará un poco. Espero les vaya gustando, gracias por leer :D
