Este fanfiction fue escrito por el autor Scuttlest, a quién le agradezco darme el permiso para traducirla.
Origen del Príncipe de la Luz
La Guarida de Dolhr era facimente el lugar mas desconcertante e inquietante que Jiol haya visitado. La piedra oscura, cubierta con hieroglyphicos antiguos, hacían parecer que los constructores no fueron humanos. O al menos el edificio no fue construido a petición humana. ¿quién había construido la estructura exactamente? ¿Los dragones? ¿Los sirvientes humanos? No sabía. El edificio parecía iluminado por una clase de luz que entraba por las ventanas de vidrio manchado. Corredores y pasillos se extendían en todas las direcciones, era solo por un guía, humano, del que Jiol no conocía su nombre, que no se encontraba vagando perdido en aquella fortaleza.
Sin embargo, pese a todos aquellos incomformes elementos del edificio mismo, eso no era lo que hacía que la piel de Jiol se agitara. Era el hecho de que tenía que decirle, cara a cara al mismísimo Medeus, el Dragón de la Sombra, que había fallado en su misión.
Ya tenía excusas en mente. Astucia altea combinada con la incompetencia de sus soldados la que llevó al fracaso. El fracaso nunca fue por falta de abilidad o percepción de su parte. El, por supuesto, dejaría fuera el hecho de que había sido el quien dijo que la distracción era el verdadero príncipe.
La fortaleza era fría. Especial para almacenar al despiadado amo que pronto aparecería frente a Jiol. A pesar del frío invernal que parecía estar presente en la estructura, Jiol se sintió extremadadmente acalorado. Sudando. Estaba aterrorizado, aterrorizado de dar las noticias que le daría a Medeus.
Se encontró frente a la puerta de los aposentos de Medeus. Sin saberlo, la ansiedad lo había consumido en cuanto su guía se alejo. Se quedó… levemente sorprendido al darse cuenta de que estaba en la base de la fortaleza. Habría pensado que Medeus estaría en la torre más alta. Mientras mas cerca del cielo, Jiol pensaba, mejor pues Medeus podría retar a los dioses que amaban los humanos.
La puerta frente a el de pronto se abrió y una figura encapuchada salió al pasillo. Un manakete, un dragón en su forma humana, con su verdadero poder y forma sella da dentro de una gema llamada Piedradragón. Muchos manaketes mantenían sus piedrasdragón en su persona todo el tiempo, este parecía tenerla cosida en su capa. Su cuerpo se hallaba oculto bajo una túnica y su rostro por una caperuza. Eso hizo que un escalofrío recorriera el cuerpo de Jiol.
–Jiol– El manakete hablo, sin usar el título de "rey" –Soy Xemcel. Confio en que tengas… buenas noticias, para el emperador.
Había un tono en las palabras de Xemcel que inquietaron a Jiol. Asintió apenas el manakete termino de hablar, lo mas cordial que pudo. Este no era el tiempo para molestarse porque alguien no usaba su título. –Vengo a comunicar lo que venga a comunicar, maestro Xemcel. – Se forzó a sí mismo no quebrar su voz.
–Entonces…– Xemcel se hizo a un lado. A pesar de no ver su rostro, Jiol sospechó que sonreía. –Comuniquelas.
Sin pronunciar otra palabra, Jiol entró a la habitación, sintiéndose cada vez mas y mas inquieto. El lugar estaba iluminado con antorchas y parecía mas un santuario que una sala de trono. Por todo el lugar veía humanos, la fuerza laboral de los manaketes que vivian en Dolhr, arrodillados y alabando el regreso de Medeus. Los únicos de pie, además de Jiol, eran individuos encapuchados cerca de los sirvientes, que bien sabía eran manaketes. Aún estando de pie, los manaketes mantenían la cabeza agachada, en señal de aceptación por el regreso de su líder.
Debía poder ser capaz de ver a Medeus en algún sitio, pero solo la mitad del salón estaba iluminado. El resto estaba tan oscuro como la noche. El sabía que algo estaba ahí, pero no supo que.
Jiol caminó hasta el centro de la habitación. Sus pasos resonaron en la piedra, pero pronto comenzó a caminar en metal. Mirando hacia abajo, notó que estaba parado sobre una insignia empotrada al piso. Notó una silla de madera cerca de el y fue a investigar. Unos pasos más y encontró a alguien sentado en ella, aunque encorvado y sin moverse. Despues de unos segundos, se dio cuenta de que era un soldado de Gra muerto.
–Perdió su voluntad para vivir. – una voz vino detrás de ell. El rey de Gra miró hacia atrás para ver a Xemcel aprochimandose. –Y prefirió matarse en lugar de enfrentar la jusitica manakete.
–Jiol. – Una nueva voz sonó. De pronto, todos los manaketes en la habitación, incluyendo Xemcel, se arrodillaron, imitando la posición de los humanos. Los humanos en cambio se arrodillaron aun más, pues un cruel castigo aguardaba a cualquier humano que tuviera la misma posición que los manaketes. Dos segundos depues de que la voz habló, Jiol era la única persona de pie.
–Jiol. – La voz repitió. –¿Planeabas decirme que fallaste tu misión de entremarme a su descendiente?
Bruscamente, todas las antorchas se iluminaron. Jiol podía ver la totalidad de la habitación. Un trono dorado, con un diseño intricado contenía un hombre… no. No un hombre, un manakete. Y Jiol sabía exactamente quien era.
–E-Emperador… Medeus. –Jiol puso una rodilla al suelo, en señal de respeto. No podía entender como es que Medeus sabía de su fracaso.
–Quedate callado, Jiol. –Medeus respondió. –El soldado detrás de ti…–Movió su cabeza en dirección al soldado fallecido en la silla de madera. –Fue uno de tus hombres en Altea. El y los demás soldados de Gra y Grust regresaron antes que tú para revelar que persiguieron a un señuelo. Fueron castigados apropiadamente por su estupidez. –Medeus cerró sus ojos. –Morzas.
Uno de los manaketes en la habitación se puso de pie para dirigirse a Jiol. Ese manakete, Morzas, quien veía a Jiol con desdén, comenzó a hablar. –Ese humano en la silla es simplemente el único que logró suicidarse antes de que lo capturaramos. Los otros…– Sonrió, la curva de sus labios pareació inconformar a Jiol pero Morzas se veía complacido. –…Fueron lenta y metódicamente cortados en pequeños trozos.
Jiol se estremeció.
–Esto, claro, después de que fueron despellejados y su piel colgada se las ramas de los arboles. Le aseguro que estaban vivos cuando su piel fue arrancada.
El sudor broto en la frente de Jiol, mientras se formaba un nudo en su estómago. Ese estrés no nació por el castigo de sus soldados. Su pánico provenía del hecho de que ese seguramente sería su castigo.
–Es suficiente Morzas.
–Como desee emperador. –Morzas respondió, haciendo una reverencia en dirección de Medeus.
–Jiol. –Medeus dijo con un tono alarmante. –Me has fallado. Permitiste que el príncipe de Altea escapara. Me costaste la oportunidad de deshacerme de la semilla de Anri de una vez por todas. Por eso, sufrirás de tal forma que el destino de aquellos soldados parecerán compasivos.
Medeus hizo un gesto con su mano y los humanos de la habitación se levantaron para apresarlo.
–¡Espere! Amo Medeus, ¡espere! – Jiol trató de rechazar a los otros humanos que se acercaban, pero pronto se encontró arrinconado, al centro de ellos. –¡Te-tengo algo que quiero decirle antes de que me mate!
La expresión de Medeus cambio. Los humanos lo notaron y se detuvieron, sin saber como responder. Jiol se hizo camino entre ellos y se arrodillo frente al trono de Medeus. Sacó una espada y Medeus hizo un gesto de rechazo, imitado por los demás manaketes.
–Es… Falchion, Emperador Medeus. –Jiol menciono, tratando de mantener su compostura y el control de su voz. Tiro la espada al piso, sin querer correr el riesgo de que alguien pensara que querria blandirla. Jiol… tenía un antepasado con Anri. Siendo descendiente de su hermano, podría considerarse como alguien digno para blandirla, pero no le importaba si era o no, solo quería llegar vivo a mañana. –Se la arrebaté a ese torpe. Cornelius. Cuando lo maté. La única arma que podría ser una amenaza para usted… se la ofrezco y haga con ella lo que le plazca.
Una larga pausa se establecio. Finalmente Medeus acarició su vello facial con sus manos. –Bueno, a pesar de unos problemas menores, has probado ser útil para nosotros. Mataste a uno de los descendientes de Anri y robaste a Falchion. – Asintió con satisfacción, tal vez la suficiente como para perdonar la vida de Jiol. –Khozen.
Otro de los manaketes se erigio, al momento de que Medeus le llamó. –¿Señor?
–Falchion no puede ser destruida… esta hecha de un diente de este torpe, Naga. –Medeus hizo un gesto al decir el nombre. El dragon divino que, junto con su clan, traiciono a toda su raza ayudando a los humanos. –Sacala de Dolhr. Llevala a un lugar donde nadie pueda obtenerla.
–Si, emperador Medeus. –Khozen inclinó su cabeza y caminó a la espada. La levantó del suelo tomándola con su mano cubierta con sus ropas, sin atreverse a tocar la sagrada hoja. –Me encargare de que sea transportada… a un lugar donde el descendiente de Anri nunca llegue. – Khozen salió de la habitación.
–Jiol. –Medeus habló después de que este se retiró. El rey de Gra aún tenia sus ojos en Medeus. –Altea es una preocupación menor ahora. Debemos enfocarnos en las naciones que no podemos emboscar.
Jiol asintió lentamente. –La armada de Gra… servirá entusiasta destrozando Archanea, Macedon y Aurelis.
Medeus sonrió maliciosamente.
La alta alcurnia de Macedon estaba en tumulto.
La nación no estaba inconsciente de lo que sucedía en Altea. Como Gra y Grust estaban en el proceso de convertirla en desierto y como todo eso estaba dirigido por Dolhr. La nación de Dolhr estaba al norte de Macedon y no se necesitaba ser un genio para pensar que los manaketes pensarían en acabarlos pronto. Platicas de como aplacar a Dolhr eran las comunes entre la nobleza.
Las Alasblancas fueron rapidas en llamar a la nobleza "cobarde" al oir como querían ganar la confianza de Dolhr. Esa idea nacio por preocupación por su propia seguridad, no por la seguridad del pueblo.
En esos momentos, Palla de las Alasblancas se movia por el castillo de Macedon, dirigiéndose a la sala de trono. Había sido llamada por su comandante, la princesa Minerva.
Su llamado había sido simple y rápida.
"Palla, ven a la sala de trono. Trae a tus hermanas, algo esta a punto de surgir."
Rapidamente, Palla reunió a Catria y Est, y las tres se hallaban frente a la sala de trono. Había algunos soldados vigilando la entrada, discutiendo entre ellos. Palla casparreó y se identificó.
–Palla de la orden de las Alasblancas. –Dijo con tono profesional. –Por orden de la princesa Minerva, requiero que mis hermanas y yo seamos permitidas entrar a la sala de trono.
Los soldados parecieron molestarse, tal vez frustrados por que su discusión fue interrumpida, o tal vez por desden a las mismas Alasblancas. Ellas, leales a la princesa Minerva, no eran populares entre el ejercito, quienes eran partidarios del príncipe Michaelis. Aun así, se apartaron para permitirles el paso. Palla entró al salón. Predeciblemente, la princesa Minerva ya estaba ahí. Volteó para ver quién mas se encontraba.
Merach, quien era el guardaespaldas de la princesa, estaba junto a ella. Tenía sus brazos en su espalda, aguardando pacientemente.
El príncipe Michaelis, el hermano mayor de la princesa estaba de pie frente al trono. A su derecha estaba Orridyon, quien, pese a su edad, compartía muchos ideales y creencias con el prodigio príncipe.
También estaba la princesa María, la más joven de los tres hermanos reales. Estaba de rodillas…¿llorando? Estaba llorando sobre un cuerpo en medio de la habitación.
–¿Qué pasó aquí? – Preguntó Est detrás de Palla. Palla se giró para darle una repimendapor hablar sin autorización.
–Perdonela. – Palla se dirigió a los que estaban dentro. De una forma u otra, los presentes eran de mayores rangos que ellas. Sabía que algo terrible había pasado y sabía que la falta de modales de Est y Catría no ayudaría.
La cara de Minerva se veía cansada. Negó con su cabeza y continuó mirando el cadáver que todos miraban.
–Alablanca Palla. –Michalis le respondió. –Mire el cadáver y note que fue lo que nos fue robado hoy.
Un poco confundida, Palla se adelantó para mirar el cuerpo intranquila. Lo miró un minuto y de pronto jadeó.
–El rey de Macedon esta muerto. – Orridyon dijo sin emoción alguna. –Cayó por el cuchillo de algún cobarde. –El anciano caballero señaló el torso del muerto, que tenía una daga. –Asesinos. No se como evadieron las patrullas, pero el rey ha muerto. –Su cara mostró enojo. Los soldados de las patrullas fueron entrenados por el mismo. Les haría pagar su incompetencia. –Este acto de carnicería solo puede ser respondida con la cabeza de sus asesinos y quienes los hayan contratado.
–Yo estoy de acuerdo. – Minerva dijo. –Quién sea que hizo esto no puede seguir libre. – La princesa volteó a ver a su hermana menor, quién seguía llorando. –¿Est, podrías sacala de aquí?
Est obedeció. Se dirigió hacia María y la tomó del hombro. Lentamente, sacó a la joven princesa de la sala.
–Pero, ¿Quién lo hizo? – Merach preguntó. –El asesino ya se había ido cuando encontramos el cadáver. Cualquiera en el continente entero podría haberlo hecho.
–No. –Orridyon respondió. –El arma que fue usada en el crimen nos da una excelente pista.
Merach se acercó al cuerpo y se arrodilló para obtener una mejor vista del puñal. Estaba adornado su mango con oro y multiples joyas. –No creo haber visto nunca un puñal como este. ¿No debío usar un arma que atraiga menos la atención?
–Normalmente, eso sería correcto– Agregó Michalis. –Sin embargo, sospecho que el asesino querría dejar un mensaje. Esta en la daga.
–¿Qué clase de mensaje? –Catria preguntó, acercándose también al cuerpo. –No puedo ver nada escrito o…–
–No un mensaje escrito, Catria. –La corrigió Michalis. –El diseño de la daga. –Se giró para ver a su hermana. –Minerva, ¿reconoces el diseño?
–Claro. – Respondió con cierta renuencia de saber a donde se dirigía. –Es una clase de daga ornamental que solo una persona conectada con la familia real de Archanea poseería.
–Lo que significa que Archanea es culpabre de este pútrido acto de cobardía. –Completó Michalis. –También significa que debemos irnos a las armas contra este "sagrado" reino de inmediato.
–Pero…–Catria estaba confundida. –El rey respetaba Archanea, y aunque no tenían u ntrato formal, Archanea y Macedon estaban en buenos términos. Debería basarse en algo más que el diseño de una daga antes de declarar una guerra.
–¿Qué fue eso? –Bramó Orridyon. –¿Está insinuando que el príncipe Michalis llegó a una conclusión errada?
Catria lo miró con una expresión defensiva pero al mismo tiempo desafiante. –Solo porque es un líder revolucionario signifique que todas sus desiciones sean correctas. El puede…
–Catria, hablas con demasiada libertad. –Palla le advirtió con voz tensa. –Nuestra opinión no es necesaria. La comandante puede hablar… mas apropiadamente de lo que nosotras podríamos.
–Michalis. –Minerva dijo, fríamente ignorando a Catria y Palla por el momento. –No importa quien esté detrás de esto, no debemos hacer nada que haga que la balanza favorezca a Dolhr. Los manaketes tienen suficientes ventajas como para que nosotros nos levantemos en armas en contra de una de las naciones mas poderosas.
–¿Ves? Ella entiende que no debemos…
–Catria. –Minerva dijo lentamente. Una advertencia para dejar de hablar. –Palla, quiero que tu y Catria y Merach se tomen el día. Pueden retirarse.
Un momento pasó, luego Palla tomó a Catria por el hombro y la sacó de la habitación. Merach las siguió.
–Ve con ellos. –Michalis le ordenó a Orridyon. –Esto es asunto de la familia real.
Fuera de la sala, los soldados que la custodiaban ya se habían dispersado. Palla y Catria estaban silenciosas. Merach y Orridyon también estaban ahí. Merach parecía incomodo con los eventos recientes, Orridyon parecía como si algo lo divirtiera.
–No lo puedo creer. –Catria murmuró. Se cruzó de brazos y se recostó en la pared. Había una mueca en us rostro.
–No puedo creer lo que tratabas de decir del príncipe. –Palla respondió. –Nos controlamos en la corte Catria. Nuestro consejo nunca fue requerido.
–El príncipe esta actuando como si fuera el rey, Palla. Diciendo que marcharemos sobre Archanea…
–Lo será. – La interrumpio Merach. Catria lo volteó a ver. –El rey ha muerto Catria. El trono cae sobre el primogénito. La coronación formal será en unas semanas, pero Michalis ya es la autoridad absoluta en Macedon.
–Es un golpe. –Respondió ella, intentando ser educada. –Solo aprovechó que su padre murió.
–Es legal. –Siguió Merach. –No se obsequió el trono, se lo dio el derecho de sucesión.
Orridyon parecía orgulloso. –Ya no habrá que preocuparse por el futuro de Macedon. La nobleza, la milicia, y el pueblo acepta a Michaelis y cree que será un buen rey. Mejor que su padre. Es una tragedia,pero es lo que Macedon necesita para entrar a una era dorada. Hemos comido las sobras de las demás naciones por demasiado tiempo.
–Esperé esa respuesta del lamebotas del príncipe. –Se burló Merach.
–Igual yo, del peón de la princesa, Merach. –Le respondió Orridyon. –La milicia siempre adoró a Michalis. Desde los esclavos hasta los generales, cada rango y fila. ¿Qué mejor líder para guiarnos a la victoria?
–Eso fue un comentario audaz. – Catria hablo. –¿Realmente cree que dominando Archanea, o cualquier otra nación, le hará un bien a Macedon? Tratar de probar que se es mejor que alguien más es infantil. Si así piensa el príncipe, entonces no es mi rey.
Orridyon estalló en rabia. –¡No permitiré que se hable así del futuro rey! –Se tranquilizó unos momentos. Luego cruzó sus brazos. –¿Usted cree que la fe que se le tiene al príncipe es una fe ciega?
Catria miró al hombre atónita, sin saber porque no podía ver las cosas desde su perspectiva.
–Basta. –Palla interrumpio. Ambos la miraron molestos por la intromisión. –Lo que pase dentro de la sala decidirá el futuro de Macedon, no lo que hablemos nosotros. –Tomó una bocanada de aire. –No importa que, yo serviré a la comandante y ella escogerá la paz, justo como yo lo haría.
–¡Bah! – Se burlo Orridyon. –¿Paz? Nuestros mas finos soldados se pudren, sin conseguir nada en la vida mientras estemos presos de la paz. Necesitamos tomar lo que queremos y necesitamos, con alguien como el príncipe… no, el rey Michalis como nuestro líder. –De inmediato se retiro.
–El príncipe conseguirá lo que quiere si se rodea de gente como el. –Merach concluyó.
–Esto es un desastre. –Catria sentía su sangre hervir dentro de su piel. –La comandante… ella tiene que convencer al príncipe que no debemos pelear contra Archanea. Dolhr nos atacará mientras nosotros invadimos a alguien más.
–Oh. Estoy seguro de que la princesa Minerva esta reacia a atacar Archanea. –Merach dijo. –Y cual sea que sea el resultado, escogeré el camino que ella escoja.
Catria alzó una ceja por un segundo, al notar que Merach ponía toda su fe y confianza en Minerva incondicionalmente. Luego recordó que el era su guardaespaldas. Llevaba en su servicio desde… desde mucho antes que ella y sus hermanas siqueira se enlistaran. El era, literalmente, la única persona en la milicia de Macedon, además de las Alasblancas, que se aliarían a Minerva antes que a Michalis. Su lealtad era más firme que la de ellas. Catria asintió de acuerdo con el. –Solo espero que la princesa pueda convencer a su hermano de que Macedon no debe iniciar la guerra. Solo nos reduciría a cenizas.
–No puedes estar hablando en serio, Michalis. –Minerva dijo enojada. –Hermano… si movilizamos las tropas, debería ser contra Dolhr, en defensa de Altea. Ellos deben estar pasando por…
–¿Desde cuando nos importa lo que sufra la gente de otras naciones? –MIchalis dijo parado a un lado del trono. No se sentaría en el el día que su padre fue asesinado. –Nosotros, como nación, jamás hemos asistido a nadie en el pasado durante sus crisis. ¿Por qué el bienestar de Altea es de pronto, nuestro problema?
–Porque…–Minerva comenzó tratando de formular una razón. Todo lo que pensaba es que no podría sentarse a ver como sufría una nación entera, traicionada por otra que consideraba una aliada. –Porque es Medeus de quien estamos hablando, Michalis.
Estaba tratando de armar los datos en su cabeza mientras hablaba, tratando de darle más peso a su punto. –Medeus… nunca creí en las leyendas del pasado, pero piénsalo Michalis. Fue Altea, Archanea, Grust y Macedon quienes se unieron para acabar con Medeus cuando todo parecía estar perdido. Si tu plan es enfocarte en Dolhr después de Archanea, entonces nos condenas a la derrota.
–Cierto…–Admitió. –Nuestro ancestro Iote, junto con Ordwin de Grust y Anri de Altea quieres derrotaron a Medeus y Dolhr hace tantos años. Desafiar a una nación solo con la fuerza de Macedon sería un suicidio. Especialmente con Gra, Grust y Khadein a su lado.
–Entonces… debemos ayudar a Archanea y Aurelis si es que se preparan para la guerra. Podremos averiguar quien es el responsable por la muerte de padre luego. Podemos… guiar a las naciones que aún pueden pelear. Seguir el legado de Iote, ambos sabemos que eres capaz de hacer algo como eso. Covnertirte en el símbolo de paz del mundopodría… aumentar la posición de Macedon. –Ella se relajo visiblement. Michalis la había escuchado hasta su última palabra.
–Debemos hacer lo que sea mejor para Macedon. –Dijo el. –No podemos salvar al mundo y luego regresar para ver a nuestra nación en cenizas.
Considerablemente asustada, Minerva preguntó. –¿Qué es lo mejor para Macedon entonces?
–Debemos asegurar el lugar de Macedon en el nuevo mundo. –Respondió. –No importa cual sea ese.
–¿Y eso es?
–No deshonrare la memoria de nuestro padre…–Pareció pensar mientras completaba su oración. Miró el cadáver del rey con desdén o tal vez desprecio. Lo que fuera, no era el rostro de alguien que querría honrar a su padre. –No me aliare con sus asesinos. Me niego a ayudar a Archanea. En su lugar…
Hubo una larga pausa. En ese pausa, algo ocurrió con Minerva. Recordó que su hermano siempre renegó la posición dominante de Archanea. El quería que Macedon tuviera esa posición y poder. Una ambicion que su padre lucho por suprimir cuando Michalis lo expresaba. Ella se dio cuenta de que tan … conveniente era que el asesino del rey fuera de Archanea. Le daba una oportunidad perfecta.
–¿Me estas poniendo atención Minerva?
Ella se sorprendió al escucharlo. –Un… momento de reflexión. –No le haría saber que por un momento, sospechó que el sabría del asesinato antes de que los demás se enteraran. –Si no ayudaremos a Archanea, ¿entonces?
–Simple. –Respondio. –La única opción es…
Casi inmediatamente después, Minerva salió del salón. Camino furiosa por los pasillos y entró a su cuarto, azotando la puerta tras ella. Había un cambio de ropa en su cama, probablemente dejado ahí por Merach. Lo ignoró, llendo a la pared mas lejana y golpeó su puño en ella dejando una fisura. Respiró hondo y rechino sus dientes. Oyó que alguien golpeaba su puerta. –¿Quién es? –Preguntó con evidente enojo y frustración.
–P-Palla, comandante. –Fue la respuesta. Su voz sonaba asustada y preocupada. –Estoy con Est. ¿Deberíamos irnos?
Minerva tomo una gran bocanada de aire, recupero la compostura y luego se sentó en su cama. –Entren
La puerta se abrió. Palla y Est entraron. Minerva masajeo sus sienes.
–¿Comandante?
Ella suspiró. –No es nada, ¿Pasa algo que deba saber?
–Oh no, comandante. –Est respondió. –Solo nos… preguntábamos que fue lo que le dijo el príncipe.
–Si es que no nos metemos en cosas personales. –Palla agregó.
La princesa gruño, permaneciendo en silencio.
–Entendemos, no quiere discutirlo. Nos…
–Michalis…–Minerva comenzó, con voz fría. –… decidió que lo mejor para la nación sería aliarnos a Dolhr.
Palla y Est se miraron entre ellas sin creerlo, y su rostro cambio a una expresión de horror.
–Pero…–Est dijo confundida. –¿Cómo es una buena idea aliarse con personas que quieren destruir la humanidad? Tratar de mantenernos al margen sería lo mejor para Macedon.
–Lo sé. – Minerva dijo. Palla sintió como si ella se controlara para evitar decir de más. –Michalis djo que la alianza es temporal, hasta que podamos atacar directamente a Dolhr. No creo que Dohlr deje a sus subordinados lograr esa clase de poder.
–No lo entiendo. –Palla murmuró. –Siempre se puede confiar en que Michalis toma deciciones efectivas y pragmáticas, aunque frías en ocasiones. ¿Por qué de pronto hace algo que obiamente es un error? –Esperó una respuesta, mirando a Minerva. Se preguntó si habría hablado de más.
–No lo sé. – Admitió ella. –Pero no dejare que arruine a Macedon. Antes de eso, juro que …–Su voz se detuvo, girando su cabeza. Miró el hacha que colgaba de su pared.
Hauteclere.
Nego con su cabeza. No estaba segura si tendría el coraje o el corazón para hacerlo. Cambió sus pensamientos.
–¿Dónde esta María?
–En su cuarto. –Respondió Est. –No creo que quiera salir pronto.
–Es demasiado joven para lidiar con estos temas. –Minerva dijo. No importa su discusión con Michalis, no podía forzar a Maria ver como sus hermanos se mataban entre ellos por eso. No podría… forzarla a perder a sus hermanos después de perder a su padre.
Tierra firme. Finalmente. Marth estaba harto de ese paseo en bote. Al principio se permitió tratar de entender todo lo que pasó recientemente. Las cosas habían pasado tan rápido que apenas capto la magnitud de la situación. Pero la bendición de tener tiempo para pensar terminó al poco tiempo.
No sería tan malo si pudiera entrenar. Tal vez ayudaría a liberar la tensión. Pero la tripulación se movia continuamente en la cubierta y no había otro lugar con espacio suficiente para el propósito.
Podría preguntarle solamente a Jagen o Draug. Cain y Abel estaban acostumbrados a entrenar con Frey y pensó que la idea sería cruel para ellos.
Al menos estaban en Talys. El, Jagen y Malledus se retiraron a ver al rey de inmediato. Todos los demás debían permaneces en el barco hasta que supieran que lugar les daría el rey. Si no conseguían nada, deberían pensar en otra cosa.
Un miembro de la tripulación bostezo mientras el sol comenzaba a salir. –Al fin… que buen clima hace, para haber partido con una tormenta.
–Es bueno tener tierra firme en los pies. –Draug se giró a la tripulación. –Diles a tus compañeros que se han ganado una recompensa. Sabes de lo que hablo.
–Oh si. –Contestó emocionado. –Un par de galones de alcohol desaparecerán en segundos. –Se retiró, prácticamente saltando de alegría.
–¿Alcohol? –Norne arqueó una ceja. –¿Esa era la tentación que no podían resistir? –Pensó por un segundo. –Ugh…–Negó con la cabeza. –No importa. ¿En serio debemos esperar, Draug?
–Hasta que regresen, sí. –Respondió. –Eres libre para deambular pero debes mantenerte en un área donde pueda verte.
Norne suspiró. –Espero sea pronto. Yo... tengo entrenamiento que hacer con Gordin.
–Me alegra saber que el entrenamiento sea lo primero que hagas. –Draug le dijo, genuinamente complacido. Norne no admitió que tenia en mente más uan competencia que un entrenamiento. –Pero no debes apresurarte. Podremos estar aquí un largo rato.
–Okay, ¿Cuándo sabremos cuanto tiempo nos quedaremos?
Draug suspiró. –Una hora, con un poco de suerte.
Talys era un reino pequeño y modesto. El trono ni siquiera estaba forjado de oro. Estaba formado de bronce aleado con plata. El rey Mostin se sentó en el trono mientras el príncipe Marth entró a verlo, seguido por Malledus y Jagen. En ese momento, no sabía quienes eran.
Como precaución, debido al hecho de que no sabían quienes eran, Marth y Jagen fueron obligados a dejar sus armas fuera, en manos de los sirvientes del rey. Malledus fue despojado de todo lo que remotamente pareciera un tomo mágico. No cargaba nada de eso, pero muchos libros eran confundidos con tomos por los inexpertos. Talys no era una nación que usara magia así que no tomaría riesgos.
Solo había un guardia en el cuarto, y era un mercenario. Un hombre grande cubierto de cicatrices, aunque no se veía tan viejo como Jagen. Se veía capaz de detener un arma de plata con solo su dedo.
Detrás del rey y su guardia, había una chica. Su hija, la princesa. Su nombre era Caeda. Normalmente Mostyn no permitia a su hija cerca de personas que no conocía, pero por extraño que pareciera, sentía buena vibra de estos extraños. Además con su guardia en el cuarto, no creía que estos podrían hacerle mucho.
–Saludos, viajeros. –Mostyn inició la conversación. –Puedo ver por sus miradas que quieren evitar a toda costa que se sepan sus nombres. No preguntaré lo que han vivido. Solo quiero que me digan quienes son y que puedo hacer por ustedes.
–Rey Mostyn. –Jagen comenzó. No se sorprendia que no los reconociera. Habían pasado… años. –Somos personas de Altea, buscando refugio. Yo mismo soy un caballero de Altea. Ciertas… circunstancias, nos han obligado a escapar de nuestra nación.
–Ya veo. –Mostyn se inclinó. –Pareces un caballero. Si no es mucho pedir, ¿puedo ver una prueba para comprobar tu estatus como caballero?
–Si señor. –Jagen sacó un emblema de su saco. –Esto, señor, me fue dado cuando era un escudero. Siempre lo use en mi vestimenta. Cuando finalmente fui nombrado caballero, ya no requería usarlo, pero me lo quede como un recordatorio de mis leccioens. Como sabe, rey Mostyn, no hay dos emblemas iguales dentro del ejercito de Altea. ¿Puede reconocer la mía? –Jagen se acercó a el, depositando el emblema en sus manos. El rey observó el emblema azul por un segundo y sonrió.
–Jagen, mi viejo amigo. Cornelius siempre te considero como uno de sus mejores. –Miró su rostro. –Ah el paso del tiempo ha sido cruel contigo. No importa. Tu identidad es la prueba que necesito para ver tu integridad. Eres bienvenido en Talys. –Sonrio y se dirigió al guardia. –No necesitas estar en la defensiva Ogma. Estos caballeros son verdaderos hijos de Altea.
El guardia, Ogma, asintió, permitiendo relajarse. Se cruzó de brazos y se recargó en la pared.
–Tu…–Mostyn miró al trio. –¡Ha! Si no me equivoco tu eres Malledus, ¿correcto?
–Si señor. –Malledus sonrió y asintió. –Me temo que hemos venido en las peores circunstancias. Altea fue traicionada… por nuestro viejo aliado,Gra. Nos trataron de vender a Dolhr. Solo fue por suerte, sacrificio…–Pensó en Frey en ese momento. –y la tenacidad de Anri, la que nos permitió escapar.
–¿Gra? –Mostyn se vio consternado pero no sorprendido. –Ya veo. La verdad, la única vez que ví al rey Jiol de Gra… bueno, no se veía como un hombre de honor.
Mostyn negó con la cabeza y dirigió su mirada al último miembro del trío. –Disculpen… Malledus, Jagen. ¿Quién es el?
–Oh si. –Malledus menciono. –Hubieramos permanecido y luchar por Altea, pero debíamos escapar, para sacar a este fuera de la nación. Tal vez lo recuerde. El niño de la celebración de Altea-Talys-Gra… ¿Recuerda?
–¿Niño? –Mostyn arqueó una ceja. –Niño… Niño…– Se masajeo la varaba, mientras pensaba. Luego la certeza llegó a el. –¡Oh! El príncipe Marth. Dios, ¡has crecido! La última vez que te ví, apenas me llegabas a la cintura cuando yo estaba sentado.
Marth lo miró reconociéndolo, pero no logró sonreir.
–Príncipe Marth, ¿dónde esta tu hermana? Ella logró escapar contigo, ¿verdad? –Esperó por una respuesta, pero Marth y sus vasallos bajaron la mirada. La expresión del príncipe contó la historia. –Has sufrido cosas terribles chico–Mostyn dijo, decidiendo no presionar el tema. –Descansen. Gra y Dolhr no los encontraran aquí. Talys sobrevive engañando a sus enemigos. No importa cuantas veces vengan y busquen, los esconderemos de sus manos.
Marth asintió. –Gracias… rey.
Los ojos del rey brillaron con simpatía. –Me temo que lo único que puedo ofrecer es un santuario y un techo. Talys es una nación pequeña, nuestra milicia esta compuesta por mercenarios de buen corazón. Pueden con nuestros problemas, pero vencer a las armadas de Gra y Grust esta fuera de sus posibilidades.
Ogma pareció ligeramente ofendido pero Caeda lo miró sorprendida.
–¿Señor? –Malledus pregunto confundido. –¿Ya le ha llegado palabra alguna de lo sucedido? Creo yo que debo comentarle que Grust y Khadein se han aliado a Dolhr.
–Espera, Malledus. No debes sospechar. Admito que estoy ignorante de la participación de Khadein, pero estaba informado de Grust, gracias a la carta de un viejo amigo.
–¿Viejo amigo? –Preguntó Jagen.
–Si. –Respondió. –Su nombre es Lorenz, es un general del ejercito de Grust. Me envió una carta, su mensaje fuer corto. Decía "Grust se ha vuelto loco. Su rey ha decidido arrodillarse ante Dolhr. No te asocies a la nación hasta que la situación cambie."
–Ya veo. –Respondió Jagen–Supongo que es bueno saber que aquellos enlistados en las naciones enemigas puedan ver la locura que se desarrolla.
Mostyn negó con la cabeza. –Al parecer, Grust no es la única nación que perdió la cabeza. En los años que siguen, el continente entero será un campo de cenizas bajo el poder de Dolhr.
–Rey Mostyn. –Jagen interrumpio. –Si no es mucho pedir, ¿podría darnos la localización del santuario ahora mismo? No queremos parecer demandantes, pero otros alteos que vienen con nosotros están esperando. Después de todo lo que ha pasado, están cansados… y alterados. Les ayudaría para no sospechar de traición.
–Claro. –Mostyn dijo, sin tomar ofensa. –Ogma…
Ogma se dirigió a su rey y le entregó un pequeño mapa. Mostyn se erigió de su trono y le dio el mapa a Jagen. –Les daré un viejo pero estable fuerte. Esta a un día del castillo o solo unas horas a caballo. Vere que sea adaptados a sus especificaciones y preferencias.
–Gracias, ha hecho mucho por nosotros. –Agradeció Malledus.
Jagen habló. –Me gustaría examianr el fuerte antes de tomar desiciónes. Pero creo que mas de lo que pediremos será material para entrenar.
–Lo sospechaba. –Mostyn se veía como si estuviera pasando un buen tiempo entre amigos. –¿Algo más?
–No, deberíamos estar bien con eso. –Jagen respondió, doblando y guardando el mapa. –Debemos irnos, gracias de nuevo señor.
–Eso y más para los asociados con mi buen amigo Cornellius. –Mostyn sonrió mientras los tres se alejaban. –Oh, ¿Jagen, Malledus?
El caballero y el estratega voltearon.
–Ustedes adelántense, me gustaría unas palabras con el príncipe Marth. Lo enviaré al fuerte en cuanto termine.
Los dos asintieron, confiando en que Mostyn lo trataría bien.
–Príncipe Marth. –Mostyn dijo. Marth se acercó a el.
–¿Hay.. algo que quiera saber?
Mostyn suspiró, volteando a sus lados. –Ogma, Caeda. Por favor, retírense, quiero un momento a solas. –Ambos miraron al rey y luego se fueron tomando rumbos separados. Regresó a ver a Marth. –Príncipe Marth, posees una gran ira, lo veo en tus ojos.
Marth pareció dudoso, pero asintió. –¿Cómo… podré perdonarlos? Ellos… todos merecen morir.
–Pero debes saber que no puedes hacer justicia hoy. –Mostyn dijo calmadamente. Marth asintió. –El tiempo que estes aquí, por favor entrena. El dia que enfrentes a aquellos que te quitaron todo, excepto tu vida, aún esta lejos. Y si ese día nunca llega, yo con gusto te daré refugio por el resto de tu vida.
–Gracias señor. –Dijo Marth. –Sin embargo, no tengo intención de permanecer aquí hasta el día de mi muerte. Tengo mis responsabilidades, para Altea y con mi legado. Me ire, algún día, para salvar a Altea de Dolhr, junto con el mundo. Justo como Anri lo hizo.
Mostyn pensó en las palabras de Marth unos momentos, sospecho que lo que guiaba a Marth no era obligación o legado, si no un deseo de venganza. Aún así, sonrió ante la determinación del príncipe. –Confieso que esperaba que aceptaras mi oferta de vivir aquí en paz hasta que mueras. Pero tus palabras me demuestran que eres el hijo de Cornelius. Hay muchas cosas que me gustaría preguntarte, pero pueden esperar. Deberías dirigirte al fuerte. Caeda te llevará.
–¿Su hija? –Marth estaba confundido. –Con todo respeto, no creo necesitar una escolta. Y no merezco que algún miembro de su familia me escorte.
–Ah, me malentiendes Marth. –Sonrió. –Mi hija monta una de esas raras criaturas llamadas Pegasos. Un caballo no puede compararse con la velocidad de uno de ellos, estaras en el fuerte en tiempo record. Ella te mantendrá acompañado hasta que tus soldados lleguen.
–Yo… bueno. –Marth buscó una respuesta. –Si rey. Veré a su hija. ¿Ella estará en…?
–Los establos. –Le respondió. –Adora atender a su pegaso, adora aún más cabalgarlo. No dudes que estará encantada de llevarte al fuerte. Después de todo, se conocieron hace tiempo.
–No… recuerdo a una chica en esa celebración.
–Probablemente lo olvido. Ella hablo de usted por días después de eso. Casi me vuelve loco. Asintió. –Estará feliz de verte.
–Um.. si, señor. –Marth respondió. Mostyn le mostro el camino a los establos. Marth siguió las indicaciones.
Después de que Marth se retiró, Mostyn se quedó solo. Se recostó en el trono. –Ah, de verdad que casi me vuelve loco, Marth. Todos los días era "Marth, Marth, Marth,Marth" –Se rió un poco. Pensó que Caeda estaría interesada en tener una amiga de su edad, pero ella no se fijo en Elice. Marth tuvo su atención.
–Um…–Marth se encontró en los establos. La mayoría estaban vacíos. No sabia si era inusual o no. Nunca había estado en un establo hogar de un pegaso. –¿Princesa Caeda?
–¡Aquí! – Escuchó una voz femenina. Marth vio a una chica acariciando a un pegaso en la cabeza. Se volteó con una sonrisa. El pestañeo, no pudo verla bien en la sala del trono, pero ahora que la veía bien…
Su cara parecía ser gentil y frágil. Casi como una flor. Ella camino hacia el graciosamente, pero no arrogante, con sus caireles moviéndose a merced del viento. Se encontró a si mismo preguntándose como fue que no recordaba haber conocido a la chica en su infancia. –¿Qué te trae por aquí Marth?
No usó su título. Era una grave ofensa, pero Marth no se molestó en lo absoluto. Negó con su cabeza, recobrando la compostura y se mantuvo de ponerse mas nervioso de lo que estaba. –Su… padre dijo que podría llevarme al fuerte que nos darán.
–Oh, claro. –Dijo. –La distancia no será problema en un pegaso. Pero debo advertirte. Los pegasos, como regla, no acostumbran llevar hombres en su lomo.
–Si lo sé. – Marth recordó su niñez en Altea. Elice le leía toda clase de historias. Libros, narraciones, novelas, explicaciones de magia. Algunas veces era excitante, otras veces su hermana leía las cosas más monótonas que encontraba. Recordaba que alguna vez le leyó acerca de los pegasos, criaturas que se encontraban solo en Macedon. Dejaban que las mujeres los domaran, nadie sabía exactamente porque, pero rechazaban a los hombres. Un pegaso bien entrenado podría llevar a un hombre, pero solo como pasajero de su entrenadora. Solo un pegaso bien entrenado, con una petición de vida o muerte de su entrenadora, permitiría a un hombre ocupar su sila. Pero no había registros de que un varón hubiera domado a un pegaso jamas.
Si los hombres querían volar, deberían entrenar a un wyvern, también exclusivos de Macedon. Estas criaturas aceptaban a hombres y mujeres, pero eran de temperamento volátil y más difíciles de entrenar.
Debido a que solo se encontraban en Macedon, debió costarle mucho a Caeda el tener a su pegaso.
–Debo ser el pasajero, ¿verdad?
–Si. –Caeda respondió. –A menos que quieras que te tire a medio vuelo. –Se subió a la silla. Le dedicó una sonrisa, que parecía juguetona.
Marth se acercó al pegaso, pero la bestia no le tomó cariño y relincho, protestando.
–No, no. –Caeda lo regaño, el pegaso la obedeció en segundos. –Dejaras que Marth te monte. Solo por hoy.
El pegaso relincho en desaprobación, pero no se resistió cuando Marth se trepó en el.
–Bien. – Caeda dijo. –Sujetate. –Los brazos de Marth le rodearon la cintura. No podía verlo, pero ella se había sonrojado al sentir sus brazos rodearla. –Solo sujetate fuerte. –Lo precavió–Adora los paseos rapidos. – Ella acarició a su pegaso en la cabeza, la puerta hacia el exterior ya estaba abierta. El pegaso comenzó con un simple trote. La puerta guiaba a un balcón, lo que tenía sentido en un establo para pegasos. Sin aviso, el pegaso se elevó en el aire con suficiente velocidad que desconcertó a Marth, apretando su agarre un momento.
La comenzó a soltar cuando el pegaso bajó la velocidad y su viaje se volvió mas estable y consistente. No giró su cabeza para ver las maravillas del cielo ni bajo la mirada preocupándose por la caída. Solo permaneció con su vista al frente, en dirección del fuerte. Tenía otras cosas en mente.
En tiempo increíblemente corto aterrizaron ahí. Marth desmontó rápido.
–Gracias. –Le dijo y comenzó a alejarse.
–Hey. –Caeda lo llamó. El se detuvó y la volteó a ver. –Marth, ¿te olvidaste de mi? No pareces haberme reconocido.
–¿Te refieres… a la celebración?
–¡Si! – Caeda pareció complacida con su respuesta. –¡Me recuerdas! Me preocupaba que…
–El rey Mostyn dijo que te conocí ahí. –Reconoció el. –Pero… no lo recuerdo.
Caeda cubrió su rostro con sus manos y sacudió su cabeza desesperada.
–Um… ¿lo siento?
–No importa, Marth. –Ella desmontó.
–Lo… siento mucho.
–No es necesaria tu disculpa Marth. Probablemente no significó lo mismo para ti que para mí. –Suspiró. –Antes de ese día, nunca conocí a nadie de mi edad. Mucho menos un chico, yo…–Trató y falló, de detener una risita. –…tenia curiosidad. – Se sonrojó y Marth la miró como si lo hubiera puesto en una situación inconforme. –Como sea, te hare compañía hasta que tus compañeros lleguen.
–Tu padre dijo que te quedarías haciéndome compañía…
–Oh, es bueno tener su permiso. – Se sonrojó de nuevo. –Entonces, Marth… busquemos algo de que hablar. No suelo hablar con alguien que no me resulta familiar. –Ella tembló.
Marth no tenía ni idea de que comentar. Miró a un lado con una expresión confusa.
–Bueno…–Caeda comenzó. –Marth… si no es mucha molestia, ¿ puedes decirme de que sucedió en Altea?
Sus ojos se abrieron desmesuradamente. No estaba seguro de como responder.
–Oh, no-no debí haber preguntado eso. –Caeda se encontró en una situación difícil. –Lo siento, hablemos de … uh…
–No… hay problema. –Le contestó y suspiró pesadamente.
En unos momentos Marth comenzó a explicar todo. Desde el último día de paz que había vivido, la realización de la traición de Gra, el conocer la muerte de su padre, la desición de su hermana de permanecer, el sacrificio de Frey… Caeda lo escuchó, pacientemente.
–Eso debío ser difícil. –Caeda dijo, con rostro serio. –Sabes que tu padre esta muerto y que tu hermana y tu madre… no tienen muchas posibilidades.
–No tienen. –Marth respondió. –Me siento… como un cobarde.
–Nunca he tenido que pasar por eso, así que no puedo entender exactamente como debe ser para ti. –Trato de hacer que su voz sonara lo más comprensiva posible. –Se que quién matara a mi padre, su asesino… sufriría mucho tiempo antes de que lo deje morir.
Marth asintió. Se sentó en el suelo. El suelo de un polvoriento fuerte no era lugar para un príncipe, pero no le importaba. El bajo su cabeza, deprimido.
Caeda lo notó y trató de consolarlo. –Marth, trata de sonreir. Digo, estas vivo. ¿Cierto? Al menos tienes algo por que estar agradecido. Además si estas vivo, significa que podrás volver algún día. Yo…
–No necesito la simpatía de nadie en ese momento. –Respondió Marth con voz amenazante. Caeda de inmediato tembló por sus palabras. –Lo único que necesito es fuerza, para algún día recobrar lo que me fue robado. Todas las palabras de consuelo que tengas no las digas. No las necesito. En este punto, yo …
–Marth por favor calmate. – Caeda dijo suavemente. –No… no quería molestarte, solo…–Bajo la cabeza. –Lo siento.
Marth se detuvo, luego suspiró y dejó de mostrar enojo en su rostro, lo ocultó en el fondo de su ser. –Lo siento, por eso. Yo… estoy frustrado por lo que ha pasado, por lo que esta sucediendo y eso será mientras este aquí y no haga nada por regresar. Pero no tengo porque descargarlo en ti.
–Entiendo. –Le respondió Caeda. –Tal vez necesites un poco de espacio. Volveré mañana.
–Mañana, pero pensé…
–La distancia es muy corta cuando montas un pegaso. Asi que, tal vez los visite todo el tiempo, mientras estén en Talys.
Marth la miró por un momento, luego hizo un gesto como si de pronto tuviera un dolor de cabeza.
Mostyn aún estaba en la sala de trono. Por el momento, nada interesante pasaba en el castillo. No había nada que requiriera su atención. Solo permanecía recostado en el trono, mientras pensaba en los visitantes de Talys. Pensó que Dolhr le pondría precio a la cabeza de Marth pronto. Pensó que pronto tendría que defender a Marth de hombres de su propio país que quisieran volverse ricos. Negó con su cabeza. Le gustaba creer que las personas de Talys estaban por encima de eso. Por ahora, solo podría enfocarse en ponerlo a salvo hasta que se fuera. Al muchacho le gustaría entrenar… hizo una nota mental para envíar a Ogma para que practicara con el. Tal vez al día siguiente. Un mercenario como Ogma le daría un punto de vista diferente al de un caballero. Marth debía convertirse casi en un ejercito de un solo hombre si quería cumplir lo que deseaba.
–Padre, he regresado. –Caeda menciono, llegando desde los establos.
–Ah Caeda. –Mostyn se enderezó cuando vió a su hija. –Así que… ¿Qué notas del príncipe?
–Al parecer, se ha olvidado de mí.
–Lo supuse. –El sonrio. –Dudé que recordara a la chica que tuvo la audacia de hablarle sin usar su título apropiado después de tantos años.
–Ese fue un error honesto, sin intención, padre. –Caeda se tensó un poco.
–Hay guerras que han empezado por detalles menores.
–Lo se. –Respondió ella.
–…¿Recordaste usar su título esta vez?
–Eh…–Miró hacia un lado. –Claro que sí.
Mostyn suspiró, viendo la mentira tan clara.
–También estaba muy enojado. Cuando trate de consolarlo, el…
–No me sorprende. –Interrumpió Mostyn. –Después de sufrir algo como eso, las palabras de consuelo no son siempre bienvenidas, ni apreciadas.
Se hizo un silencio. Por un largo momento los dos se vieron absortos por simpatía al príncipe, a quien recientemente le habían quitado toda la consistencia y su normalidad en la vida. Caeda se empezó a sentir incomoda de estar de pie.
–Planeo visitarlo mañana.
–¿Qué? ––Los ojos de Mostyn se abrieron por la sorpresa. –Tenía planeado enviar a Ogma en el futuro cercano, pero ¿Qué negocios podrías tener tu con el príncipe?
–Ayudarlo, por supuesto.
–¿Ayudarlo? –Meditó sus palabras. –¿Te refieres a entrenar? Dudo que puedas ofrecerle algo que Jagen y Ogma puedan darle.
–Bueno, entrenar es solo una parte. Creo que Marth necesita a alguien con quien pueda hablar como un igual.
–Humm. – Mostyn lo contemplo un momento. –Puedes tener razón. Tu posición es igual a la de el. Sus vasallos lo escucharían pero tal vez necesite a alguien que realmente le conteste. –Asintió aprobando la idea. –Sin embargo, no te doy permiso para ayudarlo a entrenar. Ogma y sus vasallos se encargaran de eso.
–Padre…
–No. No vas a protestar Caeda. –La silenció. –No vas a entrenar con el. Tu entrenamiento seguirá siendo con Ogma.
Ella le miró un momento.
–Caeda, repite mi orden.
–No entrenaré con Marth, solo con Ogma. –Dijo un tanto desilucionada.
–Si. –Mostyn se relajo. –No estas a la altura de entrenar a un hombre cuya ambicion es derrotar a la armada de Dolhr.
–Claro… padre. –Caeda respondio. Escapo de la discusión, dirigiéndose a los establos.
Su pegaso se veía deprimido. No le había agradado su pasajero masculino. Su cabeza estaba gacha y sus alas caídas. Volteo a ver a Caeda pero no se animo.
–Siento que hayas pasado por eso. –Caeda se disculpo. –Pasara un largo, largo tiempo antes de que pase de nuevo. Lo prometo. –Comenzó a acariciar su crin. –Lo veremos mañana, pero no te montara. –El animal no pareció animarse. Para un pegaso, esa clase de situaciones era el equivalente a un trauma. Eran inteligentes y era conveniente advertirles de eso, en lugar de solo hacerlo.
Caeda tenía sus propias frustraciones. Considerando las circunstancias de Marth, querría mas que nada apoyarlo. La idea de solo ser un soporte emocional la hacia sentir… paralizada. Llevaía una lanza de madera mañana al fuerte, aun si no podía ayudarlo. Tal vez podía hacer algo… ¿tal vez Marth le pida ayuda? ¿Su padre no se negaría si ella aceptara ayudarlo si el lo pedía?
Se tomo el tiempo para pensarlo. Era buena en eso. Entonces lo entendió. Su padre le prohibió entrenar con el, pero no dijo nada acerca de combatirlo.
Era un hueco legal y lo sabía. Sabia que su padre estaría pensando que encontraría una manera de burlar su orden. Lo que tenía que hacer era mantenerlo en secreto. La diferencia entre un entrenamiento y un combate no impresionaría a su padre. Ya estaba inventando una formula para que no sospechara. Tendría que mantener a Marth desinformado también, pues el le diría a su padre lo que pasaba. Suspiró pesadamente, tal vez Marth estaría dispuesto a mantener el secreto. No sería fácil estar con secretos con Marth y su padre.
Acarició al pegaso en la cabeza. –Lo averiguaré mañana, supongo…
–Ah, ¿a que debo el placer? – Gharanef encontró a un manakete en su residencia en Khadein.
–Silencio, humano. –El manakete indicó mientras entraba. –Yo soy el amo Khozen.
–Entonces, amo Khozen, ¿Cuál es su negocio conmigo? Tengo mucho que hacer. Khadein hace poco sin mi permiso directo.
–El emperador me manda a entregarle algo para que lo mantenga oculto. –El manakete busco entre sus ropas y sacó una espada. –La única amenaza real para nuestro emperador.
Khozen puso la espada en una mesa. Gharnef la miró y después volteó a ver a Khozen.
–Es Falchion, ¿verdad?
–Por supuesto. –Khozen respondio. –Esa asquerosa espada no puede ser destruida debido a… los materiales que se usaron en su construcción. Por eso te la doy. Mantenla lejos del príncipe, si es que algún día regresa.
Gharnef miró la espada de nuevo, y sonrió maliciosamente.
–No se emocione pontífice. –Khozen le advirtió. –Aunque tenga un gran poder y ahora tenga la única arma que pueda detener al emperador, su magia no puede dañarlo y lo sabe.
Garnef miró de nuevo a Khozen, ahora sin sonrisa. Se veía confundido y en shock. Como un hombre que, a pesar de ser muy inteligente, había sido expuesto.
–No se haga el sorprendido. –Khozen menciono en burla. –Nuestra ambición y deseo es tener a los humanos bajo nuestro servicio. No le tememos en lo absoluto. Aun protegido con lo que lo protege.
Khozen hablaba de Imhullu. Un hechizo que Gharnef siempre procuraba en su persona. Era un hechizo prohibido que protegia a su usuario de todo daño, haciéndolo virtualmente invulnerable, pero demandaba un precio. Aunque hacía a su usuario invencible, prácticamente absorbía a su amo. Por el resto de su vida viviría una semi-vida, una vida maldita. La maldición ya mostraba sus efectos físicos, arrugándolo, obscureciendo su piel, se veía como un demonio anciano. Con el tiempo, los otros efectos serían aparentes. El hechizo no era para ser usado por años.
–Tal vez me subestima. –Gharnef advirtió. Tomó a Falchion de la mesa y la escondió en sus ropas. –Oh, como adoraré mostrarle esto a la princesa.
–¿Elice? –Pregunto Khozen. –Vea que no tenga contacto con nadie. Lo ultimo que necesitamos es que… produzca un heredero para Falchion.
–Claro. –Gharnef sonrió. –Nadie tiene permitido entrar a sus habitaciones sin mi permiso.
Khozen asintió. –Aplaste sus esperanzas, robele el calor de su corazón, privela de la dicha, entonces Elice, guiada por la rabia, lo "usará" para completar el regreso del amo.
–Si amo Khozen. Conozco cual es el plan para ella. –Gharnef dijo irritado. –Solo una mujer de sangre real podría hacerlo… y el hecho de que sea una descendiente de Anri, es una deliciosa ironía. Continuaré con su tortura emocional.
–Bien. –Khozen dijo. –Regresaré a Dolhr. –Se volteó para irse, pero miró para atrás una vez mas. –Y lo repito Gharnef. Su magia no es desafio para el emperador.
Jiol al fin pudo relajarse, de vuelta en su castillo en Gra. Estaba sentado en su trono de oro, lejos de los manaketes de Dolhr. Los manaketes y sus sirvientes humanos que esperaban cualquier oportunidad para matarlo. Estaba al fin en casa, seguro en su trono. El alivio recorrió su cuerpo, rodeado de la gente que vivía para servirlo.
Sabia que sus acciones no eran aprobadas para todos. Incluso algunos aliados de Grust tenían problemas con sus acciones. Pero no sentía culpa ni remordimiento. Gra le había hecho un favor al emperador y eso aseguraba su posición. Grust y Khadein pueden agregar terrenos, pero jamas complacerán a Dolhr como Jiol lo había hecho, asesinando a Cornelius y entregando a Falchion a los manaketes.
Al mismo tiempo, Jiol había asegurado su propia posición. Si quería mantenerla, Gra debía mantener su superioridad ante lasa demás naciones. Esa era una lucha que no esperaba.
–Los días de Gra tienen números y lo sabes. –Una voz salió de detrás de Jiol. El se estremeció, pensando que estaba solo. Se volteó y miró como un anciano entro en su campo de visión. El primer ministro de Gra, Albertus.
–Mientras Dolhr nos siga viendo con buenos ojos…
–Eso acabará pronto. –Albertus lo interrumpió. –Dolhr siempre demandará algo. El asesinato del rey Cornelius y la entrega de Falchion nos mantendrán bien por unos meses, si bien nos va.
–Por eso debemos continuar complaciendo a Medeus. Nuestra prioridad es conquistar tierras que no reconozcan a Dolhr como amo y encontrar al príncipe de Altea.
–¿Encontrarlo? Espero que entiendas que eso no será fácil. Por todo lo que sabemos, y sin nada que perder, el podría ser un abuelo antes de que alguien lo encuentre. Asi que, oh gran rey, ¿Qué haras cuando el favor pierda su valor, sin saber el paradero del príncipe?
–No me gusta tu tono, Albertus. –Jiol dijo restringiéndolo. –¿Has dicho que tu rey no aseguró el lugar de Gra en el mundo?
–Poder, reconocimiento, influencia. –Albertus entrecerró sus ojos y negó con la cabeza. –Esas cosas las hubiéramos tenido con el tiempo. Habiendo trabajado como aliados de Altea y no como peones de Dolhr, pudimos haber puesto al mundo en vergüenza. Cornelius era un buen líder, si Gra hubiera peligrado, el nos hubiera defendido a punta de espada, pero en cuando Altea se volvió un inconveniente, los abandonaste.
Jiol gruñó. –Si fueras cualquier otro menos mi primer ministro, ya te hubiera matado. Aún me eres útil y tienes gran respeto en la nación. Seguiras diciendo las cosas que quiero. Nunca me traicionarías si eso significara traicionar a la nación, así que segirás haciendo lo que el rey decida.
–¿Es realmente la traición lo que el rey decide? –Pregunto el. –Nunca aprove que siquieras escucharas a ese… hombre.
Era verdad. Un hombre de magia negra llamado Gharnef que había frecuentado el castillo de Gra días antes de que Jiol decidiera traicionar a Altea. Albertus no sabía de que hablaban. Jiol se resistía al principio, pero después de unas juntas, hacía caso a cada sugerencia y consejo que el hechizero ofrecía. Y esos siempre contradecían a los que Albertus mencionaba.
Gharnef jugaba con el mayor miedo de Jiol, su necesidad de autopreservación. Albertus sabía que era una forma de decir que el rey era un cobarde. Cuando Medeus se erigió, el rey se aterrorizó, y gritó a los cuatro vientos ser leal a Altea. En poco tiempo, Jiol estaba en sus rodillas, suplicándole una oportunidad de estar bien con el dragon de las sombras.
–Esta nación no necesita saber si apruebas o no mis desiciones.
–Desafortunadamente si. Tiene razón. –Albertus admitió. –Desde que Gharnef vino, mis palabaras ya no son bienvenidas. Mi posición, mi vida, se ha conservado porque, como bien dijo, aún poseo el respeto de Gra.
–Si quisieras que te hubiese escuchado, tu consejo hubiera sido asistir a Dolhr. Es lo que es mejor para la nación. –Jiol salió del cuarto. Albertus sintió que la discusión se había terminado.
Suspiró pesadamente, luego miró al cielo por la ventana del salón de trono.
"Cornelius, si me escuchas, te suplico que no tengas nada en contra de Gra. No pretenderé que nos entiendas, pero por favor…" Su mente se detuvo. Solo había conocido al rey de Altea unas pocas veces, pero su reputación lo precedía. Albertus se sentía dolido por el destino de tan honorable rey, especialmente cuando a su propio rey le quedaba corta la palabra honorable. Cuando pensaba en Jiol, las palabras corrupto, cobarde y torpe venían a su mente. Nunca le había guardado rencor a Jiol pero cuando las crisis venían su verdadero carácter se revelaba. Era frustrante ser su primer ministro…
Cerró sus ojos, aún con su rostro al cielo. Le pidió al cielo a todas las deidades que quisieran escucharlo que lo guiaran.
Y le dieran paciencia… mucha paciencia.
Albertus es un OC que solo creó el autor para este capitulo. No recuerdo que haya salido después.
Algunas notas: todas las parejas canon saldrán y algunas otras diseño del autor, los personajes no cambiaran su modo de batalla ( ejemplo, los arqueros, seguirán siendo arqueros ) y se incluyen algunos puntos de otras tramas del FEII, pero como el autor no los había jugado antes, no se hacen mucha énfasis.
¡Hola de nuevo! Uff no había tenido nada de tiempo, ni para mis propias historias. Además este capitulo me aburria un poco, pues no tiene nada de batallas, ni sale en el juego. Espero que quien la siga, la disfrute. Una disculpa por mis horrores de ortografía, la verdad me hallaba un poco apurada. Pondré mas atención en el siguiente capítulo.
¡Un saludo!
