Este fanfiction fue escrito por el autor Scuttlest, a quién le agradezco darme el permiso para traducirla.

Origen del Príncipe de la Luz

La sala de trono de Macedon nunca se sintió tan fría ni extraña.

Aun cuando era lejos de ser el típico lugar donde las personas eran cálidas y sonreían, la sala ahora tenía un nuevo aroma a omnipotencia. Como si estuviese poseída por un demonio que susurra secretos en los oídos, se sentía como si ahora fuese un lugar donde nada bueno podría suceder.

Michalis se vio a si mismo sentado en el trono. Ayer, le había revelado a sus hermanas y a algunos miembros de élite de la armada macedonia, que el rey había sido asesinado. Miró al centro de la sala, el cuerpo de su padre seguía ahí. Lo moverían hoy, la investigación ya había obtenido todo lo que se podría recuperar de los restos mortales.

Justo después de que el poder le fue otorgado, había enviado a un mensajero, probablemente deshidratado por la extensa sudoración, hacia Dolhr para explicar la decisión de Macedon de convertirse en un subordinado. Dudaba que se negara. En la semana, Macedon se convertiría en parte del Imperio de Dolhr.

Michalis se levantó, dejó el trono para acercarse al cuerpo de su padre. Su nariz se irrito, el cadáver estaba empezando a despedir un olor pútrido. Se arrodillo y sacó el puñal archaneo del pecho con un fuerte suspiro. Con su índice le limpió la sangre de un lado y luego del otro. Se movió a otro extremo del salón con un gabinete adornado en él, sacó una pequeña caja. La abrió y puso el arma dentro de ella.

Dentro de ella.

Suspiro de nuevo.

"Nunca estaré conforme con lo que hice, pero era necesario asegurar el lugar de Macedon en el mundo."

La familia real de Archanea eran los únicos que poseían cuchillos con ese diseño, y nunca los ofrecían así como así. Había sido difícil conseguir esa arma. Más difícil aún fue enterrarla en el pecho de su propio padre, sin importar que nunca hubiera estado de acuerdo con su forma de gobernar.

No había habido ningún asesino. Solo él.

No sentía culpa. Estaba totalmente convencido de que lo hizo para ayudar a Macedon. Si la verdad fuera descubierta, el pueblo lo odiaría, si, pero también verían en retrospectiva y entenderían que siempre procuró el bien de Macedon desde su corazón.

Si bien no sentía culpa, se arrepentía. Su relación con su padre se había enfriado con los años, pero no lo odiaba, ni lo quería muerto. Era una pena que simplemente no pudiera ver lo que se necesitara para cambiar. Su padre se conformaba con lo que ya tenía, una nación cuyo único mérito era ser el hogar de los pegasos y wyverns. Michalis sabía lo que necesitaba Macedon, entendía más claramente de lo que su padre jamás lo hubiera hecho.

–M-Michalis?

Michalis se giró, ahí en el corredor de la sala de trono estaba su hermana menor.

–María, no deberías estar aquí. No ahora.

Los ojos de María eran rojos, sin duda alguna por un río de lágrimas. En todos los años que Michalis estuvo con María, nunca su mirada se había visto tan miserable, aún debía aprender lo que era perder a su familia. La pequeña corrió hacia él, y éste se arrodillo para darle el alivio que esta buscaba.

–Michalis. ¿Qué es lo que pasará ahora? – Puso su rostro en su hombro. La cara de Michalis se ennegreció, la sensación de tristeza que ella tenía le clavaba el corazón. Su hermanita pudo haber sido salvada de esta situación tan emocional si él no hubiera hecho lo que hizo. Aun así no podía cambiar las cosas.

–No te preocupes María. –Dijo Michalis poniendo una mano en la cabeza de ella, sujetándola fuertemente. –Padre está muerto, pero nos recobraremos de esta. Como el nuevo rey de Macedon, veré que continuemos como debemos.

–M-Minerva…– María lo miró a los ojos. –Mi hermana piensa que estás tomando la peor decisión de tu vida. Que harás el mayor error de juicio que jamás harás.

El rostro de Michalis reveló frustración por un momento, pero se relajó. –Minerva entiende de peleas y guerras, ella… no entiende el concepto de planeación a largo plazo. Lo que hago puede hoy parecer una locura, pero algún día, todo tendrá sentido.

– ¿Qué es lo que harás?

Suspiró. –Temporalmente, Macedon hará una alianza con Dolhr.

La expresión de María cambio a una de desconcierto. –Pe-pero… ¿tienes una buena razón para eso verdad?

–Claro que la tengo María. –Michalis se tranquilizó al ver que María no lo vio con horror o disgusto, una reacción que esperó y apostó vería de ella. –Dolhr, con sus aliados… Grust, Gra y Khadein, es demasiado poderosa para enfrentarla directamente ahora. Tenemos que trabajar con ellos, Macedon dará un golpe cuando estemos en la mejor posición para terminar con su control sobre el mundo.

–Oh…– María estudió la información que tenía en su joven mente. –Así que, traicionaremos a los traidores. Yo… Yo sabía que Minerva estaba equivocada. –Se abrazó a sí misma, cualquier sentimiento de decepción que había comenzado a formarse en su corazón, desapareció. Una sonrisa apareció en su rostro.

En ese momento, su hermano merecía su más profundo respeto.

Michalis le acarició la cabeza y luego se puso de pie. –Regresa a tu cuarto María. Yo… tengo muchos días ajetreados en mi futuro.


María camino por el castillo de Macedon con paso firme. La reunión con Michalis le había dado una nueva sensación de alegría por el momento, pero la tragedia de su padre todavía era reciente como para que ella caminara suavemente.

En minutos, regresó a su habitación. Se tiró en su cama y volteó su almohada, dejando la parte húmeda de lágrimas al fondo y la seca hacia arriba. Se hizo un juramento mental de ayudar a su hermano en cualquier manera que pudiera.

Un toquido se oyó en su puerta justo cuando María se había tranquilizado.

– ¿Quién es?

–Minerva.

–Oh, entra hermana. –Respondió María. La puerta se abrió lentamente, Minerva entró con una expresión confundida.

–Te oyes… en paz. Me alegra que estés bien, pero… ¿pasó algo para que estés así?

–Tuve una plática con Michalis, Minerva. –María se sentó en la orilla de su cama, algo parecido a una sonrisa estaba en su rostro. –Creo que estabas equivocada cuando me dijiste que cometería un error.

"Oh no." La piel de Minerva se erizó. "¿Qué… qué le había dicho?"

–María, ¿qué te dijo? –Minerva, con dificultad, hizo que su tono de voz sonara con curiosidad, no con odio a lo que Michalis dijera.

–Macedon será el sirviente de Dolhr, pero cuando menos se lo espere, los atacaremos.

–Ya veo. –Minerva se sentó a lado de María. La cama se hundió con su peso, era obvio que no estaba diseñada para tener un adulto sobre ésta. –María…–Trato de sonar calmada y en control como le fuera posible, pero la verdad, estaba asustada de como María reaccionaría a sus palabras. –Dolhr no permitirá a Macedon tomar una posición así. Los manaketes no son estúpidos. Lo diré de nuevo, Michalis está cometiendo un error.

María miró a Minerva ofendida. Se sintió como si le hubieran pateado el vientre. María, quien era devota y leal a ambos hermanos, siempre se ponía emocional cuando éstos no se ponían de acuerdo en algo.

– ¿Podrías hablar con él? Apuesto a que te convencerá de que estás mal.

–Ya he tratado de hablar con él. –Minerva trató de no agregar acidez a sus palabras. –No escucha, esta insistente de que es lo correcto.

–Bueno… usualmente tiene razón. –Respondió María.

Los ojos de Minerva se abrieron por shock, pero admitió lo que su hermana decía. En el pasado, cuando Minerva y Michalis tenían un argumento, indudablemente Michalis era el que estaba en lo correcto. Aun así Minerva sabía que estaba equivocado esta vez. Su razonamiento era emocional, no racional, pero lo sabía. Su única razón, era más mística que racional y le faltaba argumento para sostenerla.

Con un suspiró, Minerva se levantó y caminó a la puerta. Lidiar con Michalis, cual fuera sea el resultado, sería más simple si no tuviera que preocuparse por María. No dejaría que su hermana quedara en el fuego cruzado.


Michalis miró a la ventana detrás del trono. Se veía en paz, pues María no estaba escéptica a que su plan resultaría. Minerva, Merach y las AlasBlancas, sabía, tenían un punto que sería una espina en el costado.

–Príncipe. –Una voz vino de atrás. Michalis se volteó para ver a Orridyon entrar a la sala de trono. –Perdone mi insolencia por invitarme a entrar a la sala de trono, pero tenemos un… refugiado.

– ¿Aquí?

–No señor. En el pueblo. Quien sea que es, aparentemente se fugó de Khadein. Los guardias sospechan que sea un espía y trataron de atraparlo para cuestionarlo, pero bueno, es extraño. Solo movió su mano y los guardias dijeron que era inofensivo.

–Magia. –Noto Michalis. –He oído que la magia que afecta la mente de otros es difícil, es interesante que pueda hacerlo con un movimiento de sus manos. –Michalis se sentó en el trono, acariciando su barbilla pensando. –Orridyon, ¿puedes arreglar una cita con esta persona?

–Yo… si, príncipe. –Dijo éste. –Se reunirá con usted o morirá.

–No Orridyon. –Respondió Michalis. Orridyon dejó en claro que estaba confundido por la expresión de su rostro. –Dudo que mandando soldados armados o haciendo amenazas lo vaya a impresionar. Simplemente dígale que lo visitare.

–Usted…–Orridyon de pronto pareció falto de palabras. Orridyon bajó su cabeza y miró al suelo con la boca abierta. Recobró su compostura rápidamente y volvió a ver al príncipe. Asintió. –Le mandaré una carta de inmediato. Sin amenazas ni intimidaciones, solo una noticia de que el gobernante de Macedon le visitará, junto con la guardia rea…

–Solo yo. –Corrigió Michalis. Orridyon se quedó en shock de nuevo, pero no alegó, simplemente se inclinó en respeto. Michalis asintió. –Puedes irte ahora. Hablaré con él a esta hora mañana.


– ¡Atáqueme príncipe! –Gritó Jagen.

Era tarde en Talys, Marth y sus caballeros estaban dentro del fuerte. Las únicas personas faltantes eran Gordin y Norne, que estaban en otro lado.

Hoy, el primer día que amanecieron en Talys, marcó el inicio del verdadero entrenamiento para Marth. En años pasados, Marth se había entrenado por dos razones: defensa y duelos. Ahora estaba entrenando para la guerra, y estaba resuelto a triunfar.

Jagen era su compañero ahora. El anciano caballero claramente estaba limitando mucho su propia habilidad, pero no estaba dándole ventaja al príncipe. Atacando sin su caballo, la lanza de madera de Jagen se interpuso en el camino de la espada de Marth, sus armas chocaban una y otra vez. Mientras sucedían los golpes, Jagen le hacía comentarios a Marth, criticando algún fallo en el estilo del príncipe o dándole cumplidos por su táctica e inteligencia.

El anciano caballero no se callaba las críticas, pero también sabía dar ánimos cuando se necesitaba.

– ¡Príncipe, está atacando demasiado fuerte! – Observó Jagen. –Su manejo de la espada no debe tener esa fuerza al maniobrarla. Ataque con más técnica y fineza.

Marth se detuvo un momento, luego atacó a Jagen de nuevo. Sus ataques fueron diferentes que la última vez, un poco más sutiles… para desconcertar a su enemigo. Era bueno, era exactamente lo que Jagen quería que Marth hiciera.

Un poco alejados de Jagen y Marth, los otros caballeros estaban enfrascados en su propio entrenamiento. Cain y Abel lanzaban ataques con sus armas de entrenamiento y Draug estaba listo para detenerlos. El propósito del entrenamiento era mejorar la habilidad de Cain y Abel al acercarse al enemigo, y la de Draug de mantener su posición.

Draug estaba haciendo un buen trabajo, resistiendo y rechazando la mayoría de sus ataques. Su armadura era demasiado pesada para esquivar, había veces en que debía de poner fe a que su armadura resistiría el impacto.

Detener y desviar los ataques que podían ser una amenaza y los ataques más leves dejarlos a su armadura. Claro, las armas de entrenamiento de madera no tenían oportunidad de atravesarla, pero incrementar su habilidad sería de gran utilidad cuando volviera a pelear contra armas de acero, hierro y plata.

Malledus actuaba como un mediador. Aunque Marth y los caballeros no necesitaban uno realmente. Era casi imposible que uno de ellos perdiera la compostura y atacara con fuerza innecesaria. Así que, en lugar de observarlos, Malledus parecía más contento de leer un pergamino y mirarlos periódicamente.

Fuera del fuerte, Gordin y Norne terminaban su pequeña sesión de entrenamiento por su cuenta. El concurso de arquería que Norne había sugerido había terminado. Todos los blancos que fueron puestos en árboles cercanos tenían flechas enterradas en ellos. Algunas flechas estaban marcadas como las oficiales de la arquería altense y las otras no tenían marcas. Había algunas que estaban a los lados, los tiros que habían fallado.

–No puedo creerlo. –Dijo Norne. Su porta flechas estaba vacío. Había perdido. Eso, por sí solo, no le dolía. Le dolía lo mal que había sido su desempeño.

–Bueno… ¿tal vez podamos intentarlo después? – Ofreció Gordin. –Digo, deberíamos, tenemos que entrenar de todas formas. Recojamos las flechas que fallaron y continuemos.

–De acuerdo. –Norne suspiró. Estaba molesta por el hecho de que, basado en el número de flechas que habían penetrado los blancos, el desempeño de Gordin había sido por lo menos el doble de bueno que el de ella. No importaba que su desempeño fuera bueno o malo, solo que se preocupaba por el hecho de cómo le había propuesto el concurso a Gordin. A pesar de su derrota, no estaba lista para admitir que el entrenamiento oficial de Gordin ofrecía más que su método autodidacta.

No era que fuera una mala perdedora. NO. De ningún modo. Solo quería probar que ella no era un estorbo. Siguió a Gordin mientras recogía las flechas que no le dieron a los blancos. Las cabezas de algunas de ellas parecían un poco dañadas, pero aún servían para entrenar.

–Hey, Norne. –Gordin comenzó. Ella se giró para verlo. Le pareció difícil hablar con ella frente a frente sin sentirse nervioso. – ¿Sabes… sabes crear tus propias flechas?

–Nah. –Ella sacudió sus hombros. –Solo compro nuevas de la tienda. Nunca pensé en aprender a hacerlas por mi cuenta.

–Bueno… supongo que para la batalla real aún falta mucho, pero deberías… umm improvisar y crear las propias para ella.

– ¿Sabes crear flechas?

–Cla-claro. –Dijo nerviosamente. –Una de las primeras cosas que nos enseñan en el castillo después de aprender a disparar. Y… si vas a ser una arquera, deberías aprenderlo también.

–Enséñame entonces. –Le responde la chica avanzando hacia él.

–Bueno, pero… una cosa a la vez…–Gordin comenzó a examinar las flechas que recuperaron. Se dio cuenta rápidamente que no estaba apto para enseñarle a otro arquero. Le faltaba confianza para ser un entrenador o un maestro. Por ahora, Norne parecía no notarlo. Tenía el presentimiento de que la chica comenzaría a molestarse con su comportamiento muy pronto.


Varias horas después, el atardecer venía a Talys y el día de entrenamiento para los altenses se había acabado. Se sentaron en una mesa de madera en el fuerte, disfrutando de la comida que el rey les ofreció. Nada elegante, solo comida de granja.

Para el… disgusto de Malledus y los caballeros, resultó que Norne, que no tenía asociación alguna con la realeza o milicia de Altea, tampoco sabía nada de decoro o decencia a la hora de comer. Desde hablar con la boca llena, hasta atravesar toda la mesa para tomar lo que quería, esta chica no estaba apta para ninguna comida formal.

Alguno de los caballeros perdieron el apetito al verla. Gordin, Cain y Jagen parecían ser los únicos que no les importaba. Gordin, tal vez por modestia, era el único que no le importaba el comportamiento de Norne.

Marth no estaba en la mesa. En lugar de esto, estaba varios pisos arriba con Caeda, quien había llegado antes. Marth había perdido los estribos rápido con ella el día anterior y lo volvería a hacer si volvía a decir lo que había pasado. Aun así, se veía más calmado, pero triste, que el día anterior. Ella no mencionó a Altea o a su hermana. Marth no necesitaba recordatorios de eso. En vez de eso, conversó de otras cosas, como de Talys, o su padre o la celebración a la cual asistieron hace años. Caeda se preguntó si la conversación hacía que Marth recordara ese día.

Ahora, se decidió a enfocarse al asunto por el que había venido.

–Um…–Se dio cuenta de que no había planeado nada. –Marth, ¿ya has acabado el entrenamiento por hoy?

–Ojala y no. –Dijo él. –Debería entrenar más, pero Jagen dice que hay un número de cosas que se deben hacer durante el día.

–Que mal. – Dijo ella. Estaba emocionada de que él quisiera entrenar más. Tal vez no rechazaría su oferta. –Hey Marth, ¿quieres tener un duelo conmigo?

El pareció totalmente sorprendido por la pregunta, se quedó en shock unos momentos.

– ¿Qué?

–Ten un duelo conmigo. –Repitió. –Digo, quieres seguir entrenando, ¿cierto? Tal vez un duelo te sea útil.

No mencionó si su padre lo aprobaba o no. Por la conversación, Caeda notó que si Marth sabía que Mostyn desaprobaba la idea, diría algo como "no puedo ir en contra del deseo del hombre que me da refugio sin pedir nada a cambio" sin importar que tanto le suplicara que no se lo comentaría a él.

Marth no dijo nada por unos segundos, antes de que su boca lo obedeciera. – ¿Sabes pelear?

–Claro. – Caeda comentó con un falso tono de ofensa. Reveló una lanza de madera. –Hay algunas cosas con las que tengo problemas, tal vez podrías ayudarme y así también te ayudaré.

Marth la miró curioso. – ¿En qué tienes problemas?

–Oh bueno… soy buena peleando sobre mi pegaso, pero realmente necesito practicar en mi lucha a pie. Ya sabes, por si alguna vez caigo de mi silla. –Se sintió calmada por la razón que le dijo. Realmente necesitaba trabajar en eso.

–Ya veo. –Marth recordó a Jagen, hacía medio año, decir algo de las tropas a caballo. Había comentado que sabían pelear mientras estuvieran sobre su montura, pero había ocasiones en que no sabían lo que hacían cuando estaban en sus propios pies.

–Así que… ¿me ayudaras?

Marth estuvo en silencio un momento pero luego asintió.

–Gracias. –Caeda sujetó su lanza. – ¿Ahora mismo?

–Creo que debería traer a Jagen. –Dijo Marth. –Probablemente ofrecería un mejor consejo…

–No Marth…–Caeda comentó veloz, desesperada de no querer involucrar a los otros caballeros. –Yo, uh… mi entrenamiento profesional es normalmente con Ogma, me gustaría practicar con otras personas, pero se ofendería si se enterara, así que prefiero mantenerlo como un secreto.

–Bueno… esta bien. –Accedió Marth después de un momento de deliberación. Caeda estaba aliviada. Honestamente no tenía idea de cómo Ogma reaccionaria, pero mientras menos supiera el mercenario, menos le podría comentar a su padre.

El príncipe sacó su espada de madera, le dio una señal con la cabeza para decir que estaba listo y comenzaron.


Marth y Caeda estaban ahora comiendo en la habitación de Marth, el duelo había terminado. La diferencia entre habilidades era… escalofriantemente aparente. Tal vez si Caeda hubiera estado sobre su pegaso lo habría hecho mejor, pero estando en sus pies básicamente solo movía su lanza de un lado a otro haciendo que Marth bloqueara fácilmente todos sus ataques. Estaba totalmente avergonzada de su actuación.

La comida era predecible, de mejor clase que la que comían los caballeros. Directamente traída del castillo de Talys, pescado finamente preparado. La mayoría de la comida de Talys era pescado cocinado. Nada como la gran variedad de fruta y carne que Marth disfrutaba en Altea. También tomaban té.

La comida era privada, por supuesto. Marth comenzó a pensar como respondería Elice a eso. Años atrás, Elice había pensado que, debido a que Marth era príncipe, se volvería el blanco de caza fortunas. Había recorrido grandes distancias para prevenir que Marth tuviera contacto con las hijas de los nobles de Altea que tuvieran su edad. Casi, casi sonríe al pensar que Elice se enojaría si supiera de su cena con Caeda.

Caeda, perspicaz como toda chica, notó que algo pareció animar a Marth. No dijo nada, simplemente se sintió feliz porque el príncipe estuviera más animado. Se concentró en su comida, dejando que Marth comenzara una conversación si quisiera.


La comida de los caballeros se había terminado y ahora los alteos platicaban entre ellos. Excepto por Cain, quien se había retirado.

– ¿De qué se supone que platican allá arriba? –Norne preguntó en voz alta. Hablaba de Marth y Caeda.

–Lo que sea que sea, es asunto de la realeza. –Malledus dijo percibiendo que Norne tenía curiosidad por ir a investigar el momento entre Marth y Caeda, así que decidió cortar las sugestiones de inmediato. –No es nuestro asunto.

–Oh vamos. –Protesto ella. – ¿No tienen curiosidad?

–Un caballero conoce su lugar. –Comentó Abel. Ser ignorante de lo que pasara arriba no le molestaba en lo absoluto. Se giró a ver a todos los demás. – ¿Cierto?

Una pequeña pausa se hizo, seguida de murmullos de aceptación del resto. Su cabeza asintió decepcionada. Ser la extraña la hacía sentir disconforme, y estaba totalmente sorprendida de que nadie más sintiera curiosidad. Se puso a pensar en las diferencias entre ser voluntaria y ser caballero.

–Ahora. ¿Este es nuestro horario? –Preguntó Draug. – ¿Entrenar todo el día, todos los días, hasta el día de nuestra partida?

Jagen asintió. –No podemos perder nuestro tiempo estando sin entrenar. No para lo que nos estamos preparando. –Jagen se recargó cerrando sus ojos. –No podemos ni siquiera tomarnos unos días de descanso… eso debe ocurrir en las horas entre el entrenamiento y el tiempo de sueño.

–Entiendo. Hablando honestamente, no quiero tener un descanso ahora. –Dijo Abel. –Además pienso que el entrenamiento termina antes de lo que debería.

Malledus estaba interesado, pero no sorprendido, por lo que se veía, ninguno de los caballeros parecía contento al final del entrenamiento. Incluso Norne, quien no era parte de la milicia, claramente tenía el entusiasmo y la fuerza para continuar.

Aun así la insistencia de Jagen estaba fundada en la lógica. Necesitaban descansar. Solo en el caso de que ocurriera una emergencia… podrían utilizar sus habilidades antes de salir de Talys.


Cain tomó el aire de Talys fuera de la fortaleza. Muy húmedo. Nada como el ambiente seco de Altea, pero debía acostumbrarse. Estaría ahí un largo tiempo. Su mirada vio al sol. Si estos días no hubieran sido tan amargos, podría estar asombrado por la luz anaranjada. Ahora lo único que quería era trabajar en su espada y lanza solo un poco más. Se vio tentado a hacer un par de movimientos más, incluso ahora que el tiempo de entrenamiento había acabado.

Ordenes de Jagen o no, no estaba listo para dejar de entrenar. Sentía, no, sabía que algún día tendría que partir y que todos dirán que les faltó entrenamiento.

Tomó su espada, cerró sus ojos e imagino a un soldado de Gra frente a él.

–Traidor. –La palabra escapó de sus labios. El soldado imaginario simplemente se quedó ahí, lanza en mano, en silencio. Cain avanzo sobre él…


El tiempo paso, varios meses se fueron, hasta que se cumplieron seis desde que los alteos llegaron a vivir a Talys.

El entrenamiento había hecho efecto. Marth tenía al menos el triple de habilidad que tenía al escapar de Altea. Cain y Abel parecían golpear con más fuerza y energía que antes y Draug podía manejar aquel asalto. Norne había progresado al punto de ser moderadamente menos hábil que Gordin. Gordin había aumentado su precisión y velocidad, pero tenía problemas para lograr algo mejor.

Y los duelos secretos de Caeda con Marth continuaban. Era horriblemente incapaz de pelear a pie al principio pero había hecho progresos. Aun le faltaba ganarle a Marth, aun no podía ni imaginarse esa hazaña, pero ya no estaba indefensa.

Ogma fue a la fortaleza a petición de Mostyn para ofrecerse a ayudar a entrenar a Marth. Su estilo de pelea, autodidacta, tenía la misma sabiduría que la de Marth, aun cuando era menos refinada. Ogma se enfocaba en el poder y no se mezclaba con el estilo refinado del príncipe. El mejor beneficio que le dio a Marth fue el hacerle ver como peleaban aquellos que se basaban en el poder.

Aunque Malledus no apoyaba que un mercenario entrenara a Marth, rápidamente se dio cuenta de que Ogma no era el mercenario sin corazón que parecía a primera vista. De hecho el, hablando para todos los sentidos y propósitos, era todo un caballero, aunque se veía más rudo.

Jagen parecía ser el único que no mejoraba. No se enfocaba en su propio entrenamiento, sino en ayudar a los demás. Todo el día daba lecciones y complementaba a los demás, pero practicaba muy poco en su propio manejo de la lanza. Aun así, el mejor caballero de Altea podía considerarse lo suficientemente hábil para que esto no le afectara.

Ogma había llevado consigo a tres mercenarios más llamados Barst, Bord y Cord, quienes lo reconocían como capitán. Los tres habían tenido duelos de entrenamiento con Marth y sus hombres. Era algo apreciado pues necesitaban experiencia con los que luchaban con hachas.

Hoy, Marth había sido invitado al castillo para tener una comida privada con la familia real de Talys, Lejos de ser una cordialidad, el rey Mostyn tenía algo que decirle a Marth.

La mesa era pequeña pero muy elegante. Estaba hecha de metal muy caro y cubierta de delicada tela roja donde los platos y vasos descansaban

La comida era similar a la que Marth se había acostumbrado a comer desde hacía meses. Pescado delicadamente cocinado y sazonado, con té caliente de bebida. Sin embargo, Mostyn ofreció tres platos de sopa para él, su hija y Marth.

Caeda de sentó a lado de Marth. Tomó mucho tiempo y mucho convencimiento pero Caeda eventualmente logro que finalmente Marth se abriera con ella. Había sido un juego largo de presionarlo y no hacerlo para que el hablara de temas sin obligarlo realmente a que lo recuerde de manera cruel.

Esos muros de defensa habían caído, pero sospechaba que solo para ella. Quien sea que tratara de acercarse sin la delicadeza con la que ella lo hacía, bueno…

–Príncipe Marth. –Comenzó Mostyn al finalizar su comida, dejando casi entero su pescado. Marth aún podía comer más pero se contuvo políticamente. – ¿Cuánto sabes de la situación que se vive en el continente?

–Nada señor. –Respondió.

–Ya veo. –Suspiro el rey. –El resto del continente está en mal estado, basándome en las cartas que he estado recibiendo.

Marth se sintió mal. Su apetito desapareció cuando sintió que su estómago se revolvía por las ansias de lo que iba a escuchar.

–Comenzaré por el principio. – Dijo Mostyn... –Para empezar, Macedon se ha unido al Imperio de Dolhr. De acuerdo con mis cartas, se unieron bajo la orden del príncipe Michalis después de que el rey fuera asesinado.

Marth asintió a las noticias. Eso significaba que habría otra nación que derrotar cuando regresara.

–Las malas noticias no terminan ahí, me temo. Archanea ha caído, aparentemente recién cayó. Dolhr los sitió por mucho tiempo, pero uno de sus mejores caballeros, un hombre llamado Horacio, se unió a Dolhr. La pérdida de ese estimado caballero y estratega probó ser más de lo que Archanea pudo soportar.

Como predijo, el estómago de Marth se revolvió. Miro la comida frente a él, sabía que ya había comido todo lo que ingeriría ese día. Se alegró de que Archanea hubiera luchado hasta el final.

– ¿Destruyeron Archanea?

–No. Parece ser que todos los territorios que Dolhr ha conquistado, incluida Altea, han sido ocupados en lugar de destruidos. Aunque la ambición del Dragón de las sombras es eliminar nuestra especie, prefiere primero eliminar las amenazas a su imperio antes que destruirnos.

–Entonces Altea existe…–Dijo Marth. Caeda le puso una mano en su hombro, en afán de consolarlo, su propia mano buscó el camino hacia la de ella. – ¿Qué hay de Aurelis?

–Sin contar Talys, Aurelis es la única nación que no se inca ante Dolhr. Dolhr está invadiendo la nación, pero la invasión apenas había empezado cuando se enviaron estas cartas. Dolhr no había puesto su huella en Aurelis pero quien sabe lo que ocurra ahora.

–Ya... veo. –Comentó Marth, un poco animado por la resistencia de Aurelis. Tal vez si la situación seguía así, Aurelis podía ser un aliado, si la nación quería. Marth conocía poco de Aurelis y dudaba como pensarían sus líderes.

–Príncipe Marth debo advertirle. –Mostyn dijo en tono grave. –Dolhr ha puesto… un precio increíble sobre usted. No menos de ochenta millones de piezas de oro por su captura vivo y sesenta millones si ha muerto. Parecen desesperados por deshacerse de usted.

–Probablemente matarán a quien sea que me entregue en lugar de pagar. –Dijo silenciosamente. –Dudo que Medeus honre un trato como ese.

–Hmm. Cierto. –Asintió Mostyn. –Pero no tema, dudo que haya pistas que pueda usar Dolhr, o cualquiera, para rastrearlo a Talys. Solo hacíamos pequeños trueques e intercambios antes de que todo pasara, y cerrar nuestras fronteras no levantaría sospechas, considerando el estado del continente. La única manera de que alguien pudiera entregarlo sería si…–Se detuvo.

–Si…–Preguntó Marth.

–Cruzando el océano se encuentra el puerto de Galder. Recientemente, se convirtió en un escondite de piratas, bajo el mando de un bruto llamado Gomer. Son barbaros sin experiencia que se creen fuertes solo porque manejan hachas, pero son numerosos, lo que nos hace imposible detenerlos. –Mostyn se veía disconforme, mirando a la ventana probablemente en dirección a Galder. –Galder es el puerto más cercano a Talys, si alguien lo vendiera a Dolhr, serían probablemente esos piratas.

–Quisiera ver que lo intentaran. –Dijo Marth sin miedo.

–Esperaba esa reacción. –Sonrió Mostyn.

La conversación se dirigió a otros temas rápidamente. Pronto era un intercambio amigable de palabras entre dos familias de la realiza. Mostyn se retiró a su cuarto. Era de noche cuando terminaron.

–No son las mejores noticias. –Notó Caeda.

–Supongo que es bueno saber que Altea todavía existe como nación. Incluso si esta ocupada. – Las palabras salieron con un tono neutral, pero luego suspiro. Caeda pensó que hubiera sido mejor que su padre no hubiera mencionado a Altea.

No, no. Si su padre no lo hubiera mencionado, Marth habría preguntado. De todos modos, se habría enterado del estado de su nación.

No estaba en su posición, pero podía sentir que él se sentía como un cobarde que huyó de sus responsabilidades, dejando sufrir a otros. Para consolarlo, puso sus manos en sus hombros. Suspiró pesadamente pero acepto el gesto.

En un momento, su agarre se volvió más firme mientras sus pensamientos le recordaban la recompensa que había puesto Dolhr sobre Marth. La simple idea de que alguien viniera a Talys para llevárselo la repulsaba. De ningún modo lo lograrían… al menos no sin tener que asesinar a la princesa en el proceso. Ella no era la más fuerte, pero sabía que daría su vida por él.


Todos en el fuerte esperaban el regreso de Marth. La última comida y la sesión de entrenamiento ya se había acabado. A pesar de la hora, Ogma y sus hombres seguían ahí. Ogma les contaba historias a los caballeros.

Finalmente, los ojos comenzaban a cerrarse e iniciaron los bostezos. Sin embargo, solo Malledus y Jagen se habían retirado, los demás, aunque cansados, seguían platicando.

–Hey Ogma. –Gordin habló. El mercenario lo miró. – ¿Cómo te hiciste esas cicatrices? ¿Con el tiempo, por tu carrera?

El rostro de Ogma, antes alegre, se tornó serio. –Gordin, más de la mitad de ellas las obtuve en la misma batalla.

– ¿Qué? –Norne preguntó, uniéndose a la conversación. – ¿Cómo pudiste ser herido de esa forma con armas reales y seguir vivo para contarlo?

Ogma levantó sus brazos para sentir todas las cicatrices de su cuerpo, en particular la x en su mejilla. –Es increíble que haya sobrevivido. Ese hombre…–Se detuvo.

– ¿Qué paso exactamente? –Preguntó Abel. – ¿No tenías entrenamiento o…?

–No. Recibí estas heridas poco antes de venir a Talys. –Suspiró, listo para contar la historia. –Tomé un trabajo que requería asesinar a unos soldados de Dolhr.

–Dolhr. –Repitió Abel fríamente. – ¿Hace cuánto fue esto?

–Unos años. Mucho antes del regreso de Medeus. –Respondió Ogma. –Mi empleador quería cierto artefacto que unos soldados humanos de Dolhr tenían en su custodia. Era como una gema, si bien recuerdo. La misión parecía sencilla, los soldados cuidaban la gema, y los pocos refuerzos que llegaron los elimine sin riesgos. Sin embargo, después de eso, el vino…

Ogma parecía realmente disconforme con su memoria, sin embargo, continuó con la historia. –Dolhr había contratado a un mercenario por su cuenta. Este hombre era, aun es, temido. Dicen que su hoja se mueve tan rápidamente y con tanta destreza que muchos mueren sin saber siquiera que se ha movido.

–Y…–Hablo Norne, sintiéndose intimidada por la descripción de Ogma. – ¿Cuál es el nombre de este hombre?

Ogma la miró, el color de su rostro había desaparecido. Parecía estudiar el muro de la fortaleza, con la huella del miedo dibujada en sus facciones.

– ¿Ogma?

–Navarre. –Finalmente contesto. Barst, Bord y Cord parecían nerviosos por su capitán. –Ese letal mercenario fue contratado por Dolhr, se llamaba Navarre. –Tomó aire, preparándose para continuar. –Siempre asumí que las historias de él lo hacían ver mejor de lo que en realidad era. Esa asunción fue uno de los peores errores de mi vida. Su gran velocidad pareció burlarse de mi estilo de pelea, ni siquiera había blandido mi arma dos veces, cuando noté quien saldría victorioso.

– ¿Cómo sobreviviste? –Preguntó Cain, escuchando intensamente. –Me suena a que este tipo, Navarre, no es de los que muestran piedad.

–Navarre sigue las órdenes que le dan al pie de la letra. Le dijeron que querían que sufriera. Me cortó superficialmente, una y otra vez, pero no me mató. Los soldados de Dolhr tenían algo más en mente. Después de dejarme inconsciente, me llevaron a una arena de Dolhr, donde me hicieron blanco de prácticas para soldados en entrenamiento. No paso eso. Logre escapar… aun habiendo perdido mucha sangre, logré escapar. No vi a Navarre mientras lo hacía. Supongo que había recibido su paga y se habrá ido, si hubiera seguido ahí y me hubiera interceptado, habría muerto ese día.

–Así que… ¿este Navarre te sobrepaso completamente? – Pensaba Abel. –Creo que oí hablar de ese mercenario antes…

–Sus habilidades son conocidas, pero pocos han oído hablar de su nombre. –Dijo Ogma. –Puedes contar con los dedos de una mano el número de personas que han enfrentado a Navarre y vivido para contar la historia. Yo soy uno de ellos, pero sobreviví solo porque su jefe no quería que él me matara.

– ¿No ha intentado Dolhr perseguirte? –Pregunto Gordin.

–Lo hicieron. –Respondió este. –Los asesinos me persiguieron por todo el continente cuando escape, finalmente logre curarme y adelantarme a ellos. Eventualmente me atraparon mientras peleaba en una arena. Los soldados de Dolhr interrumpieron mi duelo, asesinaron a mi oponente y me intentaron matar. Habrían tenido éxito, estaba exhausto y ellos no, además eran más numerosos. Logre matar a la mayoría pero se volvía aparente que ellos eran los que me darían el golpe final. La persona que me salvó ese día fue… la princesa Caeda.

– ¿La princesa? –Norne estaba confundida.

–No sé qué hacía ahí, pero se puso en peligro por mí y me dio el tiempo suficiente para derrotarlos a todos. Oyó mi historia y decidió ayudarme a ponerme a salvo. Vistió a uno de los soldados para que pareciera como yo y me ofreció asilo en Talys. He sido el mejor espadachín de Talys y el más leal de los mercenarios desde entontes. Ningún asesino de Dolhr me ha buscado, supongo que se creyeron lo del señuelo.

La fortaleza se mantuvo en silencio después de la historia. Parecía ser como un recordatorio que la nación de Dolhr era capaz de hacer si la enojabas.

Todos sabían que Marth había enojado a esa nación solo por haber nacido. Él también tendría más prioridad que Ogma. Uno solo podría imaginar las inhumanidades que Dolhr cometía durante su caza. Si alguien no tan importante como Ogma había suscitado tal persecución,… no era agradable pensar en Marth.

–Has sobrevivido mucho. –Noto Draug. –Es difícil creer que has estado huyendo de Dolhr así… Altea casi no ha tenido encuentros con Dolhr durante muchos años y creo que las personas no saben lo crueles que son las personas ahí. Los manaketes, sin embargo, dicen que hacen ver a las personas como nobles y de buen corazón en comparación.

Ogma asintió. –Y contra ellos están entrenándose para pelear. –Se cruzó de brazos, de nuevo notando sus cicatrices, la mayoría de ellas a consecuencia de Navarre. –No tomen mis habilidades como una indicación de las habilidades de los soldados de Dolhr. No luchaba contra las elites. –Se pauso y miro el muro frente a él. –Mis disculpas, creo que es tiempo de que mis hombres y yo regresemos al castillo. –Se dirigió a la puerta y sus hombres lo siguieron.

–Nos veremos mañana. –Se despidió Abel.


Michalis se encontró a sí mismo en la sala del trono. En los meses que han pasado ha hecho visitas una vez a la semana a aquel refugiado de Kadhein que había aparecido en el pueblo. Había aprendido muchas cosas de ese hombre, un sabio llamado Gotoh, también conocido como el Sabio Blanco. La relación que tenía con Gotoh era… extraña.

No hacia hechizos contra el príncipe, pero este soportaba sus críticas acerca de sus propias ambiciones y planes, cuando a otros los había impresionado por mucho menos. Muchas de las palabras del sabio eran similares a las de Minerva, sin embargo eran más calmadas, con mejor razonamiento y con cuidadoso análisis sobre estas. Minerva dejaba que sus emociones la guiaran, pero Gotoh lo basaba en lógica y razonamiento.

A pesar de que no hacia ninguna de las recomendaciones que le daba, encontró que estaba dispuesto a escucharlo. Le pidió consejo en muchos temas. El sabio decía, en la mayoría de los temas, que dejara el lado de Dolhr.

Gotoh era un individuo solitario que prefería estar a solas con sus pensamientos y le molestaban las visitas. No paso mucho para que los soldados de Michalis se dieran cuenta de que él era el único permitido en su cabaña.

Michalis descubrió, con el tiempo, de que Gotoh fue el que entrenó a Gharnef, el pontífice oscuro de Khadein. Michalis sabía que este deseaba la muerte de Gotoh, pero continúo permitiendo que residiera en Macedon.

El conocimiento y consejo de Gotoh eran muy valorables para él y defenderlo de su ex pupilo era una forma efectiva de atraer la ira del pontífice oscuro. Después de todo, el rango de Michalis era el mismo que el de él. El mago no podía ordenarle a Michalis que se lo entregara, ni podía enviar magos a asesinarlo, aunque Michalis pensaba que no se atrevería, pues sabia o pensaba que le temía por sus dotes mágicas.

En cuanto a su hermana Minerva, se integraba lentamente con la nación aliada. En los meses, se había creado una reputación de desobedecer órdenes. Sus Alas Blancas y Merach también desobedecían órdenes. Como soldado, era efectiva y grotescamente imparable. Su estatus como hermana de Michalis era lo único que la mantenía con vida. Sus vasallos se salvaban porque ella los escudaba.

Aunque la relación entre Minerva y Michalis se había enfriado, aun había rastros de calidez que los unía. Por su parte Michalis había recorrido grandes distancias para impedir que Minerva sirviera directamente bajo las ordenes de un manakete. Minerva por su parte, no entraba al castillo con la intención de matarlo.

Después de que fuera nombrado rey, la sala de trono fue remodelada. Había un largo establo a su lado, a la derecha de la sala. El establo contenía al wyvern negro ónix de Michalis, una criatura intimidante y temperamental. El y minerva eran de los pocos que comandaban una de esas criaturas. También habían creado un agujero en el techo, para que él y su wyvern se elevaran.

El wyvern parecía intimidar a cualquiera que entrara a la sala de trono. La criatura podía escapar fácilmente de su establo, pero era demasiado obediente a Michalis. Esta obediencia incrementaba la autoridad y el dominio del rey de Macedon.

El wyvern bufó, llamando la atención del rey. Una mujer con largo cabello rubio había entrado.

– ¿Quién eres? ¿Qué trabajo te trae hasta mí?

–Rey Michalis. –La mujer le dedico una reverencia. –Yo soy… Adeline, una arquera de Macedon. Una guardia del castillo. –Se puso de pie y giro su cuerpo, dejando ver su arco y porta flechas de sus espaldas.

Una arquera. Macedon tenía pocos debido a la… natural disposición de dispararle a los pegasos y wyverns. Los jinetes componían más de la mitad del ejército de Macedon. Esta… Adeline, debía tener un talento considerable si estaba en el ejército. Asintió, mirando a su wyvern por un momento. La criatura se calmó pero sus ojos rojos siguieron observando a Adeline. – ¿Por qué te invitaste a la sala de trono?

–No… soy tan tonta como para haberlo hecho sin una razón, rey Michalis. Estoy aquí porque…

–Puedo hablar por mí…–Una voz se oyó detrás de la arquera. Una figura encapuchada entro a la habitación. Adeline se hizo a un lado.

–Rey Michalis…–La figura, que Michalis reconoció como Xemcel, uno de los manaketes más importantes de Dolhr, le llamó. –Imagino que sabes porque estoy aquí.

–Minerva. –Respondió el. –Adeline, vete de la habitación.

La arquera asintió y se alejó.

–Esta desobediencia no puede seguir. Útil o no, su actitud está resultando muy molesto, Michalis.

No se sintió ofendido por no haber usado su título. Los manaketes rara vez usaban los títulos humanos para dirigirse a ellos, como había aprendido. Pensaban que los humanos estaban por debajo de ellos. Era difícil encontrar uno que se refiriera a ellos por su título.

–Ella es muy poderosa, no podemos arriesgarnos a perderla. –Dijo pragmáticamente, dando la impresión de querer mantener a su hermana por motivos estrictamente impersonales.

–Entonces encuentra una manera de mantenerla bajo control. De otro modo, su desobediencia hará que Macedon sufra nuestra ira. – Xemcel le entregó un sobre que guardaba entre sus ropas.

Rompió el sello y sacó la carta fijándose que era el sello oficial de Dolhr, mientras leía su contenido. El mensaje era simple, desde ese momento todo acto de desobediencia de Minerva sería castigado con una ejecución de mil soldados de Macedon. Eso era probable que no la afectara, pues ella era fría con ellos. Debía encontrar una manera de hacerla obediente. No sería sencillo, ella no dejaba que las palabras la afectaran, las únicas personas que parecían importarles eran las Alas Blancas, Merach y…

Los pensamientos de Michalis desaparecieron antes de terminar. Había encontrado una manera para hacer que su hermana siguiera órdenes y como consecuencia también sus vasallos. Solo que era algo que desgarraría su corazón. Se vio envuelto en ansiedad y conflicto por dentro y habló a Xemcel con palabras frías.

–He formulado un plan para que mi hermana… siga sus órdenes.

–Me impresiona su velocidad. –Comento Xemcel, sintiendo que dejaba fuera un "para un humano" de su oración. Su wyvern sentía el conflicto de su amo y lanzo un quejido lastimero, no un sonido amenazante si no uno comprensivo.

"No puedo alejarme del camino que he elegido."


– ¿Me has llamado Michalis? –María pregunto al llegar a la sala de trono. Michalis se erigió.

–Lo hizo. –Ella noto que algo le sucedía.

– ¿Estás cansado Michalis? –Ladeo su cabeza. –Puedo ayudarte si lo estas, he estado practicando con mi báculo. –Reveló dicho báculo con una sonrisa.

–Lo aprecio maría pero no. No es algo que tu báculo pueda arreglar, pero hay algo que necesito que hagas por mí. –Camino hacia ella y se arrodillo a su nivel. –Estoy en una posición mala con Dolhr. Ciertas…. Circunstancias han resultado en que estén enojados conmigo. Necesito encontrar un modo de contentarlos, o Macedon sufrirá.

No era mentira, pero ocultaba hechos como la razón por la que estuviera Dolhr enojada con él. Mejor que María pensara que sus razones morales no estaban al a par de Dolhr a darse cuenta de que su hermana era demasiado rebelde.

–Y, ¿puedo ayudarte a hacerlo? –Maria se sintió insegura, pero estaba entusiasta de poder ayudar a su hermano.

–Si Macedon quiere permanecer segura de las manos manakete, debemos dejar que ellos tengan algo nuestro. –Michalis acaricio el cabello de Maria, un gesto gentil pero doloroso. –Te daré la opción de aceptar o no. Para que Dolhr nos deje respirar tranquilos… debo dar tu custodia.

Sus ojos se abrieron en shock, pero no retrocedió. Ladeo su cabeza un momento, pero volvió a mirarlo. –Lo que sea que estés haciendo, estoy segura de que no falta mucho para que lo completes. Si, lo hare.

–Hablas valientemente Maria, pero quiero que entiendas a lo que te enfrentas. No serás faltada al respeto, tu vida es demasiado valiosa para eso, pero tus condiciones no serán buenas. Estarás en una celda, serás un rehén, vigilada por personas que no tendrán respeto por ti o por mí, serás una herramienta y un objeto de trueque para ellos. Las condiciones serán malas, muy malas.

Se detuvo por un momento, su entusiasmo pareció desvanecerse pero de inmediato regreso. –Dije que lo haría Michalis. Solo… trata de no dejarme ahí por mucho tiempo. –Avanzó a él, dándole un abrazo a su hermano a quien le tenía una gran fe.

Michalis puso una mano en su hombro, tomándolo fuertemente como si no quisiera dejarla ir, pero no lo suficiente como para molestarla.

"Perdóname"

Ella soltó su abrazo después de un momento. –Supongo que no podre ver a Minerva antes de irme, ni siquiera está en la nación en este momento… oh, pero tendré tiempo con él. –Sonrió y corrió a la dirección que miraba.

Maria era la única persona que le agradaba al wyvern además de su amo. Siempre se sintió mal cuando María se acercaba a la criatura que podía arrancar la mano de un hombre o matar a un soldado con un movimiento de su cola, pero la criatura nunca incomodo a Maria. Ella acaricio la cabeza del wyvern. Respondió con un sonido parecido a un ronroneo de un gato.

El wyvern no quería a Minerva y la criatura de ella no quería a Michalis, pero ambas querían a María.

–Solo… podrás hacer eso unos minutos. –Advirtió Michalis. –Se enojarán si no les doy una respuesta.

María asintió mientras seguía dándole cariño al animal.


Después de viajar días con una escolta, María llego al castillo Deil. Ese sería el hogar de María por tiempo indefinido, muy lejos del castillo de Macedon. Este lugar era de Grust, y los soldados no le tenían respeto a Michalis.

Llegó vigilada por el soldado de mayor confianza de Michalis, Orridyon. Era acompañado por algunos soldados de Macedon, incluida a la arquera Adeline.

Un soldado de Grust armado, acompañado de otros más, los esperaban fuera del castillo.

–General Zharov. –Dijo Orridyon. –Asumo que sabe porque está aquí.

–Sí, general Orridyon. –Respondió este con tono frio. –Aunque es difícil creer que yo, de todas las personas, tenga que ser forzado a perder mi tiempo siendo niñera, pero entiendo la tarea que me ha sido encomendada. ¿Hay algún cambio u orden nueva que deba saber?

–No se han hecho cambios, sin embargo…. –Orridyon inclino su cabeza a Adeline, quien avanzó.

–General Zharov, el rey Michalis tiene un mensaje para usted. "Si es lastimada sin razón, lo cazare a usted y a sus hombres y lo despellejare vivo."

– ¿Asustado? –Pregunto María, Orridyon puso una mano en su hombro para calmarla. Maria miro al caballero. No estaba segura de su opinión hacia ella pero era valiosa para el hombre al que le era leal.

Zharov se desconcertó por la amenaza de Maria pero sonrió... –Mirenme, estoy aterrado. El rey de Macedon no tiene jurisdicción sobre una base de Grust. Solo Dolhr puede mandar sobre otras naciones aliadas. –Se tomó un momento para mirar con placer el gesto de ofensa de Orridyon. –Pero no pretendo hacer más que mis deberes que es vigilar a la princesa a menos que… me den una razón.

María trago saliva pero no se alejó de él.

–Parece que nos entendemos entonces. –Orridyon menciono. Soltó a María y un soldado grustiano se movió para tomarla de la muñeca con un firme agarre.

–No tienen más que hacer aquí. –Los despidió Zharov.


– ¿Qué fue lo que dijiste? –Minerva quien estaba en un fuerte de Gra estaba desconcertada por la información de Merach.

–María está bajo custodia de Grust, princesa. Aparentemente lo hizo voluntariamente, se lo pidió Michalis.

–Pero… yo…–Minerva se quedó sin palabras. ¿La pequeña María lejos del castillo de Macedon? era el único lugar donde Minerva sabía que estaría segura. La noticia era súbita e inesperada, la sensación que sentía era dolorosa, como si su estómago se estuviera retorciendo. Su rojo wyvern hizo un sonido de lastima y Minerva lo acaricio para continuar su conversación con voz que no pudo evitar no hacer temblar. – ¿Po-por qué…? Pensé que Michalis… la quería…

–Comandante…–La voz de Palla era débil. La Alablanca parecía ausente, comenzó a acariciar la melena de su pegaso. Su propio dolor era insoportable, pero no era nada de lo que Minerva sentía y lo sabía. Palla se sintió agradecida de que Catría y Est estuvieran lejos. Su reacción hubiera sido de enojo y sería peor para Minerva.

–creo que aún la quiere. –Dijo Minerva recibiendo miradas de confusión de las chicas. –A juzgar por la carta que recibí, estoy pensando que no pudo hacer mucho al respecto. Al parecer, princesa, nuestra conducta puso, no solo a Michalis si no a toda Macedon… en una mala posición.

–Yo… solo hizo lo que un verdadero soldado de Macedon debía hacer. –Apretó sus puños rabiosa, con los ojos cerrados. No podía creer que la posición de María fuera indirectamente su culpa.

–No lo dudo princesa. Hemos servido con la moral que los macedonios deben poseer.

Palla asintió a su comentario. Parecía que pocos soldados de Macedon les importaba la moral.

–El rey Michalis fue forzado, probablemente contra sus deseos, porque hemos creado una molestia. Su seguridad está ligada enteramente a nuestra… actuación y obediencia.

Minerva asintió, entendiendo la situación. –Palla.

–Comandante.

–Encuentra a Catria y Est, infórmalas de la situación…–Tomo un respiro. –Y… diles que hagan todo lo que sus supervisores les digan

–Comandante yo…–Palla se detuvo y asintió. –Entiendo. Veré que Catria y Est traten a sus superiores con total respeto. –Se quedó ahí por un momento, como si sus piernas fueran de piedra. Espero congelada, tal vez esperando que Minerva retirara su orden, pero eventualmente se alejó.

Maria estaba con Grust y no podía haber peor época. Minerva estaba al borde de una rebelión total. Se habría llevado a Merach y a las alas blancas con ella y también a María. Pero ahora estaba paralizada, incapaz de realizar su plan. Así sería hasta que María fuera liberada.

Las únicas personas con las que podía contar eran sus alas blancas y Merach… y no podía pedirles que salvaran a María. Era demasiado riesgo. Si fallaban cualquiera sospecharía y María sufriría las consecuencias. Si maría era rescatada, tenía que ser por otra mano.

Pero… nadie podía hacer eso… nadie.


Y... con eso llegamos al final de los capitulos de relleno ¿Quien más quiere muerto al principe Michalis? bueno, debo admitir que adoro su avatar.

Nos seguimos leyendo