Este fanfiction fue escrito por el autor Scuttlest, a quién le agradezco darme el permiso para traducirla.

Origen del Príncipe de la Luz

Aurelis. El último territorio que se podía decir que representaba un peligro para Dolhr. La nación que alguna vez fue hogar de los valles en los que los caballos pastaban. Desde que la nación había sido invadida, los pastosos valles fueron reemplazados por campos de batalla torturados y sin vida.

Después de unos meses, Dolhr se retiró de Aurelis y dejó que los macedonios se encargaran de la subjugación de la nación. La verdadera fuerza de Aurelis se volvió aparente cuando parecía que la victoria sería de Macedon. Los jinetes empleaban tácticas de guerrilla y con la habilidad que tenían para desaparecer del campo de batalla, los macedonios parecían imposibilitados de acabar con la resistencia de Aurelis.

Con la luna iluminando el cielo nocturno, dos soldados macedonios vigilaban la entrada de un edificio quemado. Las flamas consumían lo que alguna vez fue una casa. El olor de madera quemada y, más asqueroso aún, carne quemada, llenaba el aire. Los soldados no mostraron molestias. Solo se quedaron ahí, sin importarles los aurelios que habitaron esa casa.

Uno de los soldados sostenía un largo y doblado trozo de papel en su mano. Lo retiraron de la casa antes de iniciar el fuego. Parecía algo irónico, tomar un pedazo de papel de un edificio que vas a incendiar, especialmente cuando había dinero y otros bienes que podías llevarte.

Pero este papel era lo único que deseaban. El soldado que lo tenía comenzó a desdoblarlo, revelando un mapa. Enlistaba una gran cantidad de depósitos de armas y muchos túneles debajo del suelo de la nación, cosas que los aurelios habían usado desde que la nación se había puesto a la defensiva.

Ahora, las reservas de Aurelis se agotaron. Todos los depósitos de armas y sus pasajes secretos eran revelados a Macedon. Tomaría unas cuantas semanas derrotar a los restos de la milicia resistente.

Satisfecho con lo que veía, el soldado doblo el mapa y lo guardó. Lo reportaría a su superior, seguramente ganaría una promoción. Caminó para alejarse del fuego… luego no supo más.

Una sola flecha voló por la noche y perforó la frente del soldado, que cayó, muriendo instantáneamente. El segundo soldado macedonio sacó su espada, esperando a la segunda flecha. Su mirada se fijó en la dirección de la primera y trató de ver más allá de lo que la oscuridad le permitía, pero no pudo determinar quién había lanzado esa flecha.

Su primer pensamiento fue alejarse del edificio quemado, pues estaba a plena vista. Comenzó a caminar, distanciándose del edificio cuyas llamas iluminaban la noche, y mantenía la vista alerta… pero de pronto sintió un dolor agudo. Un dolor que parecía provenir de su vientre, miró para encontrar una espada perforando su abdomen. Gruño de dolor cuando el espadachín retiró su arma.

–Asesino. – Una joven, pero enojada voz acusó al soldado. Él cayó, sosteniendo su herida, y un segundo ataque terminó con su vida.

El dueño de la espada sacudió la hoja, luego recogió el mapa del primer soldado muerto. Caminó hacia la oscuridad y luego asintió, poco después un jinete apareció.

–Si solo hubiéramos llegado antes…– Aquel de la espada dijo suavemente, mirando el edificio consumiéndose. –Tal vez hubiéramos podido salvar aquellas vidas.

–Aunque hubiéramos llegado antes, Roshea, dudo que el resultado hubiera sido diferente. –El jinete dijo con un arco en la mano. –Para cuando supimos que Macedonia localizó uno de los mapas, ya era demasiado tarde.

–Incluso si se ofrecieron, no debimos dejar que un simple granjero y su familia ocultaran algo tan importante. –Volteó a ver al jinete. –Wolf, mientras mas luchemos…–

–Lo sé. – Dijo Wolf, sabiendo lo que querría decir Roshea. –Esta guerra ha sido tan infructífera por tanto tiempo. Parece que no importa cuantos matemos, Macedon seguirá enviando tropas. Es tan… frustrante.

Roshea no quitaba sus ojos del edificio en llamas. –Esto no está bien. ¿Qué tan grande era la familia que Macedonia asesinó para poner sus manos en este mapa?

Wolf cerró sus ojos, recordando a aquellos que habían accedido a ocultar sus mapas. –Una madre, un padre, una hija adolescente, y dos gemelos, casi recién nacidos.

Roshea miró a Wolf. –Recién nacidos… ¿Es que Macedon no tiene consideración alguna?

–No necesitas que te responda eso. –Fue la respuesta de Wolf. –Estos dos años han sido prueba suficiente de que no hay nadie en la armada macedonia que tenga una pizca de moralidad.

Roshea asintió, mirando de nuevo la gran fogata. –Es como si al luchar lograramos algo, pero al mismo tiempo no logramos nada.

–Todo lo que hemos hecho, al final no ha servido de mucho. Entiendo Roshea. Entiendo lo mismo que tú. – Le dijo Wolf. –Sin embargo… Coyote desea continuar la lucha, y es todo lo que necesitamos para seguir luchando.

El más joven suspiró, mirando el edificio colapsar. El fuego debió consumir un pilar de soporte y el techo se vino abajo. Roshea se sorprendió luego sus puños temblaron de frustración.

Wolf imitó la acción de Roshea.

Ellos asintieron el uno al otro y se esfumaron del lugar como mezclándose con la oscuridad. Otro dia de batallas con resultados ambiguos los esperada el día de mañana, pero como hijos de Aurelis, y leales hombres de aquel hombre que llamaban Coyote, lucharían hasta el final. Hasta el final.


–Gracias, padre Wrys. –La niña acarició su rodilla que hacia un momento había tenido un feo corte. –Debo hacer un poco mas de trabajo, y el dinero esta escaseando, temía que mi familia colapsara si tenía que faltar un día al campo.

La iglesia en la que Wrys residía era pequeña y humilde. Casi todo en Talys era pequeño a comparación de otras naciones, pero esta era pequeña incluso en esa nación, pero era donde el único curandero de la isla se ganaba la vida.

Wrys, el anciano curandero, asintió con sonrisa dulce. Pudo sentir como la energía que había salido de su báculo de sanación aún estaba en el aire. La herida de la chica había sido tratada, pero el efecto positivo extra duraría en ella un rato más.

–Si tienes tanto trabajo, no deberías estar aquí. –Le dijo. La chica le dedicó una reverencia antes de irse, pero se detuvo y regresó con el.

–¿Se te ofrece algo más?

–Oh, no. No es nada. – Dijo ella, buscando monedas en su bolsillo y entregándoselas al padre. –Se que trabaja de a gratis pero, por favor, tome esto.

–Supongo que no puedo negarme a tal generosidad. –Wrys aceptó las monedas. Ella sonrió de nuevo y luego se alejó. Wrys puso el dinero en el escritorio cercano.

La iglesia de madera era pequeña, pero tenía muchos… artefactos. Anillos de oro, orfalería finamente trabajada, incluso largas gemas. Todos habían sido regalos de las personas que había sanado. Trabajaba gratis, pero muchos sentían la obligación y el deseo de hacerle regalos después de ofrecer sus servicios.

Todo en la iglesia, sin contar la madera con la que estaba hecha y sus báculos, fueron regalos de la gente. Incluso las sillas y el altar. Sabía que se haría rico si decidiera vender aquellas cosas pero se negaba. Podría caer victima de la avaricia y no podía dejar que eso pasara.

Ocasionalmente vendía algo, para ayudar a alguna familia. Solo mantenía dinero suficiente para alimentarse y vestirse.

Wrys caminó por la iglesia murmurando una plegaria. Por un tiempo, ofrecia plegarias por el continente, esperando que los seres que estuvieran en el cielo los salvara de la ira de Dolhr. También, específicamente, oraba por Altea.

Dolhr tenía un asunto pendiente con el continente, pero ninguna nación sufría tanto como lo hacía Altea.

Sus plegarias también eran por los caballeros de Altea, y el príncipe, a quienes Talys les había dado santuraio. Habían vivido en la isla por dos años. Wrys los veía ocasionalmente, rara vez se alejaban del fuerte que el rey les había proporcionado.

Un toquido fuerte interrumpió sus pensamientos.

–¡Padre Wrys! –Una voz masculina lo llamó, golpeando la puerta con tal fuerza que lo sorprendió.

–Tranquilo hijo, ya voy. –Wrys salió de la iglesia para ver que se había armado cierta conmocion, nadie en el pueblo parecía estar en su hogar. El hombre que había tocado también se hallaba distraído en el horizonte, al mar.

–¿Cuál es el problema? – Preguntó Wrys, sin entender que pasaba.

–Mire padre, se aproxima un barco. –El hombre señalo a la distancia. Wrys miró de nuevo y esta vez miró un barco que se acercaba.

–¿Qué bandera portan hijo?

–¿Bandera? –El hombre se rascó la nuca. –No veo ninguna.

–Piratas. – Wrys comentó, en un tono sorprendentemente alto.


–Ya era hora de encontrar algo que saquear. –Un pirata comentó. Gazzak era su nombre, el líder de esa… expedición. –Galder no nos dejó nada en la otra aldea, veamos que nos puede ofrecer esta nación . –Gazzak se frotó las manos, expectante. El capitán Gomer, el superior de Gazzak, no debía saber de Talys aún, solo hasta después de quedarse con los tesoros de Talys.

El barco hizo puerto y de inmediato los piratas de Galder desembarcaron.

–Ustedes saqueen el pueblo. ¡El resto, sígame! –Ordenó Gazzak. Un pequeño grupo de piratas se dirigió al pueblo mientras que Gazzak guió a la gran mayoría al castillo, el lugar donde estaría el mayor tesoro.


–¿Te irás a visitar al príncipe de nuevo? –Preguntó Mostyn con una sonrisa.

–Claro, padre. –Caeda respondió, mientras acomodaba la silla de su pegaso. –No quiero romper mi rutina de visitas diarias. Además para este punto ya esperan que vaya.

–Lo imagino. –Respondió el rey. –Solo te pido que…

–No interfiera con su entrenamiento. –Caeda terminó por el. –Si padre, lo sé.

El sonrió y asintió, sin importarle la respuesta ruda de su hija. –Entonces deberías ir…

–¡Rey! ¡Rey Mostyn!

El rey volteó y encontró a uno de los hacheros de Talys corriendo a él. –Cord. ¿Qué sucede?

Cord inmediatamente se arrodilló. –Hemos sido invadidos, señor. Piratas de Galder, están frente al castillo. Estamos tratando de repelerlos. El capitán Ogma tiene sus manos ocupadas, defendiendo las puertas ahora mismo, unos piratas están atacando la aldea cercana. Y… y…–

–Tranquilo Cord. –Pidió Mostyn, habiendo escuchado lo suficiente para saber como reaccionar, luego miró a su hija. –Caeda, ve con el príncipe, trae a los altenses contigo, necesitaremos refuerzos. No debemos confiarnos, Ogma ha estado lejos de las batallas por tanto tiempo. –

–Padre, espera…–Caeda trató de analizar la situación. –¿Estás diciendo que me vaya? Yo no…

–Claro que lo harás. –Respondió duramente. –Ve ahora. No me matarán si creen que los guiaré a algo con valor. Estaré bien. Depositaré mis esperanzas en el príncipe.

Caeda tembló, luego negó con la cabeza.

–¡Ve! –Gritó terminando la conversación. Caeda montó en su pegaso y emprendió el vuelo. Mostyn volteó a ver a Cord. –¿Dónde están Barst y Bord?

–En las puertas del castillo, señor. –Respondió. –Con el capitán Ogma.

–Entiendo. Regresa a ayudarlos, mantengan a los piratas fuera lo más posible.

Cord se elevó y sacó su hacha. –Si señor.


El entrenamiento de Marth continuaba. Todos los caballeros peleaban contra el, para que adquiriera experiencia con diferentes combatientes. Cain y Abel le mostraban los métodos de pelea de los jinetes, Gordin y Norne le mostraban la lucha contra arqueros…

Ahora trabajaba con Draug, tratando de entender como luchar contra alguien que tenía una armadura mas gruesa que él. Pronto se dio cuenta que aquella ventaja era un inconveniente, si el soldado no lograba derrotar a sus enemigos pronto. Al poco tiempo, Draug pidió un tiempo fuera para descansar.

–No podrías haber logrado eso cuando llegamos. –Abel felicitó al príncipe.

–El día que partamos puede no estar lejos. –Malledus notó. –He visto demasiadas batallas como para saber que son mejores que los soldados comunes. El entrenamiento es diferente a la batalla real, pues la persona trata de matarlos. –Miró a los caballeros, más específicamente a Norne, la única que no había estado en batalla real.

–Creo que se preocupa demasiado. –Respondió ella, ignorando que era el foco de su advertencia. –Lo haremos bien. –Puso su mano en el hombro del caballero de su lado. –¿Cierto?

–Um…–Cain se quitó la mano de la arquera. –Claro que lo haremos bien. Hemos entrenado mucho. Dolhr probablemente ha pasado mucho tiempo sin un buen enemigo.

Gordin habló. –Yo… bueno, no quiero tentar a la suerte, pero supongo que necesitamos un entrenamiento real. No digo que busquemos a alguien que nos quiera muertos pero…

–¡Marth! – Una voz femenina angustiada llenó el cielo. –¡Marth, Marth! ¿Dónde estas?

–¿Caeda? –Marth reconoció la voz y al pegaso que descendía. –¡Aquí!

El pegaso aterrizó frente a Marth. Caeda lo miró y por su rostro, el príncipe notó que no era una visita.

–¿Qué pasa? –La miró a sus ojos, estaban llenos de pánico, en todo ese tiempo que estuvo en Talys, jamás la había visto tan pálida. Hasta su pegaso se veía inconforme, empatizaba con las emociones de su ama.

–Marth…–Se tomó unos momentos para recuperarse. –Los piratas de Galder arribaron a Talys y atacaron el castillo y el pueblo cercano. Mi padre me pidió buscarte. Sin las fuerzas de los caballeros…–Escaneó el lugar un momento, asegurándose de que todos estuvieran ahí, luego siguió mirando a Marth. –No estoy segura de que podamos repelerlos. Todos están dedicados a defender el castillo.

–Tranquila Caeda. –Marth le tomó la mano a la chica que temblaba. –Hiciste bien en venir. –Se calmo al sentir el agarre del príncipe. Marth miró a sus caballeros. –Creo que es hora de devolver el favor a Talys por habernos albergado, por darnos santuario.


Ogma retrocedió y soltó un grito de batalla. Con un solo movimiento de su espada, hirió de gravedad a tres piratas. Gruñendo, Ogma volvió a mover su arma, matando a otro pirata.

Sus mercenarios estaban entrenados para lidiar con algún criminal ocasional que apareciera en Talys. Nunca fueron entrenados con la intención de enfrentar a una fuerza enemiga. Los piratas no avanzaban más alla de la puerta, pero tampoco podían hacerlos retroceder.

–Muere…. Basura. – Barst hirió a un pirata en el pecho que había logrado colarse por las puertas. El hecho de que pudiera mover el hacha era un milagro, considerando las heridas que tenía en su brazo. Con un bufido, Barst se preparó para seguir atacando. –Si tan solo Castor se hubiera quedado en Talys…–

La cantidad de piratas hechos cadáveres no intimidaba a los invasores. Una nueva oleada de piratas apareció, esta vez guiados por un pirata que se veía brutal.

–¿Un líder? –Bord preguntó, sujetando con fuerza su hacha mientras que Cord asesinaba a otro.

Gazzak puso su mirada en la larga pila de cadáveres piratas a comparación de la pila de mercenarios, luego miró a los que aún quedaban. –Mercenarios… ¿realmente creen que la vida del rey es más valiosa que la suya?

–No me importa lo que piensas de nuestra lealtad. –Barst gruño, y dirigió sus ataques al jefe.

Sin embargo, no estaba preparado para la gran fuerza física de Gazzak. El pirata agitó su hacha y ambas armas se conectaron…

Con sorpresa, Barst se vio a si mismo retroceder por el impacto del arma de Gazzak. Un grito de susto vino de Ogma, Bord, Cord y el resto de los mercenarios al ver el arma de Barst caer al suelo. Gazzak trató de acabar con la vida del mercenario, pero Barst se las arregló para huir, protegido por Bord y Cord.

–Es fuerte…–Admitió el derrotado. Se puso de pie y tomo un hacha de los piratas caídos, preparándose para atacar cautelosamente.


–Señor, esta es solo una humilde iglesia. –Wrys protestó ante uno de los piratas que arrasaron el poblado antes de dirigirse al castillo. –Por favor, incluso usted sabrá la locura que será destrozar un edificio sagrado como este.

–Estupido cura, quítate del camino. –El pirata tiró a Wrys al suelo con su brazo musculoso. –Tal vez quiera agradecerle a sus dioses por todo el botín que conseguiré hoy.

–Tenga cuidado señor. –Wrys dijo al levantarse, aún bloqueando la entrada del edificio, en donde se escondían varios aldeanos. –Personas que se dejan llevar de tal manera por la avaricia jamás tienen un buen final.

–¿Qué? ¿Acaso me esta amenazando? –Parecía a punto de echarse a reir. –Quiero ver que lo intente.

–No sabré quien será aquella mano que le haga justicia. Ya sean los dioses o los hombres, o incluso el tiempo y el paso de los años, pero pagará por lo que le hace a Talys. Quizá lo pague hoy mismo.

–Tenga cuidado padre. O si no mi hacha…–Apuntó al rostro del hombre. –Se clavará justo entre sus ojos.

–¿Es acaso con violencia como lidia con quien lo frustra? Preguntó Wrys. –Señor, ese no es el camino. No es la manera apropiada de actuar frente a una iglesia, usted…

–¡Callate! –El pirata elevó su hacha. –Ya tuve suficiente de ti. Me quedaré con los tesoros de tu miserable capilla. Veamos como actúan tus dioses ante eso.

Wrys miró el hacha descender sin inmutarse, pero estaba a centímetros de su rostro cuando el pirata de repente soltó un grito.

–¿Pero que…!–Sin importarle el dolor, el pirata giró todo su cuerpo y Wrys notó una jabalina clavada en su espalda. –¡¿Quién hizo eso?!

–Yo. –Respondió un hombre montado a caballo.

–Sir Abel. –Wrys reconoció al caballero de cabellos verdosos, luego a las otras dos figuras detrás de el. –Y…

Gordin y Norne estaban cerca de Abel, arcos listos para disparar.

–Vaya a resguardecerse, padre Wrys. –Abel sugirió mientras sacaba una lanza para reemplazar la jabalina que arrojó. Wrys asintió y se adentró a la capilla, cerrando la puerta tras el. Abel no le quito los ojos al pirata. –Los otros caballeros van hacia el castillo. Acaban de asegurar su derrota.

–¿Caballeros? ¿Desde cuando Talys tiene caballeros? –Comentó el pirata entre dientes. Se quitó la jabalina de un movimiento en un grito de dolor. Varios piratas aparecieron, atraídos por el grito. –Ustedes se creen a salvo debajo de esa armadura. Dejáme mostrarte como lucha un hombre de verdad.

–¿Querrás decir un ladrón y asesino? –Le respondió Abel con un tono de disgusto, sin sentir miedo por que los piratas los superaban en numero.

–Solo disfruto de la vida. Lastima que ustedes no puedan sentir lo que es eso.

–Espero nunca saberlo. –Abel dijo, escaneando a los piratas que se acercaban, seis en total. Algunos estaban cubiertos de oro y sedas, las que recién robaron. Gordin tembló pero no vió sangre en las hachas… tal vez no tuvieron que matar a nadie por esas cosas. Tal vez.

Sin decir nada, los piratas atacaron a los caballeros. Era imposible decir quien dio el primer golpe, pero Abel, Gordin y Norne se prepararon para atacar.


–Mo…mons….–Uno de los mercenarios de Talys expiró, su vida escapando junto a su sangre en los jardines del palacio. Cord de inmediato mató al pirata responsable, perforando su pecho y pateándolo al suelo.

Gazzak arrogantemente se arrojó a la batalla, como si creyera que nadie podría dañarlo. La sangre bañaba su arma mientras derrotaba a varios mercenarios camino a la puerta.

–Tendremos que retroceder…–Ogma notó el avance de Gazzak. –¡Mercenarios, retrocedan! Reagrupense en la… ah…–Sus palabras se cortaron cuando el pirata golpeó su mandíbula, tirándolo al suelo.

–¡Capitán! –Barst gritó cuando Gazzak elevó su hacha por sobre el cuello de Ogma.

Ogma giró en el suelo y se alejó del golpe que lo hubiera matado. Poniendose de pie, Ogma tomó su espada y Gazzak se dirigió a terminar su trabajo.

–Basura del mar…–Ogma bloqueo el primer golpe de Gazzak y lo forzó a retroceder. –No ganarás.

–Claro que lo haré. –Le respondió avanzando de nuevo con su hacha que logró arrebatar el arma del mercenario de sus manos. –Ningún bandido de pacotilla con moral me derrotará.

–¡Capitán! –Los tres mercenarios gritaron simultáneamente cuando Gazzak elevó su hacha.

–¡Alto! –Una voz gritó, pausando a ambos bandos por un momento. Ogma aprovechó para escapar de Gazzak y recoger su espada.

–¿Quién tuvo las agallas de decirme que pare? –Gazzak giró a donde había escuchado la voz. Por un momento, nadie se movió, luego escuchó un sonido distinto. –¿Más mercenarios? ¡Traigan cien más, aún así no lograrán…!–De pronto, un caballero de roja armadura apareció montado en su caballo.

–¡Cain! –Ogma lo reconoció. Cain no tenía un momento para Ogma. Se movió entre la multitud de piratas maniobrando hábilmente su espada. Para cuando pasó entre ellos, al menos media docena había perecido en sus manos.

–¿Caballeros? –Gazzak preguntó. –¿Qué hacen ellos en Talys….?–Se detuvo y miró a Ogma de nuevo, quien trataba de aprovechar su distracción. Con un bufido, Gazzak bloqueó su ataque.

Tras Cain, nuevas figuras aparecieron. Draug cargó contra ellos en su pesada armadura, muchos piratas trataron de atacarlo, pero sus hachas rebotaban en cuanto tocaban su armadura. Se vieron a sí mismos expirando bajo la lanza de Draug.

Jagen galopo a la batalla con el porte de alguien que había hecho eso varias docenas de veces antes. En solo segundos su lanza había atravesado a las masas de piratas.

Marth y Caeda aparecieron a lado del otro. Siendo los más jóvenes, varios asumieron que ambos estaban desarmados y que llevaban riquezas. Para su sorpresa, Marth sacó su estoque y comenzó a cortar sus brazos, Caeda se elevó en los cielos montada en su pegaso y caía en picada, su lanza los atravesaba sin ninguna dificultad. Muchos murieron antes de darse cuenta de que debían mantenerse alejados de los chicos finamente vestidos.

Los mercenarios regresaron a la batalla. Los piratas, atacados por el frente por los mercenarios y por detrás por los caballeros, se desorganizaron. La presencia de los altenses fueron justo lo que Ogma necesitaba para darle un giro a la batalla. Era más que obvio que los piratas perderían.

–Caballeros o no, ¡están muertos! –Gazzak los amenazó, continuando su lucha con Ogma. El mercenario no dijo nada, solo sonrió, sintiendo que en el fondo el pirata comenzaba a sentir pánico. –¡no me veas con esa expresión! –Gazzak lo amenazó, atacándolo ferozmente.

–Esta pelea acabó. –Dijo Ogma, golpeando al pirata en el abdomen, tirándolo. –Dejaremos que el rey decida tu destino.

Gazzak lo miró con una expresión desafiante. Ogma le apuntó el filo de su espada directamente a su pecho, a centímetros de su piel.

Un grito final llamó la atención de Gazzak. El último de sus hombres había caído. Había sido derrotado pero…

–De ninguna manera seré juzgado por su rey, no me arrodillo ante nadie. –Gazzak alejó la espada de Ogma con su brazo y atacó al mercenario sin armas. Ogma simplemente reacomodó su espada y la usó para perforar su pecho.

–Podrías haber vivido si no hubieras hecho eso. –Respondió mientras le sacaba la espada de su cuerpo. El pirata aspiró por aire y luego cayó a sus pies.


–Tu… tu…–Un pirata trató de insultar a Abel. Era el cuarto en expirar, ya solo quedaban dos. Abel y los arqueros permanecían sin heridas, pero comenzaban a cansarse. Abel respiraba con dificultar pero guió a su caballo en busca de los dos que hacían falta.

"Vamos, vamos…" Norne se dijo a sí misma. Había tenido muy buenas oportunidades de hacer disparos a los piratas, pero hasta el momento ninguna flecha había salido de su arma.

"Soy parte de la armada de Marth, ¿Por qué no puedo disparar una flecha?" Se perdió momentáneamente en sus pensamientos, sin poner atención a la batalla.

–¡Norne cuidado! –Gritó Abel. Norne regresó de su mente justo a tiempo para ver a un pirata frente a ella.

El pirata gruñó. –Ninguna estúpida me alejará de mi oro. –Alzó su hacha con una rápidez mortal.

–¡Norne! –Gordin disparó al pirata que la iba a matar. Se clavó en su hombro y retrocedió con dolor. Abel atacó al pirata, poniéndose entre el y la arquera. En un acto reflejo, el pirata atacó con su hacha al mismo tiempo que Abel.

El hombre murió cuando la lanza de Abel le perforó el pecho, pero su hacha logró cortarle el hombro. El caballero gritó de dolor, pero mantuvo firme su agarre.

–Gord…Gordin…–Tartamudeó ella cuando el pirata colapso, luego miró a su compañero. –Gracias, Gor…–Sus ojos se abrieron en shock cuando vio al último pirata ir contra Gordin. –¡Gordin!

Gordin miró por encima de su hombro, luego de inmediato se alejó para esquivar el hachazo. El pirata avanzó.

–¡Alejate de…ahh! –Abel sujetó su herida. –¡Gordin, ven!

El arquero trató de retroceder, pero tenía al pirata sobre el, quien lo empujo al suelo. Otro movimiento del hacha y el muchacho elevó su arco en un intento de hacerlo escudo. El arma atravesó el arco y la cuerda pero no le dio al muchacho, se clavó al suelo.

–¡Basta, basta! –Norne gritó, poniendo un flecha en su arma. Apuntó pero su brazo temblaba. ¿Estaba asustada por Gordin?

El pirata elevó su hacha y Norne se dio cuenta de que ese era el golpe fatal.

–¡Aléjate de él! –Gritó de pronto y liberó su flecha. El pirata miró justo a tiempo para ver la flecha clavarse en su cuello. Hizo un sonido débil y cayó al suelo. Norne de inmediato alejó a Gordin del pirata.

Un sonido grutal salio de la garganta del caído, quien convulsionaba. Norne mantenía a Gordin sujeto de sus hombros, como si temiera que se levantara de nuevo.

Miró el cadáver y se sintió asqueada. A pesar de haberlo hecho en defensa de alguien, se encontraba temblando.

–¿Estan… bien? –Preguntó Abel aún sujetando su herida.

–Si… si estamos bien. –Respondió Gordin, poniéndose de pie. Pareció palido un momento, había estado a punto de morir si Norne no interfería. –Abel necesitamos hacer algo con tu hombro. Ah… no tengo entrenamiento en cosas médicas, ¿Qué debo hacer?

–tal vez yo pueda ayudar. –Una voz salió por detrás. Abel giró para ver al padre Wrys salir de la iglesia.

–Padre Wrys no se preocupe por…

–El arquero dijo que no sabía curar, ¿cierto? Yo no soy más que un humilde curandero, pero curar es mi trabajo, ¿no? –Tenía una sonrisa en su rostro.

Abel pensó un momento y asintió. –Esta bien padre Wrys. Por favor trate mi herida. –Con dificultad desmontó y se sentó en el suelo, aún agarrando su hombro. Wrys sacó su báculo y se arrodilló a su lado.

El hombro literalmente había sido abierto, y la sangre que manaba de la herida…. No amenazaba su herida, pero le daría a Abel muchos días de descanso forzado. Wrys, sin embargo, podría convertirlo en segundos. Con su bastón sanador en sus manos, el curandero comenzó a cantar…

Su báculo de sanación brillo de un dorado hermoso mientras un aura azulada cubría el hombro herido. Después de un momento, la sangre parecía regresar a la herida y la piel comenzó a cerrarse. Después de un rato, ya estaba totalmente curado.

–Listo. –Dijo Wrys. –Trate de mover su brazo.

Obediente, Abel movió su brazo, sin dolor, como si nunca hubiera sido herido. El daño en su armadura era la única señal de que algo había pasado.

–Gracias padre Wrys. –Le dijo al levantarse.

–No necesitan agradecerlo. Es mi deber.

–Aún así. Gracias. –Respondió Abel. Wrys asintió, aceptando su gratitud.


El ataque pirata terminó y los cadáveres fueron recolectados. Los mercenarios caídos tuvieron su merecido funeral. Ogma no era bueno dando discursos, pero su rostro hablaba por sus camaradas, antes de enterrarlos cerca del castillo.

Los cadáveres de los piratas, por otro lado, fueron tirados a una pira. No tenían interés en proporcionarles un último lecho.

–Príncipe Marth, le debo las gracias. –El rey dijo, iniciando la conversación en la sala de trono de Talys. –Si tu y tus caballeros no hubieran venido…–Miró a los demás caballeros de Altea en la habitación, Malledus, Jagen y Draug. –Muchos hubieran muerto antes de haber podido repeler a los piratas.

–Es un placer, rey Mostyn. –Respondió Marth. –Es lo justo para pagarle su generosidad que ha tenido para con nosotros desde hace dos años.

Mostyn asintió. –Estoy apenado por que lo único que pude hacer fue mandar pedir refuerzos y pasar el resto de la crisis protegido por mis mercenarios. Talys fue atacada después de todo, no debimos pedir a nuestros refugiados que lucharan una batalla que es nuestra. –Cerro sus ojos. –Me temo que Talys ha sido muy conformista en ciertos aspectos. Que debamos ser salvados de mera escoria de mar… que vergüenza.

–No se preocupe, nadie debería ser forzado a ver que sus pertenencias sean robadas así como así. Yo… tengo cierta experiencia en el área.

–Marth…–Caeda murmuró pero se detuvo. Sabía que estaba a punto de hablar de lo que sucedió con Altea y su familia.

–Aún asi, no nos lamentemos por la inhabilidad de Talys de repeler piratas. Solo deshonraremos las memorias de los hombres que dieron sus vidas en esta lucha. –Su voz y rostro fueron solenmes, incluso si el no recogio los cadavers de los mercenarios, parecía como si llevara un nuevo peso en sus hombros. –Príncipe Marth, ahora que ha probado la experiencia de una batalla real, y considerando su actuación contra los piratas, creo que es tiempo de que se vayan.

Los ojos de Marth se abrieron en shock. –Ahora…

–Ahora es el mejor tiempo para que vayas, ahora que has visto lo que es el verdadero combate. Aunque las armadas de tus oponentes sean más fuertes que los bandidos de los mares…

–Entiendo rey Mostyn. –Marth asintió. –En mi último día en Altea juré que aquel que encuentre seguridad bajo la sombra de Dolhr, lo encontraré y …

–No tan rápido príncipe Marth. –Lo detuvo el rey. –Muchos serán los que peleen en tu contra hasta el final, ya sea por lealtad a sus amos o a sus naciones. Pero al mismo tiempo, muchos habrán sido obligados a luchar en contra de su voluntad. Si quieres tener esperanza en tu cruzada, debes encontrar a esas almas que no se atreven a pensar por sí mismos o que no pueden encontrar una manera de librarse de las cadenas que los atan. Me temo que la voluntad de Altea por sí sola no opacará a Dolhr.

Marth asimilo la información y después de un momento asintió. –No mataré a nadie que pueda ser un aliado potencial. Los que quieran que los escuche, lo haré.

–No lamentarás oir sus palabras, incluso si son enemigos. –Asintió Mostyn, pero tuvo la necesidad de agregar algo más. –Sin embargo, no confies y no bajes la guardia. Muchos tomarán ventaja de un líder que esté dispuesto a oir a sus enemigos.

El príncipe asintió. –No tengo intención de bajar mi guardia cerca de alguien que no se haya ganado mi confianza.

–Bien. Entonces mañana será el día en que te embarques. – Mostyn se recargó en su trono. –Oh, príncipe Marth… Si… me permites hacer una sugerencia de donde pueden atacar primero, sería con… los piratas de Galder. Tal vez no les importe sus camaradas caídos, pero tal vez puedan venir a investigar. Tal ves podrías…

–Quiere que vaya a Galder y elimine cualquier posible amenaza…

–Si. –Respondió el rey, contento de que Marth haya entendido. –No me gusta pediros ese favor, pero…

–No diga más. –Marth cortó la frase del rey. –Incluso si me paso el resto de mi vida ayudando a Talys, dudo que algún día termine de pagarle todo lo que ha hecho por mí. No se preocupe, los piratas de Galder serán derrotados antes de que sospechen por la desaparición de sus camaradas.

–Gracias. –Mostyn hablo. –Levantaos temprano mañana, tendré un barco listo para ustedes. Algunos de mis hombres los asisitirán en su viaje.

–Algunos de…–Marth parecía incomforme por poner hombres de Talys en peligro, pero no perdió la compostura. –Gracias por la oferta rey Mostyn, pero ¿no debería gastar recursos en su propia nación?

–No temas, príncipe Marth. Para recobrarnos de un ataque pirata no necesitamos brazos y armas, solo la voluntad de seguir adelante y reparar los daños. Puedo presindir de Ogma y sus mejores hombres, para que los asistan.

–Bien, gracias. –Dijo Marth haciendo una pequeña reverencia. –Espero su fe en mí se justifique.


–¿Ya termino, padre Wrys? –Preguntó Cain. El caballero veía el frente del castillo. Todavía había manchas de sangre y pedazos de espadas y hachas por el suelo, aunque los cuerpos ya habían sido retirados.

–Si, sir Cain. –Wrys se sentó con un suspiro. Curar a los mercenarios que habían sido lesionados lo había cansado, así que se tomó su tiempo para relajarse. Inclinó su cabeza y oró al cielo, haciendo una plegaria por las almas de mercenarios y piratas por igual. –No esperaba un ataque así.

–Nadie. –Cain miró a su alrededor, muchos mercenarios se hayaban en pequeños grupos, conversando entre sí. Algunos se veían felices, sonriendo, haciendo bromas, compartiendo historias de la batalla. Otros parecían más sombríos, posiblemente habían perdido amigos en la batalla. Cain de nuevo miró a Wrys. –Podríamos necesitar a alguien que use un báculo, considerando lo que tratamos de hacer.

–Oh, me siento honrado, sir Cain. –Wrys sonrió. –Veo que nadie en su ejercito es hábil en el arte de la curación.

–Algunos de nosotros sabe de vendajes y medicina, pero nada sustituye a un curandero o a un clérigo.

–Así que desea que vaya con ustedes…–Murmuró Wrys. –No es algo simple lo que me pide. Debo decir que amo la vida simple de Talys… pero, seguramente hay más en el continente. Debo pensarlo unos momentos…


–Norne ¿estas bien? –Preguntó Gordin con preocupación en su voz. Norne se veía como si estuviera enferma desde que acabo la lucha. Parecía bien al salir pero ahora…

Estaban sentados en una banca dentro del castillo, juntos. Estaba casi inmóvil. Gordin trató de poner su mano en el hombro de la chica pero ella se recargó sobre él.

–Ah… ¡N-Norne! –El arquero se encontró sin saber como reaccionar a la súbita cercanía de la chica. Ella tomó su brazo y lo acercó a su cuerpo.

–Gordin…–Dijo en una voz temblorosa.

–Norne, ¿Qué ocurre? –El la miró a los ojos. –Desde la batalla, bueno…

–Disculpen. –Una voz interrumpio. Gordin volteó para ver llegar a Abel. –Oh, ¿estan teniendo una plática?

–Uh…–Gordin miro a Abel y luego a Norne, luego a Abel de nuevo. –No… estoy seguro de que estemos haciendo en este momento…

Abel arqueó una ceja y luego caminó a la banca. Examinó la expresión de Norne por un momento y luego suspiró. –¿Cuánto tiempo ha estado así?

–Desde que la batalla terminó. Desde que…. Me salvó de ese pirata, ahí fue cuando empezó.

–Ya veo. –Abel miró a Norne. –Creo saber cual es su problema. –Se sentó a su lado y volteó a verla. –Solo habías cazado animales en Altea. Nunca habías matado a otro ser humano. No estabas preparada para esto, ¿cierto?

–Yo…–Despues de un rato, Norne comenzó a hablar. –Lo siento, es solo que… matar a alguien, fue…

–Te dio miedo. –Abel terminó por ella. Sus ojos se cerraron. –Supongo que estas reaccionando bien. La primera vez que maté a alguien, me sentí enfermo por días, pero esa sensación cada vez fue disminuyendo con el tiempo. –Suspiró. –Aún así Norne, si vas a ser una de nosotros, debes poder hacer tu trabajo sin dudarlo.

–Sin…¿importarme?

–No dije eso. –Respondio. –Si no sentimos nada cuando matamos, perderemos lo que somos. Pero las personas con las que lucharemos, tenemos que enfrentarlas con la meta de matarlos. Si no puedes con eso, tendremos que dejarte aquí, en Talys.

–Yo… yo…–Norne parecía decepcionada de sí misma, pero aun con ese problema, no quería dejarlos. –Entiendo. Encontrare una manera de sobrellevarlo.

–Eso espero. –Dijo Abel. –Todos tenemos que ayudarnos.

–Gordin…–Norne miró al arquero. –Lo siento.

Gordin se confundió. –¿Por qué te disculpas conmigo?

–Vi a ese pirata caminar hacía ti y yo… dude. Casi mueres porque yo estaba demasiado asustada por tener la sangre de alguien en mis manos. Yo… lo siento. Lo siento.

–Ah… ¡Norne! –Gordin se tensó al sentir como ella apretaba su brazo. Frustrado y sin saber como reaccionar, solo dejó que ella continuara con su abrazo.

Abel, creyendo que era todo lo que podía ofrecer a esa conversación, se alejó. Norne, sabía, necesitaba tiempo para entender y aceptar lo que era ser un soldado, pero tenía que hacerlo rápido.


Caeda estaba en su cuarto, probando el filo de sus lanzas. Alzó una y lanzó una estocada al aire. Su tiempo entrenando con Marth la había ayudado a mejorar su lucha a pie, pero no era su campo.

Pero, si estaba montada en su pegaso, era letal. Caeda montada sería la que ayudara a Marth en su viaje.

–¿Caeda? –La voz de su padre escuchó. –¿Qué haces?

–Me estoy asegurando de que mis lanzas estén listas, padre. –Dijo ella, terminando con la que tenía en la mano y alcanzando otra.

–¿Con que propósito?

–Ayudar a Marth, por supuesto.

–¿Ayudar…?–Mostyn se detuvo un segundo y luego su cara se ensombreció cuando captó lo que ella dijo. –Oh no, Caeda. Un campo de batalla no es lugar para ti.

Caeda miró a su padre ofendida y con una expresión desafiante. El no parecía estar impresionado.

–Mirame cuanto quieras Caeda. Te prohíbo tomar acción en eso. La guerra no es algo como lo que hayas experimentado antes.

–Experimente algo de lucha hoy, padre.

–No viene al caso, Caeda. Una tripulación pirata es completamente diferente a la armada de una nación enemiga. Viste que tan rápido la batalla cambió cuando los caballeros de Altea llegaron. Los piratas solo lograron su cometido cuando tenían el elemento sorpresa con ellos. Lo que Marth pretende hacer no será tan fácil y sencillo como lo fue aquí.

–Entonces necesita toda la ayuda que pueda conseguir. –Caeda contraataco. –Lo dijiste tu mismo, ¿no es cierto? Necesita de otros porque sus caballeros no podrán solos. Si necesita todos los guerreros posibles, entonces debería ir con ellos.

–Muy apenas eres una…

–Sabes quien que soy mas que una buena combatiente, padre. Sabes bien que puedo derrotar a cualquier mercenario de Talys. Soy tan buena como Ogma. Soy más que fuerte para hacer esto y lo sabes. Puedo ayudar a Marth, y al mundo, pero no puedo hacerlo si te enfrascas en mantener tu postura tan sobreprotectora.

Dejo fuera el hecho de que era la única que podría ayudar a Marth en el ámbito emocional, más que en el campo de batalla.

El pensó las palabras de su hija un momento. Ella no aceptaría la protección de Talys, no, era insistente y arriesgaría su vida por Marth. Su rostro revelaba cuan decidida estaba y la de él cuan disconforme se encontraba, pero por los eventos del día, sabía que tenía razón. –Veo que discutir esto no nos llevará a ningún lado. –Asintió y puso una expresión de dolor. –Esto va en contra de mi mejor juicio, pero si Marth te lleva, puedes ir con el, pero Caeda…–Se puso frente a su hija. –Nunca, nunca te pongas en peligro sin razón. No… no soportaría perderte…

–Se cuidarme sola, padre. No serás el único que sufra si muero. –Sus pensamientos regresaron a Marth. Cuan devastado estaría su padre, sospechaba ella que el tomaría su muerte mejor que él. Marth se quebraría si ella muriera, solo porque había sido su pilar de soporte en todo ese tiempo.

Mostyn asintió. –Si, no sería el único que jamás se recuperaría. No nos des motivos para que pasemos el resto de nuestros días en la miseria.

–Claro padre. –Giró a ver sus lanzas, examinando otra.

Mostyn negó, sin poder quitarse ese sentimiento. "Por favor, dame una señal de que dejarla ir es la mejor desición."


El sol mañanero se erigio en el cielo, y el barco más fino de Talys ya estaba listo para zarpar con Marth. Todos estaban abordando la nave.

La isla entera había venido a ver partir a los caballeros. Otros fueron a despedir a la princesa Caeda, quien viajaría con el príncipe.

El príncipe Marth, sus caballeros, su estratega Malledus y la voluntaria Norne, abordaron el barco. Caeda los siguió con Ogma y sus mejores hombres Barst, Bord y Cord. El último en partir fue Wrys, quien fue llamado para asistirlos en el continente.

–¿Listos? –Caeda preguntó.

–He estado esperando este día… demasiado tiempo Caeda. –Respondió Marth. –Claro que estoy listo. No hay dudas en mí.

Caeda sonrio, luego miró de nuevo a los que se despedían. Sus ojos se posaron en los de su padre, el más cercano a la nave. Mostyn levantó una mano en señal de despedida al ver a Caeda.

–¿Hay algo que lo moleste mi rey? –Preguntó un sirviente.

–No, nada. –Respondió este. "Simplemente no puedo quitarme la sensación de que no la veré nunca más."

Las velas se alzaron y el barco comenzó a alejarse. Mostyn sintió su estómago gruñir, sintió esa sensación de que cometía un grave error al dejar que Caeda embarcara también. Cerró los ojos y oro por ella, por su seguridad, mientras el barco continuaba alejándose hasta perderse en el horizonte.


Norne se recargó en el mástil, mirando en la dirección a la que se dirigían.

Gordin estaba a su lado. Aún lo preocupaba su confesión acerca de lo que ella sentía al matar. Parecía estar en paz a hora, pero seguía deprimida.

Sus dudas casi mataron a Gordin, lo seguía recordando. Creía firmemente que tenía que pagárselo, de alguna ó al chico y luego a ladistancia.

–¿Ustedes dos están bien? –Una voz les llegó por atrás. Gordin y Norne se voltearon para ver a Draug acercarse. –estoy acostumbrado a que alguien hable sin parar, como si hubiera nacido solo con ese propósito en la vida.

Norne logró sonreír. –Tal vez solo estoy un poco estresada con todo esto.

–Abel me dijo loque te molestaba. –Dijo Draug. –Casi todos los soldados pasan por una fase así.

La sonrisa de Norne se esfumo y miró a la distancia. –Lo superaré. Soy una soldado de Altea ahora. Claro que lo superare.

–Eso espero, si no tendremos que sacarte del ejercito. –Respondió pragmaticametne. Norne tembló, Draug la miró simpateticamente pero no dijo nada para minimizar su comentario. Después de un momento, Draug se dirigió a ver desaparecer Talys a la distancia.

–Gordin…–Comenzó ella, llamando la atención del arquero. Tomó su mano firmemente. –La próxima vez que inicie una lucha, quiero que te quedes cerca de mí.

–¿Uh? –Gordin parecía confuso. –¿Qué…. Pretendes?

–No… puedes entender que tan asustada me sentía al ver que ese pirata casí te mata. Abel no habría llegado a tiempo, casi mueres y yo…–Soltó su mano. –Los quiero a todos y… casi pierdo a uno de ustedes ayer. Si estas cerca de mí, me aseguraré de que estas a salvo.

Los ojos del chico se desviaron, no quería verla a los ojos en ese momento. –Yo… Norne, yo era el que estaba preocupado por ti. Pensé que morirías ayer.

Sus ojos se abrieron y soltaron la mano del chico. –¿A qué te refieres? Ni siquiera estaba en peligro…

–Antes de que ese pirata me atacara, el otro se acercó demasiado a ti, ¿recuerdas? No lo maté, pero logre que se alejara de ti. Estaba… asustado, creía que te mataría y que no te podría ayudar.

Norne asintió. –Lo olvide. –Su voz se oía avergonzada. –Creo…. Que estamos a mano.

–Norne…–Comenzó a decir pero no encontraba las palabras que quería. Abel o Wrys eran mejores para eso. –Entiendo porque te sientes culpable, incluso si ese hombre no hubiera sentido nada al matarnos, pero… tu… lo hiciste para protegerme, ¿cierto?

Asintió. –En el momento en el que te vi en peligro, no pude contenerme.

–Bueno… tal vez sea eso. Tu … no quieres que muramos. Tal vez puedas matar, ¿para protegernos?

–¿Matar para protegerlos? –Repitió ella. Cerró sus ojos e imaginó que pasaría si ella estaba tan asustada y eso pondría en peligro a Gordin o a cualquier otro.

–Piensalo, Norne…

Ella pensó en sus palabras unos momentos, luego tomó la mano del arquero. –Gracias Gordin.

–¿Uh? –Gordin miró sus manos tan firmemente agarradas y se alegró de que nadie los estuviera viendo. –¿Qué hice?

–Tratas de alegrarme. Es mejor que cuando te dicen "acostúmbrate o vete". Significa mucho para mí.

–Ya… veo. –Dijo Gordin y Norne lo soltó. –Me alegra ayudar.

–Si…–Norne se deprimió un poco. –No quisiera que me dejaran atrás, pero…

–¿Norne? –Gordin volvió a tomarle la mano. Ella lo miró.

–¿Quieres decirme algo?

–No… bueno, si. –Suspiró. –Norne, bueno…–Se miró los pies nervioso. –¿podrías… sonreir de nuevo?

–¿Qué? –Ella no sabía como responder a eso. –¿Sonreír de nuevo?

–Desde la batalla, has estado deprimida. Extraño a la Norne feliz. No quiero que pretendas ser feliz, pero…

–Oh…–Norne se sonrojó por el extraño pedido, pero sus labios formaron una sonrisa genuina.


Galder nunca fue un puerto de mucha importancia. Era una villa tranquila y aburrida. Al menos hasta que los piratas liderados por el capitán Gomer decidieron convertirlo en su escondite. Desde entonces, la vida en Galder no era más que tumulto y miedos. Gomer demandaba todo y era cruel con cualquiera que pensara que les ocultaba cosas.

Todos los sus hombres seguían su ejemplo… menos dos.

Darros era una anomalía entre los piratas. Tenía conciencia. Se había unido a la tripulación porque la vida le prometía libertad y sí, los piratas no se arrodillaban ante ningún gobierno pero no estaba preparado para el pillaje, el asesinato. Solo había estado con Gomer dos años, pero quería irse.

Castor, un arquero que residía en Talys, tampoco adoraba la piratería… pero para el no había opción. Su única familia, su madre, estaba enferma, y la medicina que requería era muy cara. Gomer le pagaba a su tripulación con los ricos botines de la piratería, así que Castor hizo lo que debía. Pero incluso por la salud de su madre… no soportaba lo que Gomer hacía.

–Capitán Gomer. –Darros dijo. –Galder pronto agotará sus reservas. –Sabía que el capitán no le importaría el pueblo, estaba usando a un niño de seis años como un esclavo. Darros y Castor no podían evitar mirar a otro lado cada vez que el pequeño era forzado a servirle bebidas.

–Si aun no se acaban, pues seguiremos gastándolas. –Gomer dijo. –Nos hacemos cada vez más ricos.

Era difícil contradecirlo sin que se lo tomara a mal. Gomer era muy temperamental, y muy fácil de hacer enojar.

–Pronto se van a agotar. –Insistió Darros.

–Debemos… buscar un nuevo lugar que vandalizar. –Castor dijo. El niño se le quedó viendo confundido. No tenía ese acento de los piratas. –Como… otra tripulación. Ya habrán hecho todo el saqueo, solamente se los robaremos. Será más rápido.

Evitó decir el "y dejaremos de vandalizar a esta pobre gente." Con el que pretendía acabar la frase.

–¿Así que piensas que no hago un buen trabajo como capitán? Gomer se movió hacia ellos. –Me quedaré en Galder. Y ustedes también. Apoyenme y serán recompensados con mi gran generosidad. –Enfoco su atención en Castor. –Además ya saben lo que hago con los desertores.

Castor temblo un momento. –No soy un desertor, necesito el dinero.

–Claro, todos lo necesitan. –Gomer dijo, riéndose cruelmente. –Forzaremos a todos a que nos den más oro y esperemos que Gazzak venga pronto. –Se sentó y tomó la botella de ron. –Ya saben, si encuentran a alguien que no pague, peguenle un hachazo o clavenle una flecha.

Darros y Castor temblaron, pero Gomer no les prestó atención. El pirata se llenó la boca de alcohol. Los dos inconformes se retiraron de la habitación. Castor se veía asqueado, no sabía cuando tiempo su madre aguantaría sin su medicina, pero ¿Qué podía hacer? Darros, por otro lado, no le tenía miedo a Gomer. El quería salir de ahí y saldría en ese instante.

¡Ya iniciamos con los capítulos del juego! Perdonen el error de dedo ocasional xD No tengo mucho tiempo *estúpidas practicas* así que los dejo y ¡nos seguimos leyendo!

Muchas gracias a los fans de esta historia, espero que les haya gustado el capitulo. *momento gordinxnorne*

Un saludo