Bienvenidos a un nuevo capitulo de mi fanfic.
Disfruten la lectura.
A la mañana siguiente, ellos estaban listos para partir al imperio. Shining estaba leyendo una revista mientras Twilight chequeaba la lista con los elementos que llevaba en su alforja, por decima vez.
—Plumas de emergencia —enunció Twilight.
—Listo —dijo Spike marcando la casilla en la lista.
—Plumas de emergencia para las plumas de emergencia.
—Listo.
—Libreta de anotaciones.
—Listo.
—Libreta de anotaciones de emergencia.
—Listo.
—Spike, no olvides cuidar el castillo en mi ausencia, y nada de fiestas.
—Listo, es decir, entendido Twilight, ¿y qué tal una reunión de amigos?
—Eso es aceptable —dijo Twilight guardando cosas en la alforja.
—Y dile a Pinkie que si hace fiestas aquí, que limpie todo el lugar.
—Espera, ¿Por qué ella puede hacer fiestas aquí y yo no? —inquirió cruzando sus brazos.
—Porque ella es responsable, la última vez que tú hiciste una en la biblioteca tuve que hacer una remodelación para reparar todos los daños —respondió Twilight.
Shining, quien estaba inmerso en su revista de armaduras de batallas modernas, dio una pequeña carcajada ante el sermón de la princesa.
—Y tú no te rías, todavía recuerdo lo que pasó en tu primera fiesta cuando papá estuvo fuera todo el fin de semana, ¿quieres que le cuente a mis amigas sobre ello?
—No, no, no, no. No es necesario, seguiré con mi revista —comentó cambiando de pagina rápidamente.
—Seguiré con la lista, fuego de mensajería instantáneo.
—Aquí —dijo Spike entregándole la pequeña botella con fuego verde en su interior.
—¿Qué es eso? —preguntó Shining acercándose a observar el objeto.
—Es una botella mágica con el fuego de Spike en su interior —explicó Twilight.
—Con ella puedo enviarles cartas a ustedes donde quiera que vayan, ¿genial no?
—Es increíble —expresó Shining.
Twilight guardó la botella y los tres encaminaron sus pasos a la salida.
—Si llegas a tener problemas, mándame una carta y te responderé al instante. Si necesitas algo, lo que sea, puedes pedírselo a las otras ponis. ¿Ya sabes dónde está la despensa?
—Sí.
—Recuerda regar las plantas.
—Entendido.
—No comas mucho helado o palomitas, o helado y palomitas, sino te vas a enfermar.
—Claro —dijo molesto por la insistencia.
—¿Recuerdas como usar tu fuego mágico para enviar mensajes?
—Ahora creo que estás exagerando.
—¿Lo estoy?
—Sí, y mucho —agregó Shining.
—Era una pregunta retorica, ¿y si sucede lo mismo que en los juegos de la amistad y no puedes enviar mensajes en un momento de emergencia?
—Gracias por abrir una vieja herida, Twilight —dijo golpeando el suelo con su pata.
—Spike, no te pongas así.
—Pero tiene razón hermanita, no es la primera vez que dejas a Spike por su cuenta.
—Es la primera en un castillo como este.
—¿Y cuál es la diferencia con la vieja biblioteca? A parte de que el pequeñín tiene su propio cuarto ahora.
Twilight quiso seguir contestando, argumentando y demás. Pero ya estaban cerca de la puerta y no quería perder el tren.
—Creo que tienes razón, cuida bien el castillo Spike y cuando regrese hablaremos sobre dejarte organizar una fiesta.
—¿En serio? Siendo así, no dejaré que nada le pase a este castillo, lo encontrarás mejor cuando regreses, lo prometo.
Ambos se dieron un abrazo, luego Shining le hizo un coscorrón amigable y salieron del castillo camino hacia la estación. Twilight había hablado con sus amigas sobre el viaje, y entendieron que era algo que ella debía hacer sola, o en este caso acompañada de su hermano. A parte de su padre, el único poni que no sabía sobre su investigación era la princesa Celestia, pero prefería enviarle detalles cuando estuviera en camino seguro con su investigación y no siguiendo suposiciones.
XXX
Al llegar a la estación, esperaron sentados en una banca y a los cinco minutos el tren emblema del imperio llegó a la estación. De esta descendieron ponis del imperio que hacían turismo en Ponyville y algún que otro poni normal que regresaba de su viaje, encantado por las maravilla que el recién llegado imperio tenía para ofrecer. Twilight y Shining subieron al tren y escogieron unos asientos cerca de la puerta de salida. Pronto el transporte se llenó de ponis, pocos asientos quedaban libres, cuando el guardia anunció la pronta partida de este, no habían más que quisieran ingresar, o eso se pensaba hasta que se vio no muy lejos a uno que corría desesperado por llegar. Justo antes de cerrar la puerta, este ingresó al vagón de un salto.
—Justo a tiempo —dijo para sí mismo mientras acomodaba su sombrero de fieltro negro.
Observó disimuladamente a su alrededor, algunos ponis allí lo miraban extrañados, no les dio importancia y buscó a su objetivo, pero no estaba en ese lugar. Se acomodó en el primer lugar y esperó a que el tren arrancara para buscar sin contratiempos a Twilight.
Las puertas se cerraron y el tren comenzó su marcha. El paisaje exterior comenzó a viajar con ellos, los arboles al costado de la vía pasaban por la mirada de los ponis como una mancha de color, capaces de desaparecer al mínimo pestañeo. Predominaban los paisajes de llanuras y arboledas, con montañas en el horizonte que se asomaban poco a poco.
Los hermanos compartían un silencio de compañía, no incomodo, pero si disfrutable, en especial para ponis como ellos que gozaban con el silencio, ella leyendo y él patrullando. Twilight se encontraba inmersa en un libro que había llevado consigo mientras Shining miraba por la ventana. Todo marchaba bien, pero tener una princesa como Twilight viajando en un tren de pasajeros no era normal, el vagón en el que estaban se llenó de susurros sobre la presencia de la princesa de la amistad, las miradas de muchos cayeron sobre ella, de pronto, un gentil toque en uno de sus cascos llamó la atención de la alicornio morada, dejó el libro a su lado para apreciar mejor a la pequeña poni que estaba parada a su lado, con una gran sonrisa en su rostro mientras sostenía una pluma y un trozo de servilleta en su boca.
—¿Te puedo ayudar pequeña? —preguntó Twilight.
Los ojos de aquella potranca se iluminaron ante la pregunta. Sin poder responder, sólo atinó a cortar distancia entre ellas y acercar el papel y la pluma.
—¿Quieres mi autógrafo? Estoy muy halagada —dijo agarrando la servilleta y la pluma con su magia, luego inspeccionó la servilleta y decidió dejarla de lado—. Tengo algo mucho mejor.
De su alforja sacó una hoja de papel en blanco, en ella hizo su rúbrica con un pequeño mensaje de aliento y se lo entregó.
—Aquí tienes, disfrútalo.
—¡Mami, mami, mira lo que me dio la princesa Twilight! —exclamó la pequeña corriendo de nuevo a su asiento llena de felicidad en su cuerpo, que se reflejaba en el movimiento de su cola cual perro.
Twilight suspiró feliz, pero un segundo después su sonrisa desapareció ante la incertidumbre.
—¿Qué ocurre? —inquirió Shining.
—Estuve pensando en mi secreto, en la sonrisa de esa niña, ¿Qué pasaría si el mundo descubre lo que realmente soy? ¿Crees que me tratarán igual? —inquirió sin mirar a su hermano.
—Twilight, hablas como si fueras un monstruo en el cuerpo de un poni, ya relájate.
—Pero no puedo evitarlo, es decir, he tenido este secreto por tanto tiempo que a veces, siento que debo gritarlo a los cuatro vientos. Luego recuerdo lo que los ponis de Ponyville hicieron al último que reveló su heterosexualidad y ahogo mis deseos.
—Espero que no estés hablando de alcohol.
—Me refiero a la lectura.
—Menos mal —comentó aliviado—. Imagino que debe ser difícil para Spike, con lo que me contaste sobre lo sucedido con Rarity.
Twilight asintió. Instintivamente se acercaron para poder susurrar y seguir con la conversación sin que nadie escuchara.
—Pero no estás sola. Mira, entre los guardias reales se formaron parejas homosexuales, tanto entre sementales como entre yeguas, pero también hay heterosexuales que son capaces de llevar el secreto a su tumba porque sus familias son demasiado cerradas como para apoyarlos con su orientación. Son ellos y ellas a quienes admiro de verdad porque aunque me vean como una figura rígida de autoridad, confiaron en mi como para compartir su secreto, pensando que iba a castigarlos y echarlos por ser como son, debiste verlos Twilight, incluso lo más rudos mostraban un miedo que nace de lo más profundo de su mente.
Twilight entendía ese sentimiento. Era lo mismo que sintió cuando les contó a sus amigas su secreto. El miedo, la inseguridad, el temor de ser rechazada, de ser castigada, de ser olvidada, de ser desterrada, de ser marginada.
—Obviamente no les hice nada, son buenos guardias, iba a ser un desperdicio si los echaba por algo como eso, pero aun así, dos de ellos renunciaron a los pocos días de contarme por miedo a que los demás se enteraran.
—Parece que no confiaban en ti después de todo.
—Aun después de prometerles que no lo haría, el miedo lleva a los ponis a hacer cosas impensadas Twilight. Yo también tengo secretos de ese tipo.
—¿Tu también los tienes? —preguntó sorprendida— ¿Puedes contarme?
—Ahora no —respondió sentándose a observar el paisaje nuevamente.
—Por favor, Shining.
—No Twilight, además, tenemos compañía, mira atrás tuyo.
Ella obedeció y giró. Para su sorpresa, un tumulto de ponis estaban mirándola fijamente, todos con la misma sonrisa que aquella pequeña, de niños hasta adultos, algunos con hojas y plumas en sus bocas, otros con cámaras y los demás simplemente querían sacarle una foto mental. Los más desesperados sacaron objetos personales para firmar.
—Es mejor que aproveches ahora, mira cuantos admiradores tienes —dijo bromista.
Twilight observó por unos segundos la multitud antes de abrir su boca.
—Hola…
Sólo esa palabra bastó para que los ponis se abalanzaran contra ella y la arrinconaran para pedirle fotos y autógrafos. De todos los flashes de las cámaras presentes, uno era diferente a los demás, más profesional y preparado para la ocasión. Luego de sacar unas cuantas fotos, volvió a su asiento no muy lejos de donde se encontraba la princesa y visualizó las tomas para elegir cual mandar a la princesa Celestia.
Mientras el detective se deleitaba con su vista sobre aquella multitud, un mozo se acercó desde el otro vagón cargando una bandeja con un vaso en ella.
—¡Todos háganse para atrás! —gritó el mozo agresivamente.
Todos los ponis se hicieron atrás rápidamente asustados. El semblante agresivo de aquel mozo se diluyó rápidamente cuando se acomodo su moño y se acercó a la princesa.
—Princesa Twilight, es un honor tenerla aquí hoy.
—Es un placer.
—¿Quisiera tomar un jugo de moras de cristal?
—Suena bien.
—¿Y para el caballero?
—Yo estoy bien, gracias.
—Muy bien —dijo entregándole la copa con el jugo, luego se dio media vuelta para marcharse—. Pueden proseguir con su hostigamiento.
Todos obedecieron sin chistar. Nuevamente la princesa fue asediada por sus fans.
—Creo que deberías tener tu propio tren privado —comentó Shining.
XXX
Luego de una eternidad para Twilight, el tren se detuvo en la última estación de su recorrido, el imperio de cristal. Al descender, el grupo de ponis la atrapó en un círculo, pronto más y más ponis de la estación ajenos a la situación comenzaron a juntarse, haciendo imposible que los hermanos pudieran salir.
—¡Buenos, esto es demasiado para una princesa, fuera ponis, shu! —gritó Shining Armor alejando a los ponis.
El circulo se disolvió, quedando ellos dos solos en aquella estación.
—Gracias.
—No hay porque, ahora dime, ¿Qué haremos primero? ¿Dónde nos hospedaremos? —inquirió Shining.
—Sobre eso, hay algo que no te dije —dijo Twilight evitando el contacto visual.
—¿Twilight? ¿Qué hiciste?
Del cielo, un carruaje tirado por dos pegasos de cristal se aproximó a su posición, esto era una señal de lo que Twilight le había ocultado. Al aterrizar, una alicornio rosa descendió gentilmente, revelando una sonrisa genuina por su visita. Twilight estaba feliz por encontrarse con su amiga y ex niñera, Shining por su parte estaba invadido de una mezcla de emociones, entre miedo y coraje, entre lógica y sentimientos, entre realidad y fantasía.
La última vez que ambos estuvieron en presencia de la princesa del amor fue durante la realización de los juegos de la amistad, ahora lucía más radiante por alguna razón.
Cadence hizo una seña para que los guardias los dejaran a solas y estos despegaron para perderse en el horizonte.
—Hola Twilight.
—¡Cadence! —gritó Twilight.
Como si ambas hubieran leído la mente de la otra, se acercaron e hicieron su típico baile de cuando eran niñera y potrilla. Al terminar, Cadence se dirigió hacia Shining.
—Hola Shining, ha pasado tiempo.
—Sí, no puedo creer que hayan pasado tres meses desde los juegos.
—¿Acaso llevas la cuenta? —inquirió con mirada y sonrisa acusadora.
—¡¿Qué?! No, no, es que tengo buena memoria —excusó.
—Bien, ¿Qué tal si nos dirigimos al castillo? Tengo habitaciones preparadas para su estadía.
—Está bien —respondieron ambos.
Los tres emprendieron camino hacía el castillo, seguidos muy de cerca por el detective privado contratado por el misterioso poni, quien mantenía una distancia prudente para no ser descubierto.
Mientras recorrían las calles, los gentiles habitantes se detenían a saludar a la princesa Twilight, algunos le ofrecían flores para degustar, otros bocadillos más elaborados, pero ella los rechazaba con cortesía. Sus ganas de iniciar la investigación le quitó el apetito desde que subió al tren. La charla entre las princesas era fluida, lo que dejó a Shining apartado por un rato, tal vez eso era bueno, con su atención fijada en Twilight el capitán podía darse el lujo de observar detenidamente a Cadence, aquella melena de tres colores que cubría parcialmente su lindo rostro, su esbelto cuerpo que terminaba en un flanco con figura pequeña, pero perfecta, suave al tacto y firme a simple vista, y una cola que se meneaba de un lado a otro con cada paso que daba.
—¿Y cómo va esa vida de capitán de la guardia real, Shining? —inquirió Cadence.
Shining tardó dos segundos en reaccionar a la pregunta. Súbitamente desvió su mirada para que la princesa no notara el sonrojo fulminante que adornaba sus mejillas, luego aclaró su garganta antes de responder.
—Lo usual, dar órdenes, patrullar, estar parado, y muchos papeles.
—Que bien, suena divertido.
Cuando por fin fue capaz de borrar su sonrojo, ya habían llegado al castillo, un par de guardias abrieron las puertas y se adentraron en el complejo.
—Todavía me sorprende recibir esa carta tuya para venir aquí —comentó Cadence.
—Es el único lugar que podría darme las respuestas que estás buscando.
—Espero que sea así. Todos nuestros escritos sobre temas amorosos se encuentran en la biblioteca, incluso pude contactar a uno de nuestros hipólogos para que te ayudara. ¿Tú la ayudarás Shining?
—No, sólo vine de apoyo emocional. Ella es el cerebro, yo soy el guapo y apuesto —respondió Shining sin pensar.
Cuando se dio cuenta de lo que dijo, se tapó la boca con ambos cascos. Las chicas dejaron escapar una risilla.
Mientras Cadence llevaba a Twilight y Shining a sus habitaciones, el detective buscó el hostal más cercano donde hospedarse mientras duraba su visita.
—¡¿Doscientos bits por noche?! Usted debe estar bromeando si cree que voy a pagar eso, ¿en serio es su habitación más barata? —preguntó indignado.
La recepcionista sin dejarse atrapar por el enojo del detective respondió:
—Así es señor.
—¿No hay otro hostal cerca del castillo donde me pueda alojar?
—Lamentablemente no señor, somos el único hostal de la zona que cuenta con una increíble vista del castillo del imperio. Los demás hoteles de los alrededores tienen los precios por las nubes —respondió sonriente.
Golpeó con furia la mesa de la recepción, los demás ponis turistas lo miraron extrañado. Agachó la cabeza y sacó una pluma de su saco de detective.
—¿Tienen servicio de desayuno?
—Así es señor, también contamos con servicio de cena.
Atrajo la planilla de registro y llenó el espacio con sus datos, en la hoja figuraba el nombre de "Magnifying Glass D.P", luego recordó que no era su tarjeta de presentación y borró las siglas de detective privado antes de regresarle la planilla a la recepcionista, quien había cambiado ligeramente su expresión a una ganadora.
—Muy bien señor Magnifying, que disfrute su estancia en la herradura de oro —dijo entregándole la llave de su habitación.
—Gracias —agradeció agarrando su equipaje y adentrándose en el hostal—. Herradura de oro, seguro se harán unos pares con mis monedas —refunfuñó ingresando a su habitación.
XXX
Tiempo después, Twilight estaba preparando sus cosas para ir a la biblioteca, su mente no dejaba de pensar en las infinitas posibilidades de escenarios que encontraría al ingresar allí. Tenía toda la tarde para leer y mientras más tardara, más tiempo tendría Shining Armor para pasar con Cadence. Una sonrisa se dibujó en su rostro, realmente quería que su hermano fuera feliz, y nunca lo vio más feliz desde que Cadence era su niñera.
—Soy toda una cupido —se dijo a sí misma.
Una vez ordenado todo lo necesario, partió a la salida, no sin antes despedirse de Shining y Cadence en el camino.
En una casa en las orillas del imperio, un poni terrestre dormía con la cabeza apoyada sobre un montón de papeles, exhausto del esfuerzo y todo el trabajo extra que tenía por realizar. Las cortinas evitaban que el sol de la tarde ingresara y lo despertaran. Un rastro de saliva humedecía el papel donde se apoyaba. En un movimiento inconsciente, apoyó parte de su brazo en un libro cerrado que estaba en la orilla del escritorio, lo que provocó que cayera al suelo junto con parte de su material de trabajo.
Dio unos alaridos mientras sobaba su cabeza por el golpe, el cansancio le hizo imposible la tarea de levantarse, sólo pudo atinar a sacarse el libro de su cara y mirar el techo, luchando por no dormirse en el suelo.
No pudo articular pensamiento alguno por unos segundos. Vio la hora en su reloj de pulsera y regresó a su labor de mirar el techo, por unos segundos.
—¡Voy a llegar tarde! —exclamó incorporándose rápidamente.
Miró hacia todos lados, fue ahí cuando se dio cuenta que el lugar era un desastre, pero eso no le importaba, debía apurarse para no llegar tarde a su cita. Lavó su rostro, cepilló sus dientes, todo velozmente. Abrió la cortina, dejando entrar la luz a su oficina, algunas cucarachas buscaron refugio en la oscuridad de sus muebles y algunos libros tirados en el suelo. Corrió a la cocina y sacó un batido del refrigerador, lo tomó rápidamente para saciar su hambre al menos hasta que terminara su deber de hoy. Pero como era de esperarse, terminó en el suelo con ambos cascos en su cabeza, refregando sus sienes enérgicamente para que el dolor pasara rápidamente.
—¡Cerebro congelado! —exclamó acostado en el suelo.
Nuevamente se incorporó y regresó a su oficina.
—¿Cuál necesito? ¿Cuál necesito? —preguntó para sí mismo mientras ojeaba en su librero.
De allí sacó diez libros de temáticas variadas, luego se dirigió a un gabinete repleto de pergaminos y sacó unos treinta. Trajo su vieja alforja y puso los libros allí, buscó bolsas para guardar los pergaminos pero no encontró por ninguna parte, al observar su reloj, se alarmó aun más. Sacó de su perchero su prenda característica, un chaleco simple de color marrón con dos bolsillos, y se vistió. Revisó lo que iba a llevar por última vez, checó su aliento y partió con todas sus cosas. Cerrar la puerta fue un desafío, una vez que lo logró, con sus pergaminos rebalsando de su alforja, salió corriendo hasta su encuentro en la biblioteca del imperio.
XXX
Twilight había llegado a la biblioteca, la cual no había visitado desde su prueba, y se encontró con la bibliotecaria, que casi no reconoció gracias a su brillo de cristal.
—Princesa Twilight, es un honor tenerla en mi biblioteca —dijo con una reverencia.
—Gracias, pero no es necesario hacer una reverencia —comentó.
—No sea modesta. La princesa Cadence me informó de su visita, ¿necesita que la ayude en algo?
—No se preocupe, Cadence ya se encargó de buscar a alguien que me ayudará con mi investigación.
—Está bien, cualquier cosa, lo que sea, estaré a su disposición, incluso si quisiera comer o beber algo aquí, podría permitírselo —dijo guiñándole un ojo.
—Es muy amable pero-
—Pero nada —interrumpió—, le informaré a su ayudante cuando llegue.
Twilight agradeció y buscó una mesa donde instalarse, mientras se alejaba de la mesa de recepción, pudo escuchar como la bibliotecaria repetía una y otra vez lo increíble de tener a la princesa de la amistad aquí. Seguramente Cadence tenía su propia biblioteca en su habitación y por eso no necesitaba venir a este lugar, pensó.
Eligió la última mesa al otro lado del pasillo, sentándose en la cabecera de la misma para poder observar de vez en cuando la puerta de entrada. Sacó un par de libros y un cuaderno de anotaciones, plumas, tinteros y elementos varios. Abrió su cuaderno para releer lo que tenía descubierto hasta ahora, que no era mucho, pero sería un buen punto de inicio.
A diferencia del tren, había pocos ponis en aquella biblioteca, un par acomodaban los libros desordenados de los estantes, los más jóvenes realizaban un trabajo para la escuela mientras bromeaban entre ellos y en un rincón olvidado había un anciano acompañado de su perro mascota, este se rascaba mientras su dueño leía el periódico. De vez en cuando la bibliotecaria miraba de reojo a la princesa.
Pasaron cuarenta y cinco minutos de la hora pactada pero el hipólogo no aparecía, la mente de Twilight comenzaba a divagar entre pensamientos varios, primero sus amigas, luego Spike, lo que ocurrió con Discord, Lyra, su confesión. Todo pasó tan rápido, en una semana su vida había cambiado significativamente, y todavía quedaba mucho por hacer. Pronto recordó lo que dijo Shining en el tren, sobre el secreto que estaba guardando, y por el tono en que lo dijo era muy serio, tal vez relacionado a lo que estaban discutiendo en ese lugar. Ese recuerdo llevó a Twilight a rememorar lo sucedido entre su hermano y su niñera cuando ella era sólo una potranca.
XXX
Todo comenzó hace muchos años atrás, concretamente en sus años de secundaria. En su casa en Canterlot, Shining vivía una vida normal con su padre y su hermanita Twilight Sparkle. Ambos nacieron de la amiga de papá llamada Twilight Velvet, quien prestó su vientre y veintidós meses de vida para hacerlo feliz. Night Light nunca tuvo un trabajo fijo y estable, por lo que sus horarios eran confusos, gracias a eso contrataron a una bella alicornio llamada Cadence, que casualmente asistía a la misma escuela que Shining, para que cuidara a Twilight en las tardes y noche y así evitar que Shining descuidara sus estudios por cuidar a su hermanita.
Mientras pasaba el tiempo, Shining comenzó a desarrollar sentimientos por la niñera, primero eran miradas discretas a su bello rostro, luego eran miradas fijas a través de la ventana que daba al patio mientras ellas jugaban. Escribió cartas y cartas con sus sentimientos que nunca entregó, poemas, frases de libros, y las más simples sólo tenían la oración "Te amo, Cadence" repetidas por toda la carilla de la hoja. Obviamente, nunca se lo contó a nadie, sus amigos, su hermanita, incluso su propio padre eran ajenos a lo que estaba sucediendo.
Llegó a pensar que estaba enfermo, no podía sentir cosas por una yegua, era inapropiado, era malo. Pensó que era una simple atracción por su belleza física, trató de buscar la solución a eso enfocándose en los sementales más atractivos de la escuela, pero fue inútil, desde que la conoció a ella no podía encontrar belleza en los machos.
Supo que tarde o temprano alguien iba a enterarse, necesitaba arreglar sus pensamientos antes de que fuera demasiado tarde. Gracias a un artículo de una revista, supo lo que tenía que hacer.
Un día, mientras Twilight y Cadence hacían tarea, Shining se preparaba mentalmente para lo que estaba planeando hacer, si las cosas salían mal, tal vez nunca la iba a volver a ver, sin olvidar que podría contárselo a su padre y arruinar su vida para siempre. De sólo imaginar lo que Night Light era capaz de hacer le provocaba escalofrió. Eso no importaba ahora, sacudió su cabeza para olvidarse de las consecuencias y enfocarse en la acción.
—¡¿Cadence, puedes venir un momento?! —gritó Shining desde su cuarto en el segundo piso.
Desde su cuarto pudo escuchar que le dijo algo a Twilight, tal vez un simple ya regreso. El sonido de sus cascos se hacían más audibles a medida que estos pisaban la alfombra, luego las escaleras, y por último el pasillo donde estaba su habitación. Shining sudaba, pudo ver la sombra de Cadence asomarse por afuera de la puerta entrecerrada. Cadence arregló su melena antes de dar tres toques a la puerta.
—¿Qué sucede Shining? ¿Está todo bien?
—Pasa, necesito hablarte —dijo nervioso.
Ella abrió la puerta y vio al semental sentado en el borde de su cama. Tenía la mirada fija en el suelo, evitando el contacto visual el mayor tiempo que fuera posible. Era la primera vez que estaba en la habitación de Shining, se tomó el tiempo de apreciar las cosas que tenía, unos cuantos libros, comics, posters de sus héroes de historietas y de sus grupos favoritos.
—Suenas raro, ¿Necesitas ayuda con tu tarea también? Prometo que no se lo diré a Twilight si eso es lo que te preocupa.
—No es eso, por favor, siéntate —dijo señalando el espacio vacío a su lado.
Cadence, extrañada por el pedido y la forma en que lo hizo, obedeció a su ruego y tomó asiento a su lado. Al ver que se había sentado muy cerca de él, Shining se corrió un poco, aumentando la distancia entre ellos.
—Hay algo que necesito decirte, pero debes prometerme no decírselo a nadie o salir corriendo, o gritar, o espantar.
—¿Sucedió algo malo? Si es así, creo que deberías contárselo a tu padre antes que a mí.
—Por favor, prométemelo —rogó Shining mirando a Cadence a los ojos.
Ella pudo verlo, sus ojos estaban vidriosos, angustiados, asustados.
—Está bien, lo prometo, ¿Qué ocurre?
—La cosa es… desde hace mucho yo…
Su mente se puso en blanco, no supo como continuar. Esas palabras, tan mágicas para unos y malditas para otros, eran difíciles de pronunciar para formar el resto de la oración. La mirada de Cadence era neutral, trataba de descifrar lo que Shining quería decir, era la primera vez que alguien se ponía de esa manera para hablarle.
—Yo… desde que llegaste a esta casa, eras linda… es decir, no es que en la escuela no seas un bombón ni nada parecido, eres hermosa allí también.
La mirada de Cadence permaneció neutral al principio, pero pronto fue cambiando por una simpática sonrisa. Shining volvió a desviar la mirada, tratando de articular pensamientos que lo ayudaran a salir de este predicamento.
—No es como si yo te mirara a todas horas cuando estás aquí cuidando a Twilight.
Cada palabra lo hundía más y más, su pelaje blanco se vio invadido por un sonrojo fulminante. Cadence sólo atinaba a sonreír, esta expresión se hacía más grande con cada palabra de Shining.
—No es como si yo te hubiera escrito cientos de palabras dedicadas a ti en un diario privado.
Su mente estaba fuera de control, era incapaz de encarrilar sus pensamientos. Rápidamente tapó su boca con ambos cascos para callarse a sí mismo, siguió hablando aun con eso, pero era inentendible. Cadence soltó una risilla ante esta acción, pero no se estaba riendo de él, sino con él. Era lo más tierno que había visto. Sin notarlo, ella también tenía un rubor que oscurecía su pelaje rosa.
Luego de segundos eternos, Shining retiró sus cascos de su boca, sin nada más que decir. Pero eso no duró mucho.
—¡¿Por qué es tan difícil?! —gritó furioso consigo mismo.
El silencio tomó control de la situación. Shining tapó su rostro con sus cascos avergonzado. Quiso echar a llorar, pero pudo contenerse lo suficiente para dejar salir un par de lágrimas. ¿Por qué era tan difícil confesar sus sentimientos?
Algo dentro de Cadence apareció repentinamente, como una chispa que enciende la pólvora. Con una sonrisa comprensiva, se acercó a Shining y atrajo su casco con su magia, al principio se resistió, luego se dejo llevar, la puso encima de la cama y así pudo estrecharla con la suya. Un escalofrió recorrió el cuerpo de Shining al sentir el gentil toque de su amada.
—Sé que es difícil.
Shining, con un ápice de esperanza, tuvo el valor de verla a los ojos, sólo para encontrarse con una mirada que derritió su corazón. Un brillo se vio en los ojos de ambos.
Ella no podía mentir, estaba igual o peor que Shining en cuanto a su enamoramiento, desde el primer momento que lo vio, supo que estaban destinados el uno al otro. Pero el miedo la carcomía, su mente dibujaba escenarios sobre lo que diría Celestia si se enteraba que ella era heterosexual, lo que diría la sociedad sobre el ejemplo que dejaba la princesa del amor a las generaciones jóvenes sobre un amor burdo, inmoral e impuro como lo es la relación de dos seres de distinto. Su titulo, su poder, lo que ella representaba, eran sus cadenas que oprimían su corazón.
—Y sólo quería decirte que…
Y Shining era la llave de su liberación.
—Yo también —expresó sonrojada.
El corazón de Shining latía a toda velocidad, sus piernas temblaban por la revelación.
—¿T-tu también? —inquirió dudoso.
Ella asintió.
No había nada más que decir, si alguno abría la boca, eran palabras de sobra, que sólo destruirían la atmosfera que ambos habían creado. Él dijo todo lo que tenía que decir, ella por su parte, lo único y necesario.
Esta vez, Shining acortó la distancia entre ellos sin soltar el casco de Cadence ni dejando de mirarla a los ojos. Sus rostros se acercaron, poco a poco, con sus corazones sincronizados, poco a poco, con sus respiraciones entrelazándose en el aire, poco a poco, cerrando sus ojos antes del contacto final…
XXX
Estaba tan inmersa en sus pensamientos que no escuchó el retumbar de la puerta de entrada y el posterior ingreso de un poni sudado y con una alforja a punto de explotar.
—¿Ella está aquí? —preguntó el poni fatigado a la bibliotecaria.
—Mira nada más como vienes Dry Ink.
—Lo sé, lo sé, pero es trabajo, seguramente nunca volveré a ver a este poni en mi vida.
—Espera, ¿no sabes para quien vas a trabajar? —inquirió ella casi burlonamente.
—No me dijeron.
—Prepárate. Está sentada en la última mesa.
Dry Ink miró extrañado a su amiga y luego partió a encontrarse con su cliente. Mientras se acercaba pudo notar como este estaba leyendo un libro que le tapaba el rostro.
—Hola, mi nombre es-
La repentina explosión de su alforja interrumpió el saludo del hipólogo, todos sus papeles, pergaminos y libros se esparcieron por el suelo, algunas hojas revoloteaban en el aire antes de tocar el suelo.
—¡Por favor, no ahora! —exclamó Dry Ink recogiendo rápidamente todo.
Twilight, quien se sorprendió por lo sucedido, bajó su libro y no dudó en ayudar al misterioso poni.
—Déjame ayudarte.
Mientras recogían las cosas nunca hicieron contacto visual, él recogía los libros y los apilaba en la orilla de la mesa a su vez que ella agrupaba los papeles y pergaminos en la mesa. La bibliotecaria a lo lejos reía con lo sucedido.
—Creo que eso es todo —dijo Twilight dejando el ultimo papel.
—Sí, muchas gracias por su ayuda —afirmó apilando el último libro, luego giró para saludarla—. Me llamo Dry Ink.
—Soy Twilight Sparkle.
—¿Twilight Sparkle? ¿La princesa Twilight Sparkle?
Twilight asintió. Rápidamente Dry Ink adoptó una posición de reverencia frente a ella.
—Su alteza, me postro ante su presencia real, oh majestuosa princesa de la amistad.
—Gracias, pero no es necesario.
Avergonzado, levantó la cabeza, pero esta se golpeó con la orilla de la mesa, lo que hizo que Dry terminara en el suelo adolorido, seguido de eso, la pila de libros cayó encima de él. Twilight se bajó de su silla, y ayudó al joven a pararse.
—¿Te encuentras bien?
—Sí, sí, ya estoy acostumbrado a estos golpes, perdón por eso, no me comunicaron que trabajaría para la princesa de la amistad en persona.
—Pues, a mi no me dijeron que me ayudaría un estudiante de la carrera de hipología.
Dry miró confundido a Twilight.
—¿Disculpe?
—¿Acaso no es estudiante de la carrera?
Entonces entendió porque lo confundía como tal, sólo atinó a reír como respuesta. Unos segundos después, Twilight también lo dedujo, lo que provocó un pequeño rubor de vergüenza.
—Lo siento, no quería ofenderlo.
—No pasa nada, muchos ponis me restan años por mi apariencia, pero le aseguro que soy todo un profesional dispuesto a todo para resolver sus dudas.
No era para menos, su estatura era un poco menor a la media para los ponis comunes y su rostro de facciones juveniles provocaba un sinfín de situaciones donde su edad era cuestionada. Afortunadamente aprendió a vivir con ello.
—¿Entonces podemos comenzar?
—Claro, tome asiento y dígame que necesita saber.
No muy lejos de allí, el detective privado sacaba fotos a los dos ponis, de vez en cuando disimulaba su accionar leyendo su novela de investigación periodística favorita. Siempre vigilante, atento a cualquier movimiento que la princesa hiciera.
Hasta aquí llegó el capitulo señores, espero que les haya gustado.
El mayor reto para mi es entregarles la cantidad justa de información sobre los hechos pasados, que escribir y que dejar para futuros capitulos. Prometo no dejarlos en suspenso por mucho tiempo, lo juro.
Ahora, aclarado eso, responderé los reviews en el capitulo anterior por parte de:
Linkwarriorx0: Gracias por el comentario. Las cosas se van a poner mejor, ya lo veras.
Dragon Lector: La identidad del poni misterioso no se sabrá hasta mucho más adelante, lo de la boda se dará a conocer en el otro capitulo si Dios quiere. Gracias por el comentario.
DanLand 1939: Gracias por el comentario.
Afromario: Como diría homero en el capitulo de la barredora "Callate niño" (?. Con respecto al pasado, iré revelando todo poco a poco. Gracias por tu comentario.
PinkieAgus: Gracias por el comentario.
Recuerden, si les gustó el capitulo dejen un review, si tienen alguna duda o consulta pueden mandarme un MP, no muerdo, tambien pueden darle like a la pagina de facebook "exelion fanfiction" para estar enterados de avances y otras cosas, links en mi perfil o pueden buscarlo por FB.
Nos vemos gente, se despide, Exelion
