Resumen: Su vida siempre fue un asco. Sufriendo maltratos por sus compañeras y escondiendo su angustia del resto a excepción de quienes le agredían. Cuando le intentaron humillar nuevamente, no soportó más... Sasuhina.
Disclaimer:Los personajes de ésta historia le pertenecen aMasashi Kishimoto. Éste fanfic no tiene ánimo de lucro, su único fin es entretenerles.
Capitulo 4: Disputas.
Abrió el armario y sacó la ropa especial de entrenamiento, su corazón se sacudía fuertemente en el interior de su pecho. Decir que estaba nerviosa era poco, no había pasado mucho desde que fue a su casa originaria, pero no había tenido que ver a nadie con excepción del guardia que se encontraba en la puerta. Le daba cierto miedo el estar en presencia de su padre, él le había intimidado desde muy niña, no tenía recuerdos muy gratos sobre su persona.
Se vistió y observó su reflejo en el espejo, ese traje fue diseñado por los Hyuga específicamente para los entrenamientos especiales que hacían, les daba más agilidad a la hora de hacer los movimientos característicos de dicha familia. Tragó grueso, sintiendo el intenso nudo que se formaba en su garganta ante el pensamiento del tener que usar ese conjunto otra vez.
Cepilló su largo cabello, desenredándolo. Y sin esperar mucho salió de su hogar con dirección a la casa familiar. Recordaba muy bien el trato que tenía su padre con ella, era estricto, demasiado, en un inicio lo atribuyó al pensamiento de que lo hacía por su propio bien, desechó increíblemente rápido aquella sospecha al ver como era su relación con la menor de sus hijas, seguía siendo estricto, pero le demostraba el amor paterno que ella tanto ansiaba y nunca le concedió.
Como último recurso de esperanza pensó, ¿y si le trataba de aquella forma por ser la heredera?, pensamiento que al igual que los anteriores descartó cuando fue desheredada, la relación de ambos iba de mal en peor, siendo ella la única en querer remediarlo. Al pasar el tiempo se rindió, y con todo el dolor que una hija rechazada podía tener, decidió hacer su propio camino, alejada de su familia.
Tomó un taxi, suspiró, intentaba calmar sus nervios viendo por la ventana. Llevaba tiempo sin luchar, ¿lo haría bien? No tenía la menor idea, pero daría lo mejor de sí. Ansiaba demostrar su cambio, deseaba revelarle a todos que no era totalmente la "deshonra de los Hyuga". Aunque no quería dañar a su pequeña hermana, la amaba, a pesar de que dicho cariño no fuese reciproco.
En menos de lo que esperaba, ya se encontraba enfrente de la gran mansión Hyuga. Su padre estaba en la entrada, esperando su aparición. Le pagó al taxi y se bajó, sus manos sudaban a causa de su nerviosismo. Caminó con paso parsimonioso pero decidido hacia su progenitor hasta encontrarse enfrente suyo, alzó el rostro para poder encararlo.-Padre, he venido para enfrentarme con Hanabi. Espero su autorización para proceder.-Le dijo con voz suave y levemente firme, frunciendo levemente los labios al ver el ceño fruncido en el patriarca de los Hyuga.
Hiashi le miraba fríamente.-Apresúrate, tenemos invitados, ya los hemos hecho esperar mucho por tu tardía aparición.-Le dio la espalda y entró en la mansión sin esperar a la mayor de sus hijas.
La azabache se mordió el labio inferior, entró y siguió a su padre hacia el dojo que se situaba detrás del hogar. Observó como varios familiares iban hacia la misma dirección que ella, algunos deparaban sobre su persona y le hacían una reverencia; sin embargo, le dirigían una mirada de total altanería, mientras que otros simplemente ignoraban su presencia.
Entró al dojo, viendo a todos los presentes. Estaban la mayoría de sus familiares. Deparó entonces en cinco personas, de seguro eran los invitados que su padre le mencionó. Pudo distinguir a Tsunade Senju, dueña de la compañía Senju y fundadora del instituto en el que estudiaba, encargada de exportar medicamentos a nivel mundial, su marca era reconocida como una de las mejores.
Estaba una pelirroja de cabello largo y ojos azules, la recordaba sutilmente, cuando era heredera la vio un par de veces en las reuniones familiares, si su memoria no le fallaba, aquella mujer era Kushina Uzumaki, principal proveedora de los Hyuuga, su empresa se encargaba de promocionar grandes luchadores para que llegasen a las grandes competencias.
Luego estaba un hombre muy parecido a su padre en canto a semblante se refería, nunca lo había visto en persona, pero sí escuchó su nombre y lo vio mediante fotos centenares de veces. Fugaku Uchiha poseía una alta gala de empresas de renombre, igualando a los Hyuga, Uchiha Inc tenía gimnasios esparcidos alrededor de todo el país y parte de Norte América, los entrenadores con los que contaba esa familia eran reconocidos mundialmente como los mejores, muchos de ellos habían ganado enfrentamientos olímpicos.
A un lado derecho de Fugaku estaba quien de seguro era su principal heredero, Itachi Uchiha, había oído que era un total prodigio, se especializaba en varias ramificaciones, tanto que no se podía especificar en cual era mejor. Del lado izquierdo de Fugaku… ¡Estaba Uchiha Sasuke!
Respingó, no supo cuando comenzó a aguantar la respiración, "¿¡Qué hacía él ahí!?", recordó entonces que el azabache era el hijo menor de Fugaku Uchiha. Sasuke le estaba observando fijamente, al igual que todos en aquel sitio. Terminó de entrar, intentando olvidar a cierto espectador que la ponía nerviosa con solo su mirada, observó a su contrincante.
Hanabi ya estaba en posición de ataque, más que lista para atacarle cuando se le diera el permiso. Su corazón se oprimió dolorosamente al ver cómo a ella poco le importaba enfrentarse con su hermana. La castaña le observaba fría y duramente, como si sus ojos se sintieran desdichados de verle.
Se puso en posición de combate, situando su pie derecho hacia atrás como principal impulsor, o retención en caso de un empujón, mientras que su pie izquierdo se hallaba al frente, dando la cara. La palma de su mano izquierda se encontraban extendida a la altura de su barbilla, y la izquierda se posicionaba al lado de su cintura.
-Como sabrán, estamos aquí para decidir a la próxima heredera de los Hyuga.-Su padre habló, estaba en medio de ambas.-Ellas lucharán hasta que la otra no pueda moverse, dependiendo de cuál de ellas quede de pie se tomará la decisión.-Les dijo a sus invitados.-Pueden comenzar.-Dijo apartándose y formando parte de los espectadores.
Recordó una frase que alguna vez oyó de su primo, "El enemigo siempre debe atacar primero, y en base al movimiento que haga, usted hará su primera jugada". Esperó pacientemente a que Hanabi atacara, estaba segura de que al igual que ella, estaría esperando el primer ataque por parte suya.
Grande fue su sorpresa al ver como la castaña salía corriendo hacia su encuentro, ¿Qué hacía? Probablemente estaba deseando impresionar a los presentes acabándole con un solo ataque. Un puño iba en dirección a su cara, era un punto débil del cuerpo humano, ella esquivó ágilmente el golpe, y con su pierna derecha pateó fuertemente su espinilla. La menor retrocedió, apretando los dientes como signo de dolor.
Hinata volvió a su pose inicial, agudizaba todos sus sentidos. Hanabi volvió a correr hacia ella, anonadándola al ver como se lanzaba al piso, sorprendida vio como la castaña situaba sus manos para evitar el encuentro de su cara y el suelo, mientras la parte inferior de su cuerpo quedaba en el aire, uno de los pies se dirigió directamente a su rostro, estampándole una patada.
Se acarició la mejilla, la cual comenzaba a hincharse, ese no era un movimiento típico del clan, se reincorporó rápidamente en su posición de combate al ver como su hermana volvía a correr hacia ella. Decidió esquivar cada ataque, su especialidad siempre fue la velocidad. Observó a su padre de reojo, buscando una respuesta sobre el anterior movimiento efectuado por Hanabi, pero éste solo le dirigía una mirada carente de emoción.
Recordó, en ningún momento ellos le especificaron qué método de lucha debían de usar. Frunció el ceño, su padre había entrenado a Hanabi específicamente para ese día, sabiendo que ella utilizaría los movimientos típicos de los Hyuga.
Notó que Hanabi, exasperada de tantos golpes fallidos, corrió velozmente hacia ella, lanzándose al suelo entre sus piernas, usando éstas como túnel. Al estar acostada bocarriba en el piso detrás de ella, usó uno de sus pies para patearle la espalda baja, lográndolo.
Hinata se mordió la lengua para evitar que algún quejido saliera. Escuchó como su hermana se intentaba poner de pie, rápidamente, giró su cuerpo para encarar a la menor, usando como base su pie izquierdo, pateó con el derecho la cabeza de la castaña, quien estaba a mitad de levantarse, "muy lenta", la fuerza hizo rodar por el suelo a la más baja.
La azabache esperó a que su pequeña hermana se levantara, al hacerlo, ésta corrió hacia la mayor, direccionando su vista hacia el abdomen de Hinata. La mayor previó su ataque, y a pocos segundos de que Hanabi acertara su golpe, ella le dio la espalda, y agachándose sintió como el pecho de la castaña se pegaba a su espalda, mientras que su puño pasaba por sobre su hombro, Hinata aprovechó esto, y agarrando el brazo de la menor, la impulsó hacia adelante, haciendo que la parte trasera del cuerpo de la más baja se estrellara fuertemente contra el suelo.
La castaña se levantó rápidamente, y corrió hacia ella, con las palmas extendidas hacia la boca de su estómago. Hinata intentó apartar su palma, pero Hanabi fue más rápida y le agarró el brazo, inmovilizándola, el golpe dio de lleno en su abdomen. La azabache abrió la boca en busca del aire que había escapado de su organismo, la menor aprovechó ese pequeño lapso de tiempo y le dio una patada a un costado de su cintura, tumbándola al suelo.
Antes de que la azabache reaccionara, Hanabi ya se encontraba sentada encima de ella, dirigiéndole un golpe a la nariz. Hinata alzó su mano hecha palma, y rápidamente antes de que la castaña acertara su ataque, le dio un golpe en el cuello, en el rincón que estaba entre el cuello y hombro. Sabía que ahí estaba un nervio.
La castaña se desplomó sobre ella, todavía estaba consciente, la menor era resistente, lo demostraba al estar todavía despierta después de ese golpe, pero quedó demasiado aturdida como para efectuar así fuese un mínimo movimiento. Hinata empujó a su hermana hacia un lado. Levantándose, observó cómo Hanabi se intentaba parar, sus piernas le temblaban, el cuerpo no le respondía correctamente.
La menor intentaba gatear hacia ella, Hinata se acercó, y sin el menor reparo pateó con su rodilla la barbilla de la menor, haciendo que ésta cayera de espalda al suelo de nuevo. Dejó que la castaña se levantara lentamente, sus pies a duras penas podían mantener su cuerpo. Hanabi se le acercó, la azabache decidió darle fin a aquello. Corrió con todas sus fuerzas hacia su desprotegida hermana, y con su palma le dio un fuerte golpe en la boca del estómago, arrebatándole el aire. Con su brazo libre, le dio un codazo en la mejilla.
La castaña cayó al suelo, a pesar de todo, parecía tener intenciones de levantarse. Demasiado orgullosa como para admitir una derrota.-Ya basta.-Dijo suavemente, ni ella misma se había dado cuenta de cuándo había golpeado tanto a su pequeña hermana.
"-Cuando de verdad deseas ganar una batalla, tu razón se nubla. Dejando como único dirigente del cuerpo al instinto-" Un día su primo le dijo aquellas palabras, ahora notaba lo ciertas que eran. Se mordió el labio, sus ojos se dilataron y su corazón palpitó dolorosamente, ella no quería herir a su hermana, por ello estuvo esquivándola durante muchos momentos en el enfrentamiento. Pero lo había hecho.
-No... Tengo que terminar con esto.-Dijo la castaña, su tobillo le falló al intentar levantarse y cayó al suelo de nuevo. Estaba exhausta, había subestimado a su hermana mayor.
Hiashi carraspeo su garganta, llamando la atención de todos. Mentiría si dijera que no estaba sorprendido, no había esperado que su hija mayor mejorase tanto, pero eso no dejaba de quitarle el deshonor que representaba a la familia, porque haya ganado un encuentro no significase que ahora fuese la mejor.-Como ya habrán visto, ha ganado mi hija mayor.-Dijo.-Pero, dentro de unas dos semanas ella tendrá que tener otro enfrentamiento con su hermana para obtener su puesto definitivamente.
-Pensé que éste era el encuentro definitivo.-Habló Tsunade. La empresa junto al instituto le consumían mucho tiempo como para derrocharlo viendo un encuentro que al final, no valdría la pena.
-Así es, con todo respeto Hiashi-san, aún si usted creara otro enfrentamiento, el resultado sería el mismo.-Dijo una pelirroja. Kushina había notado como la mayor de las dos candidatas a ser la heredera oficial, se arrepentía de haber dañado tanto el cuerpo de su pequeña hermana. Los sentimientos que atravesaban esos ojos perlas eran puros. Es por todo ello que ella defendería a la azabache, de todos los Hyuga que veía en ese sitio, Hinata era quien más le agradaba, aunque no la conociese mucho.
-Tsunade-sama, quería saber cómo actuarían mis hijas ante tanta presión, tener a los representantes de tales compañías viendo su enfrentamiento no es algo fácil de llevar.-Le respondió a la rubia.-Uzumaki-san, mi hija menor está muy bien capacitada; más sin embargo, ella estaba agotada antes de comenzar el encuentro, ha estado exigiéndose a sí misma desde que se entero de éste enfrentamiento.
-Dejaré que mis hijos hablen por mí en ésta ocasión.-Dijo Fugaku, permitiéndole el habla a sus dos descendientes, quería prepararlos para situaciones similares.
-Hyuga-san, con toda honestidad y temiendo a faltarle el respeto, usted lo único que está haciendo es posponer lo inevitable. Su hija menor podrá estar bien educada, y podrá ser la mejor en cualquier cosa que haga, pero su hija mayor ha demostrado estar lo suficientemente capacitada para ejercer el cargo de la empresa familiar.-Habló Itachi.-Sin embargo, es solo mi humilde opinión, usted es quien decide finalmente. Aunque espero y tome en cuenta lo que acabo de decir.
-Lo siento, pero siendo sincero, si expresó lo que pienso en estos momentos, seguramente le faltaría el respeto a Hyuga-san -Dijo Sasuke.-Así que me abstengo a opinar.-Se cruzó de brazos, con el ceño levemente fruncido. Le desagradaba ese hombre.
Hiashi cerró los ojos, frunciendo el ceño.-En ese caso, mi hija mayor heredará la mitad de las acciones, y Hanabi la otra mitad.-decidió el Hyuga.
-No.-la azabache habló fuertemente, pero conservando su tono suave.-N-no deseo heredar nada.-Dijo dándole la espalda a todos, los espectadores fijaron su atención en ella.-Si padre desea dejarle la compañía a mi hermana menor, puede hacerlo, no tengo ningún reparo en ello.-Aclaró, sentía su estómago arder, estaba enojada con él. Sin poder evitarlo, apretó los puños.-De todas formas…-Miró a su padre por sobre el hombro. Frunció levemente los labios.-No desearía hacerme cargo o verme involucrada con una empresa en donde para escoger a su futura cabeza se tiene que usar métodos tan terribles como poner a dos hermanas a pelearse entre ellas.-Sintió que se le iba el aire, había hablado muy rápido.-Me disculpo con todos los presentes por hacerles perder el tiempo.-Dijo antes de salir del dojo. Estaba exhausta, lo peor era que tendría que irse caminando o tomar un taxi.
Suspirando, fue hasta la entrada de la mansión, cuando estaba a punto de abrir la gran puerta de roble, alguien le habló.-Detesto a tu padre.-Hinata volteó, encontrándose con los ojos ónix de Sasuke.
-Su-supongo que es inevitable, mi padre no es del tipo de personas que le suela caer bien a la gente.-Dijo sonrojándose levemente, había olvidado que él estaba en la casa. Repentinamente, los nervios volvieron. Quería irse rápido, a penas y aguantaba estar a su lado en las clases particulares.
-¿No te vas en auto?-Preguntó, alzando una ceja al ver que la azabache intentaba irse, pero ningún móvil la esperaba afuera, podía saberlo al observar a través de las ventanas que daban a las afueras del hogar. Después de ver como la Hyuga se había defendido y cómo encaró a su padre, podía decir que se ganó su reconocimiento. También le agradaba que no fuera tan molesta como sus locas fans.
-No… Pe-Pero puedo irme caminando sin problemas.-Dijo abriendo la puerta y saliendo por ella. Lo que no esperaba era ver como el Uchiha caminaba hacia ella y se posaba a su lado.
-Te llevo.-Le anunció, sacando unas llaves de su bolsillo y enseñándoselas.
-Usted no tiene que…-
-Lo hago porque quiero.-Le interrumpió.-Y en estos momentos se me antoja llevar a cierta Hyuga a su casa, ¿algún problema?-Le dijo mirándole fieramente, queriendo callar cualquier reclamo.
-¡N-no!-Dijo de inmediato. Si lo ponía de esa forma, ¿quién en su sano juicio se negaría?
-Hmp.-Caminó hasta la acera del frente, donde se hallaba un lujoso auto. Abrió la puerta del conductor y automáticamente el seguro de las demás desapareció. Entró, acción que Hinata imitó, sentándose ella en el puesto de copiloto.
El auto arrancó.-¿Dónde vives?-Le preguntó, sin quitar la vista de la carretera.
-Hum, en el conjunto de apartamentos Haremashita.-Le contestó, nerviosa de que Sasuke se burlara por vivir en un apartamento tan simple.
El Uchiha la miró de reojo fugazmente, pero no dijo nada. Sin saber porqué, se sentía aliviado de la sencillez que la azabache poseía, la hacía diferente de sus seguidoras.
Cuando llegaron, antes de que Hinata cerrara la puerta, Sasuke le dirigió algunas palabras.-Recuerda, mañana en mi casa, después de clase.-Y con ello, arrancó.
La azabache sonrió, realmente, el Uchiha no tenía motivos para continuar dándole clases. Él lo hacía porque así quería, y eso lo convertía en una buena persona, aunque ese lado estuviera escondido para el resto de las personas, incluso de sí mismo.
Llegó a la gran mansión en donde vivía junto con su familia. No dejaba de buscar la razón del por qué era tan condescendiente con la Hyuga, comprendía que la azabache no le desagradara, pero tampoco tenía la obligación de ayudarle.
-Sasu-chan, Itachi y yo vamos a salir de compras, voy a preparar vuestras comidas favoritas.-Anunció una mujer de cabello azabache azulado, con un gran parentesco a él. Mikoto Uchiha.
-Hm, cuídense.-Dijo, pasándole a un lado a su madre y hermano para poder llegar a las escaleras. Adentrándose en el pasillo que daba a su habitación.
Antes de entrar a su dormitorio, oyó a su madre despedirse nuevamente desde el primer piso. Se recostó en la cama y admiró el techo, recordó el rostro de la Hyuga, ¿se estaba ablandando?
Se sentía tranquilo, había estado lleno de trabajo en estos últimos días y casi no había tenido tiempo para descansar. No sabía en qué estaba pensando su padre, para la prensa y corporaciones aliadas él era un padre ejemplar; sin embargo, la fama que ha ganado no es más que publicidad. Él sabía de primera mano que Fugaku Uchiha era controlador, explotador y codicioso. Básicamente, un empresario inmundo al que únicamente le importaba su compañía.
Recordaba claramente de niño ver a su padre alzarle la mano a Itachi después de haberle defendido por haber tumbado, sin querer, un jarrón traído de Beijing. Se asustó cuando vio a Itachi con los labios rotos, había tomado sin chistar lo que él debía recibir. Su madre se enteró de aquel hecho, y horrorizada a la par de encolerizada le gritó a Fugaku que lo iba a demandar si volvía a tocarle, aunque sea una mísera hebra de cabello, a sus hijos.
Desde ése día, su padre pagaba sus rabias gritándoles o descargándose con algún mueble.-¡Sasuke!-Oyó un grito antes de que su puerta se abriera de portazo, suspiró cansinamente, sentándose.
-¿Qué?-Preguntó secamente.
-¿¡Qué demonios hiciste con los documentos que te di!?-Gritó enojado, al castaño se le marcaban las venas en la frente.
-Ya los archivé.-Contestó desganado, pasándose una mano por el cabello.
-Debo firmar uno de los papeles que yace allí.-Le recriminó, aguantándose las ganas de explotar.
-¿Me estás echando la jodida culpa de que se te haya olvidado?-Chistó, comenzando a enojarse.-Tendrás que esperar dentro de un par de días a que yo vuelva a ir y poder buscártelos.
-Necesito esos papeles ahora.-Dijo firmemente.
Sasuke se acercó a la mesa de noche, y abriendo un cajón sacó unas llaves, lanzándoselas a su padre, el cual las atajó.-Pues ve tú, yo no soy a quien se le olvidó firmar.
-¡Crío insolente!-Gruñó, golpeando con el puño la pared más cercana.-¡Si fuera Itachi él…
-¡Si fuera Itachi no le estarías reclamando!-Alzó la voz, igual de enojado.-Si fuera él quien hubiese archivado aquellos documentos a ti te parecería perfecto.
-¡Mañana después de la escuela vas a ir a buscar esos documentos y tráemelos!-Ordenó, colérico. Lanzándole las llaves y estando a punto de salir de la habitación.
-Mañana tengo un compromiso, buscas los malditos documentos tú mismo o te esperas a pasado mañana.-Contestó tajantemente.
Fugaku apretó los puños furiosos, el castaño podía sentir perfectamente como las uñas se clavaban en sus palmas.-Si pasado mañana no me traes los documentos, la mitad de tu herencia será anulada y traspasada a Itachi.-Dijo con voz severa y contenida.
-Que así sea.-Respondió y vio como su padre cerró la puerta de un portazo. Se volvió a recostar, ésta vez sin pensar en más tonterías y planeando dormirse de una vez.
Se levantó adormilada, con pereza observó el reloj, y chillando notó que ya casi era la hora de entrar a clases. Se levantó como alma que lleva al diablo y procedió a darse una ducha rápida. Vistiéndose al finalizar y corriendo hacia la pequeña sala, se enganchó el bolso en el hombro y agarró su billetera, ésta vez sí se compraría el desayuno.
Corrió por las calles, había tenido un buen sueño, de esos que no tenía desde hace ya bastante tiempo. ¿Por qué ahora sí podía dormir correctamente? Le agradaba, pero no podía evitar preguntarse el porqué.
Llegó al instituto cinco minutos antes, feliz de haber ejercitado desde niña y tener una buena condición física. Fue caminando agotada por los pasillos, ni siquiera se había peinado el cabello, a penas pudo lavarse la boca.-¡Hey!-Vio como Temari se le acercaba saludándole.-¿Te peleaste con las sabanas?-Preguntó riéndose al ver las fachadas en las que estaba su amiga.
-Me quedé dormida.-Murmuró avergonzada, con un sonrojo marcado en sus mejillas.
-Ven, te ayudo.-Dijo agarrándola del brazo y metiéndola en el baño más cercano.-¿Tienes cepillo?-Preguntó poniendo a Hinata enfrente del espejo y situándose ella detrás.
-… No. Se me olvidó traerlo.- Confesó apenada.
-Hmm, creo que traje el mío.-Dijo revisando su bolso.-¡Bingo!-Sacó un cepillo y sin demorarse mucho procedió a desenredar el cabello de la azabache, trabajo fácil por Hinata ser de pelo liso y sedoso.-¡Listo! Entremos a clases antes de que se haga demasiado tarde.-Le anuncio, y ambas comenzaron a andar en dirección al aula.
Cuando entraron se fueron a sentar en sus respectivos asientos, el profesor todavía no llegaba. Hinata se había dado cuenta de que Kakashi solía atrasarse mucho en su llegada. Siempre lo justificaba con alguna excusa poco creíble.
Examinó el aula, notando a Ino, la cual se sentaba puestos más adelantes, estaba callada, raro en ella, no le veía de frente, así que supuso que debía de estar estudiando. Fijó su vista en la fila de al lado, enseguida deparó en aquella mirada azabache que le observaba, su propietario estaba sentado al lado suyo y era nada más y nada menos que Sasuke Uchiha. El azabache parecía haber cogido la costumbre de mirarle. Nerviosa sonrió.-Ho-hola.-Saludó, el Uchiha asintió correspondiéndole y posó su mirar en el pizarrón., separando sus ojos azabaches de ella por primera vez en que entró
-No faltes hoy.-Fue lo único que le dijo Sasuke.
Las clases transcurrieron más rápido de lo esperado para Hinata, tuvo que pedir permiso en el trabajo para faltar ése día, excusándose por primera vez con su jefa. Cuando las clases finalizaron, Sasuke se situó en la puerta del salón esperándola, listo para marcharse.
Cuando salieron de la escuela, un gran auto con el logo de los Uchiha en la parte trasera los esperaba. Al poco tiempo llegaron al hogar Uchiha, era una inmensa mansión. Adornada con lujosos muebles, innumerables hermosos cuadros pintados al oleo se fijaban en las extensas paredes de la casa. Cada uno poseía un profundo sentimiento, de eso estaba segura al ver qué tan bien habían sido pintados, algunos podía identificarlos como aprecio o anhelo, aunque en la mayoría de las obras no lograba distinguirlo, parecía que el pintor se ensañaba en ocultar sus sentimientos.
-Son hermosos.-Murmuró, viendo los cuadros mientras caminaba en un pasillo que debía de dar al despacho de Sasuke.
-¿Hm?-Sasuke volteó a verla, oyó perfectamente lo que dijo. Ella estaba viendo cada cuadro que estuviera a su alcance.
-L-los cuadros, son hermosos.-Comentó, avergonzada de haber sido pillada husmeando.-El pintor tiene un gran talento.
-¿Eso crees?-Preguntó sin interés, volviendo a caminar.
-¡Sí! Aunque en la mayoría de los cuadros no se puede distinguir los sentimientos del autor, eso es lo que le da más belleza al retrato.-Expresó felizmente, olvidándose de quién le acompañaba.
Sasuke detuvo su andar, más no volteó a verla.-Yo soy quien los hizo.-Suspiró.-Mi padre odia el arte y me prohíbe pintar, me permitió quedarme con todos esos cuadros con tal de dejar el arte.
-Pe-pero está estudiando en la sección de artes y artes marciales.-Dijo intrigada. ¿Entonces cómo le permitió estar en la aula A-16?
-Él no lo sabe, sólo le dije que era de artes marciales.-Dijo abriendo la puerta de su despacho, grandes estanterías llenas de libros yacían en su interior.
-Mi padre también odia el arte.-Confesó tímidamente, notando que Sasuke y ella no eran tan distinto después de todo, sufrían situaciones algo parecidas.-Pero y-yo no le intereso, así que poco le importa lo que haga con tal de que no sa-saque malas notas.-Dijo con deje de tristeza. Teniendo flashes de su infancia.
-Entonces a ti tampoco debe de importarte él.-Le dijo encarándola.-Si intentas agradarles a todos cambiando tu personalidad, entonces perderás quien realmente eres-Se volteó.-Comencemos con economía-Informó sacando un libro de uno de los estantes y sentándose en una silla que estaba enfrente de un escritorio.
Hinata se quedó perpleja, ¿le estaba aconsejando? Sonrió y se sentó en la otra silla.-Uchiha-san, usted es extraño.-Dijo observó el libro que el azabache había puesto en la mesa. Sasuke alzó una ceja, y le observó intensamente, esperando una explicación. Hinata pareció darse cuenta de lo que dijo y los nervios le invadieron.-Pe-pero me gustan los extraños, so-son diferentes.-Intentó aliviar lo que había dicho, pero notó que lo había empeorado.-Di-digo, en re-realidad...-Su rostro estaba estallando en sonrojo.-Lo que in-intento de-decir es…. Hum, ¿Qu-qué era lo que quería de-decir?-Se preguntó a sí misma en voz alta, frustrada por su propia vergüenza.
Observó a su acompañante, estando perpleja al verlo con los labios curvados hacia arriba. Se quedó prendada antes la tenue sonrisa que proyectaba el moreno.-Comprendo, sigamos.-Dijo dejando de sonreír y empezando con la razón por la cual fueron a ese sitio.
-Sí.-Contestó sonrojada.
Al día siguiente ella pudo desayunar su propia comida, pues había logrado levantarse temprano para poder prepararse algo antes de ir a clases. Ya que comprar comida en el instituto estaba comenzando a costarle demasiado, y debía guardar dinero suficiente para pagar el departamento.
Cuando llegó a la escuela, se encontró con Temari y hablaron por largo rato hasta que el profesor entró al aula. Todos prestaron atención cuando Kakashi anunció un próximo campamento, en el cual debían hacerse equipos de tres, no importaba si eran de otras secciones con tal de que los integrantes fueran del mismo sexo para poder compartir carpas.
El resto de las horas transcurrieron de una manera bastante rápida, antes de que se diera cuenta ya habían acabado las clases. Ella fue una de las últimas en salir del salón, hoy le habían dado la tarde libre en el trabajo, pues estaban haciéndole mantenimiento a los conductos de ventilación, así que no tenía prisa en irse.
Mientras iba en dirección a las escaleras escuchó fuertes gritos, extrañada, aumentó la velocidad de sus pasos hasta llegar al lugar de donde provenía aquel ajetreo. En frente de las escaleras que daban a la planta baja, estaban peleándose Ino, Karin y Sakura. Las dos últimas parecían bastante enojadas con la rubia.
-¡Estás en el mismo salón que Sasuke-kun y aún así no nos lo presentas!-Gritó enfurecida la pelirrosa.
-¿¡Planeas quedártelo para ti sola, zorra!?-Bramó Karin, encolerizada.
-¿¡De qué demonios están hablando!?-La rubia estaba enojada y confundida, ¿no se supone que eran amigas? ¿Por qué se le lanzaban encima como si ella hubiera hecho algo malo?-¡Yo ni hablo con Sasuke-kun!
-¡Mientes!-Le acusó Haruno. Hinata observaba todo escondida tras una pared cercana, notaba como ellas comenzaban a acercársele demasiado a la rubia.
-¡Es cierto!-Se defendió Ino.
-Oye, ahora que lo recuerdo, esa Hyuga está también en tu salón.-Indagó Karin. La azabache jadeó de improvisto.
-¿¡Cambiaste por juntarte con esa inútil!?-La pelirrosa comenzaba a querer golpear a la rubia.
-¡Por dios, claro que n…!-la rubia intentó defenderse de las acusaciones.
-¡Te hiciste amiga de ella y ahora planean quedarse con Sasuke-kun!-La pelirroja comenzaba a tronarse los dedos de la mano.
-¡No! ¡E igualmente ella en ningún momento les ha hecho algo como para que la metan en ésta conversación!-Defendió la rubia.-¡Estoy harta de tener que presenciar cada golpe que le dan!-Comenzó a sacar todas las verdades que se venía ocultando desde hace tiempo.-¿Se sienten tan mal consigo mismas que es necesario intimidar a personas que no vienen al caso para sentirse bien?-Comenzó a jadear, agotada de haber dicho todo tan rápido, observó como los ojos de ambas adquirió un brillo peligroso.-N-no…
-¿Con que necesitamos sentirnos bien con nosotras mismas golpeando a los demás?-Preguntó la pelirroja con aparente calma.
-Hum… Pues en estos instantes me siento bastante mal conmigo misma.-Dijo Sakura, imitando el tono de voz de su amiga y acercándosele peligrosamente a la rubia, quien instintivamente retrocedía.-¡Ayúdame a sentirme mejor, cerda!-Vociferó, estando a punto de empujar a su ex-amiga, la rubia estaba dándole la espalda a las escaleras.
Ino asustada, vio como Sakura la iba a empujar, pero sintió como la tumbaron a un lado, cayendo en el suelo a salvo. Rápidamente dirigió su azulada mirada a donde anteriormente estaba, encontrándose con la mirada estupefacta de Sakura, quien observaba escaleras abajo.
La rubia se levantó y observó en la misma dirección, gritando asustada al ver a cierta azabache desplomada en el suelo del piso inferior, el cual daba fin a las escaleras. La Hyuga no se movía, ni mucho menos intentaba levantarse. O tal vez, simplemente, no podía ponerse de pie.
-¡Hinata!-Gritó aterrorizada Ino.
Notas finales: He notado que hay cierta gentecita que lee mi fanfic y no deja review….¡Deshonor! ¡Deshonor sobre todas vuestras familias! ¡Deshonrados ustedes! ¡Deshonradas sus vacas! D:
No, pero hablando en serio, dejen reviews, aunque no lo crean me motiva muchísimo leerlos, a veces incluso me ponen a escribir más pronto de lo que espero. Me hacen feliz, más que ver cuántas vistas tiene ésta historia -cosa que también me alegra-.
Bien, no soy buena a la hora de escribir acción, por eso estaba ansiosa de escribir ésta pelea, quiero pulir ésa parte de la escritura que tanto me cuesta; sin embargo, esto segura de que no quedó muy bien, o al menos a mí no me convence del todo.
¡La relación de Hinata y Sasuke lentamente se va estrechando! No me gustan las relaciones rápidas, es como tratar de salir con un desconocido. Aunque en la realidad debe de haber gente así, ¿quién sabe?
Problemas, problemas, problemas, ¡en todos lados hay problemas! Creo que ya entendieron el porqué el nombre del capítulo es "disputas" xD. Pero no se puede evitar, todos esos inconvenientes son necesarios para la historia.
No sé cuando pueda actualizar, tal vez dentro de dos o tres semanas (Si se fijan, el ciclo de espera va creciendo x'D), ¿la razón? Comienzan los exámenes finales, y después "yujuuu, ¡vacaciones!". Este capítulo me salió larguísimo, casi cinco mil palabras D: mi plan era hacerlo de tres mil quinientas. ¡Es que los personajes no me dejan terminar de escribir! Hablan demasiado, y hacen mucho, tanto que a veces mis manos se cansan de escribir.
Bueno, ¡nos vemos dentro de un par o más de semanas!
PD: Perdónenme siempre los errores ortográficos.
