La verdad es que tengo que decir que no tardé casi nada en actualizar, ni una semana pasó. ¡Estoy on fire!

Ok, en el capítulo anterior vimos el inicio del Mystrade (?). Bueno, sí. Pero en este vamos a ver la perspectiva de John y Sherlock en este asuntaco.

Quiero que sepan que algunos personajes pueden ser algo OoC, pero no porque quiera, sino porque un adolescente no va a actuar ni hablar como lo hace, no sé, un detective inspector del NSY. O sea, no. Van a actuar como los adolescentes que alguna vez fueron. Solo para aclarar.

Ya les voy diciendo que esto va a ser dramático. No tan dramático como mi vida, pero algo así.

Todo lo demás ya lo saben, así que no tiene sentido repetirlo… :/

O-o-o-o-o-o-o-o-o-o-O

La espalda le dolía a horrores, no veía la hora de regresar a su hogar… y pronto. Pero no podía hacerlo todavía.

Sabía que seguramente John habría malentendido el hecho de que no fuera a su cita acordada. No lo culpaba, no era como él ni cómo su hermano para notarlo.

De todas maneras le debía una explicación. Por lo que, tan pronto como el anciano se presentó al lugar, salió huyendo, sin reparar un segundo en la presencia de Gregory ahí.

La noche había sido tranquila, en un determinado momento Greg se había recostado sobre su mochila con ropa sucia, usándola como almohada, mientras que Mycroft solo se dedicaba a observarlo durante la noche.

Se había despertado cuando el viejo abrió la puerta y fue cuando Mycroft emprendió su viaje en busca de John.

Por desgracia, John no había llegado al instituto todavía, así que se decidió por esperarlo en la puerta de este. Tampoco planeaba faltar a sus clases por un incidente tan tonto como lo era aquel. Aunque pensaba que seguramente Gregory sí se iría a su casa, no era algo de extrañarse teniendo en cuenta que había dormido un buen rato en el piso.

Pero Mycroft se equivocó, John no parecía enojado, estaba más bien confundido, dudoso de algo. ¿De qué?

El día anterior, John había estado estresado desde el primer momento de su día, cuando su alarma había sonado estridentemente, despertándolo de un salto. No le molestaría tanto de no ser que no era su momento de despertar, había puesto mal la hora y era más temprano de lo que debería.

Eran las tres de la mañana. Se suponía que tenía que levantarse a las siete…

Apagó la alarma que todavía seguía molestándolo y la cambió para levantarse correctamente a las siete. Pero no pudo volver a pegar ojo hasta que se hicieron las seis.

Esa mañana se había preparado excesivamente rápido, dándole más tiempo a ponerse nervioso.

Era el día de San Valentín, el día en que iba a invitar a Mycroft a salir, finalmente y tras todas las insistencias de Dimmock en que no lo hiciera porque Myc era "extraño". Eso era algo que nunca se había creído de la boca de nadie. Muchas personas le habían dicho lo mismo cuando habían notado las intenciones que tenía con su amigo.

La única persona que nunca le había dicho nada sobre él era Greg, su mejor amigo. Seguramente porque ni siquiera sabía de quién se trataba, incluso si John hacía el esfuerzo de describirlo.

—Algo alto, pelirrojo…—le había dado algo de vergüenza proseguir—, tiene lindos ojos. Aunque no sé bien de qué color son… va a historia conmigo y Dimmock. Siempre viste bien y es muy inteligente. ¿En serio que no te suena…?—le había dicho hacía un mes.

—Ay, mi querido John… No solo por ser tu amigo voy a saber a quién acosas, ¿sabes?—recordaba haberse enojado y gritado que no lo acosaba.

Era la única vez en la que estaba tranquilo de hablar de su "platónico", según Harry, su hermana, con Greg. Igualmente no se confiaba del todo, para él mientras menos se conocieran era mejor.

En la primera hora no podía más con sus nervios, encima, para aumentarle el nerviosismo, al idiota de Dimmock se le ocurrió jugar a las adivinanzas con sus compañeros de rugby, y las malditas cotillas no se quedaron calladas, haciendo que todos se enterasen. Cada cinco minutos alguien le preguntaba, ¡incluso sus profesores!

Al momento de preguntarle se había calmado de una extrañísima manera, supuso que era el efecto que Mycroft tenía en él. Gracias a eso fue mucho más sencillo preguntarle lo que creía. Había planeado tantas veces cada palabra que le diría, pero en ese momento las palabras solo fluyeron con la mayor naturalidad posible.

El hecho de que aceptara lo había hecho feliz como pocas cosas en la vida. Creía firmemente que le diría algo así como: "Este día no es especial en ningún sentido, es algo tonto y no veo la razón para festejarlo y menos contigo". Por eso no podía creer lo que veía.

Bueno, finalmente estaba en la puerta de su instituto, habían pasado cinco minutos, era la hora exacta en la que la última hora de Mycroft finalizaba. Aunque no estaba seguro de si él tenía Ciencias de la Tierra o Deporte.

Supuso que tenía deporte al ver a la profesora de Ciencias de la Tierra salir y, junto con ella, todos sus alumnos, él no estaba entre ellos, así que debía estar por salir de Deporte.

Esperó quince minutos más, hasta que el profesor de Deporte, quien lo saludó y hasta le preguntó por su cita, ¿habría algo más incómodo que eso?

Ese era el grupo, conocía a varios que se acercaron unos cinco minutos para saludarlo y contarle algunas cosas sin importancia real. Le aseguraron que Mycroft había ido a la clase, pero que no lo habían visto después de que entraron a los vestidores.

John creyó que todavía podía estar ahí, por lo que se mantuvo fijo en su lugar unos quince minutos más. Cuando ese tiempo pasó se dispuso a entrar al establecimiento.

Se dirigía al área donde estaban los vestidores, tal vez algo le hubiera pasado a Mycroft y por eso se habría retrasado, aunque esas eran sus esperanzas hablando. Lo que pensaba de verdad era que se había arrepentido y que no sabía cómo rechazarlo.

Ahora que lo pensaba, ni siquiera tenía su número de celular, en verdad era patético.

Mientras una pequeña esperanza taladraba en su pecho, se dirigió hacia los vestidores, pero cuando estaba por cruzar la puerta que dirigía hacia el campo de rugby, donde se hacían los entrenamientos y se daban las clases de Deporte, se encontró con que la puerta estaba cerrada.

Era obvio que al estar la puerta cerrada no debía haber nadie, se decepcionó en silencio y salió de la escuela con pasos desganados.

Se detuvo en un parque aledaño a su institución, no tenía ganas de ir a su casa para encontrarse con la odiosa de su hermana diciéndole que tenía que buscarse una mujer porque todos los hombres eran iguales y que por eso ella era lesbiana y demás.

Él quería a su hermana, cuando no decía esas estupideces y cuando no tomaba, que era cuando se transformaba en algo veinte veces más insoportable.

Solo se sentó ahí, sintiéndose como un estúpido. Había estado todo el día pensando en cómo se debería comportar, lo que debería hacer y lo que no.

Pensó que era bastante patético quedarse ahí sólo en una pobre banca en el día de los enamorados, por lo que reconsideró la oferta de sus amigos, pero terminó descartando esa opción, seguramente preguntarían y no tenía ganas de decirles nada.

Inmediatamente pensó en Greg, seguramente él entendería y le haría compañía, así no sería tan triste su día.

«Necesito hablar con alguien» era lo único que decía su mensaje.

Después de estar casi media hora en Instagram, se había aburrido terriblemente. Su amigo no le había respondido, lo que era muy extraño, Greg no vivía sin su celular.

Intentó llamarlo, pero le daba directamente al buzón de voz, por lo que estaba apagado.

Suspiró y se recostó en la banca, cerrando los ojos.

Cuando los abrió se sobresaltó al ver a Sherlock Holmes en frente suyo, sonriéndole.

—Pareces preocupado —dijo con un tono de angustia mal fingido—, ¿puedo saber qué fue lo que te pasó?

La verdad es que no lo conocía en persona, si bien sabía que varios rumores sobre él corrían como el viento en el instituto, nunca les había hecho caso. A ese ni a ninguno. Lo único por lo que de verdad lo conocía era por haber engañado a su novia hacía dos meces. Como buen amigo le había tocado consolarla cuando estuvo triste.

—Oh —prosiguió, al ver que John no iba a hablar—, claro, veo que te entristece el hecho de que mi gordo hermano no se haya presentado.

— ¿Cómo…? ¿Te lo dijo Dimmock?—aunque dudaba que fuera verdad, lo tenía que preguntar de todos modos.

—No fue necesario hablar con nadie, querido, son ambos muy obvios.

— ¿…Ah, sí?—se estaba empezando a incomodar, así que se sentó.

—Sí, me lo acabas de confirmar de todas maneras—suspiró y tomó asiento donde John antes había puesto su cara—. Tu sonrisa mal ocultada, tu respiración—hizo una mueca de asco—. Básicamente todo tu cuerpo dice que estás así por el gordo.

— ¡Mycroft no es gordo!

—El amor es ciego…—John entendió el porqué de los rumores.

Se quedaron callados por unos segundos, pero Sherlock no parecía querer irse, seguramente no era lo único que había venido a hacer.

— ¿Quieres saber dónde está tu cita?—dijo con un tono de burla, pero la verdad es que John sí quería saber.

—Sí…—casi susurró—, me gustaría saber.

—En los vestidores —respondió con simpleza, mirando su derecha, donde había un árbol. Sabía que John no entendería, por lo que prosiguió—. Piensa: lo vieron hasta que entraron a los vestidores, ¿crees que mi hermano mostraría su horrible cuerpo a otros?—el rubio rodó los ojos a la "descripción" de Sherlock para Mycroft—. Por supuesto que no, entonces lo que haría sería esperar a que todos se fueran. Una vez ahí se bañó y demás. Pero debe haber tardado más de lo que tenía que. Seguramente Paul, el viejo que siempre usa audífonos, fue quien no lo vio y lo encerró dentro. No escuchó sus gritos y cerró la puerta principal, es un lugar alejado, así que no creo que lo tenga que ver hasta mañana.

— ¿Qué…?—fue lo único que pudo decir.

Sherlock solo se levantó y le dijo: —De todas maneras es algo terriblemente hilarante.

— ¿Hilarante? ¿Cómo se supone que lo saquemos de ahí?

— ¿Sacar? ¿Por qué?

— ¿Cómo que "por qué"?—se levantó también—. Porque es tu hermano y si está encerrado en la escuela deberíamos ayudarlo.

—Olvídalo, tal vez pasar una noche en la escuela le haga pensar en no husmear las cosas de los demás. —pronunció con molestia.

—Pero está ahí solo…—rogó con el ceño fruncido.

—No —era la última palabra que Sherlock quería pronunciar, pero John lo tomó del brazo, obligándolo a quedarse, el más alto ya estaba algo cansado de hablar de su hermano—. A ver, John, ¿quién más nunca salió de su clase el día de hoy? Lo conoces mucho como para no saberlo.

Y fue entonces cuando John notó lo que había pasado.

No, ¿por qué estaría con él? No es posible.

—En realidad es muy posible, pero, ¿temes que te quiten al gordo? No te preocupes, no creo que más de una persona lo quiera.

Después de decir eso se retiró. Pero por más lógica que le pareciera la explicación de Sherlock, no podía simplemente entrar a la escuela solo y sacarlo. En el hipotético caso de que estuviera ahí y no fuera una broma.

No le parecía que si fuese verdad Sherlock fuera tan malo con su hermano como para dejarlo solo ahí. Aunque según él no estaba solo…

Como fuera, no podía hacer nada si no le creía a Sherlock, y la verdad es que dudaba mucho de lo que había dicho. ¿Cómo es posible dejar a tu hermano encerrado en su escuela? Era demasiado cruel.

Decidió no pensarlo más y se fue a su hogar. Cenó rápido y se acostó, ignorando las preguntas de su madre con respecto a su cita. Intentó dormir, pero su mente no quería dejarlo descansar.

Terminó durmiendo a las tres de la mañana.

Una vez despierto, se aprontó lo más lento posible y fue al instituto. No estaba de humor, estaba confundido, pero cansado por no dormir.

En la puerta lo esperaba Mycroft con una cara de preocupación, seguro por su ceño fruncido. Ver a Mycroft le había recordado que su mejor amigo, Greg, se había quedado toda una noche con su cita.

Lo más gracioso de todo el asunto es que Mycroft le había dicho casi exactamente todo lo que Sherlock había supuesto.

A excepción de que se había quedado con Greg, lo que internamente le molestó.

Pero lo que más le había sorprendido de todo era que Mycroft le había pedido otra cita. ¡Por supuesto que quería otra!

O una primera…

O-o-o-o-o-o-o-o-o-o-O

Sherlock estaba viendo la escena, furioso. No se suponía que Mycroft lo invitara a salir. John tenía que no preguntarle por vergüenza a ser rechazado esta vez e iría a hablar con él para saber cómo es que había sabido todo eso.

Como siempre su hermano arruinaba sus planes.

Bueno, por lo menos no se había equivocado en una cosa, y es que John sí fue después de clases, en el segundo receso a preguntarle cómo es que había sabido lo que había pasado con Mycroft. Seguramente porque el primero lo debía haber pasado con su hermano, tenían historia juntos.

Igualmente en el primer receso lo había pasado con Irene, su autoproclamada "novia". La verdad es que nunca le había molestado eso, era solo la manera en la que todos lo veían, no le afectaba mucho.

Su relación con Irene era algo peculiar, había empezado un día, cuando se encontraba "saliendo" con Molly Hopper. Después de tantos molestos coqueteos le había "dado una oportunidad" y como no le molestaba tanto como creía y le servía para algunas cosas, se quedó con ella de esa manera.

Pero cuando Irene fijó su vista en Sherlock, nadie fue capaz de desviarla, hasta que hizo con Sherlock lo que Molly no pudo en un mes de relación: acostarse con él.

Después de un día, Molly se enteró y las cosas cambiaron, para bien y para mal.

Lo bueno era que ya no tenía que soportar a Molly hablando de sentimientos y cosas por el estilo, porque Irene nunca le demostró estar enamorada, solo caliente.

Las desventajas eran, por otro lado, que ya no obtenía las ventajas que tenía con Molly y tener a muchos idiotas de la escuela creyendo que era un mujeriego o un infiel.

La verdad es que no sabía cómo es que la chica se había entristecido tanto cuando la engañó, nunca le había dicho que la amaba ni nada parecido. Es más, le había dejado en claro que no la quería como nada más que su amiga.

Pero tanto ella como Irene querían demostrarle que se equivocaba y que podía enamorarse, eran bastante tontas con eso.

Todavía estaba saliendo con Irene, pero para él era nada más que sexo cuando ella quería. Pero claro que ella no estaba tan de acuerdo con eso últimamente y eso le estaba frustrando terriblemente.

—Sherlock. —habló una voz conocida a sus espaldas.

—Déjame adivinar, ¿tenía razón?—expresó con sorna.

—Eso fue… sorprendente. —Sherlock levantó la mirada de sus zapatos para verlo.

Sabía que John era una buena persona, no lo iba a insultar, pero creía que por lo menos iba a creer que había sido él quién había planeado eso o algo así.

— ¿Qué…?

—Creía que eran suposiciones, que podía ser parcialmente correcto, pero no te equivocaste en nada, hasta llegué a pensar que era mentira. No tendría que haber dudado de ti. En serio que eres fantástico.

Sherlock sonrió ligeramente, John lo hacía también, pero de manera amplia.

—En serio crees eso…—lo afirmó más que preguntarlo, John sonrió un poco más, si era posible.

— ¿Puedes deducir… no sé… la vida de alguien con solo verlo? ¿O es muy película yankee?

Sherlock rio un poco, pero no se negó. John lo dirigió hasta la cafetería, la verdad es que estaba algo emocionado por ver eso. ¿De verdad sería capaz? Estaba empezando a creer en los extraños rumores sobre su sobre-humana inteligencia que hacía que leyera tu mente.

Una vez en el lugar, John estaba buscando a alguien, pero no encontraba nadie que no conociera. Al final optó por la mejor amiga de Greg, que estaba sentada al lado derecho de Anderson, quién estaba con su novia, Mary.

Sherlock la miró por un momento y luego empezó a hablar:

—Padres divorciados, tuvo que consolar a su madre, por eso actúa tan prepotente, como si todos estuvieran debajo a ella. No tiene hermanos, no. Sí tiene, uno, menor que ella. Debe ser hijo de su madre con otro hombre porque es reciente. Ella no lo cuida, pero lo presume bastante bien. Aunque lo quiere como su fuese su hermano entero. Tiene un romance con la persona sentada a su lado. Ella lo presiente, pero nunca los ha visto, su novio debe ser bueno mintiendo. Y, oh, parece que acabara de realizar sexo oral…

— ¿¡Qué!?—susurró alto—. No es una broma, ¿verdad?

—No, por supuesto que no —se dispuso a explicar—. Padres divorciados: ¿notaste que no quiere tener una relación seria? Está engañando a su amiga y haciendo que él la engañe. Pero no quiere que él la deje, porque no quiere salir con él. Seguramente es lo único que quiere de él, pero no quiere verse mal saliendo con cualquiera para tenerlo y le debe parecer vulgar tener un "amigo con derecho". No quiere que la engañen como a su madre.

John solo lo miraba sin entender cómo es que hacía eso.

—No tiene hermanos mayores porque todas las cosas suyas son nuevas o de años anteriores, pero todas son suyas—prosiguió—, no es de una familia rica, menos con el divorcio. Por lo que no tiene hermanos.

— ¿Y la relación con Anderson? ¿Cómo es que…?—Sherlock lo cortó.

—Se dan miradas cada cinco minutos, John, es algo más que obvio. Y cuando Mary los mira se pone triste por dos segundos, no quiere ocultar su desagrado, pero tampoco hacerlo muy evidente. No lo sabe pero lo sospecha.

— ¿Y lo del…sexo oral?—preguntó más bajo y más cerca de su oído, lo que le causó una extraña sensación que no supo identificar.

—Fíjate en sus rodillas, con esa falda se nota que están sucias, ahora, mira sus labios, se los lleva mordiendo por cinco minutos. Por momentos los oculta dentro de su boca. Mueve la mano en la mesa y mira a todos lados mientras ríe delicadamente de los chistes que hacen. Es algo obvio que está nerviosa. ¿Qué otra cosa haces con la boca y de rodillas?

John rio ligeramente para decir: —Rezar.

Ambos estallaron en risas luego de eso, John tenía que ser honesto consigo mismo, nunca había escuchado una voz tan bonita como esa. Era delicada pero varonil, le encantaba.

Se mantuvieron un tiempo mirándose hasta que el celular de Sherlock sonó, anunciando un mensaje.

«Tu novia te está buscando» era un mensaje de Mycroft.

—Por cierto—dijo el rubio, acercándose un poco y tomando su celular en manos—, ¿me darías tu número?— ambos sonrieron.

Tenía el ligero presentimiento de que eso se iba a complicar cada vez más…

O-o-o-o-o-o-o-o-o-o-O

Ok, ¡hasta acá, mis bebés!

Esto se viene con todo el lío posible XD

La verdad es que si son observadores, no como yo, van a poder ver qué es lo que está pasando por acá, por lo menos sacar algunas conclusiones.

¡Los amo!

Saludos