Bienvenidos a un nuevo capitulo de mi fanfic. Disfruten la lectura.
Incluso el grillo de cristal, cuyo característico sonido acompañaba a los hermanos en su charla, se había callado luego de aquella revelación, como si hubiera entendido todo lo que aquel semental dijo.
—Oh Shining, esto es…—trató de encontrar las palabras correctas—, lo lamento, ¿Quién es el padre?
Debía ser una broma, Twilight no podía ser tan despistada como para preguntar algo que era obvio para cualquiera, pero pensándolo bien, ella si era algo ilusa cuando se trataba de sentimientos. Shining no respondió, sólo le dio una mirada de tristeza y desconcierto.
—No puedo creer que realmente pregunté eso —respondió avergonzada llevándose uno de sus cascos a la cara— ¿Pero como sucedió? ¿Cuándo?
Twilight quería saltar y abrazarlo, feliz porque su hermano sería padre, y más porque ella sería tía, pero el estado de ánimo de Shining le indicaba que algo no estaba bien. Aun así, articuló sus pensamientos para responder la pregunta.
—Fue… ¿recuerdas los juegos de la amistad? Pues, sucedió en la fiesta luego de la clausura de los juegos. Nos encontramos, nos saludamos, charlamos, y luego de unos cuantos tragos nos fuimos a su cuarto y, bueno, pasó.
—¿Y esperó a que vinieras para recibir la noticia? —inquirió Twilight.
—Ella dijo que iba a invitarme para contármelo personalmente, pero nuestra visita adelantó sus planes.
—¿Qué más? ¿Qué dijo ella? ¿Qué dijiste tú?
—No hablamos. Dijo que me dejaría pensarlo y hablaríamos luego.
El suspenso hizo que Twilight se sentara en el suelo al lado de su hermano. Luego pensó en todos los posibles caminos que la situación podía derivar, desde buenos a malos, pasando por la incertidumbre. Ellos tenían una historia larga, desde el nacimiento de su relación hasta la finalización de la misma cuando Shining estaba a punto de graduarse de la academia de guardias reales. Pero no importaba cuanto lo evitaran o negaran, ellos se amaban, aquella noche de pasión, incluso lo sucedido horas atrás eran prueba de ello.
Pero a diferencia de su hermana, Shining estaba casi seguro de cuáles serían las palabras de Cadence una vez que decidieran hablar de ello. Era una maldición conocerla tan bien.
—¿Pero tú que quieres hacer Shining?
—No importa lo que yo quiera, ella es mi princesa, yo seguiré sus órdenes. Incluso si duele —dijo con una lagrima que rodaba por su ojo derecho, imperceptible para Twilight.
Ella sólo atinó a sostener el casco de su asustado hermano en señal de apoyo. No era necesario sermonearlo sobre responsabilidad paternal y hacer lo correcto por el bien del bebé y su amada. Pero había más cosas en juego que un simple ser al cual debían cambiarle los pañales a diario, pronto Shining lo descubriría.
Twilight le propuso ir a dormir, pero Shining se rehusó, incapaz de sentir cansancio en una situación así. Ella se acostó en su cama, él permaneció mirando a la luna durante otros veinte minutos hasta que salió de la habitación, perdiéndose entre la oscuridad de los pasillos del castillo del imperio de cristal.
XXX
Era la hora del desayuno y del inminente encuentro. Para evitar interrumpirlos de algún modo, Twilight salió del castillo temprano, dirigiéndose a la biblioteca para continuar con su investigación. Aquella mañana, los colores resplandecientes del comedor real eran opacos a comparación de ayer, casi sin color. Esta vez era Cadence quien miraba su plato de panqueques a su vez que a la puerta, esperando que Shining aparezca. Muchos dicen que cuando andas embarazada los antojos te hacen comer por dos, pero esa mañana no tenía apetito. Imaginó lo que iba a decirle a su amado, lo repitió incontables veces, tanto así que no lo escuchó llegar.
—Buenos días princesa Cadence—dijo Shining en tono formal.
—Buen día Shining, toma asiento.
—Será un placer.
Una vez que Shining se acomodó en la silla y el cocinero le trajera su platillo, la princesa ordenó a los guardias, mozos y al mismísimo cocinero que abandonaran el lugar hasta que ella ordenase. Era tiempo de comenzar con la charla.
—¿Qué te sucedió Shining? —preguntó Cadence al notar el cansancio dibujado en el rostro de Shining.
—No pude dormir anoche, ¿Y tú?
—Yo tampoco pude dormir bien.
—¿En serio?
Cadence asintió y con su magia deshizo todo rastro de maquillaje mágico de su cara, revelando las ojeras.
—Vaya, de todas formas no te ves tan mal —comentó Shining.
Sin decir más, ambos comenzaron el desayuno casi por impulso. Uno seguía al otro, sus mentes en blanco, con sus corazones al borde de quebrarse. La delicia gastronómica del reconocido chef personal eran opacados por la situación; la suave masa que se podía cortar con la mínima presión; la miel que se derramaba por los costados; la cereza coronada en la cima cuyo tallo estaba a unos perfectos noventa grados de inclinación.
El ruido del tenedor rayando su punta contra el plato sacó de su trance a ambos, ¿Cuánto tiempo estuvieron comiendo? Shining pensó que todo pasó muy rápido, Cadence imaginó que estuvieron una eternidad.
—Estuvo delicioso —dijeron ambos al mismo tiempo.
Cruzaron miradas y compartieron una sonrisa, felices por la conexión que tenían. Ese mismo gesto los impulsó a hablar.
—¿Cuánto tiempo estás?
—Casi tres meses.
Hubo una pausa.
—¿Cuándo te enteraste?
—Dos semanas después de nuestro encuentro.
Otra pausa. Sus preguntas y respuestas eran simples y vagas, sin ánimos.
—¿Alguien más lo sabe?
—Nadie.
—¿Es un niño o una niña?
—No lo sabré hasta estar más avanzado el embarazo.
—Oh, no sabía eso.
—Pues, así es.
Hubo un silencio abismal por unos segundos hasta que Shining decidió preguntar:
—Entonces… ¿Quieres tener al bebé?
—Por supuesto que sí, ¿tú quieres tener al bebé? —preguntó ella.
—Claro —respondió entusiasmado—. Entonces, si ambos queremos esto y nos amamos, ¿Por qué estamos así? Deberíamos estar gritando de alegría, abrazándonos y besándonos por tal alegre noticia.
—Sé que deberíamos Shining pero… no se trata sólo de nosotros.
—¿A qué te refieres? —preguntó intrigado.
—Sabes que además de princesa del amor, soy la gobernante del imperio de cristal. No es fácil para mi dirigir un imperio que trata de adecuarse a este tiempo, en especial cuando la cultura social se contradice y choca en determinadas circunstancias. Y en ocasiones, debo tomar decisiones pensando en el bienestar de mis ponis.
Shining podía presentirlo.
—Cuando ellas vinieron a visitarme luego de asumir como gobernante, me hablaron de la situación social en la que se encontraba Equestria y como el imperio podía ser un impacto negativo para esta.
—¿Ellas? —preguntó Shining rogando no acertar con su respuesta.
—La señora Homemaker, Life Giver y Gold House.
Un escalofrió lo estremeció. Obviamente reconocía esos nombres donde fuera.
Homemaker es una yegua mayor con sobrepeso, la cual lleva peluca en público. Ella es la actual directora y dirigente de la organización de las Familias Equestrianas Unidas cuyo objetivo es velar por los valores de la familia Equestriana conformada por sementales y sementales o yeguas y yeguas. La poni era reconocida por tener un carácter dominante y una mente cerrada, tratando a toda costa de mantener el orden social y las leyes judiciales y matrimoniales que avalan a la familia del mismo género.
Life Giver, de un carácter más reservado pero con amplios conocimientos científicos, también tiene un puesto alto en su profesión, es la directora del único centro de reproducción asistida y banco de esperma de toda Equestria; el cual se encarga del control de natalidad; sin olvidar que es la única opción en cuanto a reproducción asistida se refiere. Al ser la única entidad encargada, recibe un gran apoyo de los nobles, hablando de dinero.
Gold House es la de mejor personalidad; gustosa de cuidar niños, dotada de paciencia y amor maternal. Es la cabeza de la casa de adopción más importante de toda Equestria, la cual cría potrillos abandonados por padres irresponsables que no se cuidaron cuando decidieron ir en contra de los mandatos naturales. Cuando padres o madres deciden tener un hijo o hija por medios adoptivos, recurren a ese centro gracias al prestigio que este carga consigo.
Las tres señoras tienen un gran peso cuando se habla de cuestiones sociales que afecten a la composición de la familia. Desde eventos hasta leyes. Shining sospechaba de estas yeguas por algunas actividades cuestionables que nunca se investigaron a fondo.
Cadence notó la mirada que puso Shining luego de nombrarlas.
—¿Las conoces?
—Sí, pero no importa, ¿Qué te dijeron? —preguntó impaciente.
—Me hablaron de las cosas que podían pasar si los ponis del imperio visitaban otras ciudades, del maltrato que tal vez podrían recibir y la mala imagen que estos se llevarían de Equestria y viceversa. Me dijeron muchas cosas más pero lo importante aquí es que… el imperio no está preparado para las consecuencias que podría traer llevar la contraria a Equestria, por lo que tuve que hacer algunas concesiones.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Shining entre impaciente y triste.
—Lo nuestro no va a funcionar Shining.
Su corazón latió rápidamente, era insoportable y doloroso. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Todo volvía a suceder tal como aquella vez hace años, se maldijo repetidas veces por dejarse enganchar por este sentimiento otra vez.
—Y con respecto al bebé…
—¡¿Qué vas a hacer con él?! ¡¿No pensarás abortarlo, verdad?! —exclamó enojado.
—No Shining, claro que no, pero tampoco pienso quedármelo, todavía no estoy segura de que hacer con él, pero mis consejeros me ayudarán cuando les revele la noticia.
—No puedes hacer esto… ¡¿acaso no piensas en nuestro amor?! ¡¿Acaso ya no me amas?! —inquirió Shining tratando de encontrar una respuesta a sus interrogantes.
—¡Claro que te amo, y es por eso que no puedo seguir con esto! ¡¿Qué pasará con tu vida si todos se enteran?! ¡Será un gran escándalo!
—¡A mí no me importa! ¡Sería capaz de dejar todo atrás si eso significaría estar a tu lado!
—¡Tal vez a ti no te importe, pero los ponis que te rodean podrían ser afectados! ¡¿Acaso no piensas en Twilight, tu padre o las princesas?!
Luego de eso hubo otro gran silencio entre ellos, se calmaron. Shining permaneció con ambos cascos en la cabeza mirando hacia abajo. Cadence trataba de contener sus lágrimas.
—¿Entonces así va a ser? ¿Quieres que todo termine? —preguntó Shining una vez más.
Cadence sólo asintió. Shining permaneció unos minutos más en trance hasta que se puso de pie y caminó hasta la puerta. La magia de su cuerno envolvió la perilla de la puerta, listo para abrirla y salir por última vez de allí, salir de aquella maldición de la cual se dejó cautivar por última vez. Dio un último vistazo hacia ella y salió.
Cadence esperó unos minutos a que los pasos de Shining dejaran de escucharse en el pasillo cercano. Cuando el silencio regresó, dejó de contenerse; sus ojos se humedecieron, su corazón comenzó a dolerle como hace mucho no lo hacía, sus fuerzas le fallaron haciendo que apoyara su rostro contra la mesa y sollozó sin tapujos.
Media hora después, ordenó que todos regresaran a sus respectivos puestos.
XXX
Twilight fue la primera en llegar a la biblioteca. Durante todo el camino, su mente estuvo distante, imaginando lo que iba a pasar con su hermano. Entre tantas preguntas y escenarios, había llegado a destino y como era de esperarse, sólo estaba la secretaria esperándola con té recién preparado acompañado de cosas dulces.
—Buenos días, princesa Twilight Sparkle.
—Buenos días, si no es mucha molestia, ¿podría llamarme sólo princesa Twilight?
—Lo que usted diga, princesa Twilight. ¿Quiere algo de té y galletas?
—Muchas gracias, pero mejor voy a esperar a Dry Ink.
—Está bien, disfrute su estancia en la biblioteca —dijo con una sonrisa.
—Lo haré —respondió partiendo al mismo lugar donde estuvieron ayer.
Diez minutos después, Dry Ink arribó al lugar.
—Hola, ¿ya llegó? —preguntó agitado.
—Claro, está por allá —señaló con una pluma.
—Gracias.
—Espera.
La secretaria le pasó una bandeja a Dry, apoyándola en su espalda. El poni terrestre sintió su espalda arder por el contacto con el metal caliente.
—Muy bien, la princesa tiene hambre, no vayas a derramar nada, pequeño.
El hipólogo sólo asintió y caminó hacia donde estaba la princesa.
—¡Espera! —exclamó nuevamente la secretaria.
Este se detuvo al mismo tiempo que bufaba. La poni se acercó a él y agudizó su sentido del olfato mientras olisqueaba el cuello del semental.
—¿Acaso llevas perfume?
—Pues sí, debo verme bien para la realeza.
Ella le dio una mirada sospechosa y picara a la vez.
—Como digas, sólo no lo arruines —dijo guiñándole un ojo.
Dry estaba rojo por el calor que no le dio tiempo de pensar en lo que había dicho la secretaria. Caminó a paso apresurado hasta donde estaba Twilight; quien estaba inmersa en unos apuntes con resúmenes de los pocos descubrimientos que había hecho hasta el momento.
—Hola princesa Twilight Sparkle —saludó fugaz mientras dejaba la bandeja en la mesa, dejando escapar quejidos casi inaudibles.
—Hola Dry, ¿listo para otro día de investigación? —preguntó entusiasta.
—Claro princesa, déjeme sacar mis cosas para continuar.
La mesa que anteriormente se encontraba vacía, ahora estaba llena de libros, papeles, archivos, periódicos y demás documentos históricos relacionados al amor. De vez en cuando, Dry se paraba para ir a buscar más libros, otras veces lo hacía Twilight con la ayuda de la secretaría que la guiaba a través de los grandes estantes llenos de conocimiento antiguo en su mayoría. Algunas veces cruzaban palabras pero sólo para intercambiar información.
El tiempo pasó volando, la bandeja con restos de migajas de delicias reposteras y una tetera vacía fue reemplazada por otra llena de sándwiches de distintas preparaciones y una jarra con limonada. La mesa pasó de estar ordenada a ser un completo desastre sin que ninguno se diera cuenta.
Durante un buen rato, un raro presentimiento estuvo aquejando a la princesa, como si algo malo hubiera pasado con alguien cercano a ella. Shining fue lo primero que se le vino a la mente. Aquel hormigueo no dejaba que se enfocara en lo suyo.
—¿Cree que podamos descansar unos momentos? —inquirió Twilight cerrando el libro.
—Creo que nos merecemos uno, con su permiso princesa, ya regreso —respondió levantándose y dirigiéndose al baño.
Mientras estaba sola, comenzó a ordenar la mesa apenada de tenerla tan desarreglada. Su magia atraía, compilaba, archivaba y guardaba todo lo que tocaba, excepto aquellas cosas que Dry utilizaba.
Fue en uno de esos agarres mágicos que Twilight accidentalmente abrió el cuaderno de anotaciones de Dry, dejándolo expuesto en una página aleatoria.
«Seguro habrá visto cosas que yo no» pensó justificando lo que iba a hacer.
Curiosa, tomó el cuaderno y comenzó a ojearlo de arriba abajo. En un principio parecía no tener nada fuera de lo normal, a excepción de un par de notas teorizando sobre su hipótesis de un villano. Ella rodó los ojos antes de continuar. Su lectura se volvió veloz ante lo predecible del contenido, pero cuando estaba a punto de darse por vencida vio su nombre escrito en el cuaderno.
"Para mañana, preguntar a la princesa Twilight Sparkle sobre aquel asunto personal. Es fundamental esperar el momento adecuado."
—¿Sabes, si no es mucha molestia pedírselo, tal vez algún día podría llevarme a la biblioteca del castillo de las dos hermanas? —preguntó Dry Ink mientras se acercaba a la mesa.
—Primero respóndame algo, ¿Qué es esto de "preguntar a la princesa Twilight Sparkle sobre aquel asunto personal"? —inquirió señalando el párrafo en cuestión con su magia.
—¿En serio es lo más interesante que encontró?
Al ver que su pregunta no desvió la atención de la princesa, tomó asiento y decidió ser franco con ella.
—La verdad, no quería preguntarle esto pensando que sería demasiado personal, pero ya que insiste, ¿princesa, usted es heterosexual?
Los ojos de Twilight se abrieron en par. Su mirada nerviosa delataba la respuesta.
—¿Cómo lo supo? —preguntó angustiada.
—No tiene de que preocuparse princesa. Digamos que, lo que dijo ayer sobre como inició la investigación para ayudar a un amigo me resultó familiar, como si ya lo hubiera vivido en otro momento con alguien más. Mejor dicho, la forma en que me lo dijo.
—¿Y usted es?
—Heterosexual también —respondió con toda la naturalidad del mundo, muy por el contrario de Twilight.
—¿Cómo puedes decirlo tan tranquilo? —preguntó intrigada.
—Porque es lo más normal del mundo, o al menos lo era hace mil años. A veces olvido que ya no estoy en la antigüedad —respondió dejando escapar un suspiro.
Algo de lo que dijo hizo hincapié en la mente de Twilight, lo que la obligó a preguntar:
—¿A qué se refiere con que lo vivió con alguien más?
La pregunta hizo que el hipólogo se rascará la cabeza, tratando de no ponerse muy sentimental a la hora de responder.
—Tenía un mejor amigo hace mucho, éramos inseparables. Nos conocimos en el jardín de niños y desde ese entonces compartimos una duradera amistad. Cuando llegamos a la adolescencia nuestras personalidades desiguales se marcaron, a él le gustaba viajar y conocer todo tipo de ponis y demás criaturas, a mí también me atrajo la idea de conocer otros seres y culturas, pero a través de los libros, escarbando en su historia y comportamiento.
A medida que relataba iba perdiendo su tono formal y ganando calidez.
—Mientras yo estudiaba en la universidad, él viajaba por Equestria. Un día él regresó de su viaje por las montañas y muy seriamente, como nunca antes, me pidió que nos reuniéramos para hablar. Todavía recuerdo el sudor de su frente, el temblor en sus cascos y su voz, el pequeño papel que sostenía con su magia con unas cuantas palabras claves y la expresión de su rostro que rogaba por comprensión.
Twilight estaba impresionada por esa descripción, si sus amigas pudieran opinar como estaba cuando les contó que ella era heterosexual, seguramente le responderían de la misma manera.
—Le pregunte muchas veces que ocurría, él sólo daba vueltas, divagaba; hasta que finalmente tomó el coraje para decirme que era gay. Al principio me quedé sorprendido ya que él siempre fue un galán al cual las chicas preferían. Me preguntó si todo estaba bien entre nosotros, yo le respondí que obvio, mientras no estuviera enamorado de mí no habría nada raro entre nosotros. Ambos reímos y prosiguió a contarme de su viaje.
Después de eso, observó como Twilight estaba concentrada en su relato.
—La cosa es que… vi en ti lo mismo que en él y el resto fue sólo sumar dos más dos —finalizó volviendo a poner atención al libro abierto en la mesa.
—Eso es… interesante, de verdad —respondió Twilight luego de articular sus pensamientos— ¿y qué sucedió después con él?
—Pues, me gradué de hipólogo y él continuó con su viaje, esta vez se fue al otro continente a conocer al resto de las especies pacificas del mundo. Lo último que supe es que conoció a un agradable grifo con quien pareció llevarse muy bien, si me permite decirlo.
—¿Lo último?
—Sí, lo último antes de que el imperio desapareciera —respondió en tono melancólico.
—L-lo siento, no fue mi intención decir eso —apresuró Twilight a disculparse.
—No hay problema, al menos él pudo vivir una vida completa —dijo resignado.
—¿Cómo dice?
—No importa, deberíamos proseguir —contestó rápidamente cambiando el tema.
Twilight entendió y ambos continuaron con la lectura. Las horas pasaban y la investigación avanzaba, pero los datos que arrojaba eran cada vez más escasos, ambos llegaron a la misma conclusión, había peligro de estancarse.
Pero Dry Ink no estaba dispuesto a darse por vencido. Frustrado, apoyó su espalda contra el respaldo de la silla y dejó caer su cabeza hacia atrás, sus ojos observando un punto fijo en el techo. Twilight siguió leyendo sin darle importancia.
Comenzó a pensar, razonar, imaginar, crear, conectar; todo lo que había leído estos días. Su cuerpo permaneció completamente inmóvil mientras esto sucedía, apenas parpadeaba si no fuera porque su cuerpo lo hacía involuntariamente. Ignoraba cualquier detalle a su alrededor, incluso la sombra de un poni que parecía estar buscando un libro en las repisas del piso superior. Cuando su mente llegó hasta lo aprendido el día de hoy, sus recuerdos históricos se mezclaron con los de su mejor amigo y sus viajes. Realmente lo extrañaba.
«¿Cuántas ciudades nuevas habrías visitado si te quedabas unos meses a descansar?» preguntó en su interior.
Ese pequeño momento de tristeza despertó una idea que rápidamente se conectó con variables y otros pensamientos, escalando súbitamente hasta lograr que regresara al mundo real. Al despertar, saltó de su silla y corrió ante la mirada incrédula de Twilight, luego se detuvo y giró para regresar a donde estaba.
—¡Venga conmigo princesa, rápido! ¡Y traiga un mapa de Equestria! —exclamó ansioso.
Dry salió disparado, Twilight no tardó en hacer levitar un mapa y acompañarlo hasta la entrada donde lo vio hablando con la secretaria. Al llegar sólo escuchó un "gracias" de su parte y otra vez echó a correr hacia otra parte de la biblioteca, Twilight exhaló cansaday tomó un segundo aire antes de seguirle.
El hipólogo llegó a la sección geográfica de la biblioteca y comenzó a ojear el título de cada libro en busca del que necesitaba.
—Como no me di cuenta antes —se dijo a sí mismo.
Sacó unos cuanto libros y los puso en la mesa, para ese entonces Twilight llegó exhausta y depositó el mapa cerca de los libros.
—¿Qué descubriste? —preguntó recuperando el aliento.
—¡Rápido, abre el mapa! —ordenó sin hacerle caso.
Twilight obedeció un poco extrañada por su comportamiento.
—La historia está llena de momentos de suma violencia princesa Twilight, esos momentos suelen cambiar la vida de muchos ponis —balbuceó mientras hojeaba las páginas de uno de los libros— Y es gracias a eso que tenemos la siguiente parada de su investigación.
Sujetó un lápiz con su boca y se acercó al mapa, haciéndole un circulo a una ciudad cercana a Ponyville.
—¿Dodge City? —inquirió acercándose al mapa.
—Así es.
—¿Pero por qué?
—Dodge City fue fundada hace quinientos años durante la era de la persecución hacia los ponis heterosexuales.
—¿Persecución? ¿A qué se refiere?
—¿No lo sabe?
Twilight negó. Dry dio un vistazo al libro que estaba leyendo, era uno antiguo, con paginas amarillentas y muchas de ellas con palabras borradas.
—Estos libros son viejos, fueron donados por la princesa Celestia para ayudar a la biblioteca para actualizarse pero estoy seguro que también aprovecharon la ocasión para limpiar un poco su depósito. Creo que la historia de lo ocurrido hace pocos siglos ya no se encuentra en los libros escolares actuales.
Twilight sólo pudo observar con duda al hipólogo quien al parecer le gustaba divagar entre sus pensamientos. Al notar esto, Dry fue directo al punto.
—Hace quinientos años, hubo una especie de persecución contra todo aquel que estuviera en contra de las relaciones homosexuales. Muchos inocentes murieron a causa de ello, y una parte de los sobrevivientes se reunieron y fundaron una ciudad para refugiarse, llamaron a ese ciudad Dodge City.
—Su propuesta suena… interesante, podríamos revisar su biblioteca en busca de libros que daten del tiempo anterior al pueblo, diarios, periódicos, cartas —dijo imaginando las posibilidades mientras una sonrisa cada vez mayor se dibujaba en su rostro.
—¿Podríamos? —preguntó Dry.
—Claro, usted es parte de la investigación, tiene que venir con nosotros, claro, si está de acuerdo.
—Si usted lo propone alteza, entonces iré, ¿Cuándo partimos? —comentó sonriente.
Mientras ellos arreglaban los detalles de su nuevo viaje, Magnifying Glass, quien en se encontraba aparentando buscar un libro mientras observaba la investigación de Dry y Twilight, asomó su cabeza por el barandal de vidrio y con su cámara comenzó a sacar fotos a los libros que ellos estaban utilizando, aprovechando que la princesa y el hipólogo ya no estaban allí. Con el zoom de su cámara logró capturar el titulo de los libros utilizados pero todavía no le resultaba claro que estaba tramando como para ser investigada de esa forma. Luego, al escuchar el paso de unos cascos que se aproximaban, volvió a ocultarse.
Al regresar a su mesa, Dry y Twilight comenzaron a guardar sus cosas rápidamente.
—Entonces, así será, nos encontramos mañana en la estación —repitió Dry entusiasmado guardando una de sus enciclopedias.
—Sí, no olvide empacar ligero, si tiene alguna cosa relacionada con la historia de Dodge City eso nos podría ayudar —comentó Twilight cerrando su alforja.
Las palabras Dodge City resonaron en la cabeza del detective, este rápidamente lo anotó en su libreta.
«Debo avisarle a mi cliente en mi informe» pensó Glass.
El tiempo para la entrega de su primer informe estaba por concluir, lo que coincidía con la aparente partida de Twilight. Una vez que abandonaron la biblioteca, Magnifying regresó a su hotel y empacó sus cosas, listo para partir cuando ellos lo hicieran.
Hasta aqui llegó el capitulo señores, espero que les haya gustado.
La realidad comenzará a golpear a nuestros protagonistas, los siguientes capitulos se pondrán más intensos.
Aprovecho este espacio para disculparme por las vacaciones extendidas que tomé, se supone que debería haber vuelto en marzo y recien ahora pude dejar a un lago mi pereza y procastinación para volver a retomar la escritura de mis fanfics. No volverá a pasar.
Como siempre, usaré este espacio para agradecer los reviews dejados en el capitulo anterior por parte de:
Dragon Lector: Espero que el capitulo haya resuelto tu duda. Gracias por el review.
Linkwarriorx0: Gracias por el review, a veces aprovecho algunos momentos para ponerme un poco más emocional a la hora de escribir.
DanLand 1939: Tal vez fui demasiado malo con Shining, pero veré una forma de recompensarlo más adelante. Gracias por el review.
Afromario: Vaya que complicó las cosas. Gracias por el review.
Misery680: Si. Gracias por el review.
PinkieAgus: No te preocupes, se abordarán muchos temas a parte del amor. Gracias por el review.
Recuerden, si les gustó el capitulo dejen un review, si tienen alguna duda o consulta pueden enviarme un MP no muerdo, tambien pueden darle like a mi pagina de facebook "Exelion fanfiction" para estar enterados de avances, noticias y otras cosas, link en mi perfil o pueden buscarlo en FB.
Nos vemos gente, se despide, Exelion.
