Había pasado una semana, en una semana completa no había llegado a irrumpir ninguna otra salida después de la última en la que había estado presente con Lestrade. Él, por su parte tampoco había interrumpido nada, y eso lo frustraba mucho.

"¿Por qué?", se preguntarán ustedes. Bueno, por nada más ni nada menos que Irene Adler, la "novia" que les iba a presentar ese mismo día a sus padres. Desde el día en que dijo que iba a presentársela no había dejado de molestarlo con estar juntos, y era extraño, ella simplemente no era esa clase de chicas que se pegaban todo el día a uno sin dejarte hacer nada.

Había algo en su mirada cuando le pedía estar juntos, algo que no lograba entender qué era exactamente, pero no esperaba tardar tanto en averiguarlo.

Ese día en específico había actuado muy extraño. Primero lo había evitado todo el día, no era como si él la buscara, pero en esos días como estaba inesperadamente molesta simplemente no podía evitar pensar en su ausencia.

Para cuando lo notó ya tenía a John Watson sentado al lado suyo.

Y eso le extrañó demasiado…

Creía que su hermano le habría llenado la cabeza con cosas sobre él, pero al parecer no. ¿Por qué se acercaba a él? Lo miró con confusión, pero John simplemente rio un poco.

—Hola. —saludó simplemente, y Sherlock lo observó, buscando algo en su cara que dijera para qué exactamente había ido a hablar con él, qué quería, pero no encontró nada.

—Hola…—saludó, dudoso.

—No te veo desde hace bastante, ¿qué has estado haciendo? —preguntó, mientras se sentaba a su lado. Sherlock le hizo un espacio, apartándose un poco.

— ¿Siete días son muchos?

—No —dijo rápidamente—, bueno, no sé.

—Parece que has estado ocupado. —comentó despreocupadamente mientras se recostaba en la pared detrás suyo.

—Tú también, ¿me equivoco? —era obvio que se refería a Irene, y eso le molestaba, aun cuando no sabía por qué.

—No es como… olvídalo. —se arrepintió rápidamente antes de seguir con su palabrerío, no tenía sentido que John supiera eso, debía ser sólo su amigo.

— ¿Qué?

—Nada, lo olvidé. —se levantó de su lugar y tenía intensión de partir hacia el patio principal, pero John lo detuvo.

—No lo has hecho, dime. —insistía John, pero Sherlock no podía decírselo.

—Te juro que no es nada.

—Vamos, soy tu amigo, puedes decírmelo. —a Sherlock le sorprendió la palabra que John usó "amigo", para John era su amigo. Los ojos del más alto se abrieron sorprendidos, pero John nunca había dejado de mirarlo.

No supo exactamente lo que le pasó, pero pensó que no podía quitar la mirada de los ojos de John. De repente se sintió vulnerable, desprotegido ante la mirada del rubio. Parecía que este no se percató de lo que sentía su amigo, porque nunca ahuyentó sus ojos de los de Sherlock.

—John…—susurró, pero no pudo decir nada más porque en ese momento llegó Mycroft.

— ¡Myc! —se levantó mientras se limpiaba la suciedad de sus pantalones—. No sabía que vendrías, creí que seguías comprando las fotocopias, el chico que las vende es muy lento.

—No estaban, tendré que pedirlas otro día. —dejó que su vista reposara en Sherlock, quién se sentía repentinamente incómodo de estar ahí.

Se sintió tonto repentinamente, ¿qué estaba intentando hacer? ¿Qué hacía mirando a John? Eso se sentía mal, muy mal, sobre todo porque ni bien el rubio había visto a Mycroft su sonrisa se había ensanchado y se había levantado para abrazarlo.

¿Qué hacía él ahí?

—La verdad es que me gustaría averiguarlo. —susurró Mycroft, respondiendo la pregunta de su hermano, mientras John no lo notaba.

Lo entendió, tal vez ya no tenía que seguir con ese loco plan suyo. Ellos se veían bien juntos y por primera vez no se creía capaz de hacer eso. Separarlos, ¿por qué? No quería romper la promesa que le había hecho a Greg, pero tampoco era idea suya arruinar lo poco bueno que tenía la vida de John. La verdad es que hasta se sorprendió a sí mismo con su repentina moralidad, pero le duró lo suficiente como para mandarle un mensaje a Lestrade.

"Ya no vamos a seguir con esto"

Se despidió de John con un simple "nos vemos", aunque él ni siquiera se lo devolvió, estaba ocupado haciéndole ojitos a su hermano. Eso se le habría hecho la cosa más horrible que podría presenciar en su vida entera, además de la vez en la que descubrió que sus padres no solo lo hacían para tener hijos, pero simplemente no podía odiar del todo la escena.

Al ver los ojos de John, la mirada que le daba a Mycroft, supo que algo andaba mal. No se sentía asqueado, se sentía dolido. Quería pensar que era su orgullo, dolido por no haber cumplido con su cometido, pero sabía que no era del todo eso.

Necesitaba olvidarlo, aunque fuera por un rato.

Mientras se iba a paso lento y aparentemente despreocupado hacia el patio recibió varios Whatsapp de Lestrade, pero no respondió ninguno. No estaba de humor para seguir con eso, no ahora.

Necesitaba un cigarro.

¡Dios! Esas necesidades físicas lo estaban matando.

Es que no era solo su orgullo herido, el hecho de que aparentemente John era su amigo, sino que también era ese extraño dolor en su pecho y ese repentino nudo en su garganta.

Tuvo que trotar lo que quedaba de camino hasta llegar a un lugar algo recóndito que es donde siempre solía fumar cuando lo necesitaba.

Y ahí estaba, solo él y su cigarro confiable, como debía ser.

Pero ni siquiera eso le sirvió para calmar el torbellino de pensamientos en su cabeza, era demasiado: John, Mycroft, Lestrade, Irene y su estúpida idea de cenar con sus padres, ya estaba cansado de eso.

De alguna manera recordó a Irene el primer día que la vio: era linda, inteligente y nada aburrida. La mayoría de sus compañeros concordaban en que era un excelente partido y otras cosas que Sherlock ni se molestaba en recordar.

A pesar de todo, lo que más le atraía, según Irene, de ella era su cuerpo, no su mente y eso le molestaba (a ella, obviamente). Sherlock le había dicho varias veces que si no fuera por su intelecto y sus extrañas maneras de coquetear, no lo habría siquiera intentado con ella. Pero ella insistía en que si su "ex-novia" (también llamada así por ella) hubiese intentado tener sexo con él de maneras "más efectivas" y menos "patéticas", él habría accedido.

Sabía por qué recordaba eso.

Lo hacía porque cuando vio a John a los ojos sintió lo mismo que había sentido cuando Irene lo había besado por primera vez. Pero no era amor… su pulso no se había acelerado, no se había sonrojado, ni se había puesto nervioso. ¿Era atracción física? ¿Se sentía atraído físicamente por John…?

Dio una larga calada en lo que Lestrade llegaba al lugar.

— ¿A qué te refieres con eso? ¿Lo vas a dejar? ¿Ahora? ¿¡Por qué!?—prácticamente gritó todo, mientras respiraba algo agitado por haberlo buscado.

—Desde un principio esto fue tonto, yo no hago estas cosas. Si querías algo con él tendrías que haberlo conseguido antes, yo te lo avisé varias veces. —dijo lentamente, mientras exhalaba el humo por su boca.

— ¡Tenía una novia! No podía abandonarla así y luego ir por alguien más, toma tiempo, ¿sabes? —no esperaba que lo entendiera, pero aún así se lo había dicho.

—Sí podías, solamente no querías, pero bueno, creo que mi hermanito no valía tanto como para dejar a esa chica insulsa e intentarlo con él. —lo pronunció con el acento más venenoso que pudo, y logró lo que quería, molestarlo.

No quería pensar más, quería distraerse, y Lestrade era la distracción perfecta.

— ¡Por Dios santo! ¡Sherlock! ¡En serio crees que si hubiera podido no lo habría hecho! Sabes más que nadie, porque esto no se lo he dicho a nadie más que a ti, que ella era alguien muy especial para mí, ¡no quería lastimarla! ¡No se lo merecía! Hay veinte millones de personas que se merecen más que eso, pero ella no. Ella era una persona maravillosa, habría hecho lo que fuera por mí y ahora ya ni quiere hablarme…—a medida que hablaba su voz se iba rompiendo—. ¡…Yo no quise que fuera así! ¡Yo no quería esto! Pero fue inevitable y ahora… ¡No sé qué hacer! ¡Por favor, ayúdame! No sé qué haría sin ti, apenas te conozco y siento que eres mi mejor amigo.

Su voz casi se quebró, casi, pero se sorprendió al saber que sus palabras había provocado un efecto diferente al amigo de John. ¡¿Por qué?! ¡¿Qué le estaba pasando?!

¡Sherlock, estás con Lestrade ahora, no con John! Prácticamente se gritó a sí mismo.

—No sé cómo confortar apropiadamente a una persona, pero si supiera lo haría. —y Lestrade supo que fue la mejor manera que tuvo Sherlock para disculparse.

—No necesitas saber, solo abrázame, ¿quieres?—lo había dicho solo para molestarlo, pero sin embargo Sherlock se había levantado y estaba estirando los brazos para estrecharlo.

No supo qué hacer, así que solo actuó natural y le respondió el abrazo.

Eso se sentía extraño, definitivamente no volvería a abrazarlo.

De pronto escuchó una voz detrás suyo… era Mycroft.

— ¿A qué estás jugando, Sherlock querido?—dijo sarcásticamente, mientras ignoraba olímpicamente a Greg.

—Oh, así que en serio no sabes —estrechó más el abrazo y puso una mano en la nuca de Lestrade, le dio un escalofrío—, bueno, digamos que solo me estoy divirtiendo, sabes que me aburro con facilidad.

Greg no pudo ver la expresión de enojo en el rostro del hermano mayor de los Holmes, pero seguro si la hubiera visto no lo hubiera reconocido. Sherlock solo sonrió y liberó a Lestrade.

Cuando este se volteó, Mycroft ya se había ido.

Ninguno de los dos tenía ganas de volver a sus salones, por lo que se habían quedado en ese lugar mientras charlaban sobre el "estúpido plan B", nada muy interesante por el momento, solo planes.

Inevitablemente la tarde llegó y con ella, la cena que tenían preparada para presentar a "su novia" con sus padres.

Irene lo había alcanzado de camino a su casa, había querido evitarla, pero no había funcionado, como nada de lo que hacía últimamente.

Su madre había hecho un alboroto de lo que era su "pareja", había dicho que era hermosa y simpática y que había tenido suerte y todo eso lo dijo en la entrada, no se imaginaba lo que diría en la cena.

Sherlock había intentado ignorarla y se había ido a su habitación, cerrando la puerta tras él. Se había tirado contra su cama, ese día se sentía repentinamente cansado y supo que tenía que dormir, le tocaba. Pero entonces entró, ¿cómo no?, Irene, también cerrando la puerta tras ella, pero bloqueándola.

—Tu madre es adorable, casi tanto como tú, amor. —pronunció con voz burlona.

—Aléjate, tengo sueño. —alegó, mientras se acomodaba mejor boca abajo y se tapaba la nuca con una almohada.

—Sherly, ¿sabes que estamos solos, encerrados, en tu habitación? —pronunció acercándose lentamente.

— ¿Y?—susurró Sherlock, aún cansado y con sueño.

—Creo que eres lo suficientemente inteligente como para saber qué pretendo con esto. —se sentó delicadamente sobre la cama, mientras con su mano derecha tocaba la espalda de "su novio".

—Creo que me conoces lo suficiente como para saber que casi no duermo nunca, y que si te digo que tengo sueño, es porque en verdad tengo sueño.

Irene rió suavemente mientras colaba una mano debajo de la playera de Sherlock, este se estremeció, lo que provocó que La Mujer se mordiera el labio inferior.

— ¿Seguro?—se burló, nuevamente.

—Bastante. —alejó la mano de su "novia" y se sentó lo más apropiadamente que pudo. Irene lo miró intrigante, ¿qué estaba haciendo?

— ¿Se puede saber qué es lo que pasa? La última vez que hablamos sobre estar en tu casa dijiste que te gustaría hacerlo tan ruidosamente que molestara a Mycroft.

Ah, claro, eso.

Recordaba perfectamente haber hecho eso, pero también sabía que su hermano llamaría a John o le haría un audio para informarle de su situación indirectamente. No quería eso.

Ya ni sabía lo que quería. Se suponía que había terminado todo eso, que ya no iba a seguir jugando con las emociones de nadie, ni las de John, ni las de su odioso hermano. Ni sabía por qué, pero le causaba una molestia significativa el recordar a John siendo cariñoso con su hermano.

Estaba tan concentrado que no notó que Irene estaba sobre él con sus labios pegados a su oído, mientras ahora susurraba:

—Estabas tan concentrado que quise traerte a tierra firme otra vez, capitán Holmes. —no supo si era el efecto de esa voz, la suavidad, la no-tan-extraña sensualidad, o el toque de su mano sobre su pantalón, pero había algo en todo eso que lo había excitado de sobremanera, y eso le molestaba. Había perdido. Maldita biología.

Por suerte o desgracia, su madre los había llamado a comer, la verdad es que no supo si se sintió alegre o defraudado, pero primero debió ir al tocador, lo que ganó una burla por parte de su novia. Aunque fue muy poco tiempo hasta que se calmó del todo y fue como si nada hubiera pasado.

—Entonces, Irene, cuéntanos, ¿cómo conociste a mi querido hijo Sherly? —Sherlock rodó los ojos y suspiró en silencio moderado, esto acababa de empezar y ya sentía que quería irse. De pronto se encontró con su hermano mirando disimuladamente hacia abajo de su mesa, mientras reía por alguien, definitivamente.

Su celular vibró y se encargó de, disimuladamente, cubrirlo para que no se escuchara, luego lo miró aún con más cuidado, era John. Eso significaba que Mycroft hablaba con Lestrade... sonrió ligeramente, pero no llegó a ver el mensaje, que parecía bastante extenso por parte de su amigo, ya que su madre le había llamado la atención con una pregunta.

—¿Conoces a sus padres, hijo mío? —no entendía por qué no podía entretenerse solamente con Irene, era ella lo que quería, ¿cuándo dejaría de molestar...?

—No, no he tenido el placer, madre, pero no es como si quisiera, tampoco. —su madre le dio una mirada reprobatoria, pero no volvió a preguntarle algo, casi todo iba dirigido a Irene.

La velada se estaba haciendo increíblemente larga, pero Sherlock sabía que ahora vendrían las peores preguntas, esas que su madre sabía que eran inapropiadas, pero que aun así preguntaba para creerse joven, era realmente triste.

—Entonces, ¿usan protección? Porque por más que no lo parezca, es algo muy importante, debes saber eso, Sherly... —no supo exactamente qué cara de enfado hacer, ¿la de siempre? ¿sarcasmo? ¿"me crees estúpido"? Era demasiado estúpida la pregunta, tanto que ni merecía respuesta. Pero al oír la suave risa de Mycroft, supo que se las iba a pagar. Y cómo...

—Sí, madre, sabes que no somos idiotas. —dijo, con toda la frialdad que pudo juntar, pero ni eso evadió a su madre de dar un discurso que ya tenía ensayado sobre educación sexual.

Ella hablaba y hablaba, y parecía hacer entretener a Irene y a su hermano, lo que provocó su furia, no midió sus palabras cuando prácticamente exclamó en la mesa, solo con la suave voz de su madre de fondo:

—¿Por qué no le preguntas lo mismo a Mycorft, eh? A él y a su novio. —las palabras casi le hacen exhalar todo el aire de sus pulmones, pero valió la pena al ver la cara de su madre, de su padre y del propio Mycroft. Incluso la cara de Irene ante la defensiva que había tomado.

—¿Novio? —fue lo único que preguntó su madre, y le molestó inmediatamente como sonaba todo eso. Lo único que lograba con eso era hacerlo más oficial... O eliminarlo, por eso Mycroft miraba de esa manera, tan aterrado. Sí, una semana de "noviazgo" y de repente una presentación a los padres de la otra persona, sonaba bastante feo. Serviría.

—Madre, no es lo que—

—Vamos, cuéntales de John, ¿no quieres? —ambos se desafiaron con sus miradas asesinas. Ninguno cedió y el menor prosiguió—. Bueno, en ese caso yo lo haré. John Hamish Watson es un compañero de Mycroft en historia, ¿me equivoco? —la mirada se agravó, mientras la mueca burlona de Sherlock se ensanchaba.

—Mycroft... no sé qué decir... —su madre se levantó y se acercó a su hijo—. ¿Desde cuando te gustan los chicos? ¿Es nuestra culpa? ¿Es algo que hicimos mal?

—Lo siento madre, perdí el apetito. —su hermano se retiró, pero Sherlock no supo por qué esas palabras le habían afectado tanto. Sabía que en unos días se les iba a pasar e iban a querer hasta conocerlo, eran muy predecibles, en cinco minutos estarían listos para ir a la próxima marcha del orgullo gay, pero igualmente le había molestado. ¿Por qué?

Leyó el mensaje que John le había mandado previamente, este decía: "Hola, sé que estás ocupado hoy con todo eso de tu novia y la cena... pero necesito un favor. Greg no me responde, si a ti si, por favor dile que mañana no, tengo planes. Gracias, Sherly". ¿Qué con el apodo? Siempre lo había odiado, su madre solía repetirlo un millón de veces en su infancia, había llegado a aborrecerlo, lo había escuchado ahora, pero lo había imaginado salir de los labios del rubio con un pequeño tono de burla, que sería motivo de una risa suya, como la que ya se le había formado. No notó que debería haberla ocultado, porque ahora sus padres y su "novia" esperaban a ver qué era tan importante como para no escucharlos.

—¿Pasa algo? —guardó el celular en su bolsillo delantero, mientras se esmeraba en no parecer la mala persona que no había escuchado las disculpas de parte de Madre hacia su invitada, pero no funcionó.

—Lleva a Irene a su casa, la pobre debe querer descansar. —se levantó y dejó que los sirvientes levantaran la mesa—. Esta jaqueca acabará con mi vida, Dios Santo. —tomó del brazo a su esposo y se retiraron.

La mesa estuvo completamente impecable para cuando Sherlock se atrevió a mirar a Irene. Parecía desprender ira y decepción.

—Te vas a arrepentir. —fue lo único que dijo, antes de subir a la costosa limusina que la llevaría a casa, Sherlock no tenía planes de acompañarla hasta su puerta, sería tiempo mal gastado. Por lo que, en su lugar, prefirió averiguar qué es lo que pasaría con la "presentación de la sexualidad" de Mycroft.

Definitivamente Sherlock y Mycroft sabían cómo atacarse, y ya no perderían la oportunidad de hacerlo por nada del mundo.


Bueno, chic s, eso es todo hasta ahora, en serio que estoy muuuy ocupada, encima tengo que hacer cosas para literatura y me quitan la inspiración que tengo guardada para esto, los amo un montón. Espero que comenten como lo han hecho hasta ahora, no saben lo mucho que me anima. Si encuentran un error, avisen, y si no, disfruten.

Saludos~~