Good afternoon! ¿Cómo va todo? Aquí os dejo el siguiente capítulo. Os advierto a los menores (:P) que este capítulo no es apto para vosotros. Ale, ¡a disfrutar!
Miro con desconfianza a un lado y a otro de la calle. Es de noche… y a cualquiera que me vea le costará horrores reconocerme. Voy vestida por completo de negro y con un pasamontañas. He salido a por algo de comida a un supermercado casi en el centro de la ciudad. Nuestros recursos poco a poco se van agotando.
Me siento muy culpable por tener que estar cogiendo cosas y poniendo en compromiso a los trabajadores si se dan cuenta de que algo falta… Pero para algo han servido los años de entrenamiento con Dick. Regla número uno del ladrón: nunca robes más de una vez en el mismo sitio y no lleves demasiada carga. Eso sólo aumentaría las sospechas.
Golpeo la puerta un par de veces con los nudillos, la señal que hemos puesto para indicar que es uno de los nuestros. Oigo movimiento al otro lado, y observo una vez más la calle. Es extraño… pero parece que últimamente la gente parece pasar más tiempo en casa que fuera. Los vecinos de Forest apenas abandonan sus domicilios… y eso a la larga puede ser un problema.
-¿Cuál es el arma que uso normalmente? –me pregunta al otro lado Barry. Hemos establecido también preguntas secretas para verificar que no somos impostores.
-Un revólver… -guardo silencio unos segundos. Es mi turno -. ¿Cuáles son mis ascendencias?
-Francesa y japonesa.
Bingo.
Pienso mientras la puerta se abre. Hemos intentado buscar preguntas que sean difíciles de responder; las evidencias a veces conducen al error. Ya les conté que mi padre nació en Francia, y que mi madre, aunque estuvo muchos años viviendo en Estados Unidos, era japonesa.
Barry me recibe con el semblante serio y preocupado. Mira de un lado a otro, al igual que hice yo, y paso por su lado accediendo al interior. Me quito el pasamontañas. Me muero de calor. Debemos estar a unos treinta grados, y eso que son cerca de las dos de la mañana.
Suelto el pasamontañas en una silla que hay libre y me sorprendo al ver a Chris despierto. Que yo sepa es el turno de Barry. Está sentado delante de su ordenador, mirando algo detenidamente, pero centra su atención en mí al verme entrar en el salón. Rebecca duerme en uno de los colchones, y procuro no hacer mucho ruido. Necesitamos estar bien descansados por si hay que salir por patas.
-¿Cómo te ha ido? –murmura Chris cuando paso por su lado.
-No ha ido mal… -respondo sentándome en el sofá y quitándome los zapatos. La caminata me ha sentado de maravilla, pero los zapatos están bastante gastados, y me duelen un poco los pies -. He conseguido un poco de todo… y tengo algo que os va a interesar.
Chris me mira sorprendido y le doy el periódico que he rescatado de la papelera de la casa de al lado. Es de ayer… y trae un titular muy interesante. Barry se sitúa junto a Chris y veo cómo ambos echan un vistazo a la primera plana.
-Pero, ¿qué…? –exclama Chris elevando la voz un poco más de la cuenta.
Me llevo un dedo a los labios mientras veo cómo Rebecca cambia de posición pero sin llegar a despertarse. Me levanto del sofá y me acerco a mis compañeros. La primera plana… la ocupa Irons con una rueda de prensa que ha dado esta tarde. Últimamente parece que le van mucho las ruedas de prensa.
-Nos ha cargado el muerto del incidente del otro día –susurra Barry sin apartar la mirada del periódico.
-Viniendo de él… tampoco es extraño –opina Chris mirándonos a Barry y a mí.
-Lo que sí es extraño… es algo que he escuchado –les informo cruzándome de brazos, sin apartar la mirada de la cara gritona del jefe de policía -. Había muchos guardias patrullando por las calles… He tenido que hacer auténticos milagros para que no descubran… -Chris y Barry se asombran al oírlo. La verdad es que yo también estuve a punto de darme la vuelta en cuanto vi todo el centro lleno de polis. Pero no puedo dejarnos sin comer -. Uno de ellos comentó que Irons lleva cierto tiempo sin cumplir con sus obligaciones.
-¿Lo dices en serio? –me pregunta Barry con el ceño fruncido.
-Eso parece… y la verdad es que no encaja con su manera de ser… -le echo un rápido vistazo a la portada. No he tenido tiempo a verla en profundidad. Fue ver a Irons y todos mis instintos me gritaban que cogiera ese periódico.
"No descansaremos hasta detener a esos fugitivos" Irons ha declarado que buscarán a los desaparecidos S.T.A.R.S. sin descanso. Se les acusa de haber provocado daños en varios vehículos policiales y herir a varios agentes.
-Y de Umbrella… ni rastro –comenta Chris cuando termino de leer el titular -. Irons tiene algo que ver con la corporación… Estoy convencido…
Barry resopla. Ya hemos oído una y otra vez las sospechas de Chris, y la mayoría de las veces siempre acabamos discutiendo.
-¿Y cómo vamos a demostrarlo con toda la policía y los de Umbrella pisándonos los talones?
-Encontramos la manera… estoy seguro.
Algo en la forma de decirlo de Chris me dice que tiene algo… Desde que llegamos llevo intentando sonsacarle información. Pasa mucho tiempo delante del ordenador, pero no sé qué es lo que hace… Cuando se lo pregunto, simplemente guarda silencio.
Barry levanta las manos en señal de derrota y coge la bolsa que he dejado. Se aleja en dirección a la cocina y nos deja a mí y a Chris solos. Mi compañero vuelve a situarse delante de la pantalla, pero se queda quieto. Me quedo observándolo… y para mi sorpresa me mira también.
-Me alegro de que hayas vuelto… -me dice con una voz llena de sinceridad -. Con todo lo que está pasando ahí fuera… tenemos que vigilar constantemente. Si le pasara algo a alguno de nosotros… yo…
Niego en silencio y le pongo una mano en el hombro. Él acerca su cabeza a mi mano y me la acaricia. No sé por qué, pero desde que estamos aquí parece que estamos más unidos que nunca. Apenas nos separamos…y estamos muy receptivos el uno con el otro.
-Oye… -vuelve a decirme mirándome esta vez a los ojos -. Anoche te vi bebiendo. Jill… no debes continuar por ese camino. Todos aquí… te necesitamos. Yo… te necesito.
Trago saliva con dificultad. Su confesión me ha pillado por sorpresa. Y sí, anoche mientras estaba de guardia, recuperé una de las viejas botellas de Forest y empecé a beber. No puedo quitarme de la cabeza la imagen de mis compañeros muertos, esos cadáveres andantes en la mansión, el Tyrant… Es… demasiado. Beber es lo único que consigue aliviar mi pena.
-Chris… créeme que lo intento… pero es tan difícil –murmuro con lágrimas en los ojos. Suerte que Barry aún está por la cocina -. Pero sé… que tengo que ser fuerte…
Chris asiente y me da una amistosa palmada en la mejilla. Me quedo pensativa mientras le observo teclear algo en el ordenador. Debo hacer algo para dejar mi dependencia del alcohol.
Me quito el sudor de la frente resoplando. Está siendo una noche calurosa y bochornosa. Llevamos varios días sin tener noticias ni de Umbrella ni de Irons. Es raro, pero pensaba que pondrían más empeño en localizarlos. Leemos los periódicos diariamente, y ninguna nueva referencia a nosotros. No sé si sentirme aliviado o preocuparme.
He hecho muchos progresos estos días mientras he estado de vigilancia. La información que me ha conseguido Brad es sumamente interesante. Sobornos a algunos directivos de la comisaría, experimentos ilegales, son sólo algunas de las cosas que he leído.
Hablan mucho también del virus T. Rebecca nos estuvo explicando un poco todo lo relacionado con el virus, y la verdad es que no quiero ni imaginar qué podría pasar si llega a caer en manos equivocadas. Lo de la mansión sería un accidente aislado con lo que podría pasarle a una ciudad entera, o a un país.
Pero lo que más me inquieta es el informe que estoy leyendo sobre el virus G, un nuevo virus que parece estar siendo desarrollado por la corporación. Si los efectos del virus T eran devastadores, ¿qué será capaz de hacer el virus G? Cuando consiga información más completa le pediré a Rebecca que le eche un vistazo. Sólo ella puede sacarnos de dudas.
Los documentos mencionan mucho a un tal William Birkin. Tiene pinta de rata de laboratorio, y el creador de esos dichosos virus. Cada vez tengo menos dudas de que estamos haciendo lo correcto. ¿Qué pasaría si ese virus llegara a la ciudad? No quiero ni imaginarlo.
Aquí tengo información suficiente, pruebas que demuestran que Umbrella es la culpable de la muerte de nuestros compañeros. Aprieto los puños con rabia. Qué orgullosos se sentirán si conseguimos que todo esto salga a la luz. Echo un rápido vistazo al salón.
Rebecca, Barry y Jill están durmiendo. Sólo se escuchan sus respiraciones. No sé si Jill estará ya dormida. Hace apenas cinco minutos que la he relevado. Todavía no puedo contarles nada de mis planes, no hasta estar seguro de por dónde podemos empezar a atacar.
Necesito conseguir más información sobre el virus G… y me apuesto un brazo a que Irons sabe algo de estos experimentos pero los está pasando por alto. Tal vez debería pedirle a alguien de confianza que lo investigue y me proporcione algo de información.
Lo pienso. ¿Quién podría ser esa persona? Infiltrarnos en la comisaría sería una auténtica locura; nos buscan como si fuéramos criminales. No, tiene que ser alguien del exterior que pueda tener acceso directo a información privilegiada sobre la policía.
Y entonces caigo en la cuenta. Mi antiguo colega del instituto, Jack Hamilton, trabaja para el FBI. Discreción, seguridad y fiabilidad. Todo lo que necesito. Necesito enviarle un correo electrónico advirtiéndole sobre mis sospechas. Estoy seguro de que aceptará ayúdame.
El problema es que no tengo conexión a Internet, y no sé cómo hackear una red. Brad nos habría venido de perlas de nuevo… Me pregunto dónde estará. Lo más seguro es que esté bastante lejos de Raccoon, huyendo de todos los problemas que Umbrella y Irons nos están causando.
Oigo un ruido. Veo a Jill incorporarse del suelo. Estira los brazos y se queda mirando fijamente la ventana.
-¿Problemas de insomnio? –murmuro llamando su atención. Jill me mira y sonríe un poco -. Deberías descansar.
-Podría intentarlo… y fracasar en el intento.
Esta vez me toca sonreír a mí. Me siento un poco mejor después de haber hablado con Jill para que intente no acudir a la bebida siempre que le entra una crisis. Sé que cada uno llevamos la pena a nuestra manera, pero es nuestro deber ayudarnos los unos a los otros.
-Chris –me llama Jill caminando hacia mí. Lleva un conjunto verde de camisa y pantalón corto muy sexy. Intento desechar la idea de mi cabeza -. ¿Puedo preguntarte algo?
Y señala a la pantalla del ordenador, donde tengo abierto el artículo sobre el virus G. No sé si desde su posición llega a verlo, pero creo que tal vez sea el momento de contarle algo sobre el plan que estoy elaborando.
-Te lo voy a contar directamente –respondo con sinceridad. Jill se sienta a mi lado y me mira atentamente -. He empezado… a investigar un poco. ¿Recuerdas el día del ataque? –Jill asiente. Como para olvidarlo -. Cuando me llamaste… estaba en casa de Brad –Jill se queda boquiabierta. Sé que nadie lo esperaría -. Le pedí… que pirateara los servidores de Umbrella.
-¿Hablas en serio? –exclama Jill en un susurro sin salir de su asombro.
-Y aunque no lo creas… lo consiguió. Me grabó algunas cosas en este pen… y desde que hemos llegado le he estado echando un vistazo…
-¿Y bien?
-Hay algunas cosas muy interesantes, algunos informes de cómo se desarrolló el virus T, de cómo la corporación ha estado recibiendo dinero negro de la comisaría –Jill vuelve a sorprenderse al oírlo -. Sí, yo también reaccioné igual.
-¿Crees que Irons…?
-Muy posiblemente. Pero sin pruebas circunstanciales es imposible asegurarlo –hago una breve pausa -. También menciona a Wesker, al plan que tenía para llevarnos hacia la mansión para que sirviéramos como sujetos de pruebas…
Vuelvo a quedarme callado. No sé si contarle lo del nuevo virus… No, creo que será mejor esperar hasta tener confirmación segura de que ese virus está siendo desarrollado. Jill me coge una mano… y yo la sostengo con fuerza. Es todo tan difícil… que parece que no vamos a salir nunca.
-Chris… ¿Por qué has estado haciendo todo esto tú solo? Nosotros podríamos haberte ayudado a avanzar más deprisa… -dice Jill con determinación, aunque puedo leer en su cara cierto reproche.
-Lo sé, pero quería asegurarme… de que estábamos tras la pista.
-¿Y qué sugieres hacer ahora?
-Ir a por Irons –afirmo con rotundidad. Espero una reacción sorprendida de Jill… pero se queda en silencio. Al menos no me toma por un loco ni nada por el estilo -. Estoy convencido de que tiene información muy valiosa.
-¿Pretendes colarte en su casa o algo por el estilo? –el tono de Jill parece bromista… y ahora que menciona esa posibilidad… no parece tan descabellada. Ir a la comisaría sería un suicidio.
-Me acabas de dar la idea… Iremos mañana –dictamino sin dejar de apretar la mano de Jill -. Nosotros –miro a Barry y Rebecca -. Ellos pueden quedarse vigilando… Ya nos la ingeniaremos para que no se note nuestra ausencia.
-Entonces habrá que preparar un plan. No podemos ir a saco.
-Ya se me ocurrirá algo… Deberías dormir.
-No te preocupes… En cuanto Morfeo me llamé acudiré a su llamada.
Sonrío ampliamente sin apartarle la mirada. Nos quedamos en silencio. No se escucha absolutamente nada. Jill me acaricia el rostro. Cierro los ojos. Es una sensación sumamente agradable. Ya ni recuerdo la última vez que me sentí tan tranquilo… Y entonces, abro los ojos y acerco mi rostro al de Jill. La beso suavemente… y ella no se resiste.
Me pasa los brazos por el cuello y continúa besándome mientras nos ponemos de pie. Cuánto echaba de menos su contacto, su deseo… Nuestras lenguas juegan sin cesar, ansiosas de continuar con este intercambio. Mi amigo se va animando con el paso de los segundos, y sé que Jill ya lo debe estar notando.
-Ven –murmuro completamente excitado y cogiendo a Jill en brazos.
Barry y Rebecca siguen durmiendo; suerte que no se han dado cuenta de nada. Jill me sigue besando mientras subo las escaleras hacia la segunda planta. Puedo ver en sus ojos el mismo deseo que tengo yo.
Subo las escaleras como poseído, y abro la primera puerta que encuentro a la derecha, una habitación donde hay un enorme ropero y una tabla de planchar. Tenemos espacio suficiente. Dejo a Jill en el suelo y me tumbo a su lado mientras la observo.
Está realmente hermosa. Hace tanto que no tenemos un momento para nosotros… Tampoco es que nos hayan dejado. Jill se sitúa encima de mí y se me corta la respiración. Joder, cuánto deseo esto.
Le quito la camiseta del pijama, y sus pechos quedan libres para mí. Me llevo uno de sus pezones a la boca y lo chupo a buen ritmo. Jill empieza a quitarme el pantalón; yo estoy ya más que preparado. Pero quiero jugar; necesito jugar. Mi pene queda al descubierto, y Jill empieza a masturbarme. Gimo de placer.
-Vamos… -murmuro animándola.
Me quito la camiseta. El calor está empezando a ser importante. Beso a Jill en el cuello mientras le quito el pantalón agarrándolo con la boca. Me mira boquiabierta. Sé que no se lo esperaba. Es algo que las mujeres consideran muy sensual.
Al descubierto quedan unas ajustadas bragas azules que Jill baja lentamente mientras la observo sin pestañear. Tiene un cuerpo muy atlético, con alguna que otra curva, como me gustan a mí.
Volvemos a acercarnos y nos besamos. Mi pene roza su vagina, y puedo notar lo mojada y preparada que está para recibirme. Puf, qué morbo. Estoy deseando repetir las únicas dos veces que Jill y yo hemos compartido momentos más íntimos.
-¿Crees que nos escucharán? –susurra Jill apartándose un poco de mí. Niego en silencio pasándole los brazos por la espalda.
-No te preocupes… Aquí estamos bien.
-Tengo el DIU puesto… me lo pusieron la misma mañana de… -se detiene unos segundos. No hace falta que continúe. Ya sé a qué se refiere. Le doy un abrazo, y siento que me gustaría estar así todo el día.
-Tranquila… -le pongo las manos en las mejillas y la miro atentamente -. Está siendo muy difícil para todos, pero tenemos que ser fuertes… por todos nuestros compañeros caídos… Se lo debemos.
Jill vuelve a lanzarse sobre mí y me besa con posesión. Jolín, y yo que quería suavizar un poco la tensión… Aunque sé que es una forma de agradecerme que estoy de su parte. Nos volvemos a caer en el suelo, y yo me sitúo encima. No sé por dónde empezar, pero ya se me está ocurriendo una idea.
Hacemos un sesenta y nueve. Debo reconocer que todo esto me está poniendo a cien mil. Introduzco mi lengua por su sexo, y me muevo con lentitud al principio, y voy aumentando el ritmo. Jill también me la chupa a buen ritmo, y me siento más ansioso y más caliente conforme pasan los segundos.
Poco después oigo gemir a Jill de placer y veo cómo se queda arqueada en el suelo. Yo sonrío satisfecho. Cuánto me gusta hacerla disfrutar a pesar de que no hemos tenido la oportunidad de compartir muchos momentos juntos. Me aparto con suavidad y le tiendo una mano para ayudarla a levantarse.
Jill la acepta sin dudar y la atraigo hacia mí. El juego todavía no ha terminado. Nos acercamos a la pared y coloco a Jill de espaldas a mí. La observo con deseo. Estoy deseando volver a gozar de ese cuerpo. Lamento no tener a mano algunas esposas o algo que me sirva para hacer de este juego algo más entretenido.
Introduzco mi erecto miembro en su interior sin ninguna dificultad. Está más que preparada. Estos juegos nos han calentado mucho a los dos. Jill apoya los brazos contra la pared y empiezo a penetrarla con suavidad al principio. Ella me sigue gustosamente. Mis gemidos se unen a los suyos. Qué sensación tan maravillosa.
Jill echa la cabeza hacia atrás y me mira. Su mirada me indica cuánto le gusta. Y me besa con deseo, casi con ansias. Siento que estoy a punto de correrme. La embisto seis o siete veces más y me dejo llevar al mismo tiempo que ella. Jill se deja caer en mis brazos y yo la abrazo.
Lo único que se escuchan son nuestras respiraciones entrecortadas. Nos miramos, y sé que ambos nos sentimos satisfechos.
-Deberíamos volver… -murmura Jill con voz ronca y bastante sensual. A ver si no voy a ser el único que quiere un segundo asalto -. Puede que se hayan despertado.
-Sí, será mejor no darles motivos para que se preocupen.
Veo a Jill recoger su ropa y ponérsela. Yo tardo un poco más en ponerme en movimiento. Me pongo la camiseta y los calzoncillos casi de un tirón, sin prestar demasiada atención a lo que hago. Una parte de mí me dice que lo que hemos hecho puede afectar a nuestra concentración.
Nos estamos jugando la vida contra los de Umbrella, y necesitamos todos nuestros sentidos alertas. Eso mismo fue lo que le dije a Jill hace unas noches. Pero joder… cuánto echaba en falta su tacto, su ser, su pasión.
Madre mía. Madre mía. Madre mía. Estos dos no paran eh. ¡Vuelven a las andadas! ¡Y qué les gusta meterse en la boca del lobo!
Xaori: Como ya has podido comprobar, sí que han aprovechado esos momentos de bajar la guardia :P Es que no pueden resistirse jajaja
Kim Redfield: ¡Hombreeeeee! Te echaba de menos por aquí! ¿Cómo va todo? Como ves, ya hay hasta segunda parte y todo. Espero que te esté agradando tanto como la primera parte.
TheLastHokage: Como bien dices, pocos momentos de respiro van a tener... Éste quizá ha podido ser uno de ellos, porque se avecinan curvas!
Esto es todo por hoy. Estoy deseando que llegue la semana que viene, que tenemos un puente muy pero que muy bueno :D :D ¡Nos vemos!
