¡Hola a todos! ¿Qué tal lleváis la semana? Bueno, la mía la verdad que bastante movida: tenemos inspección en el colegio y estamos hasta arriba de papeles y demás... En fin. Me espera un fin de semana interesante rellenando papeles. Tranquilos que este capítulo es más tranquilo que el anterior... o no!
Llevo todo el día sin moverme. No… no puedo pensar con claridad. Todo lo ocurrido el día anterior sigue muy fresco (demasiado) en mi memoria. Mis sueños han estado llenos de pesadillas, eso cuando he podido conciliar el sueño. En mi mente sólo se recrea cómo Irons violaba a Jill una y otra vez.
Siento un escalofrío, y no precisamente por el frío. Hay mucho ajetreo en la comisaría hoy. Algo se cuece. Lo presiento. El ir y venir incesante de pasos no para ni un instante.
Decido levantarme. Poco a poco. El pie me duele una barbaridad; en la enfermería hicieron lo que pudieron para sacarme la bala y aliviar un poco mi dolor. Me traen cada cuatro horas un paracetamol, pero ahora mismo no me hace ningún efecto. Me acerco a los barrotes y observo el exterior.
Se oyen voces lejanas, pero no hay nadie vigilando mi celda. Es muy extraño. Unos pasos se acercan. Me alejo cojeando hasta colocarme cerca de la pared. Un poli se para frente a la verja. Se abre… y no puedo evitar sentirme aliviado cuando veo aparecer a Jill.
El tipo la empuja hacia el interior. Jill cae al suelo.
-Maldito cabrón… -murmura levantándose con lentitud.
-Disfrutad de lo que os queda… Eso es lo que me ha dicho Irons.
Las palabras del tipo me dejan sorprendido. Eso solo confirma mis sospechas: Irons va a matarnos. Hoy. Esta tarde o esta noche. Olvidando unos instantes esos pensamientos, me acerco a mi compañera.
-Jill… -y nos fundimos en un intenso abrazo. Sólo se escuchan nuestras respiraciones durante unos instantes. Me separo un poco y la observo. Tiene un aspecto horrible, el mismo que debo tener yo -. Tenemos que actuar. No creo que… salgamos de hoy.
Jill me mira sorprendida, pero en su mirada veo… determinación. Me gusta.
-Esos capullos me quitaron las ganzúas… -murmura observando la pequeña habitación -. Examina los ladrillos. Busca algún hueco para derribar la pared… No tenemos otra opción…
Asiento enérgicamente y me acerco a la parte derecha, donde está la cama. Voy tocando uno a uno los ladrillos, con desesperación. No sé cuánto tiempo nos queda. No palpo nada, ni una puñetera hendidura. Los gruñidos frustrados de Jill me hacen indicar que no está teniendo mejor suerte.
Unos pasos me distraen. Maldita sea. Jill y yo nos apartamos inmediatamente de la pared y nos quedamos inmóviles uno al lado del otro. Alargo la mano… y encuentro la de Jill. La cojo. No me suelta. La observo. Me gustaría decirle tantas cosas ahora que sé que posiblemente…
Un policía se para delante de la celda. Por su estatura parece una mujer. Abre la puerta y se nos queda mirando. No dice nada durante unos instantes. Mira a un lado y a otro. Su actitud es un tanto… extraña.
-¡Eh, vosotros, venid aquí! –exclama una voz que me es sumamente familiar.
Suelto la mano de Jill y camino con lentitud pero con decisión… No, no puede ser…
-R… -grita Jill llevándose las manos a la boca.
¡Rebecca, nuestra Rebecca, ha venido a rescatarnos! La chica se lleva un dedo a los labios. Dios, cuánto me alegro de verte. Seguro que el bueno de Barry está por allí. Benditos sean. Tienen un plan para sacarnos de aquí.
Rebecca se da la vuelta y nos pasa dos uniformes de policía. Cojo el mío pensativo. Con mi cojera no creo que dé el pego. Tal vez Barry y Rebecca planean que todos salgamos camuflados como polis… pero si me ven cojear van a sospechar de inmediato. Veo a Jill colocarse el uniforme del R.P.D. y una gorra. Tiene también una pistola.
-¿Queréis venir de una puta vez? –vuelve a exclamar Rebecca como si nos estuviera llamando la atención -. Irons quiere ver a Redfield.
Rebecca, tras un rápido examen, parece haberse dado cuenta de mi situación. Dejo el uniforme a un lado, y entonces recuerdo los papeles que escondí bajo la litera. No he tenido tiempo de echarles un vistazo… pero ya lo haré… eso si salimos de aquí.
¡Qué carajo! Rebecca y Barry se han arriesgado, y si han decidido venir hoy, es porque lo tienen todo bien pensado. Me meto los papeles rápidamente bajo mi ropa. Rebecca me lanza una mirada de advertencia. Estamos perdiendo tiempo. Lo sé.
-Esperad… -murmura mirando la derecha. Jill y yo esperamos -. Ahora. Salid.
Jill, disfrazada como policía, se coloca al lado de Rebecca, y yo me coloco delante de ellas. Contengo las ganas de reírme y de abrazar a mis compañeras. No puedo creerme que después de todo por lo que hemos pasado lo vayamos a conseguir…
-Las manos juntas, Redfield… -me ordena Rebecca antes de colocarme unas esposas. Estoy empezando a odiar muy seriamente esos trastos. Nuestra compañera más joven cierra la verja y empezamos a caminar. Rebecca vuelve a dirigirse a nosotros casi murmurando -. Barry está esperando junto a un furgón en el aparcamiento… Hay que llegar allí sin que nos descubran… He oído que Irons quiere mataros en menos de una hora.
Intento no parecer sorprendido, pero el temor de que no estemos saliendo a tiempo me inquieta. Joder, ya me podrían haber trasladado a mí a la zona de celdas junto al aparcamiento. Habría sido todo más fácil. Espero que no nos encontremos con el poli que trajo a Jill, si no todo se acaba.
Caminamos con decisión por los pasillos, cruzándonos con algunos polis que se fijan sobre todo en mí. Bueno, eso es lo importante… que no se centren mucho en Rebecca y en Jill. Llegamos al ala de detectives. Ya estamos más cerca de nuestro destino. Algunos se ríen cuando nos ven pasar. Malditos… Me encantaría cruzarles la cara.
Bajamos por la escalera que lleva al sótano. Es extraño que no nos hayamos encontrado con ningún problema. A estas alturas, posiblemente, ya se han dado cuenta de que no estamos en la celda. Joder, si pudiéramos aguantar cinco minutos más. Pasamos junto a la zona de vestuarios escuchando voces.
-Cuidado –susurra Jill en el momento en el que la puerta que tenemos delante se abre.
Salen varias polis uniformadas. Posiblemente van a empezar su turno. El corazón me da un vuelco al ver que una de ellas es Amanda. Joder… precisamente ahora. Las chicas se nos quedan mirando, y la primera en reaccionar es precisamente mi ex novia. Se ríe señalándome, y las demás le siguen.
-Vaya, vaya… míralo… echo todo un preso –logra decir cuando ha recuperado la compostura -. ¿Dónde está la otra gilipollas? El otro día Irons me permitió que la zurrara… y vaya si lo hice. La dejé llorando.
Nuevas risas. Siento que Jill se mueve incómoda a mi lado. Afortunadamente no abre la boca.
-Tengo que llevar al preso a la celda. Si me disculpáis… -la interrumpe Rebecca dándome un empujón para hacerme caminar. Cuanto antes nos alejemos de éstas, mejor.
-¿Pero él no estaba en la celda del ala oeste?
Mierda. Rebecca me detiene. Primer puto problema. Mi compañera está nerviosa; nos ha pillado a todos por sorpresa. Jill simula examinar la pared del lado opuesto. Aunque lleva gorra, sé que lo está haciendo para que no se le vea bien la cara.
-Irons nos ha pedido que lo traslademos allí –responde Rebecca encogiéndose de hombros -. Vamos, andando.
No le discuto. Jill se une a nosotros, y hacemos los últimos metros hasta el parking a un ritmo más elevado de la cuenta. Joder, estoy convencido de que ahora le irá con el cuento a Irons. Tenemos que largarnos de aquí cuanto antes.
-Se nos ha acabado el tiempo –murmura Rebecca dirigiéndome hacia el furgón que está más alejado de nosotros.
Barry, vestido como un poli también, nos está esperando apoyado en la furgoneta. Suspira aliviado al vernos.
-Me estaba empezando a preocupar… ¿Algún problema?
-¡Arranca! ¡Tenemos que irnos! –grita Jill mirando hacia la puerta que conduce a las celdas.
Dos polis vienen en nuestra dirección charlando. No parecen haberse dado cuenta de nuestra presencia. Barry abre la puerta trasera, y yo me introduzco de un salto. Espero que no me hayan visto. Rebecca me acompaña, y Barry cierra la puerta.
Comparto una mirada de preocupación con Rebecca. Todavía nos queda lo peor: salir sin levantar sospechas.
-¡Eh, vosotros! ¿Qué estáis haciendo? –pregunta alguien fuera, posiblemente uno de los tipos que vimos antes.
-Tenemos una emergencia en Mall Street –oigo a Barry. Rebecca y yo nos miramos en silencio -. Salimos pitando. No podemos perder tiempo.
Nadie dice nada más, e instantes después escucho las puertas delanteras abrirse. Rebecca se acerca a mí y me quita las esposas. Suspiro aliviado. Ahora entiendo por qué todos los presos se quejan de que les hacen daño cuando se las ponen.
El vehículo se mueve. Nos ponemos en marcha. Una leve esperanza se apodera de mí. Estamos tan cerca… La tensión es tan patente que nadie habla. Poco después el furgón se detiene. El control de salida. Dios… a estas alturas, ya deben saber que estamos escapando.
-Barry… ¡acelera! –le ordeno sin pensarlo. Los segundos que perdamos aquí pueden ser fundamentales.
-¿Qué?
-¡Vámonos de aquí!
Y con una velocidad de vértigo nos desplazamos. Oigo voces a mi espalda. Pero no importa. Somos libres. Después de todo por lo que hemos tenido que pasar… ha merecido la pena a pesar de que hemos tenido que pagar un precio muy alto.
Barry abre la puerta mientras ayudo a Chris a subir los escalones. El pie debe dolerle mucho. No para de apretar los dientes. Rebecca está vigilando la calle. No hay nadie. Hemos escuchado varias sirenas de policía que nos han puesto en alerta, pero no nos han visto. El rescate ha sido un auténtico éxito.
No sé cómo podré agradecerles a Rebecca y a Barry lo que han hecho por nosotros. De una muerte segura… a seguir vivos un día más para luchar. Entramos en el piso de Forest, cerrando la puerta con llave y bloqueándola. Es entonces cuando nos permitimos respirar tranquilos.
Dejo a Chris sentado en el sofá. Miro a Barry y le abrazo.
-Nos has sacado de una buena, amigo… -le digo cuando termina el abrazo. Barry simplemente sonríe.
-No tienes que agradecer nada… Os lo debo por… todo el daño que os causé… por culpa de…
-Vamos, de no ser por ti, me habría convertido en un sándwich de Jill –le guiño un ojo. Barry vuelve a sonreír.
Aún recuerdo lo tonta que fui cuando activé un mecanismo que hizo caer el techo del suelo hasta que casi me aplasta si Barry no me hubiera sacado literalmente a rastras de la habitación.
Sé que se siente muy culpable por haber seguido las órdenes del capitán Wesker para encubrir las pruebas. ¿Y quién iba a pensar que el capitán jugaba en el bando contrario? Desde luego que Barry hizo lo que tenía que hacer, y no se le puede reprochar nada a pesar de que en varias ocasiones nos puso en peligro. A mí en más de una ocasión.
-Tenéis un aspecto horrible los dos… -comenta Rebecca llegando con un botiquín. Se sienta junto a Chris -. ¿Queréis contarme qué demonios os ha pasado para acabar allí?
-Eso… ¡Casi me da un infarto cuando me enteré por el periódico! –la apoya Barry asintiendo enérgicamente.
Suspiro cansada sentándome junto a Chris. Rebecca le está examinando el brazo, donde tiene unos cortes profundos, por no mencionar todos los que tiene en la cara. Estamos hechos unos desastres. Yo no me atrevo ni a mirarme en el espejo.
-¿Se lo contamos? –le pregunto a Chris. Mi compañero gruñe cuando Rebecca empieza a desinfectar sus heridas.
-Deberíamos…
Observo durante unos instantes a Rebecca distraída. ¿Realmente estoy preparada para hablar de todo lo que nos hizo Irons? Me entran náuseas sólo de pensarlo… pero Barry y Rebecca están de nuestro lado, luchando. Deben saber toda la verdad.
-Bien… Empezaré desde el principio –me aclaro la garganta -. Chris le pidió a Brad que hackeara la web de Umbrella y consiguiera toda la información que pudiera –Barry me mira sorprendido, y Rebecca detiene unos instantes sus curas -. Consiguió algunos datos, pero nada relevante…
-¿Y nos lo has estado ocultando todo este tiempo? –le pregunta Barry. Puedo notar un deje de enfado en su voz.
-Quería… esperar a tener pruebas sólidas –Rebecca está ahora con las heridas de su cara -. Jill lo sabe porque un día me pilló mientras todos dormíais…
-Chris intentó encontrar otra manera de conseguir información… y yo le sugerí ir a casa de Irons… -prosigo mi relato como si no me hubieran interrumpido. Barry me mira como si estuviera loca.
-¿Qué? ¿Se os fue la olla? –comenta Rebecca poniendo unas tiritas en la cara de Chris.
-Estaba todo pensado… o eso creíamos –contesta Chris mientras Rebecca lo tumba en el sofá. Su cabeza queda en mi regazo… y le acaricio el cabello. Chris cierra los ojos. Rebecca le está examinando el pie.
-Todo fue bien al principio. Nos topamos con algún que otro problema… como unos matones de Umbrella.
-¿Qué? –exclama Barry sorprendido -. ¿Allí, en casa de Irons?
-Muy interesante… -opina Rebecca pensativa. Mueve el pie de Chris de un lado a otro ante las muestras de dolor de éste -. Eso demuestra que hay algún tipo de conexión entre el jefe de policía y la corporación.
-No sé cómo lo hicieron… pero nos pillaron. Desactivamos todos los sistemas de seguridad de la casa… pero algo se nos escapó… -continúo hablando pensando amargamente que tendríamos que haber hecho un registro más exhaustivo -. Nos dieron una pequeña paliza y nos llevaron a la comisaría… donde nos hemos enfrentado al tirano…
Me estremezco un poco, y noto que Chris se mueve incómodo también. Desde luego que no va a ser nada fácil contarlo todo.
-¿Os ha hecho él todo eso? –Barry lanza la pregunta al aire. No digo nada. Chris tampoco. Lo miro. Creo que él tampoco sabe qué decir. Abro la boca para hablar, pero mi compañero me adelanta.
-Sí… nos ha humillado para sacarnos información… y éste es el resultado.
-Joder… menos mal que llegamos a tiempo…
-Chris… tienes todo el cuerpo herido –comenta Rebecca levantándole la camiseta.
Chris se incorpora quitándose la camiseta. Se le caen unos papeles al suelo, pero no les presta atención. Me pregunto qué será. Rebecca emite un grito de sorpresa, y yo me quedo boquiabierta. Tiene todo el torso lleno arañazos… pero lo peor es la espalda. ¡La tiene toda quemada! ¡Maldito cabrón! Sólo yo puedo saber lo que ha sufrido…
-¿Qué os ha hecho ese hijo de puta? –grita Barry furioso. Le hago un gesto para que baje la voz. Se supone que no estamos aquí.
-Voy a echarte una crema, Chris… Quizá te escueza un poco.
Chris protesta constantemente mientras Rebecca le aplica la crema por la espalda. Pobre… me duele tanto verle así… Aunque también debo compadecerme de mí. Tengo unos dolores terribles por todo el cuerpo, sobre todo en mi sexo. Dios… eso fue una salvajada.
Intento quitar esos pensamientos de mi cabeza.
-Deberías mantener reposo total –le recomienda Rebecca a Chris cuando ha terminado con él -. En un par de días o tres te sentirás mucho mejor. Jill, ven conmigo al servicio para que te eche un vistazo.
Le echo una última mirada a Chris antes de seguir a Rebecca. El cuarto de baño es bastante pequeño, pero hay espacio suficiente para las dos. Rebecca deja el botiquín en el lavabo y echa el pestillo. Me coge de los hombros y me examina detenidamente.
-Jill… ¿qué demonios os ha pasado? Es como si acabarais de salir de la guerra o algo parecido. Tenéis un aspecto horrible.
Y por primera vez me atrevo a mirarme. No puedo evitar reprimir un grito. Tengo un enorme chichón en la sien izquierda, donde posiblemente la zorra de Amanda me golpeó. También unas ojeras que dan auténtico miedo, de las noches que he pasado sin dormir.
Mi pómulo derecho está un poco inflamado. Otro regalito de esa idiota. Mis brazos están llenos de arañazos… y no me atrevo a mirar mi torso y mi espalda. Tienen que estar en carne viva. Me duele todo.
-Joder… maldita sea –logro decir apoyando las manos sobre el lavabo.
-Irons… os maltrató de algún modo, ¿verdad? Esas heridas… suelen producto de fuertes golpes con o sin objetos…
Miro a mi compañera. Rebecca, a pesar de su corta edad, ha demostrado estar completamente capacitada para cualquier situación que se le presente. Ya me hubiera gustado a mí tener su desparpajo y su mente con dieciocho años.
-Rebecca… de verdad que pensaba que no lo contábamos –se me escapa una lágrima -. Ésta es la cuarta vez que he visto la muerte de cerca… Ese cabrón… utilizó su retorcida mente para hacernos hablar… Puñetazos, agresiones, latigazos, electricidad –Rebecca se queda boquiabierta -. A mí… me violó…
Y sin saber por qué me quedo más aliviada. Rebecca me pone las manos en los hombros, quizá para darme consuelo. Es lo que necesito en estos momentos. Mis pesadillas aún no han terminado. Desde luego que no.
-Jill… te juro que cogeremos a ese cabrón hijo de puta y le haremos pagar con intereses… ¿Sientes mareos, náuseas, jaqueca…?
-De todo un poco… -respondo quitándome la parte de arriba del uniforme. Me miro en el espejo. Me quedo boquiabierta. Mi espalda está colorada y llena de arañazos ensangrentados. Me escuece -. Uf… esto duele… me duele todo el cuerpo en general…
-Déjame desinfectarte las heridas… Voy a ver qué es lo que tiene Forest… de pastillas para aliviarte los dolores -al nombrar a su antiguo compañero de equipo se detiene. Nunca lo olvidaremos. Ni a él ni a ninguno de los caídos.
Xaori: Siento que el capítulo anterior te dejara así, pero ya ves que las cosas vuelven a la normalidad... Más o menos xD Ya se sabe que en este mundo todo es relativo. Pero bueno, nuestros protagonistas necesitaban un descanso: han sido humillados y torturados hasta el máximo. Espero que estés ya más animada. ¡Ánimo!
Jo Drake: Muchas gracias por comentar mi historia. Me alegra ver que poco a poco más gente se está uniendo a mi historia :) Créeme. Me dolió más que a todos lo que pasó en el anterior capítulo: Chris y Jill para mí son unos iconos, y no soporto que les pase algo. Pero bueno, creo que este enfoque le daba algo más de dramatismo a la historia.
Pues nada, esto es todo por ahora. ¡A seguir con los papeles!
