¡Hola a todos! Esta semana he vuelto más temprano de la cuenta, y es que... ¡en unas horas salgo hacia Leeds! Sí, me voy hasta el domingo, así que no creo que tenga mucho tiempo para estar por aquí. Así que como pienso en vosotros, os dejo el siguiente capítulo antes de lo previsto. ¡Disfrutadlo!


Reacciono instintivamente. Agarro todos los papeles que hay sobre la mesa y cojo la mochila que he dejado junto al sofá. El armario que bloquea la puerta está aguantando las acometidas, pero no sé cuánto tiempo más resistirá.

-¡Vamos! ¡Vamos! –grita Barry abriendo la puerta trasera.

Hay un pequeño patio por el que podemos escapar. El problema es que no tenemos ningún medio por el que huir. Tendremos que hacerlo a pie… y la idea no es muy alentadora que digamos.

Cruzo el umbral de la puerta, y veo a Jill y a Rebecca detenidas a pocos metros. Hay cuatro o cinco tipos armados hasta las cejas. Estamos bien jodidos. Lo único que llevamos encima son nuestras pistolas… y no creo que nos dé tiempo a levantarlas antes de recibir un disparo.

-Estáis rodeados, capullos –exclama uno de ellos dando unos pasos hacia nosotros -. Manos arriba.

Levanto las manos despacio, intentando idear un plan. Veo de reojo que Barry se lleva una mano a su riñonera. Frunzo el ceño. ¿Qué estará tramando? Y antes de que me dé cuenta, lanza algo al aire. Sin pensarlo, me tiro al suelo, y me levanto rápidamente corriendo hacia la izquierda.

Ya hay varios curiosos que asoman las cabezas por la ventana. Salto la valla que separa una casa de otra. Esquivo los disparos como puedo. Me acerco a la verja que comunica con la calle y doy un salto. Golpeo con los puños a un tipo que está distraído disparando hacia la otra parte, y vuelvo a correr.

No sé cuánto tiempo podré aguantar este ritmo, pero debo quitarme de en medio cuanto antes. Repaso mentalmente el recorrido que tengo delante. La calle gira hacia la derecha, y luego hay un cruce de caminos. Puedo ir hacia la izquierda o continuar recto. Si no recuerdo mal, cerca hay una estación de metro.

Sí, ése debe ser mi destino. Paso tras un contenedor escuchando cómo las balas impactan en él. Varios coches y personas que van por allí me observan detenidamente. Pero yo no tengo tiempo que perder. Lo más seguro es que ya vengan en mi busca con un coche.

Giro a la izquierda en la avenida sin percibir ningún rastro de mis compañeros. Joder, ¿dónde se han metido? La mochila empieza a ser cada vez más pesada. El costado empieza a dolerme de no controlar bien la respiración. Ya puedo ver a lo lejos la entrada de la estación.

Acelero aún más la carrera con la respiración agitada. Miro hacia atrás. Hay un coche gris que viene muy rápido en mi dirección. Mierda. Y segundos después escucho disparos, y los gritos de los transeúntes que huyen para ponerse a cubierto. Agacho la cabeza y zigzagueo esquivando algunas papeleras y caminantes.

Voy tan distraído que me choco contra una mujer que abraza a su hija. El impacto nos derriba a los tres. Me duele la rodilla, pero ese dolor no es nada comparado al que siento en el pie. Dios, es increíble que apenas esté cojeando.

-Lo siento –me disculpo levantándome rápidamente.

Los tipos ya casi están a mi altura. Uno de ellos va a dispararme… y cae al suelo. Miro hacia atrás… y veo a Jill correr con su pistola en la mano.

-¡Vamos! –me grita para sacarme de mi ensimismamiento.

Su grito me hace reaccionar. Mi compañera me alcanza y yo le sigo el ritmo. Me ha salvado la vida… una vez más. Ya casi hemos alcanzado la entrada. Uno de los disparos da en una papelera. Tengo que saltar hacia la izquierda para esquivarla. Me choco contra la pared y me impulso hasta meterme en la entrada.

Bajo los escalones de dos en dos siguiendo a Jill de cerca. No hay ni rastro de Barry y de Rebecca. Preocupante. Sigo esquivando a más personas entre las estrechas calles de entrada. ¿Es que todo el mundo se ha puesto de acuerdo para coger el metro ahora?

Y entonces me asalta una duda… ¿Cómo vamos a pasar por los tornos sin un billete? Jill parece pensar lo mismo que yo, porque la veo escrutando con la mirada a todos los que hay por allí. Se acerca sigilosamente a una pareja que tiene los billetes en la mano, y se los quita con una rapidez asombrosa.

Me pasa uno y nos acercamos a la entrada. Me voy hacia el que está más despejado. La cola parece no avanzar nunca. ¡Vamos! Oigo un grito por detrás. Alguien parece haber perdido algo. Estoy seguro de que la mujer se ha dado cuenta de que no tiene los billetes.

Llega mi turno y paso por el torno con rapidez, agarrando con fuerza mi mochila. Jill me espera al otro lado. Tenemos que darnos prisa.

-¡Allí están! ¡Deténgalos! –exclama alguien a nuestra espalda. Mierda.

Volvemos a correr bajando las escaleras a un ritmo vertiginoso. Llegamos a un cruce de caminos. Si vamos a la derecha, nos dirigimos hacia el centro de la ciudad, y si vamos hacia la izquierda, vamos hacia el este de Raccoon City, cerca de donde vivía Jill. Ésta me agarra del brazo y tira de mí para dirigirnos hacia esa dirección. No sé si tendrá algo en mente.

Espero que haya algún tren cerca, si no tendremos que cruzar la vía y seguir huyendo hasta salir de esa ratonera. No sé si ha sido buena idea refugiarse allí. Además, tenemos desventaja: ellos nos conocen a nosotros, nosotros a ellos no.

Veo un tren que está llegando en el andén. Alguien choca contra mí. Me giro y veo a Barry con el rosto encendido.

-¡Barry! –exclamo sintiendo un alivio enorme, un alivio que desaparece cuando no veo a Rebecca -. ¿Dónde…?

-Ahora… no… -logra decir casi sin aire.

Casi todo el mundo ya ha entrado en el tren. Suena un pitido. Las puertas están a punto de cerrarse. ¡No! La primera en llegar es Jill, que se cuela de un salto. Barry es el siguiente, y yo entro justo cuando las puertas se están cerrando. Me llevo un golpe en el culo de cuidado.

Nos ponemos en marcha. Veo a tres tipos con rifles llegar al andén. No sé si nos han visto. Miro por primera vez el vagón. Somos el centro de atención. Todas las miradas están puestas en nosotros. Intento camuflar como puedo mi pistola echándome la camiseta sudada hacia abajo.

Seguro que alguien nos reconoce. Barry mira distraídamente por la ventana cogiendo un posamanos. Jill sigue con atención el recorrido del tren. Yo también lo hago. Debemos decidir dónde nos vamos a bajar, y lo más importante de todo, dónde nos vamos a ocultar.

-Tercera parada. Main park –murmuro sin apartar la mirada de la pantalla. Estamos a punto de llegar a la primera.

Sí, Main Park debe ser nuestro destino. No estoy seguro de que nos hayan visto, y en ese caso, les llevaría algún tiempo llegar a la parada, que está a unos quince minutos de la que cogimos. Suspiro resignado. Otro día movido.


Bajamos del tren en cuanto se detiene en la parada. Caminamos a buen ritmo pero sin llegar a correr. No queremos llamar la atención. Tampoco sabemos si nuestros perseguidores están por allí, así que todo es un completo caos. Algunas personas se nos quedan mirando cuando subimos a buen ritmo por las escaleras mecánicas. Seguro que alguien ya nos ha reconocido.

En poco más de un minuto estamos fuera. Ya casi ha anochecido por completo. Le dije a Chris de coger por aquí… porque tengo un plan. Esta zona, cerca de uno de los principales parques de Raccoon, está a unas ocho manzanas de mi antiguo piso.

Sé que terminaron de construir un bloque de apartamentos, pero hubo algún problema con los contratos, y muchos de sus propietarios finalmente no pudieron disfrutar de su casa. Un putadón en toda regla. Y lo peor de todo es que en los últimos meses se han metido personas sin hogar en ellos.

Y ése es mi plan también: buscar un piso que esté abandonado y meternos en él. El caso fue muy comentado en los medios, pero ha ido perdiendo fuerza con el paso de los días. No creo que a los de Umbrella se les ocurra buscarnos allí… salvo que ya nos estén vigilando.

Veo a mis compañeros mirar de un lado a otro con desconfianza cuando estamos en la calle. Me coloco bien la mochila, ya que sólo la llevaba en el lado derecho después de la carrera que nos hemos dado. Es una suerte que Chris siempre nos recordaba tener preparado todo aquello que más necesitáramos por si teníamos que huir. Y, una vez más, no se ha equivocado.

-Bien… ¿ahora qué? –pregunta Barry poniendo su mano discretamente en la cadera. Estoy segura de que allí está su arma.

-Jill… ¿qué sugieres? –Chris me pasa la pelota con descaro. Vaya, ahora soy yo la que lleva las riendas de la situación… y sé lo que tengo que hacer.

-Hay un bloque de pisos cerca de aquí que está casi deshabitado –hago una puntualización en la palabra casi. Chris me observa con el ceño fruncido. Barry está vigilando -. Digo casi porque lo han ocupado –el rostro de Chris se relaja un poco -. Nosotros vamos a hacer lo mismo.

-Vale, estoy de acuerdo. Guíanos.

Asiento lentamente y nos ponemos en marcha. Avanzo con decisión, pasando entre las personas que hay por allí. Chris y Barry vigilan sin parar. Es un auténtico incordio no saber a quiénes nos enfrentamos.

Tras cinco minutos recorriendo las calles de Raccoon, y alguna que otra parada para comprobar que todo está en orden, llegamos al bloque de pisos en cuestión. Es un edificio bastante moderno, aunque carece de cualquier sistema de seguridad, como porteros, telefonillos, o sistema de ascensor.

Un vistazo rápido me sirve para ver que tiene seis plantas. Muchas de las viviendas están a oscuras, pero en algunas de ellas puede verse algo de luz. Vaya, me pregunto si habrán puenteado el sistema de electricidad de los pisos colindantes para abastecerse. Sin embargo, no parece que haya muchas personas allí.

-Es perfecto –opina Barry satisfecho. Yo sonrío. Sí, desde aquí podremos controlarlo todo y dar nuestro siguiente paso.

-Vamos a probar en los pisos de la planta superior –sugiere Chris pensativo -. Creo que los ocupas habrán elegido los pisos más bajos.

Asiento coincidiendo con él. Nos volvemos a poner en marcha. Subimos a buen ritmo las escaleras hasta la última planta. Siento el cuerpo cansado, como si me hubieran dado una paliza. No tiene comparación con lo que me hizo Irons, pero con la adrenalina por las nubes y las carreras que nos hemos dado hasta llegar aquí, mi cuerpo me pide ya un breve parón.

Caigo en la cuenta de que no tengo las ganzúas cuando llegamos al rellano de la sexta planta. A ver cómo nos las apañamos para abrir una de las puertas. Puedo utilizar uno de mis pendientes, pero necesitaría algo con lo que hacer palanca. Debo avisarles.

-Buscad algo que pueda servirme de palanca para mi pendiente –me quito el de la derecha, y me quedo junto a la puerta examinándola -. Esos cabrones se quedaron con mi juego de ganzúas… El otro me lo dejé en la comisaría.

La cerradura es muy nueva. Creo que va a ser bastante complicado forzarla… pero hasta el día de hoy no ha habido cerradura que se me haya resistido. Barry se acerca con un clic de sujetar papeles. Bien, es perfecto. Introduzco la punta del pendiente y empiezo con ese juego de manos que tanto me gusta.

Tal y como temía, me va a costar un poco. Además, no creo que esta cerradura haya sido utilizada nunca, así que el problema es doble. No sé cuánto tiempo tardo, pero más de lo esperado seguro. Me caen hasta unos goterones de sudor por la sien. Abro la puerta con lentitud, y dejo que mis compañeros entren en primer lugar.

Me pongo el pendiente y cojo mi pistola, preparada para entrar en el que va a ser nuestro nuevo hogar. Lo primero que veo es un corto pasillo que va en tres direcciones: en la derecha está Barry, y en la izquierda Chris, así que opto por seguir de frente. Es una habitación pequeña, que podría ser la cocina de la casa perfectamente.

Delante hay otra puerta que lleva a un balcón. Ése es terreno peligroso. Alguien nos puede ver. El único problema de estar en una planta tan elevada es que si tenemos que huir no podemos utilizar ninguna salida adicional.

Vuelvo a la entrada. Barry y Chris se me unen poco después. Se les ve cansados, preocupados, temerosos… yo me siento exactamente igual.

-Dios mío… ¡Rebecca! –exclamo al darme cuenta de que nuestra compañera no está con nosotros. Me llevo las manos a la cabeza. ¿Cómo he podido olvidarla? Estas últimas semanas me han servido para conocerla mucho mejor, y la verdad es que es una joven que se hace querer -. ¿Qué le pasado? ¿Está…?

Ni Chris ni Barry dicen nada. Eso sólo hace aumentar mis sospechas de que le ha pasado algo. Joder, no puede ser…

-La última vez que la vi iba corriendo, perseguida por dos de esos tipos… -interviene Barry con voz lúgubre -. No vi nada más… sólo espero que no…

-Rebecca es fuerte –dice Chris con voz firme. Algo en su tono me anima un poco, aunque sólo un poco -. Estoy seguro… de que habrá encontrado la forma de salir de ésta…

Esto es una cruzada en toda regla. Poco a poco están consiguiendo separarnos. Ya sólo quedamos nosotros tres. La urgencia por actuar es cada vez mayor.

-De momento, estamos seguros aquí… -prosigue Chris manteniendo la calma, algo muy habitual en él y que me encanta. Sólo le he visto perder los nervios en dos ocasiones, dos veces más que justificadas -. Vamos a descansar un poco, nos lo merecemos.

-¿Cómo demonios nos han encontrado? No hemos salido apenas al exterior de día… Hemos tomado todas las precauciones necesarias… -pregunto pensativa. La primera vez venían siguiendo a Rebecca, ¿y ahora?

-Pues parece que no ha sido suficiente… -responde Barry cruzándose de brazos -. Necesitaríamos buscar algo de comer. Aquí no tenemos absolutamente nada.

-Iré a buscar algo –me ofrezco dirigiéndome hacia la puerta. Chris me pone una mano en el hombro y me detiene.

-No pienso poner a ninguno de nosotros en peligro… A saber qué ha pasado con Rebecca. Ahora mismo somos los únicos que podemos llegar al final de este asunto.

-¿Y cómo pretendes alimentarte entonces? –le espeto arqueando una ceja. Me conmueve que se preocupe tanto por mí, pero hay que mirar por el bien del grupo -. Agradezco tus nobles intenciones, pero ya sabes que soy la única que puede realizar esta tarea casi a la perfección. Me llevaré uno de los walkies para que te quedes más tranquilo.

Cogimos los walkie talkies y las armas de los uniformes que nos trajimos de la comisaría. Nunca se sabe cuándo pueden hacer falta, además de que son unos objetos que nos pueden salvar la vida.

Chris me sigue mirando con duda, pero finalmente asiente en silencio. Bien, punto para mí. Abro mi mochila y busco entre las cosas que me ha dado tiempo a guardar el walkie. Está casi al final del todo. Compruebo que funciona y se lo enseño a Chris con una sonrisa burlona.

Él me mira serio. Vaya, muy pocas veces lo he visto tan enfadado.

-Chris, piensa un poco… ¿Pretendes alimentarte del aire o algo de eso? –su gesto sigue impasible -. En casa de Forest había suministros. Vale que algunas veces teníamos que salir a por ellos. Pero mira a tu alrededor. No hay nada. Mientras estemos aquí, un día sí y otro también tendremos que salir. No hago esto porque quiero aparentar ser más fuerte o mejor que nadie. Es por el bien del grupo. Si propones algo mejor, estoy encantada de oírlo.

-¡No quiero que nadie más se exponga! ¡Eso es todo!

Pues vaya con el sereno y templado Chris. Ahora voy a tener la culpa de que nos siguieran y nos obligaran a mudarnos. Se marcha hacia la habitación de la derecha con el gesto contrariado. Miro a Barry esperando una respuesta a su reacción. No entiendo absolutamente nada.

-Ve antes de que sea más tarde… -me anima Barry -. Hablaré con él…

Compruebo que mi arma está cargada y el walkie encendido y abandono el piso. Demonios… ¿qué ha pasado con el temple de Chris, con ese hombre que la noche anterior durmió abrazado a mí? Hombres… Suspiro resignada. Tengo que buscar comida enlatada sobre todo. Vamos a pasar mucha, pero que mucha hambre hasta que no encontremos un lugar algo más habitable.


La próxima semana volveré a actualizar el viernes, como siempre, así que lo único malo es que habrá que esperar un poco más para leer la continuación. De nuevo, muchas gracias a todos los que me leéis constantemente, y gracias a Xaori y Stardust4 por sus comentarios. ¡Sois geniales!