¡Muy buenas queridos amigos! Quiero agradeceros a todos el apoyo que me mostráis todas las semanas. Son estas las cosas que motivan a seguir escribiendo y compartir los trabajos con vosotros... Este capítulo, personalmente, me encanta. ¡Espero que os guste!


Me pasé casi toda la tarde planificando este nuevo golpe. Lo primero de todo era conseguir una ropa que me hiciera pasar desapercibido. Un rápido vistazo por los alrededores me sirvió para descubrir una pequeña boutique de donde cogí "prestado" un vestido blanco con flores rosas hasta las rodillas, unos zapatos rojos con un poco de tacón, una pamela blanca y una gafas de sol.

Cuando me observé en el escaparate ni me reconocía. Era perfecto. Espero que las dependientas de la tienda no tengan problemas al comprobar que les faltan algunos productos. Tras quitarle a todo las alarmas fui así vestida hasta el piso. Los hombres se me quedaban mirando, pero no llegaron a conocerme.

La sorpresa de Chris y Barry fue mayúscula, tanto que pensaban que era alguna vecina del bloque que los había pillado. Estuve un buen rato riéndome. Me va a costar olvidarlo.

Son poco más de la diez de la mañana. He madrugado bastante, y la verdad es que apenas he dormido por la expectación de este encuentro. Estoy sentada en una cafetería enfrente de la sede del principal periódico de la ciudad: Raccoon Press. Hay bastante gente desayunando, pero nadie me presta atención. Bueno, algún que otro capullo con ganas de pelea.

Una camarera rubia con el pelo recogido en una coleta se acerca a mi mesa.

-Buenos días, señorita. ¿Le han tomado nota? –me saluda con una sonrisa. Si tú supieras a quién estás atendiendo…

-No. Quiero un descafeinado de sobre, por favor. Y un vaso de agua.

-Enseguida lo traigo.

De vez en cuando miro de reojo a la entrada del periódico. No ha salido nadie todavía. Pero no estoy preocupada. Chris me enseñó anoche una foto de Bertolucci, el hombre al que estoy buscando. Hay varios hombres y mujeres de negocios charlando y desayunando, alguna pareja de ancianos, y alguna que otra persona sola… pero ni rastro del periodista.

La rubia llega con mi café y mi vaso de agua. Ahora que lo pienso, debería pedir algo de comer. Desde que nos mudamos apenas hemos probado bocado… Puedo proponerles a mis compañeros salir vestida así e ir a alguna tienda a comprar sin tener que estar robando comida, como en los viejos tiempos.

Vierto el sobre en la leche y le echo azúcar. Aspiro el aroma. Dios, cuánto tiempo sin probar un café. Lo muevo durante unos segundos observando la puerta de la sede abrirse. El corazón empieza a latirme con violencia al distinguir una larga cabellera recogida que deja la puerta abierta para que el resto de sus compañeros salgan al exterior.

Bien, es hora de actuar. Voy a observar, esperar para ver dónde se sientan. Ojalá se sitúen cerca de mí. Y mi plegaria es correspondida: Bertolucci y sus colegas se sitúan en la mesa de al lado. Él se queda de espaldas, y no se me pasa inadvertido que alguno se me queda mirando más tiempo del debido. ¿Tan atractivo resulta este atuendo para los hombres? Debería preguntárselo a Chris.

Toso al atragantarme con el primer sorbo que le doy al café. ¿Por qué estoy pensando eso? Vamos, céntrate. Algunos no me pierden de vista, pero al ver que me encuentro bien prosiguen con lo que estaban haciendo. Y por si fuera poco el café quema como un demonio. Bebo un poco de agua.

-El jefe anda muy interesado en el tema de la pesca furtiva en las montañas Arklays –comenta uno de ellos antes de que la camarera se acerque a tomar nota. Está muy atenta, demasiado. Cuando se retira, prosiguen con la charla.

-Ya sabemos que al bueno de Charlie le encanta la pesca, y quiere darle su merecido a esos cabrones que cazan para alterar el medio ambiente… -el tipo que habla está sentado a la derecha de Bertolucci. Lleva una gorra.

-Pues yo había pensado en escribir algo sobre Irons… -comenta Bertolucci mirando con desconfianza de un lado a otro. Yo mantengo el contacto visual en el interior de la cafetería. Me interesa mucho lo que tiene que decir. Vuelvo a beber el café -. Me han dicho que últimamente se le ve muy acompañado por directivos de Umbrella.

Todos exclaman sorprendidos. Yo apenas reacciono. De no saber todo lo que sé también me habría sorprendido, y bastante. Muevo discretamente la silla un poco hacia la izquierda. No se han dado cuenta. Bien.

-Está tramando algo. Lo sé… -y no puedo evitar pensar en lo que Chris dijo ayer: este tipo y yo nos llevaríamos bien -. Todo el asunto de los S.T.A.R.S., las desapariciones… Las explicaciones no me parecen muy claras… No sabéis cuánto me gustaría entrevistar a alguno de los S.T.A.R.S. para que me cuente su versión… Sería un bombazo.

Pues tienes a Jill Valentine a tu espalda…

La camarera llega con lo que han pedido, y le pido tres sándwiches mixtos y dos cafés para llevar y la cuenta. Me mira un tanto extraña, pero toma nota de todo y se va. Apuro el café y permanezco en silencio. Me interesa mucho lo que están hablando. Observo con media sonrisa la carpeta que tengo a mi lado. Ahí está todo.

-Te podrías meter en un buen lío si lo haces, Ben –opina uno de sus compañeros, uno que tiene un bigote -. Es un tema muy interesante… pero peliagudo. Podrías jugarte el puesto.

-Sí, pero nuestros ciudadanos tienen que estar informados. No podemos estar engañándonos por culpa de unos cuantos políticos y altos cargos corruptos…

Arqueo una ceja sorprendida. Ben se lleva las manos a la boca. Sus compañeros exclaman sorprendidos de nuevo. Tengo la sensación de que eso último se le ha escapado… ¿Es que sabe algo de los negocios turbios de Irons o de sus tratos con cargos del ayuntamiento?

-¡Dios mío, Ben! Este asunto te está trayendo por la calle de la amargura. Olvídalo, ¿quieres? –le aconseja la única mujer del grupo. Una pelirroja con la voz ronca, seguramente a causa del tabaco. Y pensado eso saca un cigarrillo.

Mis pensamientos son interrumpidos por la camarera, que llega con el pedido. Son seis dólares. Le pago diez dólares y le digo que se quede con el cambio. Debo largarme antes de que la poli empiece a rondar por allí. El ayuntamiento está justo a mi espalda, y la presencia policial en las horas punta son un ritual.

La camarera agradece mi generosidad con una sonrisa y se aleja para atender a otros clientes. Sujeto la carpeta con dedos temblorosos. Bien, es hora que termine con lo que he venido a hacer. Me acerco al grupo de periodistas que está devorando su desayuno. Suelto la carpeta en mitad de la mesa provocando el sobresalto de todos los presentes.

-¿Queréis respuestas? ¡Ahí las tenéis!

Los comensales se quedan boquiabiertos. Me miran como si estuviera loca o algo de eso… ¡por el amor de Dios! Bertolucci, el primero en reaccionar, coge la carpeta y nada más echarle un vistazo a la primera plana, su rostro se ilumina.

-¡Dios mío! –exclama al darse cuenta de que tiene una bomba de relojería en sus manos -. Esto es… pero es imposible… ¿cómo lo has conseguido?

-Digamos que tengo mis contactos –sé que no debo entretenerme más. Barry y Chris se preocuparán -. Estoy convencida de que le daréis un buen uso. Que tengáis un buen día.

Me alejo unos pasos en dirección a la estación de metro más cerca, The Mall. Una voz, la de Bertolucci de nuevo, me detiene.

-¿Puedes decir quién eres?

Lo medito unos segundos. Sé que no debería dar más detalles de los necesarios. Chris y Barry han insistido en ello constantemente. Puedo darles una ligera pista, para que su cerebro trabaje un poquito.

-Digamos… que soy alguien a quien Umbrella ha arruinado la vida –me quito un poco las gafas de sol y me las vuelvo a poner ante los nuevos gestos de exclamación. Hora de marcharse.

-No puede ser… Es…

Me quedo sin oír la parte final porque ya he doblado la esquina. Suficientes emociones por hoy. Bueno, al menos esos escritos les servirán a esos periodistas para ponerse un poco a trabajar. No me había parado a pensar en ello hasta ahora, pero, ¿y si deciden publicarlo y es un éxito? ¿Qué repercusiones tendrá?

Tengo mucho que contarles a Chris y a Barry cuando llegue. Seguro que recibirán con los brazos abiertos lo que les llevo. Además, con el estómago algo más lleno que otros días todo nos parecerá maravilloso.


Xaori: Muchas gracias por estar siempre ahí amiga. Espero resolver pronto tus dudas sobre Rebecca... o tal vez no! :P

Stardust4: nuestra amiga va a desaparecer por un tiempo... Umbrella sigue detrás de todos ellos, como de costumbre, así que no será fácil. Y aquí esta Bertolucci... a ver qué hace con el escrito de Jill :O

Pues nada, a disfrutar todos del puente del trabajo, que ya va faltando menos para las vacaciones! Muchas gracias de nuevo.