Disclaimer: nada del potterverso me pertenece
Este fic participa en el reto anual "Long Story" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
Nota del autor: cada capítulo tendrá como título el nombre de una película. Esta idea la saqué del fic "Mi gran boda muggle", de Cris Snape.
1
Aterriza como puedas
—Buenos días, señoras y señores En nombre de British Airways, el comandante Parker y toda la tripulación, les damos la bienvenida a bordo de este vuelo con destino a Sidney, cuya duración estimada es de 20 horas y 10 minutos. Por motivos de seguridad, y para evitar interferencias con los sistemas del avión, los dispositivos electrónicos portátiles no podrán utilizarse durante las fases de despegue y aterrizaje. Los teléfonos móviles deberán permanecer desconectados desde el cierre de puertas hasta su apertura en el aeropuerto de destino. Por favor, comprueben que su mesa está plegada, el respaldo de su asiento totalmente vertical y su cinturón de seguridad abrochado.
Ronald Weasley tragó saliva. Comprobó que todas aquellas cosas que la voz que no venía de ninguna parte le había ordenado estuviesen bien: su mesa estaba plegada, su asiento en vertical y su cinturón de seguridad bien abrochado. No llevaba ninguno de esos teléfonos móviles, por lo que no se preocupó en ese sentido. Y aun así, no lograba que se le pasase el temblor.
¿En qué momento se le ocurrió subirse a un avión? La respuesta era bien sencilla. Tras el fin de la guerra, todavía quedaban muchas cosas por reparar, y una de ellas era traer de vuelta a los padres de Hermione. Un mes después de que el cuerpo sin vida de Voldemort golpease contra el suelo del Gran Comedor de Hogwarts, Hermione había decidido que ya era hora de traer de vuelta a sus padres.
Sin embargo, lo que se iba a convertir en un mero viaje a Australia para devolver la memoria a los padres de Hermione se había convertido en algo bien distinto. La finalidad era la misma, traer de vuelta al señor y la señora Granger, pero Hermione había decidido que, tras la guerra, Ron y ella se merecían un descanso y, sobretodo, tener tiempo para los dos. Por ello habían decidido que su "misión de rescate" se convertiría en unas pequeñas vacaciones en Australia. Claro que devolverían la memoria a los padres de ella, pero puesto que habían estado casi un año siendo dos personas totalmente distintas a las que eran antes, tampoco pasaría nada porque esperasen una semana más.
Así pues, además, Hermione había decidido que el viaje fuese lo más normal posible, así que viajarían mediante métodos muggles convencionales, es decir, en avión. Al principio a Ron le pareció bien. No tenía ni idea de qué era un avión, salvo por lo que había visto en las revistas muggles que su padre guardaba, y sentía curiosidad, aunque no tanta como su padre, por saber cómo semejantes aparatos mastodónticos podían elevarse en el aire y volar, sin ayuda de hechizos u otros métodos mágicos. Hermione les había explicado a Ron y al señor Weasley acerca de cómo viajan los aviones, de la sustentación y del efecto de un tal Bernoulli, pero tanto Ron como su padre no se enteraron de nada.
Y así, días después de tener la decisión tomada, Hermione y Ron estaban ya subidos en un avión de la British Airways, listos para irse. Antes de eso habían sido despedidos por Harry y los Weasley. El señor Weasley había preguntado si le dejarían subirse al avión para verlo por sí mismo, incluso volar un rato en él, pero la señora Weasley le había quitado esa idea bastante pronto.
Y ahora, los dos estaban listos para irse. Al principio, Ron se mostró curioso por viajar en semejante aparato, pero en cuanto entró en él, las cosas cambiaron. Sintió una sensación de opresión y de estar en un lugar demasiado pequeño.
—¿Hermione? —preguntó a su novia, que leía una revista de manera despreocupada. Al parecer ella ya había viajado en aviones tiempo atrás.
—¿Sí, Ron? —dijo ella, sin apartar la mirada de la revista.
—¿Esto es seguro... no?
—Claro que lo es, no te preocupes.
—No me preocupo —contestó él, muy preocupado.
La puerta ya hacía rato que se había cerrado. Ron podía oír los ruidos que emitía aquel aparato, los cuales, según le había dicho Hermione, eran los de los motores.
—¿Hermione? —volvió a dirigirse a su novia.
—¿Sí, Ron? —preguntó ella, con un deje de infinita paciencia.
—¿Esto no se caerá en mitad del vuelo, verdad?
—No, Ron, está estadísticamente probado que volar en avión es uno de los métodos de viaje más seguro que existen.
—Bueno, pero hay aviones que se estrellan, ¿no? —se pudo notar una leve nota asustadiza en su voz.
—Sí, Ron, pero la diferencia entre aviones que vuelan a diario y aviones que se estrellan es abismal.
—Sí, pero... ¿podría pasar?
Hermione cerró la revista de improviso y miró a su novio.
—No, Ron, no va a pasar semejante cosa. Y me desearía que dejases de preocuparte, ¿vale? El avión es seguro y a mí me gustaría mantenerme alejada de la magia por un tiempo.
Ron no dijo nada más. Por supuesto que sabía que, tras el final de la guerra, Hermione había decidido dejar la magia a un lado por una temporada. Ella sabía perfectamente que, tras la guerra, no era la que más había perdido, pero aun así sentía que había pasado suficientes cosas como para vivir más de una vida, de modo que, en lo que respectaba a aquel viaje, quería que fuese lo más normal y muggle posible.
Finalmente, el avión se puso en marcha. Ron se agarró fuertemente a su asiento y echó el cuerpo para atrás mientras cerraba los ojos. Hubo un traqueteo y una sensación de que se estaban levantando del suelo, pero al rato todo quedó en calma. Sonó una especie de campana leve y alguien posó una mano sobre su hombro. Abrió los ojos y vio a Hermione, sonriendo.
—Ya estamos en el aire, así que respira tranquilo.
—Hasta que esta cosa no vuelva al suelo creo que no respiraré tranquilo. ¿Cuánto falta para que lleguemos a Sidney?
—Pues ya lo has oído antes, veinte horas, así que será mejor que te pongas cómodo —sacó un pequeño cuaderno de notas, en el cual había estado apuntando toda la información sobre sus padres en Australia, desde que los había mandado allí.
—¿Qué sabes de tus padres en Australia? —preguntó Ron. Lo cierto era que apenas había hablado nada con Hermione acerca de cómo había mandado a sus padres hasta Australia ni las cosas que había tenido que hacer.
—Bueno, viven en la periferia de Sidney, cerca de la playa de Manly. El sueño frustrado de mis padres siempre fue irse a vivir a Australia, porque a mi padre, cuando era joven, le encantaba el surf. Y las playas de Manly son ideales para la práctica del surf. No creo que mi padre ahora se dedique a eso, pero bueno, quería que viviese en esa playa.
—¿Y tu madre?
—Mi madre nunca me dijo qué razones la llevaban a querer vivir allí, aunque supongo que es por mi padre, porque está muy enamorada de él.
—¿Y dónde viven, en una casa cerca de la playa?
Hermione sonrió. Cerró el cuaderno y se apoyó contra el respaldo del asiento. Tomó la mano de Ron y comenzó a acariciarla mientras contemplaba un punto indeterminado, con la vista perdida.
—Viven en una casita de dos plantas en un barrio residencial, cerca de la playa. La casa es sencilla: un salón con cocina americana, dos dormitorios, un baño, un jardín en la parte de atrás... Mi madre siempre decía que le encantaría tener una cocina americana, porque todo estaría más cerca, pero siempre se conformaba con nuestra sobria cocina independiente. La casa estaría llena de libros, porque tanto a mi padre como a mi madre les encantan, y también con cosas que han obtenido de sus viajes, porque siempre les ha encantado viajar. Y viven en un pequeño barrio y acogedor barrio residencial, donde la gente es muy amable y todos forman una agradable comunidad.
Ron se quedó mirándola. Desde luego Hermione se había tomado muchas molestias por lograr que la estancia de sus padres en Australia fuese la mejor. Casi sonaba hasta enfermizo, pero obviamente no iba a decir tal cosa.
—Parece que lo tenías todo bien planificado.
—Sí, verás, en cuanto volví a casa después de acabar sexto, sabía que más tarde o más temprano me iría con Harry y contigo en la búsqueda de los horrocruxes. Sabía que si dejaba a mis padres solos, muy probablemente irían a buscarlos.
De hecho, tras acabar la guerra, Hermione volvió a su casa y descubrió, para su horror, que los mortífagos habían estado allí, poniendo todo patas arriba pero sin encontrar rastro de sus padres o de cualquier otra cosa que pudiesen utilizar en su contra.
—Por ello me decidí a enviarlos lejos de Inglaterra. Fue entonces cuando me acordé de las veces que mis padres hablaban de Australia, así que me decanté por ese lugar. Planifiqué todo desde mi casa, buscando casas, un barrio donde pudiesen vivir, cerca de la playa... Puse nombres en propiedad, hasta investigué a los vecinos... Vaya, creo que me volqué demasiado en ello. Para cuando les borré la memoria, los billetes de avión ya estaban listos para salir en tres horas y las maletas hechas. Creo que para cuando ya estábamos en casa de Harry para sacarlo de allí, volaban hacia Sidney —miró a Ron —. Pensarás que estoy loca.
Un poco sí, pero era algo que Ron pensaba desde que la había conocido. Aunque tampoco iba a decirle eso.
—Lo que en realidad pienso es eres una gran persona. Y que te quiero.
Hermione sonrió y le dio un beso. Tras eso se levantó, alegando que quería ir al baño. Mientras tanto, una azafata llegó a donde estaba Ron.
—¿Desea tomar algo, señor? —preguntó amablemente la mujer.
—¿Sirven comida? —preguntó Ron, atónito. Hermione no le había contado mucho acerca de la vida dentro de un avión, especialmente porque había desistido de contarle a él y a su padre cómo narices volaba un avión.
—Sí, señor. ¿Desea tomar algo, señor? —preguntó la azafata, con una paciencia infinita. Por lo visto había lidiado con pasajeros peores que Ron.
—La verdad es que me encantarían unas grageas Bertie Bott de todos los sabores —dijo con ensoñación, antes de darse cuenta de que no estaba en un transporte mágico, sino en un avión muggle.
—¿Disculpe, señor? —preguntó la azafata, sin haber entendido nada.
—Él tomará una coca-cola, igual que yo, gracias —dijo Hermione, detrás de la azafata.
—Por supuesto, señorita, enseguida se lo sirvo.
Después de que la azafata se marchase, Hermione le reprochó a Ron lo que acababa de hacer.
—¿Grageas? ¿Querías grageas? Ron, por favor, que viajamos en un medio de transporte muggle, no puedes pedir esas cosas.
—Esto no habría pasado si hubiésemos viajado en traslador, por ejemplo, ¿sabes?
—Ya hemos discutido las razones por las que quería viajar en avión, ¿de acuerdo, Ron? Esto no es sólo un viaje para traer de vuelta a mis padres, sino que también es un viaje para que tú y yo pasemos un tiempo, juntos y solos.
—Vale, vale, está bien. ¿Cuánto falta?
Hermione le lanzó una mirada asesina.
—Ni siquiera ha pasado una hora, Ron. ¿Sabes qué? Voy a echarme un rato.
Cogió una almohada y una manta y se recostó sobre su asiento. Ron pensó que debía hacer lo mismo, así que también se recostó y, al rato, se quedó dormido. Horas después, ambos se levantaron. Por lo que vio a través de un cuadro en movimiento que mostraba un mapa del mundo, con una línea que unía Londres con Sidney y un pequeño avión entre las dos ciudades, habían pasado sólo cinco horas. Aunque había dormido lo suyo, Ron todavía tenía que enfrentarse a la perspectiva de que le quedaban catorce horas de vuelo por delante.
Hermione también se despertó.
—¿Qué hacemos ahora? ¿Van a poner una película o algo así?
Ron pensó entonces en Harry y en su hermana Ginny. Tras el final de la guerra, Harry se había ido a vivir a Grimmauld Place y a Ginny no le faltó tiempo para seguirle. Aunque ambos salían desde el sexto año de Harry, por culpa de la guerra ninguno había tenido la oportunidad de... estrenarse, por así decirlo. De tener sexo, vamos, que parece que había que explicarlo todo. El caso es que a Ron jamás se le olvidaría la cara que tenía Harry a la mañana siguiente de haberse acostado con Ginny. Y aunque no le hacía gracia saber a lo que se dedicaban su hermana y su mejor amigo, sabía que ambos se querían y que merecían estar juntos después de todo lo sucedido, así que tendría que resignarse.
El caso era que cuando Harry se enteró de que Ron y Hermione viajarían en avión hasta Sidney, le hizo una pequeña revelación. En cuanto esa revelación se materializó en su cabeza, tomó a Hermione de la mano y la levantó de su asiento.
—Ron, pero... ¿qué haces?
Llegaron hasta los baños del avión, donde abrió uno y se metió en él, arrastrando a Hermione con él.
—¿Se puede saber qué te pasa? ¿Por qué estamos aquí metidos?
—¿No te gusta? ¿No te parece... excitante?
—¿Estar metida en un diminuto lavabo de un avión es excitante? ¿Qué te ha contado Harry?
A veces Ron se sorprendía de la capacidad de Hermione a la hora de juntar conceptos.
—Me dijo que a los muggles les gusta practicar sexo en los lavabos de un avión.
—Madre de dios. Y todavía quedan más de trece horas... Ron, sé que tienes muchas ganas de hacer esto, pero este no es el lugar, ¿vale? No te preocupes, tendremos todo el tiempo del mundo. Pero por favor, no aquí, ¿vale?
Ron asintió con la cabeza. Naturalmente había un problema, un gran problema, que venía de largo. Ron y Hermione aún no se habían acostado. A pesar de que había pasado un mes desde el fin de la guerra, de que Harry les había ofrecido Grimmauld Place y que ya estaban más que preparados, aún no habían hecho el amor. Hermione decía que quería que fuese algo especial, que cuando llegase el momento sabrían cuándo hacerlo... Pero Ron estaba que se subía por las paredes.
—Está bien, era sólo que... pensé que te gustaría. Venga, mejor que salgamos.
Pero el lavabo era ridículamente pequeño y ellos ocupaban demasiado espacio. Entre que intentaban salir y que apenas tenían movilidad, la puerta se abrió de golpe y cayeron al suelo, Ron de espaldas y Hermione sobre él, pareciendo que ahí dentro había ocurrido algo que en realidad no. Para colmo, una azafata los observaba desde el final del pasillo.
—Esto no es lo que parece... —confesó Ron.
—Ya... Si no les importa, vuelvan a sus asientos. Y por favor, quédense allí.
Por lo visto, no eran la primera pareja que hacían o intentaban hacer ese tipo de cosas. Cosas que aquella azafata no estaba dispuesta a tolerar en su vuelo.
El resto del viaje, Ron y Hermione lo pasaron en sus respectivos asientos, recibiendo severas miradas de las azafatas cada vez que pasaban a su lado y oyendo risitas del resto de pasajeros, pues al parecer su pequeño desliz en el lavabo había corrido como la pólvora por todo el avión. Finalmente, tras tantas horas de vuelos, llegaban por fin a Sidney.
Tras bajar por fin del avión, llegaron a la terminal del aeropuerto internacional Kingsford Smith. Antes de irse, tenían que recoger las maletas.
—En serio, viajar en avión tiene un pase. ¿Pero que otros nos lleven las maletas? ¿No podías utilizar tu bolso de cuentas? ¿Y dónde está nuestra maleta? ¡Son todas iguales! Ah, no, ahí está. ¡Pero si está rota! —gritaba y se quejaba Ron.
Por suerte, la paciencia de Hermione tenía límites insospechados, así que pudieron reparar la maleta en uno de los baños del aeropuerto y, minutos después, ya estaban subidos a un taxi.
—¿A dónde va a ser? —preguntó el taxista.
—A la calle Wood, en Manly, por favor —indicó Hermione.
El taxi abandonó el aeropuerto. Resultaba que Manly estaba demasiado alejado del aeropuerto internacional de Sidney, así que el viaje se hizo un poco largo. Para cuando se quisieron dar cuenta, el taxista les indicó que ya habían llegado. Tras tener que hacer frente a la broma que les había costado el viaje, los dos estaban en un barrio residencial cerca de la playa.
—¿Es aquí? —preguntó Ron.
—Sí. Mis padres viven en el número 9.
—¿Vamos a ir a verles ya?
Hermione negó con la cabeza.
—No, primero será mejor que descansemos. He alquilado una casa de esta calle, así que tenemos tiempo de sobra. Vamos.
Caminaron hasta una casa de dos pisos con jardín, bastante acogedora, como todo el barrio. Ron no pudo evitar ver que Hermione estaba especialmente nerviosa y no para de mirar en todas partes, esperando ver a dos personas que le resultasen familiares. Pero apenas había gente en la calle. Ron tenía la impresión de aquellas vacaciones iban a ser bastante agitadas.
Notas del autor:
El discurso del comandante del avión es el típico discurso que se dice en los vuelos antes de comenzar y que he tomado libremente de internet.
Aterriza como puedas (Airplane!, 1980) es una película de Jim Abrahams, David Zucker y Jerry Zucker protagonizada por Robert Hays, Julie Hagerty, Lloyd Bridges y Leslie Nielsen. La película narra cómo un ex-piloto de combate debe pilotar un avión comercial lleno de hilarantes personajes después de que los pilotos se hayan indispuesto por culpa de haber ingerido comida en mal estado.
La playa de Manly se encuentra, efectivamente, en la periferia de Sidney, siendo una de las cuatro grandes zonas junto con la ciudad olímpica, el barrio Parramata y la playa Bondi. Las playas de Manly y Bondi están situadas al norte y sur de la ciudad respectivamente y son los dos grandes focos turísticos de Sydney durante los meses de verano, cuando se dan cita en ellas surferos llegados desde todas partes de Australia.
El aeropuerto de Sidney es el llamado Aeropuerto Internacional Kingsford Smith.
