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Eterno estupor de una mente sin recuerdos

Ron abrió la puerta lentamente, asegurándose de que Hermione había subido ya a su madre a su habitación.

—Oh, vaya, es usted. ¿Qué hace aquí? —Carol estaba en la entrada, ataviada con su pantalón vaquero y su camiseta negra.

—Oh, hola. ¿Carol, verdad? ¿Qué tal?

—Pues bien, estaba dando un paseo por el vecindario y oí gritos que provenían de aquí. ¿Qué hace usted aquí? Esta no es su casa.

—¿Gritos? Yo no he oído nada. Y bueno, si estoy aquí es porque los Wilkins me han invitado.

Carol miró a Ron, obviamente sin creerse nada.

—¡¿Monica?! ¡¿Wendell?! —gritó ella.

—Creo que ahora mismo están ocupados —confesó Ron.

Carol no dijo nada. Simplemente retrocedió y se alejó de allí. Ron, por su parte, se encogió de hombros y cerró la puerta.

—¿Qué quería? —preguntó Hermione, apareciendo al final de las escaleras.

—Dice que ha oído ruidos. Creo que hemos gritado demasiado.

—Bueno, pero se ha ido ya. Ahora lo único que debe preocuparnos es encontrar a mi padre. ¿Crees que recordará cómo volver aquí.

—No tengo ni idea. Le modificaste la memoria y ahora la ha recuperado. Podría ser que recuerde todo este año que ha vivido como Wendell Wilkins, o tal vez le parezca que todo ha sido un sueño. O simplemente recuerde su último momento antes de que le cambiases la memoria. No te preocupes, si recuerda todo, volverá aquí.

—¿Y si no lo recuerda?

—Bueno, pues estaremos atentos a las noticias.

Al rato, llamaron a la puerta. Ron y Hermione abrieron. En la puerta volvía a estar Carol, pero también dos policías y las demás mujeres del vecindario, Linda, Amanda y Heather, avisadas seguramente por Carol.

—¿Tú también estás aquí? —preguntó Carol, al ver a Hermione.

—¿Qué ocurre aquí? —preguntó la joven.

—Señorita, nos han avisado de que podrían ustedes haber allanado esta propiedad y... haber hecho algo con los dueños —por supuesto, esto lo dijo sin creérselo mientras miraba a Carol, la cual parecía reafirmarse en sus sospechas.

—Señor agente, estas personas llevan menos de una semana en esta calle. Claramente son sospechosas. ¿Dónde están los dueños? ¿Qué habéis hecho con ellos?

—Oiga, somos amigos de los Wilkins, hoy hemos hecho una visita a Sidney con ellos y hemos vuelto antes de lo normal, porque no se encontraban muy bien —argumentó Ron.

—Ya, o tal vez porque los habéis matado y queréis suplantar sus identidades... Oh, dios mío, eso quiere decir que también nos mataréis a nosotros —dijo Carol, asustada. El resto de mujeres murmuraron por lo bajo, temerosas.

—¿Pero qué está diciendo? ¿Se ha vuelto loca? —preguntó Hermione, incrédula.

—Por favor, no hagamos elucubraciones —pidió uno de los agentes —. ¿Podemos pasar un momento para asegurarnos de que todo está bien?

—¿Tiene usted una orden de registro? —preguntó Ron.

—¿Es usted el dueño de esta casa? —respondió uno de los agentes de forma irónica.

—Señores agentes, claro que pueden pasar. Pero los dueños se han ido a acostar, por favor, no les molesten. Les llevaré hasta allí —dijo Hermione.

Los dos agentes entraron, seguidos, por desgracia, por las cuatro mujeres. Hermione subió por las escaleras para acompañar a uno de los agentes, mientras este le pedía a su compañero que registrase el resto de la casa, acompañado por Ron. El resto de mujeres se quedó en la entrada, esperando por orden de los dos agentes.

Mientras tanto, minutos antes, cuando Ron y Hermione abrieron a los agentes, alguien había llegado corriendo hasta la casa y entrado por una de las ventanas del piso superior, escalando por la pared. Accedió a la habitación principal, la de los dueños. Sobre la cama había una mujer pelirroja, tapada por una manta y dormida. El hombre se acercó a ella y se sentó en el borde de la cama.

—Jean... Jean, soy yo, despierta.

El señor Granger había conseguido volver a la casa en la que había estado viviendo durante todo un año, después de recordarlo todo. Lo único que no entendía era cómo había olvidado quién era y, de repente, estaba viviendo en Australia, algo que atribuía a una acción propia de su hija.

—Por favor, no haga ruido, ya deben estar dormidos —oyó de repente la voz de Hermione. Lo primero que pensó fue en salir, pero se detuvo. Rodeó la cama y se metió en ella. La puerta se abrió brevemente — ¿Lo ve? Ambos están dormidos. Perdone que cierre la puerta, pero no quiero despertarlos.

—No se preocupe, señorita, con esto es suficiente. Lamento todas las molestias que le estamos haciendo pasar.

—Por favor, agente, no se preocupe, sé que hacen su trabajo. La señora Jones es un poco desconfiada con los recién llegados, según parece.

De repente, la puerta se abrió. El señor Granger salió a través de la puerta del dormitorio. Hermione se quedó muda.

—Buenas tardes, agente, ¿puedo ayudarle en algo?

—¿El señor Wendell Wilkins? —preguntó el agente.

—El mismo. ¿Ocurre algo?

—Hemos recibido una llamada de una vecina suya diciendo que la casa podría haber sido allanada, pero todo ha sido una falsa alarma. No se preocupe, me iré ya.

—Me alegro de que todo haya quedado arreglado, agente. Le acompañaré hasta la puerta.

El señor Granger miró de reojo a su hija, la cual estaba avergonzada, y acompañó al agente hasta la puerta de entrada, donde ya esperaba el otro agente.

—¿Y bien? —preguntó este.

—Falsa alarma, Steve, él es el dueño. Por suerte no ha habido ningún problema. Señora, para la próxima vez, procure tener pruebas antes de llamar a la policía —dijo el agente con severidad a Carol.

Esta estaba muy indignada, pero se mantuvo en silencio. Los dos agentes se marcharon tras despedirse.

—Wendell, ¿qué ocurre? ¿Monica está bien?

—Nada de qué preocuparse, Linda, está arriba, descansando. Hoy ha tenido algo de jaqueca.

—Oh, bueno, entonces dile que le deseamos una pronta recuperación —dijo Linda —. Chicas, todo ha quedado en un susto, pero venga, será mejor que nos vayamos ya.

Amanda y Heather asintieron, saliendo de la casa junto con Linda. Carol echó una última mirada a Ron y Hermione, claramente desconfiando de ellos, pero salió también. En cuanto se fueron, el señor Granger cerró la puerta.

—Papá, puedo explicártelo todo —dijo Hermione.

—Oh, sí, tal vez puedas explicarme por qué me he pasado todo un año viviendo en Australia, siendo y comportándome como otra persona.

—Lo hice por vuestro bien, para que estuviéseis a salvo —dijo ella. Parecía que estaba a punto de llorar. Ron estaba a su lado.

—¿Para protegernos de qué, Hermione?

—Pues... Pues...

—Sube arriba ahora mismo y haz que tu madre vuelva a ser la de antes.

—¿Qué pasa aquí?

La señora Granger estaba a mitad de las escaleras. Miraba a todos sin entender nada.

—Jean, menos mal que has despertado —djo el señor Granger.

—¿Wendell? ¿Cómo me has llamado? Soy Monica.

—No, cariño, no eres tú, eres otra persona —se volvió hacia su hija —. Arréglalo. Arréglalo ahora.

Hermione suspiró y sacó su varita, apuntando a su madre, que no parecía entender nada. Hizo un movimiento con la varita mientras pronunciaba algo. Acto seguido, Monica Wilkins se quedó en trance para luego parpadear brevemente. Miró a su marido y pareció comprender todo.

—Rupert... ¿Qué... qué ha pasado? ¿Dónde estamos?

—Es una larga historia, cariño, vamos al salón. Nos sentaremos allí.

Rupert Granger llevó a su mujer hasta el salón, donde ambos se sentaron en el sofá. Hermione se sentó en el sillón que había enfrente.

—Creo... que iré a preparar algo de té.

El señor Granger miró seriamente a Ron mientras este se escabullía. Al rato, volvió con una bandeja con una tetera y cuatro tazas.

—¿Y bien, Hermione? ¿Puedes explicarnos por qué ha pasado todo esto? —quiso saber el señor Granger.

—Por la guerra —confesó ella.

—¿Guerra? ¿Qué guerra? ¿Estamos en guerra? ¿Inglaterra está en guerra? —pregúnto el señor Granger sin entender nada.

—Ha habido una guerra, papá, pero en nuestro mundo. En el mundo mágico.

—¿Te refieres a ese hombre? A ese tal... ¿cómo se llamaba? Voldemort —recordó su madre.

Hermione asintió con la cabeza. Naturalmente, desde el regreso del Señor Tenebroso, había advertido a sus padres de lo que ocurría en el mundo mágico, quienes ya tenían una clara idea de quién había sido ese hombre, por llamarlo de alguna manera. A partir de su quinto año, sus padres se habían mostrado reticentes a que Hermione volviese a Hogwarts, preocupados por su seguridad y conscientes de los prejuicios que parte del mundo mágico tenía acerca de los hijos nacidos de personas como ellos, de muggles. Sólo la idea de que Albus Dumbledore, el que, según su hija, era el mago más poderoso del momento estuviese en Hogwarts les tranquilizaba un poco, pero la noticia de su muerte a manos de uno de los profesores del colegio les había dejado una cosa clara, que su hija no volvería a la escuela para su séptimo año, pero sólo por el hecho de que un loco suelto se estaba haciendo con el poder.

—¿Entonces qué pasó? ¿Volviste a la escuela sin nuestro consentimiento? —quiso saber su padre.

—No podía volver a la escuela, el Ministerio había sido tomado por Voldemort y se había promulgado una norma por la que se investigaría a todos los nacidos de muggles.

—Y aún sabiendo que estabas en peligro, te quedaste allí —dijo el señor Granger. La señora Granger miraba a su hija en silencio, sopesando todo lo que le decía, como hacía siempre, para luego dar su opinión, la cual siempre era la opinión final que cerraba toda discusión.

—Papá, me tenía que quedar. Tenía que ayudar a Harry en su misión. Estuvimos casi un año viajando por el país, buscando... cosas que nos ayudarían a ganar la guerra —creyó conveniente no explicar acerca de los Horrocruxes de Voldemort, pues habría hecho que todo fuese más confuso. Acerca de la magia, los señores Granger sólo entendían una cosa, que su hija era una bruja. El resto de intrincados caminos que poseía les eran incomprensibles y desconocidos —. Y ganamos la guerra.

—¿Y por qué estamos nosotros aquí? —preguntó su padre.

—Para protegeros, Voldemort y sus mortífagos sabían de vosotros. Si hubiesen querido información, habrían ido hasta casa y os habrían torturado para después mataros. Tenía que sacaros de allí.

—Y nos traes hasta Australia...

—Era vuestro sueño, yo sólo me limite a cumplirlo. Si llegamos a perder la guerra y yo hubiese muerto... —la señora Granger bajó la mirada, aterrada — vosotros os habríais quedado aquí para el resto de vuestras vidas, desconociendo que alguna vez tuvisteis una hija.

—¿Y si hubiésemos recuperado la memoria, Hermione? ¿Y si de repente recordásemos quiénes éramos en realidad? ¿Y si hubiésemos vuelto a Inglaterra y descubierto que nuestra única hija está muerta? ¿Cómo crees que nos sentaría eso?

Hermione estaba a punto de llorar, pero fue Ron quien intervino.

—Pero bueno, ¿ahora se está haciendo el padre ejemplar? Le recuerdo que hace tan sólo unos días me dijo que, de haber tenido hijos, habrían destrozado sus sueños. Dígame, ¿es ese un pensamiento de Wendell Wilkins o de usted, señor Granger?

El señor Granger se levantó, furioso.

—¡Tú no sabes nada, chico! ¿Acaso crees que no me importa mi hija? ¡Yo quiero a mi hija! Y aunque lo que haya hecho estuvo bien, teníamos derecho a saberlo.

—¡De haber llegado a saberlo se hubiesen negado a que ella lo hiciese! ¿Marcharse a Australia y dejar a su hija en medio de una guerra en la que muy probablemente podría morir? ¡Jamás! Antes se habrían quedado. Deberían estar orgullosos de que su hija les haya salvado la vida. ¡De no haberlo hecho, a estas alturas estarían muertos!

El señor Granger, que nunca jamás habría hecho daño nadie, le soltó un puñetazo en la cara a Ron, quien cayó sobre el sofá. Hermione fue a socorrerlo con lágrimas en los ojos.

—¡Basta! —gritó Jean Granger, quien parecía haber reaccionado al fin. — ¿Te has vuelto loco o qué? ¿Cómo te atreves a pegar al novio de tu hija?

—Oh, claro, y aún no hemos hablado de eso —dijo el señor Granger —. Ya podrías haber tenido de novio a ese tal Harry Potter y no a este pelirrojo con aspecto irlandés.

—Rupert, basta, ese es ahora el menor de nuestros problemas. Te recomiendo que subas arriba y te tranquilices, lo único que quiero ahora es abrazar a mi hija —el señor Granger se marchó, furioso. La señora Granger, por su parte, fue hasta Ron y le ayudó a levantarse —. Ven, te curaré esa herida. Lo lamento mucho.

—No se preocupe, señora Granger, seguramente podamos hacer algo mágico para que se cure.

Fueron hasta la cocina.

—Estoy seguro de que sabrás hacer algo, querido, pero mientras tanto, te pondré un poco de hielo.

Preparó una pequeña bolsa térmica y la llenó de cubitos de hielo que le pasó a Ron, quien se la puso en un ojo por indicación de Hermione. Normalmente, cuando Ron se daba algún golpe, su madre se lo curaba mágicamente, no le daba hielo.

La señora Granger, por su parte, dio un fuerte y largo abrazo a su hija.

—Mamá, lo siento mucho, no quería que las cosas pasasen de esta manera.

—No tienes que preocuparte de nada, cariño, ya sabes cómo es tu padre. Hiciste lo correcto e hiciste lo mejor para todos. Y eso es lo que importa.

Ron se quitó la bolsa térmica y se aplicó un hechizo para curarse el ojo morado. Al instante volvía a estar bien.

—Había olvidado lo que la magia podía hacer. La verdad es que me alegro de volver a ser quien soy, aunque no estaba mal ser Monica Wilkins. Esto está muy bien.

—Mamá, necesito preguntarte algo. ¿Recordaste cosas de quién eras durante este tiempo? Es que hay cosas que me han desconcertado, como la tarta de chocolate sin azúcar que nos trajiste.

—Bueno, a veces tenía sueños en los que recordaba cosas de cuando vivíamos en Inglaterra, pero por los demás... No, no recuerdo nada.

—Entonces tu hechizo desmemorizador funcionó bien —dijo Ron —. Quizás les viniese a la cabeza aspectos de su vida pasada, pero los tomaron como propios de los Wilkins.

—Cariño, sé que tenemos muchas cosas de las que hablar, pero creo que es mejor que os vayáis a casa. Voy a hablar con tu padre, porque creo que está enfadado. Pero no te preocupes, todo saldrá bien.

Hermione dio otro abrazo a su madre y se marchó con Ron. Al instante, los dos estaban en su casa, tumbados en la cama de su habitación.

—Bueno, quien diría que recuperarían así la memoria. Al menos todo ha acabado ya y podremos volver a casa.

—Sí, aunque deberíamos dejar todo atado antes de irnos. Probablemente nos llevará unos días, pero sí, volvemos a casa, aunque...

—¿Qué te ocurre?

—Es que... mi madre ha dicho que este sitio le encanta. ¿Crees que, después de todo, se quedarían aquí en vez de volver con nosotros?

—Hermione, son tus padres, han vivido toda su vida en Inglaterra. Un año aquí no creo que cambie las cosas. Seguramente lo pensarán mucho, pero se darán cuenta de que están mejor junto a su hija. No te preocupes de nada, en cuanto a tu padre se le pase el enfado nos estarán preguntando.

Y la abrazó. Hermione se dio la vuelta y le dio un beso.

—Eres un gran novio —confesó ella, sonriendo. El arranque que Ron había tenido antes, defendiéndola, le había encantado.

De repente, llamaron a la puerta. Los dos se levantaron y fueron a abrir. Frente a la entrada estaban los padres de Hermione.

—Mamá, papá, esto...

—¿Podemos pasar, hija? —preguntó la señora Granger.

Hermione asintió y los dos entraron. Fueron todos al salón, donde se sentaron en los sillones. El señor Granger parecía más calmado.

—Y bien, ¿qué ocurre? —quiso saber Hermione.

—Tu padre tiene que decirte algo.

—Hija... Lamento mi comportamiento de antes, sé que hiciste lo mejor para nosotros. Y Ronald —dijo, mirando a Ron —, perdón por lo del puñetazo.

—No tiene la menor importancia, señor Granger.

Sin embargo, parecía haber algo más que los Granger querían decir.

—¿Ocurre algo más? —quiso saber Hermione, que parecía muy nerviosa.

—Verás, hija, hemos estado pensando durante este tiempo, desde que hemos vuelto a ser nosotros, y hemos pensado que esto nos gusta mucho y que sería muy trabajoso cambiarlo todo así que...

—¿Así que... qué? —Hermione veía sus temores confirmados.

—Hemos decidido que vamos a quedarnos aquí —dijo su padre finalmente.


Nota del autor: Eterno estupor de una mente sin recuerdos (Eternal Sunshine of the Spotless Mind/Olvídate de mí, 2004) es una película de Michael Gondry protagonizada por Jim Carrey y Kate Winslet en la que un hombre conoce a una mujer bastante peculiar pero que en realidad resulta ser una antigua novia suya que decidió someterse a una operación para olvidarle a él.

El título del capítulo lo había puesto antes en inglés en inglés porque, francamente, me gusta más que ese en español tan soso xD Pero gracias a Lawghter, lo he dejado como está :)