Hola, queridas lectoras. Antes que nada, quiero decir que he contestado todos vuestros comentarios, pero fanfiction me ha dado un error y no sé si habréis recibido las respuestas o no. Si alguna de vosotras no la ha recibido, decídmelo, por favor, que os lo volveré a enviar.
Aparte de esto, nos encontramos una semana más con un nuevo capítulo. En el anterior descubrimos que la nueva joven que han capturado los mortífagos es Hermione y seguramente os preguntaréis en qué va a afectar eso a la historia de nuestros protagonistas… pues en mucho, pero ya lo iréis viendo, yo no puedo desvelar nada todavía porque queda mucha historia por delante ;)
Un abrazo a todas mis queridas lectoras, en especial a Snape's Snake, GabrielleRickmanSnape y MoonyMarauderGirl por dejarme sus comentarios.
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Capítulo 3
Después de que Iliana asumiera el rol de protectora de la recién llegada, las demás mujeres del harén se atrevieron por fin a romper el silencio y ahora hablaban todas a la vez, criticándola por ser tan estúpida de abandonar su protectorado tan pronto, pero Iliana no las escuchaba. Cuando la chica estuvo un poco más calmada, su nueva protectora se apartó un poco de ella y susurró:
—Escucha, Hermione... ese es tu nombre real, ¿verdad? —La joven asintió—. Mira, a mí no me importa que me lo hayas dicho, pero no intentes repetírselo a nadie más, sólo te ganarás problemas.
—¿P-por qué?
—Cuánto más recuerdas, más doloroso resulta —explicó Iliana—; cuanto más te aferras al pasado, más difícil es aceptar el presente. O esa es la creencia general por aquí. Por eso a las mujeres no les gusta que se hable de la vida anterior a la fortaleza. Es uno de los muchos temas tabú.
—Entonces, ¿tú tampoco querías que te dijera cómo me llamaba? —dijo la chica.
Iliana la observó unos instantes y vio una ansiedad incontrolable en sus ojos, la joven necesitaba con todo su ser que alguien supiera cómo se llamaba, quizá por miedo a olvidarlo ella misma, a perder su identidad.
—No, está bien. Me gusta saberlo. Hermione es un nombre extraño, pero bonito. Lo recordaré. —La chica la miró agradecida—. Sin embargo, seguro que cuando te trajeron te asignaron otro, ¿verdad?
—V-violet —dijo ella, con voz quebrada.
—Pues a partir de ahora debes ser Violet a todas horas, ¿de acuerdo? Yo soy Sandra, pero debes llamarme Iliana. Sé que todo te parece horrible en estos momentos y que no quieres perderte a ti misma por un estúpido nombre de… de servicio, pero no puedes hacer nada para evitarlo, así que cuanto antes te acostumbres, mejor. Y, al fin y al cabo, adoptar otro nombre no es tan malo, te permite disociarte un poco de lo que ocurre aquí, como si le sucediera a otra persona, ¿entiendes?
—¿Qué… qué quieres decir con "nombre de servicio"?
Iliana se empezó a sentir incómoda.
—Te han explicado a dónde te han traído, ¿no? —La chica la miró sin comprender—. ¿No? ¿No te lo han dicho? ¡Oh, Dios! —exclamó consternada, tener que explicarle aquello no entraba en sus planes— ¿Por qué no te lo han dicho? ¡Se lo dicen a todas!
—Sólo sé que esto es una fortaleza, pero no sé dónde está.
—No me refiero a la ubicación física de la fortaleza, sino al papel que desempeñarás aquí. —La joven negó con la cabeza, sin entender—. Será mejor que te sientes. —Iliana la condujo a un rincón algo apartado de las demás y las dos tomaron asiento—. Violet, estás en un harén.
—¡¿Un harén?! —repitió, espantada— No, no, eso no puede ser. ¿Sabes lo que esos animales me han hecho antes de venir aquí? No, imposible…
—Oh, sí, cariño, por desgracia sí que lo sé. Todas aquí lo sabemos.
—¿Quieres decir que siempre…? ¿Que a todas vosotras…?
Iliana comprendía que le resultase difícil aceptar que toda aquella brutalidad fuera a formar parte de su vida a partir de entonces, por lo que solamente asintió con la cabeza y guardó silencio.
De pronto, se abrió la puerta y uno de los centinelas anunció que el amo Yaxley había organizado una fiesta, por lo que ordenó a varias chicas que lo siguieran, entre ellas, Iliana.
—Ahora tengo que irme —le susurró a Violet—, pero cuando vuelva esta tarde empezaré a enseñarte un poco cómo va todo esto, ¿de acuerdo?
La chica la miró horrorizada, como si no quisiera dejar que se marchara a aquella "fiesta", pero Iliana sólo le sonrió con calidez y se dirigió a la salida con las demás, sin saber que ni aquella tarde ni la siguiente iba a volver al harén.
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Lucius fulminó con la mirada al portador de la noticia.
—¿Qué quiere decir, que no se ha presentado?
—L-lo siento, mi señor, yo sólo le he repetido lo que me ha dicho el carcelero. No-no sé por qué...
—Lárgate, lo averiguaré por mí mismo —espetó el rubio, y el tembloroso hombre se marchó corriendo de su despacho.
—¿Esa es la clase de formalidad que puedo esperar de ella? —preguntó a las paredes, lleno de rabia. Y, chasqueando la lengua en un gesto furioso, se puso en pie y salió de la estancia con presteza.
Yaxley era un hombre con todo tipo de vicios, por eso en las fiestas que él organizaba se entremezclaban bebida, pociones alucinógenas, sexo y magia oscura a partes iguales, sumiendo a todos los asistentes en una espiral de perversión psicodélica que los conducía ineludiblemente a estados alterados de conciencia a diferentes niveles.
A Iliana no le importaba que la solicitaran para ese tipo de orgías; de hecho, las prefería a todas las demás, porque con esa alucinógena mezcla en su organismo no era plenamente consciente de lo que ocurría a su alrededor ni de lo que tenía que hacer para aquellos hombres, por lo que podía evadirse y olvidarlo todo por un momento. Podía olvidar que la habían convertido en una vulgar prostituta.
La fiesta para la que la habían convocado el día anterior se probó especialmente desmadrada. Sin saber cómo, había acabado durmiendo cabeza abajo a medio camino entre un sofá y el suelo, las piernas reposando en el mullido asiento y la espalda y la cabeza tiradas sobre la alfombra. No volvió a la consciencia hasta que notó unos golpecitos en las costillas.
Abrió los ojos entre brumas y entraron en foco unos brillantes zapatos de piel de dragón y el bajo de una túnica de color verde oscuro. Se dio cuenta de que los golpecitos que la habían despertado habían sido producidos por la punta de un bastón y, al elevar la mirada, se encontró a Lucius Malfoy con el ceño fruncido y una inconfundible mueca de irritación.
Intentó incorporarse con cuidado; más que nada porque, a pesar de estar tumbada en él, todavía no podía determinar con claridad dónde estaba el techo y dónde el suelo.
Consiguió bajar las piernas del sofá y quedar algo así como sentada.
—¿Sabes qué hora es? —preguntó ásperamente la voz del mortífago.
Ella negó con la cabeza y al acto se arrepintió de haberlo hecho, porque un terrible mareo se apoderó de ella, amenazando con obligarla a vomitar sobre los pies del hombre. Se llevó ambas manos a la boca intentando con todas sus fuerzas evitarlo.
—Son las dos y media —contestó Malfoy en voz muy alta a su propia pregunta, sin importarle el deplorable estado en que se encontraba la mujer.
Ella levantó la cabeza demasiado rápido, cosa que le provocó otro mareo, pero el horror ante lo que acababa de escuchar fue más fuerte y pudo controlar la desagradable sensación.
—¿Las… las dos y media? —Consiguió articular. Con una seca cabezada, Malfoy dio por contestada la pregunta—. Oh, Merlín… es tarde, tan tarde… tengo que… —Intentó ponerse en pie, pero le fallaron las piernas—. Tengo que ir…
—Sí. Tendrías que haber ido… pero ya hace mucho rato que pasó la hora.
La mujer abrió los ojos desmesuradamente y se inclinó sobre los pies del hombre en un gesto suplicante.
—Oh, no, no, por favor, lo siento, las pociones psicotrópicas me han privado del sentido, ¡déjeme ir! No le castigue a él por mi culpa, no sabía que era tan tarde, se lo ruego, déjeme…
De pronto, con un violento escalofrío que sacudió todo su cuerpo, Iliana se dio cuenta de lo que estaba haciendo y su aturdimiento se esfumó en el acto. Lentamente elevó la vista hacia arriba, asustada de lo que pudiera ver en el rostro del hombre que la veía postrada ante él, suplicando que la permitiera ir a alimentar al prisionero como si, en vez de una tarea desagradable, eso fuera lo que más deseara en el mundo.
La expresión del mortífago era indescifrable, pero el brillo de sus ojos indicaba que era consciente de que allí había algo que valía la pena investigar más a fondo. Iliana se quedó muda por el miedo, sin saber cómo arreglar su error.
Malfoy le indicó que se levantara y lo siguiera con un movimiento de su mano. Con grandes esfuerzos, la mujer obedeció, pasando entre los cuerpos de los mortífagos y de sus compañeras, que estaban esparcidos por la sala, medio desnudos todos. Se dio cuenta de que ella misma se encontraba en ese estado, así que recogió una túnica cualquiera y se la puso, sabiendo que el amo Malfoy no tendría intención de esperar a que buscase la suya entre todo el desorden.
Añorando vagamente la feliz inconsciencia que acababa de abandonar, Iliana siguió los pasos del mortífago, recogiéndose el bajo de la túnica, que le iba grande, e intentando encontrar en su mente una explicación plausible sobre su extraño comportamiento de hacía unos instantes.
De pronto, una voz ronca y pastosa retumbó a su izquierda.
—¡Eh! ¿Dónde crees que te la llevas, Malfoy? He pedido a esta fulana para mi fiesta y se quedará hasta que el último invitado se haya despertado y largado.
—Pues tendrás que conformarte con las que tienes por aquí tiradas, Yaxley —tronó el rubio—. A esta me la llevo ahora mismo.
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Cuando llegaron al despacho de Malfoy, el hombre se sentó tras su escritorio y observó a la joven con ojos centelleantes de furia.
—Creía que te había prohibido expresamente participar en ningún juego o fiesta por las mañanas.
Iliana se encogió sobre sí misma, deseando sentarse, porque sus piernas no parecían interesadas en soportarla de pie por más tiempo, pero sin atreverse, ya que no había sido invitada a hacerlo.
—Lo lamento, amo —dijo con sincera aflicción—. La fiesta empezó ayer, no creía que fuera a alargarse tanto. Si hubiera sabido lo tarde que era…
—Debes estar realmente arrepentida —observó el rubio, con frialdad—. Antes has llegado incluso a suplicarme que te dejara cumplir con tu deber. No me entiendas mal, me parece loable tanta dedicación, pero no deja de intrigarme a qué se debe.
Iliana tragó saliva y se tambaleó ligeramente cuando un mareo hizo que se le nublase la vista.
—Es… es sólo que entiendo la confianza que habéis depositado en mí y lamento profundamente haberla traicionado —logró mentir, rezando por que la dejase marchar de una vez a alimentar al preso.
—Puede que sí… o puede que haya algo más. —A pesar de lo mal que se sentía, Iliana consiguió disfrazar bastante bien el miedo que sintió al oír esto. De pronto, el mortífago se levantó de su silla y se acercó a un armario de pared del que sacó un pequeño frasco—. Toma —dijo—, esta poción te irá bien para la resaca. Si bajas así al calabozo te desmayarás sólo con pisar el segundo escalón.
—Gracias, amo —contestó ella, feliz de saber que iba a bajar allí de nuevo. Abrió el frasco y se bebió el contenido.
—La elaboró hace tiempo un amigo mío —dijo, señalando la poción—. Creo que lo conoces bien, era un maestro en pociones.
Iliana se quedó inmóvil un segundo y después bajó la mano, con el frasco ya vacío. ¿Sería una trampa? Se suponía que no debía hacer ninguna referencia a su vida anterior y mucho menos hablar del prisionero. Decidió ir con cautela.
—¿Milord? —dijo, aparentando ignorancia.
—¡Vamos! No te hagas la estúpida conmigo —gritó el hombre, irritado—, sabes perfectamente de quién te estoy hablando.
La joven, despejada ya por el rápido efecto de la poción, negó con la cabeza.
—Me temo que no le comprendo, amo. ¿Tenéis un amigo pocionista?
Malfoy bufó con exasperación.
—Estudiaste en Hogwarts, ¿no es así?
La joven reprimió un escalofrío.
—Sí, señor.
—Supongo que recordarás a tus profesores. Que recordarás al hombre que daba clase de Pociones.
—Sí, señor, le recuerdo. Era un ser despreciable que traicionó a nuestro Señor Tenebroso. Desearía no poder recordarle, pero así es.
Malfoy entrecerró los ojos, estudiándola con desconfianza. ¿Sería verdad que no lo había reconocido? En verdad Severus debía de estar muy demacrado y, si algún día bajase a visitarle, lo más probable era que incluso a él mismo le costase ver en el prisionero al hombre que había sido tiempo atrás, pero aún así…
La chica se mantenía en silencio mientras el hombre cavilaba. Finalmente, el mortífago volvió a hablar:
—Y dime, ¿por qué tienes tanto interés en alimentar al prisionero?
—Porque es una tarea de responsabilidad, milord, por supuesto. Vos me habéis asignado este trabajo y no quiero fallaros. Sé que la última persona que ostentó el cargo fue desleal y faltó a su promesa de mantener la boca cerrada, pero yo me lo tomo muy en serio y no cometeré ese error.
—Pero el carcelero me dijo que habías acudido a él para decirle que el prisionero tenía unas necesidades básicas que deberían ser cubiertas, le pareció que te importaba mucho su bienestar… —insistió el hombre, estudiándola con ojos suspicaces— ¿es que acaso mentía?
Iliana vaciló un segundo. ¡Había estado tan ansiosa por solicitar que le permitiesen asearle y abrigarle! Pedirlo ahora, sin embargo, supondría reconocer un interés en el exprofesor que se acababa de esforzar mucho por negar. Tenía que buscar la manera de no perjudicar a Snape por culpa de su torpeza.
—Bueno, quizá fui un poco egoísta, ya que más bien estaba pensando en mí misma cuando le dije eso. La verdad es que el hedor en la celda es espantoso y el que emana de él cada vez que me acerco para darle de comer no es en absoluto mejor. En ocasiones hasta tengo la sensación de que voy a perder el conocimiento mientras estoy allí abajo. Así que pensé que quizá se me podría permitir asearle un poco cada día.
Buscó una excusa plausible para pedirle también una prenda de abrigo para él, pero no la encontró, así que tuvo que conformarse con aquello. Esperaba no levantar sospechas en el mortífago pero, cuando se atrevió a mirarlo, le pareció que, por algún motivo, estaba un tanto decepcionado con su respuesta.
El hombre dio un suspiro y agitó la mano con indolencia.
—Está bien, puedes marcharte a cumplir con tu deber, entonces. Ten presente que si hoy el prisionero tiene que comer fríos sus alimentos es por culpa tuya. Que no se vuelva a repetir. Me pensaré lo del aseo diario y ya te comunicaré lo que decida al respecto. —Iliana inclinó la cabeza y se dio la vuelta para salir, pero cuando abrió la puerta el hombre la detuvo de nuevo—. Por cierto, me gustaría pasar un rato contigo para conocerte mejor.
Iliana vaciló. Malfoy nunca la había solicitado a ella con anterioridad y no sabía cómo sería servirle ni conocía los gustos y preferencias del hombre. Se dijo que eso sería lo primero que intentaría averiguar cuando volviera al harén. Sabía quienes eran sus habituales, siempre solicitaba a las dos mismas chicas: Erin y Famke. Nunca cambiaba, nunca quería a ninguna otra, y ambas eran significativamente similares entre sí: rubias, pálidas, hermosas y con un aire frágil y desvalido que suponía que a un hombre dominante como él debía parecerle irresistible. Iliana no era nada de todo eso, y se preguntaba cómo se las arreglaría para complacer al hombre y evitar que cambiase de opinión y la devolviese al harén despechado, despojándola incluso de la tarea de alimentar al prisionero.
No, no estaba dispuesta a permitir que eso ocurriera, de modo que al volver al harén hablaría con ellas y les pediría consejo. Pondría todo su empeño en darle al hombre cuanto deseara.
—Cuando subas del calabozo ven a verme —exigió Malfoy, sacándola de sus pensamientos—, quiero empezar a conocerte a fondo cuanto antes.
Iliana maldijo su suerte en silencio al darse cuenta de que no tendría oportunidad de hablar con las favoritas del mortífago y que tendría que confiar únicamente en su habilidad y su instinto.
—Sí, amo —contestó, y salió de allí cerrando la puerta tras de sí.
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Se dirigió al calabozo sin poderse asear ni cambiar de ropa siquiera. El carcelero la miró con una sonrisa mordaz y le dijo que no se apurase, que el prisionero la esperaría cuanto hiciese falta, que no iba a ir a ningún lado. Ella no le contestó, bajó los escalones de tres en tres y cuando llegó junto a Snape se arrodilló de inmediato delante de él y le rodeó con sus brazos para calentarle.
—Lo siento, lo siento, lo siento mucho. Sé que llego muy tarde y debe de tener un hambre atroz, le pido disculpas.
Snape aspiró junto a su cuello y murmuró, con voz áspera por el desuso y la sed:
—Hoy no llevas perfume.
Iliana se tensó un poco.
—No haga eso —se quejó ella cuando él volvió a olerla.
—Quiero oler tu piel.
—No, por favor, hoy no. No es mi piel lo que está oliendo. No es sólo mi piel. No he tenido tiempo de arreglarme.
—Oh —musitó él, como si comprendiera, pero tras sus párpados hundidos, Iliana pudo ver que en verdad no entendía a qué se refería y se preguntó, no por primera vez, si el hombre sabría lo que ella era, en realidad, lo que hacía allí para los mortífagos, lo que la obligaban a hacer.
"Claro que no lo sabe", pensó, "¿cómo iba a hacerlo? Probablemente ha estado aquí preso desde que se perdió la guerra. No sabe nada de nada, ni siquiera en qué día estamos o en qué año. Por eso me prohibieron que hablase con él de esas cosas, quieren mantenerlo en la oscuridad en todos los aspectos". Un arrebato de rebeldía se apoderó de ella de repente y preguntó:
—¿Qué es lo último que recuerda de antes de que le encerrasen aquí?
El hombre se tomó unos instantes para contestar.
—Nagini —susurró al fin, pero Iliana no sabía qué quería decir eso y temió que estuviera delirando. Entonces añadió—: Y Potter.
Harry Potter. Iliana sintió una punzada de dolor. Cuando el mundo mágico se enteró de que el que debería haber sido su salvador había muerto, todos supieron que acababa de iniciarse una era de terror, pero estaba segura de que nadie hubiera podido anticipar hasta qué punto el dolor y la oscuridad se adueñarían de ellos, abarcándolo todo.
—Entonces desconoce que se inició una caza de muggles —explicó ella. Acercó la bandeja y empezó a darle la comida—. Lo justificaron llamándolo "venganza" por la caza de brujas que ellos llevaron a cabo durante la Edad Media. ¡La Edad Media! Algo que sucedió siglos atrás y que nadie queda que pueda recordarlo ya. Como si alguien pudiera creer que eso era un motivo, en vez de una simple excusa para dar rienda suelta a su sadismo. Los muggles fueron diezmados sin piedad y los supervivientes, esclavizados. Los magos y brujas nacidos de muggles fueron relegados a meros sirvientes y los sangre pura que se enfrentaron a los mortífagos fueron asesinados o sometidos a los más crueles castigos bajo la acusación de traidores a la sangre.—Y los sangre pura rebeldes que todavía eran jóvenes fueron conducidos a harenes para placer de los mortífagos; como ella misma, aunque esto no lo dijo. Ningún squib, muggle, hijo de muggle o mestizo era usado para estos servicios, ya que los mortífagos no se rebajaban a tener relaciones carnales con nadie que no fuera de su propia condición de sangre—. Eso, hasta que el Señor Tenebroso decidió que no cogería más prisioneros, claro. Desde entonces ya no hay más castigos que la pena de muerte.
Pero Snape no parecía especialmente interesado en las noticias del exterior, cogió un mechón del pelo de la joven y lo aspiró con fuerza.
—No lo haga, por favor —rogó ella de nuevo, incómodamente consciente de que todavía debía de llevar impregnado el olor de los excesos de la noche anterior, aunque en el ambiente fétido del calabozo lo más probable era que resultase indistinguible.
Cogió otro poco de comida de la bandeja y se la llevó a los labios.
—Siempre he tenido muy buen olfato —murmuró Snape—. Eso era una ventaja a la hora de elaborar pociones, con sólo acercarme al caldero sabía qué ingredientes faltaban o si fallaba algo. —Iliana se sorprendió de lo comunicativo que estaba—. Me gustaría oler tu piel sin perfumar.
Iliana asintió.
—De acuerdo. Si lo desea, mañana no me pondré perfume. Pero creía que le gustaba la fragancia a jazmín.
—Me gusta, pero aún así…
Se produjo un instante de silencio que Iliana aprovechó para seguir alimentándolo.
—De verdad que siento mucho haber llegado tan tarde hoy. No ha sido decisión mía, perdóneme, profesor. —Snape masticaba despacio, sin decir nada, aferrándose al calor del cuerpo de la joven, como cada día. Las primeras veces que bajó Iliana había comido con desesperación, como si tuviera miedo de que le quitasen la comida; pero en cuanto se acostumbró a ella, adoptó un ritmo más pausado, haciéndose durar cada bocado como si fuese un manjar delicioso que valiera la pena saborear—. ¿Ha escuchado algo de lo que le he explicado antes sobre lo que pasó tras la guerra? Hace ya tres años desde que el salvador murió. Me prohibieron que le explicara nada de todo esto, pero yo quiero que lo sepa.
—¿Tres años? —croó Snape, con genuino asombro—. Creía que habrían pasado diez.
Esta deprimente declaración les sumió en otro breve silencio. El ex profesor parecía bastante abatido con este descubrimiento, pero entonces reparó en algo y volvió a hablar:
—Pensaba que tenías las mañanas libres.
El cuerpo de la mujer se tensó levemente de nuevo.
—Y así es, pero… anoche la cosa se alargó.
—¿Anoche?
—Bueno, es que yo... un momento, ¿creía que tenía las mañanas libres? Eso se lo expliqué hace días. Así que de verdad me escucha cuando le hablo, aunque no diga nada. No estaba muy segura de ello, ¿sabe?
Entonces, algo mágico sucedió: el prisionero curvó los labios en una pequeña sonrisa. ¡Realmente sonrió! Cansada, diminuta y muy breve, pero una sonrisa tan real como la celda en la que estaba cautivo. Iliana se sintió tan sobrecogida por ella que por unos instantes no fue capaz de reaccionar.
—¡Bueno! —exclamó al fin, haciéndose la ofendida, pero de buen humor—. ¿Qué tengo que pensar de eso, ahora? ¿Que mi conversación no es bastante interesante para que participe en ella o que no se digna a hablar conmigo porque sólo soy la que le trae la comida?
—Me gusta escucharte —contestó él simplemente.
—Ah, bueno, siendo así… —replicó ella, sonriéndole a su vez. Un brillo fugaz cruzó los ojos del hombre—. Entonces, ¿me escuchó también el primer día, cuando le dije que había sido alumna suya?
El rostro de Snape pareció ensombrecerse de golpe.
—No quiero hablar de eso.
—¿De qué?
—Del pasado. Cuando estoy solo —Iliana sabía que eso quería decir todo el día excepto por la hora que ella pasaba allí— no hago otra cosa que pensar en él.
—Está bien… sólo… sólo quería saber si me recordaba, nada más —repuso la joven.
—Te recuerdo.
Por algún motivo, esto la llenó de alegría, aunque enseguida se le apagó un tanto.
—No era muy buena alumna —murmuró. Snape se encogió levemente de hombros e Iliana pensó que tenía toda la razón. ¿Qué importancia podía tener eso en las presentes circunstancias?—. ¿Sabe lo que hago yo aquí? —preguntó entonces en un leve susurro.
No es que le hiciera ninguna ilusión desvelarle la naturaleza de sus labores en aquel lugar, pero no quería engañarle, no quería que él creyera que era una cosa y después descubriese que era otra muy distinta.
—Sí, lo sé.
Iliana puso cara de sorpresa, pero entonces pensó que debía haber una confusión.
—No soy una criada, si es eso lo que cree.
—Sé lo que eres —repitió él—. Eres como la que venía antes.
—¿Hevia? —La joven se abofeteó mentalmente. Claro, ¿por qué no? Quizá su predecesora ya le había explicado esas cosas—. ¿Qué le contó Hevia?
—No me contó nada. Sólo se quejaba por tener que hacer una tarea tan indigna como alimentarme a mí en un lugar tan asqueroso como este, y alardeaba de que era la favorita de tres de los más poderosos mortífagos y de que un día alguno la sacaría del harén, abandonaría a su esposa y ella sería sólo para él. Además, las únicas mujeres que el Lord tolera tener cerca son mortífagas o mujeres de vuestra condición…
—Así que realmente sabe que soy una… —vaciló—. Una prostituta.
—Sólo eres una esclava —la corrigió él, con convencimiento. Iliana sintió ganas de llorar al escuchar por fin en boca de otro el verdadero nombre de lo que eran, una palabra que estaba prohibida en el harén: "esclava".
—No se imagina cuántas discusiones he tenido con Nadine y las demás mujeres del harén por este motivo, ellas dicen que hay que llamar a las cosas por su nombre y que no somos más que prostitutas, pero yo no lo creo, porque nosotras jamás hemos escogido serlo ni cobramos por ello. Para nosotras no es una profesión, sino una imposición.
—¡Qué evidente es la mano del Lord en todo eso! Las sutiles perversiones del lenguaje y de otros tipos son siempre plato de su gusto —dijo Snape—. Como llamarle "harén" al lugar donde os tienen tan prisioneras como a mí y que no es otra cosa que una celda, pero mejor acondicionada.
—Eso es lo que creo yo también —murmuró Iliana, asombrada y agradecida por la comprensión del hombre—, pero estoy comprobando que a los mortífagos les encantan los eufemismos. Es como lo que me ha pasado justo antes de venir aquí: el amo Malfoy ha dicho que quería "conocerme mejor", cuando en realidad lo que quiere decir es que…
—¿Has dicho Malfoy? —Ahora era él quién estaba en tensión. Iliana pudo notarlo rígido entre sus brazos y apartó un poco la cabeza para mirarlo—. ¿Draco o Lucius?
—Lucius. ¿Le conoce?
—Bastante bien. Durante un tiempo fuimos amigos.
—Entonces era cierto… —murmuró Iliana—. Él me lo ha dicho, pero creía que era una trampa para que confesara que había reconocido al prisionero.
—¿Te dijo que había sido amigo mío?
—Me dijo que aún lo era.
De improviso, Snape empezó a estremecerse levemente a causa de una risa baja y áspera que brotaba de su interior.
—Sí, claro —dijo—. Aún somos amigos, por eso me tiene aquí encerrado y ni siquiera ha venido una sola vez a comprobar si estoy vivo o muerto. Maldito cabrón. Y ahora te quiere "conocer mejor", ¿no es así?
—Pues, aunque parezca extraño, creo que en el fondo su intención es buena.
—Sí, claro.
—Quizá piensa que si pasa tiempo conmigo y empieza a conocerme, podrá controlar que no vuelva a ocurrir algo como lo de hoy, para que no vuelva a retrasarme… parecía realmente enfadado por mi demora —aclaró la joven.
—Mmm…
—Lo malo es que me ha dicho que vaya a verle cuando suba de aquí, así que todavía no podré volver al harén. Ayer llegó una chica nueva, Violet, y le dije que por la tarde le explicaría cómo funcionaba todo, pero entonces me llamaron para la fiesta de Yaxley y no pude hacerlo. Debe de estar pasándolo mal. Espero que las demás no sigan haciéndole el vacío.
Mientras iba dándole la comida al preso, Iliana le explicó lo que ocurrió cuando llegó Violet. El hombre se mantuvo en silencio, como si el diálogo que habían mantenido antes hubiera sido una excepción a su habitual mutismo. Pero Iliana no se molestó, siguió hablándole y explicándole cosas, igual que cada día, como la conversación que había tenido con Malfoy concerniente a su aseo. De pronto, Snape volvió a hablar.
—El otro día dijiste que si tuvieras una varita en la mano la usarías para asearme. Espero que te lo hayas pensado mejor. —Iliana le miró unos segundos, sin comprender—. Si consigues una varita, hay muchísimas otras cosas que podrías hacer con ella.
La joven sonrió.
—Cierto, supongo que asearle sería lo segundo que haría —rectificó, con una pequeña sonrisa—, lo primero sería sacarnos de aquí.
Snape la miró con gravedad.
—Me temo que si tratases de huir no llegarías muy lejos. Seguro que hay un fuerte sistema de seguridad en el castillo. Para empezar, como es sabido, nadie puede aparecerse ni desaparecerse dentro de Hogwarts.
—¿Hogwarts? ¿Qué tiene que ver Hogwarts en todo esto?
—No me digas que no lo has reconocido. Es cierto que los mortífagos han hecho un buen trabajo redecorando el lugar, pero no tengo ninguna duda: esta celda era antes mi despacho. Estamos encerrados en la escuela.
