Un nuevo fin de semana, un nuevo capítulo. Espero que os guste.
Muchas gracias a todos los que leéis mi historia, en especial a vosotras que me habéis dejado vuestro comentario, sois un encanto: Snape's Snake, Diggea, GabrielleRickmanSnape y MoonyMarauderGirl.
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Capítulo 4
Iliana se dirigió al despacho de Malfoy mirándolo todo con ojos nuevos, todavía asombrada por la revelación que le había hecho Snape. ¿Podía ser verdad que aquello fuese Hogwarts? Cierto era que, desde que la habían llevado allí, no había visto mucho del lugar, tan sólo el harén, el calabozo, el despacho de Malfoy y las diferentes salas a las que los mortífagos las convocaban; de modo que no había podido explorar el exterior ni tenía manera de calcular el tamaño de la fortaleza, pero no reconocía nada de lo que veía: no quedaba ninguna armadura, los tapices y los cuadros habían desaparecido de las paredes, los pasillos parecían haber cambiado de disposición y ni los fantasmas ni Peeves se encontraban en ninguna parte, ¿qué habrían hecho con ellos? Sin embargo, Snape se había mostrado absolutamente seguro de su afirmación.
Cuando Malfoy le abrió la puerta la joven estaba tan sumida en sus pensamientos que por un momento se mostró aturdida y no supo qué hacía allí.
—¿Esperabas encontrar a otra persona? —Se burló el hombre, viendo su confusión.
—Oh, no… claro que no, amo —repuso con rapidez.
Con una sonrisa mordaz, Malfoy la hizo pasar.
—Bien, Iliana —dijo, sentándose en un sillón individual con las piernas abiertas y una expresión de interés casi profesional—, muéstrame tus encantos.
La joven vaciló un instante y después se empezó a desnudar.
—No he tenido ocasión de asearme, amo —se disculpó—, me temo que estoy...
—Sólo quiero verte, de momento. Acércate.
Dejando la túnica en el suelo, Iliana fue hasta donde se encontraba el hombre que, estirando una mano, empezó a palpar uno de sus pechos como si estuviera calibrando la madurez de una fruta en el mercado.
La joven reprimió el impulso de morderse el labio. Al fin y al cabo, no era la primera ni la última vez que la trataban como a una mercadería en aquel lugar, y cuando el hombre pasó a sobarle el otro seno con idéntica indiferencia, sólo mantuvo la vista baja y se resignó a soportar las humillaciones que el mortífago quisiera infligirle.
—Chúpamela —ordenó entonces Malfoy, con brusquedad.
Iliana se arrodilló entre sus piernas, le abrió los botones de la bragueta para sacar su fláccido miembro y se aplicó a conciencia para despertar a la serpiente de su letargo.
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Malfoy se encontraba relajado y satisfecho. La joven no era su tipo, más bien todo lo contrario: él las prefería rubias y de piel marmórea; no con el cabello castaño y llenas de pecas, como aquella, pero debía reconocer que tenía algo especial.
No se podía considerar que le hubiera hecho la mejor mamada de su vida, pero la chica tampoco era ninguna inútil y estaba seguro de que con un poco de instrucción podía llegar a ser tan buena en el arte de la felación como Erin y Famke, las dos únicas mujeres del harén que se había dignado a tocar hasta el momento.
Pero ese no era el único motivo de su satisfacción. Fuera por la razón que fuera, la joven había mostrado algo de interés por el bienestar de Severus y eso era todo un cambio. Llevaba demasiado tiempo encerrado en condiciones infrahumanas, pero él no podía pedir ningún favor para Snape sin que resultara sospechoso, así que se alegraba de haber logrado por fin una pequeña mejora para él gracias a Iliana.
Sabía que era una estupidez por su parte, pero no podía evitar seguir sintiendo cierto aprecio por el que una vez había sido su amigo. Durante el tiempo que había estado encerrado, Malfoy había puesto sus esperanzas en las mujeres que le habían alimentado antes que Iliana, pero ninguna había hecho el más mínimo comentario en favor del prisionero a partir del cual pudiera elevar una petición al Lord. Sin embargo, ahora había podido hacerlo y la respuesta había sido positiva, lo que le hizo cuestionarse fugazmente si debería haber hecho la pregunta antes por su propia cuenta. Rechazó la idea de inmediato: pedir cualquier tipo de clemencia para Severus se habría interpretado como una debilidad por su parte. Iliana le había procurado la excusa perfecta sin implicarse él directamente.
—Ha estado a punto de desmayarse en varias ocasiones por culpa del hedor de allí abajo, milord —le había dicho al Señor Tenebroso apenas una hora atrás.
—Así es como se supone que deben oler los sucios traidores, Luciusssss —le contestó.
Sin embargo, sólo le había hecho falta insistir un poco más para conseguir que cediera. Al fin y al cabo, desde que Potter había muerto, el Lord se encontraba de bastante mejor talante que antes y se mostraba más inclinado a complacer los caprichos de su estrecho círculo de hombres de confianza.
Las pocas cosas que podían hacer resurgir su mal humor en esos tiempos eran los contraataques de los rebeldes -los cuales, casi siempre, solían ser aplastados de inmediato-, o los mortífagos que no sabían cuál era su sitio y creían que podían acudir al Lord con exigencias -en cuyo caso, un instantáneo y severo castigo les hacía recordar cuál era exactamente su lugar.
Malfoy se hallaba saboreando con deleite su copa de vino élfico mientras pensaba que, después de tres años, quizá había pasado ya el suficiente tiempo y uno de esos días podría bajar a ver a su viejo amigo sin peligro de manchar su reputación. De pronto escuchó una exclamación ahogada proveniente de su aseo privado, a donde acababa de enviar a la puta para que se duchara. Se levantó corriendo del sillón y fue a ver qué ocurría.
—Oh, lo siento, amo —se disculpó la joven—, no quería molestaros, he resbalado en la bañera, sólo es eso.
Malfoy asintió.
—Ve con cuidado —dijo.
Al fin y al cabo, no quería el problema de deshacerse de una puta muerta en su bañera, y menos aún la molestia de tener que buscar de nuevo a alguien para alimentar al prisionero.
Volvió a sentarse en el sillón y se sumió en la silenciosa contemplación de su copa de vino. Desde sus confines de cristal, el valioso caldo lanzó mil destellos, rojos como rubíes.
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Por unos minutos, Iliana creyó que había muerto y estaba en el cielo. No tenía otra manera de describir la maravillosa sensación del agua caliente cayendo sobre su cuerpo.
Cuando Malfoy le había dicho que se duchase en su propio aseo, no había caído en la cuenta de que lo más probable era que él no tuviese que apañárselas con el agua helada que salía de las duchas del harén, por ese motivo le sorprendió tanto el contacto con el agua caliente y se le escapó una exclamación de sorpresa. Y por eso, cuando el mortífago apareció para ver qué sucedía, Iliana se inventó que había resbalado para que no creyera que era una estúpida.
Ya llevaba más de veinte minutos bajo el agua y no sabía cuánto más podía quedarse ahí antes de que le llamasen la atención, pero la joven se hubiera pasado el día entero en la ducha. Después de tanto tiempo sufriendo el agua espantosamente fría del harén, aquello era una auténtica bendición.
—Merlín, creo que yo también sería capaz de delatar a una compañera por esto —murmuró para sí, con los ojos cerrados, sintiendo el chorro presionando contra sus párpados—, o incluso matar…
—¿A quién piensas matar? —dijo una voz a su espalda.
Iliana se dio la vuelta de golpe, asustada, y con el sobresalto estuvo a punto de resbalar, pero Malfoy la sujetó del codo y lo impidió. Iliana no había oído entrar al hombre, pero se hallaba justo detrás suyo en la ducha, desnudo.
—Amo… no… no me había dado cuenta de que estaba aquí.
—He pensado que iríamos más rápido si nos duchamos a la vez. Llevas tanto tiempo aquí metida que pensaba que te encontraría arrugada como una pasa.
¿Ducharse juntos? Claro, no todo podía ser perfecto, se dijo Iliana. Disfrutar de una ducha caliente y en privado era pedir demasiado.
—Lo siento, amo, pero es que hacía mucho que no me duchaba con agua caliente.
—¿Y qué decías de matar a alguien? —preguntó él mientras empezaba a enjabonarse.
—Oh, no es nada, sólo una tontería, amo… es que entre las chicas hay un rumor… dicen que Adele delató a Hevia a cambio de poder ducharse con agua caliente…
Malfoy soltó una carcajada.
—¿Eso dicen? ¡Qué pobre concepto tenéis de vuestras propias compañeras!
—¿No fue así, amo? En el harén lo dan por seguro… dicen que Hevia le reveló la identidad del prisionero a Adele y esta la descubrió ante los guardias a cambio de ese favor.
El hombre la miró con expresión grave.
—¿Tan barato vendéis a vuestras iguales? —preguntó, con desprecio—. Por supuesto, ¿qué clase de lealtad se puede esperar de una puta?
La joven se sintió profundamente ofendida.
—¡Yo jamás haría algo así! —protestó airada—. Cuando lo explicaron me pareció indignante y repulsivo, pero… pero dijeron que… creía que era la verdad, eso es todo.
Por algún extraño motivo, al mortífago esta muestra de impulsiva rebeldía le pareció deliciosa. Observó las facciones de la mujer, que tenía el ceño fruncido y los labios entreabiertos; el agua caía sin cesar sobre sus firmes pechos y su vientre plano para perderse más abajo, en el oscuro vello de su pubis. Quizá sí que podría disfrutar plenamente de la joven, después de todo, a pesar de unos rasgos tan distintos a los que él consideraba bellos.
Se inclinó sobre ella y la mordió suavemente en el cuello.
—No deberías creer todo lo que se dice —susurró junto a su oído y, pellizcándole con fuerza un pezón, añadió—: Y ten mucho cuidado, alguien como tú no debe hablarle así a un mortífago, no lo olvides.
Iliana se estremeció, dándose cuenta de pronto de lo que había hecho. No entendía por qué Malfoy no la había castigado de inmediato por su descaro al gritarle de esa manera, pero no podía más que estar agradecida porque el hombre se encontrara de un humor tan magnánimo.
—Lo siento, amo. No debería haber gritado, no debería haberle hablado así.
—Déjalo estar —dijo él, súbitamente excitado—, lo que quiero es que te des la vuelta, apoyes las manos contra la pared y abras las piernas.
Sin decir una palabra, Iliana obedeció.
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Era bien entrada la mañana cuando Iliana dejó el despacho de Malfoy. El hombre la había requerido toda la noche pero, por suerte, hacia las cinco había caído rendido y ella pudo dormir unas cuatro horas.
A Iliana le había sorprendido descubrir que el despacho del mortífago contaba con una sala contigua que hacía las funciones de dormitorio y no pudo evitar pensar en el retrato de familia que el hombre tenía sobre la mesa. No es que le sorprendiera, suponía que la mayoría de los hombres que iban a buscar mujeres al harén estaban casados o comprometidos de alguna manera, pero hasta el momento, nunca había visto la foto de familia de ninguno de ellos. Por primera vez se preguntó dónde viviría toda aquella gente.
La fortaleza siempre estaba llena de hombres y mujeres, pero Iliana no creía que residieran allí, sólo que pasaban mucho tiempo en aquel lugar; aunque también podría estar equivocada. En cualquier caso, no tenía intención de preguntarlo. Cosas como esa podían ganarle las sospechas de más de uno.
Cuando llegó al harén buscó con la mirada a Violet. Estaba sentada en un rincón, encogida sobre sí misma y rodeándose las piernas con los brazos.
Nadine se acercó a Iliana nada más verla.
—Como no estabas para poder decidir, os hemos asignado aquel rincón —dijo, señalando a donde estaba la joven—. Aunque si no te gusta, puedo intentar hablar con las veteranas.
—No, aquel rincón está bien, gracias Nadine.
—Tu chica sigue muerta de miedo —dijo con tono de reproche—. Te advertí que no era buena idea que la protegieras tú, ¿dónde has estado estos dos días?
—¿Dónde crees que he estado? —preguntó Iliana, súbitamente molesta—. De vacaciones, me he ido a dar un paseo por la playa, me agobiaba estar aquí encerrada, ¿te parece?
Nadine frunció los labios y elevó un poco la barbilla, ofendida.
—De acuerdo, ha sido una pregunta fuera de lugar, pero no deberías hablarme así. La he visto tan desamparada que he tenido que hacerme cargo yo misma de explicarle algunas de las cosas más básicas, ya que tú no estabas aquí, y no tenía por qué hacerlo. Has de saber que ese no es mi trabajo y me he ganado las críticas de algunas compañeras por hacerlo. Todas opinan, como yo, que te precipitaste al acogerla bajo tu protección. Y después de todo lo que he hecho, me lo pagas así.
Iliana suspiró.
—Lo siento, Nadine, perdóname. Gracias por hacerte cargo de Violet durante mi ausencia. Voy a hablar con ella.
—Ah, y haz que deje de hablar del pasado de una puñetera vez, no quiere entrar en razón y todas están molestas con ella.
La joven asintió y se dirigió a la muchacha que estaba acurrucada en el que, a partir de aquel momento, sería su rincón en el harén. Vio que las mujeres habían extendido dos colchones en el suelo para ellas y de reojo comprobó que el que ella había usado junto al de Nadine ya no estaba allí.
Se sentó junto a la chica y puso una mano en su brazo.
—Violet, siento mucho haberte dejado abandonada.
—No me llames así, ese no es mi nombre —dijo la otra, enfadada.
Iliana miró a su alrededor y, bajando la voz al mínimo, contestó:
—Lo sé, Hermione, pero sabes que no puedo llamarte así, está prohibido. —Subiendo de nuevo un poco el tono, añadió—. Creo que has tenido algunos problemas con las mujeres…
—Se han rendido. Todas se han rendido. No sólo son esclavas en cuerpo, sino también en mente. Les pertenecen. Los mortífagos se han adueñado de ellas.
—Sí, tienes razón. —Por primera vez, Violet la miró a la cara—. Se han rendido. Pero piensa que algunas llevan ya tres años aquí, y tú sólo has pasado dos días. Llevan demasiado tiempo prisioneras como para mantener la esperanza de ser liberadas, sólo de pensarlo les hace daño.
—Se han convertido en mascotas —insistió Violet con desprecio—. Y algunas, hasta parecen disfrutarlo.
Iliana volvió a mirar alrededor, inquieta por si alguien las escuchaba.
—Te acostumbrarás —repuso simplemente—. Ahora escucha, siento haberme tenido que ausentar este tiempo. Debes de haber estado muy asustada y lo siento mucho. En realidad creo que debo disculparme por haberte acogido bajo mi protección. No soy en absoluto la más indicada para hacerlo y, desde luego, no te mereces que tu protectora te abandone los dos primeros días. Tendría que haber esperado a que alguna otra…
—No —la atajó Violet—, ninguna lo hubiera hecho. Nadine me lo ha explicado. Estaban demasiado asustadas por esa mujer que delató a su protectora.
—Hevia y Adele... —murmuró Iliana, pensativa.
—Esas. Nadine dijo que, por miedo, ninguna de las mujeres me habría querido acoger, y entonces sí que…
—Ya no estoy tan segura de que eso ocurriera tal como se rumorea, ¿sabes?
—¿No crees que una delatase a la otra?
Iliana negó con la cabeza sin mucha convicción.
—Aún no sé lo que pasó de verdad, así que mejor no le digas nada a nadie de esto.
—¿Y a quién se lo iba a decir? —Y en voz alta, para que todas la escuchasen, prosiguió—. Si cada vez que abro la boca todas me miran como si estuviera loca.
—Antes de hablar, deberías aprender lo que puedes o no puedes decir —replicó una de las mujeres, airada.
—Lo que no voy a aprender a decir son mentiras —protestó Violet—, y parece que eso es lo único que queréis oír.
De pronto, Atenea, la más veterana junto con su inseparable Pandora, se puso en pie y le preguntó qué quería decir con eso.
—Que está claro que no queréis escuchar la verdad, porque cada vez que he tratado de contarla me habéis hecho callar. Y la mayor de las mentiras es que Harry Potter esté muerto.
Todas las chicas enmudecieron de golpe en un único y aterrador silencio. No se oía siquiera respirar, porque las mujeres estaban demasiado ocupadas intentando procesar la explosiva revelación. Incluso Iliana se había quedado boquiabierta.
—¿Qué estás diciendo? —susurró.
—¿E-está vivo? —Se atrevió a preguntar una de las mujeres.
—Cállate, estúpida —la increpó Pandora—, no escuches sus falacias.
—Sí, está vivo —afirmó Violet con rotundidad, sin dejar que las palabras de la veterana la afectaran—, aunque por poco… —Una sombra de profunda e inconsolable tristeza se apoderó de su rostro—. A causa de un hechizo nadie puede despertarle y lo tienen escondido en algún lugar que… —Su barbilla empezó a temblar—. Que nadie conoce. Hasta que se encuentre remedio para su condición actual, nadie podrá localizarle.
Esta confesión provocó un alud de preguntas atropelladas entre las mujeres.
—Si nadie puede localizarle, ¿qué pasa si alguien encuentra un remedio? ¿Cómo se le comunica?
—Se le envía una lechuza. Las lechuzas son irrastreables y siempre llegan a su destino, así, los que han quedado a su lado cuidándole pueden recoger el mensaje y salvarle.
—¿Y si el mensaje de la lechuza fuera una trampa para cazarle?
—¿Y si fuera necesario llevar a alguien hasta allí para poder salvarle?
—¿Cuántas personas se han quedado con él?
La chica sonrió débilmente, abrumada por la reacción provocada, y alzó una mano para calmar a las mujeres.
—No lo sé, no sé cuántos se han quedado —respondió ella—, ni tampoco conozco todos los protocolos de actuación. Pero sé que todas las posibilidades han sido contempladas, que las medidas de seguridad son extremas y que Harry despertará un día para salvarnos a todos.
Las mujeres volvieron a murmurar todas a la vez, excitadas ante aquellas revelaciones.
—Eso no es más que una sarta de mentiras —se elevó otra voz, indignada, por encima de las demás. Era de nuevo Atenea—. ¿No lo veis? No da ninguna respuesta concreta, todo son rodeos y ambigüedades: mentiras.
—¡No! —gritó Violet, poniéndose en pie de un salto para acercarse a la mujer unos pasos— No lo son.
—Si fuera cierto, sería un secreto y no podrías estar contándonoslo ahora.
—Al principio se quiso mantener en secreto, sí, pero al ver que la guerra se perdía y que la gente se quedaba sin esperanzas ni ánimos para seguir luchando, se decidió que había que difundirlo, que la comunidad mágica oprimida tenía que saber que aún hay esperanza, que la única persona que puede derrotar a Voldemort aún vive. —Al escuchar ese nombre se produjo un murmullo escandalizado—. Pero los mortífagos procuran acallar todas las voces que intentan propagar esta verdad porque les interesa que cunda la desesperación para que nada amenace su reinado del terror, pero pronto encontraremos una cura para él, vencerá por fin a Voldemort y todo cambiará.
—Mientes —insistió Atenea, con voz gélida y firme.
—¿Por qué habría de hacerlo?
—No lo sé, quizá por afán de protagonismo, quizá por ser una fanática pro-Harry Potter, pero eres una mentirosa y una farsante.
Violet iba a responder, pero Iliana se situó a su lado y la sujetó del brazo.
—¡Basta! —gritó, indignada. No iba a tolerar que insultasen a su protegida—. Has sido tú quien ha preguntado, para empezar —le dijo a Atenea—, ahora te aguantas. Si no te gustan las respuestas, no las escuches.
La veterana entrecerró los ojos y la miró rezumando odio.
—No sabes lo que significa enfrentarse a mí. Es obvio que no has terminado tus cuatro meses de protectorado, si lo hubieras hecho no serías tan imprudente, pero me temo que eso no te va a evitar las consecuencias de tu inconsciencia.
Iliana no sabía de qué hablaba, pero con un rápido vistazo, se dio cuenta de que las mujeres se habían quedado paralizadas de asombro al oírla responder así a la veterana, por lo que supuso que había hecho algo mal. No le importó.
—Ya me ocuparé yo de mis consecuencias —dijo con firmeza—, pero Violet es mi protegida y no voy a permitir que la insultes. La sesión de preguntas ha terminado.
Atenea le dedicó una sonrisa cruel.
—En eso estoy de acuerdo. Hay cosas que no se deben decir y esa estúpida hace rato que ha traspasado el límite de lo tolerable. Como es nueva y tiene una protectora totalmente inadecuada —comentó con desprecio—, a ella podemos perdonarla. Pero sólo si se retracta de sus palabras y reconoce que todo era mentira.
—¡Yo no he mentido! —chilló Violet.
—No tiene que retractarse de nada —intervino Iliana—, quien no quiera creerla, es libre de no hacerlo.
Y con un gesto protector, puso una mano sobre el hombro de la joven y se la llevó a su rincón de la estancia.
Atenea aún se la quedó mirando con rabia unos instantes más y después volvió a sentarse. Cuando todo el mundo volvió a ocuparse de lo suyo, Violet preguntó:
—¿Qué ha pasado? ¿Por qué te han mirado así?
—No estoy muy segura —admitió Iliana, algo intranquila—, pero lo averiguaré, tú no te preocupes. Lo que sí debo pedirte es que no vuelvas a hablar con nadie de todo esto, ni aunque te pregunten. No puedo pedirte ni quiero que te retractes, pero no saques el tema de nuevo con ellas. Odian hablar del pasado y de lo que ocurre en el exterior y está claro que acabas de herir muchas susceptibilidades.
—¡Pero ellas también necesitan tener esperanza!
—Aquí dentro no es como en el exterior, Vio... Hermione. Aquí la esperanza puede ser venenosa.
La chica no pareció muy satisfecha, pero aceptó el consejo de su protectora.
—Entonces... ¿conoces personalmente a Harry Potter? —preguntó Iliana, intrigada por la familiaridad con la que se había referido a él y lo informada que estaba de su situación.
—Harry y yo somos amigos. Yo era una de las personas que le cuidaba cuando fue hechizado, pero cuando me fui para tratar de encontrar un remedio, el lugar donde está escondido y todas las cuestiones relacionadas fueron borradas de mi memoria a modo de precaución. Por desgracia, me capturaron tras sólo una semana de haber salido de allí y lo poco que he descubierto no nos sirve de nada.
La joven se veía muy triste y decepcionada consigo misma.
—¿Fuiste tú sola a buscar el remedio o te acompañó alguien? —preguntó Iliana, para distraerla de su aflicción, pero en lugar de conseguirlo, la pregunta sólo logró que los ojos de la chica se anegaran inmediatamente de lágrimas.
—M-me… me acompañó… —comenzó a decir, pero un violento sollozo la sacudió y empezó a convulsionarse en un llanto amargo y desgarrador.
—Está bien —susurró Iliana—, no hace falta que sigas hablando, si no quieres…
La abrazó con ternura y le susurró palabras de consuelo mientras le acariciaba la espalda, intentando calmarla. Tras largos minutos, la chica pareció recobrarse un poco.
—La persona que me acompañó está muerta —dijo entonces, mucho más serena—. Dio su vida para protegerme…
No dijo nada más e Iliana no quiso insistir en el tema.
—¿Y cómo cayó Potter víctima de ese hechizo?
Violet le relató lo sucedido, empezando por la historia de los horrocruxes y de cómo habían destruido hasta el último de ellos. Después le contó que durante la batalla final en Hogwarts, Voldemort le hizo una propuesta a Harry: le prometió que si se entregaba voluntariamente proclamaría el alto el fuego y perdonaría la vida de todos los que estuvieran dentro del castillo, pero que si no lo hacía, todos morirían, y el chico, decidido a impedir que una sola gota de sangre fuera derramada en su nombre, se presentó ante el monstruo, dispuesto a sacrificarse.
No obstante, cuando llegó ante él, el Lord empezó a ensañarse con Harry, torturándole con crueldad en vez de lanzarle un rápido avada kedavra. Los seguidores del bando de la luz intentaron ayudarle, pero los mortífagos habían creado una cúpula protectora a su alrededor que nadie pudo traspasar.
Cuando consideró que ya estaba lo suficientemente débil o cuando se cansó de jugar con él, el Lord se acercó al muchacho, que estaba tirado en el suelo en posición fetal, encogido sobre sí mismo y todavía sumido en espasmos de dolor; le agarró del cabello y, tirando hacia atrás para mirarle a los ojos, le dijo que por fin había llegado su hora y que se preparase para morir. Pero antes de matarle, entró en su mente para averiguar cómo había logrado escapar de él tantas veces. De pronto, el monstruo profirió un grito desgarrador, soltó al chico, que cayó al suelo medio inconsciente, y se giró de golpe, enfrentándose a uno de sus hombres con una expresión de ira desatada en el rostro.
—¡Tú! —gritó, señalando con un dedo tembloroso de indignación a Severus Snape.
Iliana dio un brinco en su asiento.
—¿Has dicho Severus Snape? —dijo en un susurro— ¿El héroe?
La chica miró a su protectora con aire algo confundido.
—Sí… bueno, nunca he oído a nadie que se refiriese a él de ese modo, pero es cierto que era todo un héroe, él fue quién protegió a Harry todo el tiempo y quién le dio la información que necesitaba. Al principio no nos fiábamos de él, claro, porque mató a Dumbledore y, aunque aseguraba que siempre había luchado de nuestro lado y que todo había sido un plan del Director para que Voldemort creyese en él, muchos no quisieron escucharle al principio. Pero entonces relató cómo y en qué circunstancias había encontrado Harry la espada de Gryffindor, y ese era un detalle que sólo conocíamos Harry, Ron, yo y la persona que dejó la espada en aquél lugar, por lo que nos dimos cuenta de que tuvo que ser él. Así supimos que Snape siempre había sido un agente doble al servicio de Dumbledore, por más que nos costase de creer.
—¿Así que fue su espía durante todos esos años? —preguntó Iliana, con evidente admiración.
La joven asintió con la cabeza.
—Después de eso, el profesor nos entregó a Nagini, que era otro horrocrux, para que la matásemos y nos facilitó la información necesaria para acabar con Vol…
—No vuelvas a decir el nombre, por favor —la cortó Iliana, estremeciéndose—. Me da escalofríos.
Violet asintió con la cabeza.
—El caso es que, durante su duelo con Harry, ya-sabes-quién entró en su mente y descubrió que Snape había estado trabajando siempre en su contra.
—¿Severus? —preguntó, incrédulo, pero el asombro fue reemplazado rápidamente por la furia—. ¡Tú, traidor asqueroso! Tú le diste la espada de Gryffindor y le llevaste a Nagini para que la matase.
Snape retrocedió dos pasos, sabiéndose en peligro; pero Harry, con la adrenalina corriendo por sus venas como un río embravecido, y viendo descubierto el secreto, decidió plantar cara al Lord.
—Sí, Ryddle. Snape siempre ha sido de Dumbledore —dijo—. ¿Qué te parece eso? No lo habías visto venir, ¿verdad?
Sabiendo próxima su muerte, Snape le lanzó un hechizo silencioso a Harry antes de que nadie pudiera reaccionar. Entonces la varita del Lord se iluminó con una luz intensa y cegadora y lanzó una maldición que mató a Snape, que cayó desplomado al suelo, inerte.
—No… —Iliana se mordió la lengua con fuerza, había estado a punto de cometer la grave imprudencia de decirle que no había muerto—. Quiero decir… ¿no se sabe qué hechizo le lanzó?
Violet se mostró muy compungida y negó con la cabeza.
—No. Nadie lo sabe, pero al Lord no le preocupó averiguarlo. Suponemos que pensó que se trataba de un reennervate que no dio resultado. Le lanzó un avada kedavra a Harry y, dándole por muerto, ordenó que nos apresaran a todos, pero algunos logramos escapar y, cuando el colegio quedó desierto, regresamos para llevarnos los cuerpos de los compañeros que habían perecido en la batalla. Entonces fue cuando nos dimos cuenta de que Harry aún seguía vivo, pero no pudimos encontrar la manera de despertarlo. Creemos que el hechizo de Snape lo protegió contra la maldición asesina de alguna manera. Aunque tampoco es que sirva de mucho, si sigue inconsciente y no sabemos cómo sacarlo de su estado…
—¿Y el… cadáver de Snape?
—Cuando volvimos al colegio ya no estaba allí, supusimos que los mortífagos se lo habrían llevado para exhibirlo y que sirviera de escarmiento para cualquiera que pensara en traicionar a quién tú sabes.
—Entonces… el único que podría curarle sería Snape, ¿no? —preguntó Iliana, pensativa.
—Espero que no. Seguimos teniendo la esperanza de encontrar una cura, porque si Snape era nuestra única posibilidad, no tenemos nada que hacer. No podemos revivir a los muertos.
—No —murmuró Iliana, con aire ausente—, no podemos revivir a los muertos…
