XII:
Mokita
Quizás fue Inglaterra el primero en notarlo. No porque ninguno de los dos le preocupara siquiera un poco (después de todo, sí, Francia era algo así como su amigo, pero era un hombre independiente y viejo, mientras que se olvidaba del otro la mayor parte del tiempo, y cuando no, sabía era un joven responsable), sino porque era obvio. Y, aunque a veces sufría exabruptos en los que quería gritarle al francés que lo había notado incluso antes que él y que debía ser más discreto el muy imbécil, se dedicaba a observar y esperar.
Alemania, incluso con su gran falta de inteligencia emocional, llegó a percibirlo en algún momento, tal vez porque cuando Francia llegaba a las reuniones en lugar de ponerse a incomodarlo a él y a Italia se dedicaba a reservar una silla junto a él de forma expectante, hasta que llegaba Canadá y el mayor se ponía a darle cumplidos hasta el cansancio; o tal vez porque en lugar de interrumpir en medio de una oración a cualquiera que no fuera de su agrado ponía toda su atención en la forma que Canadá respiraba (por extraño que sonase, debía ser eso, ¿qué más podía estar haciendo en una sala donde se exponían temas importantes como el estúpido nuevo presidente de su hermano?); o tal vez Alemania simplemente lo notó porque Italia (el mismo que no cayó en cuenta de su petición matrimonial) no paraba de lanzar miradas indiscretas a ambos.
La cuestión era que todo el mundo había notado las intenciones de Francia con su antigua colonia, pero este no parecía decidirse a dar el siguiente paso, aunque, por supuesto, nadie lo cuestionaba, seguros de que el autodenominado país del amor tenía un plan infalible que haría al otro caer en sus brazos en un dos por tres.
Tampoco lo cuestionaban porque el cambio había sido tan lento e imperceptible que los tomó a todos con la guardia baja. Incluso a Canadá, quien no tenía idea en que momento pasaron de una relación platónica a ese constante tira y afloja.
Se había dado cuenta porque se debía ser ciego para no ver la forma en que Francia lo miraba después de coquetear a quien fuera, como si buscara en él una respuesta para lo que estaba haciendo, como si lo hiciera adrede para provocarle celos, pese a que él no fuera del tipo celoso (¿cómo podría, si tenía de vecino al más vistoso de todos los países?). No pudo evitar sentirse halagado, por lo que le seguía la corriente de forma sutil, sonriendo aquí y allá, fingiendo ser más angelical de lo que realmente era.
Y la guerra, extraña para todos aquellos que no recordaban que el canadiense había aprendido de mano francesa las técnicas de seducción (a muy temprana edad), había comenzado, y no se le veía un final en el horizonte. Pero nadie lo mencionaba. No a los aludidos, al menos.
Mokita, kivila: Aquella verdad que todos conocen, pero de la que nadie habla.
Sé que ya había hecho franadá, pero me sentía en deuda con ellos porque el anterior drabble fue muy angst y sad, y Andy963 me mencionó la palabra y la pareja y todo calzó ;-;
El kivila se habla en unas islas de nueva guinea, porsiaca.
Y weno pos eso, que no me pondré a prostituir la historia a cambio de reviús, pero me ayudan a inspirarme y actualizar más seguido ;) ;)
