¡Hola! Bienvenidos a nuestro Proyecto 2027, donde estamos publicando una colección de fics de diferentes autores para festejar el cumpleaños No. 16 del Epílogo de Digimon Adventure Zero Two.

Esta es una actividad del topic Los hijos de los Elegidos, del Foro Proyecto 1-8.

NOTA A TOMAR EN CUENTA: Debido a que la autora de la pasada historia no tuvo a tiempo de terminar la continuación de su fic Sociedad de Ayuda para el Digimon en Infortunio, publicaremos esta semana el Quinto fic de la colección. Y, a la siguiente, se publicará la continuación de la historia cuatro. Pido una disculpa a los lectores por este cambio de orden.


Quinta historia: Típicos tópicos

Autora: Marin-Ishida

Personajes: Ken Ichijouji, hijo de Takeru, hijo Mimi.


TÍPICOS TÓPICOS

Por Marin-Ishida

Mishi agonizaba en el suelo. La sangre emanaba de su rostro. Ya había empapado su mano que extendida buscaba a su compañero tratando de conseguir ese consuelo final. Tenshi la tomó fuertemente.

—No es nada, te recuperarás.

—De esta no salgo compañero —tosió un tanto sobreactuado—. Sólo prométeme que cuidarás a mi princesa Ai y a nuestros lindos hijos.

Y haciendo un esfuerzo atroz sacó un papelito de su bolsillo.

Tenshi lo miró con curiosidad. Era un dibujo, bastante mal hecho, de una feliz familia. Hasta siete niños contó, todos con sus respectivos Tanemon. También había un desproporcionado MetalGarurumon y caballos por todas partes.

—¿Qué es esto?

—¡Mi familia! —exclamó molestó, levantando levemente el tronco.

—Michael Kiyoshi, ¿estás bien? —Tanemon saltó a su lado, seguido de Ken Ichijouji. Estaba vivo, él podía dar su último suspiro en paz.

Pero, ¿cómo llegó el más aclamado héroe de acción de todos los tiempos a esta situación?

El inicio de esta historia se remonta a hacía una horas cuando por azares del destino Mishi Bartchikawa, el hijo de la famosa Mimi Tachikawa, líder culinaria a nivel mundial que en estos momentos se encontraba en busca de nuevos sabores en algún recóndito lugar del Japón más rural, fue a parar al hogar de Tenshi Takaishi, el hijo del reconocido escritor de aventuras Takeru Takaishi, cuñado de Sora Ishida la responsable de cuidar de Mishi en ausencia de sus padres.

—No puedo cuidarlo Sora, tengo reunión con mi editor —balbuceaba Takeru apurado.

—Por favor, yo tengo una importante clienta esperándome y Yamato acaba de regresar de misión y necesita calma.

Sin reparar en la conversación de los adultos, Tenshi miró de soslayo al niño. Mantenía un Tanemon en sus brazos y una expresión de absoluto abandono en su rostro. Se compadeció de él.

—¡Puedo ocuparme yo!

Los adultos dejaron su pequeña disputa para enfocarle. Takeru esbozó una amplia sonrisa.

—¡Perfecto! —se volteó a Sora, que no parecía demasiado convencida— ¿Me acercas a mi reunión? —Y sin darle tiempo ni a pensárselo la condujo a fuera dejando a los dos niños solos.

Tenshi se acercó al pequeño de ocho años. Nunca había tenido demasiada relación con él. Vivía en el extranjero y cuando estaba aquí no se relacionaba demasiado con los hijos de los amigos de su madre. Era una oportunidad para estrechar un vínculo o al menos conocerse.

—¿Qué tal? —trató de sonar simpático.

—No necesito una baby-sister —respondió Mishi con desprecio.

Tenshi apretó la mandíbula descontento por el tono. No acostumbraba a que niños más pequeños le faltasen al respeto de esa forma. De todas formas hizo un poder y se calmó. Era un buen hermano mayor, por lo menos sus primitos lo tenían en un pedestal. Podría serlo también de este difícil niño.

—¿Quieres que juguemos a algo? —lo intentó, mostrando con la mano su consola.

—¿A que eres un terrorista y yo debo matarte para salvar a mi país? —preguntó, iluminándosele la mirada.

—No, a la consola —dijo Tenshi extrañado. Creía que había sido obvio.

Mishi desvió la mirada hacia su consola y sus juegos y negó despectivo.

—Es tan arcaica, seguro ni siquiera tienes el juego en el que puedes ser un terrorista y yo puedo matarte para salvar a mi país.

Tenshi decidió pasar por alto esa pequeña obsesión de su invitado y mostró su juego estrella.

—Tengo el Mario Kart y volantes.

A su primito Yuujou siempre le convencía con esto, no obstante supo que con Mishi no funcionaría al volver a encontrarse con esa mirada de desprecio.

—Yo tengo un coche de carreras.

—¿De verdad? —preguntó el hijo de Takeru asombrado—, ¿podemos ir a jugar a tu casa?

Mishi suspiró con pesadumbre.

—Está tan lejos.

—Te entiendo algo —dijo Tenshi, creyendo que había encontrado la forma de conectar con ese chico, pues él era medio francés y tenía la mitad de sus raíces a miles de kilómetros.

—Mamá se empeñó en que me quede aquí porque considera que no estoy lo suficiente apegado a su país natal.

—¿Y es cierto?, ¿no te gusta Japón?

El chico se encogió de hombros, mientras daba toquecitos con el dedo a su compañero que reía dichoso.

—Me gusta estar con mi princesa Ai.

Tenshi fue incapaz de contener la risa por la inocencia de sus palabras. Realmente disfrutaba molestando a su poco amorosa prima con esta clase de cosas. Sin embargo por fin creía haber tenido la mejor idea para pasar una agradable tarde con ese muchacho.

—¡Hagamos cosas japonesas!

—¿Cómo cazar monstruos radiactivos? —volvió a entusiasmarse el pequeño.

El hijo de Takeru, en cambio, se mostró preocupado. Mimi tenía razón y ese muchacho no tenía ni la más mínima idea de nada de su país materno.

—En realidad había pensado en algo así como, ¿sumo?

Era lo más típico japonés que se le podía ofrecer a un niño de ocho años amante de la violencia del cine y los videojuegos. O eso pensó Tenshi.

—¿Obesos en ropa interior?

—Es más que todo eso —trató de justificar el mayor.

Mishi negó.

—No sería justo, soy campeón de kick boxing y alumno aventajado de capoeira —e hizo un movimiento de dicho baile, o por lo menos él lo creyó así.

El hijo de Takeru desvió la mirada. No creía poder tener nada en común con ese muchacho y por lo tanto parecía ser que iba a pasar la tarde más aburrida de su vida. Entonces entró Tokomon en un desmesurado bostezo. Recién había finalizado su siesta.

—Tenshi, ¿vamos a entrenar? —calló, saltando entusiasmado a Tanemon. No solía frecuentar mucho con ese digimon.

Pero Tenshi ya sonreía. Le había dado la solución a sus problemas.

—¡Eso es!, ¡baseball!

—¿Y se supone que eso es típico japonés? —cuestionó Mishi. Tenshi, que ya había ido en busca de su equipo, lo miró de mala gana. La paciencia no era su fuerte.

—¿Quieres jugar o no?

Y el pequeño se encogió de hombros, recibiendo el guante de su amigo.

La pelota llegó rodando lentamente a los pies de Tenshi. Suspiró, bajando el bate.

—¿Qué te parece si mejor tú bateas?

—¡No está homologada por la MLB! —excusó con enfado—, ¡ni la distancia es la adecuada!

—Claro que no, estás más cerca —masculló Takaishi pero esbozó una sonrisa para su pequeño amigo.

A regañadientes pero el hijo de Mimi aceptó el cambió de posición. De todas formas todo el mundo sabía que los héroes siempre eran los que hacían el home-run en la última carrera y por tanto ganaban el partido. Nadie recordaba a los pitcher por muy bien que lanzasen como él.

Tenshi era tres años mayor que Mishi lo que significaba que a pesar de no tener conocimientos en capoeira podía dejarle perfectamente inconsciente con un pelotazo. Debía ser delicado pero viendo su orgullo, sin que se diese demasiada cuenta.

Lanzó y Mishi ni vio la bola.

—¡Strike! —anunció Tokomon, aunque apenas se le entendió con la pelota en la boca.

—¡Ni hablar! —protestó Michael Kiyoshi— , fue bola.

Tokomon buscó con la mirada a su compañero que asintió.

Lanzó de nuevo, esta vez haciendo un globo para que Mishi pudiese ver toda su trayectoria y le pudiese dar. No le dio.

—¡Strike! —exclamó Tokomon, que por lo visto también hacía las veces de arbitro.

—¿Strike?, ¿Qué forma de lanzar es esa?, fue bola —repitió el americano—. Además, ¡impugno! Tu compañero no puede ser el árbitro, ¡Tanemon!

El digimon, que andaba ensimismado entre las flores del césped adyacente, lo enfocó.

—Michael Kiyoshi no seas mal perdedor.

El pequeño héroe apretó la mandíbula mientras Tenshi aguantaba la risa.

—¡No quiero jugar más!, ¡los japoneses no sabéis jugar al baseball! —tiró el bate y se volteó.

Tenshi lo recogió cuidadosamente y llegó hasta él. En otra situación le habría contradicho su comentario seguramente acabando en una disputa. Pero no podía hacerlo porque estaba bajo su cuidado, lo que significaba que debía comportarse de la forma más adulta posible.

—¿Quieres jugar a otra cosa? —Mishi continúo con su expresión de enojo—, ¿a los niños elegidos, quizá?

El hijo de Mimi lo miró soslayado. Le había dado curiosidad ese juego pero tampoco quería demostrarlo.

—Es fácil, tomamos una escena del libro de mi padre y la recreamos, ¿verdad Tokomon?

Su compañero saltó entusiasmado.

—¡Devimon muere!, ¡Takeru volveremos a vernos!, ¡muero! —y cayó al suelo con la lengua fuera.

Tenshí negó divertido.

—Quizá no tan sobreactuado. Además, sabes que a papá no le agrada mucho que representemos esa escena —Tokomon saltó a su cabeza felizmente.

Mishi los miraba con incomprensión. Tanemon, también expectante por este nuevo juego, llegó hasta ellos.

—Está bien —admitió el americano—, pero, ¿qué ha escrito exactamente tu padre?

Y que uno de los hijos de los niños elegidos no supiese ese dato fue como una blasfemia para el orgulloso Tenshi Takaishi.

—¡Las aventuras de nuestros padres!, ¿acaso no has leído su libro?

—¿Han hecho ya la película? —el rubio se llevó las manos al rostro sobrepasado, en cambio a Mishi le brilló la mirada—, ¡eso es!, ¡hagamos la película!

Tenshi lo miró entre sus dedos con temor pero el americano ya había tomado las riendas, entregándole a Tanemon su sofisticada y maleable pulsera futurista con toda clase de funciones digitales.

—Graba, yo seré el tipo del MetalGarurumon.

—¿Mi tío Yamato? —Mishi lo miró con desconcierto, sin relacionar a ese sujeto con el adulto que vivía en casa de su princesa Ai..

—MetalGarurumon es el digimon favorito de mi princesa Ai —fue su explicación.

—MetalGarurumon es el compañero del papá de mi primita Aiko —explicó Tenshi con cansancio. Ese chico no conocía absolutamente nada de algo que él consideraba el eje de su vida: los niños elegidos y su relación entre sí.

El hijo de Mimi se frotó la barbilla pensativo.

—En ese caso tú harás de mí.

—¡Tú no sales en el libro de mi padre! —protestó Takaishi, siempre purista de la obra de su progenitor.

—¡Es una adaptación!, doy al público lo que quiere —y señaló a Tokomon—. Tú harás de mi princesa Ai.

—Oh, por favor… —suspiró Tenshi—, esto va a ser omegasostroso.

—¡Acto primero! —anunció, haciendo una seña a su camarada.

—¡Acción! —gritó este.

Mishi adquirió una pose heroica e impostó la voz:

—Has demostrado tu valor Michael K. Bartchikawa y me has salvado la vida y por eso será un honor para mí concederte la mano de mi hija Aiko que pasará a ser tu princesa Ai para el resto de vuestra eterna vida. Dadme muchos nietos —Tenshi observaba la escena estupefacto—. Ahora es cuando debes besar a Tokomon —le susurró Mishi.

—¡No pienso besar a Tokomon! —volvió en sí agitando la cabeza.

Su compañero saltó de su gorra.

—¿Por qué? —sonrió con provocación, mostrando sus grandes dientes.

—Porque tienes restos de pelota entre los dientes y además es raro.

El pequeño digimon terminó de comerse su pelota —la paga de Tenshi se iba en pelotas—, y cayó al suelo muerto de la risa.

—¡Corten!, ¡corten! —exclamó Mishi con enfado—, no improviséis, remitíos al guión.

—¿Qué guión? —preguntó al cielo el mayor.

Algo lo surcó a velocidad ultra sónica.

—¡Que me aspen!

Y antes de que Tenshi pudiese pestañear, Mishi ya corría tras el sujeto extraño. Iba a hacer lo que más le entusiasmaba en el mundo: vivir su propia película de acción.

—¡Tenshi!, ¡se van!

Tokomon siguió los pasos de Tanemon que no dejaba de filmar y, con el ruido de las bocinas y los frenazos, el mayor reaccionó siguiendo los pasos de su temerario amigo que causaba el caos saltando entre los coches.

Su periplo persiguiendo al misterioso sujeto acabó con el brusco frenazo de un coche que iba a velocidad desmedida y llevaba una significativa sirena en la parte de arriba. A Tenshi se le paró el corazón al verlo a milímetros de Mishi el cual ni era consciente de que había estado a punto de perder la vida.

Un hombre con el rostro pálido y mirada de terror salió del vehículo. Tenshi lo reconoció de inmediato como uno de los niños elegidos y por tanto uno de los mejores amigos de su padre.

—¡Qué crees que haces! —reprendió furioso Ken tomando con brusquedad al inconsciente muchacho.

Al notar su agarre Mishi se revolvió, incluso Tanemon dejó de filmar para saltar sobre la mano opresora de Ken.

—¡No me toque!, ¡soy ciudadano estadounidense!, ¡tengo derechos! ¡Policía!, ¡intentan secuestrarme!

Ken cerró los ojos en un vano intento de relajación, dando tiempo a que Tokomon y Tenshi llegasen hasta ellos.

—Mishi, ya estás ante la policía —sonrió Tenshi tratando de poner un poco de humor a la tensa y aterradora situación vivida.

El hijo de Mimi dejó de forcejear, encarando a ese individuo que entonces le resultó familiar. Esbozó una sonrisa al ver la reluciente sirena sobre el coche y sin esperar permiso alguno entró al asiento del copiloto.

—Tenemos un sospechoso agente, yo le guío.

Ken aún estaba en shock por los dolorosos recuerdos removidos pero lentamente fue cayendo en la estupefacción y de nuevo en la furia, eso sí, más contenida al ver los movimientos de ese muchacho. Miró a Tenshi, que encogiéndose de hombros se sentaba en la parte de atrás junto a su compañero.

—Somos testigos jefe —explicó.

Y sin saber muy bien cómo dos de los amigos de sus hijos más cargantes habían acabado en su auto policial cuando perseguía a un sospechoso, Ken se subió.

—¡Al oeste!, el objeto volador fue hacía allá! —indicó Michael, pasando la mano por delante de los ojos de Ken.

Resopló y habló por la pantallita de su vehículo.

—Stingmon, reanudamos persecución —y regresó a la carretera a una velocidad más moderada. Buscó a Tenshi por el retrovisor—. ¿Qué estabas haciendo?

El niño negó sin saber muy bien cómo explicar la surrealista situación que era cuidar de Michael Kiyoshi.

—Una película, jugar al baseball, tener la peor idea de mi vida ofreciéndome a ser baby-sister, tirar de las coletitas en el kinder a su hija… depende de hasta donde se quiera remontar jefe.

Ichijouji rodó los ojos exasperado. El hijo de Takeru producía ese efecto en muchos adultos pero peores efectos producía un muchacho que no distinguía la vida real de la cinematográfica.

—¿Qué haces Mishi? —reprendió, intentando evitar inútilmente que Mishi rebuscase por la guantera y todos los recovecos del auto.

—Es Michael K. y solo busco el arma de repuesto agente.

Eso hizo que Ken diese un violento frenazo. Miró a ese chico de la manera más intimidante de la que era capaz, no obstante no surtió efecto con Mishi.

—Soy estadounidense, la segunda enmienda avala mi derecho.

—Conozco a tu madre, jamás permitirá que tengas un arma —negó Ken, empezándose a preocupar seriamente por ese niño.

—Lo entenderá. Debo defender a mis mujeres y a mis caballos.

—¿Caballos? —cuestionó Tenshi, sabiendo que muy probablemente se arrepentiría de su curiosidad.

—Ai y yo criaremos caballos de pura raza, ¡ganadores de carreras! —explicó entusiasmado.

—Ya… —Tenshi miró a Tokomon y negó horrorizado.

—De todas formas, tampoco yo tengo un arma —Michael miró de arriba abajo al adulto, sin creerse lo que acababa de decir.

Ken había pensado que era un buen momento para inculcarle nuevos valores quizá no tan cinematográficos pero sí más valiosos a ese chico.

—¿Un policía sin arma?

—No tengo intención alguna de matar a nadie.

—¿Y cómo te defenderás? —preguntó el niño con sospechas.

Ken le regaló una enigmática sonrisa.

—Tal vez tú tampoco necesites armas Michael Kiyoshi —dijo Tanemon alegremente. Las flores siempre estaban más grises entre ruidos de disparos y olor a pólvora.

—Cierto, tus puños son acero, ¿no? —dijo Tenshi con una socarrona sonrisa.

Mishi no entendió su sarcasmo. Él creía que así eran ciertamente.

En cualquier caso, esas palabras parecía que le estaban haciendo reflexionar justo cuando el sujeto volador pasó nuevamente sobre ellos.

—¡Es él!, ¡vamos agente!

No pudo abrir la puerta, Ken se había encargado de cerrarla con seguro.

—Ese es Stingmon, mi compañero.

—¡Que me aspen! —exclamó Mishi, pegándose lo máximo posible a la ventanilla en una rara postura para poder contemplarlo—. Tanemon quiero que digievoluciones a eso.

—Pero yo estoy muy feliz así Michael Kiyoshi —fue la respuesta del digimon, saltando mimosamente sobre sus piernas. Si fuese tan grande, no podría hacerlo.

Ken no pudo evitar esbozar una sonrisa por contemplar al tierno digimon. Luego habló con su camarada por la pantallita. Por lo visto el sujeto que perseguían se había adentrado en un almacén próximo. Se dispuso a salir pero no se quedaba tranquilo dejando a esos dos niños ahí. Lo pensó unos instantes y aunque fuese cliché supo lo que tenía que hacer. Sacó las esposas y en un rápido movimiento esposó una muñeca de Mishi y otra de Tenshi provocando el horror en el mayor y las vehementes protestas del pequeño, el cual ya quería su arma de nuevo.

Ichijouji se dirigió a los digimon.

—Estáis al cargo. Evitad que salgan.

—¡Pero jefe! —exclamó Tenshi segundos antes de incrustarse contra el asiento de adelante. Mishi saltaba de un lado a otro desquiciado.

—No puede entrar ahí solo agente, ¡debo cubrirle la espalda!, ¡mis puños son acero!, ¡agente!

Obviamente Ken ni se inmutó por las protestas del muchacho, tan solo hizo una aclaración antes de cerrar la puerta:

—En realidad es inspector jefe, Mishi.

El niño pataleó, cruzándose de brazos con disgusto lo que provocó que Tenshi tuviese que hacer movimientos contorsionistas para conseguir alzar la cabeza y poder seguir respirando.

—Te importa —masculló, intentando enderezarse.

Era mayor y por tanto más fuerte que ese niño pero no quería abusar de los años de diferencia. Con la pasiva ayuda de Mishi logró deslizarse hasta el asiento delantero. El americano mantenía la mirada fija en ese almacén en el que Ken se había adentrado. Tenía un mal presentimiento o quizá era por lo tópico de que en un almacén abandonado siempre había alguna emboscada y moría algún compañero de algún policía el cual quedaba traumatizado para siempre prometiéndose no volver a tener un compañero jamás.

Ese endeble sin arma no tenía nada que hacer.

—¡Tenemos que ir! —exclamó, intentando abrir la puerta.

Tenshi, que en esos momentos se entretenía buscando en la radio buena música, lo miró con desconcierto.

—No —estaba bajo su cuidado a fin de cuentas.

—No tiene nada que hacer, ¡es un pacifista desarmado!, ¡no sobrevivirá a la emboscada!

Demasiados conceptos que asimilar para Tenshi; un escuadrón de elite armado hasta los dientes acechando al pobre Ken que como un hippie repartía flores entre los cañones de sus armas proclamando consignas de amor y paz. Desechó esa absurda imagen y por tanto las infundadas preocupaciones.

—El jefe tiene a Stingmon, además, si te hubieses leído el libro de mi padre sabrías que es un maestro en artes marciales. No hay nada que temer.

—Eso es lo que siempre se dice antes de que se oiga un disparo y la imagen de tu compañero muerto te atormente cada día por las noches. ¿Por qué?, ¿por qué quieres dejar huérfanos a estos niños? —y le mostró una foto que a Tenshi desconcertó.

—Esos son mis primos.

—La cogí de tu casa pero sirve para entender la situación.

—Dame eso —se la arrebató el mayor de mala gana.

Mishi quedó unos instantes expectante. Cuando se dio cuenta de que su amigo no pensaba actuar, tomó las riendas de la situación. Se giró en el asiento apoyando los pies en la ventanilla del copiloto.

—¡Yo soy Jean-Claude Van Damme! —gritó como un desquiciado golpeando fuertemente. El cristal apenas retumbó y Mishi gimió—. En las pelis siempre funciona.

El mayor rodó los ojos, cuando tópico o no pero un ruido sordo, parecido al de un disparo se oyó en el exterior.

—Megatostrófico —balbuceó temeroso, pero no dejó que ese sentimiento se apoderase demasiado de su cuerpo—. ¡Tokomon!

El digimon se agitó perezoso —era un digimon bastante dormilón— y al segundo entendió lo que le pedía su compañero. Disparó aire con todas sus fuerzas hacia el cristal que salió despedido en varios pedazos.

—¡Que me aspen! —se reincorporó Mishi, apresurándose a salir por la ventanilla, esta vez Tenshi estuvo a punto de perder un ojo con uno de los cristales rotos por el tirón de su amigo. Cuando consiguió salir, apenas se había reincorporado y Mishi ya tiraba de él corriendo hacia el almacén como si no hubiera un mañana.

—Tokomon… —suplicó esta vez a su compañero, que ya estaba en su cabeza. El digimon le miró con travesura unos instantes pero finalmente asintió y de un potente mordisco cortó esa cadena que lo mantenía unido a Mishi. Ya con libertad para correr, superó al castaño rápidamente.

Le hizo un gesto con la mano para detenerlo justo cuando llegaron a las inmediaciones.

—No entremos a lo loco —susurró.

—¡Michael Kiyoshi! —exclamó Tanemon con preocupación y Tenshi se desesperó.

El joven héroe de acción ya se las estaba apañando para trepar por una ventana. Le siguió con resignación.

Era el típico almacén desvencijado en la que toda persecución policial que se precie debía finalizar. Cajas apiladas, estructuras metálicas y por supuesto una escasa luz artificial. Afuera estaba soleado pero obviamente excepto la ventana rota por la que se habían colado las demás estaban tapiadas.

Esta vez Tenshi fue rápido en atrapar al escurridizo Mishi.

—No hagas el estúpido, si hay alguien armado también te disparará a ti.

—Lo desarmaré con capoeira antes de que pueda apretar el gatillo —fue la respuesta del muchacho, haciendo una mínima muestra que dejó más preocupado todavía a Tenshi.

Escondidos tras una pila de cajas de madera, Tenshi accionó la linterna de su pulsera e iluminó un poco su alrededor. Una figura se volteó hacia la luz y Tenshi la apagó rápidamente, no obstante, sabía que ya habían sido descubiertos.

—Tokomon, Tanemon, si alguna vez vais a digievolucionar sin duda este es el mejor de los momentos —susurró temeroso.

La figura se apareció imponente sobre las cajas de manera. Se volteó.

—No pasa nada Ken —dijo y una linterna lo iluminó.

Tenshi sonrió abiertamente al ver que se trataba de Stingmon. Ken se asomó a los pocos segundos.

—¿Qué demonios hacéis aquí?

Mishi fue el primero en reincorporarse.

—¡Te salvarás!, ¡aguanta! —exclamó, cayendo atropelladamente sobre el inspector que lo miró confuso.

—¿Cómo?

—Oímos un disparo —explicó Tenshi, aliviado por ver a Ken sano, aunque Mishi estuviese empeñado en encontrarle la herida de bala como fuese.

—¿Eso?, es mi tono de mensaje. Daisuke me lo puso creyendo que sería gracioso pero creo que sólo él le encuentra la gracia —explicó agitando su pulsera digital.

Con estas tranquilizadoras noticias, Tenshi se atrevió a mirar a su alrededor.

—¿Y bien?, ¿dónde está el malo?

—Solo era un digimon un poco gamberro. Lo devolvimos al Digimundo. Nada digno de ser reseñado en una novela —informó Ichijouji, mirando al muchacho con complicidad.

—No llamaré a mi padre entonces.

Por su parte Michael Kiyoshi seguía alerta a su alrededor, pues si de algo sabía era de películas de acción y en todas ellas siempre que parecía que el peligro había pasado era cuando atacaba y mataba a todos los amigos del héroe delante de sus narices. Enfocó a sus amigos y ahí lo vio claramente; un rayo destructor caía sobre Ken Ichijouji.

—¡No! —gritó como un energúmeno, empujándolo.

Se rozó la mejilla contra la esquina de una caja cayendo al piso y así fue como Mishi salvó a Ken y encontró el final heroico que ya conocemos.

—¿Qué le pasa? —preguntó el recién aparecido Wormmon que como de costumbre había caído al hombro de su compañero.

Ken se agachó para inspeccionarle.

—Venga Mishi, no es nada.

—Es Michael K. —protestó el niño—, y duele —dijo ya sentado, frotándose fuertemente la mejilla.

Ken observó su leve herida.

—Volvamos al auto, ahí tengo botiquín.

—¿Me quedará cicatriz? —preguntó el niño, ya con el apósito en su mejilla.

—No creo —contestó Ken con una sonrisa.

No se esperaba que el presumido niño refunfuñara.

—A las chicas les gustan las cicatrices —explicó Tenshi.

—Eso es un tópico —negó Ken. Por lo menos Miyako nunca había dicho nada sexy respecto a su cicatriz de cuando le operaron de apendicitis—. Venga, os llevo a casa.

Al montarse en el auto fue cuando se dio cuenta de que una ventana estaba hecha añicos. Suspiró con resignación. A Miyako tampoco le iba a parecer sexy que este mes su salario fuese recortado por este inesperado e injustificado daño.

—Agente —llamó su atención Mishi, a los pocos minutos de iniciar el trayecto.

—¿Sí?

—Siempre quise salvar el mundo, matar al malo y casarme con la chica pero usted me ha enseñado que no es necesario el uso de las armas para ello.

—¿Cuándo le ha enseñado eso? —masculló Tenshi a su compañero, alucinando por el inesperado discurso del pequeño.

—Quiero que me guíe por la legendaria técnica del Kung fu y así mi madre por fin se enorgullecerá de que abrace su cultura y seré digno de Ai —dijo solemnemente y juntando las manos, hizo una reverencia—. Sensei.

Tenshi, viendo que Ken iba a decir algo, se inclinó hacia delante:

—No le diga que el Kung fu es chino, por favor —le susurró al oído.

—¿Y que yo no sé Kung fu? —preguntó un tanto sobrepasado.

Tenshi miró a Mishi, totalmente sosegado en la postura del loto, y negó.

—Créeme, es mejor así.

Tan surrealista como comenzó, finalizó esta casual y seguramente irrepetible aventura llena de tópicos típicos pero que como toda aventura que se precie (porque de lo contrario no sería una típica aventura llena de tópicos) sirvió para inculcar nuevas enseñanzas a sus protagonistas. Tenshi, por ejemplo, aprendió que nunca jamás se volvería a ofrecer como baby-sister, por otra parte Mishi, descubrió esa rica cultura llena de valores de la que tanto le hablaba su madre (aunque misteriosamente para Mimi quedó traducido en querer poseer un Stingmon que sepa Kung fu) y en cuanto a Ken…

Observó por el retrovisor a esos dos niños adormilados junto a sus bebés digimon y sonrió.

Porque que Ken ya aprendió hacía tiempo, que con una feliz sonrisa es como deben finalizar todas las aventuras.

-OWARI-

N/A: gracias por leer, gracias por querer conocer más a estos niños, gracias por el lindo Topic de los niños.


Esperen actualización para la próxima semana.