XIII:
Gheegle
Cuando Rusia conoció a China, él no era más que un niño, mientras que el otro era un imperio que parecía sólo se alzaba sobre los otros, con sus brazos y piernas gráciles extendiéndose por el mundo, y su cara de porcelana iluminando todo, y su sonrisa cálida que podía hacer al menor olvidar al general Invierno por todo el tiempo que estuviera viéndola.
China se transformó, de repente, en un héroe, uno que mantenía en secreto y adoraba silenciosamente, y Rusia por una vez se consideró suertudo, porque tenía que serlo para limitar con alguien con esa intensidad, simpatía, encanto y fuerza, y no pudo evitar pensar que todas las desventuras por las que había pasado eran sólo pruebas para poder llegar a conocer a ese país siempre brillante. El pensamiento, indudablemente tóxico, no se apartaría nunca, y justificaría todo lo malo en que era necesario el contraste entre la luz de China y la oscuridad del resto de su vida.
Cuando China conoció a Rusia, no pareció pensar lo mismo, pues todo lo que atinó a hacer cuando lo vio por vez primera, fue a abrazarlo con fuerza, como si él fuera poco más que un perrito callejero especialmente lindo, y a repetirle lo perfecto que era, como si su única cualidad fuera esa. Y lo peor fue que Rusia lo había disfrutado, hasta que notó que el mayor hacía lo mismo con todas las naciones y niños que conocía.
Siglos después, que parecían eones, seguía recordándolo.
—Y-… No hagas eso, Iván-aru. Podrías herirte —China separó con cuidado el lápiz de las manos de Rusia, quien había estado soñando despierto, sin notar como la punta del bolígrafo se le había clavado en la palma, de alguna forma.
—Lo siento —canturreó sin tomarle importancia, tratando de retomar el hilo de la conversación—, ¿qué decías?
China alzó las cejas para después posar sus codos sobre el escritorio de Rusia, viéndolo fijamente.
—No me mires así —se quejó el rubio, sonriéndole.
—Eres un niño-aru —suspiró el asiático, como si se viera tan viejo como era.
—Sobre eso pensaba —Rusia se encontraba de forma repentina con una expresión grave, y habló sin ningún rastro del tono infantil que usaba de manera usual—, ¿qué pensabas cuando me conociste?
Si China no supiera que la pregunta era seria, hubiese reído ante el parecido a la que tantos hombres y mujeres le habían hecho a lo largo de su vida, aunque también sabía que Rusia no lo hacía solo con la intención de ser halagado, a diferencia de todas aquellas otras personas. Decidió ser honesto.
—Creí que eras el niño más adorable del mundo, y que llegarías a ser un hombre muy guapo —Sonrió ante el recuerdo—, pero me equivoqué, porque creciste para ser un hombre adorable-aru… aunque la altura me tomó por sorpresa —China se movió hacia adelante, para agarrar entre sus dedos una de las mejillas de Rusia y apretarla, como si él tuviera cinco años, haciéndolo reír de una forma tan natural que casi lo tomó por sorpresa—. Pero no le digas eso a mis hermanos-aru. Los entristecería saber que no son los más lindos.
Gheegle (filipino): Es lo que llaman el impulso de pellizcar o apretar algo que les parece adorable y muy tierno.
Rochu bc merecen amor. Sé que la palabra no se adapta tan bien a la historia, pero siempre me ha dado curiosidad cómo se conocieron estos dos, porque la diferencia de edad en este caso ES grande.
Y eso pos k los amo :DDD
