XIV:

Meraki

Grecia no estaba cocinando para el estúpido Turquía, sino que lo hacía para sí mismo cuando ese imbécil llegó a entrometerse a su casa (claro, él tenía la culpa de haber abierto la puerta, pero estaba demasiado cansado como para cerrársela en la cara u obligarlo a salir).

Y ahora este estaba sentado sobre uno de sus mesones, observando cada uno de sus movimientos atentamente, como si esperara que le lanzara algo (¿un cuchillo, quizá?) a la cara. Grecia no lo haría, se encontraba a punto de dormirse sobre la cocina encendida y llena de utensilios. Parecía como si fuera a hacer un banquete, aunque realmente su método fuera el de cocinar para el resto de la semana de una vez, pues sabía estaría demasiado agotado como para pensar en hacer algo, lo que resultaría en, derechamente, no comer.

—¿Qué te pasa? —cuestionó la voz hosca de Turquía, la cual Heracles podía jurar taladraba sus oídos.

—¿Qué te importa? —gruñó, siseando un poco cuando una gota de aceite hirviendo le quemó la mano.

Pudo oír al turco bajando de su improvisado punto de observación para echarlo a un lado con un movimiento de cadera, ante el cual el greco, en lugar de protestar, rodó los ojos. Se acercó al lavaplatos para aplicar agua en la quemadura, que dolía bastante. Pudo oír al otro mascullando cosas bajo su respiración, mientras apagaba las cosas que consideraba innecesarias.

—Si cocinas con ese humor, esto te quedará horrible —dijo, probándolo y haciendo una mueca de reprobación—. Al menos hoy comerás algo bien hecho, por un gourmet, en lugar de tu arroz con embutidos varios. En serio, estás volviéndote algo fofo, si no consigues pronto con quien acostarte deberías inscribirte a un gimnasio.

Decidido a no escuchar las burlas (y a no tirarlo a la calle, porque Turquía realmente cocinaba bien), subió las escaleras y se tiró en la cama, oyendo al otro quejarse de como debería ir a hacer la compra para cocinar algo decente. Cayó dormido en menos de cinco minutos.

Despertó con el sonido de un portazo, el de la puerta principal, lo que lo sobresaltó. Se encontraba mucho más descansado, por lo que supuso habrían pasado varias horas desde que había llegado su inesperada visita.

Bajó a paso lento, sólo para encontrarse con la mesa puesta a la perfección, con una nota encima de ella.

Gato estúpido, no te desperté. Tu comida está en el microondas. Deje otras congelando en el refrigerador, para el resto de la semana. Ya te encargarás tú de tus desayunos y tus cenas, perdedor.

Deseó sentirse antipático al respecto, pero no lo logró. Al ir a buscar su comida, se encontró con un plato lleno de adornos inútiles y misceláneos, que lo hacían ver todo tan bonito que por un segundo no quiso arruinar, porque se notaba que a Turquía le había tomado tiempo. De todas formas, lo destrozó y por poco no se traga las estúpidas florecitas plásticas.

Maldito fuera el imbécil turco por esas señales mixtas que enviaba al ir hasta el mercado para cocinarle un plato de cinco estrellas y después insultarlo, se dijo, mientras miraba la maldita nota y sonreía adormilado por la buena comida.


Meraki (griego): Hacer algo con amor y creatividad, poniendo el alma en ello.


Eip, heme aquí.

Turquía y Grecia juntos son cool, son sexys, son especiales, son apasionados. Lo siento, pero Japón puede tomar fotos desde afuera (lo amo, rlly). Pero necesitan amoooor (no que me moleste el smut, dun get me wrong) y FLUFFY FLUFF. Los quería domestic.

Y eso, saludines, bai, dejen reviús(?) imma slut 4 revius.