Capítulo 2: El tamaño sí que importa.
Después de la caminata llegamos por fin a la habitación. Me alivió ver que era un sitio bastante normal. Austero, si cabe, pero yo estoy acostumbrado a las austeridades y no me incomodan. Casi no había nada. Un armario, una cama (y otra supletoria al lado, que imaginé que era la mía. Yo, Sargento de la Legión de Exploración, durmiendo en una cama supletoria…), una mesa y una silla y poco más.
-Como ya ha dicho Aizen-sama, te quedarás aquí hasta que todo esté listo para que vuelvas –dijo Ulquiorra, quedándose de pie con las manos en los bolsillos.
Muy bien, ¿y ahora qué? ¿Tendremos que quedarnos aquí mirándonos las caras hasta que Aizen vuelva a llamarnos?
-Aquí está el baño –dijo Ulquiorra abriendo la única puerta que había aparte de la de salida.
Yo me quedé mirando raro, no porque el baño en sí me pareciera mal, de hecho, me parecía bastante bien que hubiera uno, además de totalmente equipado. Sino porque no entendía para qué lo querían.
-¿Pasa algo? –preguntó mi anfitrión, dándose cuenta de que mi mente se había quedado bloqueada tratando de averiguar para qué servía.
Joder, en todo el tiempo que llevaba siendo Hollow, que según Aizen era mucho, no había tenido necesidad de cagar ni una sola vez. ¿Por qué había una bañera, un lavabo y un retrete? Podía entender que hubiera camas, porque, joder, pasar el día de pie como una puta estatua pues como que no, pero ¿un retrete?
-No, es sólo que no entiendo por qué tenéis baños. Los Hollow no tienen necesidades físicas, ¿acaso los Espada sí?- traté de ser educado, no iba a preguntarle a un desconocido en un sitio que no tenía claro si era hostil o no y del que no podría escapar nunca si es que él cagaba. Que no se diga que no puedo tener buenos modales cuando me lo propongo.
-Entiendo –Ulquiorra se sentó en su cama, como si se dispusiera a darme la charla de papá pone una semillita en mamá.- Es cierto que ni los Hollow ni los Arrancar tenemos necesidades físicas. Podemos hacer algunas cosas, por mera costumbre, como tomar el té, asearnos o dormir aunque no lo necesitemos para vivir. Es sólo porque debemos estar habituados a ello cuando usamos un gigai.
Otra vez el gigai…
-¿Qué es un gigai?-pregunté por fin, Ulquiorra parecía dispuesto a satisfacer mi curiosidad así que debía aprovechar.
Se levantó y fue hasta al armario y por poco me da algo, si no estuviera ya muerto. Y no, no era algo en plan orgásmico cuando vi un armario ordenado con la ropa clasificada por días en las perchas. Aunque no había necesidad de clasificarla por días porque toda la ropa era igual, pero bueno, un punto a favor de mi metódico compañero de habitación. Era algo en plan chungo, cuando sacó un cuerpo, cadáver o lo que fuera eso, en una percha también.
-Esto es un gigai –me enseño una réplica de él pero desnudo y, cuando cayó en la cuenta, le tapó sus partes íntimas con la almohada.
-¿Y por qué es tan importante? –joder, que de lo único que se hablaba allí era de mi gigai.
-Los Hollow somos entes espirituales, para volver al mundo humano necesitamos un cuerpo físico, si no, los humanos no podrían vernos. Por eso Aizen-sama te ha dicho que hay que fabricarte un gigai, porque cuando vuelvas tendrás que interactuar con los tuyos como si nada hubiera pasado –explicó.
Ahhh, ahora todo encajaba.
-Al principio es muy incómodo hasta que te acostumbras, tener toda la energía espiritual condensada en un cuerpo material no es agradable. Además, es un cuerpo humano totalmente funcional en todos los aspectos, por lo que debemos utilizarlo aquí a modo de entrenamiento. Cuando usamos los gigai, tenemos que cubrir todas sus necesidades básicas o si no se estropearía. Es por eso que seguimos las mismas rutinas que los humanos, comer, aseo, descanso, para que no se nos olvide realizarlas cuando tenemos puesto el gigai –continuó.
Ya la cosa quedaba mucho más clara.
Esa noche, o día, o lo que fuera, me enteré de muchas cosas y para cuando fui llamado de nuevo ante Aizen era como si hubiera hecho un cursillo acelerado. Al menos ya no tenía que poner cara de póker cada vez que oyera alguna de esas palabras extrañas que no sabía qué significaban. Porque yo puedo ser de los barrios bajos, pero de ignorante no tengo un pelo y me entraron ganas de patearles la boca a los demás Espada cada vez que soltaban risitas de suficiencia cuando Aizen me dio el discurso de bienvenida. Ahora, si volvían a reírse tenía todo el derecho de patearles la boca si me daba la gana.
Ulquiorra me explicó el proceso de Arrancarización, y es cuando descubrí que yo también tenía partes de mi cuerpo cubiertas de hueso y un agujero como ellos, y no, no voy a hacer el chiste fácil esta vez. Mi máscara de Arrancar estaba en mi espalda. Nunca la había visto porque hasta ese momento no había tenido acceso a un espejo y, aunque los suelos de Las Noches podrían servir para eso, al estar en la espalda no era algo que pudiera verse a simple vista. Era como si mis costillas estuvieran fuera de mi cuerpo y la forma que adoptaban era muy similar al escudo de las Alas de la Libertad de nuestras capas.
De igual forma, también vi que mi agujero de Hollow se localizaba en mi cuello. Me resultaba algo perturbador verlo por lo que, al ponerme mi nuevo uniforme, Ulquiorra me dejó una especie de pañuelo (cravat, dijo que se llamaba) que usó para una fiesta de disfraces que convocó Aizen en honor a la creación del Arrancar número cien. Fue un alivio, porque no sólo no veía el agujero sino que quedaba la mar de elegante.
Saqué algunas cosas en claro, como:
1. Al parecer, la misión que me había encomendado Aizen era la mejor opción para restablecer el equilibrio de almas, y no afectaría negativamente a los humanos sino todo lo contrario. Así que no, no estaba siendo manipulado por el shinigami para hacer algo malísimo.
2. Juraría que Ulquiorra hasta estaba contento de tener compañía. No era mal chaval, la verdad. Se veía que no se llevaba bien con los otros Espada y que nadie le daba conversación, pero cuando alguien lo hacía hablaba por los codos. Y teniendo en cuenta que yo no destaco por mi sociabilidad había sido una suerte que dos personas tan ariscas congeniásemos.
3. Y la gran revelación: Aizen tuvo que eliminar las esquinas de Las Noches porque Grimmjow se dedicaba a marcar su territorio en ellas cuando estaba en su forma liberada. Y lo entiendo, todos sabemos como huele el orín de gato…
Dicho esto, Ulquiorra se marchó a entrenar y me dejó solo ante el peligro, o lo que es lo mismo, el científico loco cuatro ojos. Unos Arrancar vinieron a por mí y me llevaron al laboratorio de Szayel, donde me dejaron hasta nuevo aviso. De camino me informaron de que se iba a comenzar la fabricación de mi gigai. La situación en el mundo humano por lo visto era muy delicada y debía estar listo lo antes posible.
El octavo Espada estaba trabajando y se dio la vuelta para darme la bienvenida con una cara que no me gustaba nada.
-¡Aquí está nuestro nuevo espécimen! ¡El soldado más fuerte de la humanidad! A ver qué hay de interesante por ahí –dijo muy emocionado, como si yo fuera una cosa rarísima que aparece cada mil años.
Di un paso atrás, por instinto, en cuanto lo vi levantarse e ir hacia mí.
-¡No temas! ¡No voy a hacerte daño! –exclamó divertido con ese extraño tono en la voz del que no sabes si está diciendo la verdad o bromeando.
-Tengo calados a los de tu calaña. Ten cuidado con lo que haces o el que va a tener que temer aquí vas a ser tú –advertí. Es lo que tiene haber convivido con Hanji…
-Ah vaya, ¿también en el mundo humano fuiste objeto de estudio?
-No exactamente, pero conozco esa mirada de científico loco.
-¿Y quién no iba a estar loco por la ciencia? ¡Es apasionante!- exclamó después de dar una carcajada.
De repente, se quedó serio, arrastró su silla hasta quedar a un palmo de mí y me miró por encima de las gafas, para hablarme con voz grave a la vez que se relamía los labios.
-Bien, desnúdate –dijo.
Tragué saliva. No me hacía ninguna gracia desnudarme y mucho menos delante de aquel chalado pero no tenía otra opción si quería tener mi gigai y, según el que había visto de Ulquiorra, Szayel parecía haber hecho un buen trabajo con el suyo…
-¿Así? ¿Sin preliminares ni nada?- dije yo, dando a entender que me había parecido un poco brusca la forma de hablarme.
-Si no quieres desnudarte te desnudo yo –propuso, sonrisita incluida- Venga ya, no seas tan tímido. Los dos somos soldados, estamos acostumbrados a esto.
No iba a enzarzarme en una conversación estúpida así que me quité la ropa. Cuanto antes terminara, mejor. Szayel se levantó y se puso a rodearme, mirándome cada centímetro de mi cuerpo. Podía sentir hasta su respiración sobre mi piel.
-Mmmmm, perfecto. ¡Estupendo!
Por favor que terminara ya.
-¿Es necesario recrearse tanto?- protesté.
-Me recrearé todo lo que sea necesario –contestó bruscamente- Yo de ti no me pondría tan chulito. Sobre todo porque tengo tu hombría en mis manos…
-Eso quisieras tú…- respondí.
-No lo pillas, ¿eh? No te hagas el listo o, casualmente, se me pueden ir unos centímetros cuando esté fabricando tu gigai –dijo, con la mirada fija en mi entrepierna.
-Deja mi puta polla en paz o lo primero que haga cuando tenga el gigai será volver aquí y cortártela –amenacé. Joder, que con esas cosas no se juega. ¡Qué manera de abusar de la autoridad!
Szayel rió.
-¿Por qué todos sois iguales? Sólo os importa eso ¡no es más que un órgano como cualquier otro! –exclamó, dándome una palmada en el trasero.
Estaba tenso, no podía negarlo. Mi gigai estaba en manos un tío bipolar con cambios bruscos de humor. Mejor no pensaba en qué haría con él mientras lo fabricaba…
El rato que estuvo midiéndome se me hizo eterno. Cada vez que cogía algún aparato raro me daban escalofríos pero, todo hay que decirlo, no me hizo nada doloroso y ni intentó sobrepasarse. Salvo la palmada gratuita en el culo, ni siquiera me tocó.
Estaba vistiéndome cuando Ulquiorra llegó al laboratorio. Era como ver el cielo abierto, lo cual era muy triste viniendo de mí. Yo, la esperanza de la humanidad, asesino de titanes, queriendo salir corriendo de allí. Pero era consciente de que estaba en inferioridad de condiciones contra ellos, por lo que no era buena idea recurrir a la violencia. Esa gente tenía formas liberadas que yo ni sabía lo que eran…
-¡Hola, Ulquiorra! –dijo alegremente- ¿Quieres una puesta a punto de tu gigai? Sabes que siempre estoy dispuesto.
El Espada ni se dignó a contestar, lo miró por encima del hombro y me dijo "vamos".
-Qué gente tan antipática…- murmuró Szayel, antes de que nos fuéramos.
Una vez fuera, Ulquiorra aclaró:
-Seguro que ha estado intimidándote. No le hagas caso, lo hace con todos. Luego siempre lo hace perfecto.
Lo cual me tranquilizó bastante. Así que no era nada contra mí, y no debía temer por el tamaño de mis órganos sexuales…
Como Aizen no tenía nada planeado para mí por el momento y Ulquiorra ya había terminado su entrenamiento, me llevó a ver el del resto de Espada que aún no habían acabado. Estaban en un sitio a las afueras de Las Noches porque de este modo los Espada más fuertes podían utilizar su forma liberada y a Aaroniero no le afectaba la luz del sol artificial que Aizen había creado. Tenía mucha curiosidad por saber qué era eso de la Liberación y si yo también podría hacerlo. Hasta ahora había conseguido sobrevivir en Hueco Mundo luchando con los demás Hollow por simple instinto, nada de técnicas y cosas raras como usaban los Arrancar, y se suponía que si yo también era uno, debería poder hacerlo.
Se encontraban en una especie de anfiteatro. En la arena luchaban Yammi y Nnoitra mientras la mayoría de los Espada observaban desde las gradas.
Cero, Sonido etc… Tenían multitud de técnicas para luchar y yo los miraba atónito y sin quitar ojo. Me preguntaba si cuando regresara al mundo humano podría utilizar algo de eso contra los titanes, sería una gran ventaja…
-Esto es un aburrimiento –dijo una voz de repente a mi lado que me sacó de mi ensimismamiento.
-¿Eh? –respondí yo, sin esperármelo y a la vez un poco molesto por hacerme perder los detalles.
-Esto, todo en general, es un aburrimiento –dijo Stark, tumbándose a mi lado y bostezando.
-A mí me parece interesante –respondí, dando a entender que yo sí quería estar atento y que no me molestara.
-Claro, eres nuevo. Cuando llevas aquí tanto tiempo y siempre es lo mismo…-protestó-. Aizen-sama siempre dice que debemos estar preparados para luchar en cualquier momento pero luego, ni nunca viene nadie aquí ni nosotros vamos al mundo humano ni a ningún sitio. No sé para qué tanto rollo… Tienes suerte de poder largarte en cuanto tengas tu gigai.
-¿Y por qué te quedas si no te gusta esto? –pregunté. Hasta el momento no había dado la impresión de que ninguno de los Espada estuviera allí por obligación.
-No tengo ningún sitio mejor a donde ir. Por lo menos aquí hay más gente con la que se puede hablar, no como los Hollow sin cerebro de Hueco Mundo –contestó el primer Espada.
Tenía que darle la razón, pues eso mismo fue lo que pensé al llegar a Las Noches. Cuando pasas tanto tiempo preocupándote sólo por sobrevivir lo único que quieres es poder volver a la civilización sin importarte una mierda si sus intenciones son buenas o no.
-No creas que el mundo humano tal y como está ahora es mucho mejor que esto –aclaré. Allí también había que luchar a diario por sobrevivir además de que sí padecíamos hambre y enfermedades que en Hueco Mundo no existían.
-Antes de que te vayas puedes pasar a visitarme y contarme cosas. Podríamos jugar a las cartas si te apetece –propuso antes de que una chiquilla viniera llevándoselo a rastras mientras le reprochaba el estar ganduleando.
Ahora entendía por qué se ofreció voluntario para que fuera su compañero de habitación… Pobre, sí que tenía que estar desesperado.
Y mientras tanto me había perdido la mitad de la pelea. Yammi había liberado y se había convertido en una cosa gigantesca y ya no luchaba contra Nnoitra sino contra Halibel.
Estaba claro que, aunque había habilidades comunes a todos los Arrancar, cada uno tenía algunas cualidades únicas. La liberación de la mujer era totalmente diferente además de que sus ataques se basaban en elementos y agua y hielo. Cada vez tenía más curiosidad por saber qué cualidades únicas tendría yo…
En eso estaba cuando otra voz vino a importunarme.
-¿Tienes un momento? –preguntó Zommari.
Yo le miré de reojo con cara de pocos amigos. Esa gente tenían los entrenamientos muy vistos y les importaban una mierda, pero coño, ¡yo no! ¿Tan difícil era de entender que a mí sí me interesaban?
-Depende de para qué –contesté volviendo a mirar a los contrincantes.
-Para hablar del culto a las murallas. ¿Es cierto que la religión…?
-No, no tengo tiempo para eso –le corté antes de que siguiera. Lo que me faltaba, tener allí también a los pesados que van puerta a puerta captando adeptos para el culto…-Además, soy agnóstico.
Eso último terminó de dejarle fuera de juego. Al parecer eso de no creer en nada le había producido cortocircuitos mentales. Me fui unas cuantas gradas más arriba dejándolo murmurando cosas acerca de entidades superiores, cosmos etc… mientras se balanceaba.
Cuando por fin creí encontrar tranquilidad, Nnoitra pasó por mi lado camino a la salida después de terminar su entrenamiento. Lo vi de reojo y no le hice caso, esperando que no me interrumpiera, pero no fue así.
-Ssssshh, ssssshh –susurró para llamar mi atención-. Eh oye, nuevo, ¿quieres pelear? ¿Quieres ver porno?
Me recordó a los pervertidos que trataban de embaucar a los niños en los callejones de Ciudad Subterránea. Qué asco.
-Paso –contesté mirando al frente, sin girarme hacia él siquiera. La gente que ofrece ese tipo de cosas sin conocerte nunca traman nada bueno. Y aunque reconozco que me moría de ganas por luchar sabía que no debía involucrarme.
-Ah, vaya, el niñito bueno que no ha roto un plato. Serás marica…
¡Ja! Sí, claro, éste no tenía ni puta idea de a quién fue a llamar niñito bueno marica.
-Maricón será el cabrón de tu padre, hijo de puta –le dije al oído.
-Aprendes rápido, ¿eh, nenaza?- dijo crujiéndose los nudillos, preparándose para atacarme.
Tardé varios segundos en procesar el por qué me había dicho que aprendía rápido. Y no, no se refería al uso concentrado de insultos en una sola frase. No me había dado cuenta pero había utilizado el Sonido. Había sido una distancia muy pequeña, había pasado de estar sentado a estar al otro lado de Nnoitra hablándole al oído para insultarle.
-¿También sabes utilizar el Cero? –preguntó.
No tuve tiempo de responder porque llegó Ulquiorra y se interpuso entre los dos.
-Ups, ya llegó el aguafiestas –comentó Nnoitra, decepcionado.
-¿Qué está pasando? –preguntó Ulquiorra mirándonos a ambos. Se veía que conocía a Nnoitra porque ni esperó una explicación, simplemente me dijo "vámonos".
-Eso, sí, llévate a la mascota que se lave la boca con agua y jabón, que vaya lengua que tiene…-dijo Nnoitra tomando el camino contrario a nosotros, con el traje hecho jirones, arrastrando su arma y con una ligera cojera.
Como ya he dicho, Ulquiorra no era muy hablador si no se le daba conversación ni tampoco muy expresivo. Sin embargo, aunque apenas le conocía me pude dar cuenta de que estaba molesto conmigo. No abrió la boca hasta que casi estábamos llegando y cuando lo hizo fue en un tono seco y distante.
-¿Has utilizado el Sonido de forma consciente? –quiso saber.
-No –contesté. Lo cierto era que no sabía cómo había ocurrido ni tampoco sabría repetirlo.
Había sido algo muy rápido, de repente había pasado de estar sentado a estar de pie un metro más allá y lo único destacable fue una extraña sensación parecida al mareo que se prolongó algunos minutos. Nada más.
Continuó hablando una vez que habíamos llegado a la habitación y cerrado la puerta.
-Tendré que informar a Aizen-sama de esto, como medida preventiva te quedarás aquí hasta nuevo aviso –prosiguió antes de poder protestar o si quiera defenderme. -Parece que tus poderes están despertando con demasiada rapidez. Deberías mantenerte alejado del Hôgyoku. Y déjame darte un consejo: cuanto menos te acerques a los demás Arrancar, mejor.
Pero si yo había intentado mantener las distancias, ¿qué culpa tenía si ellos habían venido a buscarme? Cómo se notaba que no me conocía, porque si pretendía que me quedara quieto de brazos cruzados mientras me llovían palos estaba muy equivocado.
-¿Y por qué te preocupas tanto por mí? Al fin y al cabo no me conoces, y con suerte me iré dentro de poco. ¿Qué más te da lo que me pase? –pregunté con el ceño fruncido, molesto.
-No te confundas. No me importas ni tú, ni lo que te ocurra. Pero estás a mi cargo y es mi obligación así que soy responsable de lo que hagas.
A la vez que decía eso me daba una hoja en la que ponía "Encuesta de satisfacción".
¿Qué coño…? Le eché una ojeada rápida. Era un panfleto de lo más extraño en el que se pedía valorar determinadas cosas de distintos apartados en una escala del uno al cinco, siendo el uno "nada satisfecho" y el cinco "muy satisfecho".
¿Cómo valoraría tu estancia en Las Noches? Valore del 1 al 5: la comodidad de las instalaciones, decoración, limpieza, calidad de la comida, servicio de lavandería, atención del personal de servicio.
¿Cómo valoraría la atención recibida? Valore del 1 al 5: Trato con los demás Espada (especifique si ha tenido algún problema con alguno en concreto), atención recibida por el equipo directivo, trato con otros Arrancar, atención recibida por su anfitrión.
Valore del 1 al 5 la satisfacción respecto a su anfitrión: ¿el trato ha sido correcto?, ¿ha sido respetuoso?, ¿ha respondido de forma voluntariosa siempre que ha requerido su ayuda? Fuera de su horario laboral, ¿ha estado disponible cuando ha sido necesario?
Tache con una cruz la respuesta que proceda entre las siguientes: Nunca, probablemente no, Probablemente sí, Seguro. ¿Recomendaría a un amigo alojarse en Las Noches?
-...¿recomendaría a su anfitrión como anfitrión de un amigo? –terminé de leer en voz baja y acto seguido pregunté con cara de no entender nada- ¿Pero qué mierda es esto?, ¿Aizen va a convertir Las Noches en una puta posada o qué?
-Está haciendo un estudio por si en un futuro trajera a otros huéspedes –aclaró Ulquiorra.
Se quedó mirándome sin decir nada más, por el tono de su voz veía que seguía enfadado.
-Tú eres el primero –añadió- ¿he respondido de forma voluntariosa?
-Perfectamente. Ya veo que lo único que te importa es la maldita nota que te ponga en esta puta encuesta –contesté con rencor.
Dejé el papel encima de la mesa, sin escribir nada, y me metí tal cual en la cama, dándole la espalda. Ni siquiera sabía si era la hora de dormir pero me daba igual. Lo único que quería era que estuviera listo mi gigai y largarme de allí cuanto antes.
Estaba a punto de cerrar los ojos cuando le oí.
-Haz lo que quieras pero no creía propio de ti meterte en la cama sin cambiarte de ropa- puntualizó, si quería joderme, lo estaba consiguiendo.
Porque, ¿quién se creía que era para darme lecciones de higiene a mí? ¡A MÍ!
Lamentando dejar la cama supletoria súper cómoda me fui a la silla a dormitar allí.
"Que te den por el culo" murmuré para mis adentros, cerrando los ojos.
-Está bien que descanses, mañana tendrás la primera prueba de tu gigai –dijo antes de salir por la puerta y cerrarla con llave.
Aquello era una buena noticia después de todo.
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N/A: No tengo mucho que comentar ya que ni sé si alguien lo habrá leído, pero bueno. El siguiente capítulo es el último y más largo.
Si a alguien le interesa saber más sobre lo de que Grimmjow se mea por las esquinas en su forma liberada, que se pase por mi fic "Hide and Seek", es algo que tengo asumido como mi propio headcanon XD.
Besitos
Ak
