Esperaba impacientemente en uno de los bancos de madera de la estación de policía mientras Sherrinford hablaba con el Oficial al mando en su oficina, se les oía discutir acerca del nuevo caso en manos de Scotland Yard. El ambiente agitado de una mañana corriente en la comisaría sólo empeoraba el humor de ambos hombres.

— ¡Te digo Sherrinford que no puedes defender a éste hombre! –gritó colérico el Inspector Howard.

— Puedo y lo haré –confirmó Holmes padre mirando desafiantemente al hombre de la placa-. Hay suficientes pruebas a favor.

— Pero no sabes si es inocente. Vamos Holmes, él es un criminal, merece estar tras las rejas, no tomes este caso, no permitas que salga en libertad.

— Lo tuyo es una corazonada simplemente.

— ¡Si no vas a hacer tu trabajo bien, no lo hagas!

Un golpe sordo sacudió la puerta de la oficina, Mycroft se estremeció en su asiento y apretó la sombrilla contra sí. Un poco tembloroso sintió que una mano se posó en su hombro.

— Tranquilo, así es papá cuando se frustra pero no es para temerle –comentó un joven de cabello castaño sentándose a su lado.

— No me asusté es solo que… -murmuró Mycroft.

— Vale, vale –sonrió el joven-. Soy Gregory Lestrade, mi papá es el "derriba puertas" que está en esa oficina.

La sonrisa de Gregory le evocó un sentimiento extraño en el pecho.

— Soy Mycroft Holmes y mi padre…

— Sé quien es tu padre, bueno ¿quién no?

Ambos rieron y platicaron como si se hubiesen conocido desde pequeños, viendo lejano el final del día. Para Mycroft hablar con el hijo del oficial Lestrade era sencillo y divertido, no tenía que guardarse sus opiniones como lo hacía cuando asistía a las juntas de su padre o fingir "normalidad" como con los otros niños, quienes se reían de su correcta forma de hablar, entre otras cosas.

— Para nada Holmes –rió Greg- los únicos partidos que conozco son los de soccer…

— Pienso que deberías saber, aunque sea un poco, la política es esencial.

— Por lo que veo piensas seguir los pasos de tu padre.

— ¿Tú no? –cuestionó el pecoso.

— La verdad no, me gustaría ser Inspector –dijo levantándose e inflando el pecho- Detective Inspector Lestrade, suena bien ¿no?

— ¡Claro! –sonrió Mycroft.

Sherrinford y Howard salieron de la oficina camino a la cafetería más cercana, los chicos los siguieron por detrás en tanto sus progenitores conversaban aún del caso.

— Quiero una gran hamburguesa – mencionó el hijo del Oficial-. Tengo tanta hambre… ¿Y tu Holmes? ¿Qué te gustaría?

— No lo sé, habrá que ver el menú –contestó el más bajo.

Tal vez… que no termine este día, pensó para sí Mycroft mientras caminaba a la par de su nuevo amigo, olvidando por unos instantes la política y los problemas ajenos.