La mañana siguiente comenzó con el borroso recuerdo de la tarde anterior, Mycroft sólo podía recordar el rostro de Greg entregándole el paraguas durante su despedida en aquella estación. Un sueño obviamente. Se acomodó de lado en la cama, listo para volver a dormirse, y observó, sorprendido, a Charles recostado en el suelo entre un montón de mantas. Despertó, no estaba en su dormitorio y no llevaba sus pantalones puestos.
— ¡Magnussen! –gritó el pelirrojo.
— Buenos días pastelito ¿dormiste bien? –saludó mientras buscaba sus anteojos con sus manos.
— ¿Dormir bien? ¿Qué rayos hago aquí? ¿y sin pantalones?
— Tranquilo pastelito –rió colocándose sus lentes- ¿así me hablas después de haber pasado la noche juntos?
— No me llames "pastelito" –refunfuñó el otro-, mejor explícame el porqué esta situación tan… tan incómoda.
— C'mon, Myc… ustedes los británicos son tan serios –Charles dio un largo bostezo al estirarse y continuó-. Ayer tenías mucha fiebre, por poco y te desmayas a la mitad del campus, te traje aquí para que descansaras. Te sentaste, te quitaste los pantalones y te dormiste… Eso sí que fue incómodo.
— ¿Eso fue lo que pasó?
— Si, ahora si me disculpas, necesito buscar gasolina y un encendedor… ah, y llamar para que me traigan un nuevo colchón.
— ¿En serio te vas? –preguntó el pelirrojo al ver que su amigo se levantaba de su cama improvisada y buscaba entre sus cajones ropa limpia.
— Sip, tengo hambre. Anda, te invito a comer…
— Bien, oye, ¿sucedió algo mientras estaba dormido?
— No que recuerde…
— Oh, bien.
Holmes salió de la habitación de Magnussen procurando que ninguno de sus compañeros le viera, ya había suficientes rumores acerca de él y sus "gustitos" como para añadir otro a la lista. La última vez que se le había declarado una chica, Holmes accedió a salir con ella sólo para disimular interés en el sexo femenino; una de esas citas en las que dos personas salen a tomar un café y lo disfrutan mientras charlan sobre temas comunes y corrientes, pero al final la rechazó con encanto y modales, cosa muy poco masculina según sus compañeros varones.
Entró directo al baño para despojarse de sus ropas, y habiéndose colocado debajo de la regadera giró la perilla del agua caliente, dejando que la cascada tibia mojara y calentara su cuerpo cubierto de pecas. Se quedó mirando los mosaicos blanquecinos del suelo unos minutos mientras el vapor inundaba la ducha. El agua cayendo sobre su cabeza le relajó, su cuerpo se soltó; por un momento sintió como si Gregory estuviese abrazándolo en ese instante: cálido, reconfortante.
Por el contrario, la mañana de Gregory inició con un tono sombrío en el cielo. Sintió un fuerte dolor en sus piernas y su trasero al levantarse, y un dolor aún más amargo y fuerte en su pecho. La boca le sabía a whiskey barato, tal vez debido a la media botella que se había bebido la noche anterior con el pretexto de haber cometido un error estando ebrio y no de cometerlo por despecho, sin embargo, su plan no había funcionado, recordaba cada cosa que Tobias le había hecho y lo peor era que lo había disfrutado. Repugnante, Greg, ¿qué mierda has hecho?, repetía una y otra vez en su cabeza al restregarse los ojos. Una mano toco su hombro, y espabilado miró el rostro sonriente de Tobias; era cosa extraña para Greg que aquella sonrisa arrogante que le hacía revolver su estómago en el pasado se viese de esa manera tan natural y radiante.
— ¿Dormiste bien? –preguntó el rubio.
— Si… si, es solo la cruda -respondió Greg.
Se podía decir que en el trabajo las cosas seguían su curso normal. Tobías se sabía comportar en público. ¿Quién en todo Scotland Yard podría pensar que entre ellos dos ocurría algo? Entre tanto, Lestrade contestaba de vez en cuando los mensajes del pellirrojo, trataba de no pensar en esa llamada, intentaba contener las lágrimas de rabia al teclear un "te extraño" sin sentido o un "te amo" lleno de amargura.
— Hey, Lestrade te invito una cerveza –gritó Gregson mientras sacaba una playera limpia de su casillero.
— No puedo –señaló Greg sin mirarlo.
— Vamos hace mucho que no salimos… Somos amigos ¿no?
Tenía razón, habían pasado varias semanas desde lo del tequila. El moreno cerró su mochila y lo miró detenidamente. Ya no le parecía desagradable, se estaba acostumbrando a estar con el y, de cierta manera, le gustaba estar con él pero aún así la familia es primero.
— No puedo, mamá me espera para cenar…
— Bien, será después.
— Seguro… ¿qué harás?
— No lo sé, compraré algo para comer e iré a casa.
— ¿Quieres venir?
— E-es… ¿es en serio? –preguntó asombrado el rubio-. S-si.
— Sólo lo hago porque mamá cocina mucho y…
— Gracias Greg –sonrió.
Mycroft dejó a un lado el libro de Filosofía y tomó su teléfono; revisó la bandeja de entrada y suspiró, al parecer Greg no había contestado aún. Se levantó de su asiento dispuesto a dar una vuelta por el campus pues se empezaban a notar los pastelillos que consumía todas las mañanas.
Mientras caminaba observaba discretamente a las parejas a su alrededor. Tiene un amante… Lo usa… Casado en secreto… Ella se esfuerza pero él… decía para sus adentros. El pecoso sonrió, era sencillo para ellos dos; Gregory confiaba en él y él en Gregory. Una leve risilla se escapó de sus labios, extrañaba a su novio y no esperaría a las vacaciones para verlo.
Fue directo a su habitación y preparó una maleta pequeña; si partía en ese mismo instante podría pasar todo el fin de semana en Londres y se regresaría el lunes por la mañana. Sería una espléndida sorpresa para Greg y llegaría a tiempo a la escuela, era un plan perfecto. Deslizó una nota debajo de la puerta de Magnussen y salió.
— ¿Te puedes quedar quieto? –preguntó entre risas el moreno.
— ¿Podrías dejar de ser tan lindo?
— Tienes suerte de que mi madre no esté en casa…
— Si que tengo suerte –comentó Tobías besando el cuello a Greg.
— No… yo… Tobias, no podemos.
— ¿Aún piensas en Mycroft?
— …
— ¡¿Bromeas?! Después de todo lo que te hizo pasar, después de tener el descaro de hablarte como si nada hubiese pasado, de romper tu corazón, de jugar contigo, ¿todavía lo defiendes?
— No lo defiendo es sólo que… ¡Diablos!
— Te amo Greg…
— Mierda, Tobias, no puedes decir cosas como esas así.
— Greg… -susurró tomando al pelicastaño por la cintura.
— No hagas eso…
El más alto besó suave y detenidamente el cuello del moreno. Tanteó el botón del pantalón y lo desabrochó rápido, su compañero no se oponía, no más. Sabía que no era limpio, sabía que Gregory no le correspondía sentimentalmente del todo pero no le importaba; el amor, la pasión, esa llama que se encendía cada vez que su piel lechosa rozaba con la piel oscura de su amante, comenzaba a quemar más y más su pecho. Quería más, necesitaba más de Greg.
Greg no podía negarlo, había comenzado algo que no podía controlar. Su miembro estaba duro, las manos de Tobias recorrían su entrada mientras su legua jugueteaba con la de su compañero. Dios, rogaba porque todo fuese un sueño erótico, de esos que se le ocultan a la pareja para no hacerle sentir mal. Se oyó a si mismo gimiendo y pidiendo más pero Gregson se detuvo en cuanto la ´puerta se abrió. La voz cordial del pelirrojo se apagó al entrar, la escena no hablaba, gritaba al mundo la traición y la victoria de un tercero.
Hola, antes que nada: ¡gracias por sus reviews! Son muy amables y segundo, disculpen si no escribo seguido, la escuela más el trabajo y las prácticas no me dejan mucho tiempo libre pero no se preocupen, éste fanfic se termina porque se termina. Espero que les guste; todo comentario es bienvenido. Nos vemos, espero que muy pronto.
