¿Todavía hay Amor?

Por Cmils.


Capitulo 11.

Ilusiones y Pérdidas.

POV Bella.

Todo estaba pasando en cámara lenta ante mis ojos que parecía no estar ocurriendo de verdad.

Rosalíe, una de mis mejores amigas, quien hace tan sólo unos minutos le había dado la vida a su hijo ahora estaba luchando por la suya propia.

Edward estaba haciendo lo posible por detener el sangrado y al parecer lo estaba consiguiendo.

No podía evitar admirarle por haber escogido bien sus estudios y haya elegido seguir su vocación, ya que, desde la niñez, Edward había soñado ser un gran medico cómo lo era su padre, y a pesar de tener talento en la música, había elegido ayudar de esta manera a los demás. Por lo visto ahora, iba a conseguirlo sin problemas.

Por mi parte, intenté ayudarle en todo lo que me pedía hacer y a pesar de estar muy nerviosa, me sentí útil al poder ayudar de alguna forma en socorrer a Rose. De no ser así, me estaría volviendo loca de la impotencia y por incertidumbre.

-Esto no esta funcionando…-Comentó Edward molesto consigo mismo mientras se quitaba la mascarilla y los guantes para examinarla mejor.

No entendía su frustración ya que el flujo de sangre se había detenido completamente.

Rose estaba tan blanca como la cal. Su temperatura descendía a cada momento, sudaba en frío y comenzaba a respirar con dificultad.

Sin más espera Edward mismo se incorporó y rebuscó entre las cosas de Carlisle los medicamentos adecuados para poder suministrarle.

Emmett parecía un fantasma.

Unos minutos después yo seguía limpiando la frente de Rosalíe con un paño con agua tibia tratando de regular su temperatura mientras Edward le inyectaba algo en el antebrazo.

-¡Vamos Rose! ¡No te rindas!-Casi le exigió.

Sus palabras me dejaron helada y en ése momento el miedo se dejó sentir a nuestro alrededor.

Rosalíe no podía dejarnos, no ahora, no así. Ella no lo merecía.

-¿Qué es lo tiene Rose?-Se atrevió a preguntar Emmett aún aturdido con urgencia y mas dolor del que me podía imaginar.

Edward no lo miró, dudo un segundo pero luego explicó intentando sonar neutral:

-Rosalíe ha perdido mucha sangre. La placenta se desprendió antes de tiempo.

-Respiraba mejor-Acoté.

-¡Dime que se va a poner bien!-Le urgió interrumpiendo Jasper a Edward absolutamente alterado entrando a la alcoba en tres pasos recién informado del estado en que se encontraba su hermana.

Mi amiga estaba completamente inconciente.

-Es mejor que permanezca sedada-Edward por fin continuó hablando-Porque cualquier movimiento brusco podría provocar una nueva hemorragia, y eso, en estos momentos sería fatal-Miró a su alrededor- Y peor sería sí ocurre en las condiciones en las que nos encontramos.

Nos quedamos en silencio cuando Jasper prácticamente corrió hacia nosotros, hacia Rosalíe, mejor dicho. Le permití mi lugar y me alejé un poco para darle espacio.

Emmett se estremeció pero no se movió ni un centímetro y creo que no queriendo escuchar nada más, estaba absolutamente ido, tenso y a punto de quebrarse, se acercó a ella y le susurró:

-Osita mía… no me dejes- Y más que una petición parecía un quejido tortuoso.

Aquellas palabras cargadas de sufrimiento no ayudaban a deshacer el nudo de garganta que se estaba produciendo en mi interior al ver a mis amigos tan abatidos.

-No te vayas...-Le imploró desesperado con las lagrimas cayendo libremente por su rostro ahora-Quédate conmigo, quédate con nosotros…-Le suplicó mientras acariciaba el cabello rubio de su amada tomado con una gruesa trenza que descansaba en su hombro izquierdo, que, recuerdo, ella misma se había hecho hace tan sólo unas horas y siguiendo la trayectoria rozó con delicadeza una de sus pálidas mejillas-¿Que va ser de mi, sin ti?

Jasper y Edward no estaban mucho mejor pero intentamos contenernos por el bien de Rosalíe y de Emmett y no ponernos en evidencia.

Estoy segura de que sí estuviera en las manos de Emmett rescatarle o ser él quien se estuviera debatiendo entre la vida y la muerte, se sacrificaría sin dudarlo un segundo y cambiaría su vida por la de ella ¿Qué consuelo tendría él sí la perdiera? siempre había sido Rosalíe la emocionalmente fuerte de los dos, la que tenía la fuerza para ganar cada batalla y pasar cada obstáculo. Era ella la que podía ser la única capaz de tener la voluntad para salir de esta y vivir. Después de todo, acababa de cumplir su mayor anhelo, el ser madre.

No podía rendirse, no ahora, porque desde un principio no les había sido fácil conseguir un embarazo, ya que habían tenido que enfrentarse con algunos problemas para lograr concebir de forma natural y aunque probaron de todas las formas que recibieron como recomendaciones y secretos de parte de sus más cercanos para poder llegar a conseguirlo, su deseo no se concretó.

Así que luego de pensarlo bastante, decidieron someterse a una infinidad de exámenes de toda clase para saber la razón por la cual Rose no quedaba encinta. Lamentablemente no ayudaron demasiado. Según ellos, todo estaba bien dentro de ella y ambos eran fértiles. Luego vinieron un par de fallidos tratamientos, que, sumados al paso del tiempo y las constantes decepciones fue el motivo que desencadenó una depresión severa en la que se sumió mi amiga durante unos días por creer que jamás llegaría a tener un bebé propio y por eso eligió no seguir intentando.

Casi perdió las esperanzas y estaba comenzando a resignase, conformarse y pensar seriamente en la posibilidad de adoptar. A parte, se distrajo con su trabajo, sus fotografías, con las clases de mecánica particular y la llegada de su querida Nessie, a quien no dejó de consentir en todo este año.

Finalmente se recuperó y gracias a todo lo anterior, volvió a ser la Rose que tanto queríamos y que no estábamos dispuestos a perder.

Algunos decían que su problema era la ansiedad y tenían razón porque al llegar un día en el que Emmett, en una típica cena familiar, le sorprendió diciendo que iba a iniciar los tramites para que definitivamente pudieran ser padres, y a sí, poder cumplir el gran sueño de su esposa. Sólo faltaba la aprobación de ella y su firma para todo estuviera listo para dar curso a la solicitud de adopción. Pero definitivamente fue él, quien resultó más sorprendido, cuando ella dijo frente a todos nosotros que sin habérselo propuesto y prácticamente por un descuido venía en camino el hijo que tanto habían deseado.

No fue necesario ningún plan más para que el resto de la velada se trasformara en una doble celebración, porque mi amiga se emocionó tanto con el gesto de Emmett, que le pidió continuar con la adopción, eso sí, en un tiempo más, cuando el pequeño ya hubiese nacido y estuviera presente cuando llegará su hermanita, porque, Rosalíe, estaba segura que la vida que se estaba formando dentro de su vientre era la de un niño.

En consecuencia, en vez de un bebé, pronto tendrían dos.

Rosalíe estaba tan feliz, irradiaba luz a su alrededor, viviendo y disfrutando cada momento de su doble dulce espera.

Futuro que ahora pendía de un hilo muy delgado.

Parecía que Rose había previsto lo que iba a pasar y por eso nos pidió a Edward y a mi cuidar del pequeño.

Ella sabía que Emmett quedaría devastado sí ella no estaba y también sabía que mi amigo tardaría mucho tiempo en recuperarse y eso no era justo para el bebé, porque él, necesitaba crecer en un hogar. Necesita a su madre.

Necesitaba a Rose. Todos la necesitábamos.

No me había percatado de las silenciosas lágrimas que se deslizaban por mis mejillas sin parar al verla así.

Edward fijó sus ojos en mí, supongo que intentando descifrar mi pensamiento como lo hacía antes, cuando con esa mirada profunda y analítica me hacía admitir que era lo que sucedía en mi interior.

Cerré mis ojos intentando dejar de pensar en esos ojos, los cuales, para mí, eran un laberinto sin salida.

Mi corazón tuvo otro motivo para latir con mayor fuerza.

Sollocé con más fuerza, sin poder contenerme. No podía resistir una cosa más.

No hubo palabras, me encontraba demasiado vulnerable para mi propio bien y por instinto lo único que pude hacer fue refugiarme en sus brazos en el mismo momento en que él los abría para acogerme.

-Rose es fuerte, se va a poner bien-Me susurró besando mi frente.

Sus palabras me dieron el aliento que imploraba en mi interior para soportar y continuar porque nadie más que él tenía ése don de entenderme, saber exactamente qué era lo que necesitaba, y por supuesto, tener presente cual era el momento de apoyarme.

En este momento, más que nada, sólo quería consuelo. Que me dijera que todo iba a estar bien.

¿Realmente estaba dispuesta a perder a Edward también?

¡No! gritó mi corazón.

La conversación que tuve con Tanya hace tan sólo unos minutos atrás me había dejado en claro que ella si le quería. A su modo. No sé sí era amor de verdad el de ella pero estaba muy cerca de esa definición.

Me dejé llevar por lo que sentía yo y me apegué a él todo lo que me fue posible.

Me perdí un poco en todas las sensaciones que tenía por dentro.

No quería perder esto. No quería perder esté sentimiento, no quería que Edward me dejara de tratar así. Sabía que era egoísta de mi parte pero no quería que él me dejara de querer. No quería que él me dejara de amar.

Ya no podía seguir haciéndome la ciega. Amaba a Edward más que a mi vida entera y creo que ya no podría negarlo más.

Volví en sí y aún seguía atrapada en el largo abrazo en el que Edward me había encerrado y cómo sí fuera magia volví a sentir tranquilidad y aquella infinita protección que sólo me brindaba su presencia. Podría pasar aquí el resto de mis días y sería feliz.

Cuando mi respiración se calmó, intenté, sin éxito, limpiar mi rostro, sin éxito digo, porque Edward se me adelantó quitando las lágrimas con un par de suaves caricias. Luego besó mi frente otra vez y me miró directamente a los ojos con la mirada más infinita y tierna que le había visto de parte de él. Por mi parte, no podía apartar la vista de sus hermosas esmeraldas, las cuales brillaban al verme, deteniéndose en mis labios . Sí él intentaba besarme no me negaría pues también yo lo necesitaba.

Se iba acercando a mis labios pero de improviso un ruido me hizo volver al mundo real, separarnos un poco y alzar la mirada.

La puerta se abrió nuevamente y fue Carlisle, a quien, primero vi aparecer entrando a la habitación a prisa, con su bata médica aún puesta y abierta seguido de un par de enfermeros del hospital.

Observó la escena y rápidamente se encaminó hacia Rose para atenderle.

Jasper respiró aliviado al ver a Carlisle.

No había tiempos para saludos y reencuentros. Edward se incorporó y comenzó a darle detalles del estado en que se encontraba Rose que yo no entendía pero sabía eran importantes.

-Bien hecho-Le dijo Carlisle a Edward finalmente. Luego miró a su otro hijo, quien apropósito, se veía absorbido por el dolor. Se acercó a él, le palmeo el hombro y le dijo:

-Emmett, hijo, nada malo le va a pasar a Rosalíe pero será mejor que salgas, no le hace bien que estés así, tienes que calmarte.

Sin pensarlo también me acerqué y le ofrecí mi mano a mi amigo, él la aceptó dudando y pude sentir que estaba temblando, salimos de la habitación a paso lento. Por suerte no había nadie cerca.

Nunca le había visto así, me dolió tanto verle, se sentó en el sofá de la estancia principal cubriendo con sus manos su cara.

-Emmett…-Susurré intentando separar sus manos.

-Nunca he agradecido que la mujer más hermosa que en mi vida he visto haya puesto sus ojos en mí, me amara y se haya convertido en mi esposa-Confesó de pronto- Nadie sabe realmente cuánto la amo.

-Por supuesto que lo sabemos, ella lo sabe y por eso está luchando, por ti y por el bebé.

Cuando por fin volví a ver el mar azul de sus ojos profundos, pude sentir que mis palabras habían sido escuchadas porque de inmediato me abrazo tan fuerte que casi me deja sin aire.

-No le falles tú ahora, Emmett, tienes que ser fuerte por los tres.

-No lo haré-Dijo más animado y secando las lágrimas que caían por su rostro- No le fallaré.

-¡Ése es él Emmett al que yo conozco!

Medio me sonrió.

-Gracias, Bells.

Sin darnos cuenta, alguien se había acercado.

-¿Quieres cargarlo?-Le preguntó Alice a su hermano porque estaba parada detrás de nosotros con el niño en brazos.

-Por supuesto.

Alice avanzo y con cuidado traspaso al bebé a los brazos de su padre.

-Bella-Me dijo mi amiga- Nessie, despertó.

Asentí.

-Yo voy-Se ofreció Edward, quien, también llegaba a la estancia.

-Está bien-Le permití y aún sorprendida me limité a observar como Edward dada el paso a la habitación de nuestra hija, dejándome claro que ya no estaba sola para cuidar y proteger a nuestra pequeña princesa, nuestra Nessie.


Hola mis queridas niñas, me tarde porque desarme mas, gracias por los comentarios.

Besitos.

Cami.