Sin advertencias, sólo la bota asesina de Lovino.
Lunes, 30 de septiembre: ¡¿Había tarea para hoy!?
La mañana había amanecido bella, hermosa. Un poco calurosa por el verano, pero bastante agradable: Era un día para salir a pasear y sonreírle a la vida. Eso si omitimos que era lunes y que probablemente más de la mitad de la población estudiante y trabajadora maldecía ese hecho.
Uno de ellos era Antonio, el despreocupado estudiante español de Artes de la Academia W.
Tratándose de él era rarísimo que estuviera con tan malas pulgas, lo usual era que estuviera lleno de energía y entusiasmo, incluso siendo un día lunes como ése. El problema era que hoy, precisamente, era el peor día jamás antes vivido en su vida como estudiante. Y lo peor es que no podía decir nada al respecto, ya que era su culpa.
-¡Lovino, por favor! Dime que has hecho la tarea de inglés, ¡dímelo!
El aludido arrugó el semblante, mirando hasta con una pizca de vergüenza ajena cómo el español le suplicaba de rodillas en pleno salón de clases. Qué bueno que el profesor aún no llegaba...
Suspiró bastante hastiado.
-¿Y a mí qué?-respondió- No te la voy a prestar. No es mi problema si no la hiciste por andar de vago todo el fin de semana, olvídalo. Ah, y ni se te ocurra preguntarle a Feliciano.
-¡LOVI!-se agarró a una de las piernas del italiano para así evitar que se marchara. Si lucía lo suficientemene miserable y llorón, probablemente cedería y le dejaría su tarea.
Pero antes de siquiera poder decir algo más, sintió el peso de una bota en su cara, acompañado de un "Te he dicho que dejaras de decirme así, bastardo". Y allí murió su maravilloso plan.
Qué ganas de llorar tenía, maldita sea con el inglés...
En vano estuvo preguntando a varios de sus compañeros durante la clase. El grupo de los asiáticos, como siempre, habían hecho su tarea totalmente puntuales y no tenían la mínima intención de soltársela así sin más. Sus amigos de farda, un estirado francés y un descarado alemán "prusiano", increíblemente habían hecho la tarea y no les apetecía mucho dejársela; al parecer tenían otras cosas que hacer antes de la hora de inglés. Por último, su adorablemente gruñón amor platónico (lo rechazó mucho antes de poder confesársele) acababa de mandarlo a la fregada, como de costumbre.
Ese día, además, tenían examen. Estaba condenado al fracaso….
El timbre sonó y llegó el corto intermedio de cinco minutos. En el transcurso entre clase y clase, sólo se dispuso a seguir a sus compañeros como alma en pena hasta que llegaron a la siguiente aula. Ante él se alzaba la puerta de madera con la palabra "Laboratorio" grabada en una pequeña placa del mismo material.
Fue así como llegó la revelación a su mente, y sintió cómo la euforía empezaba a correr por su torrente sanguíneo.
¡El laboratorio! ¿Cómo no lo había pensado antes? ¡Computadoras! ¡Muchas de ellas estaban ahí! En los 40 minutos de clase que tenía podía adelantar algo de la tarea y luego tendría una hora libre para repasar para el bendito examen...
De repente le dieron ganas de abrazar la vida ahí mismo, era un día maravilloso. ¡De puta madre!
Me he salvado por los pelos, pensó aliviado mientras se disponía a entrar en el recinto. Volvía a ser el mismo tontuelo de siempre.
Nunca más se le ocurrió volver a dejar la tarea para las últimas, o al menos no durante el semestre.
Así que ya saben, niños: hagan la tarea y estudien con tiempo, sobre todo en tiempos de uni. Se los dice la experta procrastinadora.
A los anónimos (Raven y L.E): Sería cool que tuvieran cuenta, así podrían stalkearme con mayor comodidad y les podría responder sus comentarios de la manera apropiada )= Aún así, ¡muchas gracias por su (stalkeo) seguimiento y preferencia hacia esta historia. Me animan bastante :3
Ya saben, comentarios, sugerencias, amenazas, etc., todo sea bienvenido. Los capítulos que vienen se irán poniendo interesantes, según yo.
Saludos~
