Jueves, 10 de octubre: "¡Fue un accidente!"
Alguien le había tocado el culo.
Y no, no fueron imaginaciones suyas. Se había asegurado de ello.
-Muy bien, muchachos, tranquilos. Esto sólo durará un momento, sólo necesito que respondan una pregunta. Simple
Fue durante la hora anterior, cuando se fue la luz en el salón. Todo estaba oscuro, así que a duras penas se podía ver algo. Eso sí, no faltó el maldito desoficiado que se aprovecha de la falta de luz para hacer de las suyas. En este caso, tocar su culo.
-O-oye, Suiza... ¿No es eso un cuchillo? No puedes traer eso a la escuela... -decía el estudiante inglés tratando de lucir lo más cool y menos aterrado posible. Ese tipo le intimidaba un montón.
-El reglamento de la escuela-señalo con su índice acusador al chico- prohíbe el uso y porte de armas de fuego, y esta navaja es muy pequeña como para ser considerada arma blanca, así que no hay problema. -añadió- Eso sí, está bien afilada y es capaz de cortar cualquier cosa. Pero sé que no tendré que utilizarla porque ustedes muy amablemente responderán a mi pregunta.
El semblante duro en ningún momento cedió, ni siquiera vaciló su voz.
Para una vez que se tomaba la molestia en acudir a la Academia, viene y le pasa esto. Esto no se podía quedar así. De manera tal que aprovechó la momentánea salida del profesor de informática del Laboratorio para encerrar a todos los estudiantes dentro.
-¡Esto es secuestro!-gritó aterrorizado el nervioso estudiante lituano, levantándose bruscamente de su asiento.
-Tú-se dirigió al chico que estaba justo al lado del lituano, uno rubio y de lentes- Contrólalo, no le he dicho que hablara.
-¡S-sí!
El de lentes colocó su mano sobre uno de los hombros del lituano, forzándolo a sentarse de nuevo en su asiento. Luego, pareció murmurar discretamente algo.
-Oye, Toris, cálmate. No queremos ser carne cortada ni ahora, ni nunca.
-L-lo siento... -el pobre tenía cara de terror total-Por una vez en la que no vemos clases con ese tipo, aparece éste que es igual o peor.
Una vez que vio la pequeña escena controlada, empezó a dirigrse con voz firme y clara a todos de nuevo.
-Bien, volviendo a la nuestro, respondan a mi pregunta: ¿Quién lo hizo? Tienen diez... no, cinco minutos para responder.
Luego de su declaración se sentó cómodamente en el asiento del profesor, jugueteando un poco con su navaja. La enroscaba en su índice y la iba pasando de mano en mano, era de esas que venían para usarla como llavero junto a otras cosas. Cuando se hubo fastidiado de hacerlo, sacó una pequeña piedra que tenía en su bolsillo y empezó a afilar la hoja con ella.
Una risita se oyó en el incómodo silencio del Laboratorio. La hoja paró su recorrido en la piedra, y la mirada esmeralda se alzó.
-¿Algo que decir?
Breves segundos pasaron, pero finalmente una mano se alzó.
-YES! ¡Aquí, aquí!-ahora no era sólo una mano, sino ambos brazos. Los agitaba enérgicamente en el aire.- ¡El héroe está aquí!
Genial, el chico come-hamburguesas.
-No tengo todo el día, habla.
La actividad de sus brazos paró, y ahora colocaba una de sus manos sobre su barbilla, tratando de lucir genial. Como sus estúpidos héroes de portadas de cómic.
-Bueno, Vash-decía-¿Tienes idea de quién podría haberlo hecho? ¿O al menos el momento en el que sucedió?
Finalmente, el aludido se guardó la navaja en el bolsillo y cerró los ojos. Parecía concentrado. Luego, volvió a abrirlos.
-Tengo mis sospechas-comentó-Pero no recuerdo haber pedido ayuda de nadie, menos la tuya. A menos que sepas quién ha sido, o que lo hayas hecho tú.
-No way!-exclamó él, agitando las manos en clara señal de rechazo-A mí no me van los hombres. ¿Has considerado el que haya sido alguna chica?
Vash arrugó el cejo, como queriendo preguntarle si acaso era tan estúpido como solía demostrarle a los demás.
-Las chicas de esta academia son bastante educadas y decentes. Muy diferente de ustedes-puntualizó- Así que no tengo motivo para sospechar de ellas.
En respuesta, un bufido resonó por todo el salón.
-Ya, esto es estúpido-comentaron unos puestos más atrás- ¿Quién diablos querría tocarte el culo? Ni que estuvieras tan bueno. Además de que eres un maldito loco de las armas.
Sabía de quién era esa voz. Maldito, ya se la había jugado.
No pasaron ni cinco segundos cuando el cuerpo del suizo salió disparado hasta el punto de origen de la voz, agarrando por el cuello al estudiante albino, el cual le miraba de manera bastante arrogante. Su navaja señalaba peligrosamente hacia su cara, con un filo más que brillante.
-No te quieras pasar de listo, escoria-escupió-Mi amiguita quiere saludarte.
-Como quieras, suizo-respondió, aún sonriente-Veamos que puede hacer tu navajita contra mí.
Gilbert tomó la mano que empuñaba la navaja y comenzó a forcejear con el suizo. Los estudiantes en el laboratorio empezaron a hacer un círculo alrededor de ellos, algunos exclamando alaridos nerviosos y otros hasta emocionados por ver qué sucedía.
-¡Ustedes dos, deténganse!-gritó el hasta ahora tranquilo estudiante austríaco, levantándose súbitamente de su sitio para intentar hacerse cargo de la situación.
-Oh, señorito, ¿viniste a defenderlo? ¡Qué considerado!-decía tan ácidamente el "prusiano".
-¡Esto no tiene nada que ver con él, idiota! ¡Suéltalo, Vash!
El aludido desvió momentáneamene la mirada hacia el castaño como modo de advertencia. ¿Por qué de todas las personas tenía que ser él?
-No te entrometas, Roderich. Éste no es tu asunto.
Roderich pareció molestarse bastante ante el comentario, y justo en el momento en el que pareció hacer algo bastante imprudente, la puerta del Laboratorio se abrió.
~ 0 ~
-Hermano... -murmuró con cierta preocupación. Se le notaba un poco triste.
-No le des más vueltas al asunto, Liech. Al final fue sólo una imprudencia de mi parte.
Ambos hermanos se encontraban ya de camino a casa. El director había llegado a la resolución de no imponer castigo alguno ni a él ni a Gilbert, con la condición de que de ahora en adelante el suizo se reportase un máximo de dos veces al año para verificar su matrícula y asistencia a la Academia. Eso y que se dejara siempre sus armas en casa.
A él realmente no le importaba, hasta era mucho mejor de esa forma. Eso sí, lamentaba y maldecía no haber dado con el culpable.
-Yo... lo siento, hermano... -bajó su mirada.
-Te he dicho que dejes de hacer eso, tú no tienes la culpa. Debes mostrar más fortaleza ante los demás si no quieres que se aprovechen de ti.
Era chistoso, siempre terminaba haciendo de padre para ella. Siempre cuidándola y protegiédola. No entendía por qué se había puesto así de melancólica, aunque podía entender que estuviese preocupada por haberse metido él en una situación bastante arriesgada.
-Pero es que yo... fue un accidente...-su voz comenzó a temblarle- Yo sólo... si no hubiera...
-¿Liech?-le llamó, confundido.
La cara de la chica se había puesto muy roja, y unas lágrimas parecían querer brotar de sus ojos en cualquier momento. Rápidamente refregó su cara con uno de sus brazos, para evitar que las lágrimas salieran.
-¡Lo siento!-bajó la cara y empezó a correr, lejos de él.
-¡O-oye, espera!
Pero antes de que él pudiera perseguirle, la chica ya había adelantado un gran trecho, muriendo en la lejanía junto al paisaje de media tarde.
¿Qué había sido todo eso? Ella no solía ser así... ¿Acaso fue su culpa?
Demonios, pero qué día más raro. Mejor se regresaba pronto a casa.
¡Otro día, otra actualización! Espero les haya gustado, el que viene sé que les gustará mucho :3 ¡Hasta lueguín!
