Pensamientos del personaje en cursiva, les recuerdo que Hetalia no me pertenece.


Lunes, 14 de octubre: "¿No lo recuerdas?"

El día de hoy había amanecido muy raro, y eso que apenas comenzaba la semana. Desde el domingo había notado que había un inusual desorden en su habitación, pero no le dio mucha importancia porque a fin de cuentas había ido a una fiesta el día anterior. Probablemente habría llegado muy cansado como para ordenar todo apropiadamente.

La cosa era que, habiendo despertado el lunes y de camino a la escuela, varias personas le comenzaron a hablar de camino a la escuela; compañeros de clases, para ser más específicos. Y ninguno de ellos era Ludwig o Feliciano, la regular junta de la Academia, lo cual le aterraba de sobremanera. Disfrutaba mucho de su aislamiento y vida como hikikomori, y a duras penas podía tolerar la presencia y compañía de cualquier ser humano. Mientras más lejos estuviera de la humanidad, mucho mejor para él.

El primer encontronazo se dio en su camino a la Academia, mientras caminaba distraídamente pensando en lo que debería preparar para la cena de esa noche.

-¡Nippón!-siente cómo le dan una palmada algo fuerte en la espalda, desde atrás- ¿Para cuándo la próxima fiesta?

Al voltear se dio cuenta de que era un albino. Un estudiante alemán, si mal no recordaba, con quien veía matemáticas a veces. No sabía muy bien de qué le hablaba, pero decidió que tenía que ser, ante todo, educado.

-Eh, disculpa… Tengo un poco de prisa, ¿podríamos hablar de ello más tarde?

-¡Me avisas!-le advirtió- No hagas esperar al increíble yo.

Y el chico le sonrió, yéndose con la petulancia que le caracterizaba. Él siguió su camino, aún confundido.

¿Qué ha sido eso?

Pensó habría sido algo casual, nada de lo cual preocuparse, así que siguió caminando mientras pensaba en sus próximos planes para las fiestas navideñas. Pero súbitamente aparecieron un grupo de chicas en uniforme escolar, casi como una muralla, rodeándole e impidiéndole avanzar más. Esto comenzaba a asustarle.

-¡Kiku!- saludó una chica castaña. La había visto antes, era húngara.

-Buenos días…

-¡Hermano!

-¡Qué buen día hace! ¿Te gustan los días así de soleados, Kiku?

Los saludos siguientes a ése le confundieron, pero pudo discernir quiénes fueron las otras que le saludaron. La hermana del suizo que se ausentaba mucho en clases; su hermana menor, residente en Taiwán, y la estudiante de intercambio proveniente de alguna isla en África, respectivamente. Hasta donde sabía, ellas cuatro estaban en el club de periodismo, así que se la pasaban juntas.

-Buenos días…-se pausó por un momento, eligiendo las palabras más apropiadas- Este… ¿En qué puedo ayudarles?

-¡Tan formal como de costumbre!-rió entonces la africana- Necesitamos que nos ayudes en nuestro siguiente proyecto para el club.

-¿Ayuda?

-¡Sí! Para la próxima edición del periódico –prosiguió la húngara- Ahora estamos editando las fotos de los próximos chi… digo, artículos. Queríamos que las revisases para ver si les das el visto bueno.

-Oh…

Hasta ese punto había comprendido que le pidieran consejo o alguna ayuda casual, ¿pero para qué necesitaban su aprobación? Él no estaba en su club, ya ya con la administración del club de extravagancias otaku tenía suficiente.

-Creo que estoy confundido, perdón… -se acomodó un pequeño mechón de su pelo, en señal de nerviosismo- ¿Pero qué tengo que ver yo en todo esto?

-Antes de poder ejecutar cualquier actividad en nuestro club, primero debe pasar por las manos del presidente o su sustituto directo- comenzó un poco tímida la rubia- para que revise y compruebe el material a publicar.

-¿P-Presidente?

-Sí, claro. Tú.

Silencio. Su cerebro se congeló.

-O-oh, eso…

-¡Claro, claro! –Asintió enérgica la morena- No lo habrás olvidado ya, ¿verdad? Habíamos quedado en eso desde el sábado.

¿Sábado? Pero si no recordaba haber hablado con ellas ese día…

-B-bien, tomaré las medidas necesarias para ello –respondió formalmente- Necesitaré un poco de tiempo, sin embargo, ¿les parecería bien si nos encontramos luego para hablarlo mejor? Debo irme, discúlpenme.

-¡Sin problemas! Nos veremos pronto.

Cuando se hubo alejado lo suficiente del grupo de chicas su cara se descompuso de preocupación. ¿Presidente? ¿Él? ¡Ni siquiera recordaba haber hablado con ellas! ¿Tendría algo que ver la fiesta de sábado?

¿Pero qué pasa con la gente hoy?

-¿Te encuentras bien? Luces pálido…

Sus pasos se detuvieron en seco a oír la voz. Hasta ese momento sólo parecía estar distraído viendo a la nada y ocasionalmente intercalando la mirada de ahí al suelo. No se había fijado en que, de hecho, estaba cerca de la Academia y que frente a él habían tres chicos esperándole.

¿Y ahora qué?

-Buenos días- saludó- ¿En qué puedo ayudarles?

Detrás del chico que le había hablado, un español, apareció una cabellera rebelde y dorada con cejas muy pobladas. Tenía que ser el irreverente estudiante británico de Letras.

-Déjalo, no parece estar de buenas ahora. No más mírale la cara-le señaló

-Pues, sí, tío, no se ve muy bien, oye-le respondió al rubio a sus espaldas para luego volver su atención a él- Si quieres hablamos luego, no queremos fastidiarte ni nada de eso.

-¡No se preocupen por mí, por favor! –reverenció apresurado- Estoy bien, ¿de qué se trata?

-Bueno… -comenzó a hablar el tercer chico mientras se arreglaba un poco las gafas- ¿Has pensado ya en nuestra oferta?

¿Oferta? ¿Qué?

-Eh… ustedes están en el club de música y artes escénicas, ¿no?-recordó milagrosamente. Tal vez así se enteraría de algo.

-Correcto-señaló- Antonio, Arthur y servidor, Roderich. Espero no nos hayas olvidado tan pronto.

-¡D-de ninguna manera, Roderich-san! Si ustedes estudian aquí conmigo…

No les veía tan seguido debido a la disparidad de sus ramos, pero sí recuerda haberles visto en los primeros semestres en materias generales. Y también en algunas presentaciones de su club.

-Me alegra-decía- Ahora, si pudieras considerar lo de la orquesta…

-Banda-interrumpió de súbito el inglés- Estará en la banda.

-Habíamos quedado en que estaría en la coral, jope-suspiró un poco fastidiado el español.

De un momento a otro, los tres habían empezado a discutir en su bola mientras él giraba a verles cada vez que uno hablaba. No estaba entendiendo nada.

-Ni jodiendo voy a dejar que se meta en sus grupos maricas, él estará en mi banda. –decía el rubio-Tiene chispa.

-Lo lamento, no renunciaré a él tan fácilmente. Tiene mucho talento como para simplemente quedarse en una banda de delincuentes sin talento, futuro ni buen gusto.-contraatacó agudamente el castaño.

-Repite eso en mi cara, pendejete.

-¡No es justo! Yo había ganado el juego, ¡él se va conmigo! Ha sido una victoria limpia la del sábado.-intervino entonces el español.

-Tú cállate- dijeron los otros dos al unísono, haciéndole enojar.

-Pueden irse a la mierda-dijo, y tomó de un brazo al nippón para llevárselo- Ganador es ganador, no se diga más.

Estaba comenzando a asustarse mucho, ¿qué era eso de la victoria del sábado? ¡Ni los había visto ese día! Estaban locos, tenía que huir.

¡Aterrador!

Sin previo aviso se soltó del agarre de Antonio y empezó a correr, disculpándose en voz alta mientras seguía moviendo las piernas cada vez más rápido. Mientras más lejos, mejor. Claro, con las prisas que llevaba no se fijó en que estaba ya ante la entrada de la Academia W, y que había mogollón de gente en ella. Así que terminó por chocar con una, dándose un golpe en toda la frente, cayendo de bruces al

suelo.

-Duele…-murmuró lastimero mientras se sobaba la frente.

-¿Te encuentras bien?

Al levantar su mirada se encontró con una mirada serena, bastante acorde a la voz somnolienta que le había hablado hace poco. Un gato parecía enroscarse en las piernas de la figura que tenía ante él.

-Heracles-san... -dijo, todavía un poco atontado.

-Kiku-se limitó a decir el griego a modo de saludo.

El chico entonces le ayudó a levantarse, y así Kiku aprovechó para acomodarse su ahora arrugado y polvoriento uniforme. Podía sentir perfectamente la mirada fija del griego sobre su diminuta figura. Siempre se sentía muy pequeño ante él.

-¿Te has hecho daño?

-No...-respondió, seguido de una reverencia que hizo- Muchas gracias, Heracles-san

Él era una de las pocas personas con la cual podía pasar el tiempo sin sentirse incómodo o aterrado. Solían pasar largos ratos juntos en silencio, ya sea en su casa, en la de él o en alguna otra parte, mirando a la nada. Podían estar más de medio día de esa forma, y aún así se sentiría muy a gusto con ello de la misma manera en la que otros se sentían así al hablar. Se podía decir que eran amigos, aunque bien es cierto que tenía tiempo que no lo veía.

Miró el reloj en su muñeca y se sorprendió al ver que ya era casi la hora de entrar a clases.

-Debo irme...-respondió un poco apenado por tener que dejarle tan pronto- Espero podamos hablar pronto, Heracles-san. Hasta luego.

El griego le seguía mirando fijamente, haciéndole sentir un poco nervioso. Luego se acercó a él y con mucha calma tomó su rostro entre manos y le plantó un beso. Justo ahí, frente a todo el mundo.

-Hasta luego-y comenzó a caminar muy lentamente, como si en cualquier momento fuera a colapsar y quedarse dormido ahí mismo. El minino que hasta hace poco tenía entre sus piernas se coló en su regazo y soltó un maullido, demandando atención y muchos mimos.

Le tomó varios segundo procesar lo que acababa de suceder, su cerebro se había ido a volar a alguna parte. Cuando pudo por fin regresar a sus sentidos, su cara se puso completamente roja y caliente, y sentía que su mirada se nublaba, confundida. Pudo ver su campana de salvación en la lejanía, cuando un italiano pasaba por el portón principal pegado al alemán, con destino al interior de la Academia. Sus piernas se movieron involuntariamente, dejando atrás lo que sea que hubiera si eso que sucedió.

-¿Eh? ¡Kiku!-saludó muy efusivamente el italiano, abrazándole con su característica jovialidad y alegría- Buongiorno~

-Feliciano-kun... Buenos días...-aún estando un poco atontado por lo de recién, no podía olvidarse de sus modales.

-Buenos días, Kiku- saludó muy formal el alemán, como era su costumbre. Kiku devolvió el saludo con una pequeña reverencia.

-Ve~ ¿Cómo se encuentra Heracles? Se le ve muy animado últimamente-comentaba el italiano, casi cantando al hablar- Creo que está muy contento por ti.

-¿Eh? ¿T-Tú crees?

-¡Claro!-exclamó- Después de todo, está muy enamorado de ti, ve~

Oh, eso no lo sabía... Quién lo diría.

-Y bueno, ahora que se ha confesado y son formalmente pareja estará mejor-comentaba Ludwig al tiempo que se colocaba una de las manos en la barbilla, serio- Eso de alguna forma deberá afectar.

Palideció. Le gustaría pensar que lo que ha oído ha sido una broma o se lo ha imaginado, pero sabía que Ludwig no era del tipo que ni bromeaba ni se prestaba para ningún tipo de ambigüedad en sus comentarios, así que debía estar hablando en serio. No quería preguntar, de verdad que no. Ya hasta podía visualizarse a sí mismo estallando en miles de pedazos y volando en los confines del espacio. Estaba seguro de lo que le responderían...

-Ah... ¿S-sí?

-Sí, desde el sábado, si no me equivoco.-respondió, ahora observándole atento- ¿Sucede algo? Estás sudando...

-¡Wa, está caliente!-exclamó asombrado el italiano luego de haberle tomado la temperatura- ¡Kiku, Kiku! ¿Estás bien? ¿Quieres comer algo? ¿Dormir? ¡Ve~!

La cabeza le daba vueltas, eran demasiados estímulos y humanidad por el día de hoy. Si no lograba canalizar apropiadamente sus emociones y sentimientos terminaría por colapsar; siempre había sido así de débil con el corazón. Necesitaba calmarse.

-D-discúlpenme, iré a la enfermería-reverenció ante los dos chicos- ¿Podrían decirle a la profesora que no pude ir a Laboratorio hoy porque no me sentía bien, por favor? Les ruego me disculpen, no quiero ser una carga para ninguno de los dos.

-No te preocupes-dijo el alemán-Déjanoslo a nosotros. Tú vete a descansar.

-¡Sí, sí!-asintió enérgicamente el italiano ante lo dicho por el rubio.

Esbozó una pequeña sonrisa. A pesar de ser una combinación un tanto estrafalaria, ellos eran muy buena gente.

-De todo corazón, gracias...

Y se marchó. Caminaba con pasos un poco torpes hasta el interior de la Academia. La enfermería estaba en el segundo piso, pero no era un trecho largo el que debía recorrer para llegar hasta ahí, así que estaría bien.

El sábado apareció muy amigablemente en su mente.

¿Qué demonios con todo esto? ¡No lo entiendo!

Él no recordaba nada, o al menos no recordaba haber estado con gente como la de hoy. Mucho menos lo de Heracles. Menudo lío en el que se había metido, ahora resulta que se había vuelto más popular e incluso se había echado pareja. ¡Él sólo quería estar solo y en paz! ¿Era mucho pedir? Su pobre corazón no aguantaría tanto...

Cuando pudo finalmente llegar a la enfermería y pasar directamente a la cama, luego de seguir el chequeo rutinario de la sensei, cerró los ojos. Lo mejor por ahora sería que descansase un poco, ya luego pensaría en cómo rayos salir de todo este embrollo en el que inexplicablemente se había metido.


Por ahora éste es el capítulo que más me ha gustado cómo ha quedado, espero poder seguir haciéndolo así o mejor con el resto. Nos leemos el jueves, bye!