Sábado, 2 de noviembre: ¡Todos a bordo! Barco Fantasía

Por fin recuperaba la conciencia, ¿habría llegado ya?

-Maestro... -oyó que le llamaban.

Él, aún acostado en el suelo, apenas abría sus ojos. Lo primero que pudo observar fue la extraña mezcla de gris y blanco que había en el cielo, al tiempo en que una enorme sombra lo cubría y lo oscurecía a él. Pequeños y agudos ojos le observaban.

-¿En dónde estamos?-le preguntó a la figura luego de haberse incorporado en el suelo. El paisaje estaba completamente cubierto de niebla. Una muy espesa, como para no dejarle ver absolutamente nada.

-Tenga la seguridad de que en Europa no estamos-se limitó a responder.

Se hubo puesto de pie, comprobando que llevaba su traje y capa reglamentarios. Luego, observó a su lado al troll, que le miraba impasible, con aquel enorme cuerpo y presencia. Llevaba trozos de piel de animal como indumentaria para resguardarse del invierno nórdico, aunque en un lugar como ése parecía no hacer mucha falta. Lo poco que podía ver era el suelo, que lucía un poco arenoso, y el cielo.

-Vamos-dijo y comenzó a marchar, el troll le siguió sin vacilar.

Durante la siguiente hora se dispuso a caminar, no sabía si a su norte o a su sur, pero lo hacía. Pronto descubrió una especie de selva algo frondosa y húmeda, la cual decidió prudentemente no investigar y siguió su recorrido. Más adelante, comenzó a sentir una ligera brisa marina, y el sonido de la corriente del mar inundó sus sentidos. El troll se detuvo de súbito, observando hacia una nada en concreto.

-Hacia allá-señaló entonces a su figurado este-hay vida animal, maestro. ¿Cuáles son sus órdenes?

Sus ojos violetas observaron hacia la dirección señalada por la criatura. Si seguía por allí seguro daría con el mar. Mejor que seguir con este punto muerto no era, pero existía la posibilidad de descubrir por qué había llegado a ese lugar. En el peor de los casos, no saldría de ahí por un buen tiempo...

Con tal, decidió tomar ese camino sin mediar palabra. Su compañero parecía seguirle sin inmutarse ante esto, era algo muy propio en él. No pasaron ni cinco minutos cuando las gaviotas comenzaron a sobrevolar el camino que ellos seguían y aterrizaban en la arena. Al final sí había resultado ser eso: Arena.

-Estamos en una isla-dijo más para sí que otra cosa- ¿Qué pasa con toda esta niebla? Apenas y se ve el mar...

El mar estaba prácticamente a sus pies, pero escasamente podía ver las olas que llegaban a la orilla, porque la niebla era tan densa que no se podía ver más allá de ella. Cualquier marino o navegante la pasaría bastante mal intentando navegar por estas corrientes, si es que tenía la suerte de al menos ingresar a ellas.

No podía estar menos sorprendido por su situación, no era la primera vez que le sucedía. Lo único que le importaba de momento era saber cuál era su objetivo para esa ocasión.

El troll, hasta ahora detrás suyo, se agitó violentamente hacia adelante, adquiriendo una posición ofensiva delante de él. Sus rasgos habían transmutado por completo, pareciendo mucho más lo que en origen era: Una fea y aterradora criatura de los bosques.

-Percibo una gran corriente de energía mágica acercándose... -silbaba entre dientes, como si de un reptil se tratase- El mar...

Él, siendo un simple humano, le costaba mucho más percibir la energía mágica, así que no había notado nada fuera de lo normal desde esa distancia. Eso sí, en el momento en el que su compañero le había advertido de las futuras presencias del lugar, una alegre sinfonía comenzó a fluir por el ambiente.

-¿Una canción?-se mostró confundido, mientras seguía observando hacia el mar.

Poco a poco se dejó entrever en la niebla un objeto enorme que flotaba en el mar. A medida que se fue acercando, muy lentamente, pero lo hacía, descubrió que era un barco. Grande, casi un buque, bastante antiguo y desvencijado, con sus velas y mástil muy desgastados, y de color negro. Pero muy a pesar de todo eso, se podía distinguir varias siluetas y espectros danzantes a bordo de ella, en combinación con las luces y destellos presentes en todo el barco, los cuales hacían gran contraste con el paisaje gris del lugar.

Un estruendoso grito se oyó desde el barco.

-NOOOOOOOOR~

No supo muy bien el por qué, pero nada más oír esa voz le dieron muchas ganas de vomitar.

El ruido de unos cascos se escuchó al unísono con unos relinchos. Alo lejos se pudo ver cómo un caballo galopaba desde la cubierta del barco, pasando por algún camino invisible en el aire, hasta donde ellos estaban, a orillas del mar. Era muy bonito, de pelaje crema y muy brillante. Aunque su mirada era vacua, seca y sin vida. Como la de un animal muerto.

-Maestro... ¿está seguro de esto?-le preguntó cauteloso el troll a su amo, al ver cómo acariciaba la crin del animal. Sabía lo que iba a hacer.

-Amigo mío-le llamó- No tienes que preocuparte, algo me dice que para esto es a lo que hemos venido. Ahora ven, aférrate a mi hombro.

Su compañero asintió, y sin elucubrar nada al respecto colocó una de sus manos en el hombro de su maestro. Su cuerpo empezó a adquirir una tonalidad verdosa, al tiempo en que sus piernas desaparecían y todo lo que quedaba era el espectro de ellas. Su cuerpo se traslució casi por completo. Al mismo tiempo, ya el chico había montado el caballo, impulsándose en el aire con cierta velocidad hasta su próximo destino: Aquel enorme barco.

A medida que se iba acercando más y más, empezaba a identificar las figuras en cubierta. El dolor en su estómago empeoró, más aún cuando se encontró con quien les estaría esperando en el bordillo. Mismo a quien se le había ocurrido pegar semejante grito momentos atrás.

-¡Aquí estás!-exclamó rimbombante, tomándose muchas confianzas con él al agarrarle de los hombros de forma brusca, como si fuera camarada suyo de toda la vida- Llegas justo a tiempo, querido Nor.

Dios, Jesucristo, la Virgen María y cuanta figura religiosa en la que no creyese pasase por su cabeza, ¿por qué tenía que ser él? ¿Por qué? La persona que tenía antes sus ojos no podía ser su estúpido hermanastro danés, eso lo sabía. Pero actuaba y se reía estúpidamente como él, además de lucir bastante parecido. Con excepción quizás de los enormes cuernos que asomaban por su cabeza, la piel enteramente roja que poseía, los colmillos, garras, ojos amarillescos... En fin, que parecía el propio hijo de Satanás. Supuso que se trataría de algún espíritu mágico, así que tenía que tener de humano lo que él tenía de mujer, por ejemplo.

-Tú...-dijo en el tono menos amistoso que encontró.

Mientras la réplica danesa se disponía a soltar cualquier clase de burrada que pasase por su cabeza, él se puso a observar a las otras figuras presentes en el lugar. Le dio la impresión de haberlos visto antes en algún lugar...

-¡Lud! ¡Lud! ¡La comida está muy deliciosa! Deberías probarla, ve~ -oyó que decía un joven licántropo de mirada bastante torpe y queda, mientras degustaba alegremente un plato con algo muy similar a la pasta.

-No tengo mucha hambre...-le respondió el aludido, una alargada figura vagamente humana de color negro y ojos de un profundo rojo. Supuso se trataría de un Doppelgänger usurpando la identidad de aquel chico alemán.

-¡El héroe está aquí! YAHOO~-oyó más atrás que gritaba un no-muerto, más vivo que otra cosa.

-Mon Dieu! ¿Podrías dejar de ser tan vulgar, Alfred?-le reprochó entonces un hombre bastante pálido y de comillos bien afilados, tomando alguna especie de licor rojo de la copa que cargaba en sus manos. Lucía muy elegante y formal.

Al final todas sus sospechas se confirmaron cuando lo vio. Su hermano pequeño, ahora un tritón azulado de larga cola y escamas en manos y pies, se encontraba en lo más fondo de la cubierta, casi cerca de la puerta que daba paso a los camarotes del barco. Se le notaba bastante fastidiado, además de estar aparentemente solo.

-Emil...-murmuró viéndole.

Sus miradas se encontraron fugazmente, el otro chico pareció un poco turbado y había comenzado a marchar hacia otra parte, como huyendo. Cuando iba a ir tras él, algo se interpuso en su camino, chocando de lleno contra ello.

-¡Vamos, Noru, es la hora!

-¿Qué?-soltó bastante molesto mientras se sobaba un poco la nariz. Para cuando volvió a ver, su hermano tritón había desaparecido. Maldita sea.

-Jack aparecerá dentro de nada-le dijo, y le guiñó un ojo-Has de ser alguien bastante especial como para que él haya ordenado venir hasta acá para recogerte.

¿Ah? ¿Ya le estaban esperando? La copia satánica de Andersen haló entonces de su mano, sin siquiera permitirle una pregunta, hacia el centro de la cubierta. Había ya reunida una buena multitud. ¿Quién sería ese supuesto Jack? Alguien importante, tal vez.

-Contrólese, Maestro-oyó entonces que le habló el troll en su mente, refiriéndose a lo de su hermano-Recuerde para lo que ha venido.

-Lo sé, lo sé...-le respondió- Me he dejado llevar un poco, lo siento.

El lugar se había quedado en silencio, incluso la música había cesado. Ahora todos miraban fijamente hacia la puerta en la que se encontraría su hermano momentos atrás. Alguien salió. De traje y capa, y con una calabaza como cabeza, apareció un extraño caballero, haciendo reverencias y poses bastante caballerosas. El público estalló en gozo.

-Sean todos ustedes bienvenidos a esta maravillosa velada-comenzó a vociferar la calabaza; esa voz le era muy familiar...- Como cada año, espero la estén pasando muy bien. ¡Sírvanse ustedes de llenar sus miserables almas de júbilo y éxtasis antes de partir de este mundo esta noche! ¡A bailar!

Dicho esto, se retiró grácilmente, justo de la misma manera en la que había aparecido. Sintió entonces que el barco comenzó a moverse de su lugar, y al asomarse pudo comprobarlo: se comenzaban a alejar de la isla en la que habían estado él y el troll. La gente ni se había percatado de este hecho. Más bien hicieron un enorme círculo a su alrededor, y varias parejas empezaron a bailar dentro del mismo. La música había vuelto, mucho más fuerte y renovada que nunca. Y las risas y el fervor de la medianoche, también.

Todos los que parecían ser sus compañeros de la Academia estaban ahí bailando: Un Oni de aspecto bastante humanizado, de no ser por las orejas puntiagudas y los ojos negros saltones; una pequeña hada dorada de aspecto gentil; una Súcubo con una sartén en la mano, persiguiendo a un pequeño diablillo albino; el mismo Jack Frost en persona, con una bufanda atada al cuello; híbridos, demonios de bajo nivel, apariciones malditas... Incluso le pareció ver a un gato moteado haciendo el vago en alguna parte. En fin, la gran celebración de los muertos había comenzado. En ningún momento volvió a ver la personificación de su hermano, mucho menos a la extraña calabaza cuya voz no pudo olvidar con facilidad. ¿A quién era que le recordaba?

Como humo se esfumaron sus pensamientos al sentir cómo era halado de nuevo hacia alguna parte. Su supuesto hermanastro volvía a fastidiarle con alguna de las suyas. Cuando vio que su destino era precisamente el mismo círculo de baile, se le retorcieron las tripas del enojo.

-¡Bailemos!-le propuso él sin esperar respuesta alguna, como de costumbre.

-¡Oye, suéltame!-le gritó intentando forcejear el agarre, pero el otro muy felizmente le ignoró, iniciando así el ritual de pasos que iría a ritmo con la melodía de aquella noche. Ésa que se encargaría de dirigir solemne a todos los muertos hacia sus tumbas.


Como se me hizo tarde para publicarlo el 31, ahora lo hago el 2, que dicho sea de paso es el Día de los Muertos por acá.

La idea de este capítulo la he sacado de algo que tal vez los chilenos conozcan: El Caleuche. Especie de barco fantasma proveniente de la mitología chilota. Pensé en utilizar al Lucerna para esto, pero nah, me gustó mucho más éste. Creo que a partir de ahora empezaré a leer más sobre esta mitología, me ha llamado mucho la atención.

En fin, nos estaremos leyendo pronto. ¡Hasta luego!