HE VUELTO! Ahora en serio, lo siento, he tardado MUCHÍSIMO en volver a escribir, pero es que señores y señoras, estaba estudiando para mis exámenes de septiembre y bueno, no ha habido tiempo. Quiero mejorar también mi escritura y para ello necesito vuestra ayuda. No os cortéis en criticar, cada crítica es bien recibida. ESO SÍ: NADA DE TROLEADORES ¿okey? Y tras la chapa, vamos a lo que interesa, ¿no?
La locura ha vuelto, ¿quién será su víctima?
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La noche había alzado su velo negro hacia una hora. La luna era como un ojo enorme y amarillo que reía al ver cada paso que daba. Reía con desprecio, con sarcasmo, como si esa risa irónica y maquiavélica juzgara a la humanidad constantemente y por fin, tras milenios de haber visto los sucesos de Death City, hubiese enloquecido… ¿Hubo algún tiempo en el que esa luna mirara con cariño a estos mortales? ¿Qué atrocidad fue tan grande como para horrorizar al mismísimo astro y que enloqueciera? Si alguna vez lo hubo, hace tiempo que desapareció… Como la cordura de los ciudadanos de las barriadas. Y heme aquí, en un callejón oscuro, infecto, putrefacto, donde la maldad y el vicio campan a sus anchas y cada vomito fuera una alabanza, cada pinchazo, un vítor, cada hombre, mujer y niño que morían en este apestoso callejón recibían a la muerte con agrado. Es más, muchos sonreían en su momento final y un niño me dijo: ¿Por qué has tardado tanto?
Death city… Eres lo que prometes
En esos pensamientos estaba yo mientras mi estómago expulsaba mi desayuno, obligándome a quedarme en un rincón, agachado, a cuatro patas… No me podían pillar por sorpresa. Mis dagas estaban siempre listas y afiladas para aquel que intentase hacerme algo. A veces pienso que la vida sería más sencilla si simplemente hubiese muerto en el incendio con mi familia. Pero ahora no puedo pararme a pensar en ello. La caza de almas me está demostrando como fiel a Shinigami. Y justo hoy es mi prueba final.
-Ahh… Hermosa ciudad, ¿no crees, inglés?
Y hablando del rey de Roma, mira quién sale de las sombras. El lobo con piel de cordero, la sonrisa que oculta al demonio, la maldad disfrazada de pureza… En dos palabras: Justin Law.
-¿Qué quieres, lawless?
-He venido a traerte información sobre tu siguiente misión. ¿Te importa si vamos a un lugar más privado? No quiero interrumpir nada importante entre tu estómago y tú.
-Hace rato que he dejado de vomitar. Vamos.
Y era cierto, había dejado de vomitar, pero no era porque ya no sintiera asco. Era por el mero hecho de que no tenía nada dentro ya. Justin me guió fuera del callejón hasta un local que, como no, tenía la máscara de Shinigami como logo. Era la discoteca "Dance to Death". Para ser un chiste, era muy malo. Justin entró como si nada, y el segurata intentó pararle… Mala idea. En un instante, la cabeza del pobre hombre volaba por encima de la cola. Una mujer tuvo la mala suerte de tener las manos abiertas, la cabeza aterrizó justo entre ellas y con la boca abierta. ¿Qué demonios? ¿Era ley de vida que cada vez que se cercena una cabeza tiene que caer en manos de la histérica de turno? El grito respondió mi pregunta. Sin dejar de mirar a Justin, me acerqué a la señora y le quité la cabeza. Con una de mis dagas la clavé en la pared del local. Grité: "Este es el castigo por no reconocer a vuestros superiores". Y me metí en una sala vip junto a Justin.
-Bonito numero.
-¿Lo del gorila era necesario?
-Como tú has dicho, deben reconocer a sus superiores.
El humo de la discoteca se pegaba a mi piel y a mi garganta creándome sed. Sin mirar al camarero chasqueé los dedos y vino con mi bebida favorita: Té helado. Oh yeaah… Ese sabor y esa frescura, y aún así ese toque familiar… Ah… Mi hermano y yo solíamos tomárnoslo debajo del árbol… Aún podía oler el frescor que desprendía la sombra de ese momento…
-Eh, inglés, atiende. Baja a tierra que el plan es sencillo y no quiero pifias.
-Adelante.
-Esta es la mansión Capone. Al parecer es una familia mafiosa que no solo está corrompida, sino que no comparte su poder con Shinigami. Pretenciosos… Por eso debes darles su justo castigo.
-¿Alguna idea de cómo entrar?
-El sistema de seguridad es total. Ni un ratón podría colarse sin ser notado.
-¿Pero…?
-Yo puedo crear una brecha de tres minutos, o una distracción necesaria cuando me digas código rojo. ¿Entendido?
-Bien, ¿por dónde convendría más infiltrarme?
-El tejado es la parte más vulnerable. Solo hay dos francotiradores. Pero si ves que son mucho para ti, escoria, siempre puedes rogarme que te ayude.
Lo que dicen del poder es cierto, a este tío se le ha subido a la cabeza eso de ser la mano derecha de Shinigami. Pero no pienso pedir ayuda a este. Está mal de la azotea, y cada vez que hiere a alguien, no para hasta llegar al extremo más salvaje y bestial del ser humano… Solamente vi ese comportamiento en Quan Shi, de Mortal kombat, y ni siquiera era real… Doy gracias a que Justin al menos no es calvo ni tiene poderes mágicos… Si los tuviera, el mundo se convertiría en un reflejo de su mente depravada…
-Gracias por ofrecerte a ayudarme, pero creo que me las puedo ingeniar solo.
-Si tú lo dices. Estaré aquí mismo, por si vuelves lloriqueando
Terminé mi té helado, saboreando el último retazo de memoria, antes de sumergirme en el amargo y metálico sabor de la sangre y el acero.
Justin. Pov.
Tsk… Ese inglés… No sé por qué, pero me da mala espina.
Una de las camareras me trajo mi bebida. Vodka. Simple, solo. Una bebida que dicen que es demasiado fuerte como para que una persona la tome sola, a no ser que necesite borrar algo de la mente… O también es el símbolo de una pureza que es mancillada al mezclarse.
Agarré a la camarera del brazo.
-Tráeme un espejo. Me da igual del tamaño que sea, pero que quepan al menos tres números de tres cifras.
La camarera asintió, aterrorizada. Cuando le solté la mano, vi como se la agarraba. Pobre humanita. Parecen tan frágiles como unos muñecos de porcelana… Patético.
El vodka me bajaba como una lengua de fuego que me envolvía rápidamente con un calor reconfortante… Pero había algo que me fastidiaba la sensación… Algo que me carcomía… ¿Qué es esto?
-42.42.564… ¿Hola? ¿Shinigami-sama?
-Yoh, Justin-kun, ¿qué tal le va a nuestro rookie?
-Acaba de irse a la mansión Caponne.
-Disculpa, Justin-kun, creo que no te he oído bien… ¿Has dicho "La mansión Caponne"?
-Sí, señor
-¡¿ESTÁ LOCO O QUÉ?! ¡Si Wes-san va allí lo matarán!
-Intenté advertírselo, pero se empeñó en que lo haría solo.
-¡Si no vas con él, morirá! ¡Y él es una pieza importante para nuestro puzle! Hemos perdido al hermano pequeño, necesitamos al mayor. Con la sangre de nobles, podremos poner en jaque a todo el mundo…
-Y acabar con el dios loco, Asura.
-Justin-kun, ve con Wes-san. No podemos permitir que nuestros planes se vayan al garete por culpa de un mocoso que ha decidido jugar con la mafia italiana. ¡Por Kami-sama, es como volver a tener a Black Star!
-Pero… Shinigami-sama…
-Sin peros. O lo traes vivo o no vuelvas en absoluto.
Diciendo esto, Shinigami-sama cortó la comunicación. Tiré el espejo al escenario con la buena suerte de darle a una pandilla de ignorantes. Parecía un grupo de pijos con poca clase, pero aún así tenían las agallas de venir a desafiarme.
-Oye, ¿has sido tú quién ha tirado ese espejo a la cabeza de mi amigo, verdad?
-¿Y qué si he sido yo?
-Creo que deberías pedirle perdón.
Que estúpidos… Grupo de cinco, uno lleva un cuchillo bajo la chaqueta de lino, otro está buscando algo… ¿Un mechero tal vez? No le servirá de nada endurecer el puño… Otro está colocándose un puño americano y por último otro está a punto de sacar una pistola… Niños de papá, qué monos… Aunque…
-¡HABEIS ESCOGIDO EL PEOR DÍA PARA TOCARME LAS PELOTAS!
En ese momento, Justin perdió todo sentido de si eran humanos o eran animales. Daba igual. Solo serían pulpa hecha de carne y sesos cuando él terminara de desquitarse. Ninguno tuvo la más mínima oportunidad… Ni siquiera pudieron levantar los puños para defenderse. Justin sacó dos de sus cuchillas y los cuellos del hombre del puño americano y del mechero dejaron de sujetar las respectivas cabezas. Sus tres compañeros no pudieron reaccionar lo suficientemente rápido para evitar que les pasara lo mismo… Salvo que el último, aquel que tenía la pistola, fue el más desgraciado…
-Te doy dos opciones: Te suicidas con tu pistola, o te mato con mis puños.
-¡P-pero…! ¡Si no es de verdad! ¡Es una réplica! Solo queríamos intimidarte un poco, nada más… Por favor, perdóname la vida, te lo suplico, por favor.
-Vaya…
Justin se levantó y se alejó a la puerta. Las lágrimas del hombre de la réplica, ¿le habrían conmovido?
En ese momento, Justin se giró a toda velocidad e inmovilizó con todo su peso a su futura víctima.
-¡ENTONCES MUERE POR MIS MANOS!
El primer puñetazo dolió, el segundo más, el tercero más aún… Los puñetazos se sucedían, pero poco a poco el hombre los notaba más lejanos, ya no veía, se le había caído un ojo… La oscuridad le rodeaba y una voz le decía que era hora de dormir. Habría preguntado "¿Mamá?" si aún le quedarán fuerzas y mandíbula… La oscuridad le gustaba… La luz significaba dolor, y cada vez se alejaba, más y más deprisa…
Cuando terminé de golpearle, solo quedaba la pulpa de lo que había sido el ser humano… Miré mis puños, estaban al rojo. No solo de sangre, sino de haberlos gastado. Pedí unos vendajes y maldije para mí mismo. No era propio de mí matar de una forma tan sucia. La gente había huido del local. Pagué mi bebida lanzando un billete que cayó en la pulpa sanguinolenta. Me vendé las manos y me fui a ayudar al inglés, aún con una sensación de picazón en el pecho.
Wes. Pov.
Ya estoy dentro. La guardia del tejado era muy fácil de abatir. Ahora el corredor… Mierda, está mucho mejor vigilada de cómo me la habían pintado. Justin me había dicho que era imposible, pero nunca pensé que lo dijera en serio…
En fin, me tocará revisar mi equipo: Pistola con silenciador, munición variada: explosiva, somnífera, asesina, normal, de bolas… ¿Por qué demonios he metido munición de bolas? Ah, y el saco para secuestrar a la brujita…
-Disculpa pero, ¿para qué es eso?
-Esto es para secuestrar a la mini-bruja Ángela.
-Entonces… Debes morir.
Una espada salió al lado de mi cuello. Esquivé justo a tiempo para evitar que me cortaran el cuello como si fuera un pavo de acción de gracias. Ante mí apareció un hombre blandiendo una katana y una especie de almacén de ellas… Tenía el pelo largo y plateado, casi tirando a ceniza. Una camiseta holgada y pantalones vaqueros, y llevaba puesta una gabardina marrón. Pude sacar mi pistola con silenciador a tiempo que bloqueé otro ataque.
-Maldición. No me esperaba este inconveniente… ¿tu nombre?
-Mifune el samurái. Guardaespaldas de la bruja Ángela.
Ahora que sabemos el nombre de cada uno, prepárate a morir.
Fin de éste capítulo. En el próximo van a pasar cosas muy extrañas. Supongo que todos sabíamos que Mifune no podía quedarse como un pacífico vendedor de Sushi en la ciudad ¿eh? Va a ser un combate épico, ya que Wes esconde el secreto de su naturaleza y Mifune tiene otro secreto bajo la manga. El próximo capítulo será la resolución de cómo Wes pudo entrar a formar parte del Shibusen. ¿Qué ocurrirá? Para saberlo, esperad al próximo episodio de ¡EL ASESINO COMEDOR DE ALMAS!
