Capítulo 1

Las nubes oscuras comenzaron a cerrarse sobre el cielo de Baltimore en Maryland, la lluvia estaba cerca y podía sentirse la presión del aire alrededor. Sobre una reciente tumba se apreciaban algunas flores y detrás el nombre de William Graham labrado sobre la modesta lápida. Los ojos de Jack Crawford se movían lentos de la tumba a la ahora viuda Molly Foster Graham y a su hijo; en el funeral no hubo mucha gente, casi todos eran conocidos de Molly quienes apoyaban a la dos veces viuda, en cuanto a familiares de Will sólo quedaba el agente especial Crawford y Jimmy Price quien se retiró primero al sentir el aire frio. Rápidamente las primeras gotas de lluvia dejaron en el lugar únicamente a Jack, Molly y Walter,

—¿Sigues pensando qué esto lo mejor?— preguntó Jack a lado de la mujer.

—Lo es, de qué sirve guardar esperanzas, ha pasado casi un mes desde que Will desapareció, es el momento de ser realistas y asumir que él deseaba terminar así con todo ese episodio de su vida— contestó Molly tajantemente indicando después a Walter que fuera al auto.

—Pero el cuerpo aún no aparece Molly, un informante asegura haber visto a un hombre salir del mar ese día y un pequeño bote en la orilla poco después.

—Por el bien de todos espero que eso sea mentira, si es el psiquiatra todos corren peligro y si es Will entonces eso significaría que no quiere nada de nosotros, y el sólo pensarlo me rompe el corazón, tú lo sabes Jack, ahora Will fue enterrado en un ataúd vacío, pero con los honores de un agente federal, si él estuviera vivo seguiría bajo el escrutinio de la prensa y las autoridades por haber asesinado a ese hombre.

—Lo siento Molly, comprendo, pero no quiero hacerme a la idea de haber perdido a alguien muy importante— Jack sabía que ella tenía razón, posiblemente ese era el mejor camino para Will, hundirse en las profundidades el mar.

—Yo también lo siento Jack, me pregunto qué hubiera pasado de no alentarlo a ir contigo, siento como si yo misma lo hubiera empujado por ese acantilado— con esas palabras Molly dejó a Jack, por supuesto el agente también se sentía culpable tal vez más que cualquiera, él había sacado a Will de su nueva vida y lo había devuelto a las manos de Hannibal, se lo había entregado por completo al caníbal que no deseaba ninguna otra cosa que devorar a Will. Ante esa premisa también tenía la corazonada de que Will vivía, Lecter mostró su terrible obsesión por Graham en más de una ocasión ¿sería posible que en esa situación hubiera dejado vivir a Will a costa de su propia vida? O ¿podría haberlo sacado del mar y llevado consigo?

La lluvia llegó rápido sobre el campo verde repleto de lápidas blancas, Jack le dio el último adiós a su amigo y caminó hacia su auto bajo la fina lluvia de otoño.

En una elegante casa en el poblado gitano de Granada, una exquisita melodía barroca inundaba las habitaciones, el aire tibio se colaba por los altos ventanales de la estructura, las cortinas blancas ondeaban con el viento de vez en cuando, en una habitación del primer piso, un hombre cuidaba silenciosamente de su paciente, era la hora de limpiar su cuerpo, quitó con suavidad el vendaje de su rostro y limpió la barba que comenzaba a crecer nuevamente tras haberla rasurado días antes. Limpió la herida de su mejilla inspeccionando que cicatrizara adecuadamente.

Stabat Mater dolorosa

Iuxta crucem lacrimosa,

Dum pendebat filius.

Cuius animam gementem

Contristatam et dolentem

Pertransivit gladius.

Las notas de un aria religiosa embargaron los oídos del doctor Lecter, la suave voz del contratenor guió sus manos por los espacios de piel dispuestos ante sus firmes manos de cirujano, con dedicación limpiaba el cuerpo de su amigo postrado sobre la cama, pasó el paño húmedo por su pecho siendo cuidadoso con las heridas presentes aún por sanar.

O quam tristis et afflicta

Fuit illa benedicta

Mater unigeniti

Quae maerebat et dolebat.

Et tremebat, cum videbat

Nati poenas incliti.

Sumergió el paño en el lavamanos de porcelana de la mesita de noche y volvió a su tarea mientras escuchaba la plegaria acompañada de violines y la dulce voz. Limpió con esmero el cuello, las clavículas siguiendo por los hombros y los brazos varoniles del ex profesor del FBI.

Quis est homo qui non fleret,

Matrem Christi si videret

In tanto supplicio?

Quis non posset contristari,

Piam matrem contemplari

Dolentem cum filio?

La música seguía sonando desde una esquina de la habitación proveniente de un gramófono antiguo; Lecter, sentado sobre la cama terminaba de limpiar la palma de la mano izquierda de Will Graham, era una recreación de algún retablo renacentista con la madona limpiando el cuerpo de Cristo bajado de la cruz, a sus espaldas y detenida en el cancel de la puerta de la habitación la doctora Du Maurier observaba la escena desde su silla de ruedas.

Pro peccatis suae gentis

Jesum vidit in tormentis

Et flagellis subditum.

Vidit suum dulcem natum

Morientem desolatum

Dum emisit spiritum.1

—Me pregunto si serías capaz de tomar un cuchillo y terminar con tu vida si él muere — dijo ella en el silencio seseante que secunda el término de una melodía, con la aguja sobre el disco de vinil.

—Es poco probable.

—Es una lástima, podría ser una gran tragedia romántica.

Hannibal continuó su trabajo sin hablar, al terminar cubrió con la sábana el cuerpo inconsciente de William. Después bajó las mangas de su camisa blanca y las arregló correctamente, tan impecable como siempre se colocó el saco y al fin miró a la doctora.

—¿Lista para la cena?

—¿Mi última cena tal vez?— contestó la doctora señalando a sus piernas faltantes con la mirada.

—Aún no.

—¿Planeas mantenerme viva porque no quieres que él muera mientras sales a cazar?

—Planeo disfrutar de tu compañía— musitó Hannibal

—Hasta que Will Graham despierte.

Du Maurier lo miró con gran resentimiento y luego pasó su mirada a Will tendido en la cama con lo que parecían ser pesadillas, el detector de pulso que tenía en uno de sus dedos mandaba las señales elevadas de su ritmo cardiaco a una pantalla silenciosa colocada a un costado de la cama, Hannibal había tomado todas las precauciones para mantener a su paciente estable tras salir del agua el día en que el Gran Dragón Rojo fue eliminado.

El doctor Lecter pareció interpretar su rencor hacia Will Graham y acercándose a ella, tomó una de sus manos y la besó en el dorso.

—Sus manos son muy delicadas y despiden un aroma agradable— la advertencia estaba hecha, por supuesto el hombre no permitiría que ella atentara contra aquella vida tan preciada que era únicamente suya para reclamar.

La doctora experimentó un escalofrío que recorrió su espalda y alejó la mano, con cuidado, sin movimientos bruscos, como si tratara con una fiera salvaje, dispuesta a atacar en el momento, y vaya que Hannibal lo era, su instinto predador le ganaba por completo a su humanidad, de la cual sólo había un vestigio atrapado en su palacio mental encerrado bajo llave, todo lo demás, lo visible, no era más que un traje, un traje de humano confeccionado a la medida de la ocasión, elegante, pulcro y de la más alta calidad.

—¿Pasamos al comedor?— dijo el doctor mientras tomaba la silla de ruedas y dirigía a su antigua psiquiatra.

Al principio todo era oscuridad, la nada, de pronto un zumbido, el sonido iba subiendo cada vez un poco más, más, y más hasta convertirse en el latido de un corazón, pero ¿de quién era?, ¿era el suyo o el cuerpo mutilado convertido en corazón en Palermo?, ¿su corazón o el de Hannibal Lecter?, ¿Hannibal? Se preguntó su mente y un destello apareció, otro más y éste alumbró su mano, y se hizo consiente de quien era, William Graham agente especial del FBI, William Graham asesino, pensó al interior de su mente, mientras uno tras otro los destellos aleatorios a su alrededor lo iluminaban en la más oscura noche, miles de luciérnagas lo envolvieron con su luz verdosa, las luces parpadeantes giraban en torno suyo haciéndolo caminar, no había un sendero, sólo oscuridad, paso a paso las luces se agolpaban frente a él mostrándole una falsa luz al final del túnel, en un camino interminable que parecía alejarse a cada paso, uno más y tropezó con las vías del tren bajo sus pies, giró su cabeza de izquierda a derecha y de pronto estaba dentro de un túnel en la oscuridad de la noche, las salidas del túnel estaban iluminadas por la mortecina luz de la luna, en una de ellas se hallaba el Dragón Rojo abriendo sus alas, imponente bañado en sangre esperando atacar, del otro lado el monstro que visitaba todas sus pesadillas, la figura alta y delgada con astas, con la muerte en la mirada. De entre la oscuridad el ciervo negro apareció detrás de él, apenas visible a sus ojos, pero sobre todo audible, el animal movió las astas de un lado al otro y se preparó para envestir al Gran Dragón al pasar en frente de él.

El ciervo atacó y Will corrió detrás de él, miró con asombro y satisfacción la lucha, el animal logró ensartar en sus astas al hombre, ya no al dragón, ahí sobre las vías del tren en medio de un bosque estaba un hombre incrustado de la misma manera que Cassi Boyle sobre las astas negras de su tótem, las imágenes en la cabeza de Will se mezclaron de nuevo, como tantas veces.

Detrás del ciervo apareció de nuevo la figura delgada y negra. "Éste es mi diseño". Escuchó susurrar a esa voz conocida que estaba clavada tan profundo en su mente aferrada como un parásito dentro de él. "Éste es mi diseño" continuaba la voz, y se mezclaba con la suya, la tétrica figura abrió los brazos mostrando como ofrenda el cuerpo sangrante de Francis Dolarhyde atravesado por las grandes astas del ciervo negro, "Éste es mi diseño" se escuchó decir a sí mismo y de pronto estaba cayendo al mar arrastrando el cuerpo de Hannibal al fondo del lecho marino con él. "Éste es mi diseño", escuchaba y sentía la presión del pecho comprimido por el peso del agua, la desesperación por respirar, las convulsiones en su cuerpo presa del shock antes de perder la conciencia, el agua entrando a sus pulmones y de nuevo la nada.

Will se vio a sí mismo saliendo a flote en el agua, inerte con los ojos cerrados, como una Ofelia, el agua poco a poco se fue retirando hasta dejarlo todo seco a su alrededor, como si del mar surgiera una cama y él sobre ella y entonces, abrió los ojos. La iluminación natural de la estancia lo cegó, era demasiado brillante, no podía distinguir nada, parpadeó varias veces he intentó cubrir sus ojos con sus manos. Lo primero que vio fueron las figuras geométricas del cielo raso de la habitación, luego las largas ventanas a un costado y al mirar a su izquierda estaba Hannibal monitoreando sus signos vitales y suministrando una sustancia al suero que entraba a su cuerpo por una aguja.

—Bienvenido Will.

—Doctor Lecter— pronunció con la voz entrecortada, sus mejillas dolían, saboreó el metálico sabor de la sangre y el desinfectante que el doctor había usado para mantener limpia la herida que el Dragón Rojo había causado con el cuchillo en su rostro.

—No intentes levantarte, ha sido difícil, a causa del tiempo sin oxígeno tu cerebro se inflamó, espero descartar cualquier síntoma que muestre el regreso de encefalitis.

—¿Qué sería más benéfico para usted?

—Tu recuperación completa por supuesto.

—¿Por qué?

—Porque pediste mi ayuda y quiero ayudar.

Will no dijo nada, lo miraba atentamente, directamente a la cara, a los ojos, Hannibal fue la única persona a la que miró al rostro, que no tuvo miedo de dejarle entrar en su mundo sombrío y derribar sus barreras, ahí estaban los dos de nuevo, juntos, como si nada hubiera sucedido, como si los años alejados fueran sólo días, lo había sentido desde que entró a la celda de Lecter para consultarlo sobre el "Hada de los dientes". Era cierto él había pedido su ayuda, a sabiendas de todo lo que podía suceder, el asesinato, el mal entrando a su cuerpo, su transformación.

—Te traeré la comida, debes estar hambriento.

—Lo estoy.

Hannibal salió de la habitación hacia la cocina, Will se sentía mareado, no sabía cuánto tiempo pasó desde la larga caída al océano, ¿horas, días, semanas?, miró a su alrededor esperando encontrar alguna pista, intentó deducir dónde estaban de acuerdo con la posición del sol, pero en ese momento no era capaz de hacerlo, no había nada reconocible, sin teléfono o algún otro aparato electrónico a excepción de la pantalla de monitoreo cerebral y cardiaco, se rodeaba de pulcritud, nada fuera de lugar, flores frescas junto a su cama, un sillón individual y libros sobre una mesita, al otro lado, un escritorio con dibujos y algunos lápices.

A su mente llegó el recuerdo de Molly y Walter, ¿qué sería de ellos?, esperaba que estuvieran bien, claro que lo estaban, sólo con él corrían peligro. Miró su mano izquierda esperando encontrar su argolla de matrimonio, pero no había nada, era como si su vida en Wolf Trap hubiera sido una invención más de su mente, el recuerdo de la calidez de un hogar se desvanecía, el hombre que era ahora no podría regresar a ese punto jamás y esa era la única certeza.

De los libros de la mesa a su lado reconoció una libreta, estiró la mano intentando alcanzarla Hannibal era meticuloso con las notas, pero el leve esfuerzo le provocó taquicardia, estaba débil, regresó a su postura sobre la cama justo cuando entró de nuevo el doctor Lecter con una charola en las manos que colocó en la misma mesa.

—He preparado una sopa de miso con tofu y fideos de arroz, una compota de frutos rojos y queso fresco, también jugo de naranja.

Hannibal parecía animado, ver despertar a Will era un alivio, de esa manera sería más fácil desplazarse hacia cualquier lugar tan pronto como su paciente estuviera de pie. Ayudó al ex agente a enderezarse colocando algunas almohadas en su espalda, cuidando de no lastimar su hombro, puso una servilleta en el regazo de Will y comenzó a alimentarlo él mismo.

Will aceptó el gesto y comió, sintió el cálido sabor de la sopa por su boca, un ligero escozor en la herida de su mejilla provocado por la sal al primer sorbo terminó de despertarlo, pero no dejó de comer, como siempre la comida era deliciosa, comió todo con gula de las manos del doctor quien lo miraba complacido.

—¿Cómo salimos del agua?— preguntó el hombre de ojos azules sin titubeos mientras el doctor le acercaba el vaso de jugo a los labios.

—Te desmayaste bajo el agua después de la caída, habías perdido mucha sangre. Trataste de ahogarnos sin tomar en cuenta que he hecho natación durante mucho tiempo y puedo soportar no estar sin aire por un tiempo prolongado, entró agua a tus pulmones, te llevé a la orilla para aplicar maniobras de resucitación, sin embargo tuviste un daño grave, así que te traje aquí para asegurar tu recuperación.

—¿Dónde estamos?

—En Granada y las puertas no tienen cerrojo Will si es a lo que quieres llegar.

Para Graham era irónico pensar en huir, no había forma de escapar que no fuera la muerte y Hannibal había detenido ese proceso una vez más.

—¿Pretendes que me quede aquí a tu lado como si de ello dependiera mi vida?

—¿Tu vida depende de mí, Will?

—Nos he traicionado a ambos.

—Lo has hecho, toma esto como una oportunidad de empezar de nuevo, como hace tres años cuando te saqué de la mansión Verger.

—Tiene la singularidad de regresar siempre al punto de partida doctor, reconstruye los hechos en espera de que ésta vez sean diferentes los resultados.

—Nada sucede de la misma manera Will.

—Cree qué esta vez aceptaré seguir a su lado.

—Para ti es instintivo, de la misma manera en que intentaste proteger a Abigail yo quiero protegerte a ti.

—Arrastrándome con usted.

—El foso en el que caemos es amplio yo sólo me mantengo junto a ti.

—No le temo a la soledad.

—Eso es mentira, desde que nos encontramos por primera vez en la oficina de Jack perdiste la claridad sobre lo qué es la soledad, aún cuando nos separaron, el hecho de saber que estaba seguro en el asilo mental te mantenía estable— hizo una ligera pausa para colocar el vaso de jugo en la mesa y volver a mirarlo— Lo peor de ti puede ser lo mejor de mí. Déjame mostrarte los límites de la moralidad y el placer de la libertad al sobrepasarlos, acepta mi regalo sin prejuicios.

Will estaba a punto de responder cuando escuchó una voz femenina que llama al doctor por su nombre, las notas sensuales de la voz le hicieron reconocer a la doctora Du Maurier, no se sorprendió, era de esperarse que Hannibal regresara por ella en cuanto tuviera oportunidad.

—Por aquí— respondió Hannibal y Bedelia entró a la habitación llevándose la sorpresa de ver a Will despierto, se quedó inerte un segundo junto a la puerta y luego entró empujando la silla de ruedas, Hannibal se levantó de la cama para evitar darle la espalda y se paró junto a la mesita de noche.

—Will Graham

—Doctora Du Maurier

Entre ambos hubo un momento de contemplación, Bedelia sabía que su tiempo estaba a punto de terminar, mientras William sólo pensaba en ella como la pobre mujer que había jugado con fuego y al final había terminado quemada.

—Los dejo un momento, la cena de hoy será especial y debo comenzar, si necesitan algo sólo llámenme— el doctor salió con la bandeja y los platos vacíos pasando a un lado de la mujer quien lo siguió con la mirada hasta verlo desaparecer en otra habitación.

—Se le ve bien doctora.

—Te has vuelto muy arrogante Will, su sola presencia gesta cambios magistrales en ti.

—Nada que no haya visto antes.

—No, pero siempre estoy a la expectativa de más sorpresas.

—La última vez que nos vimos le dije que él iría por usted, así que no debió ser una sorpresa.

—Estamos a punto de ser devorados y sólo piensas en decir "te lo dije"

—No puedo hacer nada por ti Bedelia, intentaste seducir al monstro con mentiras y únicamente conseguiste colocarte en una vitrina como un fino corte de carne y ahora saltas directamente al sartén.

—Tú le rompiste el corazón, lo traicionaste y a ti mismo en el proceso, ¿qué te hace diferente de mí Will?— él notó el cambio en la elevación de voz inconsciente de Bedelia, estaba asustada, seguramente al borde de la desesperación pero sabía disimularlo bien, o al menos era lo que ella creía.

—Usted misma lo dijo,la honestidad, Hannibal siempre ha sabido acerca de mis intenciones en cada momento. Estoy desnudo ante él.

—Infiero que esa posición no te desagrada ahora— soltó venenosamente—Una relación basada en honestidad y reciprocidad, se inventan roles oportunamente de acuerdo a la necesidad, necesitas un padre y él lo será para ti, si eres un paciente él será tu doctor, necesitas un amigo se convertirá en uno, quieres una familia, él la construirá para ti. ¿Es por eso que tu último gesto desesperado por liberarlo de su prisión fue caer con él al mar? ¿Por qué él necesitaba un salvador?

Will se acomodó sobre las almohadas y tardó en responder, ¿así era?, ¿se mostraba para Hannibal como un libro abierto?, tal vez por ello que Hannibal no se mostraba dolido, sabía la verdadera intención de Will al caer por el acantilado, el único que no terminaba de aceptar el fuerte impulso por salvar a Hannibal era el mismo, tal vez era a su bondad a lo que Hannibal apelaría siempre. Una bondad que sentía marchitarse.

—Una nueva oportunidad, la vida después de la muerte quizás— dijo Will más para sí mismo que para ella.

—¿No te das cuenta el poder que tienes sobre él?— habló con la sensualidad que caracterizaba su voz, como un susurro intentando no sonar desesperada.

—No la suficiente como para salvarte.

Bedelia lo miró con rabia y miedo, había confiado en que al despertar Will podrían escapar, ella sabía que era el único talón de Aquiles del monstro, se llevó las manos a la boca intentando ocultar su turbación, Will mostraba hacia ella un palpable desdén, sin embargo, pensaba que podría manipularlo para salir de las fauces del monstro.

—Debes descansar, nos veremos más tarde.

Will miró a Bedelia salir de la habitación, aspiró la frescura del aire, se quitó los monitores del cuerpo, la aguja del suero y se incorporó, poco a poco y con dificultad logró levantarse, sus pies descalzos se acoplaron al piso de madera cálido donde había sido tocado por el sol de la mañana, sólo vestía una trusa pero en la soledad de la habitación eso no le importaba, el cortinaje del balcón ondeaba, se acercó con paso lento sintiendo la rigidez de sus músculos, se sostuvo de la puertezuela para sentir el golpe de aire frío que movió su cabello castaño oscuro, la tarde caía sobre el paisaje de casas viejas y más allá un gran palacio de granito que recortaba su figura contra una imponente cadena montañosa coronada por la nieve. Lo contempló, era un hermoso cuadro, la sensación de seguir dormido lo perseguía.

—El palacio de la Alhambra, una exquisita construcción musulmana— dijo Hannibal caminando para quedar a su lado, llevaba las manos en la espalda de manera apacible.

—Es imponente— contestó Will sin quitar la mirada del horizonte.

—"Siempre estoy esperando ver el rostro del rey, alba que muestra el horizonte. A sus obras Dios haga tan hermosas como son su temple y su figura" — musitó el doctor mirándolo como si fuera a Will a quien recitara las melodiosas palabras, cuando el más joven lo miró había regresado su atención al palacio a lo lejos— así versa uno de los poemas escritos en la fachada de oriente para alabar a su constructor.

—¿Por qué una fachada alabaría a su creador?

—Es parte de la elevación divina, el hombre siempre busca ser reconocido por sus obras, como dios creó al hombre para qué este lo alabara.

—Vanidad.

—Vanidad— afirmó Lecter y sus ojos se cruzaron por un momento, Will sintió la debilidad en su cuerpo y se apoyó con más fuerza en la puerta para ir hacia la cama, Hannibal le tendió la mano y lo ayudó a regresar con paso lento hasta hacer que se sentara.

—Te ayudaré a vestirte, espero que nos acompañes a la mesa esta noche, celebraremos tu recuperación.

—No creo estar recuperado.

—Lo estarás.

Will respiró pesadamente, no desdeñaría la invitación, por supuesto era simplemente inevitable, sabía del afán del doctor por la parafernalia que sugiere una cena, podían ser de las cosas que más disfrutara, asintió con la cabeza. Hannibal satisfecho sacó del armario una camisa lisa blanca, un suéter con cuello en v azul cielo, un pantalón azul marino, acorde al atuendo escogió un cinturón camel al igual que los zapatos. Cambió las vendas de Will, la herida de su hombro mejoraba con lentitud, el cuchillo había perforado los músculos astillando la clavícula por lo que en momentos llegaba a sangrar agravando el problema de su hombro al recibir años antes una herida similar en sus tiempos de agente activo.

Sin duda Lecter era un hombre dedicado, con paciencia colocó cada prenda sobre el cuerpo de Will como si fuera un muñeco al que debía vestir, evitaba en lo posible rozar su piel, en poco tiempo Will parecía recuperar su viejo encanto, llevaba el cabello lo suficientemente largo para resaltar su ondulación, Hannibal había cuidado que su barba no creciera demasiado tal y como solía usarla siempre. Al terminar Will seguía sentado en el filo de la cama, Lecter se dispuso a ponerle los calcetines, se arrodilló a sus pies y por un momento Will saboreó la satisfacción de tenerlo de esa manera, la sensación de ser superior, pero alejó de inmediato la idea, le aseguró que él mismo terminaría de vestirse con tal de alejarlo, Hannibal aceptó y se puso de pie, antes de salir de la habitación levantó la barbilla de Will con una mano para revisar la herida en su rostro, era tal vez la única herida en Will que sanaba de manera satisfactoria.

—Tal vez no deje cicatriz.

—No me importa una más.

—Aún hay tiempo para eso— dijo el doctor y lo dejó solo.

1 Stabat Mater, Vivaldi 1712. compuesto como encargo para la fiesta patronal de la iglesia de Santa María della Pace en Brescia. Del poema escrito en latín por Jacopo da Todi en el siglo XIII y que describe el lamento de María a los pies de la Cruz, Vivaldi eligió sólo las diez primeras estrofas del texto, tal y como se prescribe cuando el texto es usado como himno en las Vísperas.