Capítulo 2

El estilo español de la casa era de buen gusto, las puertas que separaban las habitaciones eran de hierro forjado con y cristal, como mirar a través de una enredadera de metal, la decoración colonial se mostraba elegante. En el amplio comedor de pino se ostentaba una elegante vajilla, al centro, la decoración de frutas y flores era vistosa, los colores rojos predominaban gracias a los claveles y granadas, dos palmatorias plateadas sobre mantel color hueso bordado cerraban el fino conjunto.

Cuando Will se acercó a la mesa Du Maurier ya esperaba sentada a la izquierda de la cabecera, tenía la mirada opaca como si en cualquier momento pudiera desmayarse, aún así sonreía, estaba drogada. La ostentación de Hannibal no tenía límites por lo que Will se sentía intimidado, su vida modesta en Virginia era lo que conocía, así había sido desde niño, podía considerarse en su infancia como un niño pobre, por lo que los lujos y la avaricia le eran irrelevantes, nunca deseo más de lo que podía tener. Su personalidad caritativa y bondadosa le hacía evitar todo contacto con la frivolidad.

—Disculpa que no me levante— mencionó la psiquiatra.

—No es necesario— dijo él sin mirarla, se acercó a la mesa sin decidirse a tomar el lugar que estaba dispuesto para él frente a Bedelia, sentarse una vez más a la mesa de Hannibal traía en Will terribles recuerdos, su parte más primitiva deseaba salir corriendo del lugar, alejarse, sentía la presencia del depredador a su alrededor.

—La entrada será Tabule con bulgur y de plato fuerte Lomo de cerdo relleno de savia y vegetales asados— la voz grave de Hannibal lo devolvió a la realidad, como si fuera un ancla para su mente; así de fuerte era su manipulación, se había convertido en el único punto de partida para una realidad distorsionada.

Lecter puso su mano en la silla de Will y caballerosamente lo invitó a sentarse acomodando la silla para él. Colocó los platos y se dispuso a comer, Will estaba meditabundo con la mirada perdida sobre el plato frente a él, no quería mirar al doctor, si lo hacía caería directamente en la influencia y en el deseo por complacerlo. Hannibal parecía no prestar atención a su actitud, sabía claramente que llegado el momento Will reaccionaría como debía hacerlo, para ello contaba con su invitada de honor.

—Espectacular platillo como siempre Hannibal— mencionó Du Maurier

—Espero que esta vez pruebes la carne, ha quedado bastante suave y jugosa.

—Disculpa si no lo hago, tengo cierto resentimiento hacia los carniceros. Creo que Will la encontrará más apetitosa, después de todo él es el invitado de honor.

Will reprimió las ganas de arrojar su servilleta a la mesa y levantarse, Hannibal sirvió el vino y le extendió la copa, fue lo único que Will quería en ese momento, alcohol, no era igual que su acostumbrado whisky, pero bastaría, apuró la copa de un trago y Hannibal volvió a llenarla para él.

—La disfrutaré, pero no considero que pueda saborearla adecuadamente— mencionó Will al fin de nuevo con el vino entrando a su boca.

—Que patética mascota.

Hannibal parecía divertido hasta que Bedelia lanzó el contenido de su copa sobre el rostro de Will, Hannibal se levantó para traer una toalla en completo silencio, ella había llegado a su límite, miró a Will quien había comprendido su deseo de distraer a su captor, se estiró desde su silla al carrito donde reposaba el lomo que había preparado el doctor, tomó el cuchillo y lo escondió en su servilleta mientras Hannibal regresaba y le extendía la toalla a Will, en ese momento Bedelia aprovechó para apuñalarlo bajo las costillas pero una mano frenó su avance sosteniendo el filo del cuchillo, las gotas de sangre caliente comenzaron a brotar del puño de Will, Bedelia lo miró con los ojos desencajados. Hannibal tomó las manos de ella, Will retiró la suya, Lecter le hizo girar el cuchillo en torno a ella, poniendo la punta afilada debajo de su barbilla.

—Me has decepcionado Bedelia.

—La comida nunca te ha decepcionado.

—¿Qué debo hacer contigo?

Ella no respondió, lo miraba directamente a los ojos, Hannibal soltó sus manos, el rostro de Bedelia reflejaba terror sus manos temblaban y en la misma posición en que el doctor la había dejado se clavó el cuchillo con fuerza atravesando su rostro hasta que sólo quedó el mango del cuchillo visible, cayó sobre la mesa y la sangre comenzó a esparcirse, Will observó, estaba confuso, miró su mano sangrante y una punzada de arrepentimiento recorrió su cuerpo, había dejado que Bedelia muriera, él mismo la había matado, corrió a su lado pero era demasiado tarde, sus ojos abiertos le recriminaban el dejarla morir.

Hannibal tomó la mano de Will para inspeccionar el daño, pero no era un corte muy profundo. Will lo miró con el seño fruncido.

—Me disculpo por el desorden.

—¿Desorden? La obligaste a suicidarse— dijo sin darse cuenta que ya lo tuteaba.

—La dejaste morir, ¿o vas a negarme Will, que eso era lo que querías?

—¿Ese era el propósito, vernos pelear por ti?

—Bedelia siempre estuvo en desventaja. ¿No lo crees?

—¿Por qué estás enamorado de mí?

—La mesa se arruinó, comamos en la cocina por hoy— Hannibal extendió las manos para indicar la cocina y que Will caminara primero, pero Graham parecía clavado al piso, así que él tomo la iniciativa—El amor nos vuelve irracionales Will, de qué otra manera explicas el haber detenido el cuchillo— dijo desde el salón.

—Entre nosotros no hay nada racional— contestó Will con una sutil sonrisa vacía.

—Sólo el instinto— le sonrió el doctor.

En la mesa Will contempló los hermosos platillos y los cubiertos de plata, tomó entonces el cuchillo de la cabeza de Bedelia, la sangre se derramó a sus pies; se contempló como si fuera la última vez que vería su rostro sobre el domo plateado que cubría la comida del carrito, era el mejor momento, no podía esperar más debía regresar a ese demonio al averno al que pertenecía, eso estaba decidido desde que lo llevó consigo bajo el agua, no, aún antes cuando planeó el escape, pero ¿sería capaz de intentarlo de nuevo? ¿Qué tan real era su deseo de matarlo ahora que tenía la posibilidad?

Hannibal lo miraba excitado por los siguientes movimientos casi predichos, con la misma calma de siempre, lo esperaba y confiaba en sus habilidades para detenerlo. Aquello no era más que un juego que Will quería jugar sabiendo sus desventajas, Hannibal siempre lo mantenía en el límite del impulso inconsciente y la racionalidad de sus actos.

Sin pensarlo más Will se arrojó sobre Hannibal sin ninguna contemplación acortando la distancia con pasos largos. El hombre lo esquivó con facilidad, su estatura y agilidad le permitieron escapar de los intentos de Will por clavar el arma en él, para Hannibal se tornaba divertido el ataque cara a cara de Will, su objeto de deseo, era como moldear la arcilla, darle forma poco a poco mientras gira en la mesa de un alfarero, sintiendo las curvas del material ceder ante la ligera presión de sus dedos, luego de eso tendría que someter la pieza al calor, una, dos, tres veces, las necesarias para hacer la pieza más resistente, más dura, perfecta.

No pasó mucho tiempo para que el ímpetu inicial del más joven menguara dando la oportunidad al doctor de tomarlo por la muñeca y triturarla con fuerza para hacerle soltar el cuchillo, sin embargo, Will no se daría por vencido tan fácilmente y con un certero puñetazo sobre el rostro del contrario logró alejarlo un poco; Hannibal pasó su lengua por los labios sintiendo un ligero rastro de sangre en ellos y ésta vez fue él quien se acercó amenazante hacia el joven agente quien blandió el cuchillo al aire.

Los ojos fríos del doctor Lecter midieron la distancia con precisión y de un salto tomó ventaja del hombro lastimado de Will haciéndolo chocar de frente contra la chimenea encendida, lo inmovilizó en un momento y se colocó detrás de él, Will podía sentir el calor de las brazas, subiendo por su cuerpo, el caníbal lo empujó nuevamente con fuerza lastimando su hombro y torciendo su brazo para hacerle soltar el cuchillo, dejándolo totalmente inmóvil, Hannibal presionó con más fuerza el torso de su paciente haciéndolo gemir levemente de dolor, al final pudo arrebatarle el cuchillo de cocina para ponerlo en la garganta de su "amigo", presionó la navaja con firmeza sobre la piel, un contacto más sensual que violento, Will dejó de moverse, sería tan fácil para Hannibal correr el filo por su garganta como lo había hecho con Abigail, pero no lo haría, al menos no esa noche. Will percibía la necesidad de Lecter por cortarlo trozo por trozo y devorarlo vivo si era necesario.

Por supuesto Hannibal aún no estaba dispuesto a perderlo, como parecía no estarlo nunca, apretó con fuerza el cuchillo en el cuello de su presa haciendo un corte superficial del cual brotaron apenas unas gotas de sangre, para luego arrojar el cuchillo lejos de ambos.

—Lo ves, nos vuelve irracionales— le dijo el doctor en un susurro soltándolo lentamente, Will se giró para mirarlo y en ese preciso momento el doctor lo golpeó en el diafragma con la suficiente fuerza para dejarlo sin aire y que cayera de rodillas a sus pies.

—Nunca debimos salir con vida del mar— dijo Will apenas audiblemente sujetándose de las piernas de su verdugo y protector como si eso le diera las fuerzas necesarias para recuperar el aliento.

El doctor lo miró y bajó en cuclillas hasta ponerse a su altura y con un gesto casi tierno a no ser por su semblante inamovible, retiró el cabello de la frente de Will colocando su mano sobre el rostro húmedo y febril del más joven, justo dónde aún se apreciaba la cicatriz dejada por el cuchillo del Dragón Rojo; entonces lo observó, su piel blanca levemente enrojecida por la sangre que se agolpaba en sus mejillas tras la lucha, sus grandes ojos azules lo miraban con resentimiento y expectación; su cuerpo emanaba un olor almizclado podía sentirlo en el aire como si estuviera en el bosque, a eso olía Will, a madera y a tierra húmeda. Dejó que su mano siguiera el camino de ese rostro y que su pulgar se deslizara hasta esos labios jadeantes, examinaba el terreno, las líneas divisorias de lo permitido, Will jamás se negaba a su contacto, parecía incluso cómodo en sus manos, en la conexión que le imponía de piel a piel, aún cuando Will parecía tan perturbado rodeado de otras personas. Deslizó su mano con lentitud por la nuca haciéndolo exponer su cuello, levantando su barbilla con la otra mano, y ahí estaba de nuevo el instinto de lucha de Will, el dilema de huir o quedarse justo donde estaba, ¡oh! cómo disfrutaba ver luchar a Will con todas sus fuerzas por no caer en la tentación, con todo ese dogma moral incrustado en su psique que le gritaba ¡no!, ¡no!, ¡no!, mientras él le susurraba "sí, hazlo", quería más que nada quebrantar esa barrera de lo prohibido que Will se imponía a sí mismo.

Hannibal observó el flujo de una gota de sangre en el cuello de Will y la lamió desde su clavícula hasta la herida del que era autor. Will se sorprendió, de todo lo que podía pensar de la situación ninguna posibilidad como aquella le había parecido factible, sin embargo a juzgar por la situación y el detestable impulso del psiquiatra por satisfacer su curiosidad tal vez había pasado ya por su cabeza experimentar una forma nueva de "amor". Ante la perturbadora idea de que Hannibal pensara en llevar a algo físico sus pretensiones platónicas el ex agente intentó alejarse, Hannibal lo había decidido al probar su sangre, esa noche degustaría a Will Graham de una forma diferente.

Will se estremeció cuando Hannibal tomó su cabeza con ambas manos obligándolo a mantenerse en ese punto con absoluta calma; para Will era algo similar a un tormento aún cuando estaba paralizado examinado el rostro del doctor, adentrándose en los pensamientos del caníbal, por supuesto había interpretado la acción y ¡cómo no podría!, lo suyo era empatía pura. Como un acto de dominación Hannibal besó a Will con calma, degustándolo. Will podía imaginar sus labios siendo arrancados por completo, y de repente también su lengua, tan pronto como el doctor encontró la oportunidad en el instante en que Will trataba de emitir un sonido tomó su lengua entre sus dientes luchando con el impulso de morderla por completo, estaba ligeramente marinada por el vino que habían tomado antes y que aún podía paladearlo en su cavidad bucal, las notas afrutadas, la suavidad del alcohol y la dulzura de su saliva. La voluntad de Will era fuerte pero Hannibal confiaba en que pronto la derrumbaría, de modo en que comenzara a desear para sí solamente aquello que Hannibal deseaba de él.

El doctor soltó su rostro y lo acunó en un abrazo, Will respiraba con rapidez sobre su hombro, él sacó una jeringa de su bolsillo e inyectó en el cuello de Will un somnífero, el cuerpo de Will se relajó y cayó laxo sobre su pecho aún consciente. Hannibal lo cargó en brazos y lo llevó a la habitación, lo dejó sobre la cama y le quitó los zapatos fue entonces que Will entró en un profundo sueño.

Se perdió en su mente de nuevo, los colores del fuego lo transportaron a un bosque incendiado donde observó al ciervo negro correr entre los arboles incandescentes, no había escapatoria, el ciervo de grandes astas siguió corriendo hasta un río de agua y sangre, el majestuoso animal se arrojó ahí esperando cruzar pero la corriente era fuerte y una fuerza extraña lo jaló hacia el fondo del río, entonces se vio a si mismo desnudo dentro del agua, el color de la sangre comenzó a rodearlo por completo, no tenía control de nada sólo se sumergía más y más hasta que de pronto estaba en la oscuridad completa y su cuerpo comenzaba a arder, se quemaba parte por parte.

—¡Will mírame, Will! — escuchó a lo lejos una voz que lo trajo de nuevo a la realidad, pero cuando miró, frente a él estaba el monstro negro de astas, con la piel pegada al esqueleto y sus ojos muertos que lo miraban sólo a él, siempre a él; con un esfuerzo por deshacerse de la terrible visión, lo mordió con fuerza sobre el hombro desnudo sintiendo la piel curtida ceder ante sus incisivos, la sangre oscura como el petróleo surgió entonces de la herida y para Will en su delirio tenía un sabor diferente, dulce y ácido. Will se dejó sumergir en el color de la sangre, ésta vez también estaba Hannibal en sus visiones, su mente vagaba entre la realidad y su imaginación a causa de la droga, por momentos el monstro negro devoraba su cuerpo desgarrando girones de carne de su cuello, pecho y de su vientre, sus sentidos lo mantenían al borde de las sensaciones, veía a Hannibal besarlo, morderlo, succionarlo.

No había una verdadera línea entre lo real y lo ficticio, las alucinaciones eran tan vívidas que por un momento estaba en su habitación en Wolf Trap y hacía el amor con Hannibal, mientras que, en otro, era comido vivo en la mesa del doctor Lecter con su torso abierto exponiendo sus vísceras de donde brotaban flores de colores.

Por su parte el psiquiatra miraba con excitación los cambios en Will, aquel acercamiento había logrado provocar caos en la mente de Graham, ¿hasta dónde podía llegar con aquel experimento?, ¿era tal vez la única forma de cambiar a Will de una vez por todas, de retenerlo y de convertirlo en él?, era una posibilidad. Lecter se acomodó en el sillón junto a la cama para observar mejor mientras Will sólo se retorcía y resollaba su nombre, era una sinfonía para Lecter, cada acto de Will por resistirse a su manipulación, a su contacto, era otra nota en la composición de la melodía mental que iba trazando.