En el recorrido de la tienda de comestibles al departamento, Hannibal percibió que un hombre lo seguía de cerca, podía sentir el aroma a cigarrillo y granjeas de menta que exhalaba, lo había sabido desde el segundo día en que se hospedaron, no era un agente del FBI, su poca discreción lo delataba, era un depredador sin duda, pero uno muy poco capaz. La niebla comenzaba a descender en el camino, el doctor se detuvo en algunas ocasiones para darle al hombre la ventaja dejando que mostrara sus intenciones, pero aquel sujeto no parecía muy interesado en cometer ningún tipo de crimen en un lugar público, por lo tanto quedaba otra posibilidad, el hombre esperaría hasta llegar al departamento, con seguridad esperaba no sólo llevarse un botín aceptable, sino también dejar salir sus impulsos sanguinarios; por supuesto un monstro reconoce a otro, el doctor casi podía olfatear la acidez del sudor a través de la ropa por la excitación de lo que imaginaba hacer el hombre. Para el psiquiatra era como observar a un lobo hambriento, ansioso por atacar, conteniéndose apenas por los movimientos de la presa, a Lecter esa actitud le asqueaba, tan poco cauta y desesperada, sin ningún dejo de virtud.
Siguió caminando con paso seguro, permitiendo que el hombre lo observara, dejándole migajas en su camino al juguetear con las llaves y mirar su fino reloj de vez en cuando, eso parecía acrecentar la avaricia del vigilante, el doctor había decidido que ya era hora de darle al hombre lo que buscaba, y así tener la oportunidad perfecta para mostrarle a Will un poco más de sí mismo y de él por supuesto, y proveerle de nuevo el placer de matar al que Will se mostraba tan recio a experimentar.
Hannibal entró al edificio y aparentó dejar la puerta principal abierta por descuido, el hombre no tardó en entrar creyendo haber tenido suerte, el doctor se paró frente a la puerta del departamento y la abrió, dentro se escuchaba el agua correr de la regadera, aspiró el aroma a jabón y a Will, era una interesante combinación; tal como esperaba en su nuca se apoyó el cañón de un arma y él levantó los brazos aún con la bolsa de las compras.
—Puede llevarse lo que quiera— dijo con tranquilidad.
—Entra— indicó el hombre presionando el arma sobre la cabeza de Hannibal.
Ambos entraron cerrando la puerta tras ellos, el hombre comenzó a inspeccionar el lugar con la mirada, el lugar amplio tenía a la vista sólo lo necesario y entre ello una caja fuerte muy parecida a microondas en la sala, Hannibal miró complacido el entusiasmo del asaltante.
—Debería bajar el arma, puedo darle la clave— se giró para mirar de frente al hombre, tenía aproximadamente la misma estatura de Will, de tez blanca y ojos negros, el cabello corto despeinado debajo de un gorro le daba un semblante sombrío, no podía tener más de treinta años calculó, los tatuajes en su cuello y nudillos le indicaron que había estado en la cárcel, tenía el cuerpo atlético y ejercitado producto de una larga estancia en prisión sin duda.
—¿Hay alguien más?— El sonido del agua llamó su atención.
—Sólo mi compañero, debe estar tomando una ducha.
Hannibal colocó la bolsa de papel sobre el mueble junto a la puerta con calma, no tenía ninguna intención de asustar aún a su invitado. Así que volvió a levantar los brazos para dejarle sentir que él controlaba la situación.
—¿Dónde está?
—Es por ahí— mostro con la barbilla.
—Muévete— presionó el hombre moviendo el cañón de pistola, el doctor Lecter caminó despacio hasta el baño pasando por la gran espacio que no tenía paredes a excepción de los muebles que delimitaban las áreas, dos sillones individuales frente a una chimenea electrónica que fungía como sala, un diván detrás de éstos, una alfombra y una gran cama, el cuarto de baño sin puerta unos pasos más allá mostró de inmediato a un Will de perfil desnudo dentro de un cubo de cristal empañado por el vapor, rastrillaba su cabello retirando el exceso de jabón en el.
Para su grata sorpresa Hannibal vio en el hombre que le apuntaba un cambio, se adelantó un paso aún con el arma vuelta hacia él pero con la vista clavada en el ex agente del FBI, su respiración se volvió más rápida, sus pupilas se dilataron, la sangre fluyó visiblemente por la vena de su cuello haciendo saltar el tatuaje, sin duda disfrutaba de la vista, algo que Lecter no había tomado en cuenta pero que podría aprovechar. Llamó a Will por su nombre y éste volteó en seguida, por un segundo su rostro reflejó confusión sus ojos se pasearon del intruso al doctor, levantó las cejas cuestionando a Hannibal, el cómo ese sujeto había llegado hasta ahí, el doctor movió casi imperceptiblemente los hombros disculpándose implícitamente como si no tuviera ningún control sobre lo que pasaba.
Para Will la lectura de la situación era fácil, Lecter le había traído la cena alta en proteínas, pero la carne aún tenía pulso. El hombre parecía excitado, era corpulento y con seguridad había estado en situaciones similares. Sería un reto digno de Hannibal, por supuesto requeriría bastante esfuerzo someterlo, en casos anteriores Hannibal había buscado hombres menos peligrosos para su recolección de órganos, el hecho del cambio para ese día era sin duda el trabajo en equipo, ¿en verdad Hannibal deseaba tan desesperadamente que él matara? La respuesta era obvia.
—Sal— ordenó el asaltante y Will obedeció, abrió la puertecilla de cristal y expuso su desnudez, intentó caminar hacia delante para tomar una toalla pero el hombre le advirtió que no se moviera clavando más el cañón del arma sobre la sien del doctor, Will se movió un poco más desafiando la amenaza, mostrando ante él que la vida del hombre al que amenazaba no le interesaba en lo absoluto, y con esa misma calma levantó el brazo y tomó la toalla blanca para enredarla sobre su cadera, Hannibal sonrió levantando apenas las comisuras de sus labios, Will respondía al juego, porque eso era, cada día era un juego de manipulación mental entre ambos.
El asaltante no toleraría ningún desafío, golpeó con fuerza la nuca del doctor haciéndole perder la estabilidad y chocar contra el lavabo, algunas cosas cayeron al piso, lo golpeó nuevamente con el arma ahora en la sien dejando un corte del que comenzó a brotar sangre, sacó de su chaqueta unas esposas y con Hannibal sangrando y aparentemente aturdido le ató las manos por la espalda y lo sentó sobre el suelo.
—Bien, bien, así que no te importa nada éste bastardo— musitó el hombre ya que Will no se había movido en absoluto, y tampoco había hecho ninguna exclamación — ¿qué haré entonces con ustedes par de maricas?
—Toma el dinero y vete— dijo Will al fin, como una recomendación.
—No, creo que me divertiré un poco más, acércate, ¡ahora!, ven aquí, despacio.
Will caminó, ahora el hombre le apuntaba, Hannibal parecía disfrutar la escena, cuando Will lo miró le indicó con los ojos la erección del hombre, la cual notó cuando lo esposó, fue obvia la excitación del intruso cuando vio a Will en la ducha, Graham lo miró y regresó su vista a Hannibal, quien lo miraba expectante, parecía preguntarle ¿hasta dónde llegarás antes de matar?, era una prueba, un examen práctico de supervivencia. Entre Hannibal y Will eso era lo realmente excitante las posibilidades que resultan de una acción, el efecto apabullante de un acto deliberado, como un colosal dominó que cae ficha por ficha al infinito.
El hombre colocó el arma en la frente de Will y le ordenó ponerse de rodillas, entonces Will se convirtió en lo que él esperaba, asumió el papel de la víctima y se arrodilló con suavidad provocándolo, pensando en todo lo que había a su alrededor para escapar del momento.
—Lámela— gruñó el hombre colocando el cañón de la pistola en los labios de Will, él se negó y recibió un golpe que lo derribó sobre las lustrosas baldosas —¡he dicho que lo lamas!— gritó empujando el arma entre los labios de Will al tiempo que con su otra mano apretó sus testículos sobre la toalla con fuerza, Will dio un ligero quejido, entonces Hannibal desde el piso pateó la cabeza del asaltante con la suficiente fuerza para aturdirlo mientras el ex agente alcanzó a tomar un cepillo de dientes que había caído al piso y lo clavó en uno de los ojos negros del sujeto, éste dio un alarido, la sangre brotaba rápidamente por su cara y sobre la de Will, por la sorpresa el arma había caído de las toscas manos, Will estaba por tomarla pero el hombre lo abofeteó con todas su fuerzas haciéndolo chocar contra el cristal de la regadera el cual cedió al golpe y se rompió en pedazos, Graham quedó inconsciente sobre el vidrio roto, el intruso sacó con cuidado el mango del cepillo dentro de su ojo, la sangre brotó copiosamente pero aún conservaba el ojo, el cepillo sólo había atravesado el parpado sobre la cavidad ocular; enfurecido sacó de su calzado una navaja esperaba degollar a Will pero el sonido del seguro de su arma sobre su cabeza lo detuvo.
Cuando Will despertó estaba sobre la cama, bocabajo, aún con la toalla alrededor de su cadera, el cabello mojado y el metálico aroma de la sangre, a un lado de él y curando su espalda estaba Hannibal, llevaba la misma ropa pero se había quitado el abrigo y el saco.
—Sólo pondré un vendolete más, las heridas no son muy profundas, pero no quiero que te causen problemas— le dijo con su usual tono apacible.
—¿Qué hay de él?
—En el cuarto de baño aún.
—¿Vive?
—No por mucho, espero. Debes verlo, le agradas.
Will se incorporó, evitó tomar en cuenta la última frase y se dirigió al baño. Ahí sentado sobre la tapa del retrete estaba el hombre, su torso desnudo mostraba más tatuajes y su figura atlética, tenía los brazos extendidos amarrados a un tubo cromado, Hannibal había utilizado el toallero para inmovilizar al ladrón, la sangre había dejado de brotar de su ojo y parecía calmado, por un momento pensó que estaba dormido, pero cuando se acercó hasta pararse frente a él se dio cuenta que estaba drogado.
—¿Qué debemos hacer?— preguntó el psiquiatra colocándose detrás de Will
—Entregarlo a la policía.
—Pero ahora sabe quiénes somos.
—Se lo dijiste
—Sí
—Entonces sabes lo que hay que hacer— dijo Will dispuesto a salir del espacio, pero Hannibal lo detuvo poniendo su mano derecha sobre la de Will, con la izquierda pasó por delante suyo un bisturí hasta su mano derecha, Will lo sostuvo, pero deseaba dejarlo caer al piso y lo hubiera hecho de no ser porque la mano de Hannibal aun sostenía la suya presionando sus dedos para que lo sostuviera adecuadamente, cómo si le mostrara a un niño a sostener un pincel.
—No— fue el monosílabo que Will balbuceo. Apenas un no, que era todo menos rotundo y el psiquiatra lo sabía, sólo debía presionarlo un poco más, con suavidad, quería que fuera Will quien tomara la iniciativa.
—Dime Tom, ¿no es Will atractivo?— Hannibal se dirigió al hombre desde su posición detrás de Will casi hablando a su oído, al parecer había tenido tiempo para cuestionar al hombre después de que Will había perdido la conciencia.
—Sí— asintió Tom, con una sonrisa socarrona y hueca, a Will le recordaba a Mason Verger.
—¿No le darías tu corazón?
Hannibal movió el bisturí y la mano de Will hasta el punto medio del pecho de Tom.
—Le daría mi verga— dijo rompiendo a reír nuevamente.
—El corazón será suficiente— mencionó Hannibal y aprovechó una mueca de desprecio por parte de Will y hundió el instrumento filoso sobre el pecho de Tom. El una vez perfilista del FBI, sintió ceder las capas de piel y carne del pecho del hombre bajo el filo del bisturí, Hannibal lo guiaba, su pulso era preciso, casi perfecto, cortaba lento y profundo, poco a poco Will se dejo llevar por la exquisita sensación de poder al ver brotar la sangre, Lecter por su parte disfrutaba ver despertar en Will ese asesino, era como una extensión de sí mismo y lo llevaba a un éxtasis único, colocó su mano izquierda sobre el vientre de Will recorriendo suavemente con su pulgar la cicatriz que le había dejado años atrás, los bordes irregulares, la piel suave y sobre todo su calor. En ese momento Will estaba perdido en las sensaciones de su mente al despertar de la pasividad de la realidad construida desde niño, veía el palpitar del corazón arrojar la sangre fuera del cuerpo que aún respiraba y era ajeno al dolor; las manos de Hannibal que lo guiaban y lo sostenían le provocaban adentrarse más en la psique de Lecter, y eso era más adictivo que cualquier droga, lo había probado el día que asesinaron al Gran Dragón Rojo, y tal vez de haber sobrevivido únicamente él al impetuoso mar se habría vuelto loco de abstinencia, de no poder volver a estar cerca de Hannibal, ni de su fatídica manipulación.
Dos cortes más al pecho de Thom y Hannibal retiró el bisturí de sus manos, Will parpadeó con calma, cerró los ojos y al abrirlos encajó de lleno la mano en la herida del pecho musculoso, palpó el corazón aún latiente entre las costillas y lo aprisionó provocando un sonoro quejido del ladrón, y entonces lo arrancó, lo tomó de dentro de ese pecho caliente que parecía dar sus últimos suspiros y lo sacó ayudado de su otra mano, la sangre roja y espesa salió a borbotones de las arterias llenando su cuerpo y las manos de Lecter que estaban en su torso, Will observó el palpitar convulso del corazón fuera del cuerpo y lo puso contra su mejilla, como una caracola de mar, como si deseara escuchar los secretos de aquel hombre que moría con los ojos abiertos y el cuerpo rígido. Hannibal miró con placer el acto salvaje y pasional de su pupilo, sintió llenar su nariz con el dulce aroma que emanaba Will en ese momento, pegó sus labios al cuello de Will, ¡como deseaba probarlo ahora!, masticar la piel fragante, la carne blanda y caliente de su cuello; el ligero rocío de sudor se pegó a sus labios y los lamió, saboreando el néctar más dulce que jamás conocería.
Amaba a Will como nunca pudo amar a nada ni a nadie, ni siquiera antes de completar su venganza con aquellos que le arrebataron a su hermana, la pequeña Mischa, el sólo recuerdo de la hermosa Lady Murasaki, su primer amor, era eclipsado por la obsesión que Will le provocaba.
Giró a Will para verlo a la cara, parecía perdido con la sangre escurriendo por su rostro, su cuello y su pecho, tenía los ojos cerrados en el paroxismo del placer.
—Así es como se siente tener el poder Will, es como ser…
—Dios — completó la oración y Hannibal sonrió tomándolo del cuello con ambas manos manchadas con la sangre que comenzaba a secarse. Will lo miró a los ojos, lo que vio fue complacencia, excitación, deseo, era la imagen de la victoria, podía verse reflejado en esos ojos de un café rojizo y por un momento vio en esas pupilas el ojo de cuerpos del granero, su mente se fue perdiendo en la córnea como si fuera cayendo dentro de ese pozo negro de sus pupilas, y de pronto ya no era el ojo de Hannibal eran cuerpos, aquellos cuerpos dispuestos para dar la apariencia de un ojo que comenzaron a moverse, no era un mural estático, estaba vivo, los cuerpos se restregaban unos con otros en una interminable orgía sexual.
El doctor lo llevó con cuidado hasta la regadera donde ya no había rastro de los cristales rotos, el agua cayó sobre sus cuerpos, no le importó mojar su traje o los zapatos, nada de ello importaba ahora, Will seguía en su letargo, con cuidado quitó el corazón de sus manos, lo depositó en el lavabo y regresó a lavar el cuerpo de Will, el agua sanguinolenta comenzaba a acumularse a sus pies, Hannibal deslizaba sus manos por el cuerpo masculino y delineado de Will hasta que llegó a la toalla que aún portaba y la quitó de su cadera, quería comprobar que Will no mentía, que había sentido el placer de arrancar la vida de un hombre, y no lo defraudó, el ex agente tenía una erección.
Hannibal la tomó con su mano y comenzó a masturbarlo con energía, esa sería su recompensa, un reforzamiento positivo a su comportamiento, Will comenzó a respirar entrecortadamente y se aferró a la espalda de su mentor, aquello era demasiado, sintió su cuerpo explotar en la mano del doctor con apenas un gruñido, no hubo besos, no eran necesarios, como tampoco las palabras. Todo lo incorrecto, lo impuro, lo enfermo era parte de Will ahora, por un momento sintió asco de sí mismo pero la mano de Hannibal sobre su cabeza resguardándolo en su pecho le nubló la mente, imaginaba que las nubes de vapor que cubrían ahora el cuarto de baño eran rojas y los envolvían a ambos hasta que desaparecían dentro de ella.
