Love Line
Por Katou Yuu
ADVERTENCIAS: yaoi, yullen, gritos y sombrerazos.
DISCLAIMER: D. Gray –man pertenece a Katsura Hoshino
Kanda tardó demasiado en decidir ir por él, no le quedó más remedio que tomar el tren e ir a Soho. Buscó la dirección del moyashi, la había anotado en su móvil antes de salir por si eso sucedía. Tardó más de una hora en encontrar el lugar.
Era un edificio pequeño, se veía descuidado y por dentro lo era mucho más. Subió hasta el apartamento de Allen y tocó la puerta. En cuanto Allen abrió y lo vio, se la cerró en la cara.
- ¡Déjame! te di lo que querías ¡DEJAME!
- ¡¿Quién te dijo que quería eso?!
- ¡Tú lo dijiste! ¡Me lo pediste a gritos!
- pues ya no quiero - dijo Kanda abriendo con forcejeos. Allen trataba de empujar para que no pasara.
- ¡ME GUSTAS! – grito Kanda
Allen dejó de hacer fuerza en la puerta y el momento de confusión se aprovechó, dio un paso atrás y Kanda cerró la puerta tras de sí sin perder mucho tiempo.
- ¡Por qué lo dices ahora? - dijo casi en un susurro - Tú querías que te rechazara ¡¿Por qué me sales con esto?! – Allen no podía controlar sus emociones y se encontró a sí mismo derramando lágrimas que trataba de limpiar con brusquedad.
Kanda trató de acercarse pero él retrocedió, estaba atento a sus movimientos.
- Me sacas de quicio Moyashi, me haces comportarme como un idiota.
- Lo eres.
- Pero eso no cambia el hecho de que me gustes, tú, el estúpido Moyashi.
- ¿Te estás declarando o me estás insultando? - dijo con el ceño fruncido tratando de controlar la manera en que latía su corazón.
- Tómalo como quieras.
Kanda dejó escapar un suspiro y ahora veía con claridad del desastroso apartamento; algunas botellas regadas a los lados que debían ser del padre del Moyashi junto a algunos vidrios rotos, parecía que todo estaba intacto desde el día que ocurrió aquel incidente fácilmente podía recrear los hechos con la escena y un poco de imaginación.
- Eres un imbécil… pero tú también me gustas - su tono de voz fue bajando hasta la última palabra, su cara estaba roja, le ardía y no sabía si era por el coraje o la vergüenza y nervios que sentía al decir eso.
- ¿Como quién?
- ¡aggg te odio! - dijo Allen desesperado, se dio la vuelta tratando de ir a su habitación.
Kanda lo tomó de la mano derecha y lo hizo volver. Poco a poco, como si tuviera miedo de lastimarlo, tomó su rostro con su mano libre. Tragó saliva, ya estaba agonizando sólo con sentir el aliento de Allen en sus labios. El moyashi acortó la distancia y lo besó. Había estado esperando todos los días desde el primer beso en el hospital, cada vez que Kanda lo curaba... no, cada vez que lo veía. No iba a esperar más.
Pasó los brazos por su cuello, tanto como los clavos se lo permitieron.
Kanda lo besaba con todas las ansias acumuladas. En algún punto, Allen comenzó a gustarle físicamente. Su piel blanca, su estúpida sonrisa o sus ojos grises ahora le parecían muy atrayentes. Kanda puso las manos sobre la cintura de Allen y poco a poco fue bajando hasta encontrar la orilla de la camiseta y meter sus manos debajo. Su entrepierna comenzaba a levantarse.
Allen dejó que su cuerpo se encontrara con el de Kanda, respiraba entrecortadamente sintiendo que su temperatura subía poco a poco y que las manos del otro le acariciaban la espalda con suavidad.
De pronto sintió algo extraño rozando su cuerpo y terminó separándose de Kanda por reflejo.
- ¡K-Kanda!
- Tsk... - Kanda desvió la mirada, le apenaba que su cuerpo lo hubiera traicionado mostrando más de lo que podía admitir.
Allen tartamudeaba señalando lo evidente.
- es tu culpa.
- ¿Q-qué? además ¿estabas pensando en hacer..."eso"? - dijo con dificultad aunque si no le hubiera prestado tanta atención se hubiera dejado llevar.
- ¿Y qué si así fuera? – dijo Kanda mirándole a los ojos por un momento y desviando la mirada con discreción. Daba igual lo que dijera, Allen lo había sentido.
Las mejillas de Allen se pusieron aún más rojas
- Como si lo fuera a hacer en un lugar como este y más si está hecho un asco – dijo moviéndose por la sala para evitar que se notara su sonrojo y para que Allen no pudiera ver su entrepierna.
- ¿Dónde queda el baño? – fue lo único que pudo preguntar. Sabía que no podía forzar a Allen a hacer algo como eso ahora. Ni siquiera habían hablado a consciencia de o que sentían y era impensable realizar un movimiento con sus condiciones de salud.
Allen le señaló el baño y se metió en él. Respiró un poco y se mojó la cara. Se había dejado llevar. Vergüenza tras vergüenza. Y pensar que hace unos meses se la pasaba recordándole al moyashi que ninguna chica se fijaría en él, ahora estaba tratando de bajar una erección que le había causado.
Allen se quedó quieto en la sala. Recién se estaba convenciendo de que un chico le gustaba, de que KANDA LE GUSTABA... sí... y ahora incluso lo había sentido... así.
Comenzó a ordenar lo que pudo del departamento. Ya estaba ahí, se quedaría. Las cosas no cambiaban a pesar de que ya hubiera aclarado las cosas con Kanda. Estaba contento. Mientras ordenaba notó que sonreía como idiota, pero no podía perder de vista que, por mucho tiempo que su padre estuviera detenido, volvería y él, tenía que irse de Londres.
Kanda salió justo a tiempo para ayudarle a voltear el sillón.
- Deja eso, yo lo hago - dijo cuando trató de levantar unas sillas, una de ellas estaba rota y se dio cuenta que había sangre en la alfombra.
Realmente parecía la escena de un crimen, nunca había visitado una pero no distaba mucho de las presentadas en series policiales. Allen hacia el esfuerzo de levantar algunas cosas pequeñas que estaban regadas en el suelo, Kanda tuvo cuidado de no pisar los vidrios.
- Sé que el lugar es horrible, tampoco se veía mejor antes de esto.
Kanda no respondió solo apretó con fuerza la silla. Sólo de pensar en lo terrible y brutal del suceso se llenaba de ira, Allen vio que Kanda tenía la mirada fija en cierto punto.
- Ah, ya se secó, será difícil sacar la mancha de la alfombra - dijo quitándole importancia.
Kanda se mordió el labio y siguió levantando los objetos.
Allen prefería no darle mucha importancia a lo que había ocurrido, no quería autocompadecerse ni tampoco hacerse la víctima, había propiciado lo que ocurrió ese día y ya no había vuelta atrás, tampoco quería que Kanda sintiera lastima por él.
Se estaba haciendo algo tarde y Kanda ya le había ayudado más que suficiente con la limpieza.
- Se hace tarde puedes volver a casa si quieres...
- Me quedaré contigo si es que no piensas regresar - dijo Kanda - no voy a darte tiempo para que escapes.
Allen suspiró, no sabía si había intuido sus intenciones o si se refería a escapar de él.
- Sabes que si Cross sale tendré que irme
- Podrías quedarte en mi casa.
- He vivido con él toda la vida, no podría atreverme a mezclarte en este asunto, mucho menos que sepa dónde estás - Allen se sentó en el sofá, estaba cansado, no había levantado casi nada pero los moretones en su cuerpo le dolían cada vez que se agachaba.
- Quiero ayudarte.
- Quédate si quieres, pero no hay mucho. - dijo Allen evitando mirarlo - o mejor vuelve a casa, este lugar es un asco, mi habitación ya estaba horrible antes - rió un poco - no deberías estar en un lugar así.
- me quedo.
Revisaron el refrigerador. Kanda llamó a su padre y le dijo que la cena estaba a medio cocinar y que se quedaría en casa de Allen. Tiedoll le dijo con gravedad que si ocurría algo lo llamara de inmediato y que esperaba que esa fuera la última vez que se largara de casa como un loco.
Ayudó a Allen a cambiar las sábanas de la cama, pero como solo había un juego, las metieron a la lavadora. Allen estaba que se moría de la vergüenza, en comparación a la linda casa de Kanda, la suya era un basurero. Mientras esperaban que la secadora terminara, se recostó en el colchón, todo le dolía, se le había pasado la hora de tomar sus analgésicos y comenzaba a resentir que la noche sería infernal. Kanda se subió a la cama y lo besó.
¿Qué mejor analgésico que ese? pensó por un momento ya que su cerebro se había olvidado del dolor que comenzaba a hacerse presente, Kanda tenía los ojos cerrados, le besó nuevamente y se retiró con cuidado de no lastimarle.
- Sabes... no tengo una colchoneta o algo donde puedas quedarte, puedes usar la cama de la otra habitación si deseas.
- ¿La cama de tu padre? no gracias - dijo con sorna - Esta basta y sobra para ambos - Allen se sonrojó, no era su intención que durmieran juntos pero parecía que Kanda no se echaría para atrás.
Escucharon la secadora detenerse y Allen fue a buscar las sabanas, las colocaron rápidamente. Al menos olía a limpio. Kanda le dejó colocarse contra la pared mientras él se quedaba cerca del borde manteniendo una posición para no aplastarlo.
- Te dije que sería incómodo - dijo por lo cerca que estaban sus cuerpos.
- Tendré cuidado ¿te duele? olvidé agarrar alguna de tus medicinas.
- Estoy bien, no moriré por una noche que no los tenga - se mordió el labio, podría soportarlo.
Se durmió sintiendo el calor del cuerpo de Kanda cerca del suyo.
Kanda no podía dormir, sentía el corazón salirse. Hubiera preferido besarlo toda la noche a sus anchas, pero si hubieran vuelto a su casa, no podían dormir juntos.
A pesar de que todo acababa de empezar, veía amenazarlos la huida de Allen para no enfrentarse a su padre. Ese viejo siempre cagando todo. Recordaba cuando lo odiaba por interrumpir las conversaciones y ahora lo quería matar por haberle hecho todo eso al moyashi.
Entrada la noche, Allen comenzó a moverse y a pujar por el dolor en su brazo. Kanda decidió salir de la cama para dejar que se acostara bien, lo tapó con las cobijas y se sentó en una silla abrochándose el abrigo.
Miró la habitación de Allen a la luz de la calle, era pequeña, todo en su lugar. Se paseó y miró. No había mucho que decir, la mayoría de los libros que tenía eran de la escuela y había algunas baratijas en una repisa. Las miró y encontró el collar de una mascota "Timcampy" decía. Recordó al gato de la fotografía en su celular, tal vez ya había muerto. Allen se movió encogiendo el brazo. Se dio cuenta que debió obligarlo a volver a su casa, ahora no estaría sufriendo por la falta de analgésicos.
La ropa de Allen estaba guardada en un ropero que se veía antiguo, en cuanto lo abrió salió el aroma del moyashi, al parecer ese olor que le gustaba provenía del suavizante de telas y tal vez del shampoo. Aunque siempre había algo más.
Kanda recordó que Allen siempre ponía esa sonrisa de bobo sin importar lo que sucediera. Si hubiera hablado de sus problemas, no habría tenido que pasar por el hospital. ¿A dónde iría solo? Por supuesto, sabía cuidarse muy bien, pero después de lo que había pasado no merecía tener que preocuparse. Se quedó dormido en la silla tratando de pensar cómo ayudarlo.
NOTAS:
Hay mucho por hacer y poco tiempo, pero este fic terminará sin duda. Espero que el capítulo les haya gustado y que aunque estemos llegando al final continúen con energías para ver el fin. Para las niñas violentas, respiren, mediten, acomoden su energía, lo que gusten.
Me voy a morir por ahí. Gracias por todo.
