¡Disculpen la tardanza!
El sábado no alcancé a actualizar este fic, aunque mis otros dos si u.u tuve que salir de la ciudad, fui a visitar a mis abuelos n.n
Bueno les dejo el nuevo cap, espero que les guste!
Nos leemos al final del cap :D
Disclaimer: SnK y todos sus personajes no me pertenecen. son obra de su respectivo autor. Y debo decir que la historia tampoco, es una adaptación de mi libro favorito para con mi OTP Riren.
Advertencias: Riren, AU, Lemon (posiblemente)
..•.¸¸•´¯`•.¸¸.ஐ Capítulo 2 ஐ..•.¸¸•´¯`•.¸¸.
Después de Trost, la existencia de Eren - tardó dos años en saber su nombre - había llamado a Levi como una voz perdida en medio de un gran silencio. Mientras yacía recostado y moribundo en una de las camillas del campamento de la Legión, soñó una y otra vez que el muchacho enemigo se arrodillaba junto a él, sonriendo. Cada vez que despertaba descubría su ausencia, y encontraba los rostros de sus familiares y amigos, que parecían menos reales que el fantasma que lo obsesionaba.
Durante su ensoñación podía escuchar la pelea que Isabel tenía con el médico a cargo, pues éste le decía que tendrían que cortar el brazo derecho de Levi. El ni se inmutó al saber las intenciones del médico, su mente viajaba nuevamente a esa playa cubierta por la bruma, a unos ojos verdes aguamarina.
Se había entrenado para soportar las marcas del diablo, pero no aquello. Se sintió indefenso a esa nueva sensación que aquella hermosa quimera le había despertado en su interior.
Y por supuesto, era un secreto. No se lo contó a nadie, ni siquiera a sus hermanos Isabel y Farlan.
Farlan se acercó a él con las herramientas de tatuar para señalar las manos de Levi con los enemigos caídos.
- ¿Cuántos? - preguntó su hermano al momento que calentaba la aguja para esterilizarla.
Levi había masacrado a ocho quimeras en la playa de Trost, incluida la bestia que lo había derribado. Ocho nuevas líneas llenarían su mano derecha, que gracias a Isabel, aun mantenía unida a su cuerpo. El brazo descansaba junto a él, pues debido a que en la operación tuvieron que unir muchos músculos y ligamentos tardaría mucho en sanar.
Cuando sintió la mano de Farlan tomar la suya se la arrebató en un rápido movimiento, provocándole un fuerte dolor. Al ver la aguja ya preparada sólo pudo pensar en ese chico enemigo y en cómo acabaría siendo una línea en uno de los dedos de alguno de sus compañeros. Ese pensamiento era insoportable para el azabache.
- Ninguno - dijo con los dientes apretados aguantando el dolor de su brazo.
- Claro que sí, yo estaba junto a ti, vi como derribaste a al menos cinco de ellos.
Sin embargo, Levi no quería llevar esas líneas en sus nudillos y Farlan se marchó.
Después de que Farlan saliera del su cuarto, una idea llegó a su mente, cuando viera a el chico quimérico, podría decirle que no había utilizado la vida que él le regaló para matar a más de los suyos.
Que volviera a verlo era totalmente improbable, pero esa idea nunca dejó su cabeza. Comenzó a sentirse cómodo con aquella idea y esta se transformó de fantasía descabellada a esperanza, una esperanza que le mantenía vivo, encontrar a ese chico y darle las gracias.
Era suficiente para mantenerlo vivo.
Los médicos lo enviaron de vuelta a Rose para que lo atendieran los sanadores.
Los sanadores de Rose dejaron de administrarle los medicamentos y lo obligaron a utilizar el brazo, un esclavo quimérico se encargaba de estirarle los músculos para mantenerlos flexibles y Levi recibió la orden de acudir al campo de prácticas para ejercitar su brazo izquierdo en el manejo de la espada, en caso de que la derecha no recuperara su total movilidad.
Increíblemente, se recuperó, aunque nunca dejó de tener dolor y en pocos meses era un mejor espadachín que antes. Encargó al armero un juego de espadas gemelas y no tardó en dominar el campo de prácticas. Luchaba con ambas manos y atraía multitudes al campo de prácticas, incluido el mismo emperador.
- ¿Uno de los míos? - preguntó Erwin evaluándolo.
Levi nunca había estado en presencia de su padre. Los bastardos de Erwin eran una legión y no podía conocer a todos.
Al igual que su media hermana Isabel y su medio hermano Farlan, eran hijos del harén, descendientes del emperador seráfico, cuyo pasatiempo era engendrar bastardos para luchar en la guerra. Su "padre" -pronunciaba aquella palabra con los dientes apretados- visitaba cada noche a una concubina diferente, mujeres ofrecidas como tributo o elegidas cuando atraían su mirada. Sus secretarios mantenían al día un listado de su progenie dividido en dos columnas: chicos y chicas. Siempre se estaban agregando nombres y a medida que los niños crecían y perecían en el campo de batalla, desaparecían de aquella lista sin ninguna ceremonia.
Isabel, Farlan y Levi fueron añadidos el mismo mes. Habían crecido juntos, rodeados de mujeres, y a los cinco años fueron entregados para iniciar su instrucción. Habían logrado permanecer unidos desde entonces, luchando siempre en los mismos regimientos.
- Sí, mi señor - contestó Levi con una reverencia.
- Mírame - ordenó el emperador.
Levi obedeció y plantó su mirada en la de esos ojos azules que le miraban intensamente.
- Recuerdo a tu madre, son sus ojos, ella también me miraba de la misma forma, tan fría y con gran odio muy bien oculto.
Levi parpadeó, no se había esperado eso, muy aparte de que hubiera descubierto su odio hacia él, fue la mención de su madre la lo sorprendió.
- Pero bueno, eso siempre lo puedes esperar de los Lance, una tribu casi tan malvada como las bestias. Ten cuidado soldado, que no se revele en ti la sangre de tus antepasados.
Y se marchó, dejando a Levi con su creciente dolor en el hombro y una cuestión que investigar, ¿qué sangre?
¿Cómo era posible que el rey haya tenido una concubina de la tribu Lance? Hasta él sabía que el rey no mantenía discusiones diplomáticas con ellos, serafines renegados que nunca habían entregado a sus mujeres.
Pero si aquello era cierto, había una gran posibilidad de que tuviera conexión con la magia, pues era bien sabido que los primeros magos en Sina habían sido Lance y se rumoreaba que aún practicaban un extraño nivel de magia, a pesar de que la magia había sido erradicada de Sina y sólo muy pocos aún la poseían.
De esa manera, al estar en la guardia donde los magos practicaban sus hechizos, descubrió lo que era el diezmo de dolor: para obtener algo del universo debes dar algo a cambio, es una regla básica de la naturaleza, y para obtener magia el pago es algo muy elevado, algo que no entregarías fácilmente: dolor. Y gracias a la herida en su hombro, contaba con una constante reserva a recurrir. Observando a los magos aprendió los trucos mas básicos, empezando con el control de la voluntad.
Le resultaba sencillo, así que continuó hasta alcanzar los límites de la magia que poseían, trucos muy simples, ilusiones. Superó a aquellos magos y en comparación él no tenía que dañarse a sí mismo pues contaba con su propia fuente de dolor. Pero el que haya superado a los magos no fue por el dolor, fue por su motivación.
La idea que se había transformado de algo inimaginable en una esperanza -ver de nuevo al chico quimérico- era ahora un plan.
Su plan constaba de dos partes. La primera: perfeccionar un hechizo que le ayudara a ocultar sus alas, grandes alas de plumas incendiadas, irradiaban tanta luz y calor por el fuego que las rodeaba, obviamente necesitaba esconderlas. Pasó meses practicando, después de incesantes pruebas y repeticiones, lo logró. Consiguió la invisibilidad.
La segunda parte era el idioma. Para dominar la lengua quimérica, se colocaba encima del tejado del cuartel de los tejados, escuchando las historias que contaban a la luz de una fogata. Aquellas historias eran tan hermosas, y al escucharlas no pudo evitar imaginar a su chico quimérico sentado frente a una hoguera contando las mismas historias.
"Su" chico quimérico. Se sorprendió pensando en él como suyo, y ni siquiera le resultó extraño.
Cuando fue enviado de vuelta a la bahía de Trost, sintió que debió haber practicado más su acento quimérico.
Pero básicamente ya estaba preparado para el siguiente paso...
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Eren estaba recostado en uno de los tejados de la Fortaleza con sus alas desplegadas como si hubiera caído del cielo. Estaba escondido, aunque si alguien se lo echara en cara obviamente lo negaría. Pudo escuchar todo el bullicio que había en la ciudad -preparativos, agitación, emoción-. Banquetes, instrumentos musicales, un simulacro de fuegos artificiales.
El también debería estar preparándose, aún vestía sus ropas de soldado, para nada un atuendo digno de la fiesta que se celebraría en la ciudad esa noche, y por supuesto, no era nada presentable para lo que sucedería. Sus cuchillos cuya forma homenajeaba a las lunas hermanas, descansaban en sus muslos.
Ahí, recostado sobre el tejado de forma relajada, incluso sin fuerzas, pero dentro de él sentía un retortijón en su estómago y sus puños estaban apretados.
La luna tampoco ayudaba. Aunque el sol brillaba en el cielo, Nitid ya había aparecido, como si Eren necesitara alguna señal. Nitid era la luna brillante, la hermana mayor y entre los Jaegar existía la creencia de cuando Nitid se alzaba temprano es porque algo iba a suceder. Definitivamente algo sucedería esa noche, pero era decisión de Eren.
Dependía de él.
De pronto una gran figura aterrizó a su lado. Tenía grandes alas de murciélago como las de Eren, rostro y torso humano, su cabellera era rubia y sus brazos y piernas de lince.
- Aquí estas - dijo el recién llegado -. Escondido.
- No estoy... - comenzó a negarlo pero se detuvo y se sentó -. ¿Qué haces aquí Reiner? - dijo viéndolo hacia arriba
- ¿Pues qué crees tú? Vine a buscarte, tienes que prepararte - dijo empezando a patear ligeramente las pezuñas de Eren.
- ¿Prepararme? ¿Para qué?
- No te hagas el desentendido, tienes que prepararte para la fiesta de cumpleaños de la hija del caudillo.
Eren bajó su rostro.
- ...Annie.
- Así es y no me digas que has olvidado lo que sucederá esta noche.
¿Olvidarlo? Si la razón por la que estaba ahí escondido era eso precisamente. Esa noche prácticamente se comprometería con Annie. Eren era hermoso, mucho, además de ser buen soldado y sobretodo, era aprendiz de Mikasa, la resucitadora. Era un excelente partido y nadie se lo quitaría a la hija del caudillo que siempre obtenía lo que quería.
- Vamos, rápido - dijo Reiner dando otra ligera patada a la pezuña de Eren.
Eren vaciló, volteó su rostro y buscó con la mirada a Nitid.
"Nitid, dime, ¿qué es lo que pasará esta noche?" pensó el ojiverde. Después de unos segundos se levantó.
- Vamos Reiner - dijo y ambos desplegaron sus alas y volaron.
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O: lo siento, el reencuentro tendrá que esperar hasta el siguiente capítulo S:
Muchas gracias por sus favs, sus follows y sobretodo sus reviews, no se preocupen estaré actualizando cada semana, este llegó tarde pero ya les explique la razón, regresaré el sábado con el siguiente cap.
Por favor déjenme un review con sus comentarios :D
Hasta el sábado!
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*: (=' :') :* .¸¸.• Hana
•.. (,(")(")¤°.¸¸.•´¯`» Usagi
