Lo seeee, mil años sin actualizar, peroooo luego me disculpo que sólo me quedan cinco minutos en el ciber D:

Lo haré rápido sólo se copi-pastea xD

Disclaimer: blabla los personajes no son míos blabla la historia tampoco xD

Advertencias: Riren/AU/OoC/Lemon

..•.¸¸•´¯`•.¸¸.ஐ Capítulo 5 ஐ..•.¸¸•´¯`•.¸¸.

- Mi señora.

Eren notó la garganta seca y sus palabras sonaron ásperas, como un susurro gutural.

Reiner y Christa se apresuraron a colocarse detrás de él, y Annie esbozó una sonrisa lobuna, con las puntas de los colmillos visibles entre sus carnosos labios rojos. Su mirada era descarada y no se dirigía a los ojos de Eren, sino más abajo, sin ningún esfuerzo por resultar sutil. Eren notó que la piel comenzaba a arderle al tiempo que el corazón se le enfriaba, y se inclinó en una reverencia. Deseó no tener que levantarse y enfrentarse a los ojos de Annie jamás, pero debía hacerlo.

- Estás... hermoso - dijo ella.

No habría sido necesario que Eren se preocupara por toparse con sus ojos. Si él no hubiera tenido cabeza, ella no se habría dado ni cuenta.

- Gracias - respondió luchando contra aquel impulso. Lo esperado era que devolviera el cumplido, así que dijo simplemente -. Igual que usted.

Ella levantó los ojos con expresión emocionada.

- ¿Yo estoy hermosa?

Él inclinó la cabeza.

- Como una loba en invierno, mi señora.

Su respuesta agradó a Annie. Parecía relajada, casi perezosa, y tenía los párpados pesados. Eren apreció que estaba completamente segura de conseguirlo. No iba buscando un gesto; no albergaba ni la más mínima duda. Annie conseguía lo que quería. Siempre.

¿Lo haría también esa noche?

Sonó una nueva melodía, y ella ladeó la cabeza tratando de reconocerla.

- Una emberlina - dijo -. ¿Señor?

Pidió por el brazo de Eren, que se quedó inmóvil como un animal acorralado. Si tomaba aquel brazo, ¿significaba que ya estaba hecho, que lo aceptaba? Pero rechazarlo sería el mayor de los desaires; la avergonzaría, y nadie avergonzaba a la Loba Blanca.

Era una invitación a bailar; sin embargo, la sentía como una trampa; Eren permaneció quieto demasiado tiempo. En ese intervalo, la mirada de Annie se agudizó. Su letargo indulgente desapareció para ser sustituido por…, no estaba seguro. El nuevo sentimiento no pudo tomar forma. Incredulidad, quizá, que habría dado paso a una furia fría como el hielo de no ser por Christa, que, presa del pánico, puso su mano en la espalda de Eren y lo empujó.

Propulsado de ese modo, Eren dio un paso, y ya no pudo echarse atrás. Sin embargo, no tomó el brazo de Annie, más bien colisionó con ella. Annie colocó su brazo bajo el de Eren, con gesto posesivo, y lo condujo hacia el baile. Y seguramente, como todo el mundo pensaba, hacia su futuro.

La agarró por la cintura, que era la postura correspondiente para la emberlina, en la que los hombres levantaban a las damas como ofrendas al cielo. Las manos de Eren rodeaban casi por completo su delgado talle. Y las zarpas de Annie sobre sus hombros. Eren sentía la punta de cada garra incluso sobre la ropa.

Intercambiaron algunas palabras -Eren tal vez se interesara por la salud del caudillo, y Annie debió de contestar, pero él habría sido incapaz de repetir lo que se dijeron-. Era como un envoltorio azucarado del que había escapado su mente.

¿Qué había hecho? ¿Qué era lo que acababa de hacer?

No podía engañarse pensando que aquello era fruto de un instante y del leve empujón de Christa. Él había permitido que lo vistieran de aquel modo; había acudido hasta allí; era consciente de lo que le esperaba. Tal vez no reconociera que sabía lo que estaba haciendo, pero por supuesto que lo intuía. Se había dejado llevar por la certeza de los demás. Había sentido una punzante satisfacción al ser elegido…, envidiado. Ahora se avergonzaba de ello, y del modo en que había acudido allí esa noche, dispuesto a interpretar el papel de novio y a aceptar a una mujer que no amaba.

Pero… él no la había aceptado, y pensó que no lo haría. Algo había cambiado.

Nada ha cambiado, se reprendió a sí mismo. De hecho, el amor es un elemento. La aparición del ángel, ¡el riesgo corrido!, todo aquello le asombraba, pero no cambiaba nada.

¿Y dónde estaba él ahora? En cada oportunidad que tenía, miraba a su alrededor, pero no vio ninguna máscara de león ni de tigre. Esperaba que se hubiera marchado y estuviera a salvo.

Annie, que hasta ese momento había parecido satisfecha con lo que sus manos tocaban, debió de sentir que no estaba monopolizando su atención. Al bajarla de uno de los saltos, se dejó resbalar a propósito para que el tuviera que sujetarla contra su cuerpo. De la impresión, las alas de Eren se abrieron espontáneamente, como velas desplegadas al viento.

- Mis disculpas, señor - dijo Annie, y él la descendió hasta que sus pies tocaron el suelo.

Eren notó la rígida superficie de aquel pecho contra el suyo. Tuvo que luchar contra el pánico que sentía para evitar escapar de sus brazos; sin embargo, le resultó difícil plegar de nuevo las alas, cuando lo que realmente
deseaba era remontar el vuelo.

- Ese traje te queda perfectamente bien - dijo la general -. Se amolda muy bien a tu cuerpo - dijo desvistiéndolo con la mirada.

Annie colocó su mano sobre el corazón de Eren, justo encima de su pecho, y él tembló. Estaba furioso por temblar.

- Mis disculpas, mi señora - replicó desembarazándose de la mano de Annie al dar un paso hacia atrás—. Pero ha llegado el momento de cambiar de pareja.

Nunca se había sentido tan contento de cambiar de pareja. En esa ocasión le tocó bailar con un toro-alce sin ninguna gracia que estuvo a punto de pisarle las
pezuñas más de una vez. Apenas se dio cuenta.

Una manera distinta de vivir, pensó, y aquellas palabras se superpusieron como un mantra a la melodía de la emberlina. Una manera distinta de vivir, una manera distinta de vivir.

Se preguntó dónde estaría en ese momento el ángel. La ansiedad lo invadió intensamente, llena de sabor, como el chocolate cuando se deshacía en su boca.

Antes de que se diera cuenta, el toro-alce la estaba devolviendo a Thiago, que la agarró con fuerza y la atrajo hacia su cuerpo.

- Os he echado de menos -dijo-. Cualquier otro caballero resulta vulgar a vuestro lado.

Le hablaba con tono sensual, claramente buscaba dar una imagen nada inocente; pero él solo podía pensar en lo burdas, en lo artificiales que sonaban aquellas palabras comparadas con las del ángel.

Dos veces lo entregó Annie a otras parejas, y otras dos regresó a sus brazos.
Cada vez resultaba más insoportable que la anterior, lo que lo hacía sentir como
un fugitivo devuelto a su hogar contra su voluntad.

Cuando, al ser entregado a la siguiente pareja, sintió la firme presión de unos guantes de cuero en sus dedos, se dejó arrastrar con una ligereza que se asemejaba a flotar. La amargura desapareció. Las manos del serafín envolvieron su cintura, sus pies abandonaron el suelo y Eren cerró los ojos, entregándose a la sensación.

Él ángel lo devolvió al suelo, pero no lo dejó marchar.

- Hola -susurró Eren feliz.

Feliz.

- Hola -contestó él, como un secreto compartido.

Eren sonrió al ver su nueva máscara. Era humana y resultaba cómica con sus grandes orejas y una roja nariz de borracho.

- Otra cara más -dijo ella-. ¿Sois un mago que hace aparecer máscaras?

- No es necesaria ninguna magia. Hay tantas máscaras para elegir como borrachos inconscientes.

- Bueno, esta es la que peor te sienta.

- No creas. En dos años pueden suceder muchas cosas.

Él rió recordando la belleza del ángel, y lo invadió el deseo de contemplar de nuevo su rostro.

- ¿Me dirías tu nombre? -preguntó él.

Él se lo dijo y el azabache lo repitió como un conjuro.

- Eren, Eren, Eren…

Qué extraño era, pensó Eren, sentirse dominado por aquella sensación de… satisfacción… con la simple presencia de un hombre cuyo nombre desconocía
y cuyo rostro no podía ver.

- ¿Y el tuyo? - preguntó.

- Levi.

- Levi.

Lo complacía decirlo. Tal vez fuera su propio nombre el que hacía referencia a la música, pero el de él era música. Al pronunciarlo sintió deseos de cantar, de asomarse a una ventana y llamarlo para que acudiera a casa. De susurrarlo en la oscuridad.

- Ya lo has hecho -dijo él-. Aceptarla.

- No, no la he aceptado -replicó él con actitud desafiante.

- ¿No? Pues te mira como si fueras de su propiedad.

Vio que Annie estaba bailando con Reiner, y que lo observaba por sobre los hombros de chacal de su hermano. Esperó hasta que el desarrollo del baile lo hiciera girar y darles la espalda para poder hablar con el ángel.

- No tiene importancia. No importa cuánto me vea, si no le doy el sí directamente no tiene porqué exigirme o hacerme algo - volvió a mirar hacia la Loba y sus ojos se encontraron con los de ella. Suspiró - Quisiera feo y gordo para que me dejara en paz.

Levi sonrió.

- Tal vez pueda ayudar.

De pronto, Eren sintió cosquillas en su cuello. Estiró una mano y tono un pequeño animalito entre sus dedos. Un colibrí-polilla. De pronto sintió otro y otro y otro más. Hasta tener su cuello y barbilla cubierta de aquellos animalillos.

- Ahí tienes. No eres gordo, pero nadie quisiera besar a un tipo con una barba tan desagradable.

Eren rió y se asombró de la extraña habilidad del azabache.

- ¡Eres un mago! - exclamó asombrado.

- No. Es solo un truco.

- Es magia.

- Reunir polillas no es una magia muy útil.

- ¿Que no es útil? Me has hecho desagradable para quien intente besarme.

Eren se sentía sobrecogido. La magia que le había mostrado Mikasa contenía poca fantasía. Esta era hermosa, tanto por su forma -las alas eran de docenas de colores crepusculares, y tan suaves como orejas de cordero-, como por su propósito.

- Me hacen cosquillas - rió -. Oh, no. Basta.

- ¿Qué sucede?

- Oh, haz que se vayan - suplicó riendo más fuerte al notar diminutas lenguas que salían de los pequeños picos- . Se están comiendo el azúcar.

- ¿Azúcar?

El cosquilleo lo obligaba a agitar los hombros y girar el rostro de un lado a otro.

- Haz que se vayan. Por favor.

Levi lo intentó. Algunos levantaron el vuelo y aletearon en torno a los cuernos de Eren, pero la mayoría permaneció donde estaba.

- Me temo que se han enamorado - dijo él, preocupado -. No quieren abandonarte.

Levi retiró una mano de la cintura de Eren para ahuyentar suavemente un par de colibríes-polilla que tenía en el cuello, donde las alas le rozaban la barbilla. Con melancolía, Levi añadió:

- Sé exactamente cómo se sienten.

Eren sintió que el corazón se le encogía. Levi volvió a levantarlo. Por encima de las cabezas de la multitud, Eren pudo divisar con alivio que Annie les daba la espalda. Sin embargo, Reiner, que él estaba alzando a la loba, lo vio.

Levi bajó de nuevo a Eren, y justo antes de que sus pezuñas tocaran el suelo, se miraron el uno al otro a través de sus máscaras, ojos plata sobre ojos aguamarina, y algo surgió entre ambos. Eren no sabía si había sido magia, pero la mayoría de los colibríes-polilla remontaron el vuelo y desaparecieron como empujados por el viento. Volvía a estar en el suelo, con los pies en movimiento y el corazón desbocado. Había perdido el ritmo de la figura, pero notaba que estaba llegando a su fin y que en cualquier instante regresaría otra vez junto a Annie.

Levi tendría que devolverlo a los brazos del general.

Su corazón y su cuerpo se rebelaron. No podía hacerlo. Sentía las piernas ligeras, dispuestas a huir. Se le aceleró el pulso. Eren reconoció la tensión, la calma exterior y
el tumulto interior, el torbellino que invadía su mente antes de cargar contra el enemigo.

Algo va a suceder.

Nitid, pensó, ¿lo sabías ya?

- ¿Eren? -preguntó Levi. Igual que los colibríes-polilla, él también percibió su cambio de actitud, cómo se aceleraba su respiración, cómo se tensaban
los músculos donde sus cálidas manos rodeaban su cintura-. ¿Qué sucede?

- Quiero… -respondió él sabiendo perfectamente lo que quería, sintiéndose arrastrado hacia ello, pero sin saber cómo expresarlo.

- ¿Qué? ¿Qué quieres? -preguntó Levi apremiante.

Él quería lo mismo. Reclinó la cabeza de modo que su máscara rozó un instante el cuerno de Eren, desencadenando una llamarada de sensaciones por todo su cuerpo.

La Loba Blanca estaba muy cerca. Se daría cuenta. Si trataba de escapar, lo seguiría. Levi sería arrestado.

Eren quería gritar.

Y de repente, los fuegos artificiales.

Más tarde, recordaría lo que Levi había dicho sobre la conjunción de los acontecimientos, como si estuviera planeado. En todo lo que sucedería a continuación, reconocería esa sensación de inevitabilidad, de que el universo estaba conspirando para ello. Sería fácil. Y todo comenzaría con los fuegos artificiales.

La luz estalló sobre sus cabezas, una enorme y brillante dalia, una girándula, una estrella nova. El sonido era atronador. Tambores en la batalla. Pólvora que explotaba en el aire. La emberlina se deshizo al tiempo que los bailarines se retiraban las máscaras y alzaban la cabeza para contemplar el cielo.

Eren reaccionó. Tomó la mano de Levi y se sumergió entre la multitud.

Se mantenía agachado y avanzaba deprisa. Un túnel pareció abrirse para ellos en el oleaje de cuerpos, y los sacó de allí.

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Y bueno, sólo me queda decir que estoy suuuuper feliz, hace un par de semanas salió la ultima parte de la trilogía de esta lindísima historia, el día de venta ya estaba en la librería y lo terminé de leer en un día xD más de 600 páginas, me quedaré ciega xD

y bueno, para los que lo siguen y se toman la molestia de dejarme un review, ¡gracias! y lamento ser tan mala fanfictioner D: lo arreglaré!

Bueno ahora sí me marcho.

Hasta el próximo :D

::: (_( :* .¸¸.•Hana
*: (=' :') :* .¸¸.• Usagi
•.. (,(")(")¤°.¸¸.•´¯`» 12/08/14