Un hombre que vestía una camisa formal blanca de manga larga, abrigado con un chaleco café, palpaba las paredes internas de un viejo edificio de cemento. La pintura estaba desgarrada en la mayoría de ellas, no había mucha luz, olía a humedad y había polvo por todos lados. Mientras subía unas escaleras firmes pero un poco agrietadas, miraba alrededor sosteniéndose el mentón, parecía hacer un cálculo superficial de las medidas del edificio. Un ruido familiar lo guió exactamente al sitio que buscaba. El hombre era Damian Stróganov, y quería hablar con Kai, quien había estado trabajando muy duro con su beyblade.
El abuelo Stróganov desempolvó una silla de madera que estaba unos cinco metros detrás del chico.
El famoso Kai Hiwatari… espero no te moleste que halla venido a acompañarte… Pregunté a Hiro dónde podría encontrarte…
Kai observó por la gran ventana que daba a la ciudad, había un atardecer anaranjado. Sin responder palabra alguna volvió su mirada al suelo y continuó esquivando con su bey a toda velocidad las cajas y vidrios quebrados.
Sabes este lugar quedaría perfecto para albergar algunos niños sin hogar… – meditó en voz alta mientras continuaba examinando el cielorraso y el bey de Kai resonaba. – El combate de hoy fue bastante emocionante, hace tiempo no veía uno así. Quiero felicitarte.
Gracias… - respondió Kai secamente, sin dejar de vigilar su bey. – No tenía que venir hasta acá solo para decirme eso… debe saber que no confío mucho en los hombres tan adinerados como usted, sé lo que es convivir con uno, su ambición nunca termina…
Te entiendo, joven Kai, tu desconfianza hasta cierto punto es buena; pero no he venido a proponerte ningún negocio sucio si eso es lo que piensas… – le decía con un tono tranquilo- … pero no puedo negarte que quería compartir algunas palabras contigo, eres un chico muy interesante y quisiera conocerte un poco más… Pero si tú no quieres, yo puedo retirarme…
No… no me molesta que se quede…
¿Quieres decir que entonces podemos charlar?
Kai tomó su beyblade, volteó a mirar al abuelo y asintió con la cabeza.
Jeje… muchas gracias… Sabes me siento muy orgulloso de mi nieta Alana, la vi batallar contra Brooklyn por televisión y honestamente supe que había mejorado bastante… Hiro ha hecho un buen trabajo, y su equipo la ha retado bastante, eso lo sé…
Hmm… - Kai secamente lanzó su bey de nuevo – esa batalla fue un fracaso, no debí permitir que se diera…
No digas eso, te atreviste a confiar en Alana y la viste dar lo mejor de sí. A lo mejor te sentiste muy cobarde después de que ella perdió, ¿o me equivoco?
Yo estaba dispuesto a enfrentarme a Brooklyn, aunque perdiera. Pero bien ya eso pasó… ahora buscaré enfrentarme a él de nuevo y eso es lo que importa…
Lo único predecible en Brooklyn es que no es predecible, igual que Kai Hiwatari. – El abuelo se levantó y se dirigió a la ventana, admirando el bello atardecer. – Sabes Kai, admiro la pasión que tienen ustedes por ser más fuertes, creo que nos dan una gran lección a nosotros los viejos…
Para mí no es una pasión, es una estúpida obsesión por no dejarme vencer por otro que también es bueno en lo que hace… por eso dude tanto en venir a este torneo… - Kai dejó a su bey girando en un mismo punto y agachó la cabeza.- Se acabó el tiempo de los combates de adolescentes, esto es solo un escape de la realidad. Luego tendré que volver a los aburridos negocios y ver como otros chicos que desean ser profesionales sienten la misma obsesión por ganar…
Kai…- el abuelo miró al chico con compasión – te diré algo, alguna vez me sentí como tú, mis padres me heredaron un gran capital, no sabía que hacer con él, amaba el beyblade y veía como otros chicos podían disfrutar del juego libremente, sin tener que ocuparse en sacar cuentas y contratar empleados… Llegué a renegar por ello, en aquel tiempo deseaba haber nacido en cualquier otra familia menos en una tan adinerada. Y… lo admito, sentí envidia por no poder hacer todo el tiempo lo que más amaba… ¿Para qué trabajar tanto? pensaba ¿para enriquecerme más y más, si no soy feliz qué sentido tiene esto?
Kai miraba su beyblade girar, sentía que el abuelo leía su mente, se identificaba tanto con él. El señor Stróganov continuó:
Para no alargarte la historia, comencé a escaparme de la casa siendo un jovencito para jugar beyblade con los chicos de la calle. Pensaba que así una vez trabajando nunca me arrepentiría de no haber hecho lo que quería sin que nadie me detuviera. Luego por obligación debí pasar más tiempo en los negocios y… me empezó a agradar, descubrí que era bastante ingenioso, me sentía realizado… pero a pesar de que los demás opinaran que yo era exitoso yo no creía lo mismo…
Un día, me atreví a preguntar si había una razón digna para todo lo que yo hacía… Tiempo después mi esposa, mi hijo y mi nuera murieron…
Un silencio invadió el lugar, el abuelo se estuvo serio, Kai lo observó con asombro.
Cualquiera se hubiera quejado en mi lugar, Kai. Pero yo obtuve una respuesta a mi pregunta en ese momento…
¿Cuál fue la respuesta, señor?- Kai se sentía conmovido por el relato.
Mi vida y la de los demás eran más importantes que todo mi trabajo o mis habilidades… y nada de lo que yo pudiera hacer tendría sentido si no inspiraba o ayudaba a alguien a través de lo que yo hacía diariamente… - El abuelo miró con una sonrisa a Kai, él lo miró fijamente también, pero con su semblante bastante pensativo.
Quisiera poder pensar como usted… - Kai continuó movilizando su bey potentemente, rompiendo las cajas de cartón de alrededor.
El abuelo no le respondió por un rato. Luego continuó diciendo:
Hiro me dijo que Alana no había estado con un buen ánimo últimamente… Alana no quiere casarse…- dijo pasando la mano por su blanca barba corta.
Kai aceleró su bey y derribó algunas cajas que retumbaron en el piso.
¿Entonces por qué lo hará? – preguntó toscamente.
Alana sabe que Brooklyn la ama, y… no es que ella no lo ame pero no como su futuro esposo… Ella se enamoró de las muestras de cariño de Brooklyn, no de él… Y no sabe como negarse al sentimiento de compromiso que tiene…
Usted puede detener ese compromiso… ¿por qué no lo hace entonces? - Kai le preguntó desafiantemente.
El abuelo no se alteró ante el tono de voz de Kai. Siguió mirando el paisaje y luego respondió:
Ellos deben aprender que significa amar, eso solo se logra en medio del dolor… Veo que te preocupa el futuro de mi nieta…
Kai cerró los ojos por un momento y luego tomó su bey.
Tiene un buen corazón. – dijo.
El abuelo sonrió un poco. Se dirigió donde Kai y le preguntó:
¿Puedo probar tu beyblade?
Kai se asombró por la pregunta, sonrió y le entreguó su banda de control, su lanzador y su beyblade. El abuelo los tomó y apuntó a una mesa larga - ¡Let it rip!- gritó con su casi ronca voz y lazó el bey hasta posarlo en la mesa y luego hacer que recorriera varios lugares de aquella gran bodega, esquivando las botellas que Kai colocó adrede. Luego el bey regresó a su mano.
Jaja, puedo presumir que usé el beyblade del gran Kai- le dijo mientras le devolvía sus pertenencias.
Ja… no estuvo nada mal…
Ambos se miraron amigablemente. El señor puso su mano sobre el hombro de Kai, lo miró a los ojos y le dijo con un tono suave:
Yo conocí a tus padres Kai. – El chico abrió sus ojos de par en par, sintió que su corazón se puso frío y un sentimiento de rabia y dolor empezó a invadirlo, no quiso que el abuelo lo siguiera mirando con aquellos profundos ojos azules, desvió su mirada a su beyblade.
No sería gran cosa… - dijo apagadamente.
El abuelo quitó la mano de su hombro.
Tu padre buscaba hacer lo bueno, Kai. Y tu madre siempre quiso un hijo, pero para ella era muy riesgoso. Tú naciste de milagro, Kai, los doctores nunca se lo explicaron…
Hmm… no creo en milagros…
Pues qué irónico… tú fuiste uno… - el abuelo sonrió y se alejó lentamente, dirigiéndose a la escalera.
Kai se sentía un poco paralizado. No sabía que decir.
Ellos te amaban mucho, sé que desearían verte competir. Kai, debo irme ya. Gracias por permitirme este momento. Espero que estés satisfecho con el combate de mañana. Hasta pronto.
Kai lo miró "Hasta pronto" pensó. Recordó las palabras de Hiro "Es uno de los hombres más nobles de clase y corazón que he conocido…" Kai sintió un nudo en la garganta pero por alguna curiosa razón no lograba que las lágrimas salieran. Los pasos del abuelo retirándose se escuchaban a lo lejos.
