Capítulo 2: Hay que ser positivo

Ah, el final del verano, cuando las chicas aprovechan para llevar los últimos pantalones cortos del año. Aunque otras ya llevan pantalones largos. Suspiró. Pero bueno, hay que ser positivo, el frío no es tan malo, puedes aprovecharlo para abrazar a alguien con esa excusa. Si, estaba todo pensado, unas estaciones eran para observar y las otras para tocar. Sonrió.

Francis Bonnefoy paseaba por los distintos vagones del tren buscando un buen sitio donde sentarse. Un buen sitio para él requería a una hermosa e inocente muchacha que estuviese sola y él pudiera hacerle compañía. Compañía y lo que surgiera después.

Momentos antes había encontrado a la chica perfecta, guapísima y una sonrisa que desprendía dulzura y algo de picaría. Todo perfecto hasta que apareció un armario de dos metros y con un peinado que desafiaba las leyes de la gravedad. Aún le daban escalofríos al recordar la mirada que le había echado, pensó que sería su novio o algo.


-Mierda…-Ludwig se encontraba desorientado.- ¿Dónde demonios se había metido?

Había perdido de vista a su hermano. Maldita sea, le dijo claramente que se verían en el tren y que no se retrasara.

Entonces vio a un chico castaño intentando colocar su maleta en el portaequipaje, pero sin éxito alguno.

-Trae, yo te ayudo.- El rubio se acercó a aquel chico y sin ningún esfuerzo, colocó el equipaje en aquel pequeño hueco que quedaba. –No entiendo por qué no hacen estas cosas un poco más grandes o algo.- El chico asintió.

-Yo pienso lo mismo, por cierto, me llamo Feliciano, ¿y tú?- Le tendió la mano mientras sonreía abiertamente. Ludwig vaciló durante un segundo, pero acabó estrechándosela con firmeza.

-Ludwig Beilschmitz.

-Encantado de conocerte, Lud y muchas gracias por la ayuda.- Contestó en aquel tono tan jovial y alegre que le pareció curioso al alemán. Sacó una bolsa llena de chucherías del bolsillo de su chaqueta y se la ofreció al otro.- ¿Quieres? Puedes coger las que quieras y también puedes sentarte aquí conmigo. Venía con mi hermano, pero no sé dónde se ha metido…

Ludwig conocía a la perfección ese sentimiento, hermanos mayores. Suspiró y echó una última ojeada al vagón antes de sentarse junto con ese alegre y extraño chico.


Mientras que dos hermanos menores conversaban tranquilamente, un ``responsable´´ hermano mayor no sabía a dónde ir. Gilbert iba de un vagón a otro buscando a su hermano, pero nada, ni rastro. El muy canalla le había abandonado, él tan inocente pensando que le esperaría tras el muro y nada. Esa húngara le podría haber matado y él ni se habría percatado, encima llevaba su maleta.

-Gracias por el zumo.- Elizabeth acababa de comprar un simple zumo de calabaza a la amable señora del carrito sin imaginar que todos los planetas y astros que componían el universo se habían juntado para reírse de ella.

En el momento en el que se volvía para volver a su asiento junto con el austriaco, el ``responsable´´ hermano mayor que buscaba a su hermanito, se interpuso en el camino de la pobre húngara, topando con ella y haciendo que el zumo se derramara encima del vestido nuevo de ésta.

-¡Mierda! ¡L-lo siento…-Es última palabra se convirtió en apenas un susurro cuando vio quien era la persona con la que se había topado.

-¡TÚ!- Gritaron al unísono.

-Pero, ¿se puede saber por qué estás siempre en medio?- Preguntó Gilbert. La húngara miraba como su nuevo vestido se había echado a perder y levantó la cabeza para fulminar con la mirada al albino.

Si las miradas matasen…Gilbert habría muerto más veces que todos los Winchester juntos.

-Tú…estás…MUERTO- El albino salió corriendo en cuanto vio que empezaba a aproximarse a él.- ¡Vuelve aquí, cobarde!

Gilbert intentaba esquivar a la gente como podía mientras huía del demonio húngaro que se hacía llamar Elizabeth.


Francis paseaba tranquilamente observando los carritos y, sobre todo, los pasajeros, cuando de pronto, un psicópata con el pelo blanco se le echó encima gritando.

-Tío, apártate del medio o moriremos los dos.

-¿Eh? ¡A mí no me digas que me aparte, rarillo! ¿Y a qué viene eso de morir?- ``El rarillo´´ paró de chillar y mirando directamente al rubio sin pestañear le susurró.

-El demonio existe, tío. Se camufla en forma de mujer y quiere matarme.

Francis no sabría decir qué le inquietaba más: Si las locuras que decía ese chico, la seriedad con que lo decía o que su aliento oliera a bocadillo de sobrasada con queso, salchichas y cerveza. Por Dios, eran las 8 de la mañana, ¿Se puede saber qué clase de dieta tenía ese chico?

-Oye, me estás inquietando bastante, así que es mejor que…-Se le olvidó lo que iba decirle cuando vio a aquella chica acercándose.

La diferencia entre ella y cualquier otra con la que Francis habría intentado ligar era que tenía la muerte dibujada en los ojos. Les miraba como si la Santa Inquisición y la dictadura de Hitler, Mussolini y Franco juntos solo fuera un simple juego de niños comparado con lo que ella les haría.

Francis sabía que no pintaba nada con lo que fuera que había pasado entre esos dos, pero aun así, echó a correr. Falta añadir que Francis no huía por esa chica. ¿Cómo iba a huir él de una mujer? Lo que pasaba era…que…bueno, llevaba un carísimo vestido de channel manchado de zumo de calabaza. ¿Y si encima le salpicaba si se acercaba demasiado? Por eso huía.

Y continuó la persecución por ese tren con complejo de campo de Olvier y Benji.

-¡Eh! Tíos, por aquí.- Dijo una voz misteriosa que salía de uno de los compartimentos que se había abierto.

Gilbert y Francis siguieron a esa misteriosa voz sin pensárselo siquiera, cualquier cosa que les deparara allí dentro seguro que era mejor que lo de fuera.

Cerraron la puerta tras entrar, rezando porque aquella ``chica´´ no les hubiera visto entrar, y tras recuperar un poco el aliento se dieron la vuelta para encararse con aquella voz que les había ofrecido la salvación.

-Hola.- Y ahí estaba, un chico de pelo castaño, despeinado y ojos verdes, mirándole con una sonrisa tensa dibujada en los labios.

-Tú.- Contestó con firmeza Gilbert a la vez que señalaba a ese amable chico.- Dime tu nombre, cuando sea el gobernador del mundo ordenaré que te hagan una placa conmemorativa.

-Me llamo Antonio…-Dijo frunciendo el ceño.

-¡Bien! Yo soy el gran y deslumbrante Gilbert.- Estrechó la mano con firmeza a su ``salvador´´ mientras se sentaba frente a él.

-Ya que se que estáis deseando saberlo, yo me llamo Francis.- Dicho esto, el Francis se sentó frente al tal Antonio. Odiaba que no le prestaran atención, aunque fuera por unos segundos.


El tren había llegado. Algunos profesores esperaban para guiar a los nuevos alumnos hasta el colegio.

-Oye, Gilbert, no te vayas con las manos vacías y ayúdame con mi equipaje, anda.

El albino asintió y Francis comenzó a sacar tres gigantescas maletas, dos bolsas de aseo y una mochila.

-¿¡Pero tú qué te has traído tu casa entera!?- Gilbert intentaba mantener el equilibrio con las maletas que le iba pasando el francés. Será cabrón, encima me da a mí las más grandes.

-Ojalá, solo llevo lo necesario para sobrevivir un trimestre. Mi pelo y mi piel necesitan cuidados, la belleza hay que cuidarla diariamente.

-¿Qué belleza?- Preguntaron al unísono Antonio y Gilbert. Francis les respondió sacándoles burla.


-Vaya, esto es impresionante, ¿verdad?- Alfred admiraba de lejos el colegio.

Por desgracia, sus compañeros de barca no eran demasiado habladores. Uno era un chico con el pelo tan rubio que casi parecía blanco y alto. Muy alto. Llevaba una bufanda a pesar de no haber entrado aún el frío y miraba a Alfred sonriendo, aunque eso le inquietaba aún más, su sonrisa. Las otras eran dos chicas, una que le miraba como si deseara que explotara en cualquier momento, y la otra, era más disimulada, cuando veía que Alfred la observaba, ésta apartaba la mirada.

A pesar de esa compañía, el americano seguía riéndose de una forma un tanto forzada y haciendo comentarios a todo lo que veía.

Al llegar al colegio, los profesores les hicieron esperar en las escaleras antes de entrar al comedor, donde se decidiría a qué casa pertenecería cada uno.

Como ir uno por uno es muuuuy largo, voy a poner aquí a qué casa van a pertenecer cada uno. Si tenéis alguna duda de por qué x va en x casa, preguntádmelo, todo tiene su explicación...(por joder también es una muy buena explicación y aquí mando yo así que):

Matthew- Hufflepuff Ludwig-Hufflepuff Vash-Ravenclaw

Alfred- Gryffindor Feliciano-Hufflepuff Ivan- Slytherin

Arthur- Slytherin Lovino- Gryffindor Natalia (Belarus)- Slytherin

Scott-Slytherin Emma (Bélgica)- Gryffindor Yekaterina (Ucrania)- Hufflepuff

Antonio- Gryffindor Vicent (Holanda)- Slytherin

Francis-Ravenclaw Elizabeth- Gryffindor

Gilbert-Slytherin Roderich- Ravenclaw

Más adelante irán apareciendo más personajes.