Capítulo 26 No tienes que huir

Kai llamó con un leve golpe a la puerta de la oficina del señor Dickenson, quien lo esperaba junto con Judy. "Adelante" escuchó desde afuera. Con semblante bastante serio, como era habitual, haló del llavín. El señor Dickenson estaba sentado detrás de su escritorio, Judy frente a él; los dos observaban a Kai mientras ingresaba.

- Siéntate a mi lado – le dijo amablemente Judy.

Kai accedió manteniendo sus brazos cruzados, el señor Dickenson le servía un poco de té frío que resonaba al caer en un vaso de vidrio con cubos de hielo mientras le decía:

- Me imagino que ya sabes por qué te mandamos a llamar…

- Hmm… - Kai sólo volvió su rostro casi en una expresión de rebeldía y acomodó su pierna derecha sobre su regazo.

Judy y el señor Dickenson se hablaron con la mirada "…justo como lo esperábamos…"

- Mira Kai… - continuó Dickenson – tus tíos llamaron de Rusia ayer, dicen que tú no les respondes sus mensajes ni mucho menos les contestas el teléfono. No saben nada de ti y están…

- No me diga que están preocupados por mí porque eso no es cierto. – Interrumpió Kai con voz severa – A ellos sólo les interesa mantener sus empresas en orden, saben que no pueden emprender todo lo que quieran si no tienen mi aprobación… a mi no me interesa en lo más mínimo sus estúpidos negocios. Por eso no quiero ir a Rusia.

- ¿Tampoco te interesa participar en el torneo?- preguntó Judy.

- No. No quiero volver a competir, no por ahora.

- Kai, admiramos el trabajo que haces con los chicos nuevos, deberías ver como se pelean para que sus clases concuerden contigo, y también deberías escuchar como desean verte combatir de nuevo. No puedes huir tampoco de la competencia sólo por evitar ir a Rusia.

- Señor Dickenson, volver a Rusia significa volver a los negocios y no lo quiero, terminaré mis estudios en Inglaterra y me dedicaré a los entrenamientos. Pero jamás volveré a Rusia.

Kai se levantó, ni siquiera probó el té que le habían servido.

- ¡Kai no hemos terminado!- Judy le reclamó con enfado. – Date vuelta y toma asiento otra vez. Tu aceptaste venir a la BBA de nuevo, debes acatar nuestras órdenes no te mandas solo.

Kai se encolerizó, hace tiempo que nadie le hablaba en ese tono, al menos no alguien mayor a él. Apretó sus puños con fuerza y con contumacia respondió.

- ¡Ustedes no pueden dictar mi futuro como les venga en gana! Bastante he tenido ya con mi antigua familia. ¡He dicho que no regresaré a Rusia por ahora, no me interesa lo que piensen!

- ¡Deja de actuar tan cobardemente y enfrenta tu responsabilidad! ¿Qué le pretendes enseñar a los chicos nuevos? ¿Que deben hacer lo que quieran cuando quieran si lo que les viene encima no les hace sentir bien? ¡Vaya ejemplo que les das, Hiwatari! - Judy se levantó de su asiento también, seguía molesta.

- ¡Resolveré MIS problemas a MI modo!

- Lo sentimos, Kai. No somos igual de irresponsables que tu, y no queremos irresponsables en la BBA, no nos importa que tan bueno seas enseñando. Si no vives como enseñas no nos sirves y no le sirves a los chicos…

Kai jamás esperó escuchar esas palabras de la boca de Judy, sintió rabia y a la vez un frio recorrer su espalda. Miró al señor Dickenson, este asintió a las palabras de Judy con su cabeza.

Kai no respondió nada. Solo agachó la cabeza y al salir aventó la puerta con bastante fuerza.

Dickenson y Judy se volvieron a ver y respiraron profundo.

- ¡aaah! me molesta que sea tan insolente… es una lástima que un chico con tanto potencial actúe de esa manera… ¿crees que fui muy dura con él?

- Calma Judy… – decía el Dickeson con sus brazos detrás de su espalda y mirando por una ventana- … no pelees con su mal carácter, deja que medite en lo que hace.

A media mañana del día siguiente, Ryan se enteró de que Kai no estaba en su habitación y tampoco sus cosas. Después de llamar a Tyson quien se encontraba en la sede de la BBA se enteraron de que tampoco estaba en el edificio. Kai partía a Rusia pero no le había avisado a nadie, había llamado para que le enviaran una avioneta privada, así que desde la noche anterior había alistado todo desde muy temprano para esperar que vinieran por él.

- ¡Judy qué significa esto!- preguntaba Tyson angustiado, Hilary estaba tras él bastante preocupada también.

- No te apresures, Tyson, sus tíos nos enviaron un correo hace una hora, al parecer Kai irá a Rusia.

- Pe.. pero ¿por qué se fue tan pronto?- Tyson sacó su celular – El dejó asuntos sin resolver… - lo decía por Hilary, en quien evidentemente notó ansiedad.

- ¿Qué te hace pensar que te responderá?- le dijo Judy – lo veremos allá.

- Judy… - inquirió Hilary tímidamente - ¿Kai irá al torneo?

Judy agachó su cabeza muy pensativa.

- No estoy segura…- recordaba las palabras que le dijo acerca de que la BBA no lo necesitaría si él no cumplía con su deber. Por un momento se sintió culpable de sus duras palabras.

Hilary se retiró dejando a Tyson y a Judy solos en el pasillo donde hablaban. Tyson no pudo evitar pensar en Hilary tampoco, así que dejó a Judy sola para ir tras Hilary. Hilary se dirigía rápidamente al salón de entrenamiento para continuar coordinando a Max, Ryan y Er.

- ¡Espera Hilary!

- ¿Qué quieres Tyson? Estoy ocupada como para pensar en esta situación de Kai… hay mucho que hacer antes de volver a competir…

- Mira… sé que te inquieta la ida de Kai, a mí también, pero lo veremos en Rusia, ya lo sé…

- ¡No quiero que me hables de Kai!- dijo alterada, tanto que ella misma se sorprendió. Se llevó las manos a la boca, le dio la espalda a Tyson y continuó caminando rápido mientras dejaba escapar alguna que otra lágrima que secaba rápidamente.

Tyson corrió un poco más y la tomó del brazo.

- ¡Suéltame Tyson!

- ¡No lo haré, estás llorando ya lo sé y es por Kaiii! – Tyson lo dijo muy fuerte, afortunadamente nadie lo escuchó. Pero Hilary se detuvo para evitar que Tyson gritara más.

- ¡Shhhh! ¡¿Puedes ser más indiscreto?!

- Hilary… yo… perdón… sé que te agrada Kai… - dijo con la cabeza agachada.

- ¿Queeé? – preguntó aludida - ¿Por qué dices eso?

Tyson no respondió, sólo la miró con los ojos brillosos. Hilary agachó la mirada, Tyson la soltó del brazo, luego dio media vuelta y comenzó a caminar despacio.

- Olvídalo… no me hagas caso.- decía resignado mientras se alejaba lentamente y Hilary lo miraba extrañada de su comentario.

El primer día que Kai llegó a Rusia encontró su fría casa vacía de gente como lo recordaba siempre. Observaba las paredes, quería notar algo diferente desde la última vez que estuvo en su casa pero desafortunadamente sólo el color de la pared había sido reforzado, no había retratos familiares colgando de las paredes o adornando las mesas o repisas, sólo uno que otro paisaje bonito, estatuas de mármol decoraban algunas esquinas, junto con otras plantas que las sirvientas cuidaban, adornos de cerámica fina, antigüedades… su casa tenía aspecto de museo, pensaba él.

- Joven Kai, ¡ha crecido mucho!... Su abuelo dejó dicho que no lo encontraría aquí hasta mañana, tuvo que atender algunas diligencias. – era Sophie, la ama de llaves, ella conocía a Kai desde que era un bebé, prácticamente había sido su niñera. Tenía un semblante severo pero era muy bondadosa y responsable. Sophie tenía unos años más que Voltaire pero conservaba bastante bien su salud y aparentaba tener menos edad.

- Hola, Sophie… sí… hablé con él temprano…

- Luces agotado – le dijo con más confianza, quitándole una maleta de su mano- déjame llevar esto a su habitación. Luego le apretó el hombro con fuerza y le sonrió cariñosamente – me da gusto verte otra vez.

Sophie se retiró mientras Kai se arrecostó en uno de los cómodos sillones. Más tarde, mientras tomaba una solitaria cena sobre la lujosa mesa familiar su celular comenzó a sonar, era el número de su tío. Kai contestó con tono aburrido, luego de un escueto saludo su tío le dio varias instrucciones, el chico colgó empujando su celular lejos del plato. Sophie se sentó frente a él.

- ¿Te incomoda si te acompaño un rato?

- No… - dijo luego de sorber un poco de sopa.

- Vi todas las competencias… - dijo emocionada – ¡me encantaron! Aunque debo admitir que me hubiera gustado más verte ganar…

- Lamento haberte decepcionado…

- No me decepcionaste, Kai, hiciste un gran esfuerzo y sé que lo seguirás haciendo en este torneo.

- Pues creo que esta vez si te decepcionaré, porque no participaré…

- Oh ¿pero qué es lo que pasa?

- Sólo vine a Rusia a arreglar algunas cosas, Sophie, y… me temo que no nos volveremos a ver después de eso…

Ella reconocía la mirada seria de Kai aunque en el fondo todavía lo consideraba un niño.

- Pues… será una lástima… de verdad…

Después de la breve conversación con Sophie, Kai trató de conciliar el sueño mas no lo lograba. Miraba al cielo raso y pensaba en lo mucho que odiaba estar en aquella casa, a la cual no podía llamar hogar. Pasó gran parte de la noche practicando con su beyblade dentro de la alcoba. Pensaba en la BBA, en el torneo de BEGA, recordaba crudas imágenes de su niñez luego de ver a su padre marcharse el día en que fue asesinado, y de cómo luego tuvo que vivir amargamente con su demandante abuelo. Tampoco podía evitar pensar en el abuelo Stróganov y en Alana. "Pero todo eso quedará atrás dentro de una semana" se decía "sólo una semana acá y no volveré más a este horrible lugar, lleno de odiosas memorias…"

Sophie y una de las mucamas comentaban en la mañana tomando un café, acerca de la llegada de Kai.

- Cuéntame, Sophie, ¿cómo está nuestro niño Kai?

- ¡Oh Anne! me parte el alma su carita de joven apuesto tan frígida.

- ¡Pobre chico! Si tan solo su padre hubiera vivido, tal vez su vida no fuera tan desdichada ahora.

Sophie comenzó a llorar en silencio.

- ¿Qué ocurre?

- Me dijo que se iría para siempre… sólo viene a negociar con los dos hermanos menores del señor Hiwatari… - sollozaba tratando de no perder su compostura.

- No me digas… Pero por testamento de su padre, él es el heredero directo… ¿Qué dirá el viejo Hiwatari?

- Shh… no lo llames así… podría oírte… - le reprendía.

- ¡Ooops! Perdón… jeje es que me da mucha rabia… este jovencito ha sufrido por el maltrato de ese…

- No lo digas…

- Bueno tu sabes… pero bien… dime ¿le preguntaste acerca de la chica novia del pelirojo? – la mucama preguntaba con intriga y bajando el tono de su voz.

- ¿Cómo crees? A los muchachos no les gusta hablar de esas cosas… menos a este pequeño…

- ¡Que mal! Jeje… bueh… extrañaremos a ese mocoso… quizás solo lo veremos por televisión… y esta casa a lo mejor la venderán… no hay más niños… que triste… ¡Tengo una idea! ¿Qué tal si le hacemos una despedida? El vie… ¡perdón! El distinguido señor Hiwatari nunca nos permitió celebrarle sus cumpleaños ruidosamente, quizás esta vez sí nos permita despedirlo… o… al menos podemos celebrarle a escondidas…

- Mmm lo consideraré, Anne… espero no nos metamos en problemas… aunque ¡Bah! ¿Qué nos podría hacer ese vie…?

- ¡Cállate! - la interrumpió Anne. Ambas se miraron y comenzaron a reír, algo que no hacían muy a menudo en la residencia Hiwatari.

Más tarde, Kai salía de una reunión con sus tíos y su abuelo. Le pidió a su chofer que lo llevara a la residencia del señor Stróganov. Kai hizo al chofer detenerse a cien metros de la entrada principal, dudó un poco de lo que hacía "… probaré… no tengo nada que perder… "

- ¿Lo espero, joven Kai?

- No… puede irse…

El chofer arrancó y cuando se hubo ido lejos, Kai caminó hasta llegar a los portones, los cuales estaban custodiados por dos guardas de seguridad.

- ¿Quién es usted?- preguntó uno de ellos.

- Busco al señor Damian Stróganov. El sabe quien soy.

- Lo siento, si no tiene una identificación y un permiso de entrada por parte de él o la señorita Alana no podrá entrar. Son órdenes estrictas.

- Bien… llévele esto al señor Damian – Kai sacó su beyblade y lo mostró – él lo reconoce muy bien y no tendrá que decirle mi nombre, sólo que he venido a verlo personalmente.

- Mira… es uno de esos que utiliza la señorita Alana…- se dijeron entre sí.- de acuerdo joven, llamaremos a una de las sirvientas.

La sirvienta que ya había recogido el beyblade de Kai, lo llevó cuidadosamente y tocó la puerta de la oficina del abuelo de Alana.

- Adelante… - se escuchó una amable voz.

- Señor, un chico insiste en que quiere verlo, dijo que le enseñara esto. – la señora le mostró el bey. El abuelo se quitó sus lentes y caminó directo a la sirvienta.

- Permítame, por favor… - examinó el beyblade y una sonrisa se asomó en sus labios. – ¿Cómo es el chico?

- Es… un poco alto, cabello…

- ¿un poco azulado?

- Eeh… sí…

- ¡Oh…!- el abuelo, sosteniendo el bey, se dirigió a un pequeño micrófono en su escritorio – Muchachos, soy yo Damian, por favor dejen pasar al chico.

- En seguida, señor… - se escuchó.