CAPÍTULO V

Nico y Will. Noviembre de 2013.
Contraluz.

Fue Will quien rompió el beso. En respuesta, Nico se apartó de él y le miró a la cara. Parecía que alguien le acababa de contar un chiste muy bueno, al tiempo que se mordía el labio y negaba ligeramente con la cabeza.

—¿Qué? —preguntó Nico, todo brusquedad.

—Di Angelo, así no. Así no… —el rubio seguía negando.

—¿Así no qué?

—Pues que no puedes besar con el ceño fruncido. Es algo que se nota y el beso resulta amargo —dicho esto, le llevó un dedo al entrecejo, lo presionó e intentó masajear la zona.

Con el ceño aún más fruncido Nico se echó para atrás para alejarse de él, y de este modo chocó con una confusa pareja de baile. Tras apartarse rápidamente de ellos, se escurrió como pudo entre la gente, que estaba por todas partes. Entonces recordó por qué odiaba tanto ir al Nueva Roma. Siempre había tanta gente, tantos estudiantes de su edad, todos pululando como abejas tontas en un enjambre… Tan rápido como pudo, salió del local.

Una vez fuera, apoyó la espalda contra el muro y recuperó el aliento. Estaba planteándose en si llamar a un taxi o volverse a casa caminando, cuando alguien le agarró de la muñeca.

Evidentemente, se trataba de Will. Estaba claro que un tipo como él no podría darse por vencido así como así.

Le estiró para que acabara frente a su cuerpo, para volver a besarle, esta vez con fuerza, y acabar haciéndole impactar en la pared, atrapándole allí mientras duraba el beso, mucho más apasionado y frenético que el anterior. El frío del exterior contrastaba con el calor que desprendía de sus cuerpos. De nuevo fue Will quien truncó el beso, aunque sólo ligeramente, y sonrió al sentir que Nico buscaba sus labios a tientas.

—¿Ves como al no est…? —comenzó a preguntar, pero el otro dijo hizo que se guardase sus palabras al reemprender el beso y girar su cuerpo, de modo que fuera la espalda del rubio la que se encontrase contra la pared y el moreno quien estuviese al mando.

El beso bien pudo haber durado hasta el vigésimo cumpleaños de Nico. Pero casi estaban en diciembre, y ellos no iban abrigados, sobretodo Nico, con su camiseta sin mangas, cuando él acostumbraba a llevar capas sobre capas.

—Tienes frío —murmuró Will contra sus labios—. Hace mucho frío. Ven, tengo el coche en el aparcamiento de aquí al lado…

Se escurrió de la prisión de sus brazos y emprendió el camino. Sin embargo, Nico no hizo ademán de seguirle.

—¿Qué pasa? ¿Acaso no te fías de mí? —preguntó Will al girarse hacia él.

—¿Debería? Apenas sé nada de ti…

—Bueno, sabes que trabajo en una cafetería y durante meses no he envenenado a nadie… Si quieres jugar al 20 preguntas para así estar más tranquilo, podríamos hacerlo al amparo de la calefacción de mi Camaro o en mi casa…

Nico siguió sin moverse, pero Will sí que lo hizo, y al final, escuchó que los rápidos pasos de Nico se le unían para acabar caminando a su lado.

—Ni siquiera tienen buenos bolsillos, menudo asco de pantalones —protestó al comprobar que no podía meterse las manos en éstos, pero Will le oyo, y como Will era Will, replicó:

—Pues son lo mejor que te he visto llevar nunca. Te hacen el buen culo que me imaginaba que tendrías.

—¿Tú te imagi…? ¿Crees que yo…? —finalmente, Nico cerró la boca, dándose cuenta de que estaba sonando muy patético. Muy Percy a cuando empezó a salir con Annabeth, y él se había burlado tanto por aquel entonces…

—Sí, cada vez que te veía con esos pantalones anchos que pretendían caerse de tu cintura pero por desgracia nunca lo hacían, me imaginaba cómo sería lo de debajo. Y sí, creo que tienes un culo bonito. Aunque no lo he visto, claro. Pero no es lo más bonito que tienes, en mi humilde opinión —permaneció callado por un momento, mientras se metía las manos en los pantalones y rebuscaba, hasta que extrajo unas llaves—. Mi coche, te había dicho que estaba cerca.

Nico no prestaba especial atención al tema automovilístico; de hecho, debía ser el único joven de todo Estados Unidos con diecinueve años que no tuviese el carné. A pesar de eso, el coche de Will le sorprendió. Era uno de aquellos coches antiguos que debía costar una fortuna mantener en buenas condiciones. Tenía una presencia imponente. Naranja o rojo, bajo aquella luz no podía determinarse, pero sí que el largo capó era surcado por dos grandes franjas blancas. Nico tardó en abrir la puerta del copiloto y entrar, y se maldijo por ello.

En el interior, Will estaba tocando los botones que controlaban el flujo del aire acondicionado.

—Va a salir frío al principio, pero si me pongo en marcha se calentará más rápido —dicho esto, y una vez se aseguró de que Nico se hubiese puesto el cinturón de seguridad Will arrancó con presteza, giró el volante y comenzó con el juego del cambio de marchas. A diferencia de él, todos sus amigos conducían coches automáticos, y en cambio el rubio parecía manejarlo con mejor soltura y mayor seguridad que todos ellos.

Nico era un artista a pesar de todo, y como artista siempre prestaba atención a los detalles, en este caso, a cómo conducían los demás. Jason siempre estaba pendiente del tráfico, de las normas de la circulación, de que no le pusieran una multa y de no rayar su coche, aunque éste fuese un modelo modesto como el suyo (aún conservaba el que hubiera desechado su hermana mayor, Thalia, años atrás). Percy era descuidado, le gustaba dar inesperados acelerones porque si no los trayectos le resultaban aburridos, miraba más por las ventanillas y menos por los espejos retrovisores. Reyna, como en todo, era eficiente, llegaba a los lugares en el mínimo tiempo posible, estaba concentrada en la circulación y puede que siempre fuera a 10 km/h más rápido de lo permitido, pero nunca se notaba. Frank iba lento como una tortuga y no dejaba que pusieran música en la radio ni que hablaran porque tenía que concentrarse. Hazel tenía el carné pero nunca conducía, quizás porque no llegaba bien a los pedales. Y con Leo… con Leo había tenido el suficiente juicio como para no haberse subido nunca. Will, en cambio, parecía conducir como si realmente disfrutara la actividad, y con la soltura suficiente que parecía que el volante formase parte de él.

—¿Qué? ¿Vas a dibujarme conduciendo? —preguntó, con una sonrisita traviesa en los labios.

Nico le lanzó una mirada hosca, que el rubio no interceptó.

—¿Podrías dejar de decir que eres mi puta musa, Solace?

—Ey, ey. Shhhh —Retiró la mano derecha del volante para estirarla y llevar el índice encima de los labios de Nico, sin dejar de mirar la carretera—. Modera tu lenguaje cuando estés con mi bebé.

—¿Tu be…? ¿El coche? ¿El jodido coche? —preguntó, una vez se deshizo de la mano de Will, con el ceño fruncido.

Will detuvo el coche en medio de la calle. No pasaba nadie más pero aun así…

—Sal ahora mismo, contempla la hermosura de mi Chevrolet Camaro del 73, míralo bien y retira lo dicho si quieres volver a subir. Y nunca más te atrevas a decir nada feo de él —terminó diciendo, tras haberse cruzado de brazos.

Nico alzó las cejas con incredulidad, si de verdad pensaba que iba a seguir sus estúpidos designios en una noche tan fría como aquélla, Solace estaba más loco de lo que él había apreciado anteriormente. Le miró, para tratar de dilucidar si iba en serio o no. Y entonces, captó una imagen que hizo que en su cabeza comenzara a formarse un nuevo dibujo.

Se habían detenido a pocos metros de una farola encendida que iluminaba el perfil de Will, enmarcándolo en luz, que contrastaba con las sombras del coche que lo engullían. Nico se vio sacando el gastado carboncillo de su caja metálica y comenzando a trazar con la mayor premura todos los rasgos del chico, que en aquel extraño juego de luces parecían más angulosos que nunca.

Will se aclaró la garganta y dijo, con un tono manchado por algunas gotas que parecían ser de vergüenza:

—Y entonces me miras así, y yo no puedo hacerme el duro. Así no llegaremos nunca a ningún lado —pareció que decía más para sí que para nadie, y al principio Nico pensaba que hablaba del trayecto que les quedaba en coche, pues acababa de encender de nuevo el motor, pero luego se imaginó que quizás hablase de otra cosa.

Permanecieron durante un rato en silencio, rodeados por el ruido del motor que no dejaba de trabajar. Fue Will quien volvió a hablar:

—Entonces, ¿hoy es tu cumpleaños?

—Era —remarcó Nico, al ver que en el reloj del salpicadero ya pasaban de las doce.

—¿Cuántos cumplías? ¿17?

—¿17? —Nico preguntó con una exclamación de sorpresa—. Pero si voy a la universidad…

—¿Ah, de veras? Creía que venías al café a saltarte las clases del instituto.

Nico no pensaba responderle a aquello. Cuando giró la cabeza, vio que el otro chico hacía grandes esfuerzos por contenerse la risa.

—Jo, es tan fácil hacerte rabiar que es inevitable no hacerlo… —después de esto cambió de tono, para tratar de calmar el enfado de Nico—. ¿Entonces, estudias Bellas Artes, cierto?

Nico asintió. Pero Will estaba conduciendo y no le miraba, así que dijo en voz alta:

—Sí. ¿Y tú?

—¿Me tomas por un estudiante? ¿No crees que pueda ser un simple camarero?

—Trabajas a media jornada —le explicó, como si fuera evidente—. Aunque no entiendo por qué, porque tu coche parece muy caro, aunque sea tan viejo.

—Clásico, si no te importa —puntualizó—. Y tienes razón, lo del trabajo… es una prueba de mi padre.

Nico no preguntó, aunque tenía curiosidad, y Will decidió explicárselo:

—Es una especie de penitencia. Hice una pequeña trastada que le molestó… y mi padre decidió obligarme a trabajar durante todo el curso para mostrarme lo que es el "trabajo duro". Bah, como si él realmente supiera lo que es eso. Estudio Medicina, por cierto. Estoy en tercero.

—¿Qué tipo de trastada?

Al principio le pilló desprevenido el hecho de que se mostrara abiertamente interesado por algo suyo, luego respondió:

—El verano pasado, él se pensaba que estaría en Hawái haciendo surf, pero me vine algo antes y sin avisar monté una fiestecilla en casa que se nos fue algo de las manos —explicó, restándole importancia al asunto—. Lo que a él le fastidió fue que cuando llegó a casa, con el propósito de montar él su propia fiesta, no podía porque había jóvenes borrachos por la terraza, la piscina y su apreciado jacuzzi. Eso y… que cuando llegó a mi habitación me encontró montándomelo con un chico.

—Él no sabía que tú eras… —comenzó a decir Nico, pero no se atrevió a terminar la frase.

—Bi. Soy bisexual —completó, con naturalidad—. Y no, no lo sabía, por eso se mosqueó más. Pero no por lo que tú piensas —añadió rápidamente—. Mi padre querría que se lo hubiese dicho antes y que no se lo hubiese "ocultado"… porque él también lo es.

—Oh —musitó Nico—. No, no me esperaba eso.

—¿Tu familia sabe lo tuyo?

De normal Nico se habría sentido molesto por la insolencia de preguntarle algo tan personal, cohibido porque si no se le daba bien hablar de él, mucho menos de esa parte de su ser. Pero por una vez, la conversación con aquel medio desconocido (a quien había besado, debía recordar) iba fluida, y no se lo había preguntado con la intención de burlarse, ni para restregarle el hecho de haberse dado cuenta de que era gay de antemano; simplemente se lo decía amigablemente, como para saber más de él y ponerse de su lado, porque le importaba. O quizás no tanto. Sí, seguramente se estaba envalentonando demasiado.

—Hazel… que es mi hermana. Mi padre pasa de mí, creo que ni sabe lo que estudio, él simplemente firma el cheque de la universidad. Y mi madre igual… está demasiado ocupada con su nueva perfecta familia, con su perfecto marido y con el cuidado de su hija perfecta Bianca (no me malinterpretes, quiero mucho a mi hermana pequeña, ella no ha hecho nada malo para acabar en una familia así).

Estuvo en silencio por unos instantes, pero finalmente admitió:

—Aunque la madre de Percy sí lo sabe… y ella es más mi madre que ninguna otra persona en el planeta.

—Cada familia, un mundo —concluyó Will, tras haber girado y recorrido unos metros en silencio—. ¿Y qué, estás de rollo con alguien?

De haber estado comiendo, Nico se habría atragantado.

—Pero… ¿cómo crees que yo estaría con…?

—Chico, no eres tan feo. Al menos, cuando no pones esa cara de ogro y empiezas a gruñir…

—Eres un idiota, Solace —dijo, pretendiendo zanjar el tema. No obstante, las siguientes palabras se le escaparon de los labios—. Y no estoy con nadie.

—¿Por qué? ¿Sientes que no hay nadie lo suficientemente bueno para ti? —preguntó el rubio, esta vez con verdadero interés, sin ningún atisbo de broma en su voz. Con Will, empezaba a darse cuenta Nico, siempre había una alternancia entre la seriedad y la broma.

—No, no es eso —respondió rápidamente—. Simplemente… no quiero estar con nadie.

—¿Nunca?

—Pues claro que no digo que nunca, Solace —negó, como si fuera lo más obvio del mundo, aun cuando ni él mismo lo tenía claro—. Pero por el momento, no.

—¿Por qué no?

Al escuchar la pregunta, Nico miró fugazmente a Will, como había hecho durante toda la conversación. La única diferencia era que en esta ocasión el rubio le estaba mirando atentamente, esperando a oír su respuesta.

—Pues, porque las relaciones son… complicadas. Y yo ya tengo una vida bastante complicada ahora mismo.

—¿Por qué dices que tu vida es complicada?

—Estoy en primero y tengo que apuntarme a muchísimos proyectos y esforzarme al máximo en ellos para tratar de destacar y poder participar en las exposiciones porque sólo así podré no depender de unos padres que prefieren ignorarme y poder vivir en un futuro de lo que a mí me gusta haciendo lo que me apasiona siendo yo mismo.

Una vez dicho aquello, expulsó todo el aire que se dio cuenta que había estado conteniendo. Era algo que no le había dicho ni siquiera a Jason, a quien solía confiarle sus cosas, ni a Reyna, con quien hablaba de lo que realmente le preocupaba. Era lo que había sentido desde el mismo instante en que había pisado por primera vez el aula de Dibujo 101. Una presión que llevaba a todos lados.

—¿Y crees que una relación amorosa te la complicaría todavía más? — En lugar de mostrarse compasivo, Will se le encaró. Le miró a los ojos, pero Nico no respondió, aunque con su mirada se lo decía todo—. Di Angelo, ¿qué clase de idea tienes de las relaciones? Porque son… son… ¡justo lo contrario!

Will sonaba exasperado, y en respuesta Nico rodó los ojos, cansado.

—Ilústrame entonces, gurú del amor.

—Una pareja es alguien con quien compartes tus preocupaciones y te ayuda a que éstas disminuyan, o lo intenta, y hace que todo sea más llevadero. Así es como funciona el amor.

Nico giró el rostro y miró a través de la ventanilla. Se dio cuenta de que se habían detenido, aunque no sabía cuándo había sido eso.

—Te has equivocado. Estás en la calle que toca, pero mi casa está un poco más adelante, y a ese otro lado.

—¿De verdad te has dado cuenta ahora? Llevamos parados un rato. Y, sé que ésta no es tu casa. Porque es la mía.

Nico abrió mucho los ojos y miró de nuevo a la casa, y luego el punto donde debía estar la suya, a escasos números de ésta.

—No puede ser… ¿bromeas?

—En absoluto —negó él también con la cabeza—. Pero bueno, como veo que la velada no va a ir por donde yo quería, voy a llevarte hasta tu puerta.

De este modo, arrancó el coche de nuevo. Nico se preguntó cómo no había podido darse cuenta de que el ruido del motor había dejado de sonar.

—Entonces, dime una cosa —dijo Will—. Si no te va lo de tener un rollo, como has querido dar a entender antes, y si no quieres iniciar ninguna relación por el momento… ¿por qué me has besado?

Las casas estaban tan próximas que, cuando terminó de formular la pregunta, ya pudo apagar de nuevo el motor y girarse para volver a mirar a Nico, en espera de una respuesta que el moreno no sabía darle.

—Percy me había dicho que me dejara llevar por una noche… para ver qué tal. Pero ha sido un error. Me gustaría hacer como si no hubiera pasado —no habló con malicia, en esta ocasión. Simplemente era lo que él quería… pero al ver a Will, la percibió de nuevo. Su vulnerabilidad. Aunque después sonrió y habló jocosamente, aquello le había dolido.

Se sacó el móvil del bolsillo justo antes de responderle:

—¿Así que he sido tu pequeño experimento, no? ¿Lo habías planeado cuando me habías dicho esta mañana que estarías en el Nueva Roma?

—No… yo… no. No sabía que ibas a venir. Ha sido un impulso tonto… Lo siento.

—Ya, bueno —comentó Will, con la vista fija en la pantalla—. Al parecer, eso de hacer como si no hubiera pasado… no va a ser posible.

Antes de que Nico le preguntara el porqué, Will giró la muñeca para que él pudiera observar su pantalla. En ella había una foto de ellos dos, en el mismo momento en que se habían besado.

—Está tan bien hecha que se puede apreciar que me besabas con el ceño fruncido como yo te había dicho… ¿lo ves?

Nico esquivó su comentario, y dijo, en cambio:

—¿Quién la ha hecho? ¿Quién te la ha enviado?

—Una amiga mía que me había acompañado al Nueva Roma… cuando la ha hecho estaba bailando con Percy… tu Percy.

Nico se quedó perplejo. Por unos segundos, no hizo nada. Después, llevó la mano hasta la manija de la puerta y dijo:

—Gracias por traerme. Buenas noches —salió del vehículo rápidamente y justo cuando había terminado de rodearlo para enfilar por el caminillo que llevaba a la puerta de su casa, Will, con la ventanilla bajada, le llamó:

—Ey, espera, Nico. Quiero saber… ¿volverás a la cafetería?

—¿Por qué no iba a volver, Solace? —preguntó Nico, como si de nuevo aquella pregunta fuese estúpida, y no su comportamiento de las últimas semanas.

—Es bueno saberlo —comentó, mientras Nico llegaba a su puerta—. Por cierto, feliz cumpleaños.

—Vale, vale. Muchas gracias y todo eso. Ahora lárgate a tu casa a dormir.

La voz de Nico pretendía ser dura, pero mostraba que su intención era solamente la de aparentarlo. Will le siguió el juego:

—Pero yo quiero asegurarme de que entras y estás seguro.

—Ya, claro. Lo que quieres es saber dónde está el escondrijo de la llave extra para poder usarla de vez en cuando y meterte en mi cama en mitad de la noche.

Will fingió pensárselo.

—Pues, tampoco es mal plan.

—Ya, claro. Pues a mí no me hace gracia. Vuelve con tu culo y tu escoria de coche a tu casa.

—¡Cómo osas decir eso de…! Me voy ya porque… —comenzó a hacer la maniobra de marcha atrás—, porque si no no sé lo qué haré contigo…

Cuando Nico entró en casa, subió a su habitación y sin quitarse la ropa, se echó en la cama. Aquél había sido un día muy distinto al de todos los anteriores. Y no sólo por Will y la última parte de la velada. Aunque también, claro.

Entonces fue cuando su teléfono móvil vibró desde dentro del bolsillo, él decidió mirar el mensaje y se sorprendió al descubrir que venía de un número desconocido.

¿Has cerrado la puerta con llave y te has asegurado de que dentro no había ningún ladrón dentro?

Estaba claro que era de Will. Nico recordó que en su cuaderno de dibujo, aquél que se había dejado en la cafetería hacía ya un mes, ponía su número. Seguramente, al igual que la dirección, el otro chico se lo habría apuntado.

¿No crees que debería hacerse en el orden inverso?

Ya, bueno, pero eres tú el que siempre va a contracorriente.

Nico no respondió nada. Decidió añadirlo a su agenda de contactos. Como si lo estuviera espiando, Will le dijo:

¿Ya me has añadido a tu agenda? ¿Cómo me has llamado? ¿Mi doctorcito sexy?

Nico rodó los ojos, pero al estar a solas, también se permitió una pequeña risita.

Optó por enviarle una captura de pantalla, en la que se leía que su nombre era "Pain in the ass".

Uhmmmmm. ¿Te das cuenta del doble sentido que tiene eso? ¿O lo has hecho precisamente por eso?

Nico tragó saliva. No lo había pensado… Decidió hacer como si nada, dejó el móvil en la cama y se dispuso a desabrocharse las botas, quitarse aquellos malditos ajustados pantalones y cambiarse por algo más cómodo.

Encima del edredón, su teléfono volvió a vibrar.

¿Eres tú el que ha encendido la luz? ¿En ese caso, sabías que tu ventana puede verse desde la mía? ¿No es fascinante?

Nico la apagó al instante.

Sí, tu ventana se ve desde la mía —sentenció, al saber que Will la había apagado precisamente por haber leído su mensaje.

¿Duermes con pijama, en ropa interior o desnudo?

Como es obvio, Nico también obvió aquel mensaje. Y como era de esperar, Will se autorrespondió.

Con pijama, es evidente.

No, espera. Con pijama no. Con una camiseta y un pantalón de chándal, o algo así.

Will había acertado.

Sé que he dado en el clavo.

No creo que con el servicio de la cafetería por el que pago vengan incluidas estas insistentes chácharas a medianoche.

No, eso va incluido en otro paquete de servicios bien diferente. Y como sé que no vas a preguntarme de a qué me refiero, te lo responderé a continuación.

No obstante, Will tardó en enviar el siguiente mensaje. En contra de sus principios, Nico lo esperó con el teléfono en la mano.

Es lo que hacen los novios, Little Nico. O los que van a ser novios en un futuro.

No me llames Little Nico —respondió, sin demora y obviando el resto del mensaje.

Tarde. Ya se te ha quedado como mote. Es oficial. A continuación, le envió una captura de pantalla, en la que se veía que en efecto, aquél era el nombre que le había puesto, acompañado por el emoticono de la cara de enfado.

Ni se te ocurra llamarme así en público.

Will no dijo nada.

O me meteré con tu coche.

Mientras te metas dentro, creo que contigo podré hacer una excepción.

Nico no dijo nada.

Will no dijo nada.

Nico se tapó con el edredón, el móvil estaba a su lado. Finalmente, éste volvió a vibrar.

Di Angelo.

Solace. Algunos intentamos dormir.

Es que tengo una duda.

Y ya que tú estudias Bellas Artes, querría saber si tú sabrías responderme.

No pienso colarte como modelo desnudo.

¡¿Pero qué imagen tienes de mí? No me refería a eso. En absoluto.

Mejor así. Por si acaso.

Dispara, Solace.

¿Cuál dirías que es el color de los sueños?


Nota: Supongo que habrá quedado claro que en cursiva van los mensajes de texto, y en cursiva y negrita los mensajes de texto que envía Nico.

No se me ocurría un color para este capítulo, pero creo que el término de contraluz es el más adecuado. Tenía pensado que en este capítulo hubiese un salto temporal, pero me ha parecido conveniente incluir cómo fue el beso y esta charla antes que lo que vendrá a continuación, que era necesario para establecer las bases de lo que será la relación a partir de ahora.

¿Y qué opináis los demás? ¿Cuál es el color de los sueños?

Saludos desde el otro lado,

Littlemacca.