Capítulo 30 Estadía para ambos
"No puedo creer que finalmente haya venido a este lugar…" – Kai permanecía ahora en la cama de la acogedora habitación que el abuelo había designado para él, miraba al cieloraso con sus manos detrás de la cabeza. Las cortinas estaban un poco abiertas, se movían de vez en cuando por el viento; las luces estaban apagadas, pero una tenue claridad ingresaba por el ventanal. "…se suponía que debía hablar con Robert para largarme de acá en un avión privado, pero debo admitir que el aire de esta casa me da un poco de paz, como lo decía su canción…"- Kai cerró sus ojos mientras volvía a reproducir la melodía que resonó en su mente justo antes de casi besar a aquella mujer. Intentaba dormir.
- Alana… - más que un pensamiento fue un susurro.
Kai comenzó a recordar el momento en que llegó a casa del abuelo. Alana fue quien abrió la puerta muy emocionadamente, él notó como su rostro se sorprendió al verlo. Claramente Alana esperaba que fuera alguien más quien llamara a la puerta. Kai también se sorprendió al verla, pero era experto en disimular sus emociones especialmente si el enojo y la frustración se sobreponían a cualquier otro sentimiento.
- Pensé que era Roxie.- le dijo Alana nerviosamente, agachando la mirada un poco.
- Vine a ver a tu abuelo.- Kai le dijo directamente, con mirada fija.
- Pasa, ya le avisaré que llegaste. – cerró la puerta – ven por acá.
Kai, reprimiendo los sentimientos encontrados, seguía a Alana tratando de no mirarla. Ella lo llevó hacia una sala con unos cómodos sillones. Luego de pedirle que tomara asiento salió a llamar al abuelo. Kai no se sentó hasta que Alana salió de la sala. Estaba bastante cansado, apoyó relajadamente su espalda en el suave respaldar, respiró profundamente cerrando los ojos. Al abrirlos de nuevo, posó su mirada sobre una pintura que llamó su atención, era un majestuoso león echado sobre el pasto, tenía un corderito descansando al lado de su cuerpo, como si fuera un leoncillo hijo suyo. Luego escuchó los pasos de dos personas acercarse, antes de que pudiera voltear, unas manos pesadas tocaron sus hombros, eran las del abuelo.
- Hola, sabía que vendrías.
Alana permanecía detrás del abuelo, Kai se dio cuenta que lo miraba compasivamente, sostenía una bandeja con dos tazas y una tetera. Ella y el abuelo se sentaron frente a Kai.
- Espero les guste el te de manzana. - decía vertiendo el té dentro de las tazas.
- ¿Tú no tomarás, hija?- le dijo el abuelo levantado su taza.
- No por ahora.
Kai esperó a que su taza estuviera servida y la tomó, llevándosela a la boca lentamente, sabía que necesitaba probar algo, ya que casi no había comido y se sentía muy débil. El timbre se escuchó por toda la casa, alguien buscaba. Kai no prestó atención. Estaba muy pensativo.
- ¿Quién podrá ser?- dijo el abuelo.
- Iré a ver, seguro es Roxie.
- No vayas, quédate con Kai. Yo iré a toparla, si es que es ella.
En un momento el abuelo se levantó dejando a Kai y a Alana solos en la sala. Kai, ahora sobre la suave cama, recordaba aquel instante en la sala junto a Alana. Ninguno se dirigía la palabra. Alana solo permanecía con las manos cruzadas sobre su falda, con la mirada de lado mientras Kai tomaba su té. Una sonrisa se asomó en el casi dormido chico mientras recapituló en su mente las palabras de Alana después de aquel largo silencio.
- Kai… yo pensé que no ibas a venir. Estaba preocupada por ti. Espero te sientas a gusto acá.
Kai no le respondió, sino solo la miró fijamente. Alana no imaginaba todo lo acontecido a Kai ni la lucha interna que tuvo antes de llegar a su casa. El sueño le ganó a sus recuerdos y pronto Kai se encontraba dormido. Mientras tanto en otra de las habitaciones, Alana permanecía despierta, tendida boca abajo con su brazo derecho colgado de un lado de la cama. No podía creer que Kai, aquel capitán serio y orgulloso estuviera ahora residiendo con ella. Sólo que esta vez lucia desgastado, su cara demostraba más frialdad que la última vez que lo vio en su casa. "Quisiera saber que te ocurre, Kai".
Kai sintió que alguien lo movía de un lado a otro, abrió sus ojos para toparse con una chica de cabello rubio que le hizo una señal para que se mantuviera en silencio y luego le pidió con otra que la siguiera. Kai, un poco confundido, se levantó de su cama. Alana, quien tenía una bata blanca, abrió la puerta de Kai. Lo llevó hasta las gradas principales, luego comenzaron a descender lentamente hasta que la chica se detuvo.
- ¿Qué quieres?
Alana se acercó a Kai tomándole de los hombros. Su dulce voz le comenzó a hablar.
- Sé que tu padre murió, y que tu mamá también. Debes sentirte muy solo. – Kai miraba el inocente rostro de Alana cerca del suyo, pero sentía cierto temor. La chica continuó. – Si tan solo ellos hubieran estado vivos, tu vida sería totalmente diferente… ahora eres solo un fugitivo que huye de su familia, tu no quieres ser malo como ellos, pero tu sabes que lo eres donde quiera que estés, Hiwatari.
El semblante de Alana comenzó a cambiar, se volvió severo y ella puso su mano en el cuello de Kai.
- ¡Tú no eres Alana!- gritó Kai tratando de soltarse de la mano que lo sujetaba fuertemente.
De repente ya no era Alana quien lo sostenía, era aquella mujer del casino pero con una apariencia más malévola.
- ¡Mira lo patético que eres! Vienes a esconderte a casa de un viejo hombre cuando deberías estar manejando cuentas bancarias o destruyendo los beyblades de tus oponentes.
- ¡Suéltame! – Kai gritaba casi ahogándose - ¡Déjame ir!
La mujer comenzó a reírse histéricamente.
- No me diste el beso… - dijo en tono burlón- hasta que me lo des te dejaré ir.- la mujer acercó el rostro de Kai a ella.
Kai hacía esfuerzos por soltarse pero no lo lograba, en un gritó desesperado despertó del horrible sueño. Hace tiempo que no tenía una pesadilla. A duras penas volvió a conciliar el sueño.
El siguiente día, desde muy temprano, Kai se encontraba en una sala de estudio que tenía el abuelo. Había algunos libros de historia apilados sobre la mesa, una taza de café y un cuaderno con apuntes. El chico parecía buscar un libro específico pues leía cuidadosamente las leyendas en el lomo de cada uno.
- Oh, ahí estabas, ¿quieres que te sirvan el desayuno acá, Kai? – se escuchó la voz del abuelo Damian.
Kai asintió con su cabeza volviéndolo a ver.
- ¿Buscabas algún libro en especial?
- Sí… quiero uno que hable de la mente. – Dijo mientras seguía buscando.
El abuelo se dirigió a uno de los estantes y sacó un libro de pasta negra. Kai lo miró, tenía letras doradas.
- Este te servirá. – le dijo el abuelo extendiéndoselo.
- No, gracias. Prefiero otro.
El abuelo lo colocó en el mismo lugar de donde lo sacó. Luego se dirigió a recoger algunos papeles de un escritorio.
- ¿Por qué lee esas cosas?- le preguntaba Kai llevando dos libros hacia la mesa. - ¿No es pura ficción?
- Verás Kai, de todos los libros que he leído durante mi vida, puedo decirte que por este he visto mejor reflejada mi realidad y… mientras más lo analizo me doy cuenta de la verdad que hay entre sus páginas. Y aunque me muestra lo terrible que puede ser la vida en esta tierra, también aprendo a vivir con una verdadera esperanza.
- Para mí son sólo historias de mentiras… - dijo Kai mientras abría uno de los libros.
El abuelo dejó oír una carcajada amable.
- A veces te me pareces tanto a mí cuando tenía tu edad, Kai. No deberías hacer tal afirmación si nunca te has detenido a estudiar su contenido con profundidad. Estoy seguro de que si lo haces te llevarás muchas sorpresas. – El abuelo salió llevándose algunos sobres y papeles. – Pronto traerán tu desayuno.
Fuera de la casa Stróganov, Roxie y Hiro se dirigían al aeropuerto en una camioneta manejada por Hiro a esperar la llegada de sus compañeros de la BBA.
- Te digo que Kai no escuchó cuando yo te decía que ya lo había encontrado; porque antes de que yo pudiera entrar donde estaban, el abuelo me hizo una señal desde lejos para que lo esperara, después me preguntó si hablaba contigo…
- Bueno pero de todos modos Kai imaginará que tú me contaste que él estaba allí… Sin embargo, recuerda que el abuelo Damian me pidió que no le dijéramos a nadie más.
- ¿Crees que realmente le importe eso a Kai?- preguntó levantado un poco la voz- Es el chico más indiferente que he conocido…
- Bueno, pero no le digas a ninguno que lo encontramos, en especial a Tyson…
- Lo sé… - Roxie rió – de seguro iría directo a buscarlo y sacarlo de allí… ¿Pero que hay de Alana? Ella deberá venir a los entrenamientos con nosotros también, ¿que tal si a alguno de ellos se le ocurre ir a visitarla antes de que ella venga?
- Mmm tienes razón, le diré que se hospede con nosotros lo más antes que pueda…
Una llamada interrumpió la música del piano que Alana tocaba.
- ¿Hola?
Alana, después de saludar amablemente a Hiro, escuchó lo que tenía que decirle. Hiro le pidió que empacara lo necesario para empezar el entrenamiento al día siguiente. Luego de charlar unos minutos, colgó el teléfono. Tomó su beyblade y se fue a buscar a Kai. Lo encontró muy concentrado leyendo.
- Kai… - lo llamó asomándose por la puerta.
Kai no había visto a Alana en todo el día, cerró el libro que leía y puso atención.
- La BBA iniciará su entrenamiento mañana.
- Hmm… espero que te vaya bien. – Kai dijo seriamente, levantándose de la silla para salir de la sala donde se encontraba.
- Yo no iré con ellos, me quedaré en casa hasta el torneo. – le dijo secamente.
Kai volteó a mirarla con sorpresa. "¿Tú tampoco participarás?" pensó.
- Les dije que me dejaran entrenar por mi cuenta. – Alana sacó su bey y lo mostró a Kai- Tú me entrenaras. – afirmó decidida.
Kai lo pensó por un instante. Aunque en esos días no quería tocar su beyblade se sintió retado por la chica. Sin una muestra de emoción en su rostro le respondió mientras se retiraba caminando:
- Mañana a primera hora. No seré flexible contigo.
Y tal como lo dijo Kai, a primera hora, ambos comenzaron su entrenamiento.
