CAPÍTULO VII
Will. Diciembre de 2013
Gris tormenta
El examen de Dermatología había sido matador. Por suerte, era el penúltimo del año. Por desgracia, aún quedaba el de Anatomía, un hueso duro de roer, su propia cruz, desde el primer curso. Pero para aquello quedaba, por suerte, una semana entera.
Por esta razón se había podido ir una hora entera al gimnasio. Por esta y porque, realmente se lo merecía. Necesitaba despejar de su mente las pilas enteras de apuntes todavía por leer. Hacerse unos largos en la piscina y practicar un poco de yoga eran los aliados perfectos para ello. El paso número tres para el paquete relax completo era llegar a casa, darse un buen baño, cenar tranquilamente y acostarse pronto (algo que no había hecho en varias semanas). Al siguiente día madrugaría y volvería a la rutina. Aquel era su plan.
Pero su plan fue trastocado. Cuando acababa de girar y se había metido en su calle (iba a pie, pues no se encontraba tan lejos del gimnasio), alguien pitó el claxon varias veces. Will se giró, para descubrir al loco de Percy Jackson al volante.
—Hola, Percy —dijo él, en tono calmado, y sin saber qué esperar. Con Percy nunca se sabía por dónde te iba a salir.
—Solace, te he estado llamando varias veces. Al teléfono y a casa. Nadie sabía dónde estabas.
Con "nadie" sabía perfectamente que se refería a Diana, su mejor amiga, que por lo que tenía entendido cada vez hablaba más y más con Percy… y no de las vidas de ambos, precisamente. Más bien de las de Nico y Will.
—¿Por qué tanto alboroto? —preguntó, y recordó que desde que había entrado en el examen había tenido el teléfono apagado—. ¿Le ha pasado algo a Nico? —era realmente lo único que se le ocurría que podía hacer que Percy lo llamara con tanta insistencia…
—Sí… digo no —se corrigió rápidamente, al darse cuenta de que le estaba preocupando—. Sube al coche, que ya llegamos tarde.
—¿Llegar adónde? Quería ducharme, si no te importa… estoy un poco impresentable.
—La verdad es que sí, pero no tenemos tiempo. Tendría que haber recogido aproximadamente hace cinco minutos a Jason y a Reyna, porque nos vamos a presentar por sorpresa a la exposición de Nico. Queríamos invitarte, y si te apetece venir, todavía estás a tiempo. Quiero decir, si te decides en menos de tres segundos.
La respuesta era evidente.
En apenas dos segundos, Will había abierto la puerta y ya se encontraba en el interior del automóvil.
—No sabía que Nico tuviera una exposición.
—Porque no quería que nadie lo supiera —Percy acababa de arrancar, con un acelerón que inició un trayecto accidentado, lleno de acelerones y trompicones—. La exposición de Navidad es sólo para obras de alumnos de segundo en adelante. Pero a Nico le han hecho un hueco. Quiero decir, que nuestro Nico se ha hecho un hueco en la expo. Y yo he sido un buen detective y me he enterado de que estaba invitado antes de que se produjera—terminó diciendo, con un aire que indicaba que estaba muy pagado de sí mismo.
—¿Y no has pensado que el hecho de ir todos en grupo de sopetón le va a poner mucho más nervioso de lo que ya debe de estar de por sí?
Percy se quedó callado por un momento.
—No, lo cierto es que no lo había pensado —por un segundo, dudó—. Pero bueno… no será para tanto… ¿no?
—Creo que yo me bajo aquí, no creo que a Nico le haga gracia nada de esto… y menos que vaya yo…
—Tarde. Mira, allí están Jason y Reyna.
Percy había dado un pisotón al acelerador y en cuestión de segundos la pareja ya había subido al coche.
—¿Qué tal el examen, Grace? —preguntó Percy a modo de saludo.
—Creo que bien.
—Eso quiere decir que el sobresaliente está asegurado, era un tema que dominaba —dijo Reyna, sonriente, mirando a su mejor amigo. Después, dirigió su mirada a Will—. Ey, hola. Al final Percy se ha hecho contigo.
—Soy un hombre de recursos —se pavoneó Jackson.
—Casi me atropella —replicó Will.
—¿Percy! —gritaron Reyna y Jason al mismo tiempo.
—Es mentira, chicos. Está claro por qué le gusta a Nico, es una auténtica drama queen, como él.
Will habría tratado de defenderse contra aquel comentario, de no haber sido porque le había reconfortado. Sabía que Nico estaba interesado en él, no porque fuera un creído, sino porque era realista y simplemente lo sabía. Era más que evidente. Pero de lo que no estaba del todo seguro es que ese interés escondiera un verdadero agrado… pues siempre mostraba justo todo lo contrario. Quizás, después de un tiempo, la novedad se pasara, y el italiano se daría cuenta de que realmente él había sido un mero interés pasajero… una musa fugaz.
—Oye Will, ¿al final entras con nosotros o te quedas?
El aludido pestañeó, y de este modo se dio cuenta de que se había zambullido en sus pensamientos, sin darse cuenta de que habían llegado a la Facultad de Bellas Artes. No era que hubiese estado antes como para identificarla, pero de tan sólo ver la estructura del edificio, se hacía evidente. Los coloridos carteles y los pintorescos atuendos de los alumnos eran otras de las señales que lo indicaban.
—Bueno, ya que me has traído hasta aquí…
—He ganado la apuesta, Grace —Percy extendió la mano, como demandándole dinero, pero en su lugar dijo—. Me debes una pizza cuatro quesos.
Reyna rodó los ojos y sin usar las palabras, le dijo a Will que aquello era algo muy habitual entre ambos chicos.
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—Un poco más a la izquierda, en mi opinión —dijo John, desde el suelo. Nico estaba subido a la escalerilla, moviendo el foco que iluminaría sus obras expuestas.
Todavía no se hacía a la idea de la importancia de aquello. Claro que habían expuesto cosas suyas previamente, tanto en la academia de arte como en el instituto, pero aquello no se podía comparar con… esto otro. La universidad. Los profesores de cursos superiores, aunque sólo fuese de pasada, verían su obra. Incluso un crítico de arte de verdad vendría. O algún mecenas importante, si se cruzaban los astros. Aquello era muy, muy grande.
—¿Así?
—Así perfecto, sí.
Bajó de las escaleras y, mientras estaba comprobando si realmente estaba bien, cómo quedaba con ese cambio de luz, sintió las manos de John por su espalda.
—Se te había subido y arrugado la camisa. Que podrías arremangarte, te quedaría mejor…
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—Es esta sala, chicos —comentó Jason, tras haber leído el cartel de la puerta. Todos entraron detrás de él—. Aunque no me parece ver a Nico por ninguna parte.
—Eso es porque se ha puesto elegante para venir… y, ¡oh! —exclamó Percy, sorprendido—. Porque no nos imaginábamos que se dejase manosear así como así con…
El cuerpo de Will se puso tenso. No por lo que cualquiera pudiera pensar, es decir, como reacción a que alguien estuviese tocando a Nico más de lo necesario. Realmente Percy estaba siendo un exagerado y le estaban tocando de forma normal (aunque quizás no tan normal en Nico, el rey del no contacto). Pero lo que le molestaba era que fuera precisamente John quien estuviera con él. Por eso, a Will le gustó ver cómo Percy y Jackson se les acercaban con su pose más amenazadora que decía a gritos "no toques a nuestro bebé sin nuestro permiso". Reyna tampoco parecía muy contenta, y quizás la chica era la que podía resultar la más temible de los tres.
—Habíamos venido a hacerte compañía… pero parece que ya estás con alguien —comentó Percy, con marcado tono de reproche.
—No nos habías contado que tuvieras ningún amiguito en clase, Nico —dijo Jason, empleando el mismo tono.
—¿Qué hacéis aquí…? ¿Cómo lo sabíais…? ¿Will? —preguntó Nico, haciendo una detrás de otra otra y en aquel orden.
El aludido alzó la mano a modo de saludo. Al mismo tiempo, John, que había estado evaluando a Percy y a Jason, le miró a él.
—Oh, Will. Vaya, ¡cuánto tiempo! No sabía que conocieras a Nico…
—¿Os conocéis? —preguntó Nico, con la ceja enarcada. Pero en lugar de mirar a John, miraba a Will.
¿Qué debía decir? ¿Sí, por desgracia? Por suerte, Reyna acudió en su ayuda. Aquella chica cada día le caía mejor.
—Son ésos tus cuadros, ¿verdad, Nico? Porque son realmente preciosos… tan de tu estilo pero al mismo tiempo…
Nico retiró su mirada de la suya, miró a su amiga, y después miró a los cuadros y comenzó a responderle. Estaba visiblemente turbado, por lo que Will consideró que lo mejor que podía hacer era marcharse.
Cuando estaba ya por el primer piso, escuchó su nombre por el hueco de la escalera. No se detuvo porque su nombre era relativamente común… sino porque la voz era de Nico. No fue a su encuentro, sino que lo esperó. El chico bajó los escalones a toda prisa, pero cuando les separaban menos de cuatro, se detuvo.
—¿Por qué has venido? —le preguntó, bruscamente, fiel a su estilo.
—Percy me abordó en la calle, me invitó a venir —Will se metió las manos en los bolsillos de la sudadera. Tener frente a él a un Nico arreglado (el pelo hecho en una ordenada coleta, una camisa negra que le enmarcaba la figura, y aquellos pantalones que había llevado en el Nueva Roma y que él mismo había alabado) le hacía sentir todavía más que estaba hecho un desastre.
—¿De qué conoces a John? —preguntó en cuanto le respondió.
A Will, por un instante, le costó captar a quién se refería. Prefería hablar con Nico de cualquier otro tema, de otras personas… salvo de él.
—¿Quieres saber la verdad?
—¿Por qué te lo habría preguntado si no? —Nico se cruzó de brazos, en señal de que estaba esperando una respuesta.
Se estaba comportando como un idiota. Es decir, tratándose de Nico, se estaba comportando de una forma mucho más idiota que la habitual, pero Will estaba realmente cansado aquel día y tenía ganas de irse a su casa ya. Así que le respondió.
—John me estuvo acosando.
Y antes de que pudiera añadir nada más, Nico, muy desafortunadamente replicó:
—Quieres decir, ¿cómo tú conmigo?
La mirada de Will se tornó gélida en cuestión de milésimas de segundo. Al igual que sus ojos, su voz también se endureció:
—Cállate. Ahora mismo. Porque eso ya no te lo consiento. Que me trates como a una mierda porque ese es tu comportamiento habitual con todo el mundo tiene un pase, pero que me compares con él y con lo que me hizo a mí, eso ya no te lo permito.
» Que yo sepa fuiste tú quien me sugirió que fuese al Nueva Roma el día de tu cumpleaños, y una vez allí fuiste tú quien inició el beso. Las dos veces, fuera y dentro, he de añadir. Que yo sepa aceptaste y viniste de forma completamente voluntaria a mi casa de la playa y, de nuevo, estando allí, fuiste tú quien me besó a mí. Así que desde mi punto de vista y desde el del resto de los mortales exceptuándote a ti, nunca, jamás, me he propasado contigo, nunca he hecho algo que tú no consintieras. Por mucho que cada día, mientras cobraba pedidos y gritaba comandas te viera en tu mesa y deseara hacerte el amor allí mismo delante de todo el mundo y llevarte conmigo a las estrellas. Siempre he esperado pacientemente a que dieras tú el primer paso.
»Así que no te vuelvas a atrever a compararme con él, porque por suerte para ti realmente no sabes lo que es que alguien te acose, no sabes lo que es que en una fiesta donde has ido a pasártelo bien con tus amigos alguien te haya puesto algo raro en tu copa, algo que convierte tu noche en un borrón y que te descubras tiempo después sin saber realmente qué has hecho, qué te han hecho.
Los labios de Will permanecieron entreabiertos durante los segundos que siguieron a su discurso, como si les costara reajustarse a la calma del silencio. Tomó aire, aún con los ojos puestos en Nico (que parecía haberse quedado paralizado), para girarse y soltarlo, bajar las escaleras y finalmente desaparecer.
Por favor, no me matéis por volver con este final después de tanto tiempo sin actualizar. Tan sólo esperad a la semana que viene y a lo que está por llegar...
Nos vemos en el otro lado,
Littlemacca.
