Capítulo 32 Tristes memorias
Kai se quedó por un momento pasmado de asombro, se había dado cuenta de que efectivamente su madre era la mujer embarazada, y que ese libro que tenía en su mano parecía haber sido un regalo para ella. "Es cierto… el abuelo Damian me dijo que él conoció a mis padres, los padres de Alana también los debieron conocer." Kai recordó la primera conversación que sostuvo con el abuelo en Inglaterra. Lentamente se agachó a recoger las otras fotografías que habían caído. Buscó una silla, puso el libro sobre la mesa en la que estudiaba los otros escritos y comenzó a pasar las fotografías una por una.
En una de ellas se retrataba a Alla, la mamá de Alana, junto a la mamá de Kai; pero esta vez un hombre estaba abrazando a Alla y otro a Emi, este último era, por supuesto, el padre de Kai. Le sorprendió ver el buen aspecto que tenía, se veía tan contento. Las fotografías tenían ciertas leyendas en la parte trasera, esta decía "Celebración: ¡Emi por fin será mamá!". En otra, sólo los padres de Kai posaban abrazados con un ramo de orquídeas en el centro; "Hermosas orquídeas de Alla a Emi, el día más feliz de todos, ¡seremos padres!" Después de leer, Kai supo que era la misma letra en todas las inscripciones, e indudablemente fue su padre quien las escribió. Kai escuchaba su propio corazón latiendo rápidamente, no podía creer tener tales recuerdos en sus manos. En otra de las fotografías, la última que le faltaba de mirar, estaba la imagen de un señor al lado de su padre. Se trataba del abuelo de Alana, pero lo que más llamó su atención era que cada uno sostenía un beyblade, los cuales enseñaban sonrientes. "Batalla contra el señor Damian: me exige la revancha…"
Lo que Kai recordaba de su mamá era lo que pocas veces su papá le había contado. No se hablaba mucho de ella en su casa, y después de la muerte de su padre rara vez se hablaba de ellos porque su abuelo prohibía el tema. El chico, en aquel salón de estudio, se sentía tan nostálgico como nunca antes. Resentía la muerte de sus padres más de lo que él mismo pudiera aceptar. Por un momento, en un pensamiento de ira, quiso romper las fotografías, pero su conciencia no se lo permitió. No se percataba del tiempo, no quería volver a su habitación, Kai sentía una intensa amargura.
Abrió el libro indiferentemente al principio, notó que algunas partes estaban subrayadas en rojo, algunas encerradas en círculos del mismo color, las cuales se ocupó en leer detenidamente por el resto de la noche. En ocasiones dejaba la lectura y tomaba la fotografía donde se apreciaba mejor a su madre embarazada y la miraba una y otra vez. Una de las citas marcadas parecía tener algún sentido para él, se arrecostó en la mesa para analizar lo que acababa de leer, mas mientras iba pensando en ello, se quedó profundamente dormido.
Horas después, los cabellos azulados del chico se movían por la suave brisa que entraba de vez en cuando por la recién abierta ventana. El sonido de los papeles que el señor Damian acomodaba en su escritorio y de los ligeros trazos del lapicero sobre ellos pareció despertar a Kai. El chico levantó pausadamente la cabeza, por un instante olvidó el por qué estaba en ese salón, así que restregó un poco sus ojos, pero apenas miró las fotografías justo como las había dejado antes de dormirse fue como recobró las memorias de la noche y aquel vacio sentimiento lo invadió de nuevo. Se enderezó un poco más y al chocar con el respaldar de la silla se percató que una frazada gris se deslizó de su espalda. Kai no tenía noción de que eran un poco más de las diez de la mañana, no pudo despertar a tiempo para encontrarse con Alana para el entrenamiento.
Antes de que le chico despertara, Alana se preocupó de que Kai no llegara pronto y por eso decidió ir a buscarlo, no lo encontró en su habitación y luego de preguntar a una mucama, ésta le dijo que lo vio en el salón de estudio. Cuando Alana llegó se conmovió al verlo aún dormido sobre la mesa, respiraba profundamente, de verdad se veía muy cansado. La chica supuso, por los libros que estaban al lado de Kai, que seguramente no había dormido por estar leyendo. Una mucama, después de que Alana se lo pidiera, le trajo la frazada gris; Alana se acercó silenciosamente con cuidado de no despertarlo y lo cubrió con la frazada. No quiso indagar acerca de lo que Kai leía, intencionalmente no le puso atención a los libros. De la misma manera silenciosa en la que entró se dirigió a la puerta, solo se detuvo para mirarlo una vez más antes de salir por completo.
- Con que ya despertaste, Kai. Buen día. – se escuchó la voz amable del abuelo que seguía en su escritorio tomando algunas notas.
Kai estiraba un poco sus brazos aún sentado frente a la mesa cuando escuchó al abuelo, se sobresaltó e inmediatamente volteó a verlo. De repente recordó su entrenamiento con Alana y se levantó rápidamente un poco consternado.
- ¡Disculpe, no debí quedarme acá dormido! ¿Qué hora es?
El abuelo miró el reloj de la pared.
- Son las diez y media.
Kai puso sus dos manos pesadamente sobre la mesa con su cabeza agachada.
- No puede ser. - renegó- no desperté a tiempo. – De repente sus ojos se encontraron con las fotografías y el libro abierto en la última página que leyó.
El abuelo, al notar la mirada ida de Kai, inquirió.
- ¿Debías entrenar con Alana?
- Sí… - respondió moviendo la cabeza, sin quitar la mirada de las fotografías.- Pero es muy tarde ya…
- No te preocupes, Alana me advirtió que no hiciera ruido cuando supo que yo venía para acá, así que ella entendió que hoy no podrían entrenar temprano cuando te vio aún dormido.
Kai cerró sus ojos y suspiró un poco, aún apoyado con sus dos manos sobre la mesa. Luego de abrir sus ojos de nuevo, metió las fotografías entre las páginas abiertas del libro, lo cerró y se dirigió rápidamente frente al escritorio del abuelo. El chico, con su mirada penetrante, puso el libro sobre el escritorio del abuelo. El sonido seco de libro sobre su escritorio, hizo que el abuelo levantara su cabeza con semblante de asombro, luego notó la seriedad en el rostro de su huésped.
- ¡Usted sabía que me encontraría estas fotografías en este libro! ¿Por qué no me dijo antes que le pertenecía a mi madre? ¿Por qué no me dijo de una vez que eran amigos de los padres de Alana?
El abuelo abrió la parte del libro donde Kai había metido las fotografías mientras este se mantenía con las manos sobre el escritorio de manera desafiante. El señor Damian miró la fotos y le respondió seriamente.
- Pensé que las había sacado de acá. Por supuesto que sabía que era la biblia que mi nuera y mi hijo le dieron a tu madre.
Kai interrumpió al abuelo violentamente.
- ¡Usted pensaba ocultarme estas fotografías!
- No Kai.- le dijo con quietud. – Siempre pensé revelarte lo que sabía de tus padres cuando tuviera la oportunidad. – el abuelo cerró el libro y miró a Kai severamente a los ojos- Ahora, ¿me darás la oportunidad de enseñarte lo que sé?
El chico trataba de controlar los resoplidos de rabia que sentía. Le dio la espalda al abuelo, empezó a caminar lentamente hacia la puerta cuando el abuelo, con voz autoritaria lo llamó.
- ¡Kai Hiwatari!
Kai se detuvo en seco, aún sintiendo rabia dentro de sí.
- Te he hecho una pregunta y espero una respuesta. Voltéate y mírame al rostro.
El muchacho hizo lo que el señor Damian le dijo, aunque no con buena actitud. Luego se comenzó a acercar al abuelo, quien sacó la fotografía donde se encontraban ambos padres de Kai.
- No estoy seguro de querer escuchar lo que tenga que decirme.
- Por favor toma asiento Kai.
Los dos se sentaron cerca de la mesa donde Kai se había quedado dormido. El abuelo sostuvo la fotografía frente a Kai. El chico la miró y luego esquivó la imagen desviando su mirada hacia el rostro del abuelo.
- Hay algo que debes entender y aceptar. Estos son tus padres, tu familia. Ellos están muertos y no hay nada que puedas hacer al respecto. No puedes evitar que estos trágicos incidentes hayan sucedido a tus padres.
Kai sintió su corazón helarse por un instante, las palabra habían sido duras. El abuelo continuó.
- Entiendo que sientas mucho enojo. Pero tu enojo no evita lo sucedido. Ignorar el pasado tampoco resuelve un mejor futuro. Este es el momento de que revises lo que hay dentro de ti y que enfrentes lo que ocurrió con valentía. Y te diré algo más, si crees que no saber nada te dará libertad estás equivocado. Pero es tu decisión. ¿Qué harás?
El chico apretaba la tela de las piernas de su pantalón de dormir con fuerza. Luego de agachar su cabeza y levantarla de nuevo respondió secamente:
- Lo escucharé.
- Bien. – le dijo el abuelo poniendo su mano sobre el hombro del chico. – Ve a tomar un baño. Te esperaré acá.
Kai se levantó y sin decirle nada se retiró del salón.
En otro lugar, se encontraban reunidos de pie varios beyluchadores conocidos: Tala; quien estaba al lado de Alvin, Mariam y su hermano Joseph, Lee, Mariah, Ray y Daichi. Alvin parecía dar algunas instrucciones, de repente, todos miraron con un poco de asombro hacia la puerta del lugar donde se encontraban, el cual era una especie de garaje. El ruido de la puerta de metal al abrirse los alertó al mismo tiempo que vieron a Brooklyn ingresar, con paso tranquilo como de costumbre. Los demás lo siguieron mirando hasta que él se unió al grupo.
- La reunión era hace veinte minutos… - reclamó Mariah.
- Lo sé. – dijo con voz serena, lo cual pareció irritar más a la chica.
- ¡Al menos discúlpate o algo! – reclamó Mariam- ¿crees que esto es un juego?
- Llevamos días reuniéndonos para hablar de lo mismo… ¿de qué me iba a perder en veinte minutos?
- Brooklyn, nos preocupaba que te hubiera sucedido algo malo, si vienes tarde al menos toma el tiempo para avisar. – Alvin evitó que las chicas comenzaran a reñir contra Brooklyn.
- Perdón, Alvin. Encontré un pobre perro atascado en una cañería, tenía que ayudarlo a salir. Además, ya me sé el plan de memoria. No creí que necesitaría estar. Pero les prometo que no volverá a suceder.
- Bien, continuemos repasando.- Alvin trató de no darle mucha importancia a la tardía de Brooklyn, ya conocía la forma de ser despreocupada del chico, no valía la pena discutir por algo que no había afectado para mal en realidad.- Joseph, dinos lo que debes hacer después de que el auto se estacione…
Brooklyn tenía un semblante relajado, al contrario de los otros chicos que escuchaban atentamente a Alvin. Ray observaba a Brooklyn y meditaba dentro de sí "¿Cómo haces para mantenerte tan sereno ante tal situación, Brooklyn? Desearía ser como tú, nada parece preocuparte pues crees que lo tienes bajo control."
En la casa de Alana, Kai estaba sentado junto al señor Stróganov en el mismo estudio de la mañana. Había varios sobres de cartas en la mesa. Kai leía muy detenidamente una de las cartas mientras el señor Stróganov esperaba pacientemente que terminara de hacerlo. Cuando finalmente lo hizo, Kai puso las hojas en el sobre donde estaba y agachó su cabeza pensativo.
- Bueno, Kai, esa fue la última carta que tu padre me envió. Una semana después murió.
- ¿Qué le respondió usted? – Kai preguntó algo triste.
- Le escribí que por nada del mundo permitiera que te entrenaran en La Abadía, y le insistí que no guardara rencor contra Voltaire.- El abuelo se levantó de la silla y caminó un poco con los brazos detrás de la espalda.
- Sé que arrestaron al hombre que mató a mi padre, pero a veces me pregunto si mi abuelo sería capaz de enviarlo a matar por si mismo.
El comentario de Kai hizo que el abuelo se volteara rápidamente y tomara su asiento de nuevo.
- No, Kai. Voltaire puede ser un hombre duro y corrupto, pero el no pudo haber hecho eso. La muerte de tu padre fue un ajuste de cuentas por los negocios sucios de tu abuelo en el pasado, lastimosamente tu padre pagó aunque era inocente. El siempre quiso que la empresa tuviera un rumbo mejor, pero eso significaba mucha pérdida de dinero, inclusive la bancarrota, cosa que tu abuelo Voltaire no estaba dispuesto a ceder, es muy orgulloso.
Kai había pasado la mañana y parte de la tarde con el señor Damian. El abuelo le daba una carta, Kai la leí y le explicaba lo que Kai le preguntara. Además de eso le contó cómo conoció a su abuelo Voltaire y a sus padres. De alguna manera sentía alivio por haber conocido por fin la historia detrás de aquellas fotografías, aunque al leer cada carta no podía evitar la nostalgia.
- Todo esto es tan increíble… señor Damian, estas fotografías, este libro, las cartas… ¿todo esto se lo dio mi padre a usted?
El abuelo asintió con su cabeza.
- Veo que confiaba mucho en usted, señor.
El abuelo Damian miró a Kai paternalmente, puso su mano sobre la de Kai y le dijo:
- Te felicito Kai, no imagino lo duro que ha sido para ti enfrentar tanto pesar. Creo que es suficiente por hoy. ¿Por qué no vas a descansar un poco?
Kai no quería descansar del todo, no sabía como hacerlo, tenía muchos pensamientos en su cabeza. Comenzó a llover fuertemente, el chico yacía sentado al lado de la ventana de su habitación, mirando la lluvia correr mientras recordaba las líneas que más captaron su atención en las cartas, así como las palabras del abuelo cuando le narraba.
- Al año de casados, los doctores detectaron la esterilidad de tu madre. Fue un tiempo muy duro para ella. Lo que más quería era ser mamá y no podría serlo. – Kai recordaba las palabras del abuelo. – Mi hijo y mi nuera, en especial Alla, pedían todos los días por un milagro para Emi. Hasta que por fin lo obtuvo…
"Pero ¿por qué tenía que morir? ¿Por qué no pudo disfrutar de su deseo… y yo de ella?" Kai no le había hecho estas preguntas al abuelo, se las había guardado para sí. "No es justo… no lo entiendo…" Después de un largo rato de pensar y pensar, un dulce nombre que lo hizo sonreír se cruzó en sus meditaciones. Decidió ir a buscar a Alana. Preguntó a las sirvientas que se encontró en los pasillos por ella, hasta que llegó al salón de entrenamiento, donde Alana había estado casi todo el día, practicando duramente. La chica no se percató de que Kai entró, hasta que sintió una mano cálida que sostuvo su brazo con el que estaba a punto de lanzar su beyblade. Alana, sobresaltada, miró inmediatamente a Kai.
- Me asustaste…
- Siento no haber venido a entrenarte. – Kai todavía sostenía su brazo.- Quisiera que vinieras con migo, por favor.
Luego de mirarlo a los ojos por unos segundos, asintió. El muchacho la soltó y caminó frente a ella. Kai la guió hasta el salón donde aún estaban las cartas. El chico le enseñó las fotografías, las cuales Alana veía con curiosidad.
- ¿Qué es todo esto Kai?
- Son tus padres… y los míos.
Los ojos de ella se abrieron aún más, observó de nuevo las fotografías.
- Tu mamá… era muy linda. Pe…pero… ¿y lo demás? – dijo señalando las cartas.
- Siéntate, te contaré. – Ambos tomaron asiento. – Me di cuenta por medio de tu abuelo que nuestros padres fueron amigos muy cercanos. Algunas de estas cartas fueron enviadas de mi madre a la tuya y de mi padre a tu abuelo.
Alana tragaba grueso mientras escuchaba a Kai veía las fotografías, una lágrima bajó de sus ojos al recordar a sus padres.
- Mi abuelo y mi padre discutían mucho porque no se ponían de acuerdo en los negocios. Voltaire, mi abuelo paterno, le pidió ayuda a tu abuelo para fundar una asociación de beyblade donde pudieran entrenar a jóvenes. Tu abuelo, después de escuchar la riesgosa propuesta, desistió y eso provocó que mi abuelo no quisiera nada con la familia Stróganov. A mi abuelo le disgustaba que nuestros padres siguieran siendo muy cercanos después de todo.
- Kai… - dijo Alana entrecortadamente – recuerdo que mi madre me solía contar de su mejor amiga… jamás pensé que podía ser tu madre.
Kai miraba a Alana fijamente, mientras ésta, con tristeza y alegría revueltas, seguía narrando mirando hacia la ventana donde la lluvia seguía corriendo.
- Mamá me contó que gracias a ella tus padres se conocieron.- Alana sonrió divertidamente, mientras Kai agachó un poco la mirada. – Ellas se conocieron en el colegio, mamá era más extrovertida que Emi. Tu mamá estaba enamorada de quien sería tu padre pero no se atrevía a hablarle. Un día mi mamá arregló todo para que se conocieran y pudieran comenzar a hablarse: le pidió al profesor que los uniera en una investigación, y así se enamoraron… Mamá decía que lo que más le atrajo a tu padre de Emi fue su sencilla belleza. Kai… de verdad lamento mucho no haber podido conocer a tus papás.
Kai observó como Alana dejaba caer dos lágrimas. El chico respiró profundamente y continuó.
- Tus padres le dieron este libro a mi mamá de regalo un año antes de estar embarazada. – Alana tomó el libro que Kai le entregó, pasó su mano sobre la pasta y lo abrió lentamente, una dulce sonrisa apareció en su rostro, la cual desapareció cuando escuchó a Kai de nuevo. - Mamá murió casi una semana después de que yo nací, su cuerpo no resistió. Me pregunto… me pregunto por qué tuvo que ser así… ¿Por qué tendría un hijo si no podría cuidar de él?
Hubo un largo silencio mientras Alana tomaba una que otra carta, limpiándose las lágrimas al leer.
- Cuando mamá murió, casi un año y medio después de que papá se encontrara el libro, se lo entregó a tu madre como un recuerdo junto con las fotografías.- el chico se dirigió hacia la ventana, donde permaneció largo rato observando la lluvia caer con las manos metidas en las bolsas de su chaqueta, mientras Alana terminaba de leer las cartas.
- Kai… lamento mucho todo esto…
- Después de la muerte de mi madre, mi padre sólo se comunicó con tu familia a través de las cartas que acabas de leer.
Alana se acercó a Kai, tomó su mano y ambos se miraron a los ojos por un instante.
- Kai, dime que no odiarás a nadie por todo este dolor que has vivido.
- Te juro que intento no hacerlo.
- Por favor, cuéntame de La Abadía…
El chico se estremeció ante la petición de Alana, pero entretanto sostenía su mano comenzó a narrarle las horribles experiencias hasta que la lluvia cesó así como su dramática historia.
