Capítulo 33 Despedida

Alana comenzaba a llegar a la conclusión de que su vida familiar no había sido tan cruda como la de Kai. Le había tomado la mano al muchacho, la cual aún sostenía con sus dos manos. Ella sabía que Kai no solía contar lo que vivió en su infancia, así que escuchaba sus amargos relatos sin interrumpirlo. Su reservado y habilidoso capitán sería demasiado orgulloso como para dejar que otro sintiera lástima por él, así que ella trataba de no expresar su empática tristeza. Pensaba que si ella tuviera que contar una historia tan triste no podría evitar llorar; pero Kai le narraba su infancia en La Abadía contemplando el paisaje por la ventana, con su mirada profunda sin mostrar ni una sola lágrima o señal de conmoción.

La lluvia había terminado y Kai ya no tenía más que decir. Calló mientras desempañaba con su mano izquierda el vidrio. Alana permanecía en silencio también, observándolo. Después de aclarar la vista de la ventana, Kai miró a través de ella por unos segundos más, luego sonrió un poco y apretó la mano de Alana lo que hizo que ella reaccionara después de estar ida mirando también por la ventana.

Las agujas del reloj y una que otra gota que restaba de la lluvia eran los únicos sonidos que acompañaban a los dos bey jugadores que ahora se miraban el uno al otro. Lentamente, Kai fue incorporando su mano izquierda sobre las manos de la chica, que tiernamente había estado sosteniendo su otra mano. Cuando finalmente ambos se tomaron de las manos, escucharon la voz del abuelo en la puerta.

- ¿Gustan algo de café, chicos?

Los dos se soltaron rápidamente, volteándose hacia el abuelo de manera nerviosa. El abuelo, con semblante sonriente, levantó una ceja y la taza de café que llevaba en su mano inquiriendo de nuevo.

- ¿Y bien? El café está recién hecho.

- Eem… pues, yo no quiero tomar abuelo, gracias… - balbuceo un poco sonrojada.

- ¿Y tu Kai?- preguntó mirándolo.

- Yo… sí… gracias…- dijo un poco apenado.

- Perfecto. Hija, ¿podrías traer la bandeja que dejé en la cocina? Quiero aprovechar la oportunidad para conversar con Kai, si no te molesta. – dijo esto último mirando a Kai.

- En seguida, abuelo. – Alana se retiró rápidamente con la cabeza un poco agachada sin voltear a ver a Kai, quién sólo alzó a verla cuando cruzó la puerta; inmediatamente, el abuelo le pidió al chico que tomara asiento.

- Kai, ¿cómo te sientes ahora?

- Tengo muchas preguntas.- dijo con sequedad.

- Mmm, ya veo…

Alana entró y le sirvió su taza a Kai.

- Gracias. – le dijo él sin mirarla.

- De nada. – Alana tampoco lo miró, dio media vuelta y se retiró.

El abuelo observaba la escena con humor "Hace un rato no dejaban de mirarse y ahora casi ni se hablan… ¡que muchachos!" pensaba. Por un largo tiempo, Kai y Damian estuvieron debatiendo sobre las preguntas de Kai y las razones del abuelo. Algunas parecían responderle a Kai, otras le generaban más preguntas.

Alana sostenía melancólicamente algunas fotografías de sus padres que tenia en su habitación. "Mamá, papá, los extraño mucho. Desearía que estuvieran acá para poder contarles todo lo que me ocurre y escuchar lo que ustedes piensan. Mamá, me hubiera encantado que conocieras al hijo de Emi ahora que es todo un beyluchador."

Se había hecho de noche, pero para Tyson el tiempo no importaba, sólo quería volver a ser el mejor de todos. Por eso se había quedado en el gimnasio de entrenamiento aún después de que sus otros compañeros se habían ido, a excepción del fiel Kenny, quién trabajaba en registrar los errores y las mejoras de Tyson.

- Jefe, si quieres puedes ir a dormir, yo me quedaré hasta más tarde.

- ¿Y dejarte sólo? Puedes causar un desastre… es broma. No amigo, te acompañaré, con buenas dosis de café capuccino puedo soportar cualquier vigilia.- dijo levantando el vaso de estereofón. Kenny prefería seguir en compañía de Tyson a estar soportando los cuestionamientos de BEGA que vendrían a su mente cada vez que intentaba dormir.

- ¿Hasta qué horas piensa Tyson entrenar?- la voz de Hilary se escuchó, se puso al lado de Kenny con sus manos en la cintura y observando a Tyson un poco molesta. - ¡Tyson! Debes descansar sino no podrás dar un buen rendimiento mañana.

- Ni loco, Hilary. Necesito perfeccionar mi nueva técnica si quiero ganarle a Ray y a Brooklyn. – Tyson seguía lanzando su bey.- Jefe, por favor activa el campo virtual.

- En seguida, Tyson.

Kenny atendió la orden de Tyson, mientras éste practicaba sus técnicas especiales, Hilary se sentó al lado de Kenny para observar los movimientos del chico en la computadora del Jefe.

- ¡Jefe! Casi olvido decírtelo, acabo de recibir un correo del mismo Alvin Schitz, el día de inauguración del torneo tendremos una conferencia privada tú y yo una hora antes de que todo comience, ¡nos enviarán un chofer personal que nos recoja! – dijo contenta.

Kenny se rascó la cabeza y acomodó sus gafas. No se sentía tan seguro como su compañera.

- No confío en BEGA.

- Bueno, yo tampoco… ¡pero muero de ganas por entrar a ese beyestadio!

El Jefe no le respondió, sudó un poco y continuó monitoreando a Tyson. Hilary se levantó.

- Dile a Tyson que no aceptaré que se levante más tarde de lo normal. – dijo con tono de mando.

En casa de Alana, Kai de nuevo no podía dormir. La conversación de la tarde con el abuelo Damian había sembrado muchas inquietudes en él. Leía algunas páginas del libro que era de su madre, además de algunos apuntes históricos y arqueológicos que el abuelo tenía al respecto. Había un pensamiento que lo hacía sentir abrumado, era la idea de tener que perdonar la muerte de sus padres y a su abuelo Voltaire por la angustia que lo hizo pasar.

Según lo que leía y lo que el abuelo le decía, necesitaba deshacerse del odio que sentía, tenía que dejarlo ir y aceptar su condición. Sentía que la realidad de su vida se reflejaba en aquellos escritos, justo como el abuelo le había advertido. Comenzaba a darse cuenta que la tragedia era parte de la vida terrenal que llevaba. "Lo que realmente importa es lo que ocurre dentro de ti, Kai." Recordaba los consejos del abuelo Damian. Nadie podría imaginar que aquel soberbio Kai Hiwatari se encontraba siendo confrontado con su humana debilidad.

- De acuerdo… - decía descargando su ira en aquella solitaria habitación. – supongo que debo rendirme…

El chico se fue arrodillando lentamente en el piso, sentía una fuerte conmoción dentro de sí. Empezó a llorar como nunca antes, era como si toda la amargura que había llevado por años se desbordara, nadie más en la casa lo vio o escuchó. Sentía un peso que lo aplastaba contra el piso, no era cruel, sino algo que le demostraba que él no era tan fuerte después de todo.

- ¡No puedo más! Aunque no entiendo todo lo que ha sucedido… quiero aceptar y creer lo que el señor Damian dice y lo que mi madre llegó a creer por ese libro. Pero… ¡quiero que te encargues de demostrarme que todo esto es real y no una mera fantasía!

No podía creer que él mismo estuviera diciendo esas palabras y arrodillado de ese modo, sentía una tranquilidad que lo invadía y su frustración comenzaba a desaparecer. Al mismo tiempo, sintió que un calor llenaba su pecho, por primera vez no se sintió solo ni con la necesidad de defenderse. Cesó de llorar mientras se enderezaba despacio. Caminó por el pasillo hasta llegar a su habitación y se dejó caer sobre el colchón, durmiéndose casi al instante.

Durante el entrenamiento matutino, Alana notó lo descansado que se veía el rostro de Kai. Había algo diferente en él. Los dos beyblades chocaban constantemente dentro del plato, en seguida Kai hizo que su bey volviera a su mano, Alana realizó la misma maniobra.

- Tu técnica ha mejorado, eso lo puedo notar. – le dijo con aquella voz varonil.- Pero tu resistencia sigue siendo la misma.

Kai se acercó a Alana y le desamarró la cinta de control de su brazo al mismo tiempo que la aconsejaba.

- La única manera de mejorar tu resistencia es que te ejercites, necesitas acostumbrarte a la presión. Es lo que harás de ahora en adelante, ya no me necesitas, llama a Hiro y dile que entrenarás con ellos.

Alana lo miró con asombro.

- ¿Quieres decir que no entrenaremos más los dos?

El chico asintió.

- Debes saber que has mejorado, Alana. - Kai le entregó la banda de control. Ella lo miró a los ojos mientras la tomaba.

- Kai, gracias.

- Alana… - Kai puso su mano suavemente sobre el hombro de ella. – Desde que vine a tu casa, no sé por qué, supe que necesitaba lo que tú y tu abuelo tenían.

El chico quitó la mirada de ella, así como la mano de su hombro. Cuando Alana se percató de que Kai se iba a retirar del salón, lo tomó del brazo. Temió que se estuviera despidiendo pues le extrañó escuchar aquellas palabras de él.

- Espera Kai, no te irás aún ¿verdad? Me refiero a que… todavía no te irás de Rusia.

Después de un silencio, el chico respondió suavemente.

- Alana, he aprendido mucho dentro de tu casa. Jamás pensé que mi manera de pensar cambiara tanto… no, no me iré todavía, hay algo que está pendiente. – El chico frunció su ceño al recordar su acuerdo con Robert. – Pero, no me quedaré para siempre. Alana, esta noche decidí no guardar más rencor por todo lo ocurrido, pero aún no siento que Rusia sea mi lugar. Cuando vuelva a Inglaterra, iniciaré una nueva vida.

- Tu abuelo, tus tíos ¿Qué pasará con ellos?

- Créeme, ya no los odio… pero no puedo participar de sus negocios, mi conciencia no me lo permite, Alana.

Alana lo soltó, y él salió del salón.

Más tarde, Alana golpeó la puerta de la oficina de su abuelo.

- Pase. – se escuchó.

- Hola abuelo. – dijo mientras ingresaba.

La chica se sentó en uno de los sofás.

- Abuelo, hay algo que debo confesarte…

El abuelo se levantó de su escritorio y se tomó asiento a lado de ella, se quitó los lentes y los colocó nítidamente en el bolsillo de su camisa. Luego rodeó sus hombros con el brazo y ella apoyó su cabeza en el pecho de su abuelo.

- Dime, pequeña.

- Abuelo, es sobre Kai…

- ¿Qué ocurre con él?- le preguntó suavemente mientras acariciaba su cabello.

La chica se sonrojó un poco y se acurrucó más en el pecho de su abuelo.

- Abuelo, me agrada… me agrada mucho.

El abuelo sonrió.

- Bueno, es un chico muy listo y con una gran personalidad, no veo el por qué no debe agradarte.

Alana se desprendió del abrazo de su abuelo.

- No sé si es lo correcto. No quiero equivocarme. – le decía mirándolo a los ojos.

- Sólo lo sabrás con el pasar del tiempo. Por ahora no hagas nada impulsivo.

- ¿Tú que piensas de él, abuelo?

El abuelo se levantó del sofá, respiró profundo, luego la miró con una sonrisa.

- Kai es un buen chico, hija. Sólo debe vencer a su peor enemigo.

- Pero… no participará en el torneo, abuelo. – dijo ella en tono triste.

El señor Damian soltó una leve carcajada.

- Su peor enemigo es él mismo. Pero, estoy seguro de que lo logrará, es muy inteligente.

Alana se sentía aliviada de poder compartir sus sentimientos con alguien más. El señor Damian siempre trataba de mantener su compostura frente a ella, aunque la confesión de la chica no lo había sorprendido del todo, sí fue una noticia que lo hizo meditar bastante. Cuando ella se retiró de su oficina, el abuelo hizo una llamada importante.

El señor Damian se reunió con Brooklyn en un restaurante cercano, el favorito del muchacho. Brooklyn estaba muy feliz de verlo, ambos se abrazaron fraternalmente cuando se encontraron, no se veían desde la ceremonia de la boda. El abuelo apreció el saludable aspecto del chico. Luego de inquirir por el estado de la familia Masefield, el abuelo tornó la conversación a un tono más serio.

- Mira, Brooklyn, quiero que me respondas muy sinceramente.

Brooklyn alzó su mirada y notó la seriedad en el rostro del abuelo.

- Lo haré, abuelo.

- ¿Cómo crees que reaccionarías si Alana se empezara a enamorar de alguien más?

Brooklyn dejó su cubierto sobre el plato y se reclinó un poco.

- Pues… justo como lo estoy haciendo ahora… ¿Por qué me hace esa pregunta? ¿Acaso ya se ha enamorado de alguien más?

- Brooklyn, sé que aún amas a Alana.- El chico cerró los ojos por un instante, luego continuó comiendo al mismo tiempo que el señor Damian proseguía. – Aunque sé que ya determinaste dejarla ir, no debes permitir que tus sentimientos te hagan retroceder si Alana decidiera comprometerse con alguien más.

- Abuelo, usted me enseñó que el amor no buscaba su propio beneficio, créame que no fue fácil vivirlo… La prueba más difícil no fue saber que la mujer que amaba se iba a casa sin ningún compromiso después de más de siete años de haberla considerado mi futura esposa, sino el haber tenido que decidir si de verdad la amaba tanto como para renunciar a nuestro compromiso si ella no sería feliz. Le prometo que si Alana se llegara a enamorar de alguien más, no importa cuanto yo pueda sufrir, si ella está segura de lo que hace yo continuaré mi vida sin sentir rencor.

Hubo un pequeño silencio mientras ambos comían.

- ¿Aún si se tratara de… Kai?- el abuelo preguntó precavidamente. Brooklyn sintió atragantarse con el bocado, luego tomó un poco de agua.

El chico volvió su mirada triste pero decididamente frente al abuelo. Luego intentó sonreír.

- Ya veo, ahí era donde usted quería llegar… - la voz del chico se escuchaba desanimada. – Sí, abuelo, aún si fuera el mismo Kai, sino es que ya lo es.

Damian no le respondió, sólo lo miró y siguió comiendo mientras admiraba en su pensamiento lo determinado que era Brooklyn, aunque suponía que el chico trataba de ser fuerte sabía que lo decía en serio.

- Abuelo, gracias por preocuparse por mí.

- Hijo, sabes que siempre lo haré. Y quiero que sepas que estoy muy orgulloso lo que hiciste por Alana, tienes un gran corazón.

"Kai… ¿por qué no me sorprende?" pensaba Brooklyn mientras trataba de comer, pues el hambre se le había quitado tras escuchar al abuelo. Su mayor rival le habría ganado el corazón de su amada Alana, y no había nada que pudiera hacer más que aceptarlo.

Alana llamó a Hiro para que viniera por ella, tal como le había dicho Kai, ya no entrenaría más en su casa. Hiro llegó temprano al otro día junto con Roxie. Alana tenía su maleta lista en la sala frente a la puerta principal.

- Adiós abuelo.

- Adiós, hijita. Estaré pendiente del torneo. Da tu mejor esfuerzo.- le dijo luego de besar su frente.

- Lo haré.

El señor Damian saludó a Hiro y a Roxie que entraron a la casa, luego Hiro tomó la maleta de Alana para subirla a la camioneta. El abuelo se retiró del lugar mientras las dos chicas salían por la puerta principal. Alana no quería irse sin despedirse de Kai, pero no lo había visto durante la mañana. Tenía dos opciones: se iba sin despedirse o lo iba a buscar. Antes de cerrar la puerta, tomó la segunda opción.

- Roxie, espérame por favor. En seguida vuelvo.

- ¿A dónde vas?

Alana ingresó de nuevo a la sala sin responder a Roxie, miró a ambos lados pero no divisó a nadie. Hiro, quien ya había guardado la maleta en el auto, se devolvió para saber por qué tardaban tanto. Alana comenzó a subir las gradas principales mirando hacia abajo cuando chocó con alguien de frente, se asombró al ver que era Kai.

- Kai… quería despedirme de ti. – le dijo tímidamente.

- Yo también, Alana.

El chico la miró con su semblante serio y luego la tomó de las manos. Luego sonrió a medio lado y le dijo:

- Sabes, extrañaré ver tus lindos ojos.

Alana no sabía cuanto tiempo pasaría sin ver a Kai, así que, a pesar de que trató de resistirse, se soltó de las manos de Kai y se aferró de él en un tierno abrazo, recostando su cabeza en el pecho del chico. Kai, sorprendido por la reacción de la chica, le correspondió con un abrazo similar.

- Hiro, ¡mira esto!- Roxie había ingresado a la sala justo en el momento que los dos permanecían abrazados. Se llevó una mano a la boca y con la otra haló del brazo de Hiro, haciéndolo entrar a la sala para que observara lo que ocurría.

Los dos chicos permanecían abrazados sin decirse nada. Ninguno quería dejar ir al otro.

- Me pregunto cuánto me pagaría la prensa por una fotografía de esto… - dijo Hiro irónicamente con la mano en su barbilla.