Capítulo 34 Intrigas internas
Kai y Alana permanecían enlazados en un tierno abrazo. Ella tenía su mejilla derecha contra el pecho del serio beyluchador que muchos admiraban, pero que nunca había sido visto abrazando a una muchacha como lo hacía en ese momento. Sus fuertes brazos rodeaban la espalda de la chica más linda que él había conocido, aquella en quien hasta hace unos pocos días había empezado a confiar. Kai quería decirle algo más aparte de cuanto extrañaría sus ojos, pero no sabía como hacerlo. Quizás sería demasiado pronto como para decirle un "te quiero", pero si partía de Rusia no sabía dentro de cuanto tiempo la vería de nuevo y para entonces quizás sería demasiado tarde. Ambos fueron soltándose poco a poco.
- Alana… - le dijo suavemente- yo…
- Kai… - lo interrumpió con su delicada voz. – me alegra que hayas estado este tiempo en casa.
Kai calló y estando de pie sobre un peldaño de las gradas la vio dar la vuelta para irse. "Adiós" pensó para sí mientras Alana terminaba de bajar las gradas con paso un poco apresurado. Hiro se había llevado del brazo a Roxie para la camioneta antes de que Alana saliera de su casa, Roxie esperaba ansiosa a su amiga en los asientos traseros. Cuando vio que venía, cabizbaja, le abrió la puerta rápidamente, Hiro se puso sus gafas oscuras y encendió el motor. Alana entró y se sentó al lado de su amiga, quien la miraba fijamente, la pensativa muchacha sintió la inquisidora mirada de Roxie sobre ella, volteo a verla.
- ¿Por qué me miras de esa forma, Roxie?
- ¡¿Cómo puedes preguntar eso después de lo que acaba de suceder?!
Alana, apenada por las exclamaciones indiscretas de Roxie, alzó los ojos para ver a Hiro, quien manejaba moderadamente. Vio como Hiro de forma tranquila acomodó el retrovisor para mirar a las chicas, él era bastante precavido y no quería incomodar a Alana más de lo que ya estaba, mas no podía evitar sentir la misma intriga que Roxie tenía, solo que a diferencia de ella Hiro mantenía la compostura con una sonrisita disimulada.
- ¿Lo dices porque duré mucho en venir? – le dijo Alana agachando la cabeza de nuevo.
- De acuerdo, lo diré del modo directo. - Roxie intentó bajar la voz pero aún así no lo logró. – ¡Tu y Kai estaban abrazados hace un rato y no me lo vas a negar porque Hiro y yo lo vimos!
Alana continuaba con la cabeza agachada pero ahora sus mejillas se ruborizaron y respiró profundo.
- Es que… nos despedíamos.
- Vaya despedida.- le dijo sarcástica, luego se carcajeo mientras rodeaba con su brazo los hombros de Alana.- Amiga, ¿qué sucedió entre ustedes estos días?
Alana se alertó ante el comentario de Roxie y quiso callarla para evitar que dijera más, se sentía bastante avergonzada con lo que hasta ahora Hiro escuchaba.
- Roxie por favor hablemos de esto después…
- No no nooo- le dijo mientras movía su dedo índice de un lado a otro.- Quiero saber como fue que ocurrió ese abrazo. Hiro y yo no diremos nada ¿verdad Hiro?
- Claro que no, Alana. – le dijo levantando un poco la voz y mirándola por el retrovisor. Alana lo miró aún apenada. – Jeje, sabes, no puedo obviar la sorpresa que siento al respecto. Pero ya basta Roxie, cambiemos de tema, estás abrumándola.
Hiro no dijo nada más durante el viaje, solo escuchaba los comentarios irónicos que Roxie le lanzaba de vez en cuando a Alana y miraba como ésta última se fruncía y le respondía secamente. Ante tal momento incómodo para Alana pero entretenido para Roxie, Hiro meditaba: "Jaja, Kai ¿será que al fin dejas que tu muralla de hielo se rompa? Esto será interesante."
Al llegar al centro de entrenamiento de la BBA, los otros beyluchadores ya habían comenzado su arduo periodo de práctica, no se percataron de la llegada de los tres jóvenes hasta que Hiro interrumpió lo que hacían.
- Traje a alguien que nos estaba haciendo falta.
Todos voltearon a mirar ante la intervención de Hiro. Max, Ryan, Er y Tyson recogieron sus beyblades y se dirigieron a saludar a Alana calurosamente. Solamente Hilary se quedó paralizada con su mini computadora en la mano desde la tarima donde monitoreaba el nivel de energía de los chicos.
- ¿Qué no vas a saludarla, Hilary?- le dijo Kenny moviéndole su hombro.
- ¿Eh…? Sí… ya voy.- dijo tratando de ubicarse en medio de la sensación de recelo que tenía al ver a Alana ingresar.
Hilary bajó lentamente a unirse con los demás llevando su computadora sostenida con sus brazos contra su pecho. "Vamos, Hilary, debes ser amable, no puedes mostrar lo que sientes ahora." Se decía así misma. Antes de que Hilary pudiera saludarla, Alana se adelantó a toparla con una gran sonrisa y extendiendo sus brazos para recibirla con un abrazo.
- ¡Hilary, que bueno verte de nuevo!- Alana abrazó amigablemente a Hilary, quien no podía estar menos sorprendida y se quedó inmóvil ante la expresión de la chica.
- Hola… sí jeje… gracias. – Hilary no supo que más decir.
- Llegaste justo a tiempo para unirte al entrenamiento. – dijo Tyson tratando de alivianar la tensión que dedujo sentiría Hilary- ¿por qué no vamos de una vez?
- No te apresures, hermanito. Antes de que Alana entrene con ustedes debe hacer el chequeo físico con Hilary.
- Oh de acuerdo… - dijo Tyson rascándose la cabeza.
- Hilary ve con Alana de una vez. – le ordenó Hiro.
- Como digas. Ven por acá. – Hilary se caminó delante de Alana mientras esta la seguía. – "Hilary no seas ingenua, no debes sentirte mal contra ella, no tiene la culpa de haberle agradado a Kai."- Hilary luchaba dentro de sí por no tener una mala actitud contra Alana.
- Nos vemos en unos minutos. – les dijo Alana mientras ondeaba su mano.
- Te esperaremos acá. – le dijo Max.
- Oye Alana, lamento lo de tu boda. – Tyson no pudo contener su inoportuno comentario.
Todos a excepción de la aludida le lanzaron una mirada exhortadora. Max codeó a Tyson duramente.
- Ese comentario te lo podías reservar… - le dijo por lo bajo.
- Oye ¿por qué me pegas Max? ¿dije algo malo?
Max pasó su mano por la cara sintiendo pena ajena por Tyson al igual que los demás. Luego de reflexionar rápidamente el impulsivo chico comprendió que había sido bastante descuidado y trató de enmendar su error.
- ¡Perdón Alana, no quería ser descortés! – decía mientras se tapaba la boca.
Alana le sonrió amablemente.
- Descuida, Tyson, estoy bien.
Antes de que los chicos volvieran a sus tareas, Judy y Dickenson ingresaron al salón muy bien vestidos.
- Hola chicos ¿cómo va su día?
- ¡Señor Dickenson!- dijeron en coro.
- Jejeje, este mismo.- les dijo el señor que casi nunca tenía mal humor.
Después de que saludaron al señor Dickenson y a Judy, los jóvenes recibieron cada uno una fina tarjeta decorada, tenía la inscripción de BEGA sobre ella.
- ¿Invitaciones a una fiesta de pre apertura?- preguntó Hiro extrañado.
- Así es, acabamos de reunirnos con Alvin Schitz y nos entregó estas invitaciones para ustedes. La fiesta será en la noche y todos deberán presentarse.
Un frío recorrió la espalda de Kenny.
- ¿Todos debemos ir?- enfatizó Jefe con voz atascada.
- No vamos a rechazar la invitación, es parte del protocolo del torneo.- aclaró Judy.
- Pero se trata de BEGA, mamá. – Kenny agradeció que Max se opusiera. - ¿Qué tal si es un sucio plan?
- Max tiene razón, ¿qué si nos quieren envenenar con el ponche antes del torneo?- Tyson bromeó, lo que provocó risa en Max, Er y Ryan; Kenny, por el contrario, tragó grueso al pensar en la sombría posibilidad de que ese fuera el peligroso incidente anunciado por Ray.
- Tyson tiene razón, no deberíamos ir. – argumentó rápidamente Kenny.
- ¿Estás loco Jefe? ¡Era solo un chiste! No me perderé la comida aunque sea la última que tenga que probar.
Ryan palmeó la espalda de Tyson mientras se reía.
- Tú no tienes remedio, Tyson. Cuenta con mi asistencia, Judy. Tal vez sea interesante.
- Gracias, Ryan. Maxi no debes preocuparte por lo que pueda hacer BEGA, en realidad Alvin no parece un mal tipo, además habrán cámaras de la prensa, no creemos que se atrevan a causar un atentado.
Entre bromas y emoción acordaron que asistirían a la fiesta organizada por BEGA. El pobre Kenny no tenía otra opción que aceptar, aunque de solo pensarlo sentía ganas de ir al baño. ¿Cómo era posible que no consideraran el peligro que representaba BEGA? Bueno, después de todo, si no hubiese recibido la advertencia por parte de Ray quizás él también se sentiría tranquilo.
Después del entrenamiento, al caer la noche, Ryan salió a caminar por los alrededores de la ciudad, de repente llegó a una de las barandas que estaban frente a un lindo lago, pensó que era un buen lugar para tocar su guitarra. Antes de sentarse sobre una de las barandas de hierro, pudo divisar a una chica que estaba a unos diez metros de él. La reconoció al instante. Ella sollozaba, tenía un abrigo café largo, como estaba arrecostada en la baranda, el gorro que llevaba puesto no le cubría bien y el cabello la delataba. Era Mariam.
- Pero miren a quien me vine a topar por acá… - le dijo Ryan pretendiendo ser irónico. No había notado el llanto en ella.
Mariam no alzó a verlo, pero la voz se le hizo familiar.
- ¡No te importa, vete!
- ¿Ocurre algo malo, niña?- Ryan le preguntó ahora un poco preocupado. Dejó su guitarra en el suelo y trató de acercarse más a ella, quien mantenía el rostro entre sus brazos.
- ¡Déjame sola, no quiero hablar con nadie!- la chica se fue corriendo por una de las aceras, Ryan tomó su guitarra y salió tras de ella.
La chica entró por una especie de callejón, dobló para luego encontrarse con algunas casas, se arrecostó contra un muro pensando haberse por fin desecho de Ryan. Sin embargo, al cabo de unos segundos, éste apareció apoyándose también contra el mismo muro.
- No quiero que me sigas, ¡qué molesto eres!
- Oye, me preocupa que algo malo te pase. ¿Puedo ayudarte?
Mariam volteó después de intentar limpiarse las lágrimas un poco.
- Pensé que eras una chica ruda que no lloraba… Espero que no haya sido que tu novio te rompió el corazón…
- Muy gracioso… Tengo mis propios problemas, los cuales no le contaré a un desconocido como tú.
- Veo que lo que tienes de bonita lo tienes de difícil. – Ryan sacó la guitarra de su estuche, se sentó sobre la acera y comenzó a tocar una canción.
Mariam, se sentó también, parecía que por el momento no se iba a deshacer de Ryan. Él dejó de tocar y se acercó un poco más. La chica se hizo la indiferente volteando su rostro y cruzando los brazos. Ryan solamente sonrió y continuó con la música, inspirándose bastante. Luego comenzó a improvisar una canción para Mariam.
En las calles de Rusia
Me encontré a una muchacha
Era bonita y valiente
Ella juega beyblade también
Algún día la volveré a retar
Pero mientras tanto solo le diré
Nena no llores más
La chica se rió interrumpiendo la canción.
- Eso no rima, tonto.
- Vez, lo logré, quería que te rieras.
- Sí, claro…
- De verdad, ¿qué haces por acá sola?
- Nada. Sólo quería darme un respiro, es todo. No puedo quedarme, por favor no me sigas más. – ella se levantó mientras Ryan la siguió con la mirada.
- ¿Te vas tan pronto?
Ella asintió con su cabeza, luego comenzó a alejarse.
- ¿Crees que podamos conversar un día? – le gritó el chico.
Mariam volteó un poco asombrada, luego sonrió y le dijo.
- Mmm… eres lindo… si sobrevives después del torneo tal vez podamos un día.- luego se fue corriendo.
- ¡Esperaré el día, niña!- Ryan permaneció tocando su guitarra con una boba sonrisa en su rostro- Jaja… me dijo que era lindo… Pero, ¿por qué lloraría?
Kai salió al patio trasero de la casa para entrenar por si mismo. Pudo haber estado ahí un par de horas, hacía frío pero mientras entrenaba lo dejó de sentir. Había estado tratando de decidir cuando sería el tiempo conveniente para partir de Rusia. Al cabo de un rato, decidió entrar de nuevo a la casa. Tomaba un té caliente sentado cerca de la acogedora chimenea encendida. Tenía en una mano su beyblade, el cual miraba de vez en cuando. El abuelo llegó con lo que parecía ser un viejo álbum en sus manos. Kai lo miró curioso.
- Tengo una noticia que darte, Kai. Es sobre Voltaire, tu abuelo.
Kai miró hacia el fuego.
- ¿Qué sucede, señor?- preguntó tratando de ocultar su preocupación.
- Me enteré de que está muy enfermo en tu casa, médicos personales lo están atendiendo.
El joven sintió un leve estremecimiento en su pecho. ¿Sería verdad que estaba grave o sería solo un engaño de su abuelo para obligarle a quedarse en Rusia? Justo cuando Kai había reunido el coraje para irse del país a la mañana siguiente, la dudosa noticia lo volvió a confundir.
