CAPÍTULO X
Nico. Enero de 2014.
Azul, como sus ojos
—Jackson, aquí tienes tu nuevo horario. Te he conseguido los apuntes de todas las asignaturas que cursas… aunque sólo los que deberías tener por el momento. A partir de ahora tendrás que tomar apuntes tú mismo. Aquí tienes una lista de indicaciones para saber cómo hacerlos, aquí una grabadora para que grabes las clases y los completes en casa; eso al principio, porque espero que te vayas habituando a tomar apuntes decentes, tus libretas agradecerán lucir algo además de "Percy el imán de las chicas" o "Percy es guay". Y en este pen drive tienes todas las lecturas obligatorias y adicionales de tus asignaturas. Las que están disponibles en formato digital, claro está, las demás están en esa bolsa. He marcado las partes de los libros que debes leer y también...
Parecía que Percy sufriría una conmoción cerebral de un momento a otro. Y es que Diana había llenado la mesa del comedor de libros, apuntes y hojas varias todas marcadas con demasiados colores como para asimilarlas en un solo vistazo (tal vez aquélla fuera su intención). Seguramente se trataba de la mayor cantidad de folios escritos ante los que se hubiera enfrentado en toda su vida el moreno de ojos verdes. No obstante, Nico estaba igual de atónito que él. No sabía qué hacía la amiga de Will a las 8 de la mañana de un sábado en su casa. Aunque, que Percy fuera su foco de atención le relajaba un poco. Tan sólo un poco.
—¿Lecturas obligatorias? ¿Adicionales? —logró rescatar de toda su perorata Percy.
—Ajá —dijo ella, mientras vaciaba un estante de la pared, que a decir verdad tan sólo tenía cosas varias que no importaban a nadie. Sin preguntar, sin embargo, comenzó a quitarlas. Cuando volviera a casa, Nico descubriría que las había tirado y sobre ellas pondría todos los libros y cuadernos nuevos de Percy.
Aprovechando la distracción, Nico bajó las escaleras tan silencioso como pudo (les había estado escuchando y observando desde arriba, sin atreverse a bajar a pesar de que Will le estuviera esperando. Incluso se había planteado descolgarse por la ventana para marcharse. No lo había hecho porque temía que Diana le viera o le oyera, a ella no se le pasaba una, y le interrogara al respecto. Ahí sí que no habría habido salida posible). El caso es que bajó, comenzó a caminar hacia la salida… y como no podía ser de otra forma, la chica le pilló:
—Di Angelo, ¿no tendrías pensado irte así sin más, verdad?
El chico se giró lentamente, midiendo su expresión facial, para que no captaran sus intenciones.
—Tengo que ir a…
—Me da igual lo que se supone que tienes que hacer, el tema es que no has desayunado. Por suerte, me tenéis a mí, que os he preparado buen desayuno, muy saludable y energético. A partir de ahora tendréis que empezar a comer mejor. He mirado vuestra nevera. Es normal que vayáis tan mustios por la vida.
—¿Yo, mustio? Te referirás a Nico solamente, ¿no? —fue lo que preguntó Percy, pero la chica le hizo caso omiso y fue a la cocina para traerles la comida.
Percy parecía realmente desolado.
—Espero que sea una broma. ¿Espinacas y lentejas para desayunar?
—Es el desayuno más energético que existe.
En cambio y contra todo pronóstico, Nico no dijo nada, comenzó a comérselo sin rechistar para así poder marcharse cuanto antes. Sin embargo, en un momento determinado llevó la mano a su bolsillo para coger el móvil, con la intención de explicarle brevemente a Will el porqué de su retraso.
—¿Qué haces, Nico? Nada de distraerte. Móviles fuera mientras se come —gruñó la sargento.
Al menos, le dejó que se llevara el café en un termo para el camino. Cuando cerró la puerta de casa, escuchó los gritos de la chica increpando a Percy y a Jason (recién levantado, al parecer) por tener la casa hecha un desastre.
Cuando giró la calle, en el punto de encuentro, se encontraba el vibrante Chevrolet Camaro del 73, naranja estridente. El coche de Will. Dentro, con su atuendo de conductor (gafas de aviador y cazadora roja), se encontraba el chico.
A Nico le entraron ganas de sonreír, así sin más, pero se contuvo.
Al entrar en el vehículo, escuchó Personal Jesus, en la versión de Marilyn Manson. Sin embargo, Will no parecía estar escuchándolo, a juzgar por aquella expresión calmada y risueña que lucía.
—¿Marilyn Manson? ¿Por qué escuchas esto? —le preguntó a modo de saludo, antes de abrocharse el cinturón de seguridad.
—Porque me gusta.
—Pues no te va nada.
Will le miró de soslayo, para comprobar si ya se lo había abrochado, y arrancó el vehículo antes de responder:
—Te dije que me gusta escuchar un poco de todo. Marilyn forma parte de ese todo.
—Pero estás tranquilo, quieto, sonriendo… ésa no es la actitud.
—Puedo escucharla como quiera. Además, no estoy tan tranquilo. Mi corazón ha bombeado unos 5 litros de sangre mientras la escuchaba. 300 millones de células mías acaban de morir, y unas cuantas más acabo de producir. Se ha producido toda una serie de ondas peristálticas a lo largo de mi tubo digestivo. Gracias a la contracción y a la relajación de mi diafragma, mis pulmones se han llenado de aire en unas 18 ocasiones. He movido 15 músculos… eso para sonreír. Para arrancar el coche y ponerlo en movimiento han sido unos cuantos más —dijo, pensando más que nada para sí—. Mi corazón ha latido a un ritmo de 70 veces por minuto… no, espera, ahora es… algo más. Aunque que mis pulsaciones hayan aumentado… posiblemente eso se deba a tenerte aquí a mi lado.
Nico no sabía qué decir ante tal despliegue de conocimientos, así que le dijo:
—Eres un friki.
—Supongo que sí. Pero soy el friki que te gusta.
—Si tú lo dices —dijo Nico, rodando los ojos.
—No lo admitas si no quieres. Entonces, ¿quieres cambiar la música?
—No, da igual. Antes escuchaba a Marilyn, aunque hace años que no.
—No es un disco de Marilyn, eh. Es…
Justo cuando había comenzado a decirlo había sonado la nota final de la canción, dando paso a la siguiente. Comenzaron a sonar unas notas de piano que recordaban a una canción navideña.
—Mi disco de varios. Los hago para los viajes, para no aburrirme.
When you are weary, feeling small
When tears are in your eyes
I will dry them all*
—Cielo santo, Will, son Simon and Garfunkel.
—Lo dices como si fueran el anticristo. Más bien, cariño, si alguno tuviera que serlo, ése sería Marilyn.
—No lo digo por eso. ¡No puedes poner a Marilyn Manson para después dar paso a Simon y Garfunkel! ¡Es un completo disparate, no pegan ni con cola!
El rubio sonrió.
—Te pones tan mono cuando te alteras. ¿Qué me dirás cuando descubras que la siguiente es Living la vida Loca de Ricky Martin?
—No serás capaz —Will no le miraba porque miraba la carretera, pero sabía que la mirada de Nico era oscura y amenazadora.
—Claro que soy capaz. Aunque en realidad creo que después viene Single Ladies¸si la memoria no me falla.
—Cielo santo —Nico se llevó las manos al rostro—. Ahí sí que cambio de disco, que lo sepas.
—O puedes pasar a la siguiente. Veamos, creo que es…
—¿La sintonía de los Simpson?
—¿Por qué iba a ser la sintonía de los Simpson? ¿Estás loco o qué, Nico?
—¿Loco yo? Haces una recopilación musical sin ningún criterio, podría venir absolutamente cualquier cosa.
—Eso es porque no la has escuchado completa. Ponte a escucharla de verdad y le verás el sentido.
La "discusión" duró hasta que llegaron a la fábrica abandonada de la playa. El trayecto no era tan largo como para que un par como el ellos formaban se cansara de una charla musical.
—Sigo sin verle el sentido. A ver, no es como si creyera que lo fuera a tener en algún momento, por supuesto —comentó Nico mientras abría la puerta—. Joder, qué frío que hace.
Will salió y sacó las bolsas que había en el maletero. En su mayoría contenían comida, bebida, sábanas limpias, una manta y algo de ropa. Nico, que esta vez llevaba muchas menos cosas y menos aparatosas, se ofreció a ayudarle. Hicieron el mismo camino que la vez anterior para llegar a la sala habilitada, todo estaba igual. Sin embargo:
—Esto está distinto —dijo Nico, nada más entrar.
Depositaron las cosas en la mesa, y se pusieron a mirar a su alrededor, Will de forma mucho más analítica.
—Parece que ha quedado bien, ¿no? Al menos está muchísimo más protegido del frío —dijo, tocando el marco nuevo de una de las ventanas.
—¿Todo esto lo has hecho tú?
—Verás, tenía pensado ir adecuando la fábrica poco a poco, yo mismo. Créeme que cuando la viste ya la había estado mejorando. Pero me di cuenta que el tema del aislamiento es algo que yo no podía hacer solo, así que el dinero que me dieron por Navidad lo destiné a pagar a unos obreros para que lo hicieran. A simple vista, ha sido una inversión estupenda. ¿Ves? También alargaron la tubería de agua y ahora también hay una pila, instalaron un calentador y un par de radiadores. Comparado con antes, esto parece un hotel.
—Si tú lo dices… —volvió a decir Nico, pero al ver cómo arrugaba la nariz, se corrigió—. Era broma. Ya sabes que este sitio me gusta. Tiene personalidad. Y ahora está mucho mejor. No se me van a caer los dedos por partes, lo cual agradezco.
—Oye, Nico —dijo Will, lo cual llamó toda la atención del moreno. Nunca se dirigía a él de ese modo, que todavía no sabía descifrar cuál era—. Verás, me gustaría… pedirte algo. No tiene que ser ahora, ni mucho menos hoy. Tampoco tienes que hacerlo si no quieres, eh. No hay ninguna obligación en que…
—Dispara —le cortó Nico.
—Ahora que ya han terminado de hacer obra en las paredes, las han enlucido… me gustaría pintarlas. Pero un mural hecho por ti, del mar… en este muro central donde antes tenía las fotos, sería simplemente precioso. Si quieres hacerlo, claro. Si tienes tiempo y… te gusta la idea. Y eso… —Conforme lo decía, Will había perdido su seguridad habitual. Entonces Nico se dio cuenta, que él nunca pedía nada, y aquello era algo que le costaba mucho. Por eso se había deprimido tanto al darse cuenta de que debería pedir ayuda a su padre para poder cuadras sus horarios, ahora se daba cuenta.
—Me encantaría hacerlo —dijo, con más efusividad de la que solía usar.
—¿En serio? —Will le miró, no sonreía porque no se atrevía, pero sus ojos sí—. Oh, muchas gracias.
Nico esperaba que le besara. Pero en lugar de eso, Will se giró y comenzó a poner a punto la casa: encender el calentador y los radiadores, poner lo que tocaba en la nevera, y el resto de cosas en la encimera, que ahora era un poco más larga. Viendo que iba a estar con eso un buen rato, Nico también se puso con sus cosas, y se quitó la chaqueta, en vistas que la habitación comenzaría a caldearse.
—¿Pones música? —preguntó Will un rato después, mientras ordenaba la cómoda donde guardaba sábanas y ropa.
Nico, que había estado absorto mirando por la ventana, asintió y fue a la encender la minicadena, y tras leer todos los títulos de los álbumes, seleccionó un disco que aseguraba contener "lo mejor de Brahms".
—¿Cansado de tanto mezcladillo musical, eh? —preguntó Will, que ahora comenzaba a deshacer la cama. Tenía sábanas limpias a su lado.
—Un poco. ¿Te ayudo?
—No hace falta.
Sin embargo, Nico se le acercó y recogió las sábanas sucias, y las metió dentro de la bolsa de cosas que Will llevaría a la lavandería. Después acudió a ayudarle a hacerla, pero entonces…
—Will.
—¿Sí? —el chico se giró, sin saber lo que venía a continuación.
Nico le besó, agarrándole fuerte por los costados, haciendo fuerza con los labios. Will supo adaptarse a aquella fuerza, como siempre sabía adaptarse a los besos de Nico. Cuando se separaron, tomó aire y dijo, sorprendido:
—¿Y esto a qué venía?
—Antes no me has besado —dijo Nico, sin mirarle a los ojos, avergonzado por su acto impulsivo, por su confesión. Tomó la sábana de su mano y la estiró para seguir haciendo la cama él mismo.
—¿Cuándo? —preguntó Will, sin comprender.
Cuando he entrado en el coche. Cuando hemos llegado —pensó—. Cuando me has dicho que gracias. Tampoco ayer…
—Oh —dijo Will, y Nico ya no supo si había leído su pensamiento o si todo aquello lo había dicho en voz alta.
Will hincó las rodillas en el colchón, gateó hasta Nico y le tomó de la mano con suavidad, para atraerlo a la cama. Nico cedió. Comenzaron a besarse, así, ambos con las rodillas clavadas en la cama. Se quitaron los zapatos como pudieron, para tumbarse.
Le encantaba esa forma de besar que tenía Nico. Con ansiedad, como si fuesen a robarles el momento y debieran exprimirlo al máximo. Desesperadamente, como si hubiese esperado sus besos durante una eternidad y al fin los tuviera. Y, una vez finalizado el beso, cuando se separaban, siempre se quedaba con la boca abierta, jadeando, mirándole. Como si aquello que acababa de suceder fuera increíble. Como si él fuera increíble.
O la calefacción iba excesivamente bien, o sus corazones ardían tanto que de pronto hacía demasiado calor, y sin saber quién se la retiró a quién o si fueron ambos en conjunto, de pronto Nico llevaba tan sólo su camiseta de manga corta, mientras que Will iba a pecho descubierto. Se besaron, no habían dejado de besarse, y se dieron la vuelta, quedando de este modo Nico encima. Retiró sus labios, tomó aire, y le miró. La luz del pleno día daba en su rostro y pudo verlas, aquellas pequeñas pequitas que le habían salido como consecuencia de largas horas de exposición solar en sus vacaciones en Hawái. Pequeñas miguitas de centeno, las cuales no había podido dejar de mirar durante toda aquella semana, pero nunca las había tenido tan de cerca hasta entonces. Y sabía que si descendía la mirada, las encontraría también por el pecho de Will y…
Oh.
Lo había hecho. Se había incorporado para mirarle desde arriba, para ver aquel mapa de constelaciones que era su piel plagada de pecas.
—Quédate quieto.
—¿Cómo? —al principio Will no comprendió, pero fue cuando se dio cuenta de adónde se dirigía que cayó en la cuenta. Nico iba a dibujarle—. ¿En serio tiene que ser ahora? ¿Cuando estaba a punto de tenerte sin camiseta?
El artista volvió a la cama cuaderno de bocetos y lápiz en la mano. Volvió a su posición anterior, es decir, se sentó de nuevo a horcajadas sobre él.
—¿No puedes dibujarme con la camiseta fuera? Así yo también tendré algo que mirar mientras me dibujas.
—Sssh, quieto. Justo como estabas antes —Nico llevó índice y pulgar a su barbilla para hacer que girara el rostro, seguramente para hacerle mirar justo donde miraba antes. Al chico aquella firmeza le resultó realmente sexy, de modo que se dejó hacer. Nico tampoco se demoró demasiado, y cuando cerraba el cuaderno, le preguntó—. ¿Puedo hacerte una foto?
—¿Puedo hacerte luego yo una?
—No soy fotogénico.
—En cambio, yo soy un buen fotógrafo y me encantan los retos —al ver las intenciones de Nico, añadió—. Está bien, hazme las fotos que quieras. Sin nada a cambio... lo prometo.
La cámara de Nico tan sólo se disparó dos veces. Después, el chico la llevó de vuelta a la mesa junto al cuaderno y al lápiz, y se reunió con él en la cama. Inspiró profundamente:
—¿Prometes contenerte?
Will de nuevo no sabía a qué se refería.
De vuelta a su posición anterior, el joven alzó los brazos, se quitó la camiseta y la lanzó por los aires. Se inclinó para rozar sus labios con los de Will, que sonreían. El rubio volvió a llevar su mano a la espalda de Nico, en esta ocasión, desnuda. La acarició, lo cual hizo que el chico se estremeciera.
—Sigue haciendo frío.
—Lo sé. Tú me has tenido expuesto aquí un buen rato, y lamento decirte que ser dibujado no calienta… cuanto apenas. Voy a traer el edredón nórdico, que nos habíamos quedado con la cama a medio hacer. ¿Te parece?
Segundos después Will traía el resto de la ropa de cama que faltaba. Otros más pasaron. 1, 2, 3… ya estaba.
Nico seguía sin camiseta y, evidentemente, Will le miró. Era cierto que anteriormente (antes, muchísimo tiempo antes, parecía que siglos antes… cuando apenas se conocían y había acudido a devolverle aquel bloc de dibujo que había supuesto el germen de su historia) le había visto sin, apenas unos segundos antes de que volviera a cubrirse, pero no había podido fijarse en ningún detalle.
—¿Eso del hombro es un tatuaje?
Sin poder evitarlo, Nico se lo cubrió con la mano.
—Sabía que dirías algo —dijo en tono fúnebre.
—La gente suele interesarse por los tatuajes… —dijo en tono jovial, restándole importancia. Nico odiaba ese tono, porque era un tono que significaba "sé que estás molesto pero yo soy capaz de hacer que te tranquilices"—. ¿Desde cuándo lo tienes?
—Desde antes de ti.
—¿Un antiguo amor?
—Te he dicho que te contuvieras —le advirtió, en aquel tono que Nico empleaba que parecía que gritase pero sin gritar en absoluto.
Con lentitud, pasó los dedos pulgar e índice por sus labios, en señal de cremallera.
Nico, que había estado sentado en la cama, se tumbó y comenzó a decir:
—Me lo hice a los dieciséis. En realidad quería hacerme una calavera, pero como la iba a diseñar yo pensé que seguramente con el tiempo me cansaría del estilo, me parecería un dibujo de mala calidad, mejorable. Así que cambié de idea. La palabra "Will" no sólo es tu nombre, señor egocéntrico. También es un indicador de futuro. También significa voluntad. Anhelo. Y al final de todo también es… un testamento.
Will dejó el edredón y la manta sobre la cama.
—Acaba de pasar por mi mente una imagen realmente desagradable.
—¿Tú, no siendo el centro del universo?
Hizo caso omiso a su incitación y continuó haciendo la cama. En cambio, no pudo evitar preguntarle:
—¿Con eso del testamento te referías a que cuando mueras…?
—Sí. Una idea macabra, lo admito.
—¿Ya no piensas así? —Will le miró, quería saber cómo era su expresión facial al responderle.
—Ahora pienso, y quiero, que cuando muera haya dejado muchas obras de arte —antes de que pudiera replicarle nada, le preguntó—: ¿y tú? ¿has pensado qué querrías dejar a modo de testamento, Will?
—Más que dejar algo en concreto… me gustaría haber cambiado cosas. Haber salvado vidas, o al menos haber ayudado a mejorarlas. Simplemente eso.
Ahí fue cuando Nico se puso ante él, acarició su mejilla con dulzura y, sin ninguno de los dos sugerirlo, se metieron en la cama. Una vez acomodados en ella, Nico continuó acariciando su rostro.
—¿Sabes? Ahora que el tema del aislamiento y la calefacción está resuelto, podríamos poner la cama en otra parte, no tan en un rincón de la habitación. Realmente, podría traer una cama en condiciones.
—Will —le interrumpió Nico, porque sabía que había estado parloteando de forma distraída, sin darle importancia a la situación.
—¿Sí?
—Me has salvado.
Will le miró con los ojos bien abiertos, como quien contempla el amanecer por primera vez y no quiere perdérselo ni por un instante.
—Yo… —pausa—. No sé explicarlo, al menos no en palabras. Pero yo no sabía que lo necesitara, y tú, tú en cambio… me has salvado.
La mano de Will fue a parar a su nuca. Con los ojos, antes que con los labios, le dijo que iba a besarle.
Le encantaba esa forma de besar que tenía Will. Con calma, como si fueran inmortales y dispusieran de todo el tiempo del mundo. Con lentitud y dedicación, prolongándolos hasta el infinito y al mismo tiempo sin caer en la monotonía. Con un punto de sorpresa y agradecimiento al ser correspondidos, como si hubiese esperado sus besos durante una eternidad y al fin los tuviera. Y, una vez finalizado el beso, cuando se separaban sus labios no lo hacían sus cuerpos. Siempre mantenía el contacto con él, se recostaba en su cuerpo para acariciarle el rostro sin dejar de mirarle. Como si aquello que acababa de suceder fuera increíble. Como si él fuera increíble.
*La canción que comienza a sonar y escandaliza a Nico es Bridge over Troubled Water.
Como siempre, espero que os haya gustado y
Nos vemos en el otro lado.
