La llamarada del fuego de la chimenea se reflejaba en los ojos de Kai mientras el abuelo tomaba asiento frente a él. "Una vil mentira" pensó el muchacho, "eso es lo que debe de ser." El abuelo Damian se acomodó los lentes luego de observar el rostro serio de Kai, quien no replicó ante la noticia de la enfermedad de Voltaire.

Traje algo más que quería compartirte antes de que te fueras.

El abuelo colocó el álbum que traía en sus manos sobre la mesita que los separaba y el leve sonido del álbum chocando contra la mesa hizo que Kai volteara a mirar.

¿Más fotografías de mis padres?- preguntó con seriedad.

No, son recortes de periódico de noticias que me fueron muy importantes. Adelante, échales un vistazo.

El chico miró al abuelo y luego tomó el álbum con un poco de desconfianza, pero mientras lo abría y leía los recortes adheridos a las primeras páginas sus ojos penetrantes comenzaron a reflejar el interés y asombro que sentía. Las páginas lucían un poco amarillentas, pero se leía claramente los encabezados. "Beyblade: nuevo deporte se posiciona con grandes figuras." Kai leía en silencio cada noticia, trataba de controlar la ansiedad de ver las otras páginas lo más rápido posible.

Debajo de las fotografías en blanco y negro se encontraban pequeñas inscripciones. "Voltaire Hiwatari arrasa con el torneo, se le premia su excelente participación" Kai se detuvo a admirar lo joven que lucía su abuelo, pudo distinguir los rasgos faciales fácilmente, el joven que sería su abuelo recibía un pequeño trofeo. Pudo haberse tomado alrededor de una media hora leyendo las noticias y analizando las fotografías. "¡Este debe ser el padre de Robert!" – Pensó – "El ganó uno de los torneos… y este es el abuelo Damian, alcanzó el segundo lugar…"

Luego se topó con unas páginas que tenían otras noticias más recientes del beyblade, como la caída de la Corporación BioVolt, anuncios sobre BEGA con la imagen de Ming Ming y otros de los beyluchadores. Además, el abuelo había guardado cuidadosamente noticias de las victorias y derrotas de los Bladebreakers y los otros equipos renombrados en el deporte del Beyblade. Cuando terminó de ver todas las noticias, no pudo evitar inquirir.

¿Colección de la historia del beyblade? Veo que se toma el tiempo para esto… Jamás había visto a mi abuelo con un beyblade o sosteniendo un trofeo por participar en un torneo, pensé que sólo mi padre participaba en ellos.

Verás, Kai, te contaré un poco más del pasado, nadie debe ignorar la historia pues es la explicación a muchos eventos del presente.

Kai se acomodó en el sillón para escuchar al señor Damian, estaba bastante intrigado y un poco impaciente por conocer el relato del abuelo.

El Beyblade inició como un deporte experimental en medio de los jóvenes de clase alta, pues el precursor de todo ello fue uno de los familiares científicos del ya conocido Daitenji Dickenson. Sin embargo, yo no conocí a Dickenson sino hasta hace algunos años atrás, ya que él pareció mantenerse distante todo este tiempo. Fue hasta hace relativamente poco que decidió retomar el deporte promovido por su familia, y debo decir que lo ha hecho espectacularmente bien. Como te decía, sólo los jóvenes de clase alta tenían acceso a la tecnología que se requería para utilizar un beyblade y aprender a manejarlo. Así que las competencias eran poco conocidas y los torneos se manejaban localmente. Poco después la prensa se comenzó a involucrar por petición de los mismos beyluchadores que deseábamos que el deporte no se limitara a una cierta cantidad de chicos, pero el beyblade se fue extendiendo a los chicos de los barrios muy lentamente. Por eso puedes ver que las noticias de la prensa de antaño en realidad no fueron muchas… la gente casi no prestaba atención al beyblade. Sin embargo, para nosotros los "beyluchadores", como nos empezamos a llamar, la emoción de competir se volvía intensa.

Los ojos del abuelo brillaban al recordar los momentos de su juventud combatiendo con los otros chicos. Continuó relatándole la historia al atento joven que no le quitaba la mirada de encima.

Tu abuelo Voltaire se había convertido en todo un experto del beyblade. Jóvenes de familias nobles de otros países, como la familia Jurgens, querían competir contra él. Esto por supuesto ocasionaba que tu abuelo se sintiera más alagado de lo normal, pues aparte de eso era una mente brillante en el colegio. Voltaire se había vuelto bastante popular al menos en lo que respectaba al ámbito del beyblade, hasta que un chico con unos años menos que él lo retó… y pues… el niño delgadito logró ganarle a Voltaire…

Hubo un silencio en medio de los dos mientras Kai mantenía sus ojos asombrados sobre el abuelo.

¿Le ganó? – preguntó en tono inquisidor - ¿qué hizo mi abuelo después?

Bueno… el chico no sólo le ganó una vez, sino que lo hizo dos veces más. Voltaire se indignó tanto que decidió en medio de su enojo no utilizar más un beyblade… según él no valía la pena seguir si no podía ser el mejor.

Kai agachó un poco la cabeza meditando en el increíble relato que Damian contaba. "Eso no lo sabía, mi abuelo se dio por vencido, ¿quién pudo ser ese chico?" Como si el abuelo escuchara los pensamientos de Kai, le respondió inmediatamente.

El chico que lo venció se llama Alvin, Alvin Schitz. – dijo el abuelo en tono sereno, pero dentro de sí expectante de la reacción de Kai.

¡Qué! ¿El actual líder de BEGA?

Sí, él mismo. No lo ves en las noticias del álbum porque Voltaire se encargó que la prensa no lo publicara.

Ya veo que desde joven era un chantajista. – murmuró Kai.

Te preguntarás que sucedió después del retiro no oficial de tu abuelo. Bueno… los torneos locales dejaron de realizarse y algunos de los luchadores se dedicaron a expandir el deporte a los demás chicos, el beyblade comenzó a ser más accesible. Alvin no era un tipo ambicioso, pero era extremadamente bueno jugando, eso era lo que más le molestaba a Voltaire. El jovencito de escasa corpulencia no se ocupó en involucrarse de lleno al beyblade. Mientras tanto, se oía decir entre la misma gente del medio que Voltaire se dedicaba a entrenar jóvenes junto con un tal Boris Valkov. Además de eso se sabía que su conocimiento en ingeniería lo puso en práctica en la producción de beyblades. Sin embargo, Voltaire se alejó lo suficiente como para que nadie se entrometiera en su trabajo más de lo que él permitiera pero no se alejó tanto como para no mantenerse enterado de todo lo que ocurría con el deporte. Lo cierto del caso es que Voltaire nunca llegó a aceptar la derrota contra Alvin, pero no era Alvin en sí lo que ocasionaba su frustración, sino la idea de que alguien pudiera ser tan bueno e invencible pues eso era lo que Voltaire anhela ba: ser el mejor y que nadie lo pudiera vencer. Su orgullo lo carcomió, siempre tuvo sed de poder… El resto de la historia tu la conoces, BioVolt, la Abadía… que por cierto nunca tuve la oportunidad de entrar pero tu padre me contaba todo lo que sucedía ahí dentro. Tu abuelo siempre quiso hacer todo a su manera, egoísta y terco.

Kai no sabía que decir. Quizás ahora entendía por qué su abuelo siempre fue tan exigente con él en las beybatallas, claro, el viejo seguramente se veía reflejado en él y detestaba verse perder, cada derrota de Kai le recordaba su propia derrota. Un pensamiento amargo estremeció al chico, tal como lo imaginó antes, su abuelo ya no creía en él después de no poder derrotar a Brooklyn, le causaba pesar al viejo, le atormentaba que su nieto no pudiera superar a su rival.

¿Qué piensas de todo esto, Kai?

Kai volteó a verlo lentamente.

¿Cómo supo que mi abuelo enfermó?- cambió el tema, el abuelo supo que Kai no tenía ánimos para detenerse a valorar la situación pasada.

Uno de los médicos que le atiende en este momento es un amigo cercano de la familia, él me dio la noticia. - El señor Damian no ignoraba la desconfianza de Kai para con su abuelo. – Sé que esto arruina tus planes de partida, hijo. – Dijo poniendo la mano sobre el hombro del muchacho. Luego se fue alejando lentamente de la sala.

En realidad Kai comenzaba a reprochar dentro de sí que la enfermedad de su abuelo llegara tan inoportunamente. Se empezó a sentir enojado, pero mirar el fuego de la chimenea lo relajaba. Antes de tomar la decisión de lo que haría, se dedicó a mirar las ardientes llamas consumiendo la leña.

Al día siguiente la BBA les cedió un merecido descanso a sus beyluchadores. Tyson y Max decidieron dejar los minutos pasar dentro de la piscina. Kenny, por su parte, intentaba distraerse con algún video juego, sería mejor mantener su mente ocupada en algo antes de permitir que la duda del porvenir lo atormentara. Er quiso hacerle compañía al Jefe, le divertía la manera tan ceñida en la que Kenny presionaba los botones y movía los controles, lo que él no sabía era que Kenny intentaba descargar toda su ansiedad de esa manera.

¡Vaya, Jefe! Veo que te tomas muy enserio esto de los video juegos. ¡Oye! Me estás aventajando… quien piensa que eres un ser tranquilo e indefenso debería verte en este momento, Jefe.

Sí… creo que estoy un poco emocionado… es todo… - decía Kenny mientras manipulaba severamente el control.

Saliendo al parqueo del centro de entrenamiento de la BBA, Hiro acababa de subirse a su camioneta. Roxie se apresuró seguida de Hilary.

¡Hiro, espera! – le gritó, cuando llegó cerca de la camioneta Hiro estaba a punto de cerrar la puerta. Las dos chicas ingresaron al auto confiadamente.

Ehem… - limpió su garganta Hiro. - ¿Les puedo ayudar en algo?

Las dos chicas se miraron de repente.

Ayer te dije que íbamos al centro comercial a comprar nuestro atuendo para la noche, ¿Qué lo olvidaste? – le dijo Roxie en tono reclamón.

Lo siento, muchachas. Esta mañana recibí una llamada y creo que no podré acompañarlas. – les dijo cortésmente. – Pero puedo llevarlas cerca del estacionamiento de taxis.

Las chicas, en especial Roxie, no parecieron sentirse contentas con la respuesta.

De acuerdo… - dijo Roxie resignada. – si lo hubieras dicho antes nos habríamos apresurado tanto para alcanzarte.

Lo siento de verdad Roxie… lo olvidé por completo. – en ese instante Hiro recibía una llamada por su celular. - ¿Hola? ¡Hola! Ya estoy saliendo… sí llegaré a la plaza central en menos de diez minutos, nos vemos luego.

Hilary y Roxie se miraron de nuevo, y antes de que pudieran preguntarle a Hiro con quien hablaba ya se encontraban en la parada de taxis.

Bien chicas, hemos llegado. Ha comenzado a llover, ¿traen su sombrilla?

No la suelo necesitar así que no la ando con migo. – dijo Roxie molesta.

Bueno, yo afortunadamente ando la mía. – Hilary trató de evitar que Roxie se alterara.

Excelente, tú siempre piensas en todo, Hilary. – le dijo Hiro sonriente.

Roxie bajó de la camioneta de Hiro con cierto enojo reflejado en su rostro.

¡Apresúrate, Roxie, o te vas a mojar! – le gritó Hilary quien ya estaba lista para abordar uno de los taxis.

Hiro arrancó la camioneta y les hizo una seña de despedida. Roxie abordó el taxi sin despedirse de él.

Me preguntó con quien se vería Hiro.

Yo también, Hilary… - le dijo con sus brazos cruzados.

¿Por qué no lo averiguamos? – sugirió Hilary con una sonrisa pícara.

¿Te refieres a…?

Sí… dijo que iría a la plaza central, podríamos seguirlo…

¿Y qué hay de los vestidos?

Creo que los podremos buscar más tarde, tenemos tiempo.

Bien. – Roxie compartió la sonrisa de Hilary. – Señor, cambiamos de destino, por favor llévenos a la plaza central. Averiguaremos qué es más importante que llevar a sus amigas al centro comercial.

Bueno… en realidad cualquier cosa puede ser más importante.

Tienes razón… ¡pero no en un día lluvioso! – Roxie trataba de poner un pretexto para el recelo que sentía.

Las dos chicas chocaron sus manos. La lluvia caía más pesadamente y pronto llegaron a la plaza central y divisaron la camioneta de Hiro, avanzaba por la calle principal, parecía que quien fuera que lo estuviera esperando ya había abordado el auto. Decidieron seguirlo aún, pero para su sorpresa, la camioneta se detuvo frente a una gran tienda de instrumentos musicales. Las chicas bajaron del taxi. Había mucha gente con sombrillas caminando apresuradamente por lo que, por más que se esforzaron, no pudieron ver quien acompañaba a Hiro.

Las chicas se comenzaban a mojar, la sombrilla de Hilary no era lo suficientemente grande para cubrirlas por más que se apuñaran. Para empeorar la situación, un automóvil a toda velocidad salpicó sus ropas.

¡Roxie esto no está funcionando! – se quejó Hilary. – ¡Mira, Hiro se está yendo otra vez!

¡Fue tu idea así que no te quejes!

¡Tú me apoyaste! ¿lo recuerdas?

Y bien, ¿seguimos o no?

¿Cómo lo haremos? No tenemos transporte, todos los taxis parecen estar ocupados y además ya lo perdimos de vista.- dijo Hilary desanimada.

Hilary y Roxie caminaron empapándose cada vez más hasta llegar al centro comercial más cercano. La sombrilla de Hilary parecía no resistir más, se notaba bastante endeble y además era de un color un poco chillón, naranja chillón para ser exactos. Por fin llegaron a la plazoleta de tiendas, minutos después de haber ingresado la lluvia cesó.

¡Genial! ¿Acaso no podía parar de llover antes?

Sabes, Roxie, no creo que podamos probarnos ningún vestido. ¡Estamos empapadas!

Ush… desearía haber contratado un chofer para que nos trajera. No debí confiar en Hiro.

Decidieron ir a tomar algo caliente antes de recorrer las vitrinas, esperando casi inútilmente que su ropa secara. Mientras recobraban los ánimos, lo inesperado ocurrió: Hiro ingresó al mismo lugar donde ellas se encontraban, y venía acompañado de una vieja amiga.

¡Roxie! ¡Es Hiro! No voltees a ver aún. – Roxie hizo lo contrario a lo que Hilary le pidió, inmediatamente volteó a mirar casi atragantada por lo que tomaba.

¡Te dije que no voltearas!

No nos ha visto de todos modos… Oye, ¿quién es esa chica? Me parece familiar. ¡Así que esa era la razón por la que no nos pudo llevar a comprar!- djio esto último en tono de reclamo.

Roxie, esa chica es Ming Ming…

¡¿Queeeé?!

Al mismo tiempo, en la casa de Voltaire, Kai se encontraba subiendo las gradas principales. El joven había resuelto ir a visitar a su abuelo enfermo. Parecía arrastrar los pies mientras se dirigía a la habitación donde se encontraba. No sabía que le diría exactamente cuando lo viera cara a cara. A lo lejos, su vieja nana Sophie, lo seguía con la mirada. Kai, se detuvo a verla, ella asintió con su cabeza dándole apoyo para que siguiera su camino.

Kai llevaba su beyblade dentro de los bolsillos de su chaqueta negra, el cual de vez en cuando presionaba con su mano. Estando frente a la puerta de la habitación, se detuvo por unos segundos antes de tocar. Respiró profundo, "Aquí voy…" se dijo a sí mismo. Un doctor abrió la puerta.

Vengo a hablar con mi abuelo, soy Kai.

No tiene que decirlo, joven. Pase, lo dejaré a solas con él.

El abuelo de Kai estaba arrecostado, lentamente movió su cabeza, con mucho esfuerzo para mirar a su nieto, quien tenía su rostro serio pero con su mirada conmovida. El joven se sentó al lado de él, no le dirigió palabra por largo rato. Luego levantó su mirada del suelo.

Yo puedo vencer a Brooklyn, abuelo, lo hice una vez, lo puedo hacer de nuevo. – dijo secamente.

Demuéstramelo. – le dijo con voz debilitada. – Tráeme su beyblade y te creeré.

A pesar de que durante todo ese tiempo Kai había estado luchando contra el sentimiento que lo instigaba a buscar la aceptación de su abuelo, no pudo evitar ceder a la tentación que su orgullo le extendía. Era un Hiwatari y antes de que fuera muy tarde, quería demostrarle a su abuelo que él no era un perdedor.