CAPÍTULO XI

Will. Enero de 2014

Rojo vergüenza

Uno. Dos. Tres. Pestañeó varias veces antes de despertar. Cuando finalmente lo hizo, relacionó la claridad y la luz que inundaban todo con la atmósfera de la casa de la playa. El único lugar que era realmente suyo. Cerró los ojos, se hundió en la cama y en el edredón para no perder aquella sensación de calor confortable. Sin lugar a dudas lo de la calefacción y el aislamiento había sido dinero más que bien invertido. Alargó el brazo y con él buscó un fragmento de Nico… pero no lo encontró.

—Uhhhmmm ¿Di Angelo? —murmuró en tono soñoliento.

El día anterior había sido genial. En realidad no habían hecho nada extraordinario, lo cual no era un problema en absoluto. Habían estado besándose durante horas en la cama, para luego seguir en ella, aunque cada uno estudiando lo suyo. De vez en cuando Will apartaba la mano de su libro y la acercaba a Nico, para hacerle una pequeña caricia, un recordatorio de que seguía allí con él. Nico murmuraba alguna maldición, pero aun así sonreía. Habían cenado, habían tratado de ver alguna película o serie, pero no dejaban de discutir por el contenido. Al final, habían vuelto a la cama, donde por decisión propia Nico se había vuelto a quitar la camiseta. La expresión facial del chico en respuesta a cómo Will jugueteaba con el piercing de su pezón sería una de las que se quedaría en su memoria para siempre.

Intranquilo al no saber qué estaría haciendo, volvió a abrir los ojos y se incorporó en la cama. Miró a su alrededor y encontró a Nico, subido a una silla y haciendo algo en la pared. De modo que se levantó y comprobó cómo el chico estaba haciendo caso a su petición del día anterior. Le estaba haciendo un mural.

—No hacía falta que te pusieras hoy mismo, ¿sabes?

Nico no le respondió, ni hizo ademán de haberle oído. Un vistazo a su lado derecho del rostro, donde ahora tenía el pelo rapado, y se dio cuenta de que tenía los auriculares puestos. Así que se acercó a él y llevó una mano a su trasero, para darle un ligero palmetazo.

Nico se alarmó. Demasiado. Perdió el equilibrio, pero Will lo rodeó por completo con sus brazos para que no se cayera.

—Solace —murmuró entre dientes, desde las alturas.

—No pretendía asustarte —dijo, mientras el otro se quitaba uno de los auriculares—. Decía que no era necesario que te pusieses tan pronto con eso.

—Creía que me dijiste que querías un mural hecho por mí, ¿no? Will.

—¿Sí?

—Ya puedes soltarme. Hace rato que he recuperado el equilibrio.

Y es que en efecto, seguía rodeándole con los brazos. Para añadirle más incomodidad a la postura… Will estaba tan pegado a él que tenía el rostro, concretamente la barbilla, puesto que miraba hacia arriba para hablar con Nico, posicionada justo encima de la entrepierna del moreno.

Will sonrió como un gato orgulloso.

—¿Te resulta incómodo? —preguntó, juguetón, y se apretó más a su cuerpo.

—Solace. Para ya —dijo, pues le había puesto tan nervioso que de nuevo había perdido pie.

—Como guste el príncipe de las tinieblas —en lugar de soltarlo, se lo llevó a cuestas. Fue todo un acierto que decidiera dirigirse a la cama, que además se encontraba muy próxima: debido a la postura en la que lo estaba cargando, sumado al hecho de que Nico era peleón por naturaleza, bien podrían haber caído al suelo en lugar de sobre la mullida cama.

Una vez en la cama, Nico se desquitó pegándole con los puños, sin ejercer fuerza sobre él realmente.

—No vuelvas a hacerme eso. ¡No ha sido gracioso! —exclamó, todavía más indignado al escuchar las risas de Will en respuesta.

—Es que… me haces cosquillas —dijo, aunque no era cierto.

Sin embargo, aquel comentario le dio una idea a Nico. La guerra de cosquillas dio comienzo.

—¡Para, para! —gritaba Will, o eso trataba—. ¡Piedad!

—¿Piedad? ¿Te crees con derecho a reclamarla?

—¡Sí! Soy… soy… ¡bue… no! —gritó a medias tras un nuevo ataque de cosquillas—. Teharéldesayuno… ¡piedad!

—¿El desayuno? Es evidente que me lo ibas a hacer… tienes que ofrecerme algo mejor —Nico sonreía, se le notaba que le gustaba aquella posición de privilegio.

Will le miró a los ojos y aprovechando que las cosquillas se habían detenido al menos momentáneamente, dijo muy serio:

—Haré lo que tú quieras.

—¿Lo que yo quiera? —le preguntó, mirando con detenimiento su expresión. Quería asegurarse de que hablaban de lo mismo.

El rubio alzó su mano para tocar la de Nico y entrelazar sus dedos. De este modo le respondió:

—Haré todo lo que tú quieras… hoy. Hasta que nos marchemos esta tarde tendrás de tiempo.

Mordiéndose el labio, el otro chico lo observaba. Finalmente, se apartó de encima de él y dijo:

—Está bien.

—¿Está bien significa que… aceptas el trato? —Will se incorporó en la cama para mirar cómo Nico se levantaba de ella. Parecía decidido a volver a lo que estaba haciendo antes.

—Querías que dejara de hacerte cosquillas, ¿no? Pues ya está hecho.

—Nico… Nico, espera. Mírame. Por favor.

A regañadientes, el chico se giró y esperó a ver qué quería decirle. Tenía las manos metidas en los bolsillos de la sudadera que llevaba, aproximadamente cuatro tallas más grande que él.

—Con lo que te había dicho no pretendía… ¿molestarte? Simplemente he visto que te gustaba tenerme ahí, tú mismo me has preguntado qué podría ofrecerte. Ey, Nico, hazme caso —dijo, al notar que sus palabras caían en saco roto—. Te gustaba y a mí, ver en lo que podía desencadenar… también. Quería que lo llevásemos un paso más, pero si a ti no te apetece lo entiendo. Sin embargo…

—¿Nunca vas a dejar de hablar?

Las cejas de Will se alzaron antes de decir:

—Creo que es importante hablar las cosas. Porque tú también querías y en el último momento has huido. Quiero que sepas que cuando quieras hablarme de tus inseguridades yo estaré aquí para escucharlas.

—Joder, Solace. Te odio —bufó Nico, que sin embargo se tumbó en la cama a su lado.

—Lo sé. Yo también te odio mucho.

Will le estiró la capucha para que se le quedara puesta. Nico no dejaba de retorcer las manos dentro de sus bolsillos. Un tiempo después, finalmente suspiró.

—No quiero que te burles de mí —admitió.

—¡Nico! —su voz estaba llena de incredulidad—. ¿Cómo puedes pensar que...? Y todavía menos, cuando he sido yo el que te lo ha ofrecido. ¿Acaso es eso lo que crees? ¿Que te traigo aquí, que paso el tiempo contigo, sólo para burlarme de ti?

Le miraba, sus ojos intensamente azules.

—No… supongo que no es eso. Pero no quiero que… ¿y si lo que a mí me apetecía no era lo mismo que a ti? ¿y si… te parecía ridículo?

—Tú sí que eres ridículo —Will rodó los ojos—. Nico, grábatelo. Quiero estar contigo. Te quiero sin esta sudadera absurdamente grande, conmigo, bajo estas sábanas. Quiero pasar toda la mañana metidos en la cama haciendo lo que nos dé la gana. A los dos. A cada uno. No creo que nuestros deseos difieran tanto. Pero si lo hicieran, esas cosas se hablan. No me voy a burlar de ti si me dices que me quieres atado y amordazado, porque sé que te gustaría y que a mí también me gustaría probar eso contigo. ¿O no te gustaría?

—¿Cómo sabes que…? —no fue capaz de terminar la frase, se estaba poniendo rojo.

—No hay que ser un genio. Para empezar, te gusta mandarme callar. Siempre que nos vemos en algún punto acabas haciéndolo. Y anoche… bueno, tal vez no te dieses cuenta de lo que hacías realmente. Pero mientras nos besábamos, hiciste que levantara los brazos y me apretaste las muñecas para que no pudiera moverlos. ¿Te acuerdas ahora?

Nico asintió. Ahora ya le miraba de nuevo a la cara... la suya estaba sonrojada. Quizás no hacía falta nada más que decir, pero Will era Will y Will… necesitaba hablarlo todo.

—En cambio, me figuro que no te debe gustar la idea de vendar los ojos —Nico no le preguntó, pero sí que le miró de forma inquisitiva, así que Will se explicó—. Eres muy visual, Nico. No te lo tomes como una acusación, venga —añadió al notar su reacción—. Yo mismo también lo soy. Pero hay una cosa… algo en lo que creo que sí que diferimos.

—¿El qué? —terminó preguntando Nico, pues por una vez, el otro chico no había seguido hablándole. Quizás fuera porque iba a abordar un tema que sí que le importaba de verdad, algo que quizás sí que pudiera llegar a hacerle estar inseguro.

Will se acercó a él todavía más para susurrarle al oído:

—Puedo aguantar estar callado, pero a cambio necesito que la otra parte sea… ruidosa.

Nico giró el rostro para mirarle a los ojos:

—Já. No me creo tú que seas capaz de estar callado.

—Ya te lo he dicho antes. Por mí mismo no, pero con cierta ayuda… No me refiero a ahora, Nico —aclaró, al notar una vez más la sombra de la duda en su rostro—. Me refiero a… cuando tú quieras.

—¿Pero tú quieres?

Estuvo a punto de responderle de otra forma, pero en un último momento se contuvo. Nico era mucho más inseguro de lo que en un primer momento se había imaginado. Por eso le dijo:

—Creo que los sueños que he estado teniendo contigo desde que volví de vacaciones, junto a todas mis escapadas a la ducha en cuanto tú te ibas de mi casa demuestran que sí, quiero. Y mucho.

—Entonces dime tú lo que quieres que hagamos —replicó Nico, para su sorpresa.

Iba a replicarle, a adelantarse a sus actuaciones, como hacía siempre. Sabía que a la mínima no le dejaría llevar la voz cantante y le mandaría callar. En lugar de decir nada de eso, decidió aprovechar la situación y cumplir sus deseos.

—La ropa fuera… toda.

X.X.X

—¿Piensas devolverme la sudadera? —preguntó Nico, no por primera vez.

Acababan de volver, estaban saliendo del coche de Will, que había aparcado frente a su casa.

—No te queda bien —le volvió a recordar.

—¿Prefieres mis camisas de flores?

Will abrió el maletero y comenzaron a sacar de él sus cosas.

—En cierto modo sí.

—¿Te digo por qué?

—Vas a decírmelo de todos modos —Nico rodó los ojos mientras se ponía la mochila a la espalda—. Venga, sorpréndeme.

—Porque mis camisas te permiten ver mi figura. En cambio, esta cosa amorfa no deja ver nada. Pero sabes, te la voy a confiscar para que así no te la vuelvas a poner. A cambio te puedo prestar cualquiera de mis camisas. ¿Qué te parece?

Nico le miró mal. Pero que muy mal. Aquella mirada a Will le hizo sonreír, tomarle de la mano y acercarlo a él. Se besaron, como habían estado haciendo la mayor parte del día. Había llegado un punto en el que Nico le había dicho que le dolían los labios, y sin embargo, le había seguido besando.

—El próximo día que vengas a casa, llevaré esta sudadera y nada más debajo. Tuya será la misión de recuperarla —susurró en su oído derecho.

Volvieron a besarse, y quién sabe cuánto tiempo más lo habrían estado haciendo de no haber sido interrumpidos por una voz demasiado conocida para Will y absolutamente desconocida para Nico.

—¿Es por esto por lo que necesitas más tiempo y me has pedido que te permita dejar el trabajo en la cafetería, William?

Se separaron inmediatamente. Al mismo tiempo, Will se colocó delante de Nico, como si tratase de protegerlo.

—No esperaba esta visita, padre.

—He podido hacer un hueco para ti. ¿Nos presentas o es sólo un calentón pasajero?

Will se quedó callado y quieto por unos segundos, su cuerpo completamente tenso. Parecía estar tratando de evaluar la situación… pero su padre era más rápido.

—Sabes, al veros tan acarameladitos se me ha ocurrido algo. Te puedo proponer un trato.

—¿Qué clase de trato? —preguntó Will con una frialdad que Nico no se habría podido imaginar jamás.

—Uno muy pequeñito. Pero antes necesito saber, ¿este chico es mayor de edad?


Acabo de ver la última fecha de actualización de este fic y no, no tengo ninguna explicación para esto. Así que corramos un tupido velo y pasemos a otra cosa.

Para quien se lo pregunte... no, no han llegado a tener sexo. Su primera vez será en el próximo cap... dejar la escena cortada después de unos besitos al más puro estilo Hollywood o saber un poco más de lo que pasa en ella, eso lo dejo a elección del consumidor. Así que reviews, porfis.

Nos vemos... espero que muy pronto.