Advertencia: El rating del fic ha aumentado a M por alguna razón.


CAPÍTULO XII

Will. Febrero de 2014

San Valentín rojo

—Mierda. Joder.

Will se despertó en una cama extraña. Tenía unas sábanas muy suaves. Por las ventanas, entraba el sol de la tarde. Le costó ubicarse, darse cuenta de que estaba en la habitación del hotel que les había reservado su padre, y que al parecer él se había quedado dormido al tumbarse en la cama.

Tenía pinta de que Nico estaba refunfuñando en el baño.

—¿Nico? ¿Todo bien? —le gritó desde la cama, pero en vistas de que no le respondía, se levantó y acudió a su encuentro—. ¿Nico?

La puerta estaba entreabierta. Nico fruncía el ceño mientras trataba de ponerse la corbata. Sobre el mueble del lavabo estaba su teléfono móvil, con un vídeo de YouTube en pausa.

—No consigo que quede bien el nudo de la corbata —admitió tras otro ruido de protesta.

—¿Por qué te estás vistiendo ya? ¿Qué hora es?

—Pronto. Quería… —Nico se interrumpió al sentir cómo Will comenzaba a toquetearle la camisa y la corbata—. Quería aprender a ponérmelo antes de que despertaras, pero no consigo que quede bien.

Will le sacó la corbata y comenzó a desabrocharle la camisa con movimientos elegantes y precisos.

—¿Y eso por qué?

—Pues porque tú sabes mucho de esto y yo nunca me había puesto un traje antes…

—¿No? —Ahora Will volvía a abrocharle la camisa, con detenimiento—. ¿Y cómo fuiste en tu graduación? No me digas que con una camiseta de My Chemical Romance.

—No llegué a ir.

—¿En serio?

—Casi todos mis amigos ya no estaban en el instituto, porque son un año mayores.

—¿No estaba Hazel, tu hermana? ¡Eres un agonías, Nico! —tras el reproche, volvió a la tarea que tenía entre manos—. Vale, ya está bien puesto el cuello. Ahora, la corbata.

Nico se la pasó y Will rodeó con ella su cuello. A pesar de estar tan próximo a él, había mantenido todos sus gestos asépticos, pero en aquel momento cambió de idea. Una sonrisa precedió al gesto. Con cada mano tirando de un extremo de la corbata, la estiró para acortar la poca distancia que les separaba y besarle.

—Si te la hubieses puesto tú sólo no habríamos podido hacer esto.

Le dio otro beso más antes de proseguir. En cuestión de segundos, la corbata colgaba de su cuello de forma impecable. Will tenía muchas tablas en eso. Cuando tu padre es famoso (más bien, cree serlo) tienes muchas cenas y actos a los que asistir de forma elegante.

—¿Y el chaleco?

Le sorprendió que no rechistara y le dijera que aquello era algo que ya sabía hacer perfectamente él. Tal vez le gustara aquel nuevo tipo de intimidad. A Will personalmente le agradaba y mucho. Le parecía infinitamente tierno.

Cuando se lo había terminado de cerrar (estaba perfectamente entallado, y le quedaba perfecto) le comentó:

—Sin la chaqueta, así simplemente, si te arremangas hasta los codos la camisa, te queda perfecto.

—No sé. Me veo demasiado…

—¿Sexy?

Nico enarcó una ceja en señal de advertencia.

—Demasiado vestido.

—Ya, bueno, desnudo también te encuentro perfecto.

—Solace —rodó los ojos—. Quiero decir, demasiado elegante. Como si fuera a una boda. Yo no estoy acostumbrado a llevar estas cosas.

—No tienes por qué acompañarme si no quieres —le recordó por enésima vez. No era como si no quisiera que lo hiciera, pero sabía que Nico debía detestar todo aquello, a pesar de que estaba logrando disimularlo muy bien.

—Voy a probarme el jersey de cuello vuelto.

Cuando el padre de Will les había invitado (por decirlo de forma elegante) a la presentación de su último libro (su última reconversión era en escritor de novelas románticas) en el hotel Intercontinental de Nueva York, les dijo que debían ir arreglados. Tras desdeñar las pintas de Nico (y las de Will de aquel día, porque cabe recordar que llevaba una sudadera del otro) les indicó que debían buscarse unos buenos trajes, cuyos gastos correrían a su cuenta.

Nunca lo admitiría ante su padre, pero había sido una experiencia interesante ir a encargar trajes a medida con Nico. Había temido que al otro chico le desagradara, pero como todo en relación al pacto con su padre, se lo había tomado sorprendentemente bien. Como era de esperar, Nico se había decantado en un principio por un total look en negro. Había sido Will el que le había sugerido que tal vez, en lugar de llevar camisa y chaleco, podía optar por un jersey de cuello alto. A Nico parecía haberle gustado al vérselo puesto; sin embargo, no estaba del todo convencido. Por ello, su novio le había sugerido que se llevara ambas opciones. Total, pagaba Apolo.

—Ya sabes que a mí me gustabas más así —Will salió del baño para seguirle, y se quedó recostado contra la pared mientras veía como Nico se cambiaba.

Nico ya llevaba el cuello alto, en color burdeos oscuro, y se miraba en el espejo.

—Es que… no sé.

—Pero te gusta. Sé que te gusta.

—¿No te parece demasiado llamativo?

No pudo evitar que se le escapara una pequeña carcajada. Se separó de la pared para ponerse a su espalda, y pasarle una mano por la parte de detrás del cuello y dejarla perfectamente lisa. Después, la bajó por la espalda. La tela era muy fina y se adhería bien al cuerpo, por lo que podía sentir perfectamente todas las formas de Nico bajo ella.

—Te queda genial —susurró Will en su oído. Después, pillándolo completamente por sorpresa, bajó la tela que cubría el cuello, la que momentos antes había puesto bien, y comenzó a besar con fuerza la piel desnuda.

—Sé lo que estás haciendo y… no es justo… —murmuró Nico, que poco a poco fue retrocediendo hasta acabar con la espalda contra el espejo en el que se había estado mirando—. Así no me das opción a elegir…

Will succionó contra su piel durante unos segundos, tras lo cual se apartó de él. Los ojos de Nico, cuando volvieron a abrirse, le dijeron que no estaban de acuerdo en que lo hubiera dado por finalizado. Menos aún de una forma tan abrupta.

—No debo arrugarte el traje. Además, debo ir a ducharme…

Cuando salió del baño, envuelto en un albornoz y con una toalla sobre la cabeza, Nico estaba inclinado sobre el escritorio. Parecía estar dibujando, así que no se le acercó a molestarle. Sabía que en aquellos momentos el otro chico deseaba privacidad, de modo que no le prestó demasiada atención. Sin embargo, mientras se secaba el cuerpo, notó que Nico sí que le estaba mirando detenidamente, al tiempo que su lápiz rasgaba el papel.

—¿Me estás dibujando? —preguntó, divertido.

—Puede.

—Vamos un poco justos de tiempo…

—No te he dicho que poses, Solace. Tú sigue a lo tuyo. Maldito egocéntrico —refunfuñó.

Will sonrió mientras volvía a sus asuntos. Una vez seco y con la ropa interior puesta, fue a sacar su traje del armario.

—Quiero algo diferente —había anunciado Will—. Tengo demasiados trajes en casa, y todos son muy… aburridos. El evento al que vamos realmente no exige etiqueta. Quiero algo… llamativo.

—¿Extravagante? —el modisto le había mirado de arriba abajo, y en último lugar se había centrado en la camisa que llevaba, que fue la que le dio la idea—. ¿Un traje de estampado floral sería demasiado?

De modo que aquel día Will sacó de la funda en la que había viajado su traje favorito de todos los que había llevado hasta el momento. Era azul claro, con un estampado en el que predominaba el verde oliva de las hojas, en metalizado, y el rosa pastel de los delicados pétalos de las flores.

Cuando Will volvió al baño, Nico había salido al balcón para hablar por teléfono. Por la cara que había puesto al contemplar el contacto en la pantalla antes de descolgar, dedujo que no sería una llamada de ninguno de sus amigos. De sus padres, posiblemente.

—¿Qué estás haciendo? —Nico le sobresaltó, pues no le había oído entrar y no esperaba verlo a su lado en el reflejo del espejo.

—Iluminador —comentó Will—. Cuando fui a Coachella el año pasado me maquillé con Kayla y me gustó. Había pensado que tal vez hoy… con el traje que llevo… —comenzó a tratar de justificarse, sin saber del todo por qué le ponía nervioso aquello.

—No te lo estás poniendo bien. Déjame a mí —Nico pareció no darle ninguna importancia al hecho de que fuera un chico y se quisiera poner maquillaje. Siempre se burlaba de sus camisas extravagantes, pero sin embargo no había hecho ningún comentario malo sobre su traje—. Tus pómulos están más altos —explicó, mientras le limpiaba lo poco que había llegado a ponerse.

Después de aplicárselo en los pómulos, puso un poco en la zona del lacrimal del ojo y en el arco de Cupido de los labios.

—Ya está —Nico soltó su rostro, que había sostenido con delicadeza hasta el momento.

Will se giró para poder mirarse en el espejo con detenimiento.

—¿Cómo has sabido hacerlo?

—Conozco tu rostro. Sé qué zonas son las que quedan mejor iluminadas. ¿Entonces te gusta?

—Me encanta —puntualizó él, y sonrió—. ¿Sabes lo que te quedaría bien a ti?

—No te atrevas a decir que el iluminador.

—También te quedaría bien, como es evidente, aunque no es eso lo que iba a decir —la voz de Will se solapó con la de Nico, que protestaba:

—¿Bien? ¿Pero has visto mi cara?

—Ahora me dirás que te crees feo. ¿Nico? —Will ladeó la cabeza.

—¿Acaso no has visto mi nariz? ¿Grande, torcida, aguileña? Por favor, no me digas que "tiene mucha personalidad".

—Yo no la encuentro fea —dijo con cautela—. Es grande, sí. Pero ya sabes lo que dicen de las narices grandes… y por lo poco que hemos hecho, lo he podido comprobar.

—¿Lo poco? ¿Crees que deberíamos haber hecho… más? —preguntó mientras su ceño se fruncía. De sus inseguridades físicas habían pasado a sus inseguridades afectivas… lo cual no era nada nuevo, pues constituían las dos caras de una misma moneda.

—Hemos hecho lo que hemos querido y a nuestro ritmo, Nico —Will se le quedó mirando por unos instantes en los que nadie dijo nada. Antes de cambiar de tema le sonrió—. Delineador.

—¿Cómo?

El chico ya estaba rebuscando en su bolsa de aseo.

—¿Me dejas? Venga, Nico, ¡déjame!

Así fue como comenzaron una guerra de cosquillas que Will terminó ganando. Sabía que lo haría. Por mucho que Nico fuese obstinado por naturaleza, tenía una piel muy sensible, cosa que por alguna extraña razón le avergonzaba. Prefería rendirse rápidamente antes de morir a carcajadas, lo que era una maravilla y una desgracia, a ojos de su novio.

—¿Tienes idea de lo que estás haciendo? —Nico no dejaba de quejarse mientras Will tenía la punta del lápiz a un centímetro de sus ojos.

El rubio enarcó las cejas, diciéndole sin palabras ¿Te estás quieto y me dejas? En cuanto apartó el lápiz de su rostro, Nico se giró para mirarse en el espejo.

—¡Por dios, Will! Menudo desastre.

—El derecho no está tan mal…

—¿No pretenderás ser cirujano, no? Porque, menudo pulso.

Dicho esto, abrió el grifo con la intención de borrarse aquel maquillaje fallido.

—Definitivamente esto no es lo tuyo.

—Ya, claro. Seguro que tú en el instituto mientras escuchabas Fall Out Boy tuviste mucho tiempo para practicar…

—No es cierto —negó mientras terminaba de borrárselo.

—¿Lo de Fall Out Boy? Sabía que serías más de My Chemical Romance.

—Lo otro. Yo nunca he llevado… —se señaló los ojos—. En público —acabó añadiendo, pero en voz baja, aunque evidentemente fue escuchado.

De modo que Will empezó a suplicarle que se delineara los ojos y, por alguna extraña razón, de nuevo su petición fue aceptada. La línea fue muy fina, el trazo muy firme. Apenas se apreciaba realmente, no obstante le encantó y así lo opinó en voz alta:

—Te queda demasiado bien —opinó Will.

—¿De verdad? ¿No estás intentando burlarte de mí?

—¡Nico! —Will le sostuvo el rostro con ambas manos antes de darle de nuevo un beso—. Vámonos ya. Tendríamos que comer algo antes de la presentación.

x.x.x

—A ver si lo he entendido bien —dijo Nico mientras caminaban de vuelta a la habitación. Ambos se tambaleaban, pues habían estado bebiendo durante todo el acto de la presentación del libro. A Nico se le había ocurrido el juego de beber cada vez que Apolo actuara de forma descaradamente coqueta, pero habían dado por finalizado el juego antes de tiempo en vistas de que acabarían más borrachos de lo permitido en un evento como aquél—. ¿Tu padre está con ese musculitos portu…brasileño?

—Eso también te lo ha parecido a ti, ¿verdad? —Will rió—. Apolo estaba todo el rato con el rollo de las chicas afortunadas… pero seguro que a estas alturas le está haciendo una buena mamada.

A Nico se le escapó una risa que no fue capaz de controlar, y rápidamente Will también sucumbió. Se reían con tanta fuerza que vieron necesario apoyarse contra una de las paredes del pasillo de habitaciones. Una vez más calmados, Nico fue quien rompió el silencio:

—Oye Will, ¿tu madre no estará muerta verdad? Mierda… mierda. No debería haber dicho eso —Nico se tapó la boca con la mano.

—No, no lo está. Tranquilo… ¿por qué lo decías?

—Nunca me habías hablado de ella… y… no sé. Se me había pasado por la cabeza.

—Vive, y me llevo mejor con ella que con Apolo. Soy consciente de que no es admitir gran cosa. Ella es muy independiente, igual que yo, así que a veces pasamos meses sin vernos o hablarnos.

»Pero si te hace ilusión, puedo llamarle y hablarle de ti. Podríamos quedar para tomar el té con ella —miró a Nico, la expresión que tenía en el rostro, como si hubiera dicho la mayor atrocidad del mundo. Estalló en risas.

Nico le tapó la boca:

—Vamos a la habitación… hacemos demasiado ruido… está claro que ninguno de los dos sabe emborracharse.

—Todo lo contrario. Nos emborrachamos demasiado bien.

Volvieron a reír cuando se dieron cuenta de que precisamente la puerta que tenían al lado era la de su habitación. En teoría, Will tenía la tarjeta que abría la puerta, pero no la encontraba. Bueno, no, realmente lo que sucedía era que no quería buscarla él.

—De verdad que no sé dónde la he podido haber metido… ¿me ayudas?

Nico comenzó a buscar en sus bolsillos con manos torpes, pero en ninguno de ellos estaba.

—Tal vez esté más adentro…

—¡Will! —Nico protestó pero estando borracho aquello no le salía bien. Siguió metiéndole mano, porque de pronto se había convertido en eso, pero seguía sin encontrar.

—Debes buscar en mi parte de anatomía favorita…

—¿Cómo?

—Quiero decir… eh… —buscó las palabras, aunque parecía costarle—. Lo que más te gusta de mi cuerpo.

—Me gustas todo tú —admitió, tal vez demasiado directo, pero no le importaba en esos momentos. Tenía las manos metidas por dentro de su camisa, en la parte baja de su espalda. Cuando recibió un beso en reacción a su respuesta, no pudo evitar bajarlas a su trasero. Por dentro de los pantalones y de la ropa interior.

Allí estaba la tarjeta.

—Eres un guarro y un presumido. ¿De verdad crees que tienes un culo tan… bueno? —preguntó mientras trataba de encajar la tarjeta bien en la ranura, lo que le llevó a otros pensamientos que le hicieron reír.

Will había pensado lo mismo.

—Espero que metiéndomela seas un poco mejor —murmuró en su oído justo cuando la puerta se abrió.

En la habitación tenían lo que parecía ser un kit de San Valentín que no estaba cuando habían dejado la habitación. Seguramente habría sido otra idea de Apolo. Había una cubitera con una botella de champagne, que Will fue directo a descorchar.

—No sé si deberíamos —dijo Nico, que se había echado en la cama—. Todo me da vueltas.

—Por la hora de la última ingesta, nuestras complexiones y la cantidad que hemos consumido… calculo que en seguida se nos van a pasar los efectos. Y este champagne es muy caro, sería toda una pena dejarlo aquí solo y desatendido.

Mientras Will servía las copas, Nico se incorporó (tras lo cual se mareó un poco) para deshacerse de los zapatos, también nuevos, que llevaban rato molestándole. Después, dándose cuenta de que sería lo mejor si lo hacía entonces, se quitó la americana, los pantalones y también el jersey. Llegados a este punto, Will le pasó una copa. Hacía unos momentos había vaciado la suya.

Nico también se la bebió de un trago. El champagne era otro de los lujos que no le agradaban. En cambio, tumbarse en la cama y ver cómo Will se desvestía, aquello sí que era una visión que disfrutaba. En cuanto se quedó tan desnudo como él, se subió a la cama con la botella en la mano y la intención de servirle otra copa. Así lo hizo, si bien…

—Will, ya, Solace, que se está saliendo…

Contra sus protestas, Will dejó derramar más champagne sobre su cuerpo. Lo hacía con una intención que a continuación le revelaría. Tras dejar la botella de nuevo en la mesilla, se inclinó sobre su cuerpo para lamerlo, e incluso llegó a poder beber un poco del ombligo, en el que unas gotas habían quedado remansadas.

Terminaron el champagne intercalando besos que fueron subiendo de nivel, para acabar evidenciando que lo poco que les quedaba puesto también les sobraba. Se desprendieron de sus bóxers al mismo tiempo, giraron sus cuerpos para encontrarse el uno frente al otro.

—Nico… —murmuró Will, mirando hacia aquella parte que había estado oculta de su anatomía hasta el momento.

—Will. No irías en serio antes, ¿no?

—Lo preguntas como si pedirle a mi novio que me hiciera el amor fuera una atrocidad.

—Estoy borracho.

Will le agarró del pene, erecto.

—No tanto.

—Me voy a correr en seguida.

—No importa. Yo también.

Se miraron a los ojos, y finalmente Nico chasqueó la lengua:

—No puedo decirte que no a eso. Joder.

Se levantó de la cama para ir a por uno de los preservativos que venían junto al kit de San Valentín. Cuando se giró, vio que Will se había puesto a cuatro patas.

—Sé que te sientes muy orgulloso de tu culo —dijo, y agarró una de sus nalgas con ganas—. Pero prefiero ante todo tu cara. Y si ésta va a ser nuestra primera vez… quiero mirarte a los ojos.

Will volvió a su posición anterior, esta vez con una sonrisa en los labios:

—Al final va a resultar que estoy saliendo con un romántico.

—Y yo con justo todo lo contrario. Tenía pensado en algo diferente para tratarse de nuestra primera vez.

—¿Ah, sí? ¿En qué habías pensado?

—Ahora te quedas sin saberlo.

Tenía razón Nico. Tal vez iban demasiado borrachos para hacerlo, más para explorarse de forma tan íntima por primera vez. La primera señal fue que el primer chorro de lubricante cayó sobre el cuerpo de Will, en lugar de en la mano de Nico, lo que causó risas mutuas. Sin embargo, el alcohol tenía sus ventajas, pues estaban mucho más relajados que de normal. Y por descontado, ambos estaban muy, pero que muy calientes.

Los dedos de Nico se fueron abriendo paso en él sin grandes dificultades. Sabía lo que se hacía, y a pesar de las circunstancias, se esforzó en concentrarse en su tarea.

—Joder, Nico… esos dedos tuyos… me voy a correr sólo de… —una nueva penetración, esta vez mucho más placentera que la anterior, hizo que gimiera.

No se había dado cuenta de cómo, pero de pronto los labios de Nico estaban sobre los suyos, y volvían a besarse.

—Ponte de lado… así. Pásame la pierna por encima… así —iba indicándole Nico—. ¿Así estás bien?

Will asintió. Cuando notó que no eran los dedos de Nico sino su pene el que entraba dentro de él, volvió a gemir, esta vez apretando fuertemente los ojos. Su gesto fue malinterpretado, pues lo que le sucedía es que estaba extasiado por tantas emociones juntas, en absoluto molesto.

—Puedes moverte, Nico.

—Te he dicho que me voy a correr en seguida…

—¿Ya? Creía que tendrías un mínimo de aguante incluso habiendo bebido 750 mil de alcohol.

—¿Has hecho una cuenta mental de lo que he bebido? Eres perturbadoramente friki, Solace.

—Te recuerdo que estabas follándome.

Nico sonrió.

—Te noto muy ansioso.

—Lo esto… —Will se calló al sentir una nueva embestida—. Sigue, por favor, sigue… Justo ahí.

Esta vez Nico no le renegó. Aguantó cuanto fue capaz, mas no pudo evitar venirse poco después.

Se miraron a los ojos, jadeantes. Las sonrisas de ambos se ensancharon, Will le acarició la mejilla con cariño. Finalmente, Nico se retiró de él para quitarse y deshacerse del condón.

—¿Adónde vas?

—A por algo para limpiarnos un poco…

—No, ya nos limpiaremos por la mañana. Ven aquí. Conmigo.

Will lo abrazó y lo cubrió de besos.

—Ey —dijo, notando a Nico decaído—. Me ha gustado. ¡Ha estado bien!

—Ya, claro.

—Tranquilo —Will le regaló una sonrisa de lado—, mañana te follaré yo mejor.

—¡Así que lo has hecho por eso, grandísimo hijo de puta! —Nico se puso sobre él, y empezaron a rodar por la cama, a pelear y a reír.

—Está bien, lo admito. De habértelo hecho yo habría aguantado la mitad que tú —dijo y le robó un beso, en el cual atrapó su labio inferior entre los dientes, con el que jugueteó.

Siguieron besándose, siguieron abrazados. Poco a poco fueron bajando el ritmo, sus cuerpos y sus respiraciones se estabilizaron y calmaron. Will obligó a Nico a que se quedara en su regazo, y mientras le acariciaba los cabellos se le escapó un pensamiento:

—Estoy enamorado de ti, Nico.

El aludido levantó los ojos, que seguían maquillados, lo que los hacía más intensos que nunca.

—Will… Will… —se estiró para poder atrapar sus labios en un beso mucho más lento, pausado y tierno que todos los que se habían dado aquella noche, tal vez nunca.

Al final, el cansancio y el alcohol pudieron con ellos. Sin saber quién lo hizo primero, acabaron dormidos.


Cuando Will despertó, Nico no estaba a su lado. Lo maldijo internamente, pues no habría deseado otra cosa más que tenerlo junto a él nada más despertar aquella mañana. Se levantó, y las partes pegajosas de su piel le recordaron la noche anterior. Pero Nico no estaba en el baño.

Se sentó en la cama, a la espera. ¿Adónde habría podido ir? En la maleta vio que sólo faltaba una muda. Claro, no había salido desnudo. No había ninguna nota como en las películas. Miró el móvil, y no tenía ningún mensaje de él. Siguió esperándolo. Con el paso de los minutos, el enfado pasó a ser preocupación. Nico nunca salía, a veces ni a cagar, sin su cuaderno pequeño de bocetos, y aquél seguía en el escritorio, donde lo había dejado la tarde anterior.

Se vistió con lo primero que pilló. La incertidumbre le había dejado muy frío, así que acabó poniéndose encima la sudadera que le había robado a Nico, lo que no mejoró precisamente su estado anímico.

Decidió bajar a recepción a preguntar por él.

—Un chico moreno, viste desaliñado, delgado, sólo un poco más bajo que yo —explicó, y con cada detalle que daba, le recorría la piel un escalofrío—. Tal vez llevara subida la capucha…

La mirada del recepcionista, que negó recordar a nadie así, le sentó como un tiro. Sabía lo que le estaba diciendo sin palabras: Malditos maricones promiscuos. Eres un ingenuo. Tu polvo de una noche se ha marchado y no te va a volver a llamar. Aquello pudo con él, que ya estaba suficientemente tenso de por sí.

—Para tu información soy bisexual. Y el que ha desaparecido es mi novio. Llevamos varios meses juntos y nos queremos.

Mientras el recepcionista parecía prepararse para replicarle, su padre llegó hasta él:

—Will, ¿qué te ocurre? —sonaba preocupado de verdad.

No le apetecía contárselo a Apolo, pero Will necesitaba hablar con alguien. No, realmente necesitaba gritar, gritarle a Nico. Después de su primera vez, después de que él le hubiera dicho que estaba enamorado de él, abría los ojos y Nico no aparecía por ningún lado. Ni siquiera sabía si era por su culpa o si le había pasado algo malo.

—No encuentro a Nico. Me he despertado y no estaba… no se ha llevado nada salvo el móvil y creo que la cartera. No sé qué le ha podido pasar —dijo, al borde de las lágrimas.

—Tranquilo, venga —Apolo alargó un brazo para abrazarle—. Sé que es ponernos en lo peor pero, ¿has llamado a los hospitales, a la comisaría? Tal vez…

—Tienes razón. Voy a llamar.

—Deja, yo lo haré. Ven, vamos a la salita, no quiero que ese gilipollas homófobo te vea llorar. Ten por seguro que voy a llenar una hoja de reclamaciones. He visto cómo te trataba.

Al final la idea de Apolo resultó ser acertada. En un hospital del barrio de Queens había entrado en servicio de urgencia un chico que respondía al nombre de Nico di Angelo. Por el momento se encontraba inconsciente. Había llegado por un accidente de tráfico. Iba de copiloto en un coche conducido por otro chico.

Se llamaba Ethan Nakamura.


Dejo que me matéis. Yo misma me he hecho el harakiri un poquito por romperle el corazón a mi niño Will de este modo.

Nos vemos en el otro lado